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Anamaria Ashwell: Israel es también el suelo natal de Amos Oz

Primera Parte

I. Gershom Scholem emigró desde su ciudad natal a Palestina/ Erezt Israel en 1925 y se convirtió en el gran pensador y profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Su hermano Werner, a quien él dedica sus memorias (G.Scholem, From Berlin to Jerusalem:Memories of my Youth, N.York, 1980) permaneció en Berlín y fue asesinado en un campo de concentración, Buchenwald, en 1940. Su amigo W.Benjamin, con quien mantuvo correspondencia (editado en Ed. Taurus, 1987) permaneció también en Berlín hasta 1933, año cuando recluyeron a su hermano en un campo de concentración y el antisemitismo violento le obligó a emigrar “a pesar de ser ciudadano alemán” (como explica él en el currículo que en 1934, por intermediación de B.Brecht, entregó al Comité danés para ayuda a Refugiados). Desde Francia donde buscó refugio, Benjamin intentó escapar a los nazi rumbo a España. Fue detenido en la frontera (Port Bou) y desesperado, entre el 26 y 27 de septiembre de 1940, se quitó la vida. Son éstos casos solo un ejemplo del destino que sufrieron grandes pensadores judíos alemanes y europeos (y de Centroeuropa y Rusia) durante la Shoa: casi todos los mayores pensadores, poetas y artistas de Europa y Centroeuropa como Benjamin (Grunfeld,F, Profetas Malditos:El mundo trágico de Freud,Mahler, Einstein y Kafka; ed Planeta.1987) fueron aniquilados porque casi la totalidad de la judería europea murió. Los judíos que lograron ponerse a salvo lo hicieron de manera casi milagrosa  y mayormente por la intervención de valientes hombres y mujeres, como el poblano Gilberto Bosques, que arriesgando la propia vida crearon los caminos para trasladar a niños, hombres y mujeres lejos de Europa. La cultura de Europa quedó reducida a nada y este es el crimen más horrífico, el que califica todos los crímenes de lesa humanidad, porque los judíos fueron asesinados solo porque eran judíos. En esa larga noche de la Shoa la mayoría de los países occidentales, incluyendo los EEUU (el mismo país que había recibido a unos 2 millones de judíos emigrados entre 1880 y 1917) negaron visados a los que buscaron ponerse a salvo y la cifra del exterminio final es simplemente impronunciable: basta recordar que menos de 50,000 judíos sobrevivieron a los campos de concentración. La orfandad de los sobrevivientes fue también inmediatamente trágica- Paul Celan y Primo Levi terminaron suicidándose- y la tradición acuñó un nombre para ellos: sheerit. Una palabra en hebreo que quiere decir “remanente” o “lo que quedó”. La interminable pesadilla de los sheerit, especialmente los que se dirigieron a Palestina/Israel- “judío vete a Palestina” eran las pintas en las paredes en los barrios de las ciudades de Europa- determinó y determinará la conducta social y política de los que hoy son ciudadanos en esa tierra cenagosa, pedregosa y desértica (como la describe Amos Oz) llamada Israel. Una Historia de Amor y Oscuridad de Oz es la insuperable descripción de los judíos que llegados de Rusia, de Francia, de Alemania, de todos los rincones del mundo (habiendo abandonado todo muchas familias llegaron, sin embargo, cargando bibliotecas) se empeñaron en rehacer sus vidas en Palestina/Israel. Oz, entonces un niño de nueve años, a salvo en Erezt Israel, recuerda las historias de pérdidas, de terror y tristeza de los sheerit y describe el miedo insoportable que se apoderó de él: si lograba vivir y crecer, pensó, se convertiría no en un escritor sino en un libro. Se podían quemar y destruir los libros, razonó el niño, pero algún ejemplar sobreviviría en una biblioteca, en un rincón, olvidado incluso de Dios. La Shoa casi logró silenciar el judaísmo.

En 1947, impulsados por el exterminio nazi y la deportación de cientos de miles judíos que llegaron a Palestina/Eretz Israel como refugiados, concluyó el mandato británico. Una comisión especial de Naciones Unidas determinó que la tierra de palestinos y judíos desde ese momento debía dividirse en dos estados independientes: Jerusalén quedaría como una entidad separada y neutral y bajo administración internacional. Un sueño guajiro- la coexistencia pacífica de dos estados- que los judíos aceptaron- dice Oz a regañadientes- porque el 75% del territorio que le asignaron a Israel era un desierto. El mando árabe- palestino, sin embargo, anunció inmediatamente que no aceptaría esa partición y Azam Pasha, secretario de la Liga Árabe, dijo que “bañarían en sangre cualquier propuesta sionista que intentara erigirse aunque fuese sobre un solo puñado de tierra Palestina”. La votación en la ONU el 29 de Noviembre de 1947 estuvo cargada de presiones, intereses, amenazas, conspiraciones y hasta sobornos pero 33 votos a favor, 13 en contra y 10 abstenciones finalmente crearon Israel. Pero apenas iniciaban las celebraciones de júbilo cuando la violencia empezó la cuenta regresiva de vidas: en la primera semana murieron asesinados veinte judíos y para la segunda doscientos judíos y árabes yacían muertos.¿Porqué saco a relucir esta historia y en este momento de la incursión militar de Israel en la franja palestina de Gaza? Porque si en algo se parecen los judíos a los mexicanos es en el peso que tiene su pasado en la consciencia y en el actuar en su presente. En una entrevista que  Oz dio a la radio pública en EEUU el 7 de enero de 2009, en respuesta a la pregunta: ¿Cree Ud. que la manera como los Israelíes ven este conflicto bélico en Gaza este influenciado por el pasado? Oz, el mayor escritor judío nacido en Israel hace más de sesenta años, co-firmante y con fundador de la organización Paz Ahora en 1978 (con otros grandes escritores y pensadores israelíes) respondió: “Todo esta influenciado por el pasado. Los israelíes viven marcados por el hecho que han sido acosados por décadas. Viven marcados por el calvario histórico del pueblo judío, con el sentimiento que han sido alienados de muchas otras naciones así como de la opinión pública. Esto resulta en cierta testarudez en su actitud: ellos piensan que el mundo los va a criticar de todas maneras, cualquiera sea su comportamiento, por lo que deciden hoy actuar con fuerza.” Oz agregó: “Yo no creo en la fuerza por la fuerza misma… habiendo escrito sobre mi experiencia como niño durante el asedio árabe sobre Israel en 1948, irónicamente, eso me da la posibilidad de imaginarme ahora las condiciones trágicas de los civiles en Gaza en medio del actual asedio israelí.”.

Segunda parte

II. Hamás se formó en 1987, con una brigada militar, Iss al-Din Qassam , para combatir a Israel. Desde la primera Intifada (1987-1992) se convirtió en la organización político-militar-religiosa más grande e importante en la franja de Gaza. Desde su inicio Hamás asumió la sentencia de la Liga Árabe de 1947-48: expulsar de Palestina- a fuego y sangre y no solo del territorio ocupado en la franja oeste- a todos los judíos. La creación de un estado palestino, para Hamás, implica simple y llanamente la desaparición de Israel. Hamás ha sido responsable y organizador de los ataques suicidas que han costado miles de vidas a civiles israelitas. Mientras las acciones bélicas las llevan a cabo las brigadas Iss al-Din Qassam los militantes “civiles” implementan los programas sociales (construyen escuelas, hospitales y centros de oración) en las zonas palestinas donde ganan influencia política y liderazgo religioso. Hamás mantiene, así mismo, una rama política en el exterior que operan misiones de apoyo logístico militar desde territorios árabes vecinos. La popularidad de esta organización entre los palestinos de Gaza- orillados por el cerco militar israelí a una subsistencia de aislamiento y de extrema pobreza- empezó cuando sus líderes repudiaron y boicotearon la firma de los acuerdos de Oslo (agosto 1993 ) que hubiera normado el retiro de Israel del territorio ocupado en la franja oeste a cambio de un compromiso de parte de los palestinos (entonces Yasser Arafat estaba al frente de Autoridad Nacional Palestina) de garantizar la seguridad fronteriza de Israel. Israel dialogó y concertó treguas de paz (esporádicas) con la Autoridad Nacional Palestina pero respondió desde un inicio como país en guerra contra la guerra declarada por Hamás e inició la cacería selectiva de sus líderes: en Diciembre de 1995 el encargado de Hamás de construir las bombas que lanzaban con suicidas u otros medios sobre la población civil de Israel, Yahya Ayyash, fue asesinado. Hamás respondió con ataques suicidas en territorio israelí y 60 civiles murieron entre febrero y marzo de 1996. Los ataques de Hamás fueron (según la mayoría de los analistas políticos) el factor de mayor peso para que el pueblo israelí se decepcionara crecientemente de continuar con el dialogo de paz con los palestinos y fue también factor decisivo que inclinó la votación a favor del derechista Primer Ministro Benjamín Netanyahu en 1997, un abierto opositor a los acuerdos de Oslo, quien al formar gobierno fortaleció la política de línea dura y militar en contra de las autoridades palestinas y alentó los asentamientos de judíos fundamentalistas en la zona ocupada de la franja oeste. A medida que esa política israelí contra los palestinos se endureció, sumiendo a Gaza en la pobreza y la desesperanza, las acciones ineficaces y corruptas del gobierno secular de la Autoridad Nacional Palestina (y de su extensión militar Fatah) radicalizaron a los palestinos de Gaza. En el año 2006 los palestinos de Gaza  votaron a Hamás como sus autoridades (Mahmoud Abbas, líder de la Autoridad Nacional Palestina en 2004 se había declarado abiertamente en contra de Hamás y de su política de provocación militar contra Israel). En el año 2007 se dio una guerra abierta entre Fatah de la ANP y las brigadas Qassam de Hamás y en mayo 2007 las fuerzas de seguridad de la ANP fueron expulsadas de Gaza. Gaza bajo la autoridad de Hamás- sin contrapesos de moderados o de opositores- provocó que Israel reforzara su cerco militar. Hamás, a su vez, escaló sus ataques con misiles sobre el territorio sur israelí. La ANP mantuvo el control político solo de la franja oeste palestina y Hezbollah, cobijado en territorio libanés y enemigo de Fatah y Qassam, aumentó- especialmente desde el verano de 2006- el bombardeo en la parte norte de Israel.

Van 18 días desde que Israel invadió militarmente Gaza. El Estado israelí conocía de antemano el costo humanitario de un ataque militar que iba a ser desproporcionado y a todas luces infinitamente superior a cualquier respuesta o resistencia palestina. Israel calculó y asimiló que las muertes de civiles palestinos serían de cifras y consecuencias terribles- no solo porque las brigadas Qassam de Hamás utilizan como escudos humanos a mujeres y niños sino porque la franja de Gaza esta densamente poblada y los objetivos militares están cerca o en medio de la habitación de civiles. A sabiendas también que la opinión publica mundial se mostraría adversa (la logística y el aparato militar de Israel es impresionantemente eficiente y letal) decidió su incursión en Gaza con el objetivo no negociable de aniquilar a Hamás. Tímidamente (la palabra es de Vargas Llosa ,“Morir en Gaza”, El País, 11 de Enero 2009) algunos periodistas y escritores, reconocidos disidentes y hombres militantes de la izquierda israelí incluyendo Amos Oz, se atrevieron a cuestionar los objetivos de esta acción bélica y punitiva del aparato militar israelí sobre Gaza. Pero ni los miembros de Paz Ahora encontraron los argumentos adecuados para pedir la contención militar al gobierno de Israel en la planeada represalia contra Hamás. Amos Oz publicó el 28 de Diciembre de 2008 esta carta pública en un periódico italiano:

“El bombardeo sistemático de ciudadanos en pueblos de Israel es un crimen de guerra y un crimen contra la humanidad. El Estado de Israel debe defender a sus ciudadanos. Es obvio para todos que el gobierno de Israel no desea invadir Gaza y que hubiera preferido que Hamás honrara el alto al fuego que ha violado y finalmente revocado. Pero el sufrimiento de los ciudadanos en la frontera con Gaza no puede continuar.

La renuencia a invadir Gaza no emana de una falta de decisión sino del bien sabido hecho que Hamás realmente busca provocar que Israel se embarque en esa operación militar: si docenas o incluso centenas de civiles palestinos, mujeres y niños, mueren por la acción israelí, el radicalismo ganará adeptos en Gaza. El régimen de Abu Mazen en la Franja Oeste puede colapsarse y el extremismo de Hamás tomaría su lugar.

El mundo árabe se movilizará por las imágenes atroces que Al-Jazeera  publicitará desde Gaza y la corte de la opinión pública mundial se apresurará a acusar a Israel de crímenes de guerra. Esta es la misma corte de opinión pública que se muestra indiferente ante el sistemático bombardeo de centros poblacionales en Israel.

Israel recibirá inmensas presiones para que se contenga. Ninguna presión se ejercerá sobre Hamás porque no hay nadie que les pueda presionar y no existe nada sobre lo cual presionarlos. Israel es un país y Hamás es una pandilla.

¿Qué nos queda hacer? El mejor escenario para Israel es lograr un total alto al fuego a cambio de aliviar el cerco sobre Gaza. Si Hamás rehúsa este alto al fuego y continua bombardeando a los ciudadanos de Israel debemos tener cuidado que nuestra acción militar no juegue a sus cartas. El cálculo de Hamás es muy sencillo, cínico y lleno de maldad: si mueren civiles inocentes israelíes, bien. Si mueren inocentes civiles palestinos- mucho mejor.”

David Grossman también  se pronunció en términos similares (Haaretz.com) y advirtió al gobierno de Israel que él juzgaba contraproducente una acción bélica apabullante en Gaza: el resentimiento y la impotencia pueden volver aún más popular entre palestinos la política asesina de Hamás contra los judíos de Israel. Grossman ha reflexionado sobre el costo ético que tiene para Israel y los judíos su enorme poderío militar y pidió en esta ocasión que no se castigue tan violentamente a Gaza, “incluso si Hamás, por años, ha vuelto miserablemente intolerable la vida para los pueblos del sur de Israel” (“Israel esta sacrificando su propio milagro”. El País, 13 de Noviembre 2006).George Steiner describe acertadamente este nudo gordiano en el cual esta atrapado y se juega su sobrevivencia Israel. Israel es hoy un refugio garantizado para todos los judíos del mundo, es la posibilidad, dice, de sobrevivir. Para garantizar ese derecho a la vida del pueblo judío, Israel  ha tenido que “cultivar, incluso glorificar su fuerza y habilidad militar”. Un pueblo que por dos mil de años sobrevivió indefenso, exiliado,  recluido y despreciado en ghettos, acosado por la hostilidad y la intolerancia de sus vecinos y sin capacidad para perseguir o castigar a otros seres humanos hoy necesita y recurre a su poderío militar para sobrevivir. La singular nobleza de los judíos que se cultivó en la debilidad, la ética que los mantenía nobles ante la maldad de sus vecinos se basaba en el principio que “cualquiera que tortura a otro ser humano, sea por razones políticas apremiantes o necesidad militar, cualquiera que sistemáticamente humilla o desplaza de su hogar a un hombre, mujer o niños, esta de hecho renunciando a su propia humanidad”. Esa ética los judíos la practicaron hasta el final y subieron a los trenes que los trasladaron a Auschwitz. Nunca más después de la Shoa. Hoy,en menor medida que sus enemigos árabes e islámicos (en palabras de Steiner) Israel se ve obligado a torturar, humillar, expropiar y expulsar de sus hogares a otros seres humanos para resguardar a sus ciudadanos de las acciones asesinas de sus vecinos árabes y palestinos. Hoy Israel ha entrado en Gaza al combate con Hamás asumiendo un costo humano insoportable para judíos y para palestinos. En esta guerra no hay buenos ni malos. No hay blanco y negro. No hay vencedores ni vencidos. No hay víctimas ni victimarios. Hay una tragedia sin fin. Y los primeros que lo saben son los judíos de Israel.

Uno mi voz a la de mi admirado Amos Oz y pido la paz en los términos que él ha hecho públicos recordando, en estos tiempos aciagos, los poemas de Paul Celan que no rezan a Dios sino que rezan por Él.

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Anamaría Ashwell: Monsanto y el maíz de México

Hace varios años, cuando el helado de Ben and Jerry’s en homenaje a los Grateful Dead, cuyo sabor es Cherry García, imprimió en su empaque una etiqueta que decía “Estamos en contra de la hormona bovina recombinada. Las familias de granjeros que nos proveen de leche y crema se han comprometido a no utilizar en sus vacas la hormona rBGH…” era el momento para que todos en el planeta –no solo en Burlington Vermont donde se elabora este helado artesanal y de culto– nos pusiéramos a pensar en lo que estaba detrás. Porque lo que estaba detrás era Monsanto; es decir, una de las compañías con el historial más negro –por contaminación irreversible de suelos y aguas, así también por prácticas empresariales siniestras (ver Barlett, D y Steele J. La cosecha de miedo de Monsanto en Vanity Fair, mayo 2008)– que se conoce en EU.

De investigaciones independientes como ésta sabemos hoy de los recursos legales y tráfico de influencias que son su practica empresarial para atacar o defenderse por actos consumados contra de la salud y la ecología y que son dignos de una película de terror. Por eso, cuando en 2006 Jesús Madrazo Yris director para América Latina de Monsanto anunció inversiones millonarias –24 millones de dólares– para “mejorar las semillas híbridas de maíz” en México, esa era una noticia que no había que celebrar. Sin apenas percatarnos, Monsanto inmediatamente después se unió con Bayer y Gruma para emprender un “modelo agroempresarial” en 7 mil has. de Chiapas, cuya producción se vendió (según el diario Reforma 14–05–2008) casi en su totalidad a Maseca. Milpas campesinas chiapanecas fueron sembradas 7 mil 45 sacos de solo dios sabe qué tipo de semillas modificadas y se volvieron más productivas gracias a 3 mil 375 toneladas de fertilizantes y ¡3 mil 854 litros de insecticidas! en un solo ciclo agrícola.

Monsanto la inició John Francis Queeny, en San Luis Missouri, en 1901 con la producción de sacarina que hasta entonces sólo se importaba a USA desde Alemania. Le puso el nombre de “Monsanto Chemical Works” porque era el nombre de su esposa. La compañía se expandió hasta producir derivados de vainilla, cafeína y drogas sedativas y laxantes. Cuando a Queeny le diagnosticaron cáncer en 1920 Monsanto se volvió verdaderamente Monsanto, un emporio global, bajo la dirección de su único hijo édgar.

La compañía se expandió en poco tiempo hacía la producción de goma, aditivos para combustibles, plásticos, resinas, cafeína artificial, líquidos industriales, vinil, detergente para lavaplatos, anti congelantes, herbicidas, pesticidas y fertilizantes. Su gran salto ganancial vino, sin embargo, en 1981 cuando creó un centro de investigación de biología molecular y se avocó a desentrañar la genética de plantas y semillas comestibles. En 1982 los científicos de Monsanto lograron modificar genéticamente células vegetales. Ernest Jaworski, director del programa, declaró a la prensa estadounidense: “A partir de ahora es posible introducir virtualmente cualquier gen dentro de la célula de una planta con la meta final de aumentar la productividad de las siembras”.

A raíz de esto, en 2002 Monsanto se reorganizó y eliminó su producción de químicos y fibras sintéticas para concentrarse en el negocio de semillas modificadas de algodón, soya, canola y maíz. La responsabilidad legal y social por contaminación de por lo menos 50 sitios, pendientes de posibles juicios legales en su contra, producto de su anterior historial como industria química, fue minimizada. Por eso pocos saben que Monsanto, antes de esta reorganización como empresa agrícola, producía industrialmente dioxina, derivado de la producción del insecticida que vendía bajo el nombre de 245 T, entre 1929 y 1995. Dioxina es una combinación de químicos altamente tóxicos que provocan enfermedades del corazón e hígado y alteran el sistema reproductivo humano. Por más pequeñas las cantidades utilizadas éste persiste por tiempo indefinido en el suelo y se acumula en el cuerpo humano. En su versión más tóxica provoca cáncer. En 1949 una caldera que cocinaba este herbicida explotó en la planta que Monsanto tenía en Nitro, Virginia Occidental. Cientos de trabajadores y residentes se enfermaron. Monsanto minimizó el accidente y continuó su producción: en 1960 produjo el Agente Naranja, el poderoso herbicida con dioxina, que el ejército norteamericano utilizó en Vietnam para destruir la foresta y la jungla durante la guerra. En 1969 dejó de producirlo pero la contaminación de suelos y agua que dejó en Nitro, así como la salud deteriorada de sus residentes, persistió y existe hoy una demanda legal en su contra (Monsanto alega que esta inconformidad no tiene méritos y que se defenderá “vigorosamente” en la corte). Así también sucedió en Anniston, Alabama donde Monsanto, entre 1929 y 1971 produjo PCBs; un líquido refrigerante para transformadores y equipos eléctricos. Los PCBs son tóxicos en extremo y provocan daños al sistema inmunológico, endócrino y reproductivo en humanos. 37 años después de que Monsanto detuvo esa producción, la planta y las tierras de la fábrica son consideradas las más contaminadas y peligrosas para humanos en EU. Los residentes de Anniston, después de una batalla legal larga y costosa, lograron que Monsanto inicie la limpieza y la compañía tuvo que pagar 550 millones de dólares a los residentes pero las personas, el suelo y los ríos de Anniston permanecerán contaminados para siempre; mientras tanto los trabajadores y residentes de otra planta similar, en Groesfaen, Gales en la Gran Bretaña, lidian con la misma situación: todos lo que fueron expuestos por la fábrica de Monsanto viven hoy contaminados con PCBs. En 1993 la agencia federal que regula comestibles y drogas en Estados Unidos (FDA) aprobó el uso comercial de una hormona artificial rBST (bajo el nombre Posilac) desarrollada por Monsanto para incrementar la producción de leche en vacas. Cuando granjeros estadounidenses rehusaron utilizarla e informaron a sus clientes que sus vacas estaban libre de la hormona (tiene efectos secundarios en el ganado aunque a corto plazo no se ha comprobado efectos negativos en humanos) Monsanto inició una batalla legal en contra de la etiquetación de productos lácteos que indicara al consumidor que estaban libre de la hormona.

Monsanto argumenta hoy que sus años de contaminación ambiental y de daños a la salud pública quedaron atrás. Hoy se presenta como una compañía agroindustrial, cuyos productos son la gran promesa para elevar productividad agrícola y mejorar la balanza alimenticia mundial. Pero al mismo tiempo que comercializa sus semillas alteradas y patentadas (nadie puede certificar las consecuencias de la siembra y consumo de algunas de éstas –a largo plazo– sobre suelos y en la salud humana) paga a un ejército de abogados y empleados para perseguir y demandar a cualquier agricultor que infrinja las patentes de sus más de 624 semillas genéticamente modificadas. Con todos los recursos imaginables, Monsanto patrulla y vigila todos los lugares del planeta donde venden y siembran sus semillas. Si son semillas modificadas del maíz, por ejemplo, el que las usa puede contaminar variedades criollas dejándolas también estériles o alteradas –eso no le incumbe y más bien le conviene a Monsanto– pero el agricultor no puede guardar las semillas modificadas ni prestarlas ni venderlas a otro so pena de un juicio cuya meta es quebrar al “infractor”. Monsanto engancha así para siempre, obligando a comprarles semillas en cada nuevo ciclo agrícola y lo que aparentemente sale más barato y productivo a corto plazo en realidad somete al agricultor a una versión moderna de la tienda de rayas. El peligro de contagio a las semillas nativas del maíz, volviéndolas estériles o con composición alterada, es, además, una realidad.

Los campesinos maiceros de México, los guardianes milenarios de la cultura culinaria y artística mesoamericana del maíz ¿serán las siguientes víctimas de Monsanto?

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Anamaría Ashwell: La Shoa y un poblano llamado Gilberto Bosques

George Steiner explica que la palabra Holocausto no da cuenta del horror y la culpa que marcará para siempre al pueblo alemán –y a la sensibilidad de Occidente– por el exterminio de millones de judíos, gitanos, homosexuales, minusválidos y objetores al régimen del nazismo alemán entre 1933 y 1945. Holocausto es un término noble, nos explica, una designación técnica proveniente del griego que significa el sacrificio religioso. Shoa, “viento de la oscuridad”, exhibe mejor la “singularidad” –no tanto la escala porque el estalinismo aniquiló a más seres humanos nos explica Steiner– de un exterminio de niños y adultos llevado a cabo porque eran “culpables de existir”.

La polémica que desató la investigación del profesor de Harvard, Daniel Jonah Goldhagen en 1996 cuestiona explicaciones fáciles y cómodas sobre este genocidio (ha sido traducido como, Los Verdugos Voluntarios de Hitler: Los Alemanes y el Holocausto.): a la pregunta de cómo pudo suceder un exterminio de esa magnitud Goldhagen, apoyándose en documentación, archivos, entrevistas y testimonios de los algunos perpetradores, demostró sin lugar a dudas que los asesinos de los judíos no fueron primordialmente oficiales de la SS o del partido nazi, sino ciudadanos alemanes perfectamente ordinarios, de todas las profesiones, hombres y mujeres comunes y corrientes, quienes denunciaron, persiguieron –y también brutalizaron y mataron muchas veces gustosa y celosamente– a los judíos incluso cuando estos eran sus vecinos o conocidos. Si a alguien le queda alguna duda de la magnitud de la grosería genocida que se extendió por centroeuropea con esa “banalidad del mal” como le llamó Hanna Arendt –y que se repite en la historia contemporánea cada vez que un pueblo o un régimen renuncia a actuar con la consciencia de “no matarás” y el racismo, la xenofobia y el antisemitismo reinan libre basta leer una obra reciente y premiada en Francia, Las Benévolas, de Jonathan Littlell (ed. Colofón; 2007) para comprender que no existen justificativos ni condicionantes que pueden eximir de culpa a los asesinos y a sus cómplices.

Maria Sten, la recientemente fallecida historiadora del teatro y la literatura mesoamericana de la Universidad Nacional Autónoma de México, me contó que ella se encontraba en Francia cuando los alemanes invadieron su natal Polonia. Ante la imposibilidad de regresar a su hogar, por instrucciones de una francesa en la Resitencia, ella se dirigió a Marsella junto con miles de otros judíos en busca de un cónsul, mexicano, que estaba ayudando a salvar vidas. Me contó (en la secuencia que recuerdo) que a ella la acogió en su departamento, después que la vio sentada en una banca en un parque público con semblante desolado, la hermana de Helena Rubinstein, la magnate de los cosméticos que se encontraba en Nueva York procurando visa para sacar a su hermana de Francia. En Marsella se le explicó que antes de acceder a una visa de salida ella debía sellar su pasaporte (y el de su hermano) en Paris, en la embajada no sé si me dijo polaca o mexicana. “La Rubinstein”, como le llamó María, le preparó para ese viaje peligroso: le regaló un abrigo de piel, zapatos finos, le recomendó un peinado elegante y le proveyó de unas medias de “nylon”. Había que burlar a la policía del régimen de Vichy (del Mariscal Philippe Pétain, 1940–44) que vigilaba los trenes y andenes hacia París. María me dijo que en medio de la incertidumbre y temiendo por su vida, envuelta en esa vestimenta lujosa, los hombres la miraban con admiración mientras ella esperaba la llegada del tren. El tren tardó en llegar y su nerviosismo aumentó. De pronto se le acercó un hombre con un portafolio negro que le pidió que lo transportara con ella a París. Allá le recibiría un “amigo” que la estaría esperando explicó. Mientras, el hombre se ofreció a hacer averiguaciones sobre el horario de llegada del tren y el boleto. María me dijo que el tiempo pareció eterno y que ella no hizo preguntas ni titubeo para no despertar sospechas, pero cuando tuvo que subir al tren casi no pudo cargar el portafolio negro. Su peso casi la doblega. Fingiendo soltura se acomodó en el vagón. Cuando bajó del tren en París estaba efectivamente una persona esperándola. Esa persona le dijo que era de justicia que ella supiera lo que estaba transportando y le abrió el portafolios: adentro habían miles, ¡miles! me dijo María, de puntas extraídas de pluma fuentes y todas de ¡oro!.

María regresó después a Marsella con los pasaportes sellados y con la expectativa de salir desde Marsella, con su hermano, en un barco con dirección y asilo hacia Cuba.

Si me dijo el nombre el cónsul mexicano que le salvó a ella y su hermano la vida con ese visado no lo recuerdo; pero pienso ahora, por la coincidencia de fechas, que pudo haber sido Gilberto Bosques (1892 1995) y su secretaria Margarita Assimans quienes le entregaron la visa. Bosques había sido nombrado cónsul en Marsella por Lázaro Cárdenas y en dos años emitió 40 mil visas a judíos y refugiados de la guerra civil española, además de procurarles escondites y asistencia a aquellos cuyas vidas peligraban.

Este embajador mexicano, poblano de nacimiento, ha sido justamente honrado en el Paseo de los Inmortales en Israel y leo hoy en un diario de Los Ángeles, California (fue reproducida la noticia también por el periódico digital econsulta), que próximamente se presentará un documental fílmico sobre su vida y su heroísmo en esos oscuros tiempos para la humanidad. Ese documental contará también que Gilberto Bosques había llegado a Marsella como cónsul en 1939 para buscar apoyos internacionales para la recientemente expropiada industria petrolera mexicana cuando le alcanzo –y le detuvo esa encomienda– la guerra. Amigo fiel de Cárdenas y entusiasta defensor de la expropiación petrolera, Bosques se abocó a salvar vidas. Hay que recordarlo del lado de “los de abajo” en la revolución mexicana, activo en la defensa de la expropiación petrolera y de los recursos naturales nacionales y como un mexicano que ayudó a salvar vidas de judíos durante la Shoa.

Un mexicano ejemplar.

* La Jornada de Oriente
* Link: http://www.lajornadadeoriente.com.mx/2008/04/01/puebla/o2ash11.php

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