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Alberto Mazor: ¿Europa o Micronesia?

Dentro de muy poco tiempo – bastante más corto del que ellos se imaginaban – los habitantes de los asentamientos judíos en los territorios militarmente ocupados de Cisjordania regresarán a la patria. En otras palabras, al lugar donde finalmente se sentirán en casa.

Será un país hecho según su visión. Un lugar donde la Halajá es la ley, los rabinos sus jueces y los policías sus sirvientes. Un Estado judío propio. Ya no necesitarán el disfraz de «redentores» de la tierra, de «renovadores» de la empresa sionista o de« guardianes» de las fronteras ante posibles amenazas invasoras. Ellos habrán de completar la conquista de Israel.

Por lo tanto, debemos ponernos de pie y quitarnos el sombrero ante esa minoría exiliada que reside en rocosas colinas y en «precarias» viviendas de 200 m2 subvencionadas por nuestros impuestos – mientras jóvenes de todo el país vuelven a manifiestase en las calles para poder alquilar departamentos a precios accesibles -, y que desde su lugar de exilio supo inclinar a todos los gobiernos de Israel desde 1973 a su voluntad, dándole su imagen, determinando sus leyes, sus presupuestos, su política exterior, y restringiendo fundamentalmente la capacidad de acción de sus ciudadanos con el alambre de púas de su fanatismo.

Las reacciones gubernamentales a la reciente decisión de la Unión Europea respecto a los asentamientos, demuestran que Israel sigue avanzando con paso firme hacia un Estado donde la minoría ejerce el control sobre la mayoría, requisito esencial para moverse al ritmo de un grupo dominante y poderoso. Un grupo cuyos miembros pretenden que sus delirantes valores sean considerados como ejes centrales. Un grupo encargado de darle a la nación entera la imagen de un nuevo becerro de oro al cual sirven como sacerdotes.

¿En qué otro país democrático del mundo una minoría del 5% sería capaz de determinar el estilo de vida de 8 millones de ciudadanos?

Los hechos decisivos que llevaron al establecimiento de su idea de Estado pueden rastrearse a lo largo de 40 años de pretextos y excusas. Algunos de ellos aún perviven arrinconados entre el polvo y el olvido, como esas huellas que guían la curiosidad de los arqueólogos políticos; otros aún están frescos y relucientes, tales como la ley del boicot, la ley de la Nakba, la ley de lealtad o el reciente proyecto ley de anexión de Cisjordania presentado al Parlamento, y ya se convirtieron en hábito y norma de conducta, como si a priori no existiera otra vida posible. ¿Qué pusieron en el agua que bebemos en los países de Oriente Medio en los últimos años? ¿También la democracia israelí se está convirtiendo en una «primavera pasajera»?

La mesiánica misión de los asentamientos supo camuflarse diestramente. «Sólo algunas horas más de oración en la Cueva de los Patriarcas», nos decían. «Sólo déjenos limpiar el sitio de la sinagoga en Hebrón; sólo un pequeño y acogedor barrio en Kiryat Arba; sólo un leve aumento en la población que incluya el crecimiento natural; sólo una carretera privada de acceso». Y así, como en un ejercicio militar, el «enemigo» – gobiernos, parlamentarios de centro-izquierda, movimientos por la paz – terminó comprando todos esos cuentos como si se trataran del verdadero plan.

En apariencia, lo único que le interesaba a su dirigencia era «solamente» aumentar su número de «colonos» y el tamaño del área destinada a ellos. Así fue como se las arreglaron para convencer a sus opositores, haciéndolos cautivos de esa creencia, de que la disputa era trivial y que la discusión giraba sólo en torno a la cantidad de viviendas. Porque mientras el eje del asunto fuera la construcción, nadie prestaría atención a la verdadera ocupación que estaban planeando: la conquista total del Estado de Israel.

Ahora ya no les importa quitarse el disfraz. Unas casas más o menos en Ofrá, Elón Moré o Kfar Tapuaj ya no son importantes. De cualquier forma se van a construir. Lo que interesa actualmente es hacer de esa «diáspora israelí» que reside dentro de los límites de la Línea Verde, la patria toda; liberar la nación de los arrogantes intrusos que aún permanecemos en ella. Israel con las fronteras de 1967 debe convertirse en «nuestro Estado satélite».

Hace muchos años atrás podíamos imaginar la respuesta de la gran mayoría de los israelíes si la diáspora judía hubiese pretendido decirle al Gobierno hebreo cómo actuar, qué política seguir y cuáles valores adoptar. Pero los judíos del mundo no se atrevían a inmiscuirse en tales asuntos. En cambio, sentían orgullo de los héroes encargados de la defensa del «único Estado netamente judío y democrático».

Desgraciadamente, los valores de ese Estado ya no se corresponden con los de aquel judaísmo; el sueño de sus pioneros dejó de ser su sueño. De modo que la vieja diáspora judía dio paso a otra nueva: militar y despótica, la que dicta desde no muy lejos, apenas unos pocos kilómetros, pero desde el fondo del abismo, el nuevo orden de prioridades del Estado de Israel.

Esos son los valores que se importan a Israel desde los territorios ocupados, quienes considerados ilegales por toda la comunidad Internacional, reciben el amparo de nuevas leyes. Porque en los asentamientos no importan las resoluciones de la Unión Europea o las del Gobierno de EE.UU, ni siquiera las del Ejecutivo israelí – cualquiera sea – o las de la Corte Suprema hebrea. Tampoco cualquier ley de fidelidad tiene allí relevancia. Somos nosotros, siete millones y medio de ciudadanos israelíes, quienes estamos obligados a jurar lealtad a sus habitantes y no al revés.

En Israel, en estos días, se está respondiendo al verdadero interrogante de los habitantes de los asentamientos: ¿Europa o Micronesia? Y, si es necesario, suicidarse también por su causa.

Tishá be’Av – que conmemoramos ayer – nos recuerda que no sería la primera vez, y que conviene aprender del resultado de las anteriores.

 

Publicado en Israel en Linea

Link original: http://www.israelenlinea.com/magazine-de-semana/articulos/editorial/1689-ipatria-o-muerte.html

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Eduardo Galeano: Operación Plomo Impune

Para justificarse, el terrorismo de estado fabrica terroristas: siembra odio y cosecha coartadas. Todo indica que esta carnicería de Gaza, que según sus autores quiere acabar con los terroristas, logrará multiplicarlos.

***

Desde 1948, los palestinos viven condenados a humillación perpetua. No pueden ni respirar sin permiso. Han perdido su patria, sus tierras, su agua, su libertad, su todo. Ni siquiera tienen derecho a elegir sus gobernantes. Cuando votan a quien no deben votar, son castigados. Gaza está siendo castigada. Se convirtió en una ratonera sin salida, desde que Hamas ganó limpiamente las elecciones en el año 2006. Algo parecido había ocurrido en 1932, cuando el Partido Comunista triunfó en las elecciones de El Salvador. Bañados en sangre, los salvadoreños expiaron su mala conducta y desde entonces vivieron sometidos a dictaduras militares. La democracia es un lujo que no todos merecen.

***

Son hijos de la impotencia los cohetes caseros que los militantes de Hamas, acorralados en Gaza, disparan con chambona puntería sobre las tierras que habían sido palestinas y que la ocupación israelita usurpó. Y la desesperación, a la orilla de la locura suicida, es la madre de las bravatas que niegan el derecho a la existencia de Israel, gritos sin ninguna eficacia, mientras la muy eficaz guerra de exterminio está negando, desde hace años, el derecho a la existencia de Palestina.

Ya poca Palestina queda. Paso a paso, Israel la está borrando del mapa.

Los colonos invaden, y tras ellos los soldados van corrigiendo la frontera. Las balas sacralizan el despojo, en legítima defensa.

No hay guerra agresiva que no diga ser guerra defensiva. Hitler invadió Polonia para evitar que Polonia invadiera Alemania. Bush invadió Irak para evitar que Irak invadiera el mundo. En cada una de sus guerras defensivas, Israel se ha tragado otro pedazo de Palestina, y los almuerzos siguen. La devoración se justifica por los títulos de propiedad que la Biblia otorgó, por los dos mil años de persecución que el pueblo judío sufrió, y por el pánico que generan los palestinos al acecho.

***

 

Israel es el país que jamás cumple las recomendaciones ni las resoluciones de las Naciones Unidas, el que nunca acata las sentencias de los tribunales internacionales, el que se burla de las leyes internacionales, y es también el único país que ha legalizado la tortura de prisioneros.

¿Quién le regaló el derecho de negar todos los derechos? ¿De dónde viene la impunidad con que Israel está ejecutando la matanza de Gaza? El gobierno español no hubiera podido bombardear impunemente al País Vasco para acabar con ETA, ni el gobierno británico hubiera podido arrasar Irlanda para liquidar a IRA. ¿Acaso la tragedia del Holocausto implica una póliza de eterna impunidad? ¿O esa luz verde proviene de la potencia mandamás que tiene en Israel al más incondicional de sus vasallos?

***

El ejército israelí, el más moderno y sofisticado del mundo, sabe a quien mata. No mata por error. Mata por horror. Las víctimas civiles se llaman daños colaterales, según el diccionario de otras guerras imperiales. En Gaza, de cada diez daños colaterales, tres son niños. Y suman miles los mutilados, víctimas de la tecnología del descuartizamiento humano, que la industria militar está ensayando exitosamente en esta operación de limpieza étnica.

Y como siempre, siempre lo mismo: en Gaza, cien a uno. Por cada cien palestinos muertos, un israelí.

Gente peligrosa, advierte el otro bombardeo, a cargo de los medios masivos de manipulación, que nos invitan a creer que una vida israelí vale tanto como cien vidas palestinas. Y esos medios también nos invitan a creer que son humanitarias las doscientas bombas atómicas de Israel, y que una potencia nuclear llamada Irán fue la que aniquiló Hiroshima y Nagasaki.

***

La llamada comunidad internacional , ¿existe?

¿Es algo más que un club de mercaderes, banqueros y guerreros? ¿Es algo más que el nombre artístico que los Estados Unidos se ponen cuando hacen teatro?

Ante la tragedia de Gaza, la hipocresía mundial se luce una vez más. Como siempre, la indiferencia, los discursos vacíos, las declaraciones huecas, las declamaciones altisonantes, las posturas ambiguas, rinden tributo a la sagrada impunidad.

Ante la tragedia de Gaza, los países árabes se lavan las manos. Como siempre. Y como siempre, los países europeos se frotan las manos.

La vieja Europa, tan capaz de belleza y de perversidad, derrama alguna que otra lágrima, mientras secretamente celebra esta jugada maestra. Porque la cacería de judíos fue siempre una costumbre europea, pero desde hace medio siglo esa deuda histórica está siendo cobrada a los palestinos, que también son semitas y que nunca fueron, ni son, antisemitas. Ellos están pagando, en sangre contante y sonante, una cuenta ajena.

(Este artículo está dedicado a mis
amigos judíos asesinados por las
dictaduras latinoamericanas que
Israel asesoró)

 

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Anamaria Ashwell: Israel es también el suelo natal de Amos Oz

Primera Parte

I. Gershom Scholem emigró desde su ciudad natal a Palestina/ Erezt Israel en 1925 y se convirtió en el gran pensador y profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Su hermano Werner, a quien él dedica sus memorias (G.Scholem, From Berlin to Jerusalem:Memories of my Youth, N.York, 1980) permaneció en Berlín y fue asesinado en un campo de concentración, Buchenwald, en 1940. Su amigo W.Benjamin, con quien mantuvo correspondencia (editado en Ed. Taurus, 1987) permaneció también en Berlín hasta 1933, año cuando recluyeron a su hermano en un campo de concentración y el antisemitismo violento le obligó a emigrar “a pesar de ser ciudadano alemán” (como explica él en el currículo que en 1934, por intermediación de B.Brecht, entregó al Comité danés para ayuda a Refugiados). Desde Francia donde buscó refugio, Benjamin intentó escapar a los nazi rumbo a España. Fue detenido en la frontera (Port Bou) y desesperado, entre el 26 y 27 de septiembre de 1940, se quitó la vida. Son éstos casos solo un ejemplo del destino que sufrieron grandes pensadores judíos alemanes y europeos (y de Centroeuropa y Rusia) durante la Shoa: casi todos los mayores pensadores, poetas y artistas de Europa y Centroeuropa como Benjamin (Grunfeld,F, Profetas Malditos:El mundo trágico de Freud,Mahler, Einstein y Kafka; ed Planeta.1987) fueron aniquilados porque casi la totalidad de la judería europea murió. Los judíos que lograron ponerse a salvo lo hicieron de manera casi milagrosa  y mayormente por la intervención de valientes hombres y mujeres, como el poblano Gilberto Bosques, que arriesgando la propia vida crearon los caminos para trasladar a niños, hombres y mujeres lejos de Europa. La cultura de Europa quedó reducida a nada y este es el crimen más horrífico, el que califica todos los crímenes de lesa humanidad, porque los judíos fueron asesinados solo porque eran judíos. En esa larga noche de la Shoa la mayoría de los países occidentales, incluyendo los EEUU (el mismo país que había recibido a unos 2 millones de judíos emigrados entre 1880 y 1917) negaron visados a los que buscaron ponerse a salvo y la cifra del exterminio final es simplemente impronunciable: basta recordar que menos de 50,000 judíos sobrevivieron a los campos de concentración. La orfandad de los sobrevivientes fue también inmediatamente trágica- Paul Celan y Primo Levi terminaron suicidándose- y la tradición acuñó un nombre para ellos: sheerit. Una palabra en hebreo que quiere decir “remanente” o “lo que quedó”. La interminable pesadilla de los sheerit, especialmente los que se dirigieron a Palestina/Israel- “judío vete a Palestina” eran las pintas en las paredes en los barrios de las ciudades de Europa- determinó y determinará la conducta social y política de los que hoy son ciudadanos en esa tierra cenagosa, pedregosa y desértica (como la describe Amos Oz) llamada Israel. Una Historia de Amor y Oscuridad de Oz es la insuperable descripción de los judíos que llegados de Rusia, de Francia, de Alemania, de todos los rincones del mundo (habiendo abandonado todo muchas familias llegaron, sin embargo, cargando bibliotecas) se empeñaron en rehacer sus vidas en Palestina/Israel. Oz, entonces un niño de nueve años, a salvo en Erezt Israel, recuerda las historias de pérdidas, de terror y tristeza de los sheerit y describe el miedo insoportable que se apoderó de él: si lograba vivir y crecer, pensó, se convertiría no en un escritor sino en un libro. Se podían quemar y destruir los libros, razonó el niño, pero algún ejemplar sobreviviría en una biblioteca, en un rincón, olvidado incluso de Dios. La Shoa casi logró silenciar el judaísmo.

En 1947, impulsados por el exterminio nazi y la deportación de cientos de miles judíos que llegaron a Palestina/Eretz Israel como refugiados, concluyó el mandato británico. Una comisión especial de Naciones Unidas determinó que la tierra de palestinos y judíos desde ese momento debía dividirse en dos estados independientes: Jerusalén quedaría como una entidad separada y neutral y bajo administración internacional. Un sueño guajiro- la coexistencia pacífica de dos estados- que los judíos aceptaron- dice Oz a regañadientes- porque el 75% del territorio que le asignaron a Israel era un desierto. El mando árabe- palestino, sin embargo, anunció inmediatamente que no aceptaría esa partición y Azam Pasha, secretario de la Liga Árabe, dijo que “bañarían en sangre cualquier propuesta sionista que intentara erigirse aunque fuese sobre un solo puñado de tierra Palestina”. La votación en la ONU el 29 de Noviembre de 1947 estuvo cargada de presiones, intereses, amenazas, conspiraciones y hasta sobornos pero 33 votos a favor, 13 en contra y 10 abstenciones finalmente crearon Israel. Pero apenas iniciaban las celebraciones de júbilo cuando la violencia empezó la cuenta regresiva de vidas: en la primera semana murieron asesinados veinte judíos y para la segunda doscientos judíos y árabes yacían muertos.¿Porqué saco a relucir esta historia y en este momento de la incursión militar de Israel en la franja palestina de Gaza? Porque si en algo se parecen los judíos a los mexicanos es en el peso que tiene su pasado en la consciencia y en el actuar en su presente. En una entrevista que  Oz dio a la radio pública en EEUU el 7 de enero de 2009, en respuesta a la pregunta: ¿Cree Ud. que la manera como los Israelíes ven este conflicto bélico en Gaza este influenciado por el pasado? Oz, el mayor escritor judío nacido en Israel hace más de sesenta años, co-firmante y con fundador de la organización Paz Ahora en 1978 (con otros grandes escritores y pensadores israelíes) respondió: “Todo esta influenciado por el pasado. Los israelíes viven marcados por el hecho que han sido acosados por décadas. Viven marcados por el calvario histórico del pueblo judío, con el sentimiento que han sido alienados de muchas otras naciones así como de la opinión pública. Esto resulta en cierta testarudez en su actitud: ellos piensan que el mundo los va a criticar de todas maneras, cualquiera sea su comportamiento, por lo que deciden hoy actuar con fuerza.” Oz agregó: “Yo no creo en la fuerza por la fuerza misma… habiendo escrito sobre mi experiencia como niño durante el asedio árabe sobre Israel en 1948, irónicamente, eso me da la posibilidad de imaginarme ahora las condiciones trágicas de los civiles en Gaza en medio del actual asedio israelí.”.

Segunda parte

II. Hamás se formó en 1987, con una brigada militar, Iss al-Din Qassam , para combatir a Israel. Desde la primera Intifada (1987-1992) se convirtió en la organización político-militar-religiosa más grande e importante en la franja de Gaza. Desde su inicio Hamás asumió la sentencia de la Liga Árabe de 1947-48: expulsar de Palestina- a fuego y sangre y no solo del territorio ocupado en la franja oeste- a todos los judíos. La creación de un estado palestino, para Hamás, implica simple y llanamente la desaparición de Israel. Hamás ha sido responsable y organizador de los ataques suicidas que han costado miles de vidas a civiles israelitas. Mientras las acciones bélicas las llevan a cabo las brigadas Iss al-Din Qassam los militantes “civiles” implementan los programas sociales (construyen escuelas, hospitales y centros de oración) en las zonas palestinas donde ganan influencia política y liderazgo religioso. Hamás mantiene, así mismo, una rama política en el exterior que operan misiones de apoyo logístico militar desde territorios árabes vecinos. La popularidad de esta organización entre los palestinos de Gaza- orillados por el cerco militar israelí a una subsistencia de aislamiento y de extrema pobreza- empezó cuando sus líderes repudiaron y boicotearon la firma de los acuerdos de Oslo (agosto 1993 ) que hubiera normado el retiro de Israel del territorio ocupado en la franja oeste a cambio de un compromiso de parte de los palestinos (entonces Yasser Arafat estaba al frente de Autoridad Nacional Palestina) de garantizar la seguridad fronteriza de Israel. Israel dialogó y concertó treguas de paz (esporádicas) con la Autoridad Nacional Palestina pero respondió desde un inicio como país en guerra contra la guerra declarada por Hamás e inició la cacería selectiva de sus líderes: en Diciembre de 1995 el encargado de Hamás de construir las bombas que lanzaban con suicidas u otros medios sobre la población civil de Israel, Yahya Ayyash, fue asesinado. Hamás respondió con ataques suicidas en territorio israelí y 60 civiles murieron entre febrero y marzo de 1996. Los ataques de Hamás fueron (según la mayoría de los analistas políticos) el factor de mayor peso para que el pueblo israelí se decepcionara crecientemente de continuar con el dialogo de paz con los palestinos y fue también factor decisivo que inclinó la votación a favor del derechista Primer Ministro Benjamín Netanyahu en 1997, un abierto opositor a los acuerdos de Oslo, quien al formar gobierno fortaleció la política de línea dura y militar en contra de las autoridades palestinas y alentó los asentamientos de judíos fundamentalistas en la zona ocupada de la franja oeste. A medida que esa política israelí contra los palestinos se endureció, sumiendo a Gaza en la pobreza y la desesperanza, las acciones ineficaces y corruptas del gobierno secular de la Autoridad Nacional Palestina (y de su extensión militar Fatah) radicalizaron a los palestinos de Gaza. En el año 2006 los palestinos de Gaza  votaron a Hamás como sus autoridades (Mahmoud Abbas, líder de la Autoridad Nacional Palestina en 2004 se había declarado abiertamente en contra de Hamás y de su política de provocación militar contra Israel). En el año 2007 se dio una guerra abierta entre Fatah de la ANP y las brigadas Qassam de Hamás y en mayo 2007 las fuerzas de seguridad de la ANP fueron expulsadas de Gaza. Gaza bajo la autoridad de Hamás- sin contrapesos de moderados o de opositores- provocó que Israel reforzara su cerco militar. Hamás, a su vez, escaló sus ataques con misiles sobre el territorio sur israelí. La ANP mantuvo el control político solo de la franja oeste palestina y Hezbollah, cobijado en territorio libanés y enemigo de Fatah y Qassam, aumentó- especialmente desde el verano de 2006- el bombardeo en la parte norte de Israel.

Van 18 días desde que Israel invadió militarmente Gaza. El Estado israelí conocía de antemano el costo humanitario de un ataque militar que iba a ser desproporcionado y a todas luces infinitamente superior a cualquier respuesta o resistencia palestina. Israel calculó y asimiló que las muertes de civiles palestinos serían de cifras y consecuencias terribles- no solo porque las brigadas Qassam de Hamás utilizan como escudos humanos a mujeres y niños sino porque la franja de Gaza esta densamente poblada y los objetivos militares están cerca o en medio de la habitación de civiles. A sabiendas también que la opinión publica mundial se mostraría adversa (la logística y el aparato militar de Israel es impresionantemente eficiente y letal) decidió su incursión en Gaza con el objetivo no negociable de aniquilar a Hamás. Tímidamente (la palabra es de Vargas Llosa ,“Morir en Gaza”, El País, 11 de Enero 2009) algunos periodistas y escritores, reconocidos disidentes y hombres militantes de la izquierda israelí incluyendo Amos Oz, se atrevieron a cuestionar los objetivos de esta acción bélica y punitiva del aparato militar israelí sobre Gaza. Pero ni los miembros de Paz Ahora encontraron los argumentos adecuados para pedir la contención militar al gobierno de Israel en la planeada represalia contra Hamás. Amos Oz publicó el 28 de Diciembre de 2008 esta carta pública en un periódico italiano:

“El bombardeo sistemático de ciudadanos en pueblos de Israel es un crimen de guerra y un crimen contra la humanidad. El Estado de Israel debe defender a sus ciudadanos. Es obvio para todos que el gobierno de Israel no desea invadir Gaza y que hubiera preferido que Hamás honrara el alto al fuego que ha violado y finalmente revocado. Pero el sufrimiento de los ciudadanos en la frontera con Gaza no puede continuar.

La renuencia a invadir Gaza no emana de una falta de decisión sino del bien sabido hecho que Hamás realmente busca provocar que Israel se embarque en esa operación militar: si docenas o incluso centenas de civiles palestinos, mujeres y niños, mueren por la acción israelí, el radicalismo ganará adeptos en Gaza. El régimen de Abu Mazen en la Franja Oeste puede colapsarse y el extremismo de Hamás tomaría su lugar.

El mundo árabe se movilizará por las imágenes atroces que Al-Jazeera  publicitará desde Gaza y la corte de la opinión pública mundial se apresurará a acusar a Israel de crímenes de guerra. Esta es la misma corte de opinión pública que se muestra indiferente ante el sistemático bombardeo de centros poblacionales en Israel.

Israel recibirá inmensas presiones para que se contenga. Ninguna presión se ejercerá sobre Hamás porque no hay nadie que les pueda presionar y no existe nada sobre lo cual presionarlos. Israel es un país y Hamás es una pandilla.

¿Qué nos queda hacer? El mejor escenario para Israel es lograr un total alto al fuego a cambio de aliviar el cerco sobre Gaza. Si Hamás rehúsa este alto al fuego y continua bombardeando a los ciudadanos de Israel debemos tener cuidado que nuestra acción militar no juegue a sus cartas. El cálculo de Hamás es muy sencillo, cínico y lleno de maldad: si mueren civiles inocentes israelíes, bien. Si mueren inocentes civiles palestinos- mucho mejor.”

David Grossman también  se pronunció en términos similares (Haaretz.com) y advirtió al gobierno de Israel que él juzgaba contraproducente una acción bélica apabullante en Gaza: el resentimiento y la impotencia pueden volver aún más popular entre palestinos la política asesina de Hamás contra los judíos de Israel. Grossman ha reflexionado sobre el costo ético que tiene para Israel y los judíos su enorme poderío militar y pidió en esta ocasión que no se castigue tan violentamente a Gaza, “incluso si Hamás, por años, ha vuelto miserablemente intolerable la vida para los pueblos del sur de Israel” (“Israel esta sacrificando su propio milagro”. El País, 13 de Noviembre 2006).George Steiner describe acertadamente este nudo gordiano en el cual esta atrapado y se juega su sobrevivencia Israel. Israel es hoy un refugio garantizado para todos los judíos del mundo, es la posibilidad, dice, de sobrevivir. Para garantizar ese derecho a la vida del pueblo judío, Israel  ha tenido que “cultivar, incluso glorificar su fuerza y habilidad militar”. Un pueblo que por dos mil de años sobrevivió indefenso, exiliado,  recluido y despreciado en ghettos, acosado por la hostilidad y la intolerancia de sus vecinos y sin capacidad para perseguir o castigar a otros seres humanos hoy necesita y recurre a su poderío militar para sobrevivir. La singular nobleza de los judíos que se cultivó en la debilidad, la ética que los mantenía nobles ante la maldad de sus vecinos se basaba en el principio que “cualquiera que tortura a otro ser humano, sea por razones políticas apremiantes o necesidad militar, cualquiera que sistemáticamente humilla o desplaza de su hogar a un hombre, mujer o niños, esta de hecho renunciando a su propia humanidad”. Esa ética los judíos la practicaron hasta el final y subieron a los trenes que los trasladaron a Auschwitz. Nunca más después de la Shoa. Hoy,en menor medida que sus enemigos árabes e islámicos (en palabras de Steiner) Israel se ve obligado a torturar, humillar, expropiar y expulsar de sus hogares a otros seres humanos para resguardar a sus ciudadanos de las acciones asesinas de sus vecinos árabes y palestinos. Hoy Israel ha entrado en Gaza al combate con Hamás asumiendo un costo humano insoportable para judíos y para palestinos. En esta guerra no hay buenos ni malos. No hay blanco y negro. No hay vencedores ni vencidos. No hay víctimas ni victimarios. Hay una tragedia sin fin. Y los primeros que lo saben son los judíos de Israel.

Uno mi voz a la de mi admirado Amos Oz y pido la paz en los términos que él ha hecho públicos recordando, en estos tiempos aciagos, los poemas de Paul Celan que no rezan a Dios sino que rezan por Él.

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Juan Francisco Coloane: La OTAN amenaza los equilibrios

Esta crisis ruso georgiana que comienza a movilizar políticamente a
toda Europa y EE.UU., puede convertirse en una crisis mundial. Dicho
esto, no por el carácter militar territorial del problema que es bien
acotado aún, sino por su fondo político. Al ampliar el foco, éste
tiene un alcance mayor, porque incide en los equilibrios a nivel
global, y en el cómo se obtienen.

En el cuadro mayor, Rusia estaría más interesada en este objetivo, no
en el sentido de la antigua supremacía pretendida por el poder
soviético, sino simplemente para coexistir como entidad en la
operación universal. Mal que mal, Rusia no está obsesionada con esta
supremacía, ni todavía con instalar una muralla de calibre bélico
nuclear para su protección.

En este sentido, que la solución se centre en lo que suceda o decida
un organismo como la OTAN, es un contrasentido, y una distorsión en la
visión del problema mayor. Recordando otras crisis en la zona en que
la OTAN fue un actor principal, se debe enfatizar que los Balcanes no
son el Cáucaso, puesto que la variable rusa en el tema de los
equilibrios, o los conflictos con la aspiración rusa de poder,
conllevan una dimensión de carácter universal.

Al analizar con profundidad los antecedentes de esta crisis, los
problemas claramente los arrastra la alianza transatlántica y la OTAN,
en su expresión más radicalizada, por su continua óptica expansiva
para la preservación de la supremacía. Como que el triunfo ideológico
y económico de la Guerra Fría clásica no hubiera sido suficiente.

En rigor, si existieran las bases para un nuevo orden mundial, o
siquiera un atisbo de ello, la OTAN debiera dejar de existir o al
menos reformular su mandato y estructura, cambiando la direccionalidad
de su matriz, como que Europa Occidental fuera a ser devorada por el
algún monstruo asiático.

La OTAN es la estructura militar que más poder político ha acumulado
precisamente por la debilidad del sistema internacional que
supuestamente se administra desde la ONU. En este sentido, hay una
contraposición de dos entes: uno, eminentemente militar en el papel
como la OTAN, pero que ha adquirido un enorme poder político. El otro,
que supuestamente es eminentemente político como la ONU, pero
debilitado. Esta contradicción se ha hecho más evidente con el fin de
la bipolaridad y esta crisis es un fiel reflejo de ella.

La OTAN nace como respuesta al expansionismo soviético en la
confrontación bipolar. Tenía plena justificación frente a la adopción
de regímenes socialistas en naciones europeas que por lo demostrado en
década y media, todavía no se explica cómo pudieron haber durado tanto
bajo la presión soviética.

¿La OTAN subsiste como tal, frente a qué enemigo? ¿Cuál es el acecho?
Tal vez se justificaba para un reordenamiento de la situación en los
Balcanes de la ex Yugoslavia. Pero la reordenación de las naciones y
territorios que estaban bajo el dominio de la Ex URSS, es harina de
otro costal, y tanto la OTAN como EE.UU. deben medir su aspiración de
expansión y dominio.

Al mismo tiempo, sería de un facilismo prosaico caer en el cliché de
la variable energética como el eje de lo que está en juego. Está
demasiado manida en la cartilla estratégica. Simplemente existe como
parte del cuadro en cualquier parte. Por mucho que existan reservas y
fuentes de crudo y gas en zonas no controladas territorialmente por
las fuerzas y los países de la OTAN, los recursos energéticos tienen
peso y razón de ser, en un engranaje financiero industrial altamente
interdependiente, y sobre cuya complejidad no puede actuar ni la
obcecación política o la desesperación militar. No basta sólo con
tener dominio político o territorial sobre el recurso: hay que
preguntarle a los barones de la energía en EE.UU., el Reino Unido,
España, Irak, Venezuela o Bolivia, entre otros.

Hoy, la alianza transatlántica está en una posición de supremacía
universal casi total, pero aún quiere más, y en ese proceso amenaza a
la estabilidad. En la superficie se ve la intervención rusa y su
imperiosa necesidad de conservar la integridad y estabilidad, sin
embargo el tema real es el reordenamiento político en función de los
equilibrios en el nuevo orden mundial. Que la ganancia y la
sustentabilidad económica están detrás de todo el ejercicio, es
cierto, y son su máquina propulsora.

Pero también es cierto que después de la caída de la ex URSS, el
debate acerca de la nueva paz conquistada ha sido, en el mejor de los
casos, fragmentado y en el peor, orientado a mantener la matriz de la
supremacía occidental, que, como se observa en cualquiera de las
actuales zonas de conflicto bélico, es políticamente exagerado. Cuando
se indaga en estas zonas, hay un rechazo a Occidente. Y la
globalización, entendida con matriz militarista de la OTAN, se
transforma en una barbarie por este rechazo.

* Argenpress

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Francisco López Bárcenas: La criminalización de la protesta social

Primero fueron los conflictos intercomunitarios, para simular que eran las comunidades indígenas las que se peleaban entre ellas por intereses de grupo y no como en realidad es: por conflictos inducidos desde fuera, unas veces desde las oficinas gubernamentales y otras por grupos políticos con intereses particulares. Después fueron las guardias blancas, grupos de pistoleros que asuelan comunidades que no se ajustan a intereses de los caciques regionales y políticos en turno. De ahí se dio el brinco a los grupos paramilitares, organizaciones armadas por el Ejército y las policías para que hagan el trabajo represivo que sus impulsores no pueden hacer porque socialmente les resulta muy costoso. Ellos son los responsables de asesinatos masivos como los de El Charco y Aguas Blancas, en el estado de Guerrero, y Agua Fría y Acteal en Oaxaca. Pero eso no es todo: ahora es el Ejército federal ocupando abiertamente comunidades indígenas. Se trata de un amplio abanico de prácticas y procesos de criminalización de la protesta social, con la finalidad de contener el descontento indígena y campesino.

Una práctica no sustituye a las otras: las refuerza. Así lo dicen las denuncias de la policía comunitaria y el Centro de Derechos Humanos Tlachinollan, en Guerrero; así lo denuncian las comunidades indígenas, bases del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, y lo documenta el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, en el estado de Chiapas; así lo demuestran mixtecos de Santo Domingo Ixcatlán y San Pedro Yosotatu, en la Mixteca alta, lo mismo que en el municipio autónomo de San Juan Copala, en la región triqui y la mayor parte del estado de Oaxaca, y lo evidencian varias organizaciones de derechos humanos. Es la prueba fehaciente de la criminalización de la protesta social, dicen unos; es la represión al descontento popular, gritan otros; es la guerra de contrainsurgencia, expresan los demás. Y lo peor: el fenómeno no es privativo del sureste mexicano. Lo mismo puede decirse del norte del país, Chihuahua y Nuevo León entre los que más han trascendido.

Los resultados de estas prácticas ilegales de contención del descontento popular están a la vista. Cada día crece el número de detenidos en las cárceles mexicanas por su participación en movimientos populares, por más que las autoridades judiciales se esmeren en formular acusaciones para procesarlos por delitos comunes. De la misma manera aumentan las campañas de desprestigio contra los defensores de los derechos humanos y asesores de quienes en esos grupos participan; así se busca deslegitimar sus esfuerzos en la defensa de sus derechos, pues quienes las fomentan saben que el mejor apoyo que éstos tienen para respaldar su labor es la opinión pública. Si esto no los convence de desistir de su empeño queda el recurso de la amenaza directa, contra ellos y sus familiares. Lamentablemente eso no es todo: junto con las detenciones, campañas de desprestigio y amenazas también aumenta el número de desaparecidos por motivos políticos.

¿Qué está sucediendo en las altas esferas gubernamentales para que hayan decidido escalar la criminalización de la protesta popular? ¿Teme el gobierno que el descontento aumente y se le vaya de las manos? ¿Son medidas preventivas o ya es una forma abierta de enfrentar la irritación social? Cualquiera que sea la razón que motive a los gobernantes a tomar estas decisiones, todas ellas muestran una anomalía de fondo que debiera ser atendida. Si los ciudadanos y los pueblos actúan fuera del aparato estatal es porque no tienen confianza en él, porque ya no representa el “interés general” que le debería dar sustento; en sentido inverso, si el Estado reprime a los gobernados es porque también desconfía de ellos. En otras palabras, el pacto social está roto. Si se quiere corregir esta anomalía lo aconsejable es recomponerlo, atendiendo a las nuevas circunstancias. Seguir criminalizando la protesta social a lo único que conduce es a su profundización.

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Ezequiel Meler: Argentina, origen de la crisis en el campo

Modalidades de concentración de la tierra en la Argentina reciente

1.

El punto de partida de estas reflexiones es el reciente conflicto entre el gobierno y las corporaciones de productores agropecuarios. La cronología del mismo da inicio formal el 11 de marzo del presente año, cuando el gobierno anunció un nuevo sistema de retenciones móviles a las exportaciones de granos, ajustable al precio internacional, que despertó la enconada oposición de la mayoría de las agrupaciones de productores rurales. Homologados en su conjunto por un sistema tributario que, por sus propias características, no estaba preparado para diferenciar a las grandes explotaciones de las pequeñas y medianas, los representantes de las corporaciones reaccionaron, en una perfecta profecía autocumplida, como un único sujeto opositor.

Muchos referentes del progresismo citadino se preguntaron en estos días qué intereses, más allá de la coyuntura, podían unir a sectores aparentemente tan diferentes como la Federación Agraria y la Sociedad Rural. Las explicaciones, en la mayoría de los casos, reprodujeron anticuados estereotipos simplistas, ligados a imágenes de larga perduración en la memoria colectiva. De este modo, mientras los productores asociados podían presentarse ante los medios como “el campo” –y algún trasnochado llegó a ver en ellos el germen de una genuina lucha campesina, el gobierno, paradójicamente, no atinó a dar con un discurso público que lograse quebrar la unidad sectorial del bloque, y se refugió cómodamente en la imagen de un actor social singular, de vocación antidemocrática, políticamente hegemonizado por los grandes terratenientes.

2.

Por supuesto, el asunto es más complejo. Las transformaciones acaecidas en el agro argentino durante la última década son poco conocidas. No obstante, en términos estadísticos, está claro que asistimos a un renovado proceso de concentración productiva. Según un estudio elaborado por el Centro Interdisciplinario de Estudios Agrarios de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, entre 1988 y 2002 el número de explotaciones agropecuarias cayó en más de un 21%, pasando de 421.000 a 333.000. El fenómeno es más agudo en la Región Pampeana, donde, en el mismo período, la merma fue del 29%. Como contrapartida a la mencionada reducción en el número de explotaciones, el tamaño promedio de las mismas pasó de 469 hectáreas en 1988 a 588 en 2002. En la Región Pampeana, de nuevo, los números son peores: la escala promedio se incrementó en un 35%, pasando de 400 hectáreas en 1988 a 533 en 2002.(1)

Según el mismo estudio, el proceso, lejos de detenerse, se ha acelerado desde entonces. Sin embargo, la modalidad de la concentración ha variado. Fuera de la Región Pampeana, se ha incrementado la presencia directa de la gran propiedad, en la medida en que los adelantos técnicos permitieron la expansión de la frontera agraria a zonas antes improductivas. Por el contrario, en la Región Pampeana propiamente dicha, los grandes propietarios, aunque siguen estando presentes, ya no son el polo dinámico del proceso económico. Propiedad y explotación, al menos en la Pampa Húmeda, son categorías cada vez menos homologables. Como la tierra raramente se vende, aparece otra salida: el arriendo. Y otro actor: los grupos de inversión. Los nuevos protagonistas del proceso de acumulación de capital son, en efecto, los pools de siembra, grupos de inversión de tipo financiero, generalmente de origen extranjero, que arriendan una superficie de tierra significativa a diferentes propietarios por un período determinado, en general, por el término de una cosecha. Amparados en las ventajas que ofrece la combinación de diferentes factores, como una legislación permisiva, precios internacionales muy altos y un tipo de cambio extremadamente subvaluado, los pools de siembra se han consolidado como un agente económico insoslayable. Asimismo, cabe destacar que estos fondos de inversión, en la mayoría de los casos, están asociados a los oligopsonios de comercialización: un puñado de firmas multinacionales –Cargill, Bunge & Born, Dreyfuss, Noble Argentina, etc.- que concentran en sus manos, desde hace más de un siglo, la totalidad de las exportaciones argentinas al mercado mundial.(2)

3.

Este proceso, inevitablemente, ha desplazado del sector rural a miles de pequeños y medianos productores de tipo familiar. Ante la imposibilidad de competir, sea en términos técnicos, en economías de escala, o en términos de integración productiva, muchos chacareros han elegido convertirse en simples rentistas, opción que se entiende, asimismo, considerando los altos arrendamientos que perciben. En un proceso que asusta por la velocidad con que se desarrolla, la agricultura argentina se está quedando sin agricultores. Al mismo tiempo, el boom internacional de la demanda de soja vuelca las preferencias de los fondos de inversión hacia este producto, encareciendo el precio de la tierra de mejor calidad, tanto para el cultivo de otros cereales –principalmente, el trigo y el maíz- como para la actividad ganadera.

El desplazamiento, entonces, es doble: de producción y de productores. Y su repercusión sobre la cadena de precios no puede ser mayor, puesto que las actividades desplazadas, al realizarse forzosamente en tierras menos idóneas, generan mayores costos, que se traducen en significativos aumentos del precio de venta final. Aumentos que, huelga decirlo, repercuten en un ya muy golpeado mercado interno. De este modo, los pools de siembra, sin actuar como los agentes inmediatos del proceso de concentración de la tierra –pues, en general, no adquieren la misma en propiedad- se erigen en sus usuarios por excelencia, y por ende, adquieren el control del proceso productivo global.

4.

La conclusión es elemental. Cuando, el 11 de marzo, el gobierno anunció el nuevo esquema de retenciones móviles, bajo el argumento de que resultaba imprescindible detener el proceso de expansión del cultivo de soja, cometió, como mínimo, dos errores. Por un lado, centró su atención exclusivamente en qué se producía, y no en quién lo producía. Al separar ambas dimensiones, lanzó una medida no sólo explosiva, sino ineficaz: para los grandes pools de siembra, el cultivo de soja sigue siendo rentable, y por su control sobre el proceso de comercialización, estos sectores están en condiciones de descargar los nuevos costos sobre otros productores. Para los pequeños y medianos productores, en cambio, la nueva medida resultó una sentencia de muerte en términos de rentabilidad. La imposibilidad de competir con los fondos de inversión se hizo imposible. La opción por la entrega del campo en arriendo se volvió, más que conveniente, obligada. Y la reacción, desde luego, no se hizo esperar.

En otras palabras, las retenciones, lo sepa el gobierno o no, difícilmente modifiquen, siquiera en el mediano plazo, el escenario productivo del sector agropecuario argentino, pero sí tienen consecuencias inmediatas sobre el escenario social, al continuar y profundizar el proceso de desplazamiento de productores rurales. En segundo lugar, el gobierno subestimó la fuerza política de los fondos de inversión, largamente asociados a los intereses de los grandes propietarios locales. De este modo, quizás sin quererlo, galvanizó a los diferentes sectores sociales que componen el universo agropecuario argentino en un sólo interés. Detrás del negocio de la soja, como agudamente observó Alfredo Zaiat, está pariendo un nuevo bloque de poder:

“Los piquetes verdes que duraron 21 días fueron la exteriorización del poder económico emergente de los barones de la soja. A diferencia de las privatizadas y de los bancos, en este caso cuentan con el invalorable aporte, físico y discursivo, de pequeños productores, y de la clase media agraria ascendente. Como se pudo observar con nitidez en estos días, el gigantesco poder financiero del complejo sojero, que investigadores aliados al negocio de poroto denominan sin inocencia “tramas productivas”, lograron capturar el interés de políticos y de gran parte de los medios de comunicación. Hasta reductos de defensa del desarrollismo y de la industria han mudado su vocación a la tutela del negocio de la soja, integrado por grandes arrendatarios, pools de siembra, multinacionales de la semilla trasngénica, acopiadores y grandes exportadores […] El fabuloso ciclo de alza de las materias primas, impulsado por la revolución industrial tardía de China, el avance sostenido de India y el desarrollo de los biocombustibles, ha permitido la creación de un dinámico núcleo de poder económico […] El saldo del piquete del desabastecimiento fue el alumbramiento de un nuevo bloque de poder, que ha tenido como partero la invalorable colaboración de los pequeños productores”. (3)

5.

Lo cierto es que tampoco el gobierno hizo nada por evitar este proceso. Al contrario, se asoció a los sectores más concentrados, que en el contexto de la recuperación lograron balances espectaculares. No hubo consideración oficial alguna, en estos cinco años, para las consecuencias sociales del proceso socioeconómico descrito. En la coyuntura desatada por el lock out patronal, el gobierno, pese a su discurso “anti – oligárquico”, prefirió dialogar con las transnacionales y con los grandes del sector, tratando de acordar diferenciando por arriba y no por abajo. Tal vez por ello, varias propuestas de la Federación Agraria, como el proyecto para modificar la ley de arrendamientos –un aspecto central del modelo de monocultivo sojero- pasaron desapercibidas. Sin lugar a dudas, hubo aquí otro error de evaluación política: el nuevo bloque de poder se mostró más firme de lo previsto, desatando la peor crisis política desde 2001 a la fecha.

El nuevo escenario económico y social, emergente a la vez de la crisis de 2001 y de la modalidad de concentración que consolidó la recuperación posterior, requiere algo más que maquillaje. El gobierno debe actuar decididamente en contra de la concentración bajo la modalidad de arrendamientos, propulsando una nueva ley que recoja los proyectos archivados, actualizando la legislación y las fórmulas políticas del primer peronismo. Para eso, necesita recuperar paulatinamente la larga tradición de presencia estatal en el sector agropecuario, para convertirse por sí mismo en un árbitro eficiente en el terreno de la producción y comercialización de la riqueza agropecuaria del país. Después de todo, la historia argentina nos enseña que quien controle la distribución de la renta agraria, controla la economía, y, por carácter transitivo, gobierna el país.

[1] Véase Pablo Benchimol: “Latifundios y pools de siembra”, en Página 12, 20/04/08.
[2] Para un análisis del “modelo Cargill”, véase Scaletta, Claudio: “Gigantes invisibles”, en Página 12, 06/04/08.

[3] Zaiat, Alfredo: “El parto de un nuevo bloque de poder”, en Página 12, 13/04/08.

http://www.noticiasdelsur.com/nota.php?nota=7833

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