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Juan Francisco Coloane: La OTAN amenaza los equilibrios

Esta crisis ruso georgiana que comienza a movilizar políticamente a
toda Europa y EE.UU., puede convertirse en una crisis mundial. Dicho
esto, no por el carácter militar territorial del problema que es bien
acotado aún, sino por su fondo político. Al ampliar el foco, éste
tiene un alcance mayor, porque incide en los equilibrios a nivel
global, y en el cómo se obtienen.

En el cuadro mayor, Rusia estaría más interesada en este objetivo, no
en el sentido de la antigua supremacía pretendida por el poder
soviético, sino simplemente para coexistir como entidad en la
operación universal. Mal que mal, Rusia no está obsesionada con esta
supremacía, ni todavía con instalar una muralla de calibre bélico
nuclear para su protección.

En este sentido, que la solución se centre en lo que suceda o decida
un organismo como la OTAN, es un contrasentido, y una distorsión en la
visión del problema mayor. Recordando otras crisis en la zona en que
la OTAN fue un actor principal, se debe enfatizar que los Balcanes no
son el Cáucaso, puesto que la variable rusa en el tema de los
equilibrios, o los conflictos con la aspiración rusa de poder,
conllevan una dimensión de carácter universal.

Al analizar con profundidad los antecedentes de esta crisis, los
problemas claramente los arrastra la alianza transatlántica y la OTAN,
en su expresión más radicalizada, por su continua óptica expansiva
para la preservación de la supremacía. Como que el triunfo ideológico
y económico de la Guerra Fría clásica no hubiera sido suficiente.

En rigor, si existieran las bases para un nuevo orden mundial, o
siquiera un atisbo de ello, la OTAN debiera dejar de existir o al
menos reformular su mandato y estructura, cambiando la direccionalidad
de su matriz, como que Europa Occidental fuera a ser devorada por el
algún monstruo asiático.

La OTAN es la estructura militar que más poder político ha acumulado
precisamente por la debilidad del sistema internacional que
supuestamente se administra desde la ONU. En este sentido, hay una
contraposición de dos entes: uno, eminentemente militar en el papel
como la OTAN, pero que ha adquirido un enorme poder político. El otro,
que supuestamente es eminentemente político como la ONU, pero
debilitado. Esta contradicción se ha hecho más evidente con el fin de
la bipolaridad y esta crisis es un fiel reflejo de ella.

La OTAN nace como respuesta al expansionismo soviético en la
confrontación bipolar. Tenía plena justificación frente a la adopción
de regímenes socialistas en naciones europeas que por lo demostrado en
década y media, todavía no se explica cómo pudieron haber durado tanto
bajo la presión soviética.

¿La OTAN subsiste como tal, frente a qué enemigo? ¿Cuál es el acecho?
Tal vez se justificaba para un reordenamiento de la situación en los
Balcanes de la ex Yugoslavia. Pero la reordenación de las naciones y
territorios que estaban bajo el dominio de la Ex URSS, es harina de
otro costal, y tanto la OTAN como EE.UU. deben medir su aspiración de
expansión y dominio.

Al mismo tiempo, sería de un facilismo prosaico caer en el cliché de
la variable energética como el eje de lo que está en juego. Está
demasiado manida en la cartilla estratégica. Simplemente existe como
parte del cuadro en cualquier parte. Por mucho que existan reservas y
fuentes de crudo y gas en zonas no controladas territorialmente por
las fuerzas y los países de la OTAN, los recursos energéticos tienen
peso y razón de ser, en un engranaje financiero industrial altamente
interdependiente, y sobre cuya complejidad no puede actuar ni la
obcecación política o la desesperación militar. No basta sólo con
tener dominio político o territorial sobre el recurso: hay que
preguntarle a los barones de la energía en EE.UU., el Reino Unido,
España, Irak, Venezuela o Bolivia, entre otros.

Hoy, la alianza transatlántica está en una posición de supremacía
universal casi total, pero aún quiere más, y en ese proceso amenaza a
la estabilidad. En la superficie se ve la intervención rusa y su
imperiosa necesidad de conservar la integridad y estabilidad, sin
embargo el tema real es el reordenamiento político en función de los
equilibrios en el nuevo orden mundial. Que la ganancia y la
sustentabilidad económica están detrás de todo el ejercicio, es
cierto, y son su máquina propulsora.

Pero también es cierto que después de la caída de la ex URSS, el
debate acerca de la nueva paz conquistada ha sido, en el mejor de los
casos, fragmentado y en el peor, orientado a mantener la matriz de la
supremacía occidental, que, como se observa en cualquiera de las
actuales zonas de conflicto bélico, es políticamente exagerado. Cuando
se indaga en estas zonas, hay un rechazo a Occidente. Y la
globalización, entendida con matriz militarista de la OTAN, se
transforma en una barbarie por este rechazo.

* Argenpress

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Luis Alejandre: Georgia, punto y aparte

No hay que remontarse al tiempo de los fenicios para comprender la crisis de Georgia que ha costado cerca de 2.000 muertos y decenas de miles de personas desplazadas, heridas, enfermas, insultadas, expoliadas o violadas. Hablamos de ciudadanos como nosotros, que lo han sufrido.
Lo malo es que el conflicto no ha terminado, a pesar de que el alto el fuego constituye una indiscutible buena noticia y todos deseamos que se mantenga. La decisión de Rusia de reconocer la independencia de las dos regiones separatistas de Georgia –Osetia del Sur y Abjasia– crea un conflicto diplo- mático y es dudoso que contribuya a favorecer la paz en la región.

EL MAPA geoestratégico es bien conocido. Se disuelve la URSS tras la caída del Muro de Berlín y se rediseñan las fronteras de las residuales repúblicas que formaban la Unión Soviética. Hay dificultades para incluir etnias, culturas y religiones homogéneas en un mismo espacio geográfico. Y no solo se dan estas dificultades en Georgia. Entre 1991 y 1992 se firman unos acuerdos entre Moscú y Tiflis que contemplan a Osetia del Sur con un estatus especial, protegido por una “fuerza de paz” rusa. Lindante con la rusa Osetia del Norte, la del Sur cuenta con una población mayoritariamente de la misma etnia y religión ortodoxa.
El nuevo Estado georgiano, de 70.000 kilómetros cuadrados, poblado por algo más de cuatro millones de habitantes, arranca con más dificultades que glorias. Se degrada su situación económica y va perdiendo poco a poco comercio y turismo procedentes de su vecino del norte, Rusia.
Pero ocupa un espacio vital en el enlace estratégico que une el mar Caspio con el mar Negro, el que canaliza petróleo y gas hacia Occidente. En este flujo va el 20% de la energía que consume Israel
Por supuesto, Estados Unidos se fija en la región. Derivado de un golpe de Estado, después legitimado por las urnas, colocan a un hombre de confianza, el presidente Mijail Saakashvili. Este, fiel a su nuevo protector, entrega un contingente de 2.000 soldados para combatir en la difícil posguerra de Irak. En la cumbre de la Alianza Atlántica de abril del 2008, celebrada en Bucarest, Estados Unidos es el gran patrocinador de la entrada de Georgia en la Alianza. Se anticipan Albania y Croacia, porque los socios europeos posponen la decisión. Está demasiado latente el tema de Kosovo como para iniciar un debate sobre Osetia o Abjasia. (Por cierto, la independencia de Kosovo únicamente ha sido reconocida por 27 países, 15 de los cuales son miembros de la Alianza Atlántica).

PERO, UN BUENdía de agosto, Saakashvili, sin esperar una nueva reunión de la OTAN pero aprovechando que la atención mundial está fijada en Pekín y que incluso su protector George Bush está más atento al equipo estadounidense de béisbol presente en los Juegos Olímpicos que a la situación que se está gestando en el sur del Cáucaso, y creyéndose bien armado por Israel y por los propios norteamericanos, decide atacar Osetia del Sur en nombre de una interpretación unilateral de su soberanía.
Los que no están pendientes de los Juegos son los generales de Putin. En 24 horas arrasan Georgia. En cierto sentido, protegen a sus minorías y se apoyan en los acuerdos de 1992. En otro, no olvidan la ascendencia georgiana de Stalin y los ocho años de presidencia del que había sido ministro de Exteriores de la URSS, Eduard Shevardnadze, el hombre de la apertura. ¡Demasiados antecedentes históricos para mantenerse impasibles !
Lo demás ya se sabe: Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas; viajes de la presidencia europea a la zona; observadores internacionales; ayuda humanitaria; hipócrita crujir de dientes en toda la sociedad occidental. La historia de siempre. Ahora vendrán los grandes negocios aprovechando el río revuelto: infraestructuras, inversiones, la misma ayuda humanitaria… Tranquilizaremos nuestras conciencias donando algo a alguna oenegé conocida o viendo cómo nuestro Gobierno manda a un centenar de nuestros buenos soldados en misión de paz. Eso sí: de paz.
Siempre a posteriori. Siempre encontraremos a un político como Nicolas Sarkozy que va a intentar solucionar el problema; lo malo es que nunca encontramos políticos que eviten que se produzcan los problemas.

MIENTRAS,Ucrania mira de reojo. Todavía tiene en Sebastopol a la potente escuadra rusa del mar Negro, consecuencia de unos acuerdos similares a los que se firmaron en 1992 con Georgia. Los países bálticos y Polonia se han decantado claramente por la política de la república hermana de Ucrania. ¡Cuidado!
Rusia, recuperada económicamente, favorecida por el alza de los precios del crudo y del gas, pero con problemas de redistribución de la riqueza graves –conviven sueldos de 300 euros al mes con grandes fortunas– quiere recuperar su peso específico en la política internacional. Ningunearla puede ser suicida, porque conserva en su alma el histórico y orgulloso potencial de la extinta URSS.

MANUELCastells escribía recientemente que estamos ante “las primeras escaramuzas de una guerra caliente que se esta gestando en territorios de la guerra fría”. No olvidemos tampoco la vecindad de Chechenia con Osetia del Norte. Parece que Moscú ha aprendido la lección y no permitirá nuevas aventuras.
La osada –aunque mejor diría insensata– guerra de Georgia desemboca en el reconocimiento por parte de Rusia de la independencia de Osetia del Sur y de Abjasia. Puede que la red de oleoductos y gaseoductos Bakú (Azerbaiyán)-Tiflis-Ceylán (Turquía) recupere su operatividad. Pero nada será igual al sur del Cáucaso; nada será igual en el mar Negro; nada será igual en la próxima cumbre de la OTAN, cuando se celebren los 60 años de su creación.
Georgia estará presente en nuestras vidas en las próximas décadas. Ojalá no sea para que se repitan las monstruosidades de este mes de agosto olímpico.

http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idtipusrecurs_PK=7&idnoticia_PK=539104

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Jorge Gómez Barata: Para que sirve una flota

Oriundos de una Nación marinera, en 1620 los peregrinos del Mayflower, en la costa atlántica de Norteamérica fundaron los Estados Unidos, que se expandieron alcanzando el golfo de México, el océano Pacifico y con la incorporación de Alaska, el Artico. El primer conflicto militar norteamericano fueron enfrentamientos navales con Francia y su primera guerra grande en 1898, tuvo como escenarios las bahías de Santiago de Cuba y Manila. A 122 años de su fundación, los Estados Unidos eran ya una potencia con costas sobre tres océanos y el Golfo de México.

La lucha por la independencia norteamericana se inició en el puerto de Boston y entre sus primeras acciones significativas estuvo la intersección de los buques ingleses. La Constitución norteamericana facultó al Congreso: “Para organizar y mantener una armada”. En 1794 fueron botadas al mar sus primeras fragatas que en 1812 debutaron en la guerra contra Gran Bretaña. Derrotada Inglaterra, Estados Unidos la desafió en el escenario en la que era más poderosa y envió navíos de guerra al Mediterráneo, el Caribe, el Atlántico y al Pacifico.

Las primeras grandes operaciones ofensivas de la Armada norteamericana tuvieron lugar en la guerra contra México. En 1854 a cañonazos, los acorazados del comodoro Metthew Perry forzaron a Japón a abrir sus fronteras a occidente y en 1898, tomando como pretexto el hundimiento del acorazado Maine en La Habana, las flotas estadounidenses derrotaron a las escuadras españolas. Comenzó la diplomacia de las cañoneras.

Estados Unidos se involucró en la Primera Guerra Mundial por el hundimiento del Lusitania y en la II en respuesta al ataque de los submarinos alemanes a los navíos que transportaban pertrechos a Inglaterra. La lucha contra Japón tuvo un fuerte componente naval y la intervención en Europa comenzó por el desembarco en Normandía. La principal acción en la Guerra de Corea fue el desembarco en Inchón y la agresión a Vietnam del Norte comenzó con el incidente del golfo de Tonkin.

Durante la Guerra Fría, en concordancia con la estrategia de tratar de alejar el presumible conflicto nuclear de su territorio, la armada norteamericana creció y se dotó de armamento ofensivo para propinar golpes demoledores en todos los teatros de operaciones, en primer lugar de portaaviones y submarinos nucleares. En esos procesos se desarrollaron las flotas del Atlántico, del Pacifico, Fuerzas Navales en Europa, La V Flota desplegada en el Golfo Pérsico, VI Flota basificada en el Mediterráneo y la VII en el Este de Asia.

En estos momentos, en una coyuntura histórica caracterizada por el auge de las fuerzas progresistas, que invariablemente, sin importar cuales son sus programas o colores políticos, son hostilizadas por Washington, Estados Unidos ha revivido su IV Flota, que existió durante la II Guerra Mundial y había sido desmovilizada en 1953. Este nuevo destacamento naval vigilará a 30 países del Caribe, Centro y Sur América.

Aunque no las sustituye completamente, las fuerzas navales son tropas a flote, sucedáneas de las bases militares terrestres, cuya indeseada presencia es cada día más difícil de cara a los procesos políticos que se operan en la región. De momento, deberán abandonar la de Manta en Ecuador y, a diferentes plazos, las existentes en el resto de los países.

Con decenas de naves, incluyendo un portaaviones nuclear, cientos de aviones y miles de hombres, todos dotados con lo último en armamentos y las tecnologías más avanzadas, operando desde La Florida, Estados Unidos acaba de desplegar un enorme poderío militar en una región desde la cual ningún país esta en condiciones ni en disposición de amenazar su seguridad.

La idea de que se requiere una Flota de semejantes proporciones para enfrentar el narcotráfico, luchar contra el terrorismo y preservar la seguridad nacional de los Estados Unidos, además de falsa es ridícula. El verdadero objetivo de esta fuerza es afirmar la hegemonía norteamericana en la región y amenazar a los países que el terreno político y económico la desafíen.

Las flotas norteamericanas con su impresionante dotación de portaviones con cientos de aviones de asalto y bombardeo, submarinos dotados de cohetes atómicos y convencionales, destructores, acorazados y miles de naves de diferente designación, son las más ofensivas y letales fuerzas militares existentes.

Por su tonelaje, capacidad operacional y poder de fuego, la armada norteamericana supera a las del resto de los países de la OTAN juntas. La IV Flota destinada a América Latina, como todas las demás, está creada para operar agresivamente a miles de millas de sus fronteras, para alcanzar y preservar objetivos imperiales. No hay novedad. Siempre fue así.

* Argenpress
* http://www.argenpress.info/nota.asp?num=055056&Parte=0

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Néstor Núñez: Un dislate llamado Kosovo

Para Washington y sus aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), el desmembramiento de la añeja Yugoslavia es algo así como lo que en ciertos planes de trabajo se denomina “tarea permanente”.

La desarticulación territorial mediante al azuzamiento de los nacionalismos con apego a Occidente ha sido un arma proverbial del imperio…y llegó el turno a la provincia serbia de Kosovo, donde efectivos otanistas se despliegan desde 1999, luego de violentos bombardeos contra Belgrado y otras ciudades.

La iniciativa fue puesta en manos de los grupos de descendencia albanesa, los titulados por la prensa “albano-kosovares” proclives al desmembramiento y a una posible incorporación futura a lo que algunos llaman, a la usanza de siglos anteriores, “La Gran Albania”, a lo cual suman altos niveles de compromiso con Washington y sus aliados de Europa.

Con el corte territorial yugoslavo el imperio logra varios objetivos. Por una parte, coarta la influencia de una Serbia que desdeña alianzas con la Casa Blanca y se acerca a Rusia, y a la vez afianza el cinturón que intenta bloquear a Moscú como en los “tiempos alegres” de la Guerra Fría.

En consecuencia, el gobierno de George W. Bush no perdió un minuto en reconocer la unilateral independencia de Kosovo, al igual que buena parte de sus congéneres del Viejo Continente, como inequívoca fórmula de presión ante el centellante desacuerdo ruso-serbio y las inmediatas protestas de buena parte de la comunidad internacional.

Las reservas son enormes. El presidente Vladímir Putin fustigó desde la capital moscovita la jugarreta divisionista, en tanto Belgrado se convertía en un hervidero humano que cercaba sedes diplomáticas occidentales y provocaba el apresurado retiro de los personales diplomáticos de varias de esas dependencias. Era la reacción lógica ante un golpe bajo y a la vez sumamente peligroso.

Altos jefes militares rusos advirtieron también sobre el desequilibrio que la decisión unilateral de los albano-kosovares implica en un escenario explosivo como los Balcanes, y algunos gobiernos europeos empiezan a admitir que se abren serios riesgos en el Viejo Continente, si el aliento al separatismo empieza a extenderse.

En efecto, territorios como el español, el británico, el italiano, el francés, y los de varios estados del este de Europa, guardan viejas rencillas y aspiraciones separatistas, hasta ahora ahogadas y controladas, incluso con el uso de una nada disimulada represión.

Corsos, escoceses, gitanos, etarras, sicilianos y otros grupos étnicos y regionales, tienen largas historias de intentos separatistas e independentistas, y el impulso de Washington y buena parte de la Unión Europea a los albano-kosovares es un incentivo a tales aspiraciones.

Nada, que el fuego merodea los polvorines a manos de quienes en su prepotencia no calculan el alcance de sus desmanes.

* Argenpress
* http://www.argenpress.info/nota.asp?num=052494&Parte=0

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Gustavo Iruegas: Fait Accompli

La mala práctica de las grandes potencias de hacer las cosas por la vía de los hechos y no del derecho tiene uno de sus episodios menos publicitados en la adecuación de la Organización del Atlántico del Norte a la realidad militar resultante del colapso soviético.

La OTAN era originalmente una organización defensiva creada por las potencias occidentales para enfrentar el poder militar del bloque socialista enmarcado en el Pacto de Varsovia.

Al desaparecer la Unión Soviética y el socialismo europeo la OTAN se quedó sin enemigo de quien defenderse y, formalmente, sin propósito. Sin embargo, no era cosa de simplemente dar por cumplida la misión y finiquitar la institución porque para Estados Unidos la situación era mucho más complicada: La Unión Europea crece, progresa y se fortalece notoriamente y no es una exageración ver en ella una inminente superpotencia. Porque esa es la naturaleza del capitalismo, eventualmente se convertirá en competidora, contrincante, rival y finalmente enemiga de Estados Unidos.

Mientras esos tiempos llegan —y antes de que Rusia, China e India compliquen las cosas— había que mantener los vínculos en materia de seguridad en el nivel de alianza.

Negociar un nuevo tratado no era una opción y sí hubiera resultado una complicación mayor porque Europa no es una contraparte a la que se le puedan imponer condiciones fácilmente. Lo que se ideó fue lanzar intervenciones de Occidente en los conflictos que estaban latentes en el tercer mundo durante la guerra fría y eclosionaron a su término.

Al final, ambas partes optaron por ampliar la misión de la OTAN que agregó a su carácter defensivo el de un aparato vigilante de los intereses materiales y doctrinarios de Occidente; una policía internacional. La mecánica de la transformación fue simple: En 1999, en ocasión del 50 aniversario de su creación, las potencias aliadas declararon la nueva misión de la OTAN, mientras destruían Yugoslavia. No fue necesario más.

El esquema de los hechos consumados está siendo ampliamente aplicado en el mundo y México no escapa a esta modalidad de control de los poderosos sobre los débiles. En el caso particular de la relación entre México y Estados Unidos, este último cuenta con la facilidad de que la contraparte mexicana, solícita y complaciente, favorece tal manipulación.

Después del rechazo a la cándida propuesta foxista de un amplio tratado migratorio y la posterior decisión de construir un muro entre las dos naciones, el gobierno de facto que hoy padece México ha sentido la necesidad de dar continuidad, por cuenta propia, al proceso de sometimiento del Estado mexicano a Estados Unidos.

Como la exótica idea de que los mexicanos estaban ansiosos por transmutarse en gringos y de que éstos estarían interesados en esa adquisición fue rechazada por ambas sociedades, la oligarquía mexicana ha adoptado la táctica de presentar los hechos consumados y no hacer consultas o propuestas a la sociedad o al Congreso en su afán de sustraer a México parcelas de soberanía en favor de la estadunidense.

La Asociación para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN) nombre que se le ha dado a la inicial propuesta de hacer un “NAFTA plus” encierra la condición de no haberse planteado como un Tratado, cosa que sí es el TLCAN a secas. Nótese que en la seguridad y la prosperidad cabe absolutamente toda la actividad del Estado y que, a pesar de la grave temática de que se ocupa, ASPAN consiste en una simple declaración de intenciones de los gobernantes de América del Norte, una nueva noción política derivada de la geográfica.

A falta de un tratado, el cumplimiento de esas intenciones se haría por medio de acuerdos interinstitucionales o, peor aún, de una serie de medidas dictadas en cada país que, acopladas, permitan llevar a la práctica el mal llamado proyecto de integración que, para el caso de México, no es más que de sometimiento. Después de la negativa al acuerdo migratorio y no obstante la decisión estadunidense de construir el muro en la frontera con México, han puesto en práctica la idea de entregarse silenciosamente.

A esto se reduce la Iniciativa Mérida, eufemismo con el que se quiere ocultar que se trata de un Plan México. Como resulta obvio, el Plan Colombia es un plan estadunidense para Colombia. Sería una verdadera extravagancia que Colombia le diera el nombre de Plan Colombia a un plan o programa suyo de lucha contra el narcotráfico; se llama así porque es un Plan de Estados Unidos para Colombia. De la misma manera, las primeras noticias sobre el Plan México vinieron de Estados Unidos por que se trata de un programa de ese gobierno para México.

Ante la airada reacción nacional el gobierno de facto decidió cambiarle el nombre a “Iniciativa Mérida”, apelando a que fue en esa ciudad donde Bush y Calderón se reunieron para concertar eso que desde la Cancillería se ha llamado “compromiso político”. Los senadores y los diputados mexicanos preguntaron insistentemente por el sustento documental de tal compromiso, pero no obtuvieron más respuesta que la aseveración de que se trató de una iniciativa mexicana. El gobierno que respondió —no con suficiencia, por supuesto— fue el de Estados Unidos que envió para eso al embajador Negroponte.

En México no ha sido posible obtener la información requerida de parte de ninguno de los gobiernos comprometidos. Una vez más, se presentan los hechos consumados que, por parte de Estados Unidos son actos de poder y de parte de México una ignominia disfrazada de diplomacia secreta.

El Plan México encierra proyectos más oscuros que los hasta ahora expresados. El que está resultando difícil de ocultar es el de levantar en el sur de México un muro antiemigrantes complementario del que ya se construye en el norte. La sola idea, que en su iniquidad suena fantástica, encierra complejidades enormes. Seguramente tendrá las particularidades del subdesarrollo, pero sea físico, virtual, tecnológico, policiaco o militar, será un vallado que se agrega y combina con el impedimento ya existente de la despiadada delincuencia. La política y los programas contra los transmigrantes centroamericanos desplegada por los gobiernos anteriores y la que actualmente se practica apuntan en esa dirección.

A México se le acusa, con justa razón, de no hacer con los emigrantes centroamericanos en su frontera sur lo que pide para los propios en la frontera norte. Por otra parte, los gobiernos derechistas de México, el de facto inclusive, han sido requeridos repetidamente por Estados Unidos que refuercen la vigilancia en la frontera sur, para evitar el paso de los centroamericanos en viaje hacia Estados Unidos.

En la frontera entre México y Guatemala hay una franja desmontada de cincuenta metros de ancho que corre a lo largo de la frontera entre el Pacífico y Belice. A lo largo de esa línea se encuentran unos cuantos puntos que sirven como puestos fronterizos en los que hay, generalmente del lado mexicano, casetas de migración, aduanas y salubridad que se van instalando conforme la población crea nuevas veredas que le sirven para pasar por extravíos. Los más transitados suelen situarse entre asentamientos colocados a uno y otro lado de la frontera y relativamente cerca. Entre uno y otro de esos puestos hay kilómetros de selva o de ríos.

Como es de suponerse la gente procura moverse por los lugares más transitables y, a veces, cuando no se tienen papeles para personas o mercancías, basta moverse unos cientos de metros a uno u otro lado de los puestos fronterizos y pasar con toda tranquilidad. Los puntos de cruce irregular más transitados son los que están más cerca de los puertos fronterizos formalmente instalados, como son los que se encuentran en los puentes a cuyos lados se mueven personas sobre rústicas plataformas montadas en llantas de tractor, foto opportunity para imágenes ya mundialmente conocidas.

Este escenario en que cientos de kilómetros de frontera sin obstáculos ni vigilancia es la que las autoridades de migración gustan describir como “frontera porosa” en un involuntario y ridículo sarcasmo que da pie a otro usado para anunciar algún operativo contra los inmigrantes: “sellar la frontera”, idea que estaría mejor reflejada con la irónica frase “ponerle puertas al campo”.

Esta es precisamente la situación que Estados Unidos le pide a México revertir; debe impedir el paso de los centroamericanos que pretenden llegar a la frontera norte y cruzarla como hacen los mexicanos. Para ello es necesario que México levante un muro en la frontera sur que, como en el norte, combine los obstáculos físicos, con la vigilancia tecnificada, policiaca y militar.

La idea tiene varios inconvenientes de orden práctico además de los de orden moral: entre estos últimos está la dificultad de mantener una pretendida actitud humanitaria y al mismo tiempo complaciente de los deseos de Norteamérica; la contradicción resulta invalidante. Entre los primeros está el que si el muro en el norte va a ser funcionalmente efectivo, detendrá tanto a los mexicanos, como los centroamericanos y a los de cualquier origen que intenten un cruce irregular. Consecuentemente, el muro en el sur resultaría redundante.

Si el propósito fuese evitar la llegada de los centroamericanos para no quedarse con ellos y con los emigrantes mexicanos frustrados por el muro, habría que recordar que los centroamericanos no encuentran en México los salarios diez veces más altos que buscan en Estados Unidos y por lo tanto, si no logran pasar, volverán a su tierra.

Lamentablemente el esfuerzo gubernamental en este asunto no está motivado por un genuino propósito de protección del territorio nacional sino por el interés adulterino de subordinarse a los dictados del norte. El muro en el sur será levantado sin motivo, sin consulta y contra el interés nacional. Será como ASPAN y como el Plan México, simplemente, un hecho consumado.

* La Jornada
* http://www.jornada.unam.mx/2007/12/05/index.php?section=opinion&article=034a1mun

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