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Alejandro Nadal: Enfrentar la crisis: teoría económica a la deriva

¿Cómo explica la teoría económica la actual crisis de las principales economías capitalistas del mundo? La verdad es que si analizamos la teoría económica que predomina en los bancos centrales y ministerios de Hacienda, veremos que no puede explicarnos la crisis. Es más, para esa teoría, la crisis no debería estar ocurriendo. Para hablar de esto es necesario adentrarnos en el arcano mundo de la teoría económica.

En la década de los 70 se presenta una doble crisis en la teoría económica. En la llamada teoría microeconómica la crisis es terminal: para 1974 ya está demostrado que no existe una base científica para pensar que los mercados asignan los recursos de una sociedad de manera eficiente. Eso debería haber sido suficiente para declarar cerrado el programa de investigación teórica basado en la fe en la bondad del mercado libre. Pero los economistas en el mundo académico prefirieron ignorar los problemas y siguieron torturando a sus estudiantes, enseñándoles la parte sin interés de la teoría de equilibrio general y evitando mencionarles que con esa teoría no se puede demostrar cómo se forman los precios de equilibrio. Desde entonces, vemos salir de las universidades legiones de economistas que creen (injustificadamente) que en alguna parte existe una teoría rigurosa que demuestra que los mercados asignan los recursos de una sociedad de manera eficiente.

En la teoría macroeconómica sucedió algo peor. En la década de los 60 los economistas que se reclamaban de Keynes descubrieron la llamada curva de Phillips y pensaron podían utilizarla para completar y defender el pensamiento de su maestro. Grosso modo, esa curva decía que existía una relación inversa entre desempleo e inflación: cuando aumentaba la inflación, el desempleo disminuía y viceversa. Pero en los años 70 se presentó un episodio de inflación con desempleo. Según el modelo, eso no debería estar pasando.

La estanflación marcó la debacle de esta vertiente del keynesianismo y el auge del pensamiento monetarista. Bajo el liderazgo de Milton Friedman surgió una visión de la economía según la cual “la inflación siempre y en todo lugar es un fenómeno monetario”. De acuerdo con este razonamiento, la variable clave para estabilizar los precios sería la oferta monetaria. Sin un análisis científico serio, Friedman concluyó que ese resultado (controlar la inflación) sería compatible con niveles adecuados de empleo. La base de todo este razonamiento es la fe inquebrantable en la estabilidad de los mercados en una economía capitalista (justo lo contrario de lo que la teoría microeconómica había descubierto para 1974).

En un ensayo publicado en 1968 Friedman concluyó con la idea sorprendente de que para cada nivel de pleno empleo, hay una tasa “natural” de desempleo. Esa tasa natural corresponde a lo que se ha llamado desempleo friccional (determinado por el tiempo que pasan los trabajadores buscando empleo). De aquí se derivó la NAIRU, acrónimo en inglés que corresponde a la tasa de desempleo compatible con una tasa de inflación sin aceleración en el incremento de precios. Todo este edificio teórico servía para justificar que el objetivo único de la política monetaria debía ser el control de la inflación.

Para los 90, economistas como Bob Eisner habían destruido las bases analíticas de la NAIRU. Y en los hechos la tasa de desempleo se redujo una y otra vez, sin que se disparara la inflación. Es más, la oferta monetaria tuvo fuertes variaciones y la inflación no aumentó. Todo eso desmintió brutalmente la creencia central de los monetaristas sobre la relación entre oferta monetaria e inflación.

En cuanto a la inestabilidad en los mercados financieros, la serie de crisis de los años 90 debió por lo menos sacudir la fe de los monetaristas en la estabilidad de los mercados capitalistas y llevarlos a concluir en la necesidad de volver a regular el sector financiero. No fue así. ¿Serán tontos? No, lo que sucede es que las autoridades monetarias viven subordinadas a los intereses del sector financiero.

Hoy observamos que en la Reserva Federal sigue dominando un esquema monetarista. Por eso el problema para la política macroeconómica se define como antes: hay que encontrar el nivel preciso de oferta monetaria para controlar la inflación y mantener el empleo en un nivel adecuado. La Fed se equivoca nuevamente: el origen de la crisis se encuentra en la desregulación financiera y en una política monetaria dedicada a alimentar burbujas especulativas.

Por eso las teorías que dominan en la Fed (y en muchos bancos centrales) no pueden decir nada relevante sobre la crisis: ni sobre sus orígenes, ni sobre la política para enfrentarla. El verdadero problema es que el mercado capitalista es intrínsecamente inestable y la crisis es la forma natural de vida de este sistema económico. En un marco reformista por lo menos habría que acordar que la respuesta de política correcta es la regulación y la intervención pública.

La Jornada

http://www.jornada.unam.mx/2008/08/20/index.php?section=opinion&article=026a1eco

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Raúl Zibechi: Entre el golpismo y la democracia vigilada

Lo sucedido antes y lo que está sucediendo después del referendo revocatorio en Bolivia merece ser discutido y analizado por las izquierdas antisistémicasy los movimientos sociales latinoamericanos, ya que forma parte de las nuevas estrategias para sostener la dominación, implementadas por las elites los últimos siete años, luego del 11 de septiembre de 2001. No se trata de estrategias inéditas, sino del permanente perfeccionamiento de las que van ganando impulso desde la derrota imperial en Vietnam.

Como muestran Bolivia, Colombia y Venezuela, están emergiendo nuevas derechas autoritarias, que no rehuyen los golpes de Estado, pero que ahora asumen formas diferentes a los golpes militares clásicos. Ya no pretenden derribar presidentes con tanques en la calle ni bombardeos a los palacios de gobierno. Uno de los objetivos más destacados, en esta etapa, es obstaculizar la gobernabilidad democrática y popular, no importando si los gobiernos son apoyados por la población, si son sostenidos por mayorías y si actúan dentro de la ley. Pese a haber ganado más de diez elecciones, Hugo Chávez fue acusado reiteradas veces de dictador o de autoritario.

Para impedir la gobernabilidad en procesos de cambio social, las nuevas derechas han encontrado modos para promover una suerte de inestabilidad de masas mediante grandes movilizaciones populares impulsadas desde arriba, convocadas por los grandes medios monopolizados. Aquí el papel de los medios es importante, pero no factor decisivo. Mucho más importante es fomentar la intolerancia y los miedos de las clases medias, y de importantes sectores populares, hacia los diferentes (indios, pobres, otras lenguas y culturas). Insuflar miedo da buenos dividendos, de ahí que en todos los procesos mencionados la delincuencia y la violencia urbana se hayan disparado o ésa es la impresión dominante entre buena parte de la población.

En Colombia el elemento movilizador es el “terrorismo” de las FARC, pero en Argentina un padre de familia, cuyo hijo fue asesinado por delincuentes, Juan Carlos Blumberg, movilizó cientos de miles con la excusa de la inseguridad ciudadana, codo a codo con la ultraderecha, contra el gobierno de Néstor Kirchner. Las nuevas derechas, sean las autonomistas de Santa Cruz o las que defienden una televisora golpista en Caracas, tienen capacidad de movilización de masas, apelan a demandas “democráticas” y utilizan un lenguaje familiar a las izquierdas, pero para promover fines antidemocráticos y los intereses de las elites. A menudo meten en el mismo saco a las viejas derechas y a los dirigentes de los movimientos sociales y de izquierda, como hizo el prefecto golpista de Santa Cruz, Ruben Costas, quien la noche del referendo atacó por igual a Evo y a Jorge Quiroga, dirigente de Podemos: “Con la presencia del pueblo, derrotamos el oportunismo político que sin escrúpulos unió a la derecha conservadora y al masismo totalitario para destruir a esta patria emergente, alejada de los privilegios de la verdadera oligarquía que es el MAS”. Discursos como éste son desvaríos oportunistas, pero lo cierto es que las nuevas derechas enarbolan demandas sentidas por amplias franjas de la población.

Estos discursos y esas prácticas obedecen a dos nuevas orientaciones de las elites globales. La primera fue formulada por Robert M. Gates, secretario de Defensa de Estados Unidos, en su discurso en la Universidad Estatal de Kansas, titulado “La restauración de los instrumentos no militares del poder estadunidense” (Military Review, mayo-junio de 2008). Quien sirvió a siete presidentes como director de la CIA sostiene que su país puede mantener la hegemonía mundial a condición de “fortalecer nuestras capacidades de usar el poder ‘blando’ y establecer una mejor integración con el poder ‘duro’”.

Sacando conclusiones de la experiencia en Irak y Afganistán, Gates sostuvo que “el logro del éxito militar no es suficiente para vencer, sino el desarrollo económico, la construcción institucional y el imperio de la ley”. Para conseguirlo, se trata de “atraer civiles con experiencia en el agro, gobernabilidad y otros aspectos del desarrollo”, como una de las claves de las políticas de contrainsurgencia. La segunda cuestión, íntimamente ligada a ésta, es el apoyo material y en orientación a esas nuevas elites, como sucede en Bolivia.

Según denuncia del premio Nobel Adolfo Pérez Esquivel, el embajador de Estados Unidos en La Paz, Philip S. Goldberg, es el gran articulador de la oposición, inspirada en su odio a los indios. En 2007, la agencia de cooperación USAID desembolsó 124 millones de dólares en ayudas a la “sociedad civil” boliviana, canalizados por los prefectos de los departamentos de la Media Luna autonomista, embanderada detrás del departamento de Santa Cruz. Una estrategia muy similar a la utilizada en Venezuela.

Para los estrategas actuales del imperio, la democracia se reduce a elecciones con resultados mínimamente creíbles. Ni la democracia ni los servicios sociales son derechos que tiene la población, sino formas de mejorar el control y asegurar la hegemonía.

A la era de los golpes de Estado le sucedieron los “golpes de mercado”, como el que obligó la renuncia del presidente argentino Raúl Alfonsín en 1989, o de Hernán Siles Suazo en Bolivia, en 1985, en medio de la hiperinflación promovida por “los mercados” para destituir gobiernos a los que consideraban poco fiables. Ahora se trata de destituir procesos más que presidentes, impedir cambios de fondo motorizados por bases sociales organizadas y que cuentan con masivo apoyo popular. Un golpe de Estado clásico sería contraproducente, toda vez que los sectores populares aprendieron a revertirlos, como sucedió en Venezuela en 2002. La estrategia del desgaste y la ingobernabilidad ocupa el primer lugar en la agenda.

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José Antonio Román: El pudor, antídoto contra la agresión sexual: clero

Para evitar que las jovencitas sufran una agresión sexual, la arquidiócesis primada de México sugirió recuperar “el pudor de antaño”, es decir, evitar la ropa provocativa, cuidar las miradas y los gestos en público, no quedarse con un hombre a solas, aunque sea familiar o conocido, no aceptar “chistes picantes” y buscar ayuda ante sospechas de una “mala intención”.

En una ficha informativa que sirve de preparación para el Encuentro Mundial de las Familias, que se realizará en enero de 2009 en nuestro país, la Iglesia católica local advirtió que “cuando exhibimos nuestro cuerpo sin recato, sin pudor, lo prostituimos, porque provocamos en los demás sentimientos hacia nosotros a los que no tienen derecho, a no ser que deseemos ser propiedad pública, es decir, que nos prostituyamos aunque sea mentalmente. Eso es la pornografía: una prostitución mental”.

Elaborada por el canónigo metropolitano Sergio Román del Real, la ficha que aborda el tema del “pudor” lamenta que este valor, que regularmente se aprende en el seno familiar, se encuentre deteriorado o francamente no exista.

Hoy, agrega, las jóvenes se visten con minifaldas, ombligueras, mallones y bikinis, “mostrando su cuerpo como si fuera la cosa más natural, y casi sin ropa permiten dudar que exista el pudor”, dice el texto, reproducido por varios medios de la arquidiócesis de México.

En la ficha, el canónigo Román del Real hace una comparación costumbrista de varias generaciones y al final emite una serie de sugerencias a las jóvenes que profesan la religión católica, “para evitar que su forma de vestir sea un pretexto para ser intimidadas, violentadas y atacadas sexualmente en una ciudad en donde la violencia de género forma parte de la vida cotidiana, como se puede constatar en cualquier periódico, en estadísticas oficiales y en la estructuración de campañas gubernamentales contra el abuso sexual”.

En una aclaración, el clero señala que al hacer esta apreciación no está en contra de la moda en el vestido; “el recato no está reñido con el buen gusto y hasta con esa cierta coquetería que es esencial en la mujer”. Dice que la Iglesia está consciente que el cuerpo humano es naturalmente bello, “es obra de Dios y, a nuestros ojos, es la más perfecta de las obras”. Precisa que el pudor no es la vergüenza de mostrar un cuerpo feo o antiestético, sino que es “el recato con el que se guarda lo sagrado, lo que es expresión de un verdadero amor”.

Inclusive, en la ficha se aclara que en la búsqueda de la procreación, el ser humano lo hace dentro de un digno sentimiento de amor. “No se trata de procrear con cualquiera y en cualquier momento, sino de encontrar con quién formar una familia en la que se atienda y acompañe a los hijos. Y esa persona es única y debe amarse para siempre. Por eso el apareamiento, simplemente por placer, nos animaliza.

“El pudor es reservar para el ser amado esos incentivos sensitivos y placenteros que llevan a tener hijos. El amor convierte el cuerpo humano en sagrado, en dádiva exclusiva para el ser amado”, explica.

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Josetxo Zaldúa: El hartazgo social

Los gobiernos federal y de la ciudad de México escenificaron ayer lo que ojalá sea la guinda de los despropósitos oficiales acumulados en los últimos años respecto al estratégico asunto de la seguridad ciudadana. Uno y otro gobiernos, con buena voluntad, sin duda, desplegaron ayer ante la sociedad una batería de medidas que, ojalá nos equivoquemos, no solucionan el fondo de tan grave problema. Los planes anunciados son, en esencia, cosméticos. Y ello se debe a que, por desgracia, la clase política mexicana parece estar más pendiente de sus devaneos y ansias de poder que de realmente servir a la sociedad.

A nivel federal son incontables los cambios registrados en las membresías de los cuerpos policiales. Ayer Marcelo Ebrard no quiso ser menos y decretó la desaparición de la Judicial defeña. Y, al igual que Felipe Calderón, pide a la ciudadanía que haga de agente de inteligencia para denunciar a los bárbaros que casi nos tienen cercados. La falta de imaginación, en ambos casos, es estremecedora.

El asesinato de Fernando Martí, joven perteneciente a una familia acomodada –algo que nada tiene de malo–, desató una tremenda y tremendista campaña mediática que busca más víctimas políticas a modo que ahondar en el fango que propicia tan execrables actos. A la estrategia de acoso y derribo contra el gobierno de Ebrard por la inmensa mayoría de los medios de comunicación se sumó, irresponsablemente, el presidente Calderón, quien confundió la gimnasia con la magnesia al introducir el tema de la consulta sobre Pemex cuando hablaba de la supuesta ausencia de colaboración del gobierno defeño en el combate a la delincuencia.

Que Calderón y Ebrard se reúnan o no para tratar el problema les tiene sin cuidado a los capos de la violencia. La eficiencia policial nada tiene que ver con reuniones adornadas de grandilocuentes declaraciones. Sin hechos que las respalden, las palabras pierden su valor.

Que los medios de comunicación lleven a cabo, amparados en sus respectivas y sacrosantas líneas editoriales, campañas dispares y hasta disparatadas para dizque combatir esa lacra –algo que, por cierto, no les corresponde–, también le da igual a una gente que nació en la marginalidad, salvo contados casos.

Claro que si lo que se pretende es militarizar al país so pretexto de combatir a la delincuencia hay que reconocer que casi todos los medios de comunicación estamos contribuyendo, con nuestro corto alcance de miras, a que la sociedad cada vez entienda menos y que, por ende, germine la idea de que lo mejor es que el Ejército salga a las calles para ponernos en orden a todos.

Sobran gritos y sombrerazos mediáticos, sobran intereses particulares en los medios de comunicación –unos por puro dinero, otros por dizque posiciones ideológicas– y faltan actitudes que respalden el interés ciudadano. Falta, en suma, un ejercicio periodístico que se ubique en las antípodas de los intereses políticos y económicos. Los medios no deben servir a los políticos, antes lo contrario: deben ser el vehículo a través del cual la sociedad diga a los políticos lo que están haciendo mal.

En lugar de anunciarnos medidas etéreas, en lugar de aprovecharse de la zozobra social, los gobiernos, tanto federal como estatales, deberían abocarse a escuchar más el pulso social. Que gasten menos en propaganda y más en recursos para, por ejemplo, sentar las bases de una genuina profesionalización de los cuerpos de seguridad. Hay que pagar más a las policías, pero también hay que darles formación profesional. De nada sirve cambiar el nombre a los cuerpos de seguridad si la esencia no se transforma.

Y la sociedad tiene también su cuota de responsabilidad en este desaguisado. Negarlo, además de absurdo, imposibilitaría la imprescindible regeneración de los cuerpos de seguridad. Algunos de los que hoy pagan desplegados cargados de dolor –algo muy legítimo, ciertamente– son personeros de la ignominia nacional. Ignominia amparada, desgraciadamente, por gobiernos a los que poco les importa el bienestar nacional o la impartición de justicia a secas.

¿O acaso es políticamente incorrecto recordar lo que le están costando al erario nacional, a los bolsillos de casi todos los mexicanos, los rescates bancario y carretero, por mencionar algunos de los episodios económico-financieros que tienen postrado al país?

Y qué decir del sistema de ¿justicia?, auténtico corresponsable de la inseguridad que cuadricula al país. La estructura jurídica nacional, salvo honrosas excepciones, es un estercolero. En lo político y en lo social, por supuesto también en el terreno de la economía, los llamados impartidores de justicia han logrado, no sin empeño, que nadie crea en los fallos… porque generalmente fallan en favor de quien más tiene.

Hay que fingir demencia para no reconocer que la solución del problema, que la hay, requiere de un cambio de rumbo en la actual política económica y social, encaminada más a ahondar las desigualdades que a cerrarlas. La gente tiene derecho a que su trabajo sea bien remunerado, tiene derecho a tener un sistema socioeconómico que no beneficie a unos pocos en detrimento de las mayorías.

De igual manera, no podemos aspirar a que el actual estado de cosas cambie si la educación sigue como hasta ahora. Cada vez hay menos oportunidad de llegar a las aulas, cada vez se imparte más educación ineficiente. Estamos, en ese campo como en otros, igual que los cangrejos, con la vista en la retaguardia. Y para qué hablar del sistema de salud y del retiro… y de lo que usted quiera.

Se anuncian nuevas marchas contra la inseguridad y asistiremos a una nueva andanada mediática que buscará seguir poniendo nombre y apellido a los responsables de tal estado de cosas. Por supuesto, todo ello enderezado en una sola dirección. Marchar es legítimo, no más faltaba. Y da igual que la marcha sea de derechas o de izquierdas. La razón no entiende de ideologías. Es lo que cada quien siente.

Por cierto, ¿cuándo los desplegados contra los delincuentes de cuello blanco, contra ex presidentes y ex gobernadores y ex alcaldes y ex funcionarios de alto, medio y bajo nivel?, ¿quién los detendrá?, ¿quién los juzgará?, ¿qué autoridad tendrá los tamaños para meterlos tras las rejas?

¿O acaso la justicia sólo es para ajusticiar a los jodidos y a los defenestrados políticos?

Mientras nada de eso suceda, lo que importa, la inseguridad, seguirá presente, cual dinosaurio de Monterroso, al amanecer siguiente.Y la clase política y empresarial que hace posible todo eso seguirá también ahí… como el dinosaurio de Monterroso.

La Jornada
http://www.jornada.unam.mx/2008/08/12/index.php?section=opinion&article=007a1pol

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Hermann Bellinghausen: La noche del viento

Con la cara cansada de ser sólo un rostro, una noche de 1979 Plotino escaló una torre alta. Un transformador había estallado durante una tormenta que duró toda la tarde y hasta los bomberos acudieron por el pequeño incendio que hubo. La quemazón fue importante, tuvieron que cambiar todo el armatoste. Y el cableado. Se hizo tarde. La cuadrilla se siguió con algunos otros postes, que esa noche estuvieron particularmente elevados.

Todos coinciden que era muy noche, madrugada casi. Los de la cuadrilla estaban exhaustos. Plotino se ofreció para el último ascenso de la jornada, con su disposición habitual. “Ora, pásale al pilón” agradecieron los demás, ya sin interés, burlones.

Subió y lo olvidaron. Hacía frío, la atmósfera enfriaba. La ciudad suburbana era un espejo amarillo y cintilante. Un animal dormido. Esporádicos focos rojos y chasquidos de llanta en el asfalto encharcado delataban el paso furtivo de carros a deshoras. Desvelados, malvivientes, clandestinos, taxistas, policías, gente así.

El aire estaba tan limpio que brillaba. Plotino en el arnés de cuero, autosuficiente con la doble cuerda, virtuoso que era del rapel, dejó a los de la cuadrilla en brazos de un fodongo sueño y escaló con entusiasmo obstinado.

Un viento en dos tiempos alzó la voz, retumbó encañonado dentro del casco y le aguijoneó las mejillas. Él aspiró, sintiéndose definitivamente vivo. La segunda luna de aquel octubre pegaba de gritos, pálida y rugosa, como una cara de verdad.

Conocía las epifanías del aire, pero aquella le trajo un nuevo alivio al corazón, encabronado desde la derrota del movimiento electricista. La Revolución mexicana, o lo que fuera, estaba irremediablemente perdida. La ilusión reformista se internaba ya en los rieles del acomodo con la nueva cara del poder. Durante unos años más, la ilusión permanecería viva. Ya no vio Plotino el acomodo de los realistas, los pragmáticos y los olvidadizos. Piernas de palo que se quebraban alegremente. Hubiera vomitado.

No se supo más de él. La cuadrilla primero, y los policías por la mañana, buscaron su cuerpo por toda la manzana: patios, azoteas, balcones. Lo boletinaron en la colonia. Ni rastros. No aparecieron los lazos, ni el arnés, ni el casco, ni Plotino o sus pedazos. Se pensó en un accidente, y luego en una desaparición posiblemente política. Ninguna hipótesis se pudo demostrar.

Plotino trepó el viento por última vez, le acarició las crines, le habló al oído, lo escuchó relinchar. Él, que no conoció el vértigo, no temía las nubes turbulentas ni las nieves eternas de los volcanes, mucho menos los cielos abiertos como aquel umbral de la aurora. ¿Oyó los “tambores del alba” que decía don Rafael Galván Maldonado? Runrún se fue pal norte estaría silbándose con los Inti Ilimani, o Simón Bolívar Simón.

Como todos, Plotino soñaba volar. A diferencia de nosotros, lo consiguió.

De seguro sigue cabalgando por ahí, a la manera de Emiliano Zapata, incapaz ya de influir en la vida terrenal, sostenido por los vientos. Sin forzar mayor comparación con el caudillo del sur, los dos han de ir en caballos igualmente blancos. A veces creo sentir en el aire abierto algo así como su galope. Ilusión pura, ya sé. Pero es una manera bonita de recordar a alguien, ¿a poco no?

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Hermann Bellinghausen: Marcos, el EZLN no busca “hegemonizar”

San Cristóbal de las Casas, Chis. 3 de agosto. El zapatismo “no es el único rebelde, ni el mejor”, ni busca crear “un movimiento que hegemonice toda la rebeldía en México”, sostuvo el subcomandante Marcos la noche del viernes al recibir en el caracol de La Garrucha a la Caravana Nacional e Internacional de solidaridad que recorre las comunidades zapatistas.

Acompañado por el teniente coronel Moisés y los comandantes Isaías y Masho, se pronunció por alcanzar “un encuentro de rebeldías, un intercambio de aprendizajes y una relación más directa, no mediática sino real, entre organizaciones”.

Ante caravaneros procedentes de diversos países, particularmente europeos, el jefe militar rebelde subrayó que “el cuento de una izquierda institucional” que llega al poder “está perfectamente claro para los españoles, con José Luis Rodríguez Zapatero o Felipe González”, o para los franceses, con “el barón” François Mitterand.

“En México no. Sigue habiendo esa expectativa: que es posible que la izquierda que padecemos ahora, si llega al poder, va a gobernar sin dejar de ser de izquierda”. Prácticamente todos los países del mundo dan cuenta de lo contrario, recalcó. “De gente de izquierda, no necesariamente radical, que en el momento en que llega al poder deja de serlo. Varían la velocidad, la profundidad, pero indefectiblemente se transforman. Eso es ‘el efecto estómago’ del poder: o te digiere o te hace mierda.”

En México, ante el acercamiento de la izquierda al poder, surgió “este proceso de digestión y defecación” sobre ella. “Perdónenme si rompo algún corazón, pero el centro no está en el centro, está pegado a la derecha”.

Recordó que un grupo de intelectuales, artistas, líderes sociales pedía a los zapatistas volver la historia a 1984, “cuando pensábamos que si un grupo, o una persona, llega al poder, transforma todo hacia abajo. Que depositáramos la confianza, el futuro, nuestra vida y nuestro proceso a un iluminado, a una persona, junto con una banda de 40 ladrones que es la izquierda en México”.

Expuso: “No es que nos sea antipático el presidente legítimo, sino simple y sencillamente no creemos en ese proceso. No creemos que alguien, ni siquiera tan guapo como el subcomandante Marcos, sea capaz de hacer esa transformación”.

El rompecabezas del poder y la pieza que no encaja

El zapatismo es incómodo, agregó. “Como si en el rompecabezas del poder llegara una pieza que no encaja, y hay que deshacerse de ella. De los movimientos que hay en México, uno de ellos (no el único), el zapatismo no permite conformarse, rendirse, claudicar, venderse”, mientras que en los movimientos de arriba “ésa es la lógica”. El “corrimiento a la derecha” de la izquierda que participa en el poder “se oculta diciendo que el EZLN se radicalizó, pero nuestro planteamiento sigue siendo el mismo: no buscamos la toma del poder, pensamos que las cosas se construyen desde abajo.

“El poder es un club exclusivo. La ‘sociedad del poder’ tiene reglas, y sólo se puede acceder a ella si se cumplen. Cualquiera que busque la justicia, la libertad, la democracia, el respeto a la diferencia, no tiene posibilidad de acceder ahí, a menos que claudique de esas ideas.”

En su primera aparición en público en lo que va del año, el vocero rebelde comentó: “Se dice, no sin razón, que en los últimos dos años el subcomandante Marcos trabajó, con empeño y éxito, en destruir la imagen mediática que se había construido en torno a él”.

También hizo mención de los “intermediarios”, dispuestos a viajar “con los gastos pagados a recibir aplausos y alguno que otro favor”. Admitió que la aparición de los “coyotes de la solidaridad” ocultó la existencia “de otros abajos”. Con la Sexta declaración de la selva Lacandona vino “la ruptura con este sector, y la búsqueda, en México y en el mundo, de otros que fueran como nosotros, pero diferentes”.

Marcos señaló que además de la posición que sostienen los zapatistas frente al poder, hay una característica “esencial”: la renuncia a hegemonizar y homogenizar la sociedad. “No pretendemos un México zapatista, ni un mundo zapatista. No pretendemos que todos se hagan indígenas. Nosotros queremos un lugar, aquí, el nuestro, que nos dejen en paz, que no nos mande nadie. Eso es la libertad: que nosotros decidamos lo que queremos hacer.”

Tras ofrecer a sus visitantes un “rápido recorrido” por la historia de EZLN, iniciada hace 25 años en la selva Lacandona, les habló de la “herencia moral y ética de los que nos fundaron. Tenemos una deuda moral con nuestros compañeros. No con ustedes, no con los intelectuales que se alejaron, no con los artistas, ni los escritores, ni los líderes sociales que ahora son antizapatistas”.

La deuda es “con aquellos que murieron luchando”, concluyó. “Queremos que llegue el día en que podamos decirles a nuestros muertos tres cosas nada más: no nos rendimos, no nos vendimos, no claudicamos.”

http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2008/08/04/marcos-el-ezln-no-busca-hegemonizar

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