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Vicky Peláez: México en las garras de los globalizadores

Pueblos libres, recordad esta máxima. Podemos adquirir la libertad, pero nunca se recupera una vez que se pierde (Jean Jacques Rousseau, 1712-1778).

Había una vez un país llamado México, soberano e independiente orgulloso de su pasado y de sus tradiciones ancestrales que mantenía con recelo durante varios siglos a pesar de que, según Octavio Paz, cada período histórico era una meseta separada de las otras por medio de altas montañas y profundos abismos.

Su pueblo aprendió a escalar las montañas y construir puentes sobre los abismos. Sin embargo, más de dos siglos atrás los Estados Unidos por una voluntad del destino se convirtió en su vecino del Norte.

Pasaron apenas 59 años de la fundación de los Estados Unidos cuando el famoso estudioso francés, Alexis Tocqueville escribió en su libro “La Democracia en América” (1835-1840) que donde la bota norteamericana pisaba el suelo en México, se quedaba allí para siempre. Y así había sucedido, no solamente usando la fuerza brutal, sino también empleando el servicio de Mamón, el diablo del dinero cuyo arte de persuasión y seducción había logrado a corromper a muchos gobernantes de turno. De allí surgió el famoso dicho popular que enfatiza que “la tragedia de México es estar tan lejos del cielo y tan cerca de los Estados Unidos”.

Poco a poco este vecino del Norte presionaba cada vez más sus tenazas económicas y financieras alrededor de México obligando a sus líderes ceder su riqueza natural. Por supuesto había excepciones, como la revolución mexicana de 1910 y la nacionalización de las reservas minerales y de combustibles decretada por el presidente Lázaro Cárdenas en 1938.

Los Estados Unidos anunciaron en seguida las represalias contra el gobierno de Lázaro Cárdenas, declarando un embargo comercial y la Tesorería norteamericana dejó de adquirir petróleo y plata en México. Once años después durante la presidencia de Miguel Alemán (1946-1952) hubo intentos de reprivatizar las empresas petroleras pero este proceso fue parado por un texto de la Constitución de 1960 que establecía en referencia al crudo “no otorgar concesiones ni contratos, ni subsistirán los que hayan otorgado”. Sin embargo, en los años 1980, durante el gobierno de José López Portillo (1976-1982) y Miguel de la Madrid (1982-1988) los Estados Unidos logró imponer a México el Consenso de Washington lanzando al país a las garras de los neoliberales. Durante la presidencia de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) se firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA) por Estados Unidos, Canadá y México que actualmente está cumpliendo 20 años.

Por supuesto, la prensa globalizada internacional y nacional está empeñada en presentar estos 20 años como el mejor período en el desarrollo socio económico de México en su historia republicana. Lo que están haciendo los escribanos globalizados es tapar el sol con un dedo. La realidad es completamente diferente. A pesar de la asociación de México con su vecino del Norte, la pobreza no da signos de disminuir. Actualmente de los 107 millones de mexicanos, 55 millones se encuentran en un deplorable estado de pobreza e insalubridad. El sueldo mínimo en México es uno de los más bajos en América Latina- 147 dólares al mes, mientras que en Uruguay es 300, Chile-372 y en Argentina es 475 dólares mensuales.

Durante casi dos siglos, los terratenientes locales habían anhelado desmantelar las comunidades campesinas (los ejidos) y desarticular la unidad familiar en el campo para apoderarse de la tierra de las comunidades sin poder nunca lograrlo. El NAFTA facilitó esta tarea dejando sin tierra a más de dos millones de campesinos que tuvieron que emprender su éxodo masivo a la ciudad. A la vez el gobierno eliminó las empresas estatales de regulación que operaban en este sector de la economía que favoreció a las empresas trasnacionales subsidiarias de las corporaciones estadounidenses. Estos complejos agroindustriales absorbieron una mayor porción del mercado interno.

El más perjudicado por el tratado ha sido maíz, el cultivo más importante en cuanto al volumen de producción, número de productores y superficie sembrada, tomando en cuenta también que es el alimento básico de toda la población. Ahora México está obligado a importar el 30 por ciento del maíz para su consumo, de acuerdo a la estadística oficial. Por supuesto que en la vida real las cifras son más altas. Y no puede ser de otra manera porque son las comercializadoras transnacionales: Cargill, Corn Products International, Archer Daniels, Minsa, Maseca, Arancia, Midland están controlando el mercado de maíz en México. Los pequeños productores de este cultivo que hace 20 años aportaban más de la mitad de la producción nacional, prácticamente desaparecieron y con ellos se acabó la soberanía alimentaria.

En estas dos décadas desaparecieron también más de 300,000 unidades ganaderas, el hato disminuyó el 30 por ciento y el consumo per cápita de carne de res mostró una disminución en los últimos siete años del 12 por ciento bajando a 15 kilogramos. Actualmente la balanza comercial agroalimentaria es deficitaria en más de 45 mil millones de dólares. Lo que más exporta México son tomates, aguacate, frutas tropicales, cerveza, tequila, productos en manos de un puñado de las trasnacionales y lo que importa son productos de la canasta familiar: maíz, carne, leche, arroz, trigo que también están en manos de las corporaciones como Bimbo, Lala, Maseca etc. El 76 por ciento de las exportaciones mexicanas van hacia Estados Unidos y el 80 por ciento de importaciones también provienen de Norteamérica, lo que hace muy vulnerable la economía nacional a los procesos que atraviesa el mercado norteamericano.

La reciente reforma de hidrocarburos aprobada por el Senado puso también en subasta las grandes reservas petroleras de México lo que hace 20 años planificaron los creadores norteamericanos del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA). Desde hace tiempo el Wilson Center de Washington estaba tratando de convencer a los líderes mexicanos de reformar el Artículo 27 de la Constitución para aumentar la competitividad de la industria petrolera nacional. Y finalmente los globalizadores lograron su objetivo cuando hace poco el presidente Enrique Peña Nieto eliminó de un plumazo este artículo de la Constitución que dice que “tratándose del petróleo o de minerales radioactivas no se otorgan concesiones ni contratos y la Nación llevará a cabo la explotación de estos productos”. Con esta firma se autorizó el saqueo del petróleo mexicano, siendo su empresa estatal Pemex el quinto productor mundial de petróleo y el quinto exportador que tiene reservas probadas de crudo de 14,000 millones de barriles y 13,000 millones de barriles de lutitas además de poseer 545 mil millones de pies cúbicos de gas natural.

En esta lista de los llamados “logros” del NAFTA en México no se puede omitir el incremento alarmante del tráfico de droga y de la delincuencia. De acuerdo al Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la guerra contra el crimen organizado durante el gobierno de Felipe Calderón (2006-2012) dejó un saldo de 121,683 muertes violentas. Hace pocos días el director del Instituto para la Seguridad y la democracia (INSYDE), Ernesto López Portillo alertó que de mantenerse el ritmo de muertes violentas registradas en el actual gobierno de Enrique Peña Nieto, al término de su gestión la cifra podría superar casi en 50 por ciento de las registradas en el sexenio de Felipe Calderón.

Actualmente México es uno de los más importantes productores en el mundo de marihuana y de las drogas sintéticas. Se considera el segundo productor de marihuana con capacidad de 10,000 toneladas al año mientras que Estados Unidos elabora 15,000 toneladas. A la vez México es un importante punto de tránsito de cocaína proveniente de Colombia, Bolivia y Perú hacia Estados Unidos Se calcula que se produce al año 1,000 toneladas de cocaína de las cuales unas 700 toneladas son trasladadas a Norteamérica. Un negocio redondo que aporta no menos de 500 mil millones de dólares al año. El dinero lo compra todo, pues “con dinero baila el perro y con oro dueño y todo” reza un refrán popular. Esto explica la existencia de numerosos carteles de narcotráfico que tienen a su disposición cerca de 100,000 hombres armados, la mayoría de los cuales son menores de 30 años de edad. Entre los carteles más famosos se destacan: Cartel Juárez, Cartel Sinaloa, Cartel del Golfo, Cartel de Tijuana, Los Zetas, Cartel del Poniente, Los Rojos, La Corona, Caballeros Templarios y algunos otros poco conocidos. Todos estos grupos se dedican también a extorsiones y secuestros, en los cuales México es solamente superado por Nigeria.

Ahora resulta, según el informe “La Guerra secreta de la DEA en México” de la periodista Doris Gómora publicado el 6 de enero pasado en el periódico mexicano El Universal, que hace más de 20 años “los agentes de la Agencia Antidrogas de los Estados Unidos (DEA) y fiscales del Departamento de Justicia negociaron en secreto, en territorio mexicano, con miembros de carteles de narcotráfico para obtener la información de organizaciones rivales, situación que incrementó la violencia en todo el país”. Es decir actuaban siguiendo las pautas de la táctica “divide y reina”. Documentos judiciales indican que el gobierno de Norteamérica “conocía y autorizó las reuniones, así como las negociaciones con miembros de carteles mexicanos, especialmente con el de Sinaloa para obtener la información de sus rivales, y con ella se lograron aseguramientos de cargamentos, así como detenciones, lo que detonó la violencia en México durante el sexenio de Vicente Fox y el de Felipe Calderón”.

Recién ahora se supo que más de 60 agentes de la DEA, otros tantos de la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE) y no se sabe cuántos fiscales fueron autorizados por el gobierno estadounidense para actuar libremente y con plena impunidad en México, esto avalado por los gobiernos de turno locales. Solamente con el Cartel de Sinaloa hubo más de 50 encuentros oficiales de los que se sabe. Según la investigación, se sabe que a cambio de la información, los agentes de la DEA permitían hacer su negocio a los narcos de ese cartel e inclusive les avisaban sobre las operaciones que se preparaban por sus colegas mexicanos contra ellos. En el 2012 el Departamento de Justicia autorizó la “Operación Rápido y Furioso” durante la cual cerca de 1,400 armas fueron transferidas al Cartel de Sinaloa. Ahora resulta que no fue el único el trasiego de armas desde Estados Unidos a México. Entre 2006 y 2007, Washington condujo otro operativo similar llamado “Receptor Abierto”.

Frente a la violencia desatada en el país por los miles de sicarios y de secuaces de los carteles que están infiltrados en todos los niveles de las instituciones gubernamentales y frente a la impotencia de lo que el periodista mexicano Guillermo Almeyra llama “el semiestado” mexicano, los habitantes de México central, especialmente en Michoacán, Guerrero y Oaxaca crearon los grupos de autodefensa. En una entrevista que se divulgó en YouTube, el consejero general del Consejo Ciudadano de Autodefensa de Tepalcatepec, Michoacán, José Manuel Mireles Valverde reveló los motivos que obligaron a los habitantes armarse para defenderse de los embates del crimen organizado ante la omisión de las autoridades.

Contó este médico cirujano, que la violencia se desató hace 12 años cuando se apoderaron de la región los sicarios de Los Zetas. Después llegó La Familia Michoacana que ofreció la protección contra Los Zetas. Al escindirse La Familia, surgieron Los Caballeros Templarios que hace cinco años comenzaron a cobrar cuotas, derecho de piso e incluso permiso para vivir. Cada negocio, cada casa, cada profesional tenían que pagar al cartel. Hasta los niños desde el jardín infantil hasta la escuela preparatoria debían pagar 20 pesos cada lunes. Después, como lo enfatizó Mireles Valverde, empezaron a molestar a la familia. “Tocaban la puerta y decían: me gusta mucho tu mujer, ahorita te la traigo”. En 2012 abusaron a 14 niñas de 11 y 12 años de edad, relató.

´´Entonces los habitantes de la zona decidieron organizarse y armarse, haciendo toda esta labor sigilosamente para que no se enterasen tanto las autoridades como los mafiosos y el 24 de febrero pasado la ciudadanía se levantó contra Los Caballeros Templarios. Pero cuando después de detener y desarmar a los sicarios y los llevaban a los cuarteles del ejército o a las dependencias de la Policía Judicial Federal, el mismo día todos los mafiosos estaban libres. Al entrar el ejército en Michoacán, las autoridades trataron de desarmar no a los sicarios sino a los miembros de Autodefensa. Ahora el gobierno anuncia las capturas de los cabecillas del cartel mientras todos saben que hace tiempo ellos abandonaron la zona dejando en su reemplazo a sus segundones`.

Esta es la realidad que está viviendo México, cuyo “semiestado” perdió toda la fuerza y entregó el poder al capital de las transnacionales en estos 20 años como el resultado del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA). El próximo febrero durante la reunión conmemorando el 20 aniversario del tratado, se discutiría la inclusión de América Central en el NAFTA. Según uno de los creadores de esta asociación político-comercial, el ministro de Asuntos Exteriores de Canadá, John Baird, el NAFTA ha sido un “éxito indiscutible”. Ya saben los centroamericanos que “éxito” les espera.

 

Fuente original: ARGENPRESS http://www.argenpress.info/2014/01/mexico-en-las-garras-de-los.html?utm_source=feedburner&utm_medium=twitter&utm_campaign=Feed%3A+Argenpressinfo-PrensaArgentinaParaTodoElMundo+%28ARGENPRESS.info+-+Prensa+argentina+para+todo+el+mundo%29

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Ignacio Ramonet: La crisis del siglo

Los terremotos que sacudieron las Bolsas durante el pasado «septiembre negro» han precipitado el fin de una era del capitalismo. La arquitectura financiera internacional se ha tambaleado. Y el riesgo sistémico permanece. Nada volverá a ser como antes. Regresa el Estado.

El desplome de Wall Street es comparable, en la esfera financiera, a lo que representó, en el ámbito geopolítico, la caída del muro de Berlín. Un cambio de mundo y un giro copernicano. Lo afirma Paul Samuelson, premio Nobel de economía : «Esta debacle es para el capitalismo lo que la caída de la URSS fue para el comunismo.» Se termina el período abierto en 1981 con la fórmula de Ronald Reagan: «El Estado no es la solución, es el problema.» Durante treinta años, los fundamentalistas del mercado repitieron que éste siempre tenía razón, que la globalización era sinónimo de felicidad, y que el capitalismo financiero edificaba el paraíso terrenal para todos. Se equivocaron.

La «edad de oro» de Wall Street se acabó. Y también una etapa de exuberancia y despilfarro representada por una aristocracia de banqueros de inversión, «amos del universo» denunciados por Tom Wolfe en La Hoguera de las vanidades (1987). Poseídos por una lógica de rentabilidad a corto plazo. Por la búsqueda de beneficios exorbitantes.

Dispuestos a todo para sacar ganancias: ventas en corto abusivas, manipulaciones, invención de instrumentos opacos, titulización de activos, contratos de cobertura de riesgos, hedge funds… La fiebre del provecho fácil se contagió a todo el planeta. Los mercados se sobrecalentaron, alimentados por un exceso de financiación que facilitó el alza de los precios.

La globalización condujo la economía mundial a tomar la forma de una economía de papel, virtual, inmaterial. La esfera financiera llegó a representar más de 250 billones de euros, o sea seis veces el montante de la riqueza real mundial. Y de golpe, esa gigantesca «burbuja» reventó. El desastre es de dimensiones apocalípticas. Más de 200 mil millones de euros se han esfumado. La banca de inversión ha sido borrada del mapa. Las cinco mayores entidades se desmoronaron: Lehman Brothers en bancarrota; Bear Stearns comprado, con la ayuda de la Reserva Federal (Fed), por Morgan Chase; Merril Lynch adquirido por Bank of America; y los dos últimos, Goldman Sachs y Morgan Stanley (en parte comprado por el japonés Mitsubishi UFJ), reconvertidos en simples bancos comerciales.

Toda la cadena de funcionamiento del aparato financiero ha colapsado. No sólo la banca de inversión, sino los bancos centrales, los sistemas de regulación, los bancos comerciales, las cajas de ahorros, las compañías de seguros, las agencias de calificación de riesgos (Standard&Poors, Moody’s, Fitch) y hasta las auditorías contables (Deloitte, Ernst&Young, PwC).

El naufragio no puede sorprender a nadie. El escándalo de las «hipotecas basura» era sabido de todos. Igual que el exceso de liquidez orientado a la especulación, y la explosión delirante de los precios de la vivienda. Todo esto ha sido denunciado –en estas columnas – desde hace tiempo. Sin que nadie se inmutase. Porque el crimen beneficiaba a muchos. Y se siguió afirmando que la empresa privada y el mercado lo arreglaban todo.

La administración del Presidente George W. Bush ha tenido que renegar de ese principio y recurrir, masivamente, a la intervención del Estado. Las principales entidades de crédito inmobiliario, Fannie Mae y Freddy Mac, han sido nacionalizadas. También lo ha sido el American International Group (AIG), la mayor compañia de seguros del mundo. Y el Secretario del Tesoro, Henry Paulson (expresidente de la banca Goldman Sachs…) ha propuesto un plan de rescate de las acciones «tóxicas» procedentes de las «hipotecas basura» (subprime) por un valor de unos 500 mil millones de euros, que también adelantará el Estado, o sea los contribuyentes.

Prueba del fracaso del sistema, estas intervenciones del Estado –las mayores, en volumen, de la historia económica- demuestran que los mercados no son capaces de regularse por sí mismos. Se han autodestruido por su propia voracidad. Además, se confirma una ley del cinismo neoliberal: se privatizan los beneficios pero se socializan las pérdidas. Se hace pagar a los pobres las excentricidades irracionales de los banqueros, y se les amenaza, en caso de que se nieguen a pagar, con empobrecerlos aún más.

Las autoridades norteamericanas acuden al rescate de los «banksters» («banquero gangster») a expensas de los ciudadanos. Hace unos meses, el Presidente Bush se negó a firmar una ley que ofrecía una cobertura médica a nueve millones de niños pobres por un costo de 4 mil millones de euros. Lo consideró un gasto inutil. Ahora, para salvar a los rufianes de Wall Street nada le parece suficiente. Socialismo para los ricos, y capitalismo salvaje para los pobres.

Este desastre ocurre en un momento de vacío teórico de las izquierdas. Las cuales no tienen «plan B» para sacar provecho del descalabro. En particular las de Europa, agarrotadas por el choque de la crisis. Cuando sería tiempo de refundación y de audacia.

¿Cuanto durará la crisis? «Veinte años si tenemos suerte, o menos de diez si las autoridades actúan con mano firme.» vaticina el editorialista neoliberal Martin Wolf (1). Si existiese una lógica política, este contexto debería favorecer la elección del demócrata Barack Obama (si no es asesinado) a la presidencia de Estados Unidos el 4 de noviembre próximo. Es probable que, como Franklin D. Roosevelt en 1930, el joven Presidente lance un nuevo «New Deal» basado en un neokeynesianismo que confirmará el retorno del Estado en la esfera económica. Y aportará por fin mayor justicia social a los ciudadanos. Se irá hacia un nuevo Bretton Woods. La etapa más salvaje e irracional de la globalización neoliberal habrá terminado.

Nota 1) Financial Times, Londres, 23 de septiembre de 2008

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=73489

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Juan Francisco Coloane: La OTAN amenaza los equilibrios

Esta crisis ruso georgiana que comienza a movilizar políticamente a
toda Europa y EE.UU., puede convertirse en una crisis mundial. Dicho
esto, no por el carácter militar territorial del problema que es bien
acotado aún, sino por su fondo político. Al ampliar el foco, éste
tiene un alcance mayor, porque incide en los equilibrios a nivel
global, y en el cómo se obtienen.

En el cuadro mayor, Rusia estaría más interesada en este objetivo, no
en el sentido de la antigua supremacía pretendida por el poder
soviético, sino simplemente para coexistir como entidad en la
operación universal. Mal que mal, Rusia no está obsesionada con esta
supremacía, ni todavía con instalar una muralla de calibre bélico
nuclear para su protección.

En este sentido, que la solución se centre en lo que suceda o decida
un organismo como la OTAN, es un contrasentido, y una distorsión en la
visión del problema mayor. Recordando otras crisis en la zona en que
la OTAN fue un actor principal, se debe enfatizar que los Balcanes no
son el Cáucaso, puesto que la variable rusa en el tema de los
equilibrios, o los conflictos con la aspiración rusa de poder,
conllevan una dimensión de carácter universal.

Al analizar con profundidad los antecedentes de esta crisis, los
problemas claramente los arrastra la alianza transatlántica y la OTAN,
en su expresión más radicalizada, por su continua óptica expansiva
para la preservación de la supremacía. Como que el triunfo ideológico
y económico de la Guerra Fría clásica no hubiera sido suficiente.

En rigor, si existieran las bases para un nuevo orden mundial, o
siquiera un atisbo de ello, la OTAN debiera dejar de existir o al
menos reformular su mandato y estructura, cambiando la direccionalidad
de su matriz, como que Europa Occidental fuera a ser devorada por el
algún monstruo asiático.

La OTAN es la estructura militar que más poder político ha acumulado
precisamente por la debilidad del sistema internacional que
supuestamente se administra desde la ONU. En este sentido, hay una
contraposición de dos entes: uno, eminentemente militar en el papel
como la OTAN, pero que ha adquirido un enorme poder político. El otro,
que supuestamente es eminentemente político como la ONU, pero
debilitado. Esta contradicción se ha hecho más evidente con el fin de
la bipolaridad y esta crisis es un fiel reflejo de ella.

La OTAN nace como respuesta al expansionismo soviético en la
confrontación bipolar. Tenía plena justificación frente a la adopción
de regímenes socialistas en naciones europeas que por lo demostrado en
década y media, todavía no se explica cómo pudieron haber durado tanto
bajo la presión soviética.

¿La OTAN subsiste como tal, frente a qué enemigo? ¿Cuál es el acecho?
Tal vez se justificaba para un reordenamiento de la situación en los
Balcanes de la ex Yugoslavia. Pero la reordenación de las naciones y
territorios que estaban bajo el dominio de la Ex URSS, es harina de
otro costal, y tanto la OTAN como EE.UU. deben medir su aspiración de
expansión y dominio.

Al mismo tiempo, sería de un facilismo prosaico caer en el cliché de
la variable energética como el eje de lo que está en juego. Está
demasiado manida en la cartilla estratégica. Simplemente existe como
parte del cuadro en cualquier parte. Por mucho que existan reservas y
fuentes de crudo y gas en zonas no controladas territorialmente por
las fuerzas y los países de la OTAN, los recursos energéticos tienen
peso y razón de ser, en un engranaje financiero industrial altamente
interdependiente, y sobre cuya complejidad no puede actuar ni la
obcecación política o la desesperación militar. No basta sólo con
tener dominio político o territorial sobre el recurso: hay que
preguntarle a los barones de la energía en EE.UU., el Reino Unido,
España, Irak, Venezuela o Bolivia, entre otros.

Hoy, la alianza transatlántica está en una posición de supremacía
universal casi total, pero aún quiere más, y en ese proceso amenaza a
la estabilidad. En la superficie se ve la intervención rusa y su
imperiosa necesidad de conservar la integridad y estabilidad, sin
embargo el tema real es el reordenamiento político en función de los
equilibrios en el nuevo orden mundial. Que la ganancia y la
sustentabilidad económica están detrás de todo el ejercicio, es
cierto, y son su máquina propulsora.

Pero también es cierto que después de la caída de la ex URSS, el
debate acerca de la nueva paz conquistada ha sido, en el mejor de los
casos, fragmentado y en el peor, orientado a mantener la matriz de la
supremacía occidental, que, como se observa en cualquiera de las
actuales zonas de conflicto bélico, es políticamente exagerado. Cuando
se indaga en estas zonas, hay un rechazo a Occidente. Y la
globalización, entendida con matriz militarista de la OTAN, se
transforma en una barbarie por este rechazo.

* Argenpress

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Josu Jon Imaz: Energía y politica exterior

ABC.es 06 junio de 2008.- Steve Darrow es un dirigente demócrata en el estado norteamericano de Vermont. Este mes de mayo publicaba un artículo en el que decía que en una economía globalizada, cualquier país o alianza que pueda controlar el suministro de los recursos naturales, estará asegurando su propio futuro y el control sobre otros países. Defiende Darrow que en un futuro próximo el poder político será literalmente la capacidad de cerrar la válvula del gas o del petróleo a otros países. Un claro paradigma de esta visión es Dimitri Medvedev, recientemente elegido presidente de Rusia, y que presidía el conglomerado energético Gazprom desde el año 2000. No es casual en un país que ha hecho de la energía el instrumento estratégico de su política exterior y de su reposicionamiento en el concierto internacional. Rusia sabe que su poder político y económico ha crecido paralelo a su capacidad para abrir o cerrar el grifo.

Según las proyecciones del Departamento de Energía de Estados Unidos, el consumo mundial de petróleo pasará de 86 millones de barriles diarios en 2006 a 118 millones en el año 2030. Si las previsiones del Departamento de Energía para ese año se cumplen, necesitaremos inventar ocho nuevos Irán antes de 2030 para poder abastecer las necesidades de consumo del mundo. Si la producción actual iraní es de 4,2 millones de barriles al día, nos harán falta 32 millones nuevos. ¿De dónde los sacamos?

El National Intelligence Council (NCI) americano, en un trabajo publicado en 2004, no tiene dudas en que China e India, que carecen de recursos energéticos propios, tendrán que asegurar un acceso estable a suministradores externos, por lo que la necesidad de energía será un importante factor a la hora de conformar sus políticas exteriores y de defensa, incluida la expansión de su poder naval. La demanda creciente de nueva energía, y el predominio de los recursos fósiles en zonas geopolíticamente inestables con una presión creciente sobre ellas, lleva aparejado el riesgo de un nuevo juego de influencias que nos retrotrae al Great Game del siglo XIX en Asia central.

Hace mes y medio se ha constituido un nuevo gobierno. En una sociedad moderna las prioridades de la política exterior pasan por la influencia política, los intereses económicos y las políticas de cooperación, y en estos momentos estos tres vectores de la política exterior española están directamente entrelazados con la energía. Además, confluyen en un área geográfica de interés prioritario desde un punto de vista histórico y cultural, y más en un momento en el que nos preparamos para conmemorar el bicentenario de los procesos de independencia en Iberoamérica.

El momento presente en Iberoamérica está siendo influido por la energía como un elemento clave en la geopolítica regional y mundial. Hoy en día las reservas de hidrocarburos en esta región constituyen una oferta energética de primer orden y una referencia para la seguridad del abastecimiento energético mundial. China, Rusia e Irán así lo han entendido, y comienzan a extender sus redes de influencia económica e incluso política en el área. Estados Unidos está transformando su desinterés de esta última década en un progresivo interés por América Latina en aras de su seguridad energética. La nueva administración que gobierne EE.UU. tras las elecciones de noviembre, sea demócrata o republicana, volverá a poner el foco en su propio continente al considerarlo un área geopolítica de interés estratégico.

La política exterior española debe priorizar Iberoamérica en su agenda. Pero debe hacerlo con el convencimiento de que puede ser un actor en la nueva geopolítica energética de la región, no sólo por su posición e inversiones, sino también por su fortaleza en el sector. La posición puede articularse superando el viejo debate del expolio de los recursos naturales, y apostando por compartir proyectos y empresas en el sector desde el reforzamiento mutuo de las dos orillas del Atlántico.

Hoy, nuestra potencia en la energía renovable, tanto eólica como solar, puede ser un activo formidable para generar tejido industrial, tecnología y desarrollo económico en Iberoamérica. Según CC.OO, las energías renovables han creado ya 188.000 empleos industriales en España. La cooperación económica en este ámbito tiene potencial para hacer de América Latina un aliado que puede apalancar a su vez su desarrollo con la participación tecnológica y corporativa en este sector. Por otra parte, la energía renovable puede multiplicar nuestra cooperación al desarrollo en el área.

Hoy, hay todavía niños en Iberoamérica que mueren porque no hay energía para mantener frías las vacunas necesarias para salvarlos. Sin embargo, tenemos tecnología y medios para llevar agua y electricidad al último rincón de la región. Una política de cooperación reforzada con una fortaleza tecnológica y empresarial puede multiplicar su efecto humanitario. Nuestra política exterior necesita un sector energético fuerte y competitivo, comprometido con las prioridades del interés general. A su vez, la estrecha relación política y económica en Iberoamérica es un gran activo para las empresas energéticas que, desde las ventajas de su presencia en el sur, pueden reforzar su posición en el gran mercado norteamericano, que seguirá consumiendo la cuarta parte de la demanda energética mundial en un escenario de recursos cada vez más disputados.

La política exterior que desarrolle este gobierno tiene la oportunidad de ser un actor relevante en la piedra angular geopolítica por excelencia de América Latina: la energía. Los principales centros de análisis en materia energética perciben que las reservas de hidrocarburos de la región pueden cambiar el equilibrio mundial de la geopolítica energética del futuro. Y nosotros podemos estar ahí, bien emplazados, trabajando conjuntamente con la región. En beneficio mutuo.

* Josu Jon Imaz es Ex Presidente Del Pnv

http://www.abc.es/20080607/opinion-firmas/energia-politica-exterior_200806070306.html

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Gerardo Fernández Casanova: Globalización, un cuarto de siglo perdido

Estoy cerca de cumplir siete años de escribir en estas páginas. En poco más de 300 artículos he abordado temas que a mi juicio han sido importantes para México, particularmente referidos a la advertencia del daño provocado por la llamada globalización y a la importancia de la lucha por la construcción de un Otro Mundo Posible. Pero aún antes de adoptar la trinchera del periodismo de opinión (reducto para mi escasa capacidad de activismo) el tema ha sido constante en mi actividad profesional y política. Hoy, después de un cuarto de siglo de apertura de la economía mexicana al libre comercio y del desmantelamiento del estado nacional promotor del desarrollo, lamento comprobar que lo advertido como peligro de daño se convirtió en catástrofe y que las promesas de quienes la defendían devinieron en frustraciones. Inicialmente se trataba de especulaciones apoyadas en experiencias propias y ajenas; el caso de la debacle argentina fue aleccionador; con el correr del tiempo se impuso la terca realidad para confirmarla
s. Pero lo que me cuesta más trabajo comprender es que, no obstante la objetividad de tales efectos, siga vigente una corriente doméstica que insiste en continuar por ese camino hacia el desastre, cuando hasta los mismos organismos financieros internacionales que la impusieron comienzan a retractarse.

El mundo vive hoy la más severa crisis alimentaria de la historia, producto de la globalización. Después de haber dinamitado los cimientos de la soberanía y la seguridad alimentaria, cuando los pueblos y sus estados nacionales ya no cuentan con instrumentos para garantizar el sustento básico, el libre juego de las fuerzas del mercado hace que el precio internacional de los alimentos registre un alza desmedida, colocando en condición de hambre a un sector cada vez mayor de la población. Los tecnócratas ofrecen explicaciones al fenómeno: que si el aumento de la demanda de China e India; que si la competencia de los bioenergéticos; que si el calentamiento global, etc. Pero no ofrecen soluciones. Estrepitosamente se derrumba el postulado de las ventajas comparativas, esencial de la globalización: si resulta más barato producir maíz, arroz o frijol en Estados Unidos, habrá que importarlo, y dedicarse a producir localmente lo que sea más barato para exportarlo y así compensar; sólo que nuestras exportaciones de tequila, cerveza, cemento o mezclilla son prescindibles para quienes nos las compran, en tanto que prescindir de maíz o frijol o arroz significa hambre.

En aras del libre comercio se destruyó la infraestructura productiva del campo, particularmente la relacionada con la intervención del estado en el fomento y la protección de la actividad agropecuaria. Por decisión de política económica, el campesino y su actividad productiva entraron a un proceso acelerado de extinción, para alimentar la corriente migratoria hacia los Estados Unidos, lugar en que cumplen la honrosa función de abaratar los costos de la mano de obra para su economía. Restablecer la capacidad de producción del campo no será cosa sencilla, aún con el aliciente del precio alto, además de que dejaría sin resolver el problema del costo para la población consumidora.

Lo que nos hace falta entender a todos es que se trata de todo un conjunto de medidas que han destruido al país; así se destruyó la industria nacional, tanto la paraestatal como la privada; así se ha desmantelado a PEMEX, a la CFE y Luz y Fuerza del Centro; así se abandonó la producción de fertilizantes y de bienes de capital, la investigación y el desarrollo tecnológico; así se entregó el sistema bancario al capital extranjero, entre muchas otras expresiones de la autodestrucción.

No satisfechos con la entrega de la economía y las riquezas nacionales al extranjero, ahora avanzan en la sumisión política y de seguridad nacional, para convertirnos en una simple colonia, cansados de luchar por una vía independiente para atender los intereses de la Patria. Me parece que el razonamiento que prevalece es el de que, si de todos modos los Estados Unidos son los dueños del mundo, más vale ser sus mejores amigos para recibir trato de gatos de angora, o el de que si de todos modos me van a violar, más vale no ofrecer resistencia y tratar de gozar la violación.

El régimen del fraude se sostiene en su empecinado neoliberalismo y en su sistema de gobierno declarativo y mediático, como si la realidad económica atendiese a la propaganda desinformativa o si el hambre se paliase mediante una dosis intensiva de spots en la televisión. Me pregunto qué pesa más, si la estupidez o la perversidad o, peor aún, si ambas se combinan para dar al traste con la expectativa nacional. En cualquier caso, se trata simple y llanamente de traición a la Patria, y todavía se atreven a calificar de transnochados a los nacionalistas que la defendemos.

Ojalá nos quede claro que la movilización popular en defensa del petróleo es sólo un primer paso para emprender la defensa de la Patria toda y su recuperación.

* Argenpress
* http://www.argenpress.info/nota.asp?num=055299&Parte=0

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MÁRIO SOARES: Regular la globalización

En los últimos meses, la prensa mundial -así como significativos economistas y empresarios occidentales- han empezado a expresar en artículos, entrevistas y libros su preocupación, cuando no su alarma, ante las múltiples crisis que están azotando el mundo y no sólo en Occidente. También en los llamados países emergentes.

Estas múltiples crisis tienen su epicentro en Estados Unidos, que si ha sido hasta ahora la superpotencia hegemónica del mundo, empieza a dar señales de poder perder tal condición: crisis financiera, con las perturbaciones bursátiles; monetaria, dada la inimaginable caída del dólar, moneda de referencia mundial que no deja de perder valor en relación con el euro y con el yuan; económica, que dio comienzo con la burbuja inmobiliaria y sus efectos en los créditos en los Estados Unidos (hipotecas subprime); crisis social, con el creciente desempleo, el aumento en vertical del coste de vida y el malestar de amplias capas de la población, que está extendiéndose a la Unión Europea; crisis energética, que afecta a todos los países, excepto a los grandes productores, con el petróleo rozando los 120 dólares por barril; crisis alimenticia, con la escasez y la subida repentina del precio de los alimentos esenciales (cereales, carne, leche, huevos, arroz, etcétera), que anuncia para los países más pobres una ola de hambre, incontrolable acaso; crisis de valores, con la desaparición de los principios éticos en las relaciones sociales y políticas; y, finalmente, crisis planetaria, con la destrucción de los equilibrios ecológicos básicos en la tierra y en los océanos, la disminución de la biodiversidad, la creciente desertificación, la deforestación y las alteraciones climática, provocadas por el agujero de ozono y por el efecto invernadero.

Todas estas crisis, cada una de por sí, son de una enorme gravedad. Como es sabido, algunas llevan anunciándose bastante tiempo. Pero es ahora cuando confluyen y se interrelacionan, con efectos desastrosos, llamando a la puerta de los países más desarrollados y ricos, empezando por los Estados Unidos. Da realmente la impresión de que el coloso americano está llegando al final de un ciclo y puede perder su antigua hegemonía, con todas las perversas consecuencias que de ello se derivarían.

Se ha dicho que los países emergentes podrían escapar a las crisis que se anuncian, y China especialmente, país del que algunos comentadores llegaron a pronosticar, dada su excepcional tasa de crecimiento, que se convertiría en la potencia dominante de mediados del siglo XXI. Yo no lo creo… Entre los llamados países emergentes, tal vez pueda ser uno de los más afectados, dado el volumen de su población y el rígido sistema comunista que, a nivel político, sigue siendo dominante. A pesar de que no se conoce bien lo que ocurre dentro de sus fronteras, se sabe que ha habido revueltas en las zonas rurales y que se da un malestar latente entre las élites culturales y científicas. Son señales ineludibles de la fragilidad del régimen… Veremos qué ocurrirá con los Juegos Olímpicos, que para algunos pueden recordar a los de Alemania en 1936…

La situación más grave, en cualquier caso, se localiza por ahora en Estados Unidos. Nadie duda, a estas alturas, de que la Administración Bush -y las guerras en Irak y en Afganistán con la desestabilización que han provocado en Oriente Medio y en el universo islámico- ha amplificado las crisis a las que se enfrenta, si es que no se halla en su origen. El descrédito de la política americana en el mundo y la pérdida de su antigua hegemonía, a todos los niveles excepto el militar, son indiscutibles.

Con todo, la era de Bush está llegando a su fin, sin gloria alguna, con el presidente sumido en el descrédito y la impotencia. El mundo está centrado ahora en las elecciones que tendrán lugar dentro de seis meses y que serán decisivas, no sólo para Occidente sino también para el mundo entero. ¡Se siente la falta de un nuevo Franklin Delano Roosevelt! Obama, el candidato que mejor comprende la necesidad de cambios, que, necesariamente, implican una ruptura con el sistema, a pesar de la simpatía que despertó en la opinión pública mundial y del dinamismo que desencadenó entre la juventud y los intelectuales, está siendo sometido a un terrible fuego de contención que proviene, curiosamente, de sectores contradictorios entre sí de la sociedad americana, a los que les cuesta comprender que únicamente una ruptura profunda con el statu quo puede salvarlos.

El neoliberalismo, por otra parte, ha entrado en quiebra. A semejanza con cuanto ocurrió en la antigua Unión Soviética, estalló corroído por sus propias contradicciones. Y la Unión Europea está empezando a sentir los efectos de la crisis múltiple que proviene de Estados Unidos, en plena situación de impasse político y estratégico, que la hace incapaz de reaccionar.

¿Cómo podrá la señora Merkel, europeísta convencida, impulsar la construcción europea, ante ese nefasto triángulo cuyos vértices son Brown, Sarkozy y Berlusconi? Sólo un movimiento generalizado de las opiniones públicas europeas puede presionar a los gobernantes europeos con el fin de imponer la regulación de la globalización y cierta racionalidad estratégica en la economía y en la política.

Hace 40 años, por estas fechas, vivimos la revuelta estudiantil y obrera de Mayo del 68, inesperada en sus perfiles, que hizo temblar a De Gaulle y supuso un gran impulso para la emancipación de las personas. La historia nos ofrece sobresaltos, así que estimulan el progreso. No perdamos la esperanza.

Mário Soares es ex presidente y ex primer ministro de Portugal. Traducción de Carlos Gumpert.

http://www.elpais.com/articulo/opinion/Regular/globalizacion/elpepuopi/20080520elpepiopi_5/Tes

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Gustavo Esteva: Comer o comernos

Las reacciones ante la “crisis” alimentaria pueden traer remedios peores que la enfermedad. Piden peras al olmo o encargan al lobo los corderos.

Se dice que calamidades naturales, derivadas del cambio climático, propiciaron la crisis. Pero no hay falta absoluta de alimentos, tras la cosecha más alta de la historia. Igualmente, no puede atribuirse al alza de precios que la mitad de la población del mundo carezca de comida suficiente. Y necesitamos preguntarnos por qué se considera “crisis” que los precios regresen al nivel que tenían hace 10 años.

El caso del arroz ilustra bien lo que ocurre. Japón produjo en 2007 más del que necesita, gracias a fuertes subsidios, pero importó 770 mil toneladas para cumplir una obligación impuesta por la Organización Mundial de Comercio. Mientras sus consumidores pagan hasta cuatro veces el precio internacional, Japón almacena ese arroz, la mitad del cual adquirió en California (cuyo gobierno subsidia la operación), mientras los precios se elevan, Wal-Mart lo raciona y millones de personas no pueden adquirir su principal alimento.

Hasta los años 60, eran “subdesarrollados” los países que exportaban alimentos y materias primas e importaban productos manufacturados. Exigían continuamente que aumentaran los precios de lo que vendían. Hoy exigen lo contrario. Casi todos son importadores netos de alimentos, mientras Estados Unidos, Canadá y Europa los exportan en grandes cantidades.

En 1974, ante algo muy semejante a lo de ahora, el secretario estadunidense de Agricultura Earl Butz anunció que su gobierno emplearía los alimentos como arma política. Por el hambre en el mundo se justificaron abultados subsidios al agronegocio. De nada sirvió que Lappé y Collins demostraran que la ayuda alimentaria agudiza el hambre y Amartya Sen que todos los países que sufrían grandes hambrunas seguían exportando alimentos mientras sus ciudadanos morían de hambre. Se mantuvo el prejuicio: Estados Unidos y Europa deberían mantener restricciones comerciales y subsidios, con el pretexto de combatir el hambre.

En los últimos años aumentó la presión interna y externa para eliminar esas barreras comerciales. India y Brasil encabezaron en Cancún el movimiento que lo exigió como condición para continuar negociaciones comerciales. Bastaron unos meses de campaña para dar un vuelco al clima de la opinión. ¿Quién se atreverá ahora a suprimir esos subsidios? No parece importar que 68 por ciento de ellos, en Estados Unidos, vaya a parar al 10 por ciento de los productores y finalmente a las bolsas de las cuatro corporaciones que controlan 80 por ciento del comercio mundial de alimentos, cuyas ganancias recientes aumentaron casi al ritmo de los precios. Tampoco influye el conocimiento de que los movimientos especulativos de los fondos de inversión, que controlan ya 40 por ciento de los contratos de futuros de la bolsa de Chicago, estimulen el alza de precios de alimentos y petróleo.

En los años 80 Estados Unidos y las instituciones internacionales desalentaron la búsqueda de la autosuficiencia alimentaria en los países “subdesarrollados” y exigieron que desmantelaran sus protecciones. Muchos de ellos las levantan de nuevo, para proteger lo que queda de sus sistemas alimentarios y enfrentar las revueltas asociadas con los alimentos que este año estallaron en 22 países.

El cambio de pautas alimentarias en países como China e India presiona indudablemente la demanda de alimentos y los conduce a un callejón sin salida. Cada kilo de carne de res requiere ocho a 10 de cereales. La carne es la forma más ineficiente e injusta de obtener proteínas. Las vacas mexicanas consumen más alimentos que todos los campesinos; las estadunidenses arrojan más gases a la atmósfera que los automóviles y absorben buena parte de los cereales.

La locura del etanol es aún peor. Los granos que producen cien litros pueden alimentar a una persona por un año y la emisión de gases requerida para producirlo es mayor que la de la gasolina que sustituye.

La “crisis” hace evidente la insensatez suicida de la agricultura industrial, que emplea 10 calorías de energía fósil por cada caloría de energía alimentaria, causando daños inmensos al ambiente y la sociedad. Las tierras agrícolas del mundo deben dedicarse a producir alimentos para la gente, no para los automóviles o el ganado. Pero esto sólo podrá lograrse cuando queden de nuevo en manos de los campesinos, rescatando producción y consumo de las corporaciones que ahora los controlan, apoyadas por sus gobiernos.

Es criminalmente ingenuo esperar que gobiernos como el mexicano protejan a los campesinos, en vez de seguir tratando de expulsarlos del campo, y que abandonen su ciega subordinación al mercado y las corporaciones. Necesitamos aguantar a pie firme las consecuencias de saber que no podemos dejar los alimentos o el petróleo en las manos de este gobierno o este Congreso.

* La Jornada
* gustavoesteva@gmail.com
* http://www.jornada.unam.mx/2008/05/19/index.php?section=opinion&article=022a1pol

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