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Juan Diego García: Los diálogos de la paz. Un balance y unas perspectivas

El desarrollo de las conversaciones de paz entre el gobierno colombiano y las FARC-EP parecen desarrollarse con vigor y aunque no se conoce el alcance de los posibles acuerdos entre los insurgentes y la delegación del presidente Santos en La Habana, todo indica que al menos en la cuestión agraria existe un punto de encuentro bastante significativo en relación a las formas más improductivas de la gran propiedad rural y la necesidad de su modernización. Eso explicaría la reacción airada del gremio ganadero, principal representante del estamento latifundista del país que ve amenazados sus privilegios.

De la misma forma se explican las demás reacciones adversas a estos diálogos de paz por parte de grupos que interpretan los supuestos avances como una amenaza para sus intereses: políticos agrupados en torno al expresidente Uribe, usurpadores de tierras, militares y militaristas, empresarios de la guerra y los ideólogos a sueldo de la extrema derecha.

Una solución exitosa favorecería sin duda a Juan Manuel Santos, ya sea que apueste a la reelección presidencial, ya sea que aspire a alguna designación importante a escala internacional (se rumora que podría ser propuesto como futuro secretario general de Naciones Unidas). Algunas fuentes lo mencionan también como posible candidato a premio Nobel de la paz. En todos estos casos, la perspectiva no puede ser más favorable si Santos consigue cerrar medio siglo de guerra civil y pasar a la historia regional como el presidente de la paz.

Para las FARC-EP los resultados (hasta el momento) resultan bastante alentadores pues ha conseguido darle un sentido diferente a la agenda pactada. En efecto, en parte por iniciativa de la guerrilla, en parte por la misma dinámica vigorosa de los movimientos sociales, la cuestión de la paz ha ido ganando terreno en el debate público dentro del país, algo que no estaba en los planes del gobierno. Por lo visto, las autoridades deseaban sacar el debate del territorio nacional, reducir al máximo el temario (según el delegado gubernamental casi nada importante estaba a debate) y exigían alcanzar los acuerdos en el menor tiempo posible (el llamado “acuerdo express”).

Sin embargo, las cosas no han transcurrido según estos propósitos pues si bien es conveniente ajustar los procesos a tiempos razonables éstos no deben llevar a precipitaciones irresponsables tratándose de un asunto de tanta trascendencia como poner fin a un conflicto armado de tan larga duración; tampoco tiene mucho sentido desvincular los puntos de la agenda acordada del modelo económico, del sistema político o de la doctrina militar del país. Impedir o limitar la participación ciudadana puede entenderse como una táctica gubernamental para no dar ventajas a la guerrilla pero ha sido inútil y la ciudadanía ha dado muestras de una enorme madurez democrática en las formas y bastante manejo de la problemática nacional ofreciendo diagnósticos muy sólidos y soluciones bastante apegadas a la realidad. En este aspecto, el gobierno ha visto frustrados sus propósitos y es evidente que las FARC-EP han sabido aprovechar al máximo su oportunidad de interlocución con la sociedad.

La imagen de la insurgencia no podía ser mejor. En contraste con la idea difundida por los medios y por éste y anteriores gobiernos, los delegados de las FARC-EP dan muestras de un conocimiento muy sustentado de los problemas del país y utilizan un lenguaje de altura que nada tiene que ver con el discurso de un grupo de delincuentes comunes o con las soflamas incendiarias de terroristas desalmados. Además, y para sorpresa de quienes esperaban propuestas utópicas (en el peor sentido de la expresión), los delegados de la insurgencia han dado muestras de un gran realismo y disposición a los acuerdos en un asunto tan sensible como la cuestión agraria, de honda significación para un movimiento guerrillero de orígenes campesinos y que tiene en las zonas rurales sus principales apoyos.

El cumplimiento de la tregua unilateral que decretó la insurgencia disipa las dudas sembradas por algunos sectores contrarios al proceso, según las cuales existirían divergencias en las filas de las FARC-EP. Exceptuando incidentes menores, los guerrilleros acataron satisfactoriamente las órdenes impartidas demostrando que existe cohesión y una unidad de mando efectiva.

Pero probablemente la mayor victoria de las FARC-EP es precisamente haber sido aceptada como interlocutor válido, como entidad política, una consecuencia natural de la decisión inteligente de Santos cuando aceptó -desde el mismo comienzo de su mandato- que en el país existe un conflicto de naturaleza social y política al que no se puede buscar solamente soluciones de tipo militar. Era apenas lógico que el paso siguiente fuese el que se ha dado: sentarse a dialogar con los interesados para buscar una salida civilizada, una negociación política del conflicto.

Cuando la delegación guerrillera en La Habana presenta diez propuesta para resolver la cuestión agraria recogiendo en buena medida las propuesta de diversos sectores sociales ligados al campo, pero también de la academia, de asociaciones de productores, de iniciativas ciudadanas y hasta propuestas de gentes anónimas que hacen llegar a la capital cubana sus ideas y sugerencias están dando forma concreta a su legitimidad como voceros de determinadas reivindicaciones de la población, con independencia de la dimensión efectiva de unos sectores sociales que así ven recogidas sus exigencias. O sea, están mostrando cómo podrían ejercer como fuerza política legal, que es precisamente otro de los puntos centrales de la agenda acordada en estos diálogos. En lugar de obstaculizar (criminalizando) estos contactos de la insurgencia con la ciudadanía, el gobierno debería en sana lógica propiciarlos dando todo tipo de facilidades y ofreciendo a su vez las soluciones que en su opinión resultan más ventajosas para el país.

El proceso ya no está solo en La Habana; su secretismo se ha roto (para bien del país); crece la opinión de que, si bien por una parte es necesario concretar acuerdos para no convertir las conversaciones en interminables diálogos de sordos, por otra parte debe darse a estos delicados asuntos el tiempo que razonablemente exijan.

Los grupos afectados (sobre todo los terratenientes y ganaderos) están muy activos movilizando sus recursos (que son enormes) con la perspectiva de torpedear el desarrollo de los diálogo, conseguir que Santos se vea obligado a suspenderlos y renuncie a toda tentativa de reforma. Y si éstos culminan exitosamente, hacer imposible su aplicación como ya sucedió varias veces en el pasado cuando proyectos de reforma agraria provocaron la violenta reacción del gremio terrateniente hundiendo no solo el proyecto sino al país en una guerra civil como la actual, que tiene sus raíces precisamente en la violenta respuesta del sistema a los reclamos de los campesinos.

El gobierno no debería perder los nervios cuando constata que las FARC-EP han hecho una gestión bastante exitosa de estos diálogos de paz en La Habana. Por el contrario, debería aprovechar la ocasión para concretar los avances y ganar el favor de la opinión pública nacional (ya cuenta con un amplio apoyo internacional). En el debate abierto su papel sería demostrar de manera fehaciente que sus propuestas son mejores que las que ofrece el movimiento guerrillero y sería nefasto que en una demostración de impotencia, producto de sus propias limitaciones y ante las presiones de la extrema derecha, dieran una patada a la mesa y se retiraran alegando motivos secundarios, por lo general propiciados en forma de provocación por los mismos que ahora conspiran abiertamente contra el proceso.

 

Link original: http://www.argenpress.info/2013/02/los-dialogos-de-paz-un-balance-y-unas.html

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Carlos Fazio: La guerra y la paz

Felipe Calderón no escucha. La disyuntiva lanzada por el poeta y activista no violento Javier Sicilia fue guerra o paz. Y su opción fue muy clara: por un México en paz con justicia y dignidad. Lo que implica un rotundo noal enfoque militarista y la estrategia de guerra de la seguridad pública ordenados por Calderón. La respuesta del inquilino de Los Pinos pareció autista: no habrá cambio de estrategia porque tenemos la ley, la razón y la fuerza. Ergo, seguirá la guerra. Tampoco renunciará el superpolicía Genaro García Luna –émulo neodiazordacista del general Cueto, el de la matanza de Tlatelolco–, cuya defensa y control de daños quedó en manos de Televisa, los nuevos policías del pensamiento de la prensa vendida, y familiares de víctimas de la criminalidad cooptados por el gobierno.

Calderón no entendió que para Sicilia el Alto a la guerra y el No más sangre no son demandas simbólicas. Son reales. De allí que la contradicción, ahora, sea recrudecimiento de la militarización versus acciones de resistencia en el marco de la no violencia activa, que, de ir acumulando la fuerza moral y material de todos los que estamos hasta la madre de tanta violencia e inhumanidad generadas por una guerra absurda, a la manera de una bola de nieve podrá derivar en desobediencia civil pacífica.

Calderón no es sordo ni autista; tampoco insensible. Sus decisiones responden a una estrategia preconcebida, con eje en una doctrina de seguridad nacional importada. Como dijo Sicilia, la política de seguridad de Calderón fue diseñada por Estados Unidos. Su lógica es militar. Parte del mito de la guerra, como una realidad humana fundamental a la cual se reducen todas las demás. La guerra destruye la política y borra la frontera con la paz. La lógica de Calderón invierte la fórmula de Clausewitz: la política se transforma en la prolongación de la guerra gracias a otros medios. Si la política es la prolongación de la guerra, se asimila a la guerra y debe ser conducida por la guerra.

El uso de los conceptos no es inocente. En nombre de una presunta guerra a las drogas, Calderón instauró un régimen de excepción, con zonas del país bajo virtual estado de sitio. Calderón ha buscado poner al Estado y a la sociedad en función del estado de guerra. Lo primero lo logró. Durante cuatro años y medio la guerrade Calderón dominó la agenda pública: convirtió la nota roja en noticia principal de diarios y medios electrónicos. En el segundo objetivo, poner a la nación en permanente pie de guerra, fracasó. Su estrategia de guerra generó violencia, miedo y terror, pero no logró transformar a la sociedad en un inmenso ejército movilizado bajo su mando. Sus llamados a la unidad nacional contra los criminales, losverdaderos enemigos de México –los hijos de puta, diría Aguilar Camín–, fracasó porque se trata de una guerra fantasma, con base en un mito.

El mito de la guerra no obedece a un simple error intelectual: es útil. El culto de la seguridad sólo puede favorecer los privilegios y justificar el statu quo. El uso del Ejército, la Marina de guerra y la policía militarizada de García Luna es el sostén y justifica un tipo de sociedad basada en el centralismo autoritario y la explotación jerarquizada. Su papel ideológico cumple la función de perpetuar las relaciones entre dominadores y dominados. El método consiste en cambiar la ideología de la lucha de clases por otra ideología ficticia e inmovilista. De allí el apoyo del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios, el Consejo Coordinador Empresarial y otros once grupos corporativos a la Ley de Seguridad Nacional enviada al Congreso por el Ejecutivo.

Eso Sicilia lo tiene claro: la violencia de los señores de la muerte es resultado de estructuras económicas y sociales que generan desigualdad y exclusión. La infame realidad y la demencia criminal se nutren de las omisiones, complicidades y/o colusiones mafiosas de los que detentan el poder: la partidocracia, los poderes fácticos y sus monopolios, las cúpulas empresariales y las jerarquías conservadoras de las iglesias, los gobiernos y las policías.

La militarización de la sociedad forma parte de un engranaje organizado, necesitado e institucionalizado para preservar el actual estado de cosas. Como ha quedado plasmado en el discurso beligerante de Calderón, alias El Churchill, utiliza el monopolio del poder (sic) para hacer la guerra en nombre de todos los mexicanos de bien, y quienes no lo apoyan son sospechosos de ser cómplices de los enemigos del Estado. Un Estado que se sirve del monopolio de las armas para hacer una guerra permanente contra el pueblo. Mientras más autoritario y violento es un Estado, más trata a la nación como enemiga.

Pero los ciudadanos están desarmados. De allí la necesidad de la política. La política es el arte de las transacciones de la tolerancia y el arte de lo posible. La política comienza cuando el Estado deja de ser violento y entra en diálogo con los ciudadanos; cuando el Estado se sujeta a las leyes resultado de un diálogo con los ciudadanos. La paz es la consecuencia de la renuncia a los medios violentos. Es decir, al uso de las armas que matan.

Sicilia se opone a una paz armada como parte de un modelo militar. Quiere llevar al régimen al terreno de las soluciones no armadas. El diálogo que ofrece Calderón es un monólogo; se siente poseedor de la verdad única y ofrece unacooperación con base en la dialéctica del amo y el esclavo. De arriba a abajo. Frente a esa manipulación maniquea del poder, la multitud que aspira a una paz con justicia y dignidad impulsa otra forma de hacer política; quiere una democracia participativa y más representativa. El nuevo Ya basta de los de abajo y las clases medias está dirigido a la reconstrucción del tejido social de la nación. La marcha significó la ruptura del terror y la posibilidad de que el dolor social se convierta en acción colectiva organizada. Los sonidos del silencio son otra forma de lucha. El alto a la guerra es hoy una cuestión de salvación nacional.

Fuente: La Jornada

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Ana García y Javier Arjona: Premio Príncipe de Asturias a la Ingrid Betancur, cuestión de clase

Vale la pena inquietarse sobre el por qué del destino de un premio como “el principe de Asturias” a Ingrid Betancur.
Por qué a ella y no al profesor Moncayo, por ejemplo. Que ha recorrido caminos, carreteras, cancillerías, buscando la liberación de su hijo, prisionero de guerra en la montaña, pero también proponiendo medidas para conseguir la paz en Colombia..
Porqué a Ingrid y no al abogado Camilo Umaña, por poner un ejemplo, cuyo padre Eduardo Umaña, de los más prestigiosos defensores de derechos humanos, fue asesinado hace 10 años, y el estado colombiano ha “inmunizado” y decretado Impunidad para este crimen.
Por qué a la señora Betancur, y no a Ivan Cepeda, por decir otro ejemplo, cuyo padre, el senador Cepeda, es uno de los cuatro mil asesinados de la Unión Patriótica, genocidio político reconocido, pero que permanece en el presente porque a los poquitos sobrevivientes de aquella esperanza electoral se los van asesinando cada día, sin compasión ni descanso de la estructura mafiosa y paramilitar del establecimiento colombiano.
Por qué a ella y no a cualquier familia de los siete mil presos políticos que se pudren en las cárceles colombianas, muchos de ellos por ejercer su labor sindical, o agraria, o estudiantil, o simplemente por opinar sobre la injusticia del país, mantenida a sangre y fuego de una violencia de más de 50 años.
En efecto el premio que se concede en territorio asturiano tiene mucho contenido de clase. Y ahí están para ejemplo los que se dan a ricachones este año y otros. Los empresarios de microsof, los de google, y tantos más, aunque de vez en vez, como excepción, “se pueda poner un pobre a su mesa” como en la mejor época franquista.
No nos referimos solo al traje impecable, y a los lujos manifiestos, que han salido a relucir en Le Figaró: nos referimos a hechos más profundos: Cómo contribuir a la Paz, de verdad, en Colombia.
Cómo procurar reparación integral, memoria y verdad, buscando la Justicia para 140.000 asesinados por el estado colombiano, según los datos de la ambigua OEA.
La opción no es por los trajes caros, que cuadran bien a los obcenos beneficios de las multinacionales en medio de la guerra que desangra a Colombia. La opción debiera ser por el Diálogo, la Justicia, La Paz, y para ello ningún guiño a los guerreristas es sostenible.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=72496

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Juan Francisco Coloane: La OTAN amenaza los equilibrios

Esta crisis ruso georgiana que comienza a movilizar políticamente a
toda Europa y EE.UU., puede convertirse en una crisis mundial. Dicho
esto, no por el carácter militar territorial del problema que es bien
acotado aún, sino por su fondo político. Al ampliar el foco, éste
tiene un alcance mayor, porque incide en los equilibrios a nivel
global, y en el cómo se obtienen.

En el cuadro mayor, Rusia estaría más interesada en este objetivo, no
en el sentido de la antigua supremacía pretendida por el poder
soviético, sino simplemente para coexistir como entidad en la
operación universal. Mal que mal, Rusia no está obsesionada con esta
supremacía, ni todavía con instalar una muralla de calibre bélico
nuclear para su protección.

En este sentido, que la solución se centre en lo que suceda o decida
un organismo como la OTAN, es un contrasentido, y una distorsión en la
visión del problema mayor. Recordando otras crisis en la zona en que
la OTAN fue un actor principal, se debe enfatizar que los Balcanes no
son el Cáucaso, puesto que la variable rusa en el tema de los
equilibrios, o los conflictos con la aspiración rusa de poder,
conllevan una dimensión de carácter universal.

Al analizar con profundidad los antecedentes de esta crisis, los
problemas claramente los arrastra la alianza transatlántica y la OTAN,
en su expresión más radicalizada, por su continua óptica expansiva
para la preservación de la supremacía. Como que el triunfo ideológico
y económico de la Guerra Fría clásica no hubiera sido suficiente.

En rigor, si existieran las bases para un nuevo orden mundial, o
siquiera un atisbo de ello, la OTAN debiera dejar de existir o al
menos reformular su mandato y estructura, cambiando la direccionalidad
de su matriz, como que Europa Occidental fuera a ser devorada por el
algún monstruo asiático.

La OTAN es la estructura militar que más poder político ha acumulado
precisamente por la debilidad del sistema internacional que
supuestamente se administra desde la ONU. En este sentido, hay una
contraposición de dos entes: uno, eminentemente militar en el papel
como la OTAN, pero que ha adquirido un enorme poder político. El otro,
que supuestamente es eminentemente político como la ONU, pero
debilitado. Esta contradicción se ha hecho más evidente con el fin de
la bipolaridad y esta crisis es un fiel reflejo de ella.

La OTAN nace como respuesta al expansionismo soviético en la
confrontación bipolar. Tenía plena justificación frente a la adopción
de regímenes socialistas en naciones europeas que por lo demostrado en
década y media, todavía no se explica cómo pudieron haber durado tanto
bajo la presión soviética.

¿La OTAN subsiste como tal, frente a qué enemigo? ¿Cuál es el acecho?
Tal vez se justificaba para un reordenamiento de la situación en los
Balcanes de la ex Yugoslavia. Pero la reordenación de las naciones y
territorios que estaban bajo el dominio de la Ex URSS, es harina de
otro costal, y tanto la OTAN como EE.UU. deben medir su aspiración de
expansión y dominio.

Al mismo tiempo, sería de un facilismo prosaico caer en el cliché de
la variable energética como el eje de lo que está en juego. Está
demasiado manida en la cartilla estratégica. Simplemente existe como
parte del cuadro en cualquier parte. Por mucho que existan reservas y
fuentes de crudo y gas en zonas no controladas territorialmente por
las fuerzas y los países de la OTAN, los recursos energéticos tienen
peso y razón de ser, en un engranaje financiero industrial altamente
interdependiente, y sobre cuya complejidad no puede actuar ni la
obcecación política o la desesperación militar. No basta sólo con
tener dominio político o territorial sobre el recurso: hay que
preguntarle a los barones de la energía en EE.UU., el Reino Unido,
España, Irak, Venezuela o Bolivia, entre otros.

Hoy, la alianza transatlántica está en una posición de supremacía
universal casi total, pero aún quiere más, y en ese proceso amenaza a
la estabilidad. En la superficie se ve la intervención rusa y su
imperiosa necesidad de conservar la integridad y estabilidad, sin
embargo el tema real es el reordenamiento político en función de los
equilibrios en el nuevo orden mundial. Que la ganancia y la
sustentabilidad económica están detrás de todo el ejercicio, es
cierto, y son su máquina propulsora.

Pero también es cierto que después de la caída de la ex URSS, el
debate acerca de la nueva paz conquistada ha sido, en el mejor de los
casos, fragmentado y en el peor, orientado a mantener la matriz de la
supremacía occidental, que, como se observa en cualquiera de las
actuales zonas de conflicto bélico, es políticamente exagerado. Cuando
se indaga en estas zonas, hay un rechazo a Occidente. Y la
globalización, entendida con matriz militarista de la OTAN, se
transforma en una barbarie por este rechazo.

* Argenpress

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Emir Sader: El racismo separatista

Una de las nuevas modalidades que asume el racismo hoy día es el separatismo, forma de intentar delimitar territorios de la raza blanca, apropiándose privadamente de riquezas que pertenecen a la nación y a su pueblo. Ya conocíamos esos intentos bajo la forma de barrios ricos que buscan definirse como alcaldías propias, para que los impuestos que son obligados a pagar por una parte –la que pueden encubrir– de sus inmensas riquezas se queden para aumentar los beneficios de sus barrios atrincherados, detrás de los cuales buscan aislar y defender –con seguridad privada, desde luego– sus formas privilegiadas de vida.

Un fenómeno que inicialmente caracterizó a ciudades como Los Angeles y Miami, que agrupan en territorios comunes o cercanos a sectores muy ricos de la población y a otros muy pobres –a menudo inmigrantes–, se fue difundiendo por América Latina, conforme los estilos de vida miamescos y californianos de las burguesías y clases medias altas del continente se fueron diseminando. Son reiterados los intentos, por ejemplo, de barrios de la Barra da Tijuca (que ya fue caracterizada como “la Miami de América del Sur”) para hacer aprobar, mediante referendos, la separacion de sus locales de vivienda de la ciudad de Río de Janeiro. Han fracasado sistemáticamente, sea porque domingos de sol dificultan el quorum necesario para que la consulta tenga validad legal, sea porque los barrios pobres aledaños votan masivamente en contra de esos intentos elitistas. Seguro que los moradores de barrios como Chacao, en Caracas, y otros enclaves privilegiados de ciudades latinoamericanas alimentan siempre ese sueño racista y separatista.

Es un planteamiento típico del desarrollo desigual de nuestras sociedades. Los prejuicios del sur de Brasil en contra del nordeste, de la ciudad de Buenos Aires en contra de los “cabecitas negras” y “descamisados”, entre tantos otros, se reproduce también en Europa; el ejemplo reciente del enorme crecimiento de la Liga del Norte, partido neofascista italiano, es una nueva expresión del prejuicio del norte –teniendo al progreso de ciudades como Milán y otras de la región– en contra del sur de Italia, de donde provienen exactamente los trabajadores que crean las riquezas de esa región, al igual que en los casos citados de Brasil y Argentina. Es un prejuicio de raza y de clase.

Es el mismo que hoy afecta gravemente a Bolivia. Las provincias de la llamada Media Luna, con su epicentro en Santa Cruz de la Sierra, tuvieron derrotados sus gobiernos, desde la dictadura de Hugo Bánzer a todos los gobiernos neoliberales que le sucedieron y que han concentrado como nunca la riqueza en Bolivia, han acentuado su apropiación privada y su desnacionalización. La caída de su derradero gobierno, el de Sánchez de Losada –refugiado en Estados Unidos, con demanda de destierro a Bolivia para responder por los asesinatos de cientos de bolivianos, en el intento desesperado de seguir protegiendo los intereses de las elites cruceñas y de las provincias del este del país– representó una gran victoria del pueblo boliviano que, por primera vez en su vida, ha elegido a un indígena presidente de Bolivia. Un país en que 62 por ciento de la población se reivindica indígena, solamente ahora ha logrado elegir un presidente que defiende los intereses de la mayoría de la nación.

Pero la minoría sigue disponiendo de gran parte de las riquezas del país. Fue afectada por la nacionalización de las riquezas naturales. Ellos, que hacían que la Bolivia pobre vendiera el gas a precio “solidario” a Argentina y a Brasil, mucho más desarrollados, ahora quieren quedarse con la gran tajada de los impuestos que el gobierno de Evo Morales ha recuperado para el país con la nacionalización. Quieren además impedir que la reforma agraria se extienda a todo el país, buscando reservarse el derecho a disponer de la concentración de tierras en sus provincias, para seguir exportando soya transgénica y acumulando riquezas para ellos y no para el país y el pueblo bolivianos.

Han convocado un referendo que intentaba legalizar su separatismo racista. Racista, porque su prensa monopólica no esconde sus prejuicios contra los indígenas, contra Evo Morales, no deja de contraponer su raza blanca a la de la gran mayoría del pueblo boliviano, a quienes han secularmente explotado, discriminado, oprimido, humillado. Han mantenido una consulta a la que la justicia boliviana negó cualquier valor legal, que ha sido condenada por todo tipo de organismo internacional, de gobiernos de la región, de fuerzas democráticas.

Es un intento, no accidental, apoyado por el gobierno de Estados Unidos y su embajada en La Paz, envuelta abiertamente en intentos de espionaje y de financiamiento del separatismo racista. Ese bloque de fuerzas del separatismo racista tiene que ser derrotado para que el pueblo de Bolivia pueda seguir adelante, construyendo la más avanzada Constitución del continente: plurinacional, pluriétnica, pluricultural. Para que los pueblos originarios puedan afirmar su soberanía, para que los recursos naturales de Bolivia sean explotados en favor de su pueblo, para que la tierra produzca sanamente los alimentos que Bolivia necesita, para que el gobierno democrático y soberano de Evo Morales siga transformando a Bolivia en un país libre, a imagen y semejanza de su pueblo.

* La Jornada
* http://www.jornada.unam.mx/2008/05/04/index.php?section=opinion&article=023a1mun

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Modesto Emilio Guerrero: El Estado ‘Contra’ de América Latina

La apaciguadora Resolución de la OEA sobre la agresión militar colombiana a Ecuador resultó un empate a favor de Colombia que alentó al presidente Uribe a reiterar su ofensiva decididamente proyanqui en la Cumbre de Río. Esta aparente contradicción en los términos se resuelve de una manera muy simple.

Basta comparar el cálculo político de la agresión y los objetivos estratégicos de su patrocinante, EEUU, con el final del conflicto en la Asamblea de la Organización de Estados Americanos (OEA) y la reunión del Grupo de Río realizadas en forma simultánea. El resultado es una contradicción que le puede costar caro al continente. Uribe fue salvado y con él, la vigencia de la “Doctrina Patriota” del actual grupo dominante en Washington. Lo cualitativamente nuevo es que esta vez esa Doctrina agresiva la aplica un Estado latinoamericano contra otro igual. Esto es lo que se ha consagrado en la OEA y Río.

Los babosos caminos de la OEA

Curiosamente, y para hacer más complejo el cuadro, el conflicto reveló un dato político de importancia: ya Estados Unidos no tiene en la OEA el mismo tipo de control que tenía hace 10, 20 o 30 años, cuando hacía e imponía lo que le daba la gana. Basta recordar el conflicto entre Ecuador y Perú, o el de Argentina contra Inglaterra y antes con el Chile de Pinochet, o más reciente, en 2002, cuando quiso aplicar la Carta Democrática al gobierno de Hugo Chávez.

La reacción de protesta contra la agresión fue esta vez unánime en todos los gobiernos de la región (excepto Las Bahamas, Estados Unidos y Canadá, además de Colombia, claro). Eso no era lo usual.

A pesar de la moderación de algunos, incluso de la duplicidad de otros, el hecho es que debe ser la primera resolución sobre un conflicto de alta intensidad regional, en el que todos declaran a horas apenas, su rechazo enfático a la acción agresora contra un país pequeño, que no es cualquier país, porque tiene un gobierno que se define hoy por su condición anti imperialista. Es mucho pedir para la OEA y para muchos gobiernos que sintieron la candela en sus barbas.

Hasta gobiernos tan moderados como los de Bachelet o Tabaré, Torrijos, saltaron con declaraciones de alto vuelo diplomático condenando una acción en la que se sintieron involucrados y por qué no, también amenazados. Incluso gobiernos tan pitiyanquis y adversos a los bolivarianos de Ecuador y Venezuela, como los de Perú y México, apoyaron a Correa contra la invasión de Uribe.

Pero hasta ahí llegó la cosa. La OEA fue el límite. Cada uno y una en la medida de sus condiciones políticas internas y de sus respectivas relaciones con Washington. La correcta efervescencia de las declaraciones iniciales aterrizó suave en la OEA y Dominicana.

Una OEA sin yanquis

La mejor definición de la OEA, la hizo el comandante Fidel Castro en 1962, cuando develó su función imperialista regional en el sistema de Estados en el nuevo orden mundial luego de la II Guerra Mundial: “Este organismo interamericano no es más que un ministerio de colonias de los Estados Unidos”, dijo Fidel tras la expulsión de Cuba de ese organismo en Montevideo, a instancias de lo que luego se conoció entonces como la “Doctrina Betancourt”, aludiendo a la propuesta de Rómulo Betancourt, el presidente venezolano de entonces. Betancour declaró que “absolutamente incompatible la presencia de Cuba en el organismo interamericano”, casi las mismas palabras usadas por el Enviado por Washington. Como se sabe la OEA es la conformación sistémica del proyecto semicolonizador de 1889 cuando inventaron en Washington la Conferencia Panamericana.

En esa perspectiva histórica y actual tiene absoluta razón el presidente ecuatoriano Rafael Correa cuando exige la constitución de un organismo regional que sólo contenga países caribeños y latinoamericanos. Sin el imperio adentro.

Dijo: “Necesitamos una OEA sólo conformada por países de la región, es decir una Organización de Estados Latinoamericanos”, resaltó Correa en su cadena radial de este sábado en Quito” (Rafael Correa, Aporrea, domingo 9 de marzo).

Tiene razón. Sería un paso útil en el camino de ruptura con el control estadounidense en Latinoamérica. La contradicción nace en la Resolución final votada por Ecuador y todos los países congregados en la reunión especial de la OEA, la semana pasada.

En el texto se dice todo lo que sirve para quedar bien con los principios universales del progreso humano y el bienestar de los pueblos, menos una cosa: Un Estado llamado Colombia, al mando de un tipo llamado Uribe, agredió a otro llamado Ecuador. La Resolución salva al régimen de Uribe.

Como reseñó la agencia bolivariana de noticias: “Caracas, 05 Mar. ABN.- La Organización de Estados Americanos (OEA) consideró que el operativo militar colombiano efectuado el pasado fin de semana en suelo ecuatoriano ‘constituye una violación de la soberanía’ de Ecuador, pero no condenó explícitamente a Colombia, de acuerdo con el texto de resolución aprobado, que deja en manos de los cancilleres las recomendaciones para solucionar la crisis.”

Si esto, la condena expresa y explícita, no queda clara, todo lo demás queda oscuro y baboso, escurridizo. Y ahí resalta la declaración de Daniel Ortega, el presidente de Nicaragua, quien advirtió correctamente, que el gobierno colombiano se puede sentir aupado y entusiasta de hacer lo mismo con el aún más pequeño país centroamericano.

Siguiendo las investigaciones del Centro de Estudios para una Nueva Mayoría, de Argentina, las Fuerzas Armadas de Colombia son 13 veces más grandes que las de Nicaragua, 11 más que las de Ecuador y 5 que las de Venezuela.

Pero con dos diferencias cualitativas, que no señala el Centro citado: Son las Fuerzas Armadas latinoamericanas mejor equipadas por Estados Unidos, con la mayor cantidad de dinero (sólo Irak e Israel la superan en esto) y tecnología de punta como la que usaron para “cazar” satelitalmente al comandante Raúl Reyes en el selvático pueblito de Sucumbíos, a dos kilómetros de la fronteras colombiana.

Las fuerzas militares y policiales (la pavorosa DAS) del Estado colombiano, son las mejor entrenadas al día de hoy para guerras agresivas, porque llevan casi medio siglo combatiendo guerrilleros bien armados, en grandes cantidades y en zonas amplias de selva y montaña, experiencia que ya perdieron casi todos los ejércitos latinoamericanos.

Lamentablemente el voto salvado de Nicaragua en la reunión de la OEA, fue fagocitado política y moralmente por la cumbre del Grupo de Río en Dominicana, donde todo terminó en abrazos entre Correa, Chávez y Ortega con Uribe. Aunque, como se sabe, los hechos son testarudos y la cruda realidad social, sobre todo la colombiana, no puede ser absorbida en una declaración diplomática.

Todo está firmado, nada está resuelto

La dialéctica, que suele ser buena acompañante en momentos críticos, enseña que en política, como en casi toda realidad viva, vale tanto lo que haga, diga y sienta una fuerza, como lo que haga, diga y sienta la fuerza contraria que la enfrenta. Si nos guiamos por el contenido absolutorio de las resoluciones de la OEA y Río, y la inmediata exultación casi afrodisíaca de los enemigos de los gobiernos de Ecuador, Venezuela, Bolivia, Cuba y Nicaragua, podremos entender, como se dice en la Venezuela bolivariana, “por donde van los tiros”.

En los caminos de la OEA y Río, los tiros fueron por el camino equivocado. Y esa vulnerabilidad la tratará de aprovechar el enemigo interno y el otro, para presionar más, no para congraciarse y colaborar en el “progreso de los pueblos”.

El correcto objetivo de evitar una guerra entre países hermanos y de no regalarle esa oportunidad a Washington, no estaba obligado a terminar en un mensaje político equivocado, donde se pierden las fronteras con un enemigo tan peligroso como el gobierno de Uribe. La imagen debe ser e inversamente proporcional al discurso y directamente proporcional a los principios. Sobre todo en el siglo del imperio de la imagen simbólica y mediática.

Además de la diplomacia burguesa, por esencia hipócrita y falaz, el siglo XX vio aparecer otra de tipo revolucionaria, donde hay que aprender a combinar los principios con el protocolo. Se le puede sonreír a Uribe, lo que no se debe es deponer su condena en una Resolución y postular que se puede construir junto con él una Latinoamérica mejor.

En ese aspecto tuvo total razón el presidente venezolano cuando declaró en Aló Presidente que el gobierno de Uribe estaba desautorizado moralmente para convocar la próxima reunión de la UNASUR (proyecto unionista de países sudamericanos). Pero entra en contradicción con la Resolución de la OEA y el acuerdo y la imagen de Río. Uribe no puede mutar de enemigo a amigo en 48 horas en dos escenarios diplomáticos.

Sobre todo porque la historia suele jugar malas pasadas. Las tres fronteras calientes de Colombia siguen intactas. Todo puede volver a saltar, sea con Nicaragua por las tres islas caribeñas, sea con Venezuela por todo lo que cruza por sus dos mil kilómetros de frontera, o sea en la misma Ecuador, por donde la guerrilla colombiana seguirá tratando de escapar, como lo haría cualquiera en una lucha similar.

Las causas del conflicto con Ecuador no cambiaron, al contrario, se potenciarán con los resultados, sobre todo por la urgente necesidad del imperialismo yanqui de extirpar al gobierno venezolano y poner bajo control a los de Nicaragua y Ecuador.

Colombia, el nuevo Estado Contra

Se ha puesto en evidencia la transnacionalización del conflicto interno colombiano, un conflicto que nació desde sus profundidades sociales y políticas en 1948 y dio un salto en 1964 cuando aparecen las FARC como un ejército guerrillero con raigambre campesina, junto a otros movimientos insurgentes. Esa realidad se modificó es cierto. Ni las FARC de hoy son las mismas ni están en las mismas condiciones militares, ni los otros movimientos tienen fuerza ofensiva. Otros capitularon.

La novedad que debemos registrar es que el Estado colombiano tiende a “israelizarse”, como advirtió Chávez, y lo que hizo en Ecuador indica que puede convertirse en el Estado gendarme en la subregión.

Como lo fue Honduras en los años ochenta para combatir la revolución Centroaméricana; como lo es Israel contra la causa palestina, árabe e islámica, como lo fue Sudáfrica contra la revolución anticolonial del continente negro, como lo fue Corea del Norte, o la Irak de Hussein en 1980 contra la Revolución Iraní.

Todo el siglo XX está lleno de casos similares. Estados tapón, Estados gendarme, Estados subimperialistas, etc., y otras formas transitorias de contención subregional. El imperialismo siempre se apoyó en otros Estados para ejercer su dominación semicolonial.

Lo advirtió el presidente nicaragüense en Dominicana, “Lo que ustedes hicieron en Ecuador los puede convencer de hacerlo pronto con nosotros por San Andrés”.

En esta dinámica continental, el régimen político colombiano representa lo nuevo. Paulatinamente se convierte en la más importante plataforma de las políticas estadounidenses en la región (Plan Patriota, Plan Colombia, Plan Amazonas), dirigidas a cinco objetivos bien definidos: la contención del Caribe occidental, la del Istmo, las reservas petroleras venezolanas, la prórroga del control de la base ecuatoriana de Manta en el Pacífico, la inconmensurable bioriqueza del Amazonas y el equilibrio geopolíticocomercial en la Comunidad Andina, donde EEUU logró dos TLC después del fracaso del ALCA.

Si el Estado colombiano no es más y con más vigor expansivo se debe a por lo menos tres razones:

Primero: tiene a Palestina adentro en las selvas del Caguán, en el Chocó, en Villavicencio.

Segundo: Sus principales fronteras las ocupan tres Estados independientes de Washington: Venezuela, Ecuador y Nicaragua, cada uno a su medida. En Venezuela y Ecuador hay suficiente movimiento social politizado para resistir, no así en Nicaragua.

Tercero: La burguesía colombiana no tiene ni la fuerza económica ni la base social de la sudafricana o la israelí; al contrario, su lumpenización mediante la integración de las fuerzas paramilitares a las instituciones y la economía tiende a debilitarla estructuralmente, y tercero: Estados Unidos no está en el mejor momento para andar montando Estados gendarmes, a pesar de su actual política mundial agresiva.

* Argenpress
* http://www.argenpress.info/nota.asp?num=052874&Parte=0

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Cristóbal García Vera: El discreto viaje hacia la otra orilla de José Saramago

El escritor portugués José Saramago acaba de adherirse a la Plataforma de Apoyo a Zapatero (PAZ), creada por ‘intelectuales’ y artistas afines al PSOE con motivo de las próximas elecciones del 9 de marzo. Así lo anunció en un comunicado esta Plataforma, algunas de cuyas caras más conocidas son las de Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Ana Belén, Víctor Manuel o Miguel Bosé. De esta forma, el Nobel portugués afincado en la isla de Lanzarote se suma a la petición realizada a los ciudadanos por los integrantes de “PAZ”, para que “mayoritariamente vuelvan a apoyar a José Luis Rodríguez Zapatero” (1) y al “deseo de que éste sume otra legislatura que le permita continuar con el proyecto que inició hace cuatro años”. (2)

¿Qué apoya realmente José Saramago?

Los hombres y mujeres que integran la Plataforma de Apoyo a Zapatero piden el voto para el actual presidente del Gobierno – según expresan en su manifiesto – “porque éste cumplió su palabra de retirar a las tropas españolas de Irak… y ha recuperado una política internacional basada en la cooperación, el multilateralismo y la defensa de los derechos humanos”. O porque – afirman – “ha acompañado los logros de la política económica con la mejora del bienestar de toda la ciudadanía… y ha promovido la ampliación de derechos civiles más importante de nuestra historia reciente”. (3)

Este mensaje, en realidad, no hace más que reproducir la propaganda oficial del PSOE, pero a nadie se le escapa que al ser difundido por personajes populares y presuntamente “progres” puede calar más fácilmente entre cierto sector de la población. Para muchos de sus destinatarios la emoción provocada por la pegadiza canción “Defender la alegría” – compuesta para sonorizar el apoyo a Zapatero – sustituirá al esfuerzo por contrastar la veracidad del discurso. Pero José Saramago, que alquila su prestigio como izquierdista para esta campaña de la socialdemocracia española, no es una de esas personas que ignora cual es la verdadera política del Partido Socialista Obrero Español.

José Saramago es consciente de que el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero, pese a haber retirado las tropas españolas de Irak, ha sido un fiel aliado de los EEUU en su “guerra global contra el terrorismo”. Así, el ejército español no sólo se ha mantenido en el ocupado Afganistán, sino que el Gobierno ha aumentado el número de soldados destinados en este país. Igualmente, a finales del año 2004, el Gobierno de Zapatero envió soldados a Haití, para apoyar el golpe de Estado contra el presidente Aristide. En El Líbano, 1100 militares españoles participan en una misión que tiene como objetivo proteger los intereses del agresor Estado de Israel. Por otro lado, el ejecutivo español continúa colaborando con los EEUU en Irak, mediante sus servicios secretos y formando militares, policías y diplomáticos para el gobierno títere impuesto por los ocupantes. El manto de legalidad conferido a estos atropellos por la ONU no disminuye un ápice el sufrimiento de los cientos de miles de víctimas de estas guerras. ¿Cómo alguien como José Saramago – que a menudo se presenta como abanderado de la Justicia y los derechos humanos – puede olvidar a estas víctimas, contribuyendo a engañar a la población española con el supuesto pacifismo de la política exterior del PSOE? ¿Constituyen los muertos, los torturados, los despojados, una parte de ese “mal menor” que debe asumirse para evitar el advenimiento del Partido Popular?

José Saramago también es consciente -o debería serlo- de que, durante el mandato de José Luis Rodríguez Zapatero, el conjunto de la ciudadanía ha estado lejos de notar esa “mejora del bienestar” a la que se refieren sus acomodados correligionarios de “PAZ”. En un periodo de espectacular crecimiento económico, en el que los bancos y las multinacionales españolas no han parado de romper récords de beneficios, el salario medio real de los trabajadores ha disminuido. El enriquecimiento de los especuladores del ladrillo, tan favorecidos en la etapa de Zapatero como en la de José María Aznar, ha seguido aumentando el precio de las viviendas hasta convertirlas en un privilegio al que no pueden acceder millones de personas. Y la Sanidad y la Educación públicas continúan estando infradotadas. Tal y como manifestaba el propio Saramago el trece de junio del pasado 2007, “aunque se llamen así los partidos que están en el poder ya no hay gobiernos socialistas”. (4) Cierto es que al afirmar algo tan evidente, que desde hace tiempo la política neoliberal ha sido asumida como propia por la socialdemocracia europea, José Saramago ya salvaba entonces al Partido Socialista Obrero Español. En opinión del premio Nobel, en “España, el gobierno socialista compensa la política neoliberal, de la que no se puede escapar, con importantes leyes de tipo social”. (5) ¿Ignorará Saramago que, pese al bombo y platillo con el que se nos ha vendido la Ley de Dependencia, el Estado español continúa teniendo el gasto social más bajo de todos los países de la UE con similar desarrollo económico, y que el ejecutivo de Zapatero ha mantenido este déficit social? ¿Por qué, entonces, no son socialistas los gobiernos socialdemócratas de otros países y sí lo es el español?

Cabría preguntarse, igualmente, por las razones que conducen a José Saramago a suscribir alegremente que, durante estos cuatro años, se ha producido “la ampliación de derechos civiles más importante de nuestra historia reciente”. ¿Acaso no existen tampoco para el premio Nobel -como para los grandes medios de comunicación -los condenados en el macroproceso 18/98, denunciado por centenares de juristas internacionales como un “juicio político”? ¿Considera quizá, José Saramago, que la ilegalización de partidos políticos también contribuye a ampliar los derechos civiles de la población?

Los antecedentes de Saramago: “¿Jesús de Polanco?, un hombre admirable”

En cualquier caso, la decisión de Saramago de sumarse a la campaña de apoyo a Zapatero no debería sorprender a quienes hayan seguido su trayectoria durante los últimos años. Con la injustificada venia que suele otorgarse a los “iconos de la izquierda”, el escritor portugués ha venido protagonizando un paulatino proceso de derechización con episodios especialmente desafortunados.

Su decidido posicionamiento junto al grupo PRISA en una de sus más agresivas campañas contra el gobierno cubano o su descalificación, como meras “bandas armadas”, de la guerrilla colombiana de las FARC provocaron las primeras críticas aisladas contra el Nobel portugués. Apenas generó muestras de rechazo entre la “izquierda”, en cambio, el apoyo que también concedió en las pasadas elecciones autonómicas al candidato del PSOE a la presidencia de Canarias, Juan Fernando López Aguilar, quien en su día mostró su respeto por el “Estado de Derecho” “construyendo imputaciones” para mantener en la cárcel a un preso que ya había cumplido su condena.

Mayor desconcierto generó el panegírico que José Saramago dedicó a Jesús de Polanco, tras la muerte del que fuera dueño del Imperio mediático que publica sus libros. Participando en un lugar destacado del homenaje rendido en El País a este tiburón de la comunicación, Saramago recordaba al magnate como “un caballero…y la más delicada y afable de las personas que puedo recordar en este momento”. (6)

En su empeño por no desmerecer de sus colegas de PRISA a la hora de recordar al patrón, Saramago llegó a afirmar también que Polanco poseía la “cualidad del estoicismo”, “muy infrecuente en estos tiempos” (7), ya que nunca lo oyó quejarse por los fuertes dolores que le provocaba la enfermedad que acabó con su vida. Desde luego, con muy buenos ojos debía mirar José Saramago a este empresario, enriquecido gracias a sus buenas relaciones con los jerarcas del franquismo, para suponer que, como proclamaban los estoicos, intentó alcanzar la libertad y la tranquilidad de espíritu renunciando a las comodidades y que su vida estuviera regida por los principios de la razón y la virtud. Pero, además de esta mirada amable hacia el fallecido, se antoja necesaria también una escala de valores muy poco congruentes con un discurso de izquierdas para afirmar -como hizo entonces el escritor portugués- que “admiré a este hombre (a Polanco) y respetaré, mientras viva, su memoria”. (8)

Para concluir su sentido homenaje a Jesús de Polanco, José Saramago rememoraba una significativa anécdota protagonizada por el finado, él mismo, y su esposa Pilar “en el Palacio real, en la antesala de los saludos oficiales”. En este escenario tan glamoroso, Polanco -al parecer- elogió un libro de Saramago diciendo “tu libro es bueno, tú te llevas la gloria, pero yo me quedo con la plusvalía’. “Hablaba Polanco -recordaba luego el escritor- con una sonrisa, la más divertida que se podría esperar de semejante conversación, pero con sus ojos parecía pedir cierta disculpa: ‘El mundo es así, no he sido yo el inventor del capitalismo, decía. Tenía razón. Un día nacemos, otro morimos, y el mundo continúa”. (9)

Una disculpa semejante podría argüir José Saramago, probablemente, ante quien se atreviera a recordarle algunas de las razones por las que resulta inmoral su apoyo a la candidatura de José Luis Rodríguez Zapatero. Porque, al fin y al cabo, el mundo es así y tampoco lo ha inventado el escritor portugués. Unos ganan y otros pierden y en esta jungla, por el momento, él se encuentra entre los primeros. Desde esa favorecida posición resulta muy cómodo, preciso es reconocerlo, sumarse a iniciativas como “PAZ” y entonar despreocupadamente una “defensa de la alegría”. O, al menos, de la de aquellos privilegiados que alcancen a conocerla.

Notas y referencias bibliográficas:
1) Del Manifiesto de la Plataforma de Apoyo a Zapatero. “En defensa de la alegría”.
2) Apoyan José Saramago y Günter Grass a Zapatero. EFE
3) Del Manifiesto de la Plataforma de Apoyo a Zapatero. “En defensa de la alegría”.
4) José Saramago: ‘Hoy día no conozco nada más estúpido que la izquierda’. Intervención en el ciclo literario “Lecciones y Maestros”. Agencias
5) Ibídem.
6) José Saramago. “Un estoico”. El País. 22/7/2007.
7) Ibídem.
8) Ibídem.
9) Ibídem.

* Argenpress
* http://www.argenpress.info/nota.asp?num=052539&Parte=0

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