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Eduardo Galeano: Operación Plomo Impune

Para justificarse, el terrorismo de estado fabrica terroristas: siembra odio y cosecha coartadas. Todo indica que esta carnicería de Gaza, que según sus autores quiere acabar con los terroristas, logrará multiplicarlos.

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Desde 1948, los palestinos viven condenados a humillación perpetua. No pueden ni respirar sin permiso. Han perdido su patria, sus tierras, su agua, su libertad, su todo. Ni siquiera tienen derecho a elegir sus gobernantes. Cuando votan a quien no deben votar, son castigados. Gaza está siendo castigada. Se convirtió en una ratonera sin salida, desde que Hamas ganó limpiamente las elecciones en el año 2006. Algo parecido había ocurrido en 1932, cuando el Partido Comunista triunfó en las elecciones de El Salvador. Bañados en sangre, los salvadoreños expiaron su mala conducta y desde entonces vivieron sometidos a dictaduras militares. La democracia es un lujo que no todos merecen.

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Son hijos de la impotencia los cohetes caseros que los militantes de Hamas, acorralados en Gaza, disparan con chambona puntería sobre las tierras que habían sido palestinas y que la ocupación israelita usurpó. Y la desesperación, a la orilla de la locura suicida, es la madre de las bravatas que niegan el derecho a la existencia de Israel, gritos sin ninguna eficacia, mientras la muy eficaz guerra de exterminio está negando, desde hace años, el derecho a la existencia de Palestina.

Ya poca Palestina queda. Paso a paso, Israel la está borrando del mapa.

Los colonos invaden, y tras ellos los soldados van corrigiendo la frontera. Las balas sacralizan el despojo, en legítima defensa.

No hay guerra agresiva que no diga ser guerra defensiva. Hitler invadió Polonia para evitar que Polonia invadiera Alemania. Bush invadió Irak para evitar que Irak invadiera el mundo. En cada una de sus guerras defensivas, Israel se ha tragado otro pedazo de Palestina, y los almuerzos siguen. La devoración se justifica por los títulos de propiedad que la Biblia otorgó, por los dos mil años de persecución que el pueblo judío sufrió, y por el pánico que generan los palestinos al acecho.

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Israel es el país que jamás cumple las recomendaciones ni las resoluciones de las Naciones Unidas, el que nunca acata las sentencias de los tribunales internacionales, el que se burla de las leyes internacionales, y es también el único país que ha legalizado la tortura de prisioneros.

¿Quién le regaló el derecho de negar todos los derechos? ¿De dónde viene la impunidad con que Israel está ejecutando la matanza de Gaza? El gobierno español no hubiera podido bombardear impunemente al País Vasco para acabar con ETA, ni el gobierno británico hubiera podido arrasar Irlanda para liquidar a IRA. ¿Acaso la tragedia del Holocausto implica una póliza de eterna impunidad? ¿O esa luz verde proviene de la potencia mandamás que tiene en Israel al más incondicional de sus vasallos?

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El ejército israelí, el más moderno y sofisticado del mundo, sabe a quien mata. No mata por error. Mata por horror. Las víctimas civiles se llaman daños colaterales, según el diccionario de otras guerras imperiales. En Gaza, de cada diez daños colaterales, tres son niños. Y suman miles los mutilados, víctimas de la tecnología del descuartizamiento humano, que la industria militar está ensayando exitosamente en esta operación de limpieza étnica.

Y como siempre, siempre lo mismo: en Gaza, cien a uno. Por cada cien palestinos muertos, un israelí.

Gente peligrosa, advierte el otro bombardeo, a cargo de los medios masivos de manipulación, que nos invitan a creer que una vida israelí vale tanto como cien vidas palestinas. Y esos medios también nos invitan a creer que son humanitarias las doscientas bombas atómicas de Israel, y que una potencia nuclear llamada Irán fue la que aniquiló Hiroshima y Nagasaki.

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La llamada comunidad internacional , ¿existe?

¿Es algo más que un club de mercaderes, banqueros y guerreros? ¿Es algo más que el nombre artístico que los Estados Unidos se ponen cuando hacen teatro?

Ante la tragedia de Gaza, la hipocresía mundial se luce una vez más. Como siempre, la indiferencia, los discursos vacíos, las declaraciones huecas, las declamaciones altisonantes, las posturas ambiguas, rinden tributo a la sagrada impunidad.

Ante la tragedia de Gaza, los países árabes se lavan las manos. Como siempre. Y como siempre, los países europeos se frotan las manos.

La vieja Europa, tan capaz de belleza y de perversidad, derrama alguna que otra lágrima, mientras secretamente celebra esta jugada maestra. Porque la cacería de judíos fue siempre una costumbre europea, pero desde hace medio siglo esa deuda histórica está siendo cobrada a los palestinos, que también son semitas y que nunca fueron, ni son, antisemitas. Ellos están pagando, en sangre contante y sonante, una cuenta ajena.

(Este artículo está dedicado a mis
amigos judíos asesinados por las
dictaduras latinoamericanas que
Israel asesoró)

 

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Carlos Fazio: La guerra y la paz

Felipe Calderón no escucha. La disyuntiva lanzada por el poeta y activista no violento Javier Sicilia fue guerra o paz. Y su opción fue muy clara: por un México en paz con justicia y dignidad. Lo que implica un rotundo noal enfoque militarista y la estrategia de guerra de la seguridad pública ordenados por Calderón. La respuesta del inquilino de Los Pinos pareció autista: no habrá cambio de estrategia porque tenemos la ley, la razón y la fuerza. Ergo, seguirá la guerra. Tampoco renunciará el superpolicía Genaro García Luna –émulo neodiazordacista del general Cueto, el de la matanza de Tlatelolco–, cuya defensa y control de daños quedó en manos de Televisa, los nuevos policías del pensamiento de la prensa vendida, y familiares de víctimas de la criminalidad cooptados por el gobierno.

Calderón no entendió que para Sicilia el Alto a la guerra y el No más sangre no son demandas simbólicas. Son reales. De allí que la contradicción, ahora, sea recrudecimiento de la militarización versus acciones de resistencia en el marco de la no violencia activa, que, de ir acumulando la fuerza moral y material de todos los que estamos hasta la madre de tanta violencia e inhumanidad generadas por una guerra absurda, a la manera de una bola de nieve podrá derivar en desobediencia civil pacífica.

Calderón no es sordo ni autista; tampoco insensible. Sus decisiones responden a una estrategia preconcebida, con eje en una doctrina de seguridad nacional importada. Como dijo Sicilia, la política de seguridad de Calderón fue diseñada por Estados Unidos. Su lógica es militar. Parte del mito de la guerra, como una realidad humana fundamental a la cual se reducen todas las demás. La guerra destruye la política y borra la frontera con la paz. La lógica de Calderón invierte la fórmula de Clausewitz: la política se transforma en la prolongación de la guerra gracias a otros medios. Si la política es la prolongación de la guerra, se asimila a la guerra y debe ser conducida por la guerra.

El uso de los conceptos no es inocente. En nombre de una presunta guerra a las drogas, Calderón instauró un régimen de excepción, con zonas del país bajo virtual estado de sitio. Calderón ha buscado poner al Estado y a la sociedad en función del estado de guerra. Lo primero lo logró. Durante cuatro años y medio la guerrade Calderón dominó la agenda pública: convirtió la nota roja en noticia principal de diarios y medios electrónicos. En el segundo objetivo, poner a la nación en permanente pie de guerra, fracasó. Su estrategia de guerra generó violencia, miedo y terror, pero no logró transformar a la sociedad en un inmenso ejército movilizado bajo su mando. Sus llamados a la unidad nacional contra los criminales, losverdaderos enemigos de México –los hijos de puta, diría Aguilar Camín–, fracasó porque se trata de una guerra fantasma, con base en un mito.

El mito de la guerra no obedece a un simple error intelectual: es útil. El culto de la seguridad sólo puede favorecer los privilegios y justificar el statu quo. El uso del Ejército, la Marina de guerra y la policía militarizada de García Luna es el sostén y justifica un tipo de sociedad basada en el centralismo autoritario y la explotación jerarquizada. Su papel ideológico cumple la función de perpetuar las relaciones entre dominadores y dominados. El método consiste en cambiar la ideología de la lucha de clases por otra ideología ficticia e inmovilista. De allí el apoyo del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios, el Consejo Coordinador Empresarial y otros once grupos corporativos a la Ley de Seguridad Nacional enviada al Congreso por el Ejecutivo.

Eso Sicilia lo tiene claro: la violencia de los señores de la muerte es resultado de estructuras económicas y sociales que generan desigualdad y exclusión. La infame realidad y la demencia criminal se nutren de las omisiones, complicidades y/o colusiones mafiosas de los que detentan el poder: la partidocracia, los poderes fácticos y sus monopolios, las cúpulas empresariales y las jerarquías conservadoras de las iglesias, los gobiernos y las policías.

La militarización de la sociedad forma parte de un engranaje organizado, necesitado e institucionalizado para preservar el actual estado de cosas. Como ha quedado plasmado en el discurso beligerante de Calderón, alias El Churchill, utiliza el monopolio del poder (sic) para hacer la guerra en nombre de todos los mexicanos de bien, y quienes no lo apoyan son sospechosos de ser cómplices de los enemigos del Estado. Un Estado que se sirve del monopolio de las armas para hacer una guerra permanente contra el pueblo. Mientras más autoritario y violento es un Estado, más trata a la nación como enemiga.

Pero los ciudadanos están desarmados. De allí la necesidad de la política. La política es el arte de las transacciones de la tolerancia y el arte de lo posible. La política comienza cuando el Estado deja de ser violento y entra en diálogo con los ciudadanos; cuando el Estado se sujeta a las leyes resultado de un diálogo con los ciudadanos. La paz es la consecuencia de la renuncia a los medios violentos. Es decir, al uso de las armas que matan.

Sicilia se opone a una paz armada como parte de un modelo militar. Quiere llevar al régimen al terreno de las soluciones no armadas. El diálogo que ofrece Calderón es un monólogo; se siente poseedor de la verdad única y ofrece unacooperación con base en la dialéctica del amo y el esclavo. De arriba a abajo. Frente a esa manipulación maniquea del poder, la multitud que aspira a una paz con justicia y dignidad impulsa otra forma de hacer política; quiere una democracia participativa y más representativa. El nuevo Ya basta de los de abajo y las clases medias está dirigido a la reconstrucción del tejido social de la nación. La marcha significó la ruptura del terror y la posibilidad de que el dolor social se convierta en acción colectiva organizada. Los sonidos del silencio son otra forma de lucha. El alto a la guerra es hoy una cuestión de salvación nacional.

Fuente: La Jornada

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Anamaria Ashwell: Israel es también el suelo natal de Amos Oz

Primera Parte

I. Gershom Scholem emigró desde su ciudad natal a Palestina/ Erezt Israel en 1925 y se convirtió en el gran pensador y profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Su hermano Werner, a quien él dedica sus memorias (G.Scholem, From Berlin to Jerusalem:Memories of my Youth, N.York, 1980) permaneció en Berlín y fue asesinado en un campo de concentración, Buchenwald, en 1940. Su amigo W.Benjamin, con quien mantuvo correspondencia (editado en Ed. Taurus, 1987) permaneció también en Berlín hasta 1933, año cuando recluyeron a su hermano en un campo de concentración y el antisemitismo violento le obligó a emigrar “a pesar de ser ciudadano alemán” (como explica él en el currículo que en 1934, por intermediación de B.Brecht, entregó al Comité danés para ayuda a Refugiados). Desde Francia donde buscó refugio, Benjamin intentó escapar a los nazi rumbo a España. Fue detenido en la frontera (Port Bou) y desesperado, entre el 26 y 27 de septiembre de 1940, se quitó la vida. Son éstos casos solo un ejemplo del destino que sufrieron grandes pensadores judíos alemanes y europeos (y de Centroeuropa y Rusia) durante la Shoa: casi todos los mayores pensadores, poetas y artistas de Europa y Centroeuropa como Benjamin (Grunfeld,F, Profetas Malditos:El mundo trágico de Freud,Mahler, Einstein y Kafka; ed Planeta.1987) fueron aniquilados porque casi la totalidad de la judería europea murió. Los judíos que lograron ponerse a salvo lo hicieron de manera casi milagrosa  y mayormente por la intervención de valientes hombres y mujeres, como el poblano Gilberto Bosques, que arriesgando la propia vida crearon los caminos para trasladar a niños, hombres y mujeres lejos de Europa. La cultura de Europa quedó reducida a nada y este es el crimen más horrífico, el que califica todos los crímenes de lesa humanidad, porque los judíos fueron asesinados solo porque eran judíos. En esa larga noche de la Shoa la mayoría de los países occidentales, incluyendo los EEUU (el mismo país que había recibido a unos 2 millones de judíos emigrados entre 1880 y 1917) negaron visados a los que buscaron ponerse a salvo y la cifra del exterminio final es simplemente impronunciable: basta recordar que menos de 50,000 judíos sobrevivieron a los campos de concentración. La orfandad de los sobrevivientes fue también inmediatamente trágica- Paul Celan y Primo Levi terminaron suicidándose- y la tradición acuñó un nombre para ellos: sheerit. Una palabra en hebreo que quiere decir “remanente” o “lo que quedó”. La interminable pesadilla de los sheerit, especialmente los que se dirigieron a Palestina/Israel- “judío vete a Palestina” eran las pintas en las paredes en los barrios de las ciudades de Europa- determinó y determinará la conducta social y política de los que hoy son ciudadanos en esa tierra cenagosa, pedregosa y desértica (como la describe Amos Oz) llamada Israel. Una Historia de Amor y Oscuridad de Oz es la insuperable descripción de los judíos que llegados de Rusia, de Francia, de Alemania, de todos los rincones del mundo (habiendo abandonado todo muchas familias llegaron, sin embargo, cargando bibliotecas) se empeñaron en rehacer sus vidas en Palestina/Israel. Oz, entonces un niño de nueve años, a salvo en Erezt Israel, recuerda las historias de pérdidas, de terror y tristeza de los sheerit y describe el miedo insoportable que se apoderó de él: si lograba vivir y crecer, pensó, se convertiría no en un escritor sino en un libro. Se podían quemar y destruir los libros, razonó el niño, pero algún ejemplar sobreviviría en una biblioteca, en un rincón, olvidado incluso de Dios. La Shoa casi logró silenciar el judaísmo.

En 1947, impulsados por el exterminio nazi y la deportación de cientos de miles judíos que llegaron a Palestina/Eretz Israel como refugiados, concluyó el mandato británico. Una comisión especial de Naciones Unidas determinó que la tierra de palestinos y judíos desde ese momento debía dividirse en dos estados independientes: Jerusalén quedaría como una entidad separada y neutral y bajo administración internacional. Un sueño guajiro- la coexistencia pacífica de dos estados- que los judíos aceptaron- dice Oz a regañadientes- porque el 75% del territorio que le asignaron a Israel era un desierto. El mando árabe- palestino, sin embargo, anunció inmediatamente que no aceptaría esa partición y Azam Pasha, secretario de la Liga Árabe, dijo que “bañarían en sangre cualquier propuesta sionista que intentara erigirse aunque fuese sobre un solo puñado de tierra Palestina”. La votación en la ONU el 29 de Noviembre de 1947 estuvo cargada de presiones, intereses, amenazas, conspiraciones y hasta sobornos pero 33 votos a favor, 13 en contra y 10 abstenciones finalmente crearon Israel. Pero apenas iniciaban las celebraciones de júbilo cuando la violencia empezó la cuenta regresiva de vidas: en la primera semana murieron asesinados veinte judíos y para la segunda doscientos judíos y árabes yacían muertos.¿Porqué saco a relucir esta historia y en este momento de la incursión militar de Israel en la franja palestina de Gaza? Porque si en algo se parecen los judíos a los mexicanos es en el peso que tiene su pasado en la consciencia y en el actuar en su presente. En una entrevista que  Oz dio a la radio pública en EEUU el 7 de enero de 2009, en respuesta a la pregunta: ¿Cree Ud. que la manera como los Israelíes ven este conflicto bélico en Gaza este influenciado por el pasado? Oz, el mayor escritor judío nacido en Israel hace más de sesenta años, co-firmante y con fundador de la organización Paz Ahora en 1978 (con otros grandes escritores y pensadores israelíes) respondió: “Todo esta influenciado por el pasado. Los israelíes viven marcados por el hecho que han sido acosados por décadas. Viven marcados por el calvario histórico del pueblo judío, con el sentimiento que han sido alienados de muchas otras naciones así como de la opinión pública. Esto resulta en cierta testarudez en su actitud: ellos piensan que el mundo los va a criticar de todas maneras, cualquiera sea su comportamiento, por lo que deciden hoy actuar con fuerza.” Oz agregó: “Yo no creo en la fuerza por la fuerza misma… habiendo escrito sobre mi experiencia como niño durante el asedio árabe sobre Israel en 1948, irónicamente, eso me da la posibilidad de imaginarme ahora las condiciones trágicas de los civiles en Gaza en medio del actual asedio israelí.”.

Segunda parte

II. Hamás se formó en 1987, con una brigada militar, Iss al-Din Qassam , para combatir a Israel. Desde la primera Intifada (1987-1992) se convirtió en la organización político-militar-religiosa más grande e importante en la franja de Gaza. Desde su inicio Hamás asumió la sentencia de la Liga Árabe de 1947-48: expulsar de Palestina- a fuego y sangre y no solo del territorio ocupado en la franja oeste- a todos los judíos. La creación de un estado palestino, para Hamás, implica simple y llanamente la desaparición de Israel. Hamás ha sido responsable y organizador de los ataques suicidas que han costado miles de vidas a civiles israelitas. Mientras las acciones bélicas las llevan a cabo las brigadas Iss al-Din Qassam los militantes “civiles” implementan los programas sociales (construyen escuelas, hospitales y centros de oración) en las zonas palestinas donde ganan influencia política y liderazgo religioso. Hamás mantiene, así mismo, una rama política en el exterior que operan misiones de apoyo logístico militar desde territorios árabes vecinos. La popularidad de esta organización entre los palestinos de Gaza- orillados por el cerco militar israelí a una subsistencia de aislamiento y de extrema pobreza- empezó cuando sus líderes repudiaron y boicotearon la firma de los acuerdos de Oslo (agosto 1993 ) que hubiera normado el retiro de Israel del territorio ocupado en la franja oeste a cambio de un compromiso de parte de los palestinos (entonces Yasser Arafat estaba al frente de Autoridad Nacional Palestina) de garantizar la seguridad fronteriza de Israel. Israel dialogó y concertó treguas de paz (esporádicas) con la Autoridad Nacional Palestina pero respondió desde un inicio como país en guerra contra la guerra declarada por Hamás e inició la cacería selectiva de sus líderes: en Diciembre de 1995 el encargado de Hamás de construir las bombas que lanzaban con suicidas u otros medios sobre la población civil de Israel, Yahya Ayyash, fue asesinado. Hamás respondió con ataques suicidas en territorio israelí y 60 civiles murieron entre febrero y marzo de 1996. Los ataques de Hamás fueron (según la mayoría de los analistas políticos) el factor de mayor peso para que el pueblo israelí se decepcionara crecientemente de continuar con el dialogo de paz con los palestinos y fue también factor decisivo que inclinó la votación a favor del derechista Primer Ministro Benjamín Netanyahu en 1997, un abierto opositor a los acuerdos de Oslo, quien al formar gobierno fortaleció la política de línea dura y militar en contra de las autoridades palestinas y alentó los asentamientos de judíos fundamentalistas en la zona ocupada de la franja oeste. A medida que esa política israelí contra los palestinos se endureció, sumiendo a Gaza en la pobreza y la desesperanza, las acciones ineficaces y corruptas del gobierno secular de la Autoridad Nacional Palestina (y de su extensión militar Fatah) radicalizaron a los palestinos de Gaza. En el año 2006 los palestinos de Gaza  votaron a Hamás como sus autoridades (Mahmoud Abbas, líder de la Autoridad Nacional Palestina en 2004 se había declarado abiertamente en contra de Hamás y de su política de provocación militar contra Israel). En el año 2007 se dio una guerra abierta entre Fatah de la ANP y las brigadas Qassam de Hamás y en mayo 2007 las fuerzas de seguridad de la ANP fueron expulsadas de Gaza. Gaza bajo la autoridad de Hamás- sin contrapesos de moderados o de opositores- provocó que Israel reforzara su cerco militar. Hamás, a su vez, escaló sus ataques con misiles sobre el territorio sur israelí. La ANP mantuvo el control político solo de la franja oeste palestina y Hezbollah, cobijado en territorio libanés y enemigo de Fatah y Qassam, aumentó- especialmente desde el verano de 2006- el bombardeo en la parte norte de Israel.

Van 18 días desde que Israel invadió militarmente Gaza. El Estado israelí conocía de antemano el costo humanitario de un ataque militar que iba a ser desproporcionado y a todas luces infinitamente superior a cualquier respuesta o resistencia palestina. Israel calculó y asimiló que las muertes de civiles palestinos serían de cifras y consecuencias terribles- no solo porque las brigadas Qassam de Hamás utilizan como escudos humanos a mujeres y niños sino porque la franja de Gaza esta densamente poblada y los objetivos militares están cerca o en medio de la habitación de civiles. A sabiendas también que la opinión publica mundial se mostraría adversa (la logística y el aparato militar de Israel es impresionantemente eficiente y letal) decidió su incursión en Gaza con el objetivo no negociable de aniquilar a Hamás. Tímidamente (la palabra es de Vargas Llosa ,“Morir en Gaza”, El País, 11 de Enero 2009) algunos periodistas y escritores, reconocidos disidentes y hombres militantes de la izquierda israelí incluyendo Amos Oz, se atrevieron a cuestionar los objetivos de esta acción bélica y punitiva del aparato militar israelí sobre Gaza. Pero ni los miembros de Paz Ahora encontraron los argumentos adecuados para pedir la contención militar al gobierno de Israel en la planeada represalia contra Hamás. Amos Oz publicó el 28 de Diciembre de 2008 esta carta pública en un periódico italiano:

“El bombardeo sistemático de ciudadanos en pueblos de Israel es un crimen de guerra y un crimen contra la humanidad. El Estado de Israel debe defender a sus ciudadanos. Es obvio para todos que el gobierno de Israel no desea invadir Gaza y que hubiera preferido que Hamás honrara el alto al fuego que ha violado y finalmente revocado. Pero el sufrimiento de los ciudadanos en la frontera con Gaza no puede continuar.

La renuencia a invadir Gaza no emana de una falta de decisión sino del bien sabido hecho que Hamás realmente busca provocar que Israel se embarque en esa operación militar: si docenas o incluso centenas de civiles palestinos, mujeres y niños, mueren por la acción israelí, el radicalismo ganará adeptos en Gaza. El régimen de Abu Mazen en la Franja Oeste puede colapsarse y el extremismo de Hamás tomaría su lugar.

El mundo árabe se movilizará por las imágenes atroces que Al-Jazeera  publicitará desde Gaza y la corte de la opinión pública mundial se apresurará a acusar a Israel de crímenes de guerra. Esta es la misma corte de opinión pública que se muestra indiferente ante el sistemático bombardeo de centros poblacionales en Israel.

Israel recibirá inmensas presiones para que se contenga. Ninguna presión se ejercerá sobre Hamás porque no hay nadie que les pueda presionar y no existe nada sobre lo cual presionarlos. Israel es un país y Hamás es una pandilla.

¿Qué nos queda hacer? El mejor escenario para Israel es lograr un total alto al fuego a cambio de aliviar el cerco sobre Gaza. Si Hamás rehúsa este alto al fuego y continua bombardeando a los ciudadanos de Israel debemos tener cuidado que nuestra acción militar no juegue a sus cartas. El cálculo de Hamás es muy sencillo, cínico y lleno de maldad: si mueren civiles inocentes israelíes, bien. Si mueren inocentes civiles palestinos- mucho mejor.”

David Grossman también  se pronunció en términos similares (Haaretz.com) y advirtió al gobierno de Israel que él juzgaba contraproducente una acción bélica apabullante en Gaza: el resentimiento y la impotencia pueden volver aún más popular entre palestinos la política asesina de Hamás contra los judíos de Israel. Grossman ha reflexionado sobre el costo ético que tiene para Israel y los judíos su enorme poderío militar y pidió en esta ocasión que no se castigue tan violentamente a Gaza, “incluso si Hamás, por años, ha vuelto miserablemente intolerable la vida para los pueblos del sur de Israel” (“Israel esta sacrificando su propio milagro”. El País, 13 de Noviembre 2006).George Steiner describe acertadamente este nudo gordiano en el cual esta atrapado y se juega su sobrevivencia Israel. Israel es hoy un refugio garantizado para todos los judíos del mundo, es la posibilidad, dice, de sobrevivir. Para garantizar ese derecho a la vida del pueblo judío, Israel  ha tenido que “cultivar, incluso glorificar su fuerza y habilidad militar”. Un pueblo que por dos mil de años sobrevivió indefenso, exiliado,  recluido y despreciado en ghettos, acosado por la hostilidad y la intolerancia de sus vecinos y sin capacidad para perseguir o castigar a otros seres humanos hoy necesita y recurre a su poderío militar para sobrevivir. La singular nobleza de los judíos que se cultivó en la debilidad, la ética que los mantenía nobles ante la maldad de sus vecinos se basaba en el principio que “cualquiera que tortura a otro ser humano, sea por razones políticas apremiantes o necesidad militar, cualquiera que sistemáticamente humilla o desplaza de su hogar a un hombre, mujer o niños, esta de hecho renunciando a su propia humanidad”. Esa ética los judíos la practicaron hasta el final y subieron a los trenes que los trasladaron a Auschwitz. Nunca más después de la Shoa. Hoy,en menor medida que sus enemigos árabes e islámicos (en palabras de Steiner) Israel se ve obligado a torturar, humillar, expropiar y expulsar de sus hogares a otros seres humanos para resguardar a sus ciudadanos de las acciones asesinas de sus vecinos árabes y palestinos. Hoy Israel ha entrado en Gaza al combate con Hamás asumiendo un costo humano insoportable para judíos y para palestinos. En esta guerra no hay buenos ni malos. No hay blanco y negro. No hay vencedores ni vencidos. No hay víctimas ni victimarios. Hay una tragedia sin fin. Y los primeros que lo saben son los judíos de Israel.

Uno mi voz a la de mi admirado Amos Oz y pido la paz en los términos que él ha hecho públicos recordando, en estos tiempos aciagos, los poemas de Paul Celan que no rezan a Dios sino que rezan por Él.

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Lorenzo Meyer: El verdadero peligro para México

Desviar la atención. El auténtico peligro para la viabilidad de México ha estado a la vista de todos y desde hace mucho tiempo: la profunda corrupción de sus instituciones públicas.

Vicente Fox y la alianza conservadora que él encabezó encontraron muy útil concentrar el grueso de la energía y recursos del gobierno y sus aliados —medios de difusión, organizaciones empresariales, iglesias, el viejo corporativismo, etcétera— en difundir la idea de que el gran peligro para México eran la oposición electoral de izquierda y su proyecto. A estas alturas ya debiera de haber quedado claro que el auténtico enemigo de la sociedad mexicana ha sido otro: la gran corrupción pública y su inseparable acompañante, la impunidad.

Ambos factores, aunados a la falta de dinamismo de la economía y a la muy injusta estructura social, son las razones principales de que el crimen organizado haya alcanzado la posición dominante que hoy ejerce. Y lo peor es que quienes se supone que encabezan la lucha contra las organizaciones criminales son los que antes engañaron con el falso diagnóstico, pero que hoy se alarman porque la descomposición del entramado institucional ha llegado al punto de que ya apareció el terrorismo incipiente.

Una definición. Una forma de empezar a entender las razones de un fenómeno complejo es formular una definición adecuada, y la profesora Cindy C. Combs propone una particularmente útil del terrorismo: “Una síntesis de guerra y teatro, una dramatización de la violencia más condenable —la que se perpetra contra gente inocente— que se desarrolla frente a una audiencia con la intención de crear un clima de miedo con objetivos políticos”, (Terrorism in the Twenty-First Century: Universidad de Carolina del Norte, 2003, p. 10).

Lo ocurrido el pasado 15 de septiembre en la celebración de la Independencia nacional en Morelia —el estallido de dos granadas lanzadas deliberadamente sobre una multitud que celebraba un aniversario más de la independencia—, se corresponde con la definición de Combs: una brutal puesta en escena de la peor de las violencias, aunque ya no para crear sino para exacerbar el miedo colectivo. A partir de ese atentado quedó claro que nadie se debe considerar a salvo de la violencia criminal: ni pobres ni ricos, ni niños ni ancianos, ni los comprometidos ni los indiferentes, ni los de izquierda ni los de derecha. Obviamente, el objetivo final de quienes actuaron en Morelia es político: mandar un mensaje a los responsables de formular e implementar la política estatal contra el crimen organizado para que no interfieran con su actividad.

En principio, la acción en Morelia pareciera diseñada para demostrar a todos que, no obstante la movilización militar ordenada por Felipe Calderón desde diciembre de 2006, su gobierno no es capaz de cumplir su función básica y razón de ser: proteger la vida y bienes de los ciudadanos.

¿Quién exactamente decidió poner en evidencia la incapacidad de las autoridades mediante un ataque a gente absolutamente al margen de cualquier acción contra las bandas criminales? No lo sabemos aún, pero queda claro que esa acción es simplemente el eslabón más reciente de una cadena que empezó con el reguero público de cadáveres de narcotraficantes rivales, policías e incluso de algunos militares (¡más de 3,300 en lo que va de este año!). Esa mezcla de teatro y guerra subió de tono con las mutilaciones y decapitaciones de algunas de las víctimas, con los mensajes a las autoridades en sitios públicos y dio un paso más con las ostentosas matanzas colectivas, como las recientes en Yucatán y en La Marquesa —de una docena pasaron a dos docenas de ejecutados en una sola acción y sin que quede claro por qué se les ejecutó— para concluir con lo ocurrido el pasado día 15: el asesinato de ocho inocentes frente al gobernador del Estado, en una plaza supuestamente vigilada y en la tierra natal de quien está al frente del Poder Ejecutivo. Hasta ahora seguimos sin saber quién fue responsable del salto cualitativo en la inseguridad ni el motivo preciso de la acción.

El crimen organizado es una fuerza dominante en muchos municipios del país, pero recurrir al terrorismo es retar no sólo a un gobierno local, sino al federal y a sus poderosos aliados (a empresarios, a Washington, a la iglesia). ¿Para qué el desplante? ¿Se quiso dejar en claro ante todos que los criminales pueden imponer sus agendas por sobre las del resto de los actores políticos? ¿Buscaron cobrar el rompimiento de acuerdos ya pactados o inducir a buscar uno nuevo? Se pueden formular éstas y otras preguntas similares o diferentes —por ejemplo, ¿pudiera ser una acción llevada a cabo por algún grupo político para crear un clima de mano dura?—, pero de momento no hay respuesta. Sin embargo, la falta de información no impide abordar otros aspectos del fenómeno violento.

¿Un pago diferido? El régimen autoritario que caracterizó la vida política mexicana de casi todo el siglo XX presumió de haber construido el sistema de poder más sólido de América Latina y uno de los más estables del mundo. Pero esa estabilidad no democrática tuvo un costo muy alto que hoy seguimos pagando todos. Parte central de ese costo fue la institucionalización de la corrupción y de la impunidad y hasta hoy nada efectivo se ha hecho por poner fin a esa herencia infame.

En la etapa clásica del dominio del PRI sólo el presidente podía llamar a cuentas a los grandes corruptos. En las pocas ocasiones en que se puso a uno de ellos ante un juez, la acción poco o nada tuvo que ver con la justicia real y sí mucho con la “justicia selectiva”, tan útil al poder presidencial para mantener la disciplina entre la clase política; un buen ejemplo fue el encarcelamiento del líder petrolero Joaquín Hernández Galicia, “La Quina”, por Carlos Salinas.

Sin embargo, frente a cada “quinazo” hubo centenas de casos conspicuos de impunidad. Manuel Ávila Camacho, por ejemplo, dejó hacer y deshacer a Maximino, su hermano; el círculo íntimo de Miguel Alemán empleó a fondo sus posibilidades de corrupción sin límites; Carlos Hank González se convirtió en símbolo de cómo un político pobre se transformaba en lo opuesto gracias a la protección presidencial. Arturo Durazo Moreno hizo de su amistad con José López Portillo la palanca para convertir a la policía capitalina en una estructura del crimen organizado. Las cuentas suizas de Raúl Salinas o la buena fortuna de los hijos de Marta Sahagún no se explican sin una relación directa entre poder presidencial y negocios privados. La lista de casos se podría extender hasta dar forma a un volumen similar al directorio telefónico.

Como no hay crimen organizado exitoso —y el mexicano vaya que lo es— sin algún tipo de complicidad entre criminales y autoridades, el ambiente de corrupción generado por el sistema autoritario del siglo XX resultó un excelente caldo de cultivo para que nacieran y prosperaran las organizaciones criminales hasta llegar a convertirse, de marginales y subordinadas, en rivales de la clase política. Lo anterior fue posible por la combinación de corrupción institucional con la cercanía geográfica del gran mercado norteamericano de las drogas. Como bien lo señalara Luis Astorga en su historia del narcotráfico mexicano —El siglo de las drogas, (México: Espasa Calpe, 1996)— esa actividad empezó a echar raíces en México hace ya más de medio siglo, protegida por algunos gobernadores y militares en el norte del país pero, con las condiciones propicias descritas, esa actividad creció hasta salirse del control del poder político e imponer sus propias reglas, que es la situación actual.

¿Qué hacer? No hay respuesta fácil, pero cualquier intento por romper el círculo vicioso requiere abrir varios frentes de lucha contra los auténticos enemigos de México. Hay que empezar por la difícil pero indispensable tarea de crear una policía auténtica. Perseguir seriamente no sólo a los narcotraficantes de base, sino a sus socios indispensables y que además de los policías corruptos es toda la red de empresas y empresarios lavadores de dinero y los miembros de la clase política que dan protección al crimen organizado: presidentes municipales, gobernadores, altos funcionarios del aparato de seguridad. Y finalmente, abrir oportunidades reales de trabajo a los jóvenes. Miguel de la Madrid anunció pero nunca se llevó a cabo la renovación moral de la política mexicana y desde 1982 la economía no tiene vitalidad.

En suma, que el verdadero enemigo de México es la combinación de corrupción pública con una economía formal sin brío. Si ambos problemas no se enfrentan con inteligencia y voluntad, no es imposible el retorno del Estado fallido del siglo XIX.

http://www.yucatan.com.mx/noticia.asp?cx=9$2900000000$3918131&f=20080925

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José Cueli: Instinto de muerte

En una época que se afana por prestigiar la investigación experimental, la tecnología de punta y la comunicación a través de los mass media, de los datos verificables y cuantificables, de las verdades absolutas (?), ¿cómo transmutar en análisis experimentales unas imágenes que no llegan a la conciencia y que la mágica sutileza del sicoanálisis no reclama de nosotros otra realidad que ha de vivirse transportando a otro campo que se nos va de las manos? ¿Cómo transmutarlo si es el sicoanálisis con su instinto de muerte un reactivo al revés, una inopinada visión retrospectiva de lo que es y no es?

Si el mundo se nos revela con ínfulas de urbanidad electrónica suprema, pero desmentido por las disonancia de una agitación estruendosa –guerras, hambre, terrorismo, crueldad, tortura, corrupción, violencia y desintegración familiar, desigualdad social, violación de los más elementales derechos humanos– que lo invade todo, que se diría ser una etapa masiva de cientificidad, que haga un hombre en trance de transformación y traslado, una partícula perfectamente hábil y anodina para el cumplimiento de unos propósitos que rebasan a la razón, pero lo “adaptan” a vivir en sociedad, cuya finalidad nadie penetra.

El instinto de muerte freudiano es anterior a este desmando crítico, perpetuamente tornadizo, apresado en garras de eternidad. Tratar de detener lo que se nos escapa, se nos va de las manos, en un laboratorio es cosa vana. ¿Es la materia la que queda o la que se va, la que se transforma, la que se traspone? ¿Y, las formas se pierden o, más bien, se repiten, se eternizan como anunciaba Freud en Más allá del principio del placer? ¿Qué da movimiento al instinto de muerte, a la crueldad, a la violencia y a la tortura?

Freud amplía la noción de psique y al lado opuesto de la razón encuentra el inconsciente, y en oposición al instinto de vida encuentra el de muerte, estableciendo de este modo la posibilidad de concebir, como parte constitutiva de lo humano, esa fuerza contraria a la razón, determinante para explicar lo que hasta entonces había quedado inaccesible a la ciencia.

Freud no es aceptado por la academia positivista propietaria de la ciencia, porque ésta es hija de la razón, y la razón no acepta al inconsciente, al no ser medible ni predecible ni verificable.

Fue el siglo XX, ¿y lo será el XXI?, la centuria de la ciencia de los hechos, el método experimental, el de intervenir en su conjunto, incluyendo al hombre dándole las formas más caprichosas. La estructura del universo se va descifrando por la actitud omnipotente del hombre que no considera límites físicos ni sociales ni morales a sus actos, pues cree que él mismo fue quien los inventó.

Sin embargo, tanto científicismo que deja de lado a la sicología de las profundidades de Freud no ha podido, sino por el contrario, frenar la descomposición social y la violencia y capacidad de la destructividad humana. No es ignorando al inconsciente y a la parte “negra” que nos habita y constituye como lograremos, si es que es posible, dar todavía esperanza al futuro de la humanidad.

De nada ha servido la ciencia medible, precisa y aséptica que ha dado paso a la creación de tecnología de punta para crear armamento complejo para matar y aniquilar.

Hartos estamos de escuchar discursos cargados de estulticia en los que se habla y actúa desde la prepotencia imperialista de “bombas inteligentes”, guerras, (léase) matanzas preventivas. Ya no cabe el engaño.

A pesar de la manipulación y el uso alevoso y perverso de los mass media, las imágenes de tortura no hacen sino constatar que hemos perdido el rumbo.

Quizá aún haya tiempo de enmendar tantos errores. Pero para ello habrá que estudiar con más profundidad la naturaleza humana.

http://www.jornada.unam.mx/2008/09/19/index.php?section=opinion&article=a06a1cul

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Octavio Rodríguez Araujo: ¿Política del miedo?

En Morelia, Michoacán, la noche de la celebración de la Independencia de México fue sangrienta. Dos granadas de fragmentación explotaron entre la muchedumbre: siete muertos y más de cien heridos fue el saldo conocido hasta la mañana del día siguiente. Esto no había pasado, no que yo recuerde. No fue un acto guerrillero; los grupos guerrilleros en México nunca han actuado de esta forma, se han cuidado de respetar las vidas humanas. Fue un acto terrorista, para provocar miedo y muerte, miedo a la muerte también.

A partir de ahora cualquier lugar, solitario en una calle oscura o en medio de la muchedumbre, es peligroso. Nadie sabe lo que le pueda pasar, y Calderón, insensible y obstinado, insiste –después de conocer la tragedia– en que los mexicanos “sin excepción” debemos unirnos en la desenfrenada e improvisada carrera de su desgobierno contra el crimen organizado, incluso denunciando a los agresores o proporcionando información para dar con ellos. Para completar el cuadro “aseveró que se equivocan quienes pretenden que el miedo haga presa a la sociedad” (Reforma.com, 16/09/08).

¿Y qué es lo que se puede esperar, además de miedo, después de las explosiones de Morelia? Si eso ocurrió en un pacífico festejo popular, ¿por qué no en cualquier otro tipo de acto o en un mitin de apoyo o de rechazo convocados por cualquier motivo por un líder, un partido o el mismo gobierno? En otros países ha habido actos terroristas recientes en el transporte (en Madrid el 11 de marzo de 2004 y en Londres el 7 de julio del año siguiente), en cafeterías y restaurantes, en plazas públicas, en hoteles y en las calles donde han explotado no pocos automóviles. Aquí ya contamos con esos escenarios.

En México, desde que se inició la guerra de Calderón contra los narcotraficantes, han muerto más personas que quienes se supone son las víctimas de aquéllos, es decir, los que consumen drogas ilícitas y que, también supuestamente, el gobierno trata de proteger con su guerra (¿será?). Y es ésta, la guerra, la que ha motivado el uso de granadas de fragmentación antes de Morelia, por ejemplo en Sonora el mes pasado, aunque no fueran activadas (La Jornada on line, 21/08/08), disparos con armas de alto poder en casi todas las ciudades importantes del país y asaltos a mano armada en casas y barrios, donde antes no había pasado nada de este tipo.

No. No hay motivo para tener miedo, es solamente algo que imaginamos porque los mexicanos nos hemos vuelto paranoicos y aprensivos. Imaginamos los secuestros de todo tipo y nivel, así como los levantones, los asesinatos, las mutilaciones y los asaltos. Si no fuera por nuestra delirante imaginación viviríamos tan tranquilos como antes de que Calderón iniciara su valerosa guerra rodeado del Estado Mayor Presidencial y de ambientes de seguridad de la más alta tecnología.

¿Por qué habríamos de tener miedo si sólo nos encontramos entre dos fuegos? Por un lado los bandidos y por el otro los policías y los soldados. Éstos también dan miedo: catean domicilios sin orden judicial, amagan poblaciones enteras, violan y roban cuando pueden o cuando se embriagan o se drogan. La seguridad nacional que Calderón ha querido garantizar se ha vuelto la inseguridad nacional, y todavía nos pide que lo apoyemos en esta lucha sin cuartel, que nos unamos todos (“pueblo y gobierno”), que no tengamos miedo y que combatamos con ligas y cáscaras de limón al crimen organizado y a los enemigos de México.

¿Por qué no habríamos de pensar, ya que nos han vuelto paranoicos, que el aumento de la criminalidad ha sido deliberado como una política de gobierno para justificar la militarización del país y quitarnos nuestros derechos y libertades (cada vez más restringidos)? Se ha hecho en Estados Unidos bajo el desgobierno de Bush, lo han hecho los dictadores de América Latina en aquellos tiempos que ahora, ingenuamente, creemos ya superados, ¿por qué no también en México? El argumento ha sido, precisamente, “la seguridad nacional”, y el resultado logrado ha sido su contrario. Nunca, desde hace setenta años, el país había vivido con tanta inseguridad.

Mi tía Irene (todos tenemos una tía Irene) me decía hace poco que leer todos los días “tantos muertos aquí y allá” podría resultar igual que una vacuna: insensibilizarnos ante la muerte, acostumbrarnos a vivir en un mundo (un país) irremediablemente peligroso. Tal vez tenía razón esa tía Irene, pero el problema es que alguien quiere que tengamos miedo, que no nos insensibilicemos, que no nos acostumbremos a vivir en peligro. Y la receta fue, por ahora, el 15 de septiembre en Morelia. Y en este caso da igual quién puso las granadas de fragmentación o los artefactos explosivos que hayan sido. Los muertos y los heridos nada tenían que ver con el narcotráfico ni con la lucha de Calderón y Bush contra aquél: fue una acción para provocar miedo e inseguridad y para que no pocos ciudadanos atemorizados demanden ahora que el gobierno endurezca todavía más sus políticas contra el crimen, aunque en ello les vaya perder sus derechos y libertades. El miedo y la incertidumbre, debe recordarse, propician exigencias de “mano dura y firme” entre la población, especialmente entre las clases medias. Todas las dictaduras del siglo pasado fueron precedidas de exigencias de este tipo: desde el fascismo italiano a principios de los años veinte, pasando por el nazismo alemán, hasta las últimas dictaduras latinoamericanas. Léanse, si no, las cartas y comentarios en los periódicos en Internet y no sólo en los de derecha: muchos piden o exigen mano dura y firme, y hasta más.

¡Cuidado! Something is rotten not only in the state of Denmark… but also in Mexico –se diría en un Hamlet actual.

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Juventud Comunista del Ecuador: Ni un minuto de silencio, toda una vida de combate

La Juventud Comunista del Ecuador (JCE), en comunicado enviado el  lunes 1 de septiembre del 2008 a nuestra redacción, recuerda  con todo fervor revolucionario los seis primeros meses del cobarde ataque en Angostura – Ecuador, por parte del gobierno uribista.

Por ABP Ecuador/PC Ecuador, tomado de ABP

En cualquier lugar donde nos sorprenda la muerte,

bienvenida sea, siempre que ese, nuestro grito de guerra

haya llegado a un oído receptivo y otra mano se tienda

a empuñar nuestras armas, y otros hombres se apresten

a entonar nuestros cantosluctuosos con tableteo

de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y victoria.

-Che-

El Ser Humano nuevo va naciendo con la frescura de la montaña, con la picadura de zancudos, empapado de lluvia, enlodado con el recuerdo cariñoso de los seres queridos, en la soledad de la noche guerrillera…Pero, en esa misma montaña es donde se van limpiando todas las taras y vicios de la sociedad burguesa, donde aprendes a ser sencillo, aprendes a ser humilde, sin egoísmos, un ser humano tierno que se sacrifica por los demás, que da todo por los demás, que sufre cuando sufren los demás, un ser humano que ríe cuando ríen los demás. Ahí nace el Ser Humano nuevo, en la montaña, como nace el clandestino en la ciudad o como nace el guerrillero en el campo.

La Juventud Comunista del Ecuador convencida de encontrar un camino menos doloroso y conociendo los padecimientos del pueblo colombiano -causado por el terrorismo estatal dirigido por Uribe- apoya fervientemente, se solidariza y se compromete con las acertadas combinaciones de todas las formas organizadas de lucha contra el gobierno fascista que se ha tomado el Palacio de Nariño, aún más en esta fecha que recordamos los seis meses del asesinato al camarada Raúl Reyes y nuestros compañeros de combate en Angostura-Ecuador.

Uribe se ha convertido en un Presidente frustrado y desesperado imperado por un orden criminal ante una  población inerme, campesinos desplazados, fumigando campos con sustancias toxicas, realizando redadas para-militares masivas,  lloriqueando y demandando a los gobiernos de Ecuador y Venezuela el involucramiento al conflicto interno, un presidente incapaz y mentiroso que en sus “supuestas negociaciones” de canje de prisioneros ha utilizado cualquier variedad de credenciales e insignias, como  la más cobarde técnica de guerra sucia. A la vez nos solidarizamos con los familiares de los asesinados y familiares de los presos políticos, quienes han llevado una  lucha  permanente y tenaz contra Uribe.

Conjuntamente, concordamos y consideramos a las FARC-EP como fuerzas beligerantes de principal oposición a las políticas para-militares de Álvaro Uribe Vélez, siendo una barricada permanente en contra de todos los planes Imperialista, una guerrilla que se ha convertido en la vanguardia combativa del pueblo  y sobre todo en la esperanza revolucionaria mediante la lucha armada  para encontrar la paz en Colombia.

El verdadero terrorismo es ejercido por el gobierno colombiano ante sus continuos ataques a la población en general, como aquel 1 de marzo del 2008, las FARC-EP son la respuesta organizada del pueblo ante la violencia generada por el Estado. Reiteramos pues el apoyo y el compromiso permanente de seguir luchado junto a todas las organizaciones por la construcción del SOCIALISMO.

Juramos Vencer……….¡Venceremos!

Juventud Comunista de Ecuador

http://anncol.eu/index.php?option=com_content&task=view&id=1293&Itemid=9

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