Adriana Altagracia Reyna Bravo:El petróleo y la soberanía

El petróleo históricamente ha sido un elemento vital para el desarrollo económico, desde el surgimiento del capitalismo hasta hoy y no solo para México, sino para cada Estado. Por lo que disponer del energético ha estado como principal interés de todos los países en el mundo.No es un secreto que las grandes potencias económicas, como Estados Unidos e Inglaterra se posesionan del energético, controlan su producción y su distribución en el mundo.

Estas naciones capitalistas para cumplir su principal objetivo que es el control económico sobre los países del Tercer Mundo se valen de corromper funcionarios, crear guerras, promover golpes de Estado, alterar procesos electorales, bloquear países, logrando así imponer gobernantes que estén al servicio de los intereses capitalistas.

Para ellos, todo se es válido, no existe en ellos limitación ética o moral.

México es ahora punto de principal interés por la gran fortuna que posee de este hidrocarburo, riqueza que despierta la ansiedad de los acaudalados imperialistas, de lo que se les viene prometiendo desde hace cuatro sexenios y lo que va de este, la famosa “reforma energética”, con la cual se pretende sigilosamente la privatización de Pemex, trae como consecuencia quitarnos la posibilidad de llegar a ser un Estado con soberanía plena e independencia más allá de la simple formalidad declarativa.

Son diversos los argumentos usados para tratar de engañar al pueblo mexicano sobre la extrema urgencia de llevar a cabo la reforma energética enarboladora de principios de privatización, pero entre los argumentos favoritos están:

La falta de recursos, de muchos millones de dólares, para fortalecer la industria petrolera. Que el Estado no los tiene y, si los tuviera, debería dedicarlos a otras cuestiones, según ellos más importantes, ¿Qué acaso no es de suma importancia la independencia y soberanía del país?, ¿Qué acaso no es importante la defensa del patrimonio del Estado?, ¿Qué acaso no es importante el que Pemex aporte el 40% de la economía nacional?

Es verdad que Pemex requiere inversión, pero las cifras pronunciadas por los neoliberales son cifras infladas exageradamente, los recursos que necesita Pemex sí los dispone el Estado, incluso la misma industria petrolera es capaz de costear la inversión, a condición de que los neoliberales, dejen de descapitalizarla.

Cobrándole impuestos tan elevados que la llevarán a registrar pérdidas con lo que lograrán legitimar la privatización, también se valen de impedir por completo su desarrollo, como se dio desde el gobierno de De la Madrid cuando se optó la vía de la venta de petróleo crudo, en vez de construir más refinerías para elaborar las gasolinas, mientras se debilitaron las ramas de la petroquímica, las que con inversión permiten mayor capitalización y autonomía.

Los neoliberales sostienen que la vía de desarrollo de la intervención del Estado en la economía fracasó, que ahora lo fundamental es “abrir las economías” al libre flujo de los capitales.

Una de las herramientas de los neoliberales es, el cambiar el nombre de las cosas, con la esperanza de contrarrestar la resistencia del pueblo, confundirlo e inmovilizarlo, usan palabras como “fortalecer”, “transformar”, “modernizar”, “apoyo de empresas especializadas” “abrir la industria al capital privado”.

Y falsamente dicen que eso no es privatizar, a sabiendas que cualquier modalidad que se use para que lo que es en exclusiva del ámbito público, como el petróleo, pase al ámbito privado, es privatizar.

México, igual que cualquier otro país dependiente, puede y debe modernizarse para conseguir usar, adquirir e incluso crear tecnologías avanzadas. La modernización se puede dar por cualquiera de dos caminos:

Uno es ciertamente el de privatizarlo todo, entregar todas las fuentes económicas y todos los recursos naturales al capital privado, camino que implica dos graves consecuencias. La pérdida total de la soberanía nacional, es decir, la recolonización del país.

Así como la renuncia a una distribución justa del producto social, que por la vía privatizadora se concentra de en pocas manos, condenando al pueblo al aumento desmedido de la tasa de desempleo, pobreza, inseguridad, marginación, al restringido acceso a la salud y educación.

El otro camino es desarrollar su economía con soberanía y equidad en la distribución y convertirse en un país completamente independiente. Pero esto requiere de la intervención vigorosa y decidida del Estado en la economía, no como mero rector, porque eso no resuelve nada, sino como agente directo, productor y distribuidor de los bienes estratégicos y prioritarios para el interés nacional, generador de satisfactores, estimulador y garante de formas sociales y cooperativas de producción.

“Nacionalizar es descolonizar”, sentenciaría el maestro Vicente Lombardo Toledano, nacionalizar entendido como “poner la industria al servicio de los intereses económicos del país, por encima de los intereses particulares”.

Otro argumento es, que si la industria se abre al capital privado los combustibles se abarataran, lo que es falso. El petróleo se abarató a partir de que la industria fue nacionalizada. Si se privatiza, los combustibles volverán a encarecerse. Justamente ha sucedido en todos los países del mundo en los que se ha privatizado.

Así también el argumento de que van a buscar formas para que, la industria se mantenga bajo la rectoría del Estado, lo cual no es suficiente, por lo ya antes explicado.

Al gobierno mexicano le bastó en 1938 un solo discurso para expropiar industria petrolera. Setenta años después no le alcanzan miles de declaraciones, intervenciones, entrevistas, documentales, anuncios por radio, televisión, periódico. Para a costa de los mexicanos, devolverles a los viejos conocidos, ostentadores de la riqueza nacional nuestro principal ingreso económico y parte medular de nuestra soberanía nacional.

Como se ve, los argumentos de los privatizadores no resisten el menor análisis. Pero se mantienen pues el negocio es grande, prometedor, sumamente rentable, representa una ganancia exorbitante a los poderosos intereses privados, locales y extranjeros.

El petróleo es un instrumento de sostenimiento o liberación según sea el caso del país al que se refiere, en México el petróleo debe actuar como instrumento para terminar con la dependencia en la que actualmente vive el país

Si nacionalizar significa descolonizar, en contraparte, privatizar significa recolonizar. Por eso es que México ha perdido en mucho, la calidad de país independiente y soberano, a causa de este proceso antipatriota que nace en el mismo gobierno, el cual ha demostrado su entreguismo, al supeditar nuestra política petrolera a los intereses de los consorcios transnacionales y, particularmente, de Estados Unidos.

Hoy no contamos con un presidente patriota, como lo fue Cárdenas, ni con un ideólogo y estratega de la estatura de Vicente Lombardo Toledano, tampoco con la existencia de las grandes organizaciones sindicales independientes, hoy tenemos en el gobierno a la burguesía subordinada, hoy los líderes de las organizaciones sindicales se encuentran corrompidos.

Pero con lo que sí contamos es con la existencia de las posibilidades de retomar la lucha por la autonomía y llevarla más allá, hasta alcanzar nuevas y aun más significativas victorias.

También contamos con la clase obrera mexicana, en gran medida la expropiación fue obra de ella y su defensa ante el peligro de su desnacionalización también lo es.

Es aquí donde todos y cada uno de nosotros, la juventud debemos reconocer nuestra responsabilidad de defender el patrimonio de nuestro pueblo, organizándonos, informándonos y exigiendo al gobierno evitar que el capital extranjero recupere su dominio sobre ésta riqueza. Lucha que nos lleva al disfrute de un Estado soberano, autónomo e independiente que realmente garantice el desarrollo y el bienestar integral de toda la sociedad mexicana.

Adriana Altagracia Reyna Bravo *Ganadora del primer lugar de ensayo en el concurso ‘La Política y la Administración Pública de cara a la Reforma Energética de México’, convocado por Comité ‘Euquerio Guerrero’ de la Facultad de Derecho de la UG, perteneciente a la Asociación Nacional de Estudiantes de Ciencia Política y Administración Pública (ANECPAP).

Artículo Original: Diaro AM

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