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Tricia Boreta: Las noticias más censuradas en 2007 y 2008

El último año de la administración Bush acumuló una concentración de poder ejecutivo absoluto. La Constitución fue sustituida por draconianas órdenes ejecutivas (a menudo secretas). Hubo un recrudecimiento de asaltos a los derechos humanos, tanto en el país como en el extranjero. Pero, ¿quién está hablando adecuadamente sobre esto? Sólo se muestra el borde de la realidad.


Los medios corporativos han estado demasiado ocupados en mantener entretenido al público consumidor con el sinfín de banalidades añadidas a la cobertura del espectáculo “Campaña presidencial 2008” y el Congreso ha dado un paso al lado, o aparenta vigilar y escudriñar a fondo el presupuesto federal y la Constitución, pero –al final– dejar hacer a la administración.

Proyecto Censurado y un grupo de periodistas independientes alrededor del mundo han estado siguiendo afanosamente las acciones desenfrenadas de un imperio en decadencia. Las historias de noticias no cubiertas del Proyecto Censurado 2009 revelan un aumento desesperado de la demanda de las corporaciones de EEUU por conquistar más recursos naturales, así como la creciente confianza de los sectores militares en su capacidad de silenciar y eliminar la disensión e imponer la conformidad. La lista de este año muestra más claramente cómo la voluntad de los pueblos sigue siendo el enemigo principal de la violencia de las corporaciones estadounidenses. El término “terrorismo” se está ampliando rápidamente para incluir el desarrollo del pensamiento adverso a la agenda de conquista de EEUU.

Cada una de estas 25 noticias relevantes de este año constituye una historia de “corporacioncracia”, de cómo es la vida bajo un gobierno de, por y para las grandes corporaciones multinacionales que cada vez disminuyen más el valor de la vida humana en la búsqueda de sus beneficios. Este sistema ha convertido a nuestro compromiso estadounidense de lealtad a la “libertad y a la justicia para todos” no sólo en un triste travestismo, sino también en un recordatorio importante de nuestra responsabilidad como ciudadanos de EEUU.

El simple cambio en la cara del imperio con las elecciones de noviembre 2008 probablemente dará lugar a poco más que otra orquesta rusa de los grandes medios. Pero necesitamos un cambio profundo, que traiga consigo el conocimiento, con una depuración de la verdad, y la asunción de la responsabilidad de la realidad social y ambiental que alimenta nuestro enfermo estilo de vida, el “American way of life”. Por favor, comparta las historias que aparecen a continuación. Apoye a los medios independientes y a una Internet libre. Asuma su rol por un cambio verdadero.

Traducción: Ernesto Carmona

Argenpress

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Ignacio Ramonet: La crisis del siglo

Los terremotos que sacudieron las Bolsas durante el pasado «septiembre negro» han precipitado el fin de una era del capitalismo. La arquitectura financiera internacional se ha tambaleado. Y el riesgo sistémico permanece. Nada volverá a ser como antes. Regresa el Estado.

El desplome de Wall Street es comparable, en la esfera financiera, a lo que representó, en el ámbito geopolítico, la caída del muro de Berlín. Un cambio de mundo y un giro copernicano. Lo afirma Paul Samuelson, premio Nobel de economía : «Esta debacle es para el capitalismo lo que la caída de la URSS fue para el comunismo.» Se termina el período abierto en 1981 con la fórmula de Ronald Reagan: «El Estado no es la solución, es el problema.» Durante treinta años, los fundamentalistas del mercado repitieron que éste siempre tenía razón, que la globalización era sinónimo de felicidad, y que el capitalismo financiero edificaba el paraíso terrenal para todos. Se equivocaron.

La «edad de oro» de Wall Street se acabó. Y también una etapa de exuberancia y despilfarro representada por una aristocracia de banqueros de inversión, «amos del universo» denunciados por Tom Wolfe en La Hoguera de las vanidades (1987). Poseídos por una lógica de rentabilidad a corto plazo. Por la búsqueda de beneficios exorbitantes.

Dispuestos a todo para sacar ganancias: ventas en corto abusivas, manipulaciones, invención de instrumentos opacos, titulización de activos, contratos de cobertura de riesgos, hedge funds… La fiebre del provecho fácil se contagió a todo el planeta. Los mercados se sobrecalentaron, alimentados por un exceso de financiación que facilitó el alza de los precios.

La globalización condujo la economía mundial a tomar la forma de una economía de papel, virtual, inmaterial. La esfera financiera llegó a representar más de 250 billones de euros, o sea seis veces el montante de la riqueza real mundial. Y de golpe, esa gigantesca «burbuja» reventó. El desastre es de dimensiones apocalípticas. Más de 200 mil millones de euros se han esfumado. La banca de inversión ha sido borrada del mapa. Las cinco mayores entidades se desmoronaron: Lehman Brothers en bancarrota; Bear Stearns comprado, con la ayuda de la Reserva Federal (Fed), por Morgan Chase; Merril Lynch adquirido por Bank of America; y los dos últimos, Goldman Sachs y Morgan Stanley (en parte comprado por el japonés Mitsubishi UFJ), reconvertidos en simples bancos comerciales.

Toda la cadena de funcionamiento del aparato financiero ha colapsado. No sólo la banca de inversión, sino los bancos centrales, los sistemas de regulación, los bancos comerciales, las cajas de ahorros, las compañías de seguros, las agencias de calificación de riesgos (Standard&Poors, Moody’s, Fitch) y hasta las auditorías contables (Deloitte, Ernst&Young, PwC).

El naufragio no puede sorprender a nadie. El escándalo de las «hipotecas basura» era sabido de todos. Igual que el exceso de liquidez orientado a la especulación, y la explosión delirante de los precios de la vivienda. Todo esto ha sido denunciado –en estas columnas – desde hace tiempo. Sin que nadie se inmutase. Porque el crimen beneficiaba a muchos. Y se siguió afirmando que la empresa privada y el mercado lo arreglaban todo.

La administración del Presidente George W. Bush ha tenido que renegar de ese principio y recurrir, masivamente, a la intervención del Estado. Las principales entidades de crédito inmobiliario, Fannie Mae y Freddy Mac, han sido nacionalizadas. También lo ha sido el American International Group (AIG), la mayor compañia de seguros del mundo. Y el Secretario del Tesoro, Henry Paulson (expresidente de la banca Goldman Sachs…) ha propuesto un plan de rescate de las acciones «tóxicas» procedentes de las «hipotecas basura» (subprime) por un valor de unos 500 mil millones de euros, que también adelantará el Estado, o sea los contribuyentes.

Prueba del fracaso del sistema, estas intervenciones del Estado –las mayores, en volumen, de la historia económica- demuestran que los mercados no son capaces de regularse por sí mismos. Se han autodestruido por su propia voracidad. Además, se confirma una ley del cinismo neoliberal: se privatizan los beneficios pero se socializan las pérdidas. Se hace pagar a los pobres las excentricidades irracionales de los banqueros, y se les amenaza, en caso de que se nieguen a pagar, con empobrecerlos aún más.

Las autoridades norteamericanas acuden al rescate de los «banksters» («banquero gangster») a expensas de los ciudadanos. Hace unos meses, el Presidente Bush se negó a firmar una ley que ofrecía una cobertura médica a nueve millones de niños pobres por un costo de 4 mil millones de euros. Lo consideró un gasto inutil. Ahora, para salvar a los rufianes de Wall Street nada le parece suficiente. Socialismo para los ricos, y capitalismo salvaje para los pobres.

Este desastre ocurre en un momento de vacío teórico de las izquierdas. Las cuales no tienen «plan B» para sacar provecho del descalabro. En particular las de Europa, agarrotadas por el choque de la crisis. Cuando sería tiempo de refundación y de audacia.

¿Cuanto durará la crisis? «Veinte años si tenemos suerte, o menos de diez si las autoridades actúan con mano firme.» vaticina el editorialista neoliberal Martin Wolf (1). Si existiese una lógica política, este contexto debería favorecer la elección del demócrata Barack Obama (si no es asesinado) a la presidencia de Estados Unidos el 4 de noviembre próximo. Es probable que, como Franklin D. Roosevelt en 1930, el joven Presidente lance un nuevo «New Deal» basado en un neokeynesianismo que confirmará el retorno del Estado en la esfera económica. Y aportará por fin mayor justicia social a los ciudadanos. Se irá hacia un nuevo Bretton Woods. La etapa más salvaje e irracional de la globalización neoliberal habrá terminado.

Nota 1) Financial Times, Londres, 23 de septiembre de 2008

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=73489

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Robert Fisk’s World: Bush rescues Wall Street but leaves his soldiers to die in Iraq

It was a weird week to be in the United States. On Tuesday, secretary of the treasury Henry Paulson told us that “this is all about the American taxpayer – that’s all we care about”. But when I flipped the page on my morning paper, I came across the latest gloomy statistic which Americans should care more about. “As of Wednesday evening, 4,162 US service members and 11 Defence Department civilians had been identified as having died in the Iraq war.” By grotesque mischance, $700bn – the cost of George Bush’s Wall Street rescue cash – is about the same figure as the same President has squandered on his preposterous war in Iraq, the war we have now apparently “won” thanks to the “surge” – for which, read “escalation” – in Baghdad. The fact that the fall in casualties coincides with the near-completion of the Shia ethnic cleansing of Sunni Muslims is not part of the story.

Indeed, a strange narrative is now being built into the daily history of America. First we won the war in Afghanistan by overthrowing the evil, terrorist-protecting misogynist Islamist crazies called the Taliban, setting up a democratic government under the exotically dressed Hamid Karzai. Then we rushed off to Iraq and overthrew the evil, terrorist-protecting, nuclear-weaponised, secular Baathist crazies under Saddam, setting up a democratic government under the pro-Iranian Shia Nouri al-Maliki. Mission accomplished. Then, after 250,000 Iraqi deaths – or half a million or a million, who cares? – we rushed back to Kabul and Kandahar to win the war all over again in Afghanistan. The conflict now embraces our old chums in Pakistan, the Saudi-financed, American-financed Interservices Intelligence Agency whose Taliban friends – now attacked by our brave troops inside Pakistani sovereign territory – again control half of Afghanistan.

We are, in fact, now fighting a war in what I call Irakistan. It’s hopeless; it’s a mess; it’s shameful; it’s unethical and it’s unwinnable and no wonder the Wall Street meltdown was greeted with such relief by Messrs Obama and McCain. They couldn’t suspend their campaigns to discuss the greatest military crisis in America’s history since Vietnam – but for Wall Street, no problem. The American taxpayer – “that’s all we care about”. Mercifully for the presidential candidates, they don’t have to debate the hell-disaster of Iraq any more, nor US-Israeli relations, nor Exxon or Chevron or BP-Mobil or Shell. George Bush’s titanic if mythical battle between good and evil has transmogrified into the conflict between good taxpayers and evil bankers. Phew! No entanglement in the lives and deaths of the people of the Middle East. Until the elections – barring another 9/11 – they are yesterday’s men and women.

But truth lurks in the strangest of airports. I’m chewing my way though a plate of spiced but heavy-boned chicken wings – final proof of why chickens can’t fly – at John Wayne airport in Orange County (take a trip down the escalator and you can actually see a larger-than-life statue of the “Duke”), and up on the screen behind the bar pops Obama himself. The word “Change” flashes on the logo and the guy on my left shakes his head. “I got a brother who’s just come back from Afghanistan,” he says. “He’s been fighting there but says there’s no infrastructure so there can be no victory. There’s nothing to build on. We’re not wanted.” At California’s San Jose University, a guy comes up and asks me to sign my new book for him. “Write ‘To Sergeant ‘D’,” he says with a sigh. “That’s what they call me. Two tours in Iraq, just heading out to Afghanistan.” And he rolls his eyes and I wish him safe home afterwards.

Of course, the Israeli-Palestinian conflict no longer gets a look into the debate. McCain’s visit to the Middle East and Obama’s visit to the Middle East – in which they outdid each other in fawning to the Israeli lobby (Obama’s own contribution surely earning him membership of the Knesset if not entry to the White House) – are safely in the past. Without any discussion, Israeli and US officials held a three-day security-technology forum in Washington this month which coincided with an equally undebated decision by the dying Bush administration to give a further $330m in three separate arms deals for Israel, including 28,000 M72A7 66mm light anti-armour weapons and 1,000 GBU-9 small diameter bombs from Boeing. Twenty-five Lockheed Martin F-35 fighter jets are likely to be approved before the election. The Israeli-American talks were described as “the most senior bilateral high-technology dialogue ever between the two allies”. Nothing to write home about, of course.

Almost equally unreported in major US papers – save by the good old Washington Report – was a potential scandal in good old Los Angeles to which Mayor Antonio Villaraigosa recently returned after a $225,000 junket to Israel with three council members and other city officials (along with families, kids, etc). The purpose? To launch new agreements for security at Los Angeles international airport. Council members waffled away on cellphones and walked out of the chamber when protesters claimed that the council was negotiating with a foreign power before seeking bids from American security services. One of the protesters asked if the idea of handing LAX’s security to the Israelis was such a good idea when Israeli firms were operating security at Boston Logan and Newark on 9/11 when a rather sinister bunch of Arabs passed through en route to their international crimes against humanity.

But who cares? 9/11? Come again? What’s that got to do with the American taxpayer?

http://www.independent.co.uk/opinion/commentators/fisk/robert-fisks-world-bush-rescues-wall-street-but-leaves-his-soldiers-to-die-in-iraq-944071.html

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Octavio Rodríguez Araujo: ¿Política del miedo?

En Morelia, Michoacán, la noche de la celebración de la Independencia de México fue sangrienta. Dos granadas de fragmentación explotaron entre la muchedumbre: siete muertos y más de cien heridos fue el saldo conocido hasta la mañana del día siguiente. Esto no había pasado, no que yo recuerde. No fue un acto guerrillero; los grupos guerrilleros en México nunca han actuado de esta forma, se han cuidado de respetar las vidas humanas. Fue un acto terrorista, para provocar miedo y muerte, miedo a la muerte también.

A partir de ahora cualquier lugar, solitario en una calle oscura o en medio de la muchedumbre, es peligroso. Nadie sabe lo que le pueda pasar, y Calderón, insensible y obstinado, insiste –después de conocer la tragedia– en que los mexicanos “sin excepción” debemos unirnos en la desenfrenada e improvisada carrera de su desgobierno contra el crimen organizado, incluso denunciando a los agresores o proporcionando información para dar con ellos. Para completar el cuadro “aseveró que se equivocan quienes pretenden que el miedo haga presa a la sociedad” (Reforma.com, 16/09/08).

¿Y qué es lo que se puede esperar, además de miedo, después de las explosiones de Morelia? Si eso ocurrió en un pacífico festejo popular, ¿por qué no en cualquier otro tipo de acto o en un mitin de apoyo o de rechazo convocados por cualquier motivo por un líder, un partido o el mismo gobierno? En otros países ha habido actos terroristas recientes en el transporte (en Madrid el 11 de marzo de 2004 y en Londres el 7 de julio del año siguiente), en cafeterías y restaurantes, en plazas públicas, en hoteles y en las calles donde han explotado no pocos automóviles. Aquí ya contamos con esos escenarios.

En México, desde que se inició la guerra de Calderón contra los narcotraficantes, han muerto más personas que quienes se supone son las víctimas de aquéllos, es decir, los que consumen drogas ilícitas y que, también supuestamente, el gobierno trata de proteger con su guerra (¿será?). Y es ésta, la guerra, la que ha motivado el uso de granadas de fragmentación antes de Morelia, por ejemplo en Sonora el mes pasado, aunque no fueran activadas (La Jornada on line, 21/08/08), disparos con armas de alto poder en casi todas las ciudades importantes del país y asaltos a mano armada en casas y barrios, donde antes no había pasado nada de este tipo.

No. No hay motivo para tener miedo, es solamente algo que imaginamos porque los mexicanos nos hemos vuelto paranoicos y aprensivos. Imaginamos los secuestros de todo tipo y nivel, así como los levantones, los asesinatos, las mutilaciones y los asaltos. Si no fuera por nuestra delirante imaginación viviríamos tan tranquilos como antes de que Calderón iniciara su valerosa guerra rodeado del Estado Mayor Presidencial y de ambientes de seguridad de la más alta tecnología.

¿Por qué habríamos de tener miedo si sólo nos encontramos entre dos fuegos? Por un lado los bandidos y por el otro los policías y los soldados. Éstos también dan miedo: catean domicilios sin orden judicial, amagan poblaciones enteras, violan y roban cuando pueden o cuando se embriagan o se drogan. La seguridad nacional que Calderón ha querido garantizar se ha vuelto la inseguridad nacional, y todavía nos pide que lo apoyemos en esta lucha sin cuartel, que nos unamos todos (“pueblo y gobierno”), que no tengamos miedo y que combatamos con ligas y cáscaras de limón al crimen organizado y a los enemigos de México.

¿Por qué no habríamos de pensar, ya que nos han vuelto paranoicos, que el aumento de la criminalidad ha sido deliberado como una política de gobierno para justificar la militarización del país y quitarnos nuestros derechos y libertades (cada vez más restringidos)? Se ha hecho en Estados Unidos bajo el desgobierno de Bush, lo han hecho los dictadores de América Latina en aquellos tiempos que ahora, ingenuamente, creemos ya superados, ¿por qué no también en México? El argumento ha sido, precisamente, “la seguridad nacional”, y el resultado logrado ha sido su contrario. Nunca, desde hace setenta años, el país había vivido con tanta inseguridad.

Mi tía Irene (todos tenemos una tía Irene) me decía hace poco que leer todos los días “tantos muertos aquí y allá” podría resultar igual que una vacuna: insensibilizarnos ante la muerte, acostumbrarnos a vivir en un mundo (un país) irremediablemente peligroso. Tal vez tenía razón esa tía Irene, pero el problema es que alguien quiere que tengamos miedo, que no nos insensibilicemos, que no nos acostumbremos a vivir en peligro. Y la receta fue, por ahora, el 15 de septiembre en Morelia. Y en este caso da igual quién puso las granadas de fragmentación o los artefactos explosivos que hayan sido. Los muertos y los heridos nada tenían que ver con el narcotráfico ni con la lucha de Calderón y Bush contra aquél: fue una acción para provocar miedo e inseguridad y para que no pocos ciudadanos atemorizados demanden ahora que el gobierno endurezca todavía más sus políticas contra el crimen, aunque en ello les vaya perder sus derechos y libertades. El miedo y la incertidumbre, debe recordarse, propician exigencias de “mano dura y firme” entre la población, especialmente entre las clases medias. Todas las dictaduras del siglo pasado fueron precedidas de exigencias de este tipo: desde el fascismo italiano a principios de los años veinte, pasando por el nazismo alemán, hasta las últimas dictaduras latinoamericanas. Léanse, si no, las cartas y comentarios en los periódicos en Internet y no sólo en los de derecha: muchos piden o exigen mano dura y firme, y hasta más.

¡Cuidado! Something is rotten not only in the state of Denmark… but also in Mexico –se diría en un Hamlet actual.

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Robert Cohen: In the Seventh Year

David W. Dunlap/ NY Times

Foto: David W. Dunlap/ NY Times

And in the seventh year after the fall, the dust and debris of the towers cleared. And it became plain at last what had been wrought.

For the wreckage begat greed; and it came to pass that while America’s young men and women fought, other Americans enriched themselves. Beguiling the innocent, they did backdate options, and they did package toxic mortgage securities and they did reprice risk on the basis that it no more existed than famine in a fertile land.

Thereby did the masters of the universe prosper, with gold, with silver shekels, with land rich in cattle and fowl, with illegal manservants and maids, with jewels and silk, and with Gulfstream V business jets; yet the whole land did not prosper with them. And it came to pass, when the housing bubble burst, that Main Street had to pay for the Wall Street party.

For Bush ruled over the whole nation and so sure was he of his righteousness that he did neglect husbandry.

And he took his nation into desert wars and mountain wars, but, lo, he thought not to impose taxation, not one heifer nor sheep nor ox did Bush demand of the rich. And it came to pass that the nation fell into debt as boundless as the wickedness of Sodom. For everyone, Lehman not least, was maxed out.

So heavy was the burden of war, and of bailing out Fannie and Freddie, and of financing debt with China, that not one silver shekel remained to build bridges, nor airports, nor high-speed trains, nor even to take care of wounded vets; and the warriors returning unto their homes from distant combat thought a blight had fallen on the land.

So it was in the seventh year after the fall of the towers. And still Bush did raise his hands to the Lord and proclaim: “I will be proved right in the end!”

And around the whole earth, which had stood with America, there arose a great trouble, for it seemed to peoples abroad that a great nation, rich in flocks and herds and land and water, had been cast among thorns and Philistines; its promise betrayed, its light dimmed, its armies stretched, its budget broken, its principles compromised, its dollar diminished.

And it came to pass that this profligate nation, drinking oil with insatiable thirst, could not cure itself of this addiction, and so its wealth was transferred to other nations that did not always wish it well.

Wherefore the balance of power in the world was altered in grievous ways, and new centers of authority arose, and they were no more persuaded by democracy than was the Pharaoh.

For Bush ruled over the whole nation, and so sure was he of his righteousness that he did neglect the costs of wanton consumption. And he believed that if the Lord created fossil fuel, fossil fuel must flow without end, as surely as the grape will yield wine.

Therefore, in the seventh year after the fall, with 1,126 of the slain still unidentified, their very beings rendered unto dust, their souls inhabiting the air of New York, it seemed that one nation had become two; and loss, far from unifying the people, had sundered the nation.

For the rich, granted tax breaks more generous than any blessing, grew richer, and incomes in the middle ceased to rise, and workers saw jobs leaving the land for that region called Asia. And some fought wars while others shopped; and some got foreclosed while others got clothes. And still Bush spake but few listened.

Behold, so it was in the seventh year, and it seemed that America was doubly smitten, from without and within.

And, lo, a strange thing did come to pass. For as surely as the seasons do alternate, so the ruler and party that have brought woe to a nation must give way to others who can lead their people to plenty. How can the weary, flogged ass bear honey and balm and almonds and myrrh?

Yet many Americans believed the exhausted beast could still provide bounty. They did hold that a people called the French was to blame. They did accuse a creation called the United Nations. They did curse the ungodly sophisticates of Gotham and Hollywood and sinful Chicago; and, lo, they proclaimed God was on their side, and carried a gun, and Darwin was bunk, and truth resided in Alaska.

For Bush ruled over the whole nation and so sure was he of his righteousness that he did foster division until it raged like a plague. Each tribe sent pestilence on the other.

And in the seventh year after the fall, the dust and debris of the towers cleared. And it became plain at last what had been wrought — but not how the damage would be undone

http://www.nytimes.com/2008/09/11/opinion/11Cohen.html?ref=opinion

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DAVID ALANDETE: El Partido Republicano enseña su rostro más radical

En las primarias fueron contrincantes. Pero los tres principales competidores contra John McCain por la nominación del Partido Republicano se unieron el miércoles en un duro ataque contra lo que bautizaron como “la prensa liberal”, contra la izquierda, contra Washington y contra el candidato demócrata a la presidencia de EE UU, Barack Obama.

Olvidados los tiempos del conservadurismo compasivo, Rudolph Giuliani, Mike Huckabee y Mitt Romney imprimieron un tono radical a la Convención de Saint Paul y acusaron al senador por Illinois de falta de firmeza ante el terrorismo islamista y de atesorar menos experiencia ejecutiva que cualquiera de los dos miembros de la candidatura republicana.

“Los demócratas han renunciado a ganar la guerra de Irak y han renunciado a América”, dijo el ex alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani. En una severa crítica al Partido Demócrata, dijo que en su Convención, en Denver, “raramente mencionaron los ataques del 11 de septiembre de 2001. Viven un estado de negación respecto a la mayor amenaza que vive nuestro país”.

El ex gobernador de Arkansas Mike Huckabee acusó a Obama de ser el candidato que pondrá a Estados Unidos “en riesgo en un mundo peligroso”. Mitt Romney, por su parte, aportó puntos del ideario neoconservador al asegurar que los republicanos son los únicos que creen “en la distinción entre el bien y el mal”, mientras Obama “duda y se doblega” ante el terrorismo.

Giuliani defendió a McCain como “un soldado de a pie en la revolución conservadora de Reagan”. De hecho, los tres ex candidatos le atribuyeron a McCain el rol de defensor del legado del célebre presidente republicano de los años ochenta. “El camino adecuado es el que lideró Ronald Reagan hace 30 años y que ahora recorrerán John McCain y Sarah Palin”, dijo Romney, que fue gobernador de Massachusetts entre 2003 y 2007.

En su intervención, este político mormón unió directamente la presidencia de George W. Bush a la candidatura de McCain. “Bush definió a los Estados que patrocinan el terrorismo como lo que son: un eje del mal”, afirmó, en una defensa de la tradición neoconservadora de los años más recientes del Partido Republicano. “El islamismo radical y violento es el demonio, y debemos vencerlo”.

“Queremos pasar de un Washington liberal a un Washington conservador”, dijo Romney, en tono desafiante. “Los liberales cambiarían la sociedad de las oportunidades por la dependencia de la caridad del Gobierno”, dijo, detallando a continuación un ideario económico netamente republicano: “El camino adecuado consiste en reducir el gasto del Gobierno, en bajar los impuestos, en exterminar las grandes regulaciones y los mandatos, detener las tasas a las empresas y enfrentarse al apetito de tiranosaurio de los sindicatos”.

Tanto Romney como Giuliani acusaron a los demócratas de la crisis energética que vive EE UU. Ambos defendieron la propuesta de McCain de abrir las costas estadounidenses a más perforaciones petrolíferas. “Es el Congreso liberal el que nos hace más dependientes de los tiranos de Oriente Próximo”, dijo el ex gobernador de Massachusetts.

Los discursos de los tres ex candidatos fueron, también, una defensa de la experiencia política de Sarah Palin y un encendido ataque personal contra Obama y su compañero de candidatura, Joe Biden. ” tiene ya más experiencia en un puesto ejecutivo que toda la candidatura demócrata”, dijo el ex alcalde de Nueva York. “Ha sido alcaldesa, y sabéis cómo me gusta este trabajo. Lo siento, Barack, si [el puesto de alcaldesa] no es lo suficientemente glamuroso”, dijo.

Los tres antiguos adversarios se sometieron obedientemente a la disciplina de partido en sus comparecencias. Sólo uno, el ex gobernador de Arkansas y ministro baptista Mike Huckabee, reconoció entre risas que, al principio, hubiera querido ser él quien leyera el discurso de aceptación de la candidatura el jueves por la noche. Pero el Huckabee del miércoles fue un ariete más en la táctica de acoso y derribo diseñada por el estratega electoral Steve Schmidt, amigo personal de Karl Rove y arquitecto de la campaña de McCain. “Sarah Palin obtuvo más votos como alcaldesa de Wasilla, Alaska, que Joe Biden en su candidatura a la presidencia”, dijo.

Fue Huckabee quien más se cebó con “los medios elitistas” por subrayar diversas polémicas en las que Palin se ha visto envuelta recientemente. La prensa, dijo, “ha hecho algo que parecía imposible de conseguir: unir al Partido Republicano y a todos los estadounidenses en apoyo del senador McCain y la gobernadora Palin”.

http://www.elpais.com/articulo/internacional/Partido/Republicano/ensena/rostro/radical/elpepuint/20080905elpepiint_3/Tes

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Vicky Pelaez: EE.UU. necesita urgentemente otra guerra

“La guerra es el más viejo, vicioso y más lucrativo fraude”. —General Smedley Butler La vieja premisa de los historiadores, indicando que “en el transcurso de la historia, la guerra siempre ha sido utilizada por líderes poco visionarios como un remedio inmediato para solucionar los problemas económicos nacionales” está más latente que nunca aquí en los Estados Unidos donde buscan desesperadamente salir de la recesión que generó el gobierno de George W. Bush. Con el dólar en caída, los bancos con problema de solvencia, la bolsa de valores tambaleante, la burbuja de bienes raíces desinflándose aceleradamente, etc., no es extraño lo que declara el secretario de defensa Robert Gates al decir, “necesitamos aumentar significativamente nuestra capacidad militar para poder enfrentar grandes ejércitos. No sabemos lo que pasará en Rusia, China, Corea del Norte, Irán o en cualquier otro país”.

El Director de la Agencia Nacional de Inteligencia (DNI), John Michael “Mike” McConnell fue inclusive más explícito cuando presentó su Informe Anual a la Comisión de Inteligencia del Congreso sobre ‘los peligros latentes para la seguridad nacional’. Dijo: “Rusia, China y los países de la OPEC, especialmente Venezuela e Irán podrían utilizar su bonanza financiera para su expansión geoestratégica y política en detrimento de los intereses vitales de Norteamérica en el planeta”. En realidad lo que quiso decir es: “nuestros enemigos tienen plata y con ella pueden comprar gente y las compañías que quieran”.

Lo que más molesta a los halcones de EE.UU., es el resurgimiento de Rusia como potencia económica y militar. Sus incalculables recursos energéticos, de acuerdo a los estrategas estadounidenses, influirán en el futuro rumbo de la Unión Europea que no tiene otra alternativa para sus necesidades energéticas que el petróleo y el gas ruso. Esto la alejaría de Estados Unidos y haría resquebrajarse a la OTAN, que actualmente es el pilar del dominio norteamericano en Europa. En la percepción del Secretario de Defensa Robert Gates, estas condiciones obligan a las fuerzas armadas de EE.UU. a prepararse para la guerra contra Rusia. Por lo pronto ya planifican rodear Rusia con un sistema de radares y misiles que van a ser instalados en Polonia, República Checa y posiblemente Georgia. Así piensan controlar todo el territorio, pero los rusos les mostraron hace poco, que tienen misiles que no pueden ser interceptados.

Estados Unidos, primero, teme una futura alianza militar entre Rusia y China que le haría perder en una posible guerra, y segundo, percibe que la expansión financiera y económica de China en Africa, Asia, América Latina e inclusive en EE.UU. está debilitando la influencia norteamericana en el mercado global, y está haciendo reducir su acceso a recursos naturales. Así, China también entró en la lista de potenciales enemigos. A esto el Jefe del Comando Conjunto chino, general Chen Bingde, contestó: “No somos enemigos de nadie, y si EE.UU. está asustado de nuestro desarrollo económico y militar, eso quiere decir que Norteamérica no tiene intestinos y es extremadamente miedosa. Nuestro gasto anual militar es de 45 mil millones de dólares, mientras que EE.UU. derrocha unos dos millones de millones”.

Resulta que EE.UU., en la perspectiva del Director de Inteligencia McConnell, tiene enemigos por todos lados y lo más alarmante dice que su número está creciendo en su propio “patio trasero”. Ya no es solamente Cuba sino Venezuela, Bolivia , Nicaragua y Ecuador. Para McConnell, Hugo Chávez es “más peligroso que su maestro Fidel Castro debido a las enormes cantidades de petrodólares que tiene y la dependencia norteamericana, aunque limitada, del oro negro bolivariano”. Lo que espera McConnell, es que la alianza estratégica latinoamericana, donde Cuba y Venezuela son líderes, no prospere, debido a ciertas “diferencias entre Raúl Castro y Hugo Chávez”.

Mientras tanto EE.UU. ha desatado una campaña sucia internacional millonaria para sabotear, no sólo el proyecto bolivariano, sino a todos los que quieren una independencia económica, para esto no excluye futuras guerras en nuestro continente, es decir, hacernos pelear entre hermanos para llenar sus arcas.

http://www.elciudadano.cl/2008/02/13/eeuu-necesita-urgentemente-otra-guerra/

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