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Gabriel García Márquez: El enigma de los dos Chávez

Carlos Andrés Pérez descendió al atardecer del avión que lo llevó de Davos, Suiza, y se sorprendió de ver en la plataforma al general Fernando Ochoa Antich, su ministro de Defensa. “¿Qué pasa?”, le preguntó intrigado. El ministro lo tranquilizó, con razones tan confiables, que el Presidente no fue al Palacio de Miraflores sino a la residencia presidencial de La Casona. Empezaba a dormirse cuando el mismo ministro de Defensa lo despertó por teléfono para informarle de un levantamientio militar en Maracay. Había entrado apenas en Miraflores cuando estallaron las primeras cargas de artillería.

Era el 4 de febrero de 1992. El coronel Hugo Chávez Frías, con su culto sacramental de las fechas históricas, comandaba el asalto desde su puesto de mando improvisado en el Museo Histórico de La Planicie. El Presidente comprendió entonces que su único recurso estaba en el apoyo popular, y se fue a los estudios de Venevisión para hablarle al país. Doce horas después el golpe militar estaba fracasado. Chávez se rindió, con la condición de que también a él le permitieran dirigirse al pueblo por la televisión. El joven coronel criollo, con la boina de paracaidista y su admirable facilidad de palabra, asumió la responsabilidad del movimiento. Pero su alocución fue un triunfo político. Cumplió dos años de cárcel hasta que fue amnistiado por el presidente Rafael Caldera. Sin embargo, muchos partidarios como no pocos enemigos han creído que el discurso de la derrota fue el primero de la campaña electoral que lo llevó a la presidencia de la República menos de nueve años después.
El presidente Hugo Chávez Frías me contaba esta historia en el avión de la Fuerza Aérea Venezolana que nos llevaba de La Habana a Caracas, hace dos semanas, a menos de quince días de su posesión como presidente constitucional de Venezuela por elección popular. Nos habíamos conocido tres días antes en La Habana, durante su reunión con los presidentes Castro y Pastrana, y lo primero que me impresionó fue el poder de su cuerpo de cemento armado. Tenía la cordialidad inmediata, y la gracia criolla de un venezolano puro. Ambos tratamos de vernos otra vez, pero no nos fue posible por culpa de ambos, así que nos fuimos juntos a Caracas para conversar de su vida y milagros en el avión.Fue una buena experiencia de reportero en reposo. A medida que me contaba su vida iba yo descubriendo una personalidad que no correspondía para nada con la imagen de déspota que teníamos formada a través de los medios. Era otro Chávez. ¿Cuál de los dos era el real?
El argumento duro en su contra durante la campaña había sido su pasado reciente de conspirador y golpista. Pero la historia de Venezuela ha digerido a más de cuatro. Empezando por Rómulo Betancourt, recordado con razón o sin ella como el padre de la democracia venezolana, que derribó a Isaías Medina Angarita, un antiguo militar demócrata que trataba de purgar a su país de los treintiséis años de Juan Vicente Gómez. A su sucesor, el novelista Rómulo Gallegos, lo derribó el general Marcos Pérez Jiménez, que se quedaría casi once años con todo el poder. Éste, a su vez, fue derribado por toda una generación de jóvenes demócratas que inauguró el período más largo de presidentes elegidos.
El golpe de febrero parece ser lo único que le ha salido mal al coronel Hugo Chávez Frías. Sin embargo, él lo ha visto por el lado positivo como un revés providencial. Es su manera de entender la buena suerte, o la inteligencia, o la intuición, o la astucia, o cualquiera cosa que sea el soplo mágico que ha regido sus actos desde que vino al mundo en Sabaneta, estado Barinas, el 28 de julio de 1954, bajo el signo del poder: Leo. Chávez, católico convencido, atribuye sus hados benéficos al escapulario de más de cien años que lleva desde niño, heredado de un bisabuelo materno, el coronel Pedro Pérez Delgado, que es uno de sus héroes tutelares.
Sus padres sobrevivían a duras penas con sueldos de maestros primarios, y él tuvo que ayudarlos desde los nueve años vendiendo dulces y frutas en una carretilla. A veces iba en burro a visitar a su abuela materna en Los Rastrojos, un pueblo vecino que les parecía una ciudad porque tenía una plantita eléctrica con dos horas de luz a prima noche, y una partera que lo recibió a él y a sus cuatro hermanos. Su madre quería que fuera cura, pero sólo llegó a monaguillo y tocaba las campanas con tanta gracia que todo el mundo lo reconocía por su repique. “Ese que toca es Hugo”, decían. Entre los libros de su madre encontró una enciclopedia providencial, cuyo primer capítulo lo sedujo de inmediato: Cómo triunfar en la vida.
Era en realidad un recetario de opciones, y él las intentó casi todas. Como pintor asombrado ante las láminas de Miguel Angel y David, se ganó el primer premio a los doce años en una exposición regional. Como músico se hizo indispensable en cumpleaños y serenatas con su maestría del cuatro y su buena voz. Como beisbolista llegó a ser un catcher de primera. La opción militar no estaba en la lista, ni a él se le habría ocurrido por su cuenta, hasta que le contaron que el mejor modo de llegar a las grandes ligas era ingresar en la academia militar de Barinas. Debió ser otro milagro del escapulario, porque aquel día empezaba el plan Andrés Bello, que permitía a los bachilleres de las escuelas militares ascender hasta el más alto nivel académico.
Estudiaba ciencias políticas, historia y marxismo al leninismo. Se apasionó por el estudio de la vida y la obra de Bolívar, su Leo mayor, cuyas proclamas aprendió de memoria. Pero su primer conflicto consciente con la política real fue la muerte de Allende en septiembre de 1973. Chávez no entendía. ¿Y por qué si los chilenos eligieron a Allende, ahora los militares chilenos van a darle un golpe? Poco después, el capitán de su compañía le asignó la tarea de vigilar a un hijo de José Vicente Rangel, a quien se creía comunista. “Fíjate las vueltas que da la vida”, me dice Chávez con una explosión de risa. “Ahora su papá es mi canciller”. Más irónico aún es que cuando se graduó recibió el sable de manos del presidente que veinte años después trataría de tumbar: Carlos Andrés Pérez.
“Además”, le dije, “usted estuvo a punto de matarlo”. “De ninguna manera”, protestó Chávez. “La idea era instalar una asamblea constituyente y volver a los cuarteles”. Desde el primer momento me había dado cuenta de que era un narrador natural. Un producto íntegro de la cultura popular venezolana, que es creativa y alborazada. Tiene un gran sentido del manejo del tiempo y una memoria con algo de sobrenatural, que le permite recitar de memoria poemas de Neruda o Whitman, y páginas enteras de Rómulo Gallegos.
Desde muy joven, por casualidad, descubrió que su bisabuelo no era un asesino de siete leguas, como decía su madre, sino un guerrero legendario de los tiempos de Juan Vicente Gómez. Fue tal el entusiasmo de Chávez, que decidió escribir un libro para purificar su memoria. Escudriñó archivos históricos y bibliotecas militares, y recorrió la región de pueblo en pueblo con un morral de historiador para reconstruir los itinerarios del bisabuelo por los testimonios de sus sobrevivientes. Desde entonces lo incorporó al altar de sus héroes y empezó a llevar el escapulario protector que había sido suyo.
Uno de aquellos días atravesó la frontera sin darse cuenta por el puente de Arauca, y el capitán colombiano que le registró el morral encontró motivos materiales para acusarlo de espía: llevaba una cámara fotográfica, una grabadora, papeles secretos, fotos de la región, un mapa militar con gráficos y dos pistolas de reglamento. Los documentos de identidad, como corresponde a un espía, podían ser falsos. La discusión se prolongó por varias horas en una oficina donde el único cuadro era un retrato de Bolívar a caballo. “Yo estaba ya casi rendido, -me dijo Chávez-, pues mientras más le explicaba menos me entendía”. Hasta que se le ocurrió la frase salvadora: “Mire mi capitán lo que es la vida: hace apenas un siglo éramos un mismo ejército, y ése que nos está mirando desde el cuadro era el jefe de nosotros dos. ¿Cómo puedo ser un espía?”. El capitán, conmovido, empezó a hablar maravillas de la Gran Colombia, y los dos terminaron esa noche bebiendo cerveza de ambos países en una cantina de Arauca. A la mañana siguiente, con un dolor de cabeza compartido, el capitán le devolvió a Chávez sus enseres de historiador y lo despidió con un abrazo en la mitad del puente internacional.
“De esa época me vino la idea concreta de que algo andaba mal en Venezuela”, dice Chávez. Lo habían designado en Oriente como comandante de un pelotón de trece soldados y un equipo de comunicaciones para liquidar los últimos reductos guerrilleros. Una noche de grandes lluvias le pidió refugio en el campamento un coronel de inteligencia con una patrulla de soldados y unos supuestos guerrilleros acabados de capturar, verdosos y en los puros huesos. Como a las diez de la noche, cuando Chávez empezaba a dormirse, oyó en el cuarto contiguo unos gritos desgarradores. “Era que los soldados estaban golpeando a los presos con bates de béisbol envueltos en trapos para que no les quedaran marcas”, contó Chávez. Indignado, le exigió al coronel que le entregara los presos o se fuera de allí, pues no podía aceptar que torturara a nadie en su comando. “Al día siguiente me amenazaron con un juicio militar por desobediencia, -contó Chávez- pero sólo me mantuvieron por un tiempo en observación”.
Pocos días después tuvo otra experiencia que rebasó las anteriores. Estaba comprando carne para su tropa cuando un helicóptero militar aterrizó en el patio del cuartel con un cargamento de soldados mal heridos en una emboscada guerrillera. Chávez cargó en brazos a un soldado que tenía varios balazos en el cuerpo. “No me deje morir, mi teniente”… le dijo aterrorizado. Apenas alcanzó a meterlo dentro de un carro. Otros siete murieron. Esa noche, desvelado en la hamaca, Chávez se preguntaba: “¿Para qué estoy yo aquí? Por un lado campesinos vestidos de militares torturaban a campesinos guerrilleros, y por el otro lado campesinos guerrilleros mataban a campesinos vestidos de verde. A estas alturas, cuando la guerra había terminado, ya no tenía sentido disparar un tiro contra nadie”. Y concluyó en el avión que nos llevaba a Caracas: “Ahí caí en mi primer conflicto existencial”.
Al día siguiente despertó convencido de que su destino era fundar un movimiento. Y lo hizo a los veintitrés años, con un nombre evidente: Ejército bolivariano del pueblo de Venezuela. Sus miembros fundadores: cinco soldados y él, con su grado de subteniente. “¿Con qué finalidad?” le pregunté. Muy sencillo, dijo él: “con la finalidad de prepararnos por si pasa algo”. Un año después, ya como oficial paracaidista en un batallón blindado de Maracay, empezó a conspirar en grande. Pero me aclaró que usaba la palabra conspiración sólo en su sentido figurado de convocar voluntades para una tarea común.
Esa era la situación el 17 de diciembre de 1982 cuando ocurrió un episodio inesperado que Chávez considera decisivo en su vida. Era ya capitán en el segundo regimiento de paracaidistas, y ayudante de oficial de inteligencia. Cuando menos lo esperaba, el comandante del regimiento, Ángel Manrique, lo comisionó para pronunciar un discurso ante mil doscientos hombres entre oficiales y tropa.
A la una de la tarde, reunido ya el batallón en el patio de fútbol, el maestro de ceremonias lo anunció. “¿Y el discurso?”, le preguntó el comandante del regimiento al verlo subir a la tribuna sin papel. “Yo no tengo discurso escrito”, le dijo Chávez. Y empezó a improvisar. Fue un discurso breve, inspirado en Bolívar y Martí, pero con una cosecha personal sobre la situación de presión e injusticia de América Latina transcurridos doscientos años de su independencia. Los oficiales, los suyos y los que no lo eran, lo oyeron impasibles. Entre ellos los capitanes Felipe Acosta Carle y Jesús Urdaneta Hernández, simpatizantes de su movimiento. El comandante de la guarnición, muy disgustado, lo recibió con un reproche para ser oído por todos:
“Chávez, usted parece un político”. “Entendido”, le replicó Chávez.
Felipe Acosta, que medía dos metros y no habían logrado someterlo diez contendores, se paró de frente al comandante, y le dijo: “Usted está equivocado, mi comandante. Chávez no es ningún político. Es un capitán de los de ahora, y cuando ustedes oyen lo que él dijo en su discurso se mean en los pantalones”.Entonces el coronel Manrique puso firmes a la tropa, y dijo: “Quiero que sepan que lo dicho por el capitán Chávez estaba autorizado por mí. Yo le di la orden de que dijera ese discurso, y todo lo que dijo, aunque no lo trajo escrito, me lo había contado ayer”. Hizo una pausa efectista, y concluyó con una orden terminante: “¡Que eso no salga de aquí!”.
Al final del acto, Chávez se fue a trotar con los capitanes Felipe Acosta y Jesús Urdaneta hacia el Samán del Guere, a diez kilómetros de distancia, y allí repitieron el juramento solemne de Simón Bolívar en el monte Aventino. “Al final, claro, le hice un cambio”, me dijo Chávez. En lugar de “cuando hayamos roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español”, dijeron: “Hasta que no rompamos las cadenas que nos oprimen y oprimen al pueblo por voluntad de los poderosos”.
Desde entonces, todos los oficiales que se incorporaban al movimiento secreto tenían que hacer ese juramento. La última vez fue durante la campaña electoral ante cien mil personas. Durante años hicieron congresos clandestinos cada vez más numerosos, con representantes militares de todo el país. “Durante dos días hacíamos reuniones en lugares escondidos, estudiando la situación del país, haciendo análisis, contactos con grupos civiles, amigos. “En diez años -me dijo Chávez- llegamos a hacer cinco congresos sin ser descubiertos”.
A estas alturas del diálogo, el Presidente rió con malicia, y reveló con una sonrisa de malicia: “Bueno, siempre hemos dicho que los primeros éramos tres. Pero ya podemos decir que en realidad había un cuarto hombre, cuya identidad ocultamos siempre para protegerlo, pues no fue descubierto el 4 de febrero y quedó activo en el Ejército y alcanzó el grado de coronel. Pero estamos en 1999 y ya podemos revelar que ese cuarto hombre está aquí con nosotros en este avión”. Señaló con el índice al cuarto hombre en un sillón apartado, y dijo: “¡El coronel Badull!”.
De acuerdo con la idea que el comandante Chávez tiene de su vida, el acontecimiento culminante fue El Caracazo, la sublevación popular que devastó a Caracas. Solía repetir: “Napoleón dijo que una batalla se decide en un segundo de inspiración del estratega”. A partir de ese pensamiento, Chávez desarrolló tres conceptos: uno, la hora histórica. El otro, el minuto estratégico. Y por fin, el segundo táctico. “Estábamos inquietos porque no queríamos irnos del Ejército”, decía Chávez. “Habíamos formado un movimiento, pero no teníamos claro para qué”. Sin embargo, el drama tremendo fue que lo que iba a ocurrir ocurrió y no estaban preparados. “Es decir -concluyó Chávez- que nos sorprendió el minuto estratégico”.
Se refería, desde luego, a la asonada popular del 27 de febrero de 1989: El Caracazo. Uno de los más sorprendidos fue él mismo. Carlos Andrés Pérez acababa de asumir la presidencia con una votación caudalosa y era inconcebible que en veinte días sucediera algo tan grave. “Yo iba a la universidad a un postgrado, la noche del 27, y entro en el fuerte Tiuna en busca de un amigo que me echara un poco de gasolina para llegar a la casa”, me contó Chávez minutos antes de aterrizar en Caracas. “Entonces veo que están sacando las tropas, y le pregunto a un coronel: ¿Para dónde van todos esos soldados? Porque que sacaban los de Logística que no están entrenados para el combate, ni menos para el combate en localidades. Eran reclutas asustados por el mismo fusil que llevaban. Así que le pregunto al coronel: ¿Para dónde va ese pocotón de gente? Y el coronel me dice: A la calle, a la calle. La orden que dieron fue esa: hay que parar la vaina como sea, y aquí vamos. Dios mío, ¿pero qué orden les dieron? Bueno Chávez, me contesta el coronel: la orden es que hay que parar esta vaina como sea. Y yo le digo: Pero mi coronel, usted se imagina lo que puede pasar. Y él me dice: Bueno, Chávez, es una orden y ya no hay nada qué hacer. Que sea lo que Dios quiera”.
Chávez dice que también él iba con mucha fiebre por un ataque de rubéola, y cuando encendió su carro vio un soldadito que venía corriendo con el casco caído, el fusil guindando y la munición desparramada. “Y entonces me paro y lo llamo”, dijo Chávez. “Y él se monta, todo nervioso, sudado, un muchachito de 18 años. Y yo le pregunto: Ajá, ¿y para dónde vas tú corriendo así? No, dijo él, es que me dejó el pelotón, y allí va mi teniente en el camión. Lléveme, mi mayor, lléveme. Y yo alcanzo el camión y le pregunto al que los lleva: ¿Para dónde van? Y él me dice: Yo no sé nada. Quién va a saber, imagínese”. Chávez toma aire y casi grita ahogándose en la angustia de aquella noche terrible: “Tú sabes, a los soldados tú los mandas para la calle, asustados, con un fusil, y quinientos cartuchos, y se los gastan todos. Barrían las calles a bala, barrían los cerros, los barrios populares. ¡Fue un desastre! Así fue: miles, y entre ellos Felipe Acosta”. “Y el instinto me dice que lo mandaron a matar”, dice Chávez. “Fue el minuto que esperábamos para actuar”. Dicho y hecho: desde aquel momento empezó a fraguarse el golpe que fracasó tres años después.
El avión aterrizó en Caracas a las tres de la mañana. Vi por la ventanilla la ciénaga de luces de aquella ciudad inolvidable donde viví tres años cruciales de Venezuela que lo fueron también para mi vida. El presidente se despidió con su abrazo caribe y una invitación implícita: “Nos vemos aquí el 2 de febrero”. Mientras se alejaba entre sus escoltas de militares condecorados y amigos de la primera hora, me estremeció la inspiración de que había viajado y conversado a gusto con dos hombres opuestos. Uno a quien la suerte empedernida le ofrecía la oportunidad de salvar a su país. Y el otro, un ilusionista, que podía pasar a la historia como un déspota más.
Publicado originalmente en la revista Cambio de Colombia en febrero de 1999

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Homar Garcés: Será el chavismo capaz de emular a Chávez?

La incógnita originada a raíz del estado de salud del Presidente Hugo Chávez y la perspectiva de unas nuevas elecciones presidenciales ante la imposibilidad que éste no pueda seguir dirigiendo el gobierno de Venezuela obliga a todos sus seguidores a plantearse seriamente si le darán o no continuidad al proceso revolucionario bolivariano, generando mayores mecanismos de participación popular y unas relaciones de producción que ayuden a erradicar la explotación capitalista.

Con mayor énfasis en ello debiera actuar la actual dirigencia chavista, tomando en cuenta que -tras más de una década ininterrumpida- el proceso revolucionario bolivariano produjo mejoras sustanciales de las condiciones de vida de una amplia gama de familias venezolanas (incluso de aquellas que son propietarias de grandes medios de producción, las cuales han incrementado sus ganancias anuales, y aun así siguen adversando abiertamente al régimen de Chávez). Pero ello no es suficiente ni debe ser lo máximo que se podría aspirar alcanzar, a imi.tación de cualquier otro proceso de carácter nacionalista y socialdemócrata. La interrogante, por consiguiente, tendería a despejarse en la misma medida que el chavismo sea capaz de asumir decididamente el compromiso histórico de construir el socialismo revolucionario del siglo XXI.

El chavismo entonces tendrá que comprender que la unidad lograda por el carisma de Chávez debe concretarse mediante la elaboración, el debate y la ejecución de propuestas revolucionarias viables, a fin de asegurar la transición que haga definitivo el socialismo, en las cuales se remarque y respete la vital importancia de los sectores populares en la sustentación y orientación del proceso revolucionario bolivariano. Tratar de convivir con el enemigo ideológico que ansía su fin, sería un error táctico que acarrearía graves consecuencias a este último para que se mantenga en el tiempo, acabando por reproducir los mismos vicios y corruptelas administrativos existentes al amparo del pacto de Punto Fijo. En vez de esto, aquellos que se hallan al frente del gobierno, de los partidos políticos y de las diferentes organizaciones de base tienen ante sí el reto de refundar la República venezolana en lo que implicaría una real transformación socialista de la sociedad en todos sus órdenes, de una manera revolucionaria verdaderamente radical. Para ello es imprescindible sistematizar, extender y profundizar la formación de una conciencia realmente revolucionaria y socialista (no retórica) entre los sectores populares, sin dogmas y en medio de un debate abierto y constante como elemento característico del pensamiento y la práctica del socialismo bolivariano. Al mismo tiempo, tendría que abocarse al establecimiento de una dirección colegiada del proceso revolucionario bolivariano, provista de un programa revolucionario común que incluya todos los criterios y expresiones de las diversas agrupaciones políticas y sociales que lo impulsan.

Toda esta coyuntura representa una extraordinaria oportunidad para que el chavismo -en todas sus vertientes existentes- demuestre hasta qué nivel está dispuesto a llevar a cabo la revolución socialista bolivariana en Venezuela, y si es capaz de emular o no a Chávez, dedicando todas sus energías vitales a dicha meta a tiempo completo, y de medir sus potencialidades creadoras frente a las amenazas enemigas, jugándose no sólo el destino del país sino el de todos los demás pueblos de nuestra América que confían en su ejemplo y perseverancia.

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Jorge Camil: Micheletti (goriletti, pinocheletti)

¿Quién dijo que habíamos superado los cuartelazos, asonadas y pronunciamientos militares en América Latina? Los términos tienen resabios del siglo pasado, cuando creíamos que habían pasado a la historia. ¡Ah!, pero si le pregunta a los poderes fácticos que expulsaron al presidente Manuel Zelaya en Honduras le dirán, como lo caracterizó con increíble cinismo y vaguedad deliberada el golpista Roberto Micheletti a CNN en Español, que fue una sucesión constitucional apoyada por las fuerzas armadas. ¡Menuda estupidez!

El problema es que Micheletti, líder del Congreso a quien los golpistas le confirieron la presidencia, y Alberto Rubí, su fiscal general, han sido incapaces de precisar cuál fue el delito de lesa patria cometido por Manuel Zelaya. Vergonzosamente se contradicen, se hacen bolas; cambian constantemente la cronología de los acontecimientos, mostrando con su conducta culposa que se trató de lo que fue: un golpe de Estado.

Los golpistas, conscientes de que iniciaban una aventura a contracorriente de la historia, y antes de que surgiera la ola de reproche mundial, comenzaron a urdir ridículas teorías exculpatorias. Inventaron una supuesta carta de renuncia, aseguraron (sin precisarlo) que hubo violaciones graves a la Constitución. Éstas, las supuestas violaciones, crecieron de tono al mismo ritmo que la indignación mundial, hasta convertirse en traición a la patria. Eso dejó claro para las nuevas generaciones por qué ostentamos el título de repúblicas bananeras.

Lo único cierto es que grupos poderosos de la ultraderecha –empresarios, clero y fuerzas armadas (¡los sospechosos de siempre!)– comenzaron a sospechar que el barco de Zelaya se ladeaba hacia la izquierda. (Luis Hernández Navarro publicó en La Jornada el 30/6/09 un excelente artículo titulado: La conversión de Manuel Zelaya. En él ilustra los motivos del golpe: Zelaya se acercó demasiado a Hugo Chávez, cambió su discurso en favor de los pobres y se incorporó a la Alternativa Bolivariana para las Américas, Alba.)

¡Anatema! ¿Otro Chávez? ¿Otro país latinoamericano que se unía a la ola de países afiliados a la izquierda? Cuba, Nicaragua, Venezuela, Argentina, Bolivia, Ecuador, Paraguay, Uruguay, Brasil, Chile. ¿Y ahora Honduras? Alba y todos los países de América Latina, junto con la Organización de Estados Americanos (OEA), el Grupo de Río y Naciones Unidas condenaron el golpe sin reservas. Estados Unidos, el poder tras los golpes militares del siglo pasado en América Latina, ha actuado con sospechosa cautela, especialmente después de que Obama se reunió con Álvaro Uribe en la Casa Blanca. (Ya lo había pronosticado el propio Zelaya: si Estados Unidos no los apoya los golpistas no duran 48 horas. Lo malo es que han durado.) A pesar de los consejos de Uribe, Obama se pronunció en contra del golpe, pero no retiró a su embajador. Aun así, la superpotencia permitió a la OEA que actuara por primera vez por consenso sin línea de Washington.

La otra sorpresa fue Felipe Calderón, que como secretario pro tempore del Grupo de Río condenó el golpe en una sesión extraordinaria del organismo. Instó a los golpistas a restituir el orden constitucional y retiró al embajador mexicano de Tegucigalpa.

¿La doctrina Estrada rediviva? (Aunque le duela a Jorge Castañeda, siempre tan moderno, ésa fue la teoría que rigió con éxito la política exterior de México durante casi todo el siglo pasado; la que nos convirtió en ejemplo en América Latina: el derecho a la autodeterminación de los pueblos.) Eso no pasa de moda, Castañeda, porque la alternativa es abrirle la puerta a la superpotencia intervencionista de George W. Bush. Obama, en cambio, al menos de cara al exterior, muestra frente al gorilazo un regreso al multilateralismo de Bill Clinton, que no ha de ser nada fácil, cuando se escucha día y noche el canto de los grillos que habitan Foggy Bottom, el sótano nebuloso, donde se ha diseñado la política exterior para América Latina desde los tiempos inmemoriales de los hermanos Dulles (John, secretario de Estado, y Allen, fundador de la CIA). Pero heme aquí, recordando personajes e instituciones del siglo XX en pleno XXI. Así de anacrónicos son los acontecimientos y los actos del golpista que finalmente llegó a la presidencia por la vía de las armas.

El gobierno de facto ignoró a la OEA: hagan lo que quieran, le contestó el presidente de la Corte Suprema a José Miguel Insulza, y éste promovió al día siguiente la suspensión de Honduras. En su delirio tercermundista el golpista, cuyo canciller se refiere a Obama como el negrito que no sabe nada, indica ahora que quiere negociar, no el regreso de Zelaya, en eso fue claro, sino las medidas económicas que podrían destruir a un pueblo hundido en la pobreza. Por ahora ganó Micheletti, el empresario que expulsó a Zelaya y le impidió regresar al país bloqueando las pistas del aeropuerto con saldo de dos muertos y varios heridos; el golpista a quien el ingenio de los seguidores de Zelaya convirtió por las calles de Tegucigalpa en goriletti y pinocheletti.

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José Steinsleger: La Cuarta Flota, garrote naval

En julio pasado, la Cuarta Flota de Estados Unidos (una de las seis que el Pentágono agrupa bajo cuatro comandos navales) soltó amarras de su base de Mayport (Florida). Sus jefes son los almirantes Gary Roughead (Operaciones Navales de la Armada), Jim Stevenson (comandante de Marina del Comando Sur) y Joseph Kernan, jefe de la flota.

Roughead declaró que la Cuarta Flota “… estará lista en todo momento para todo desafío en la parte sur del hemisferio occidental”. Stevenson precisó que las naves “llegarán hasta el intrincado sistema de ríos de América del Sur, navegando en las ‘aguas marrones’ más que en las tradicionales ‘aguas azules’”.

Kernan (jefe de la Cuarta Flota) matizó las cosas diciendo que sus naves dirigirán las “acciones humanitarias y tareas de cooperación”, entrenando a “nuestros socios” en la navegación y el control de las aguas interiores “… aunque no vamos a ingresar en los ríos sin una autorización explícita y previa del país anfitrión”.

Es decir que con excepción de la tecnología, la geopolítica del Pentágono en nada difiere de la del almirante Alfred Thayer Mahan (1840-1914), relativo al dominio de los mares, cuando Washington ocupó Puerto Rico, Guantánamo y Filipinas, y a Cuba le reconoció la independencia a cambio de “intervenir cuando lo estimase necesario” (Enmienda Platt).

Posteriormente, las cañoneras de Washington tomaron el Canal de Panamá e invadieron Nicaragua, Haití y República Dominicana. Y en 1982, la armada imperial respaldó a los ingleses durante la guerra de Malvinas, ignorando su propia Doctrina Monroe (América para los americanos, 1823) y el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR, 1947) que, supuestamente, nos defenderían de “intereses extracontinentales”.

La “inofensiva” Cuarta Flota navega liderada por el portaviones nuclear George Washington. Está equipada con submarinos, fragatas misilísticas, sistemas de defensa área, docenas de aviones bombardeos F-14, lanzadores de misiles como los que arrasaron Irak y Afganistán, y el grupo de comandos de elite SEAL (Sea, Air, Land), en los que el almirante Kernan tuvo destacada actuación en Vietnam, Camboya, Laos, Irak y Afganistán.

La Cuarta Flota cuenta con una base aérea en la ex colonia holandesa de Aruba (frente a Colombia y Venezuela), de donde partieron los helicópteros que en marzo pasado atacaron el campamento de las FARC, en territorio de Ecuador. Por lo demás, no hay de qué inquietarse. La Cuarta Flota dispone de un buque hospital de vanguardia “… en casos de desastre”.

El problema es que la Cuarta Flota requiere de “puertos amigables” en los ríos Orinoco, Amazonas y en la cuenca del Plata. O sea, territorios hidrográficos que, casualmente, pertenecen a estados soberanos como los que encabezan los presidentes Hugo Chávez, Lula da Silva y Cristina Fernández. A esto sumemos que en 2009 el Pentágono deberá desmantelar la base ecuatoriana de Manta (Pacífico ecuatoriano), donde el gobierno de Rafael Correa proyecta construir un gran complejo portuario con miras al intercambio comercial con Asia.

¿Qué justifica semejante despliegue de intimidación naval? ¿Existen en América Latina arsenales nucleares o “grupos terroristas” interesados en atacar a Estados Unidos? Por el contrario, lo que hay son instrumentos apolillados como el Tratado de Tlatelolco (México, 1967), que propone la desnuclearización del continente, y el de Montego Bay (Jamaica, 1982), que establece la Zona Económica Exclusiva a 200 millas náuticas. Acuerdos que Estados Unidos, a más de no haber suscrito, se pasa por el arco de triunfo.

Frente al agresivo despliegue naval del imperio, el gobierno de Chávez entendió que prevenir es curar. Así es que en noviembre próximo, Rusia y Venezuela participarán en maniobras navales en aguas del Caribe, ejercicios en los que estará presente el acorazado nuclear Pedro el Grande, buque insignia de la Armada rusa.

Para el almirante Eduard Baltin, ex comandante de la Flota rusa en el Mar Negro, las maniobras con Venezuela demuestran que Rusia está volviendo a un primer plano internacional con su poderío militar, “… recuperando las posiciones que perdió a finales del siglo pasado”.

Baltin aclaró que las maniobras no están relacionadas con la situación en el Cáucaso, donde los buques de la Cuarta Flota estadunidense llevaron “ayuda humanitaria” a Georgia, algo más lejos que Nueva Orleáns, ciudad totalmente librada a su suerte cuando el huracán Katrina arrasó hasta su último ladrillo.

Stevenson observa que la Cuarta Flota lo es en términos de “organización preventiva”, enviando “la señal correcta incluso a aquellos que no son nuestros mayores partidarios”. Y con el inigualable humor negro de los yanquis, puso el ejemplo de que la Cuarta Flota pudiera ser llamada a tomar acciones si “… el pueblo cubano decidiese rechazar el liderazgo de Raúl Castro y decide fugarse en masa” (sic).

“Si no tenemos la capacidad de rescatar a esa gente, tendremos un nuevo desastre en las manos… Cientos de miles de personas morirán en ultramar”, manifestó el angustiado almirante.

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Ángel Guerra Cabrera: Unasur, memorable cumbre

La cumbre de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) sobre la grave situación en Bolivia ha sido un nuevo y rotundo grito de independencia y unidad de América Latina. Por primera vez un grupo significativo de sus presidentes condena y adopta decisiones prácticas contra una conjura golpista orquestada por el imperio del norte. Este hecho y cada idea en la Declaración de la Moneda, aunque no se mencione por su nombre, señalan con el dedo acusador a Estados Unidos: la simbólica alusión a Salvador Allende y el categórico compromiso con el respeto a la soberanía, la no injerencia en los asuntos internos, la integridad e inviolabilidad territorial, la democracia y los derechos humanos.

Eso es lo sustantivo de la cumbre, que de modo unánime dio su apoyo irrestricto al presidente Evo Morales, condenó a los grupos desestabilizadores y sus acciones vandálicas, la masacre de campesinos en Pando que “no debe” quedar impune, exigió poner fin a esas acciones y la devolución de las instalaciones gubernamentales ocupadas como condición al inicio de un diálogo “conducido por el legítimo gobierno de Bolivia” y advirtió que no aceptará el golpe “civil” atentatorio contra la integridad territorial de Bolivia. Es trascendente el nombramiento de comisiones para investigar la masacre, acompañar el diálogo de La Paz con la oposición y brindarle el apoyo logístico que requiera. Unasur, en suma, enfrentó airosamente su primer gran desafío y ello refleja la emergencia en nuestra América de un nuevo tipo de gobiernos celosos de la soberanía nacional y con sensibilidad social, obviamente impulsados por las decisivas luchas populares que han llevado a la cabeza de ellos a buena parte de los reunidos en Santiago de Chile.

La cumbre ha sido un resonante triunfo político de Evo Morales y un reconocimiento a su talla de estadista, así como al talento político con que él y los movimientos sociales bolivianos han conducido la difícil brega por una democracia de las mayorías; y una derrota política dentro y fuera de Bolivia de los prefectos separatistas y su titiritero. Constituye también una clara advertencia a éste y a las oligarquías de la región de que no podrán seguir actuando impunemente con el matonismo que acostumbraban en otros tiempos. Deja sentado un precedente importante para la defensa indeclinable de la democracia en América Latina, que aquellos sólo respetan cuando se reduce a sus aspectos formales y no toca sus intereses ni con el pétalo de una rosa. Por ello es valiosa frente a las acciones ferozmente desestabilizadoras en Venezuela, donde se ha llegado al intento de magnicidio, y a los sucesos semejantes evidenciados, con distintos grados de intensidad, en Paraguay, Argentina, Ecuador, Honduras y Nicaragua. En fin de cuentas, todos ellos convergentes a la contraofensiva que desde el ataque a la soberanía territorial de Ecuador intenta montar Estados Unidos para aplastar los gobiernos y fuerzas populares latinoamericanas que han puesto en solfa su hegemonía política y control tradicionales sobre nuestros recursos naturales.

Bolivia, Venezuela, Cuba y Ecuador son los objetivos principales a golpear pero debe considerarse que la Cuarta Flota y otros instrumentos de intervención militar como el Plan Colombia responden a designios imperiales yanquis de reconfiguración geopolítica mucho más amplios. No es casual la oposición al restablecimiento de esa fuerza de asalto en los círculos gobernantes de Brasil, potencia económica emergente de peso mundial poseedora de estratégicas reservas de agua, biodiversidad y energéticas, así como de Argentina, colosal productora de alimentos; ambos dueños de vías fluviales y geografía de enorme importancia económica y militar.

El espaldarazo a Evo en la reunión de Santiago cobra mayor importancia cuando es evidente que la batalla por Bolivia entra en su fase más crítica, pues Washington y su jauría mediática, con CNN y El País a la cabeza, persisten en su aliento a la subversión fascista. Bolivia necesita más solidaridad que nunca.

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Vicky Pelaez: EE.UU. necesita urgentemente otra guerra

“La guerra es el más viejo, vicioso y más lucrativo fraude”. —General Smedley Butler La vieja premisa de los historiadores, indicando que “en el transcurso de la historia, la guerra siempre ha sido utilizada por líderes poco visionarios como un remedio inmediato para solucionar los problemas económicos nacionales” está más latente que nunca aquí en los Estados Unidos donde buscan desesperadamente salir de la recesión que generó el gobierno de George W. Bush. Con el dólar en caída, los bancos con problema de solvencia, la bolsa de valores tambaleante, la burbuja de bienes raíces desinflándose aceleradamente, etc., no es extraño lo que declara el secretario de defensa Robert Gates al decir, “necesitamos aumentar significativamente nuestra capacidad militar para poder enfrentar grandes ejércitos. No sabemos lo que pasará en Rusia, China, Corea del Norte, Irán o en cualquier otro país”.

El Director de la Agencia Nacional de Inteligencia (DNI), John Michael “Mike” McConnell fue inclusive más explícito cuando presentó su Informe Anual a la Comisión de Inteligencia del Congreso sobre ‘los peligros latentes para la seguridad nacional’. Dijo: “Rusia, China y los países de la OPEC, especialmente Venezuela e Irán podrían utilizar su bonanza financiera para su expansión geoestratégica y política en detrimento de los intereses vitales de Norteamérica en el planeta”. En realidad lo que quiso decir es: “nuestros enemigos tienen plata y con ella pueden comprar gente y las compañías que quieran”.

Lo que más molesta a los halcones de EE.UU., es el resurgimiento de Rusia como potencia económica y militar. Sus incalculables recursos energéticos, de acuerdo a los estrategas estadounidenses, influirán en el futuro rumbo de la Unión Europea que no tiene otra alternativa para sus necesidades energéticas que el petróleo y el gas ruso. Esto la alejaría de Estados Unidos y haría resquebrajarse a la OTAN, que actualmente es el pilar del dominio norteamericano en Europa. En la percepción del Secretario de Defensa Robert Gates, estas condiciones obligan a las fuerzas armadas de EE.UU. a prepararse para la guerra contra Rusia. Por lo pronto ya planifican rodear Rusia con un sistema de radares y misiles que van a ser instalados en Polonia, República Checa y posiblemente Georgia. Así piensan controlar todo el territorio, pero los rusos les mostraron hace poco, que tienen misiles que no pueden ser interceptados.

Estados Unidos, primero, teme una futura alianza militar entre Rusia y China que le haría perder en una posible guerra, y segundo, percibe que la expansión financiera y económica de China en Africa, Asia, América Latina e inclusive en EE.UU. está debilitando la influencia norteamericana en el mercado global, y está haciendo reducir su acceso a recursos naturales. Así, China también entró en la lista de potenciales enemigos. A esto el Jefe del Comando Conjunto chino, general Chen Bingde, contestó: “No somos enemigos de nadie, y si EE.UU. está asustado de nuestro desarrollo económico y militar, eso quiere decir que Norteamérica no tiene intestinos y es extremadamente miedosa. Nuestro gasto anual militar es de 45 mil millones de dólares, mientras que EE.UU. derrocha unos dos millones de millones”.

Resulta que EE.UU., en la perspectiva del Director de Inteligencia McConnell, tiene enemigos por todos lados y lo más alarmante dice que su número está creciendo en su propio “patio trasero”. Ya no es solamente Cuba sino Venezuela, Bolivia , Nicaragua y Ecuador. Para McConnell, Hugo Chávez es “más peligroso que su maestro Fidel Castro debido a las enormes cantidades de petrodólares que tiene y la dependencia norteamericana, aunque limitada, del oro negro bolivariano”. Lo que espera McConnell, es que la alianza estratégica latinoamericana, donde Cuba y Venezuela son líderes, no prospere, debido a ciertas “diferencias entre Raúl Castro y Hugo Chávez”.

Mientras tanto EE.UU. ha desatado una campaña sucia internacional millonaria para sabotear, no sólo el proyecto bolivariano, sino a todos los que quieren una independencia económica, para esto no excluye futuras guerras en nuestro continente, es decir, hacernos pelear entre hermanos para llenar sus arcas.

http://www.elciudadano.cl/2008/02/13/eeuu-necesita-urgentemente-otra-guerra/

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Dick Emanuelsson: Con miles de dólares de USA la derecha marcha este viernes en Managua “contra la dictadura”

Varios de los convocantes a la marcha este viernes son financiados por Casa Blanca, los antiguos verdugos del pueblo nicaragüense y autores de la guerra a Nicaragua en la década -80.

Bajo el titulo “ONG inventada convoca a otra marcha política el viernes” [1], la principal emisora nicaragüense Radio La Primerísima, informó a sus radioescuchas que un conglomerado de 17 organizaciones de la autollamada “sociedad civil” marchará este viernes 27 “contra la dictadura y el hambre”.

Una “desconocida Unión Ciudadana por la Democracia, que aglutina a unas 17 organizaciones no gubernamentales, ha convocado a esta marcha cívica”, relataba la emisora y citó Benjamín Lugo, del Movimiento por Nicaragua (MpN), que decía que en la marcha “caben todas las expresiones para defender la democracia y luchar contra la dictadura y por una justicia independiente”.

¿Sucursal de la CIA?

¿Pero quiénes están detrás el “Movimiento por Nicaragua (MpN)” y cuanta independencia representan?

Con unos comandos en el teclado busco la organización y aparecen varios enlaces. Uno de ellos es de la web de la misma organización [2]. La web no oculta para nada quienes están detrás de esta organización.

Hago click en “Ver donantes” y aparecen “Inversión Nacional por la Democracia/National Endowment for Democracy – NED, Instituto Nacional Democrático/National Democratic Institute – NDI, Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo -USAID, la embajada de USA en Managua, Red PROBIDAD con el auspicio del Instituto de la Sociedad Abierta / Open Society Institute – OSI, Instituto Republicano Internacional/International Republican Institute – IRI, Embajada de Japón y Embajada de Taiwán”.

Lo que no dice es el monto que estos poderos organismos y países han entregado a esta “ONG” que, en su agenda de actividades de los últimos dos años, no presenta muchas tareas realizadas. Pero el viernes están movilizados para atacar al gobierno sandinista.

Más billetes verdes a las ONGs

Entre las otras “organizaciones sin lucro” que marchará este viernes encontramos lo que jamás puede faltar para atacar un gobierno que trabaja para reestructurar un país enterrado por tres gobiernos neoliberales y su desastre económico; el organismo de derechos humanos. En este caso la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH).

Vale la pena de chequearla también, digo en voz alta y hago la búsqueda. Y ¡”ahí esta”! [3] La emisora Radio YA me ha hecho el trabajo, encontrando que el secretario ejecutivo de este noble organismo, Marcos Carmona, ha recibido en la mano nada menos que 24,970 dólares por los también generosos representantes de la USAID (Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo). Esa suma debe ser equivalente bastantes salarios mínimos nicaragüenses, pienso y saco la calculadora: 24,970 dólares divido por 70 dólares/mes y la calculadora me da el resultado en seguida; 35.671 salarios mínimos/mes. “No mal orinado” en un solo cheque, como decimos en sueco.

La ONG “exclusiva” o finita

Pero hay más “ONGs” en Managua que andan en carros 4×4. Uno de ellos es un poquito más exclusivo que las demás. Cuenta en su web que sus dirigentes se frecuentan con los banqueros, y no cualquier banquero local.

La ONG con el pomposo nombre “El Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas, IEEPP” recibió de la NED [4], la “la oficina salarial de la sucursal civil de la CIA”, la considerable suma de 58,654 dólares el año 2006. Estamos seguros que recibió algo parecido tanto por el 2007 como año en curso ya que el IEEPP recibió casi lo mismo para el año 2005.

En su web cuenta que tuvo “el apoyo del Instituto Nacional Demócrata (NDI), el banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Instituto Republicano Internacional (IRI)” para organizar un mitin con “especialistas internacionales en temas de defensa y seguridad, así como expertos en modernización legislativa” [5].

La famosa abogada y escritora estadounidense-venezolana Eva Golinger, hace un resume sobre uno de esos financiadores gringas; el Instituto Nacional Demócrata (NDI). En su último libro “El National Democratic Institute y Human Rights Foundation”, citamos:

Lejos de ser una ONG, el National Democratic Institute es nada más que un brazo financista y consultivo del gobierno de Estados Unidos, promoviendo su agenda en el mundo a costo de las democracias participativas y la voluntad de los pueblos“.

“Yo Si Puedo”

Los “renovados sandinistas” por su lado, es decir el MRS, también participarán este viernes contra la “dictadura de Ortega”. Ya están haciendo asambleas en todo el país para tumbar al gobierno, informan. Protestan porque no lograron llenar bien los formularios al CSE, Consejo Supremo Electoral, para poder participar en las elecciones en noviembre.

El CSE tuvo que darlos un año adicional y los rogaba de enviar las cifras y apellidos de las cédulas de los candidatos que iban a participar por MRS en las elecciones municipales en noviembre. Casualmente coincide con las elecciones en Venezuela y la oposición ahí está haciendo el mismo escándalo por que algunos de sus estrellas han sido inhabilitados por los colegas del CSE en Venezuela, tampoco cumplieron los requisitos según la ley. Pero es Chávez, igual como Ortega, que es el culpable por todos los desastres de esos formularios complicados.

Como sueco no entiendo porque los altos dirigentes del MRS no ha aprovechado la Misión “Yo Si Puedo”, aprovechando ahora las excelentes relaciones entre Nicaragua-Cuba-ALBA en donde, como dice la compañera de Ortega, Nicaragua será declarado país sin analfabetismo justo para cumplir el 30 aniversario del triunfo sandinista el 19 de julio 2009. Me parece que será la última oportunidad para MRS de lograr a llenar los formularios con letras y cifras como lo pide el CSE. Y si logran eso, pues no hay nadie, ni siquiera el “dictador Ortega” que los puede impedir de participar en las elecciones.

El aval de la “izquierda” para la marcha

Mientras tanto leemos en la página de la siempre informativa emisora Primerísima, que cita el diario BOLSA DE NOTICIAS del 23 de junio, que el jefe de la bancada del MRS, Edmundo Jarquín, “confirma financiamiento yanqui al Movimiento por Nicaragua” [6]. Es el “Instituto Republicano Internacional (IRI) que financia las actividades de los partidos y grupos opositores al gobierno del presidente Daniel Ortega en Nicaragua, denuncia este lunes la publicación Bolsa de Noticias”.

– IRI financia con 80 mil dólares marcha contra gobierno, es el título de una nota del tabloide.

Fuentes de organizaciones no gubernamentales citadas por el periódico indicaron que los miembros del Movimiento por Nicaragua, son los encargados de canalizar el dinero para la acción contra el gobierno popular“.

Al otro día, hoy 24 de junio, Sergio A. García, el “Resident Country Director” del IRI, desmiente los datos de Bolsa de Noticias, diciendo que son “rumores”. Pero otra fuente me dice que “han decidido (el IRI y los convocantes de la marcha) bajar el perfil y buscar canalizar el dinero por otra via”. Es obvio que la credibilidad política de la marcha el viernes esta cuestionada.

Los verdugos y los receptores de los dólares

El jefe del MRS admitía en una rueda de prensa y desayuno con corresponsales extranjeros que la marcha este viernes es auspiciada por el IRI. Este organismo fue dirigido hasta su muerte (7 de diciembre del 2006) por la ardiente anticomunista Jean Jordan Kirkpatrick. Esta señora era la embajadora de EE.UU. ante la ONU el 1983 cuando su patrón, el presidente Ronald Reagan, sembró minas en el golfo de Fonseca e impedía a los barcos de entrar al principal puerto de Nicaragua en la costa pacífica, el puerto de Corinto.

Los republicanos y los voceros Reagan&Kirkpatrick intentaban con las minas de ahogar al pequeño país centroamericano. El pueblo nicaragüense fue víctima en innumerables matanzas realizadas por los “Contras”, dirigidos por otro republicano, el embajador John Negroponte desde la capital hondureña. Más de 50.000 nicaragüenses fueron vilmente asesinados por la guerra de Reagan y los republicanos durante la década -80.

Fue en 1982, cuando Ronald Reagan, en visita en Gran Britannia, decía:

Let us now begin a major effort to secure the best — a crusade for freedom”, permitanos ahora comenzar de hacer un mayor esfuerzo para asegurar lo mejor; una cruzada para la libertad” [7]. Poco después fue fundado el IRI, Instituto Republicano Internacional. El pueblo de Nicaragua sabe en carne y hueso que contenido tenia esa “Libertad Made in USA“, la Tierra arrasada en el campo nicaragüense.

El pacto con el Diablo

Herty Lewites, candidato presidencial del MRS el 2006 y su jefe de campaña, Víctor Hugo Tinoco, se entrevistó con la genocida Jeanne Kirkpatrick en marzo del 2006 [8] y no hubo ningún inconveniente de recibir fondos manchados de sangre de la mano de esa señora, responsable de tanta muerte y destrucción en Nicaragua y Centroamérica. Dizque fueron capacitados 5000 fiscales del MRS por el dinero del IRI ese año.

¿Esto es lo que se llama “renovación sandinista”?

Tanto que critica Dora Téllez, Edmundo Jarquín y el presidente del MRS, Enrique Sáenz, a Daniel Ortega y la dirigencia del FSLN de tener un pacto con el Partido Liberal cuando MRS esta pactado con lo que el presidente Hugo Chávez describe como el mismo Diablo y la derecha neoliberal nicaragüense. No es para nada que hiede azufre.

Billetes verdes para elecciones de noviembre

Parece interminable la “ayuda” financiera de Estados Unidos. El 29 de mayo publicó la emisora Radio YA que “La embajada norteamericana enturbia la campaña electoral municipal financiando a partidos políticos de la derecha y medios de comunicación utilizando como manpara los ONG’s donde militan reconocidos directivos del PLC (Partido Liberal Constitucionalista) y el MRS (Movimiento Renovador Sandinista)” [9].

La emisora publicó una lista constituida por 15 “ONGs” en donde el monto total entregado por La Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, USAID a estos representantes de la “Sociedad Civil” fue 320 mil 600 dólares a “disfrazadas de ONG’s bajo la excusa de apoyar los comicios municipales en el país”.

“Guerra ideológica de baja intensidad”

Dice Orlando Núñez, asesor presidencial para asuntos sociales, que los países europeos y norteamericanos están financiando a Organismos No Gubernamentales en Nicaragua para desestabilizar al gobierno de Daniel Ortega. En declaraciones al Canal 4 [10], Núñez Soto dijo que la ayuda contabilizada que los países europeos destinan para Nicaragua, para ser utilizada exclusivamente a través de ONG, suma unos 150 millones de dólares al año, de lo cual, grandes componentes se invierte en diversos programas de contenido social, pero una importante porción de ese dinero pasa a las ONG para hacer causa contra el Ejecutivo y desestabilizar al gobierno.

A esto yo le llamo una guerra ideológica de baja intensidad. ¿Se acuerdan ustedes como utilizaba (estados Unidos) en la guerra de baja intensidad, a sectores nicaragüenses: los compraban y los hacían defender los intereses del gobierno norteamericano? Hoy pasa lo mismo, con dinero compran algunos ONG para defender los intereses del imperio, que no son los intereses de Nicaragua“.

Notas:

(1) ONG inventada convoca a otra marcha política el viernes”

(2) “Ver donantes”, Movimiento por Nicaragua (MpN).

(3) Financiamiento a partidos de derecha enmascarados en ONG’s, Por Radio YA

(4) IEEPP y la NED.

(5) IEEPP y el foro en temas de defensa, seguridad y modernización legislativa.

(6) “Edmundo Jarquín confirma financiamiento yanqui al Movimiento por Nicaragua”, Radio La Primerisima, 23 de junio, 2008.

(7) History de IRI, “Una cruzada para la libertad”, Ronald Reagan, 1982.

(8)”Visita de Jean Kirkpatrick en Managua: “Se reúne con Herty y Montealegre”, El Nuevo Diario el 21 de marzo del 2006.

(9) Financiamiento a partidos de derecha enmascarados en ONG’s, Por Radio YA.

(10) «ONG’s son peones en guerra de baja intensidad», Radio La Primerisima, 24 de junio 2008.

(*) Corresponsal sueco para América Latina. Cubre el mercado laboral para la prensa sindical sueca.

http://www.rebanadasderealidad.com.ar/dick-08-02.htm

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