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Pedro Salmerón Sanginés: Los buenos libros de historia

 Desde que inicié la serie Falsificadores de la historia, numerosos lectores deLa Jornadatuiteros y blogueros me han preguntado, palabras más palabras menos: Si los autores más vendidos mienten con ese descaro, ¿qué libros de historia podemos leer? He dado respuestas breves, pero creo llegado el momento de hacer un paréntesis en la denuncia de los falsarios, para presentar algunos libros honestos y bien fundamentados que nos permiten conocer nuestra historia, más allá de prejuicios o ideologías.

Me preguntarán, deberán preguntarme sobre la autoridad y los criterios con que seleccioné los libros a recomendar. Por lo tanto, compartiré la responsabilidad con un grupo de historiadores que, bajo la coordinación de Evelia Trejo y Álvaro Matute, hace 12 años discutimos y seleccionamos 30 libros de historia escritos por mexicanos en el siglo XX, en función de cuatro criterios: la solidez y originalidad de la investigación; la novedad de su interpretación, su correspondencia con los hechos investigados y confrontados (mensaje a los falsificadores: la interpretación se sustenta en la investigación, no en prejuicios ni en fantasías); su buena factura (que estén bien escritos, pues); y el impacto que han tenido en el público o en el gremio (Evelia Trejo y Álvaro Matute, editores, Escribir la Historia en el siglo XX, UNAM, 2005).

Al elegir estos criterios, dejamos fuera las síntesis generales (como la Breve historia de México, de Vasconcelos), los ensayos de interpretación (como El laberinto de la soledad, de Paz); los testimonios directos (como los 8,000 kilómetros en campaña, de Obregón); y por supuesto, las novelas o los libros de ideología. También dejamos fuera a los autores extranjeros y a los aún demasiado jóvenes en el momento del cambio de siglo.

En siguientes entregas hablaré sobre la subjetividad del conocimiento histórico y sobre la necesaria relación entre interpretación e investigación, por ahora, entremos en materia. Treinta libros de 30 autores. Las reuniones para seleccionarlos fueron arduas y enriquecedoras y, al final, el siglo XX se redujo al lapso 1932-1999, con lo que quedaron fuera autores anteriores como Bulnes y Rabasa, pero entraron dos que nos abren la ventana al positivismo y al tradicionalismo que dominaban la escritura de la historia en las primeras décadas del siglo: Andrés Molina Enríquez y Vito Alessio Robles. Del primero no seleccionamos la obra fundadora de la sociología mexicanaLos grandes problemas nacionales (1909), sino el Esbozo de… la revolución agraria (1932-1936); y del segundo, Coahuila y Texas en la época colonial(1938). Don Andrés aporta una cantidad de datos que deberían leer todos aquellos que siguen creyendo, sin fundamentar su prejuicio, que no había conflictos agrarios en el porfiriato. El segundo es un monumento de erudición sobre nuestra historia regional nordestina y las razones de la pérdida de Texas.

Más cercanos a nuestras formas de hacer historia son los libros publicados en los años 40: José C. Valadés, El porfirismo (1941-1948); Jesús Sotelo Inclán, Raíz y razón de Zapata; Leopoldo Zea, El positivismo en México (1943-1944); Silvio Zavala, Ensayos sobre la colonización española en América (1944); y Salvador Toscano, Arte precolombino (1944).

Desde la historia política uno, y el otro desde la historia de las ideas y el pensamiento, Valadés y Zea presentaron un panorama equilibrado y sorprendente de ese contradictorio periodo de nuestra historia al que da su nombre el general Díaz. No hay en estos libros ni el tirano sanguinario que querrían sus detractores, ni el preclaro estadista que sueñan sus apologistas, sino el hombre fuerte de un régimen sorprendente y complejo, que a 30 años de su caída podía ser, por fin, analizado con serenidad. Como espléndido contrapunto apareció al mismo tiempo el libro de Sotelo Inclán, cuya investigación saca a la luz las profundas raíces del zapatismo y los agravios de los pueblos contra las injusticias de la modernización porfiriana, en un libro en que la solidez de los datos y la poesía de la pluma van de la mano con una explicación de largo aliento.

También resultan complementarios los libros de Toscano y Zavala, que reivindican nuestras dos raíces principales, desde una historia del arte que nacía y desde la historia de las instituciones, fuertemente influenciada por la Nueva historia francesa. Zavala pertenecía ya a una generación de historiadores interesados en la explicación del pasado para comprender el presente, de la que hablaremos en la próxima entrega.

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En mi anterior artículo iniciamos la presentación de 30 libros de historia ejemplares por la investigación en que se sustentan, su buena factura y sus aportes a la comprensión del pasado y el presente de México, con base en el libro coordinado por Evelia Trejo y Álvaro Matute Escribir la historia en el siglo XX. Continuamos hoy con autores que pretendían comprender el pasado para explicar el presente y, por lo tanto, se abstenían de juzgar la historia con criterios del presente (he ahí otros criterios para distinguir un buen libro de un panfleto ideológico). Una generación de profesionales que introdujeron nuevos temas y metodologías.

Empecemos con Justino Fernández, quien en 1952 publicó Coatlicue y en 1954Arte moderno y contemporáneo de México. Si Coatlicue es un manifiesto estético que abre los ojos a la relatividad (historicidad) de la idea de belleza, en la segunda obra muestra cómo se inauguró en México la historia del arte a partir de la discusión de ideas como estilo, personalidad y sentido, que hacen de la producción artística un espejo de la idea que de sí misma tiene una nación, una forma de entender la realidad y de situarse frente a ella. Otro fundador de escuela fue José Miranda, que en Las ideas y las instituciones políticas mexicanas, 1521-1820 (1952), relacionó las instituciones económicas y políticas con las ideas europeas trasplantadas a la Nueva España, mostrando cómo el mundo de las ideas se desprende de la realidad cotidiana. Su trabajo fue punto de partida para muchos historiadores y, aunque poco conocido fuera de la academia, es fundamental para entender los tres siglos de la dominación española.

De un impacto más evidente fue la revolución que en los estudios del pasado indígena significaron la Historia de la literatura náhuatl (1953-1954), de Ángel María Garibay, y La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes (1956), de Miguel León-Portilla. Hasta entonces sólo un puñado de eruditos conocían la poesía indígena y un puñado de arqueólogos estudiaban nuestro pasado prehispánico. Estos libros pusieron al alcance del gran público la poética, la épica, la dramática náhuatl y la interpretación de su significado. En buena medida gracias a ellos, los estudios del pasado indígena dejaron de ser una curiosidad para convertirse en una necesidad nacional. Entre el puñado de arqueólogos e historiadores contemporáneos del padre Garibay destaca Alfonso Caso, de quien se seleccionó su obra póstuma, Reyes y reinos de la mixteca (1977, completada y publicada por Ignacio Bernal), libro resultante de décadas de trabajo con los códices mixtecos y muchas otras fuentes, para presentar apenas un esbozo inicial, pero abarcador y comprensivo, de la historia mixteca.

En los albores de la profesionalización de los estudios históricos y filosóficos, se impulsaron obras colectivas de enorme aliento: en el primer terreno, el Grupo Hiperión se propuso la titánica tarea de elucidar el ser del mexicano; en el segundo, un equipo coordinado por Daniel Cosío Villegas presentó la más ambiciosa obra colectiva, totalizadora, sobre un periodo completo de nuestra historia. El historiador del Grupo Hiperión Luis Villoro propuso en El proceso ideológico de la revolución de Independencia (1953, con otro título) caminos desacostumbrados para entender a los actores sociales colectivos, en el momento en que algunos hombres y mujeres decidían inventar este país. A su vez, dentro de la colectiva y monumental Historia moderna de México (1955-1972), los tres tomos escritos por Cosío Villegas sobre la vida política de 1867 a 1911, constituyen un ejemplo de investigación exhaustiva e interpretación original y rigurosa. Ahora bien, si al lector le asustan las 3 mil páginas de don Daniel, puede optar por las Llamadas, pequeño volumen publicado por separado en el que puede tenerse una idea general de las aportaciones de la obra completa.

Cerremos este artículo con El liberalismo mexicano (1957), de Jesús Reyes Heroles, en el que un político (del que se dice que pudo ser presidente, pero no quiso) busca con rara honestidad y singular erudición el sustento ideológico de su actuación pública.

El rigor y la honestidad en el manejo y la confrontación de las fuentes, la exhaustividad de investigaciones de muchos años y la riqueza y novedad de la interpretación son elementos comunes a estos libros, verdaderos modelos del trabajo de los historiadores dignos de ese título.

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Los buenos libros de historia

Pedro Salmerón Sanginés*/III
P

ara muchos de sus lectores, Edmundo O’Gorman fue el mayor historiador mexicano del siglo XX, y no podía faltar en esta lista de 30 libros ejemplares su obra más significativa, La invención de América (1958), donde refuta la idea de descubrimiento o encuentro de dos mundos, para mostrar cómo aparece en la conciencia occidental la idea de una cuarta parte del mundo. Más allá de mostrar cómo cambia la idea del mundo en Occidente, nos hace ver cómo se construye el ser de este nuevo mundo. Muchos de los peores mitos sobre el mexicano desaparecerían si todos pudiéramos leer esta obra.

Luis González y González ya era un historiador muy reconocido cuando decidió tomarse un año sabático en su pueblo natal, San José de Gracia, Michoacán, y escribir una historia universal de ese rincón del país. Universal, en efecto: la microhistoria introducida por don Luis entiende que en lo pequeño está la cifra de lo grande, que vistas desde abajo, las transformaciones sociales, culturales y políticas adquieren otros tonos y otros ritmos. Magníficamente escrita, Pueblo en vilo (1968) es una obra maestra que nos recuerda que historiar también es conversar y conservar.

Precios del maíz y crisis agrícolas en México (1708-1810), de Enrique Florescano, se inicia mostrando con singular transparencia cómo debe proceder un historiador con respecto al análisis y la crítica de fuentes (ningún aspirante a historiador debería prescindir de su lectura), para luego, con base en esas fuentes, mostrar la pobreza de los habitantes de la Nueva España y la fragilidad de una economía atada a un solo producto en su comercio exterior (la plata) y a un solo producto para su supervivencia (el maíz). El incremento de los precios del maíz y las hambrunas recurrentes explican –entre otras cosas– el hartazgo, la ira acumulada de las multitudes que se sumaron al cura Hidalgo.

Casi al mismo tiempo se publicó Nacionalismo y educación en México, de Josefina Zoraida Vázquez, que explica cómo las políticas educativas del Estado fomentaron sentimientos de cohesión entre los habitantes del territorio mexicano, elementos de identidad que sentaron la base de la idea de nación y nacionalidad. De paso, muestra cosas importantísimas, como el hecho, que debería ser evidente, de lo endeble que eran los elementos de unidad e identidad en el México del siglo XIX, así como lo difícil que fue construirlos. También deja claro que la historia que se enseña a los niños no es eterna ni inocente y que depende de los propósitos de los gobernantes, así como de las discusiones de los historiadores. Es un libro que transforma nuestra idea de México.

Estos historiadores formaron parte de la Generación del Medio Siglo. Arnaldo Córdova pertenece ya a otra, contestataria y crítica, a la que da nombre el movimiento de 1968. Córdova buscó en la Revolución y en las ideas que durante ella se expresaron la naturaleza y los fundamentos ideológicos e históricos del Estado mexicano, alcanzándolo mediante un trabajo de interpretación agudo y riguroso. También explica cómo durante la convención zapatista y villista México conoció el debate de los problemas nacionales más auténticamente representativo, popular y democrático que jamás haya habido a lo largo de su historia, mostrando que esa era otra revolución, no la de los vencedores, lo que es una idea fundamental para entender nuestro pasado. El mismo año en que se publicó La ideología de la Revolución mexicana (1973), apareció La cristiada, de Jean Meyer, mexicano por naturalización que convirtió un tema hasta entonces reservado a la polémica y la diatriba en una parte ineludible de nuestro pasado: la guerra de parte del pueblo católico contra el Estado, a la que él puso el nombre de resonancias homéricas con que ahora se conoce el episodio.

Alfredo López Austin, maestro excepcional y hombre bueno y generoso, publicó en 1973 Hombre-dios. Religión y política en el mundo náhuatl, que es parte de un enorme esfuerzo por comprender la cosmovisión (es decir, la concepción del individuo y la comunidad, del tiempo y el espacio, de lo terrenal y lo sagrado, del devenir histórico) de los antiguos mexicanos. También es coautor –con Leonardo López Luján– de El pasado indígena (1996), que es la mejor puerta de entrada al universo histórico de los antiguos mexicanos, para los lectores no especializados.

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Nota: un grupo de historiadores ha empezado a analizar cotidianamente qué pasa hoy con la historia, en el blog: http://elpresentedelpasado.wordpress.com

Originalmente publicado en : La Jornada en tres partes

Parte 1: Link original http://www.jornada.unam.mx/2013/02/02/opinion/020a2pol

Parte2: Link original http://www.jornada.unam.mx/2013/02/15/politica/024a2pol

Parte3: Link original http://www.jornada.unam.mx/2013/02/23/opinion/020a1pol

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Konstantin Kavafis: “El Dios abandona a Antonio”

Cuando a medianoche se escuche
pasar una invisible comparsa
con música maravillosa y grandes voces,
tu suerte que declina, tus obras fracasadas
los planes de tu vida que resultaron errados
no llores vanamente.
Como un hombre preparado desde tiempo atrás,
como un valiente
di tu adiós a Alejandría, que se aleja.
No te engañes
no digas que fue un sueño.
No aceptes tan vanas esperanzas.
Como un hombre preparado desde tiempo atrás,
como un valiente
como corresponde a quien de tal ciudad fue digno
acércate con paso firme a la ventana,
y escucha con emoción -no con lamentos
ni ruegos de débiles- como último placer,
los sones, los maravillosos instrumentos de la
comparsa misteriosa
y di tu adiós a esa Alejandría
que pierdes para siempre.

Konstantin Kavafis, El dios abandona a Antonio

http://www.ciudadseva.com/textos/poesia/euro/cavafis/diosaban.htm

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Héctor Arenas A: Memoria y Porvenir

“..porque el que pone de lado, por voluntad u olvido,
una parte de la verdad, cae a la larga por la verdad
que le falto, que crece en la negligencia, y derriba lo que
se levanta sin ella.”

José Martí

El pasado jueves 28 de agosto leímos en Bogota , en Colombia , en los periódicos de la WEB la noticia de que la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ( http://www.memoriahistorica.org) ha solicitado al Juez de la Audiencia Nacional : Baltasar Garzón que “tenga en España la misma preocupación por los desaparecidos forzados que esta teniendo en otros países” después de que Juez acudiera el martes a la exhumación de una fosa común en el municipio de Apartadó, en el departamento colombiano de Antioquia (noroeste).

La lectura de la nota trajo a nuestra mente las palabras de Iván Cepeda , del movimiento de hijas e hijos por la memoria , el pasado 15 de agosto en el Aula Magna de la Universidad Santo Tomas , en Bogotá : Digamos que para quien sobrevive una masacre, para quien tiene que afrontar el hecho de ver, como ocurre en Colombia, un espectáculo publico de descuartizamiento, de tortura, de violación sexual de las mujeres, las consecuencias no son simplemente del día, de la hora en la que se produjo ese hecho, sino que son consecuencias que se prolongan en el tiempo.Y diría que esa es una primera razón. Los crímenes no son delitos, los crímenes no son hechos, los crímenes son actos que duran intemporalmente porque sus consecuencias se prolongan como una sombra en la existencia de las personas y de las sociedades.(www.palabranet.net)

Reflexionamos entonces sobre lo que significa pensar la memoria histórica en condiciones de conflicto, o quizas más exactamente: de exterminio y proceso de pacificación. Cavilamos también sobre todo lo que puede significar pensar la memoria en condiciones de post pacificación , sobre los vínculos en la memoria de las victimas que unen a los pueblos de España y de Colombia , y sobre las infinitas posibilidades que puede emanar de la comunicación fraterna y creadora de las memorias.

Nos preguntamos si la Asociación para la Memoria Histórica de España ha indagado sobre lo que significo el triunfo del Franquismo para los pueblos de Colombia y los pueblos de otros lugares del sur de América. Nos preguntamos si allí se tiene noticia de que el modelo franquista de exterminio y represión del rojo y de la diferencia a sus valores y practicas , fue replicado en Colombia desde un tiempo conocido como “La Violencia”, época de nuestro inmediato pasado en la que esta enraizada profundamente nuestro presente de sangre y miseria, no solo la material.

Joan E Garcés en su valiosa obra Soberanos e Intervenidos cita el Informe 31 de marzo de 1942 del Board of Analysts de los Servicios Secretos de los Estados Unidos sobre España en el que se indicaba que “80% por ciento de la población española podría sin lugar a dudas ser calificada de red (roja).”. No se ignora el brutal proceso de pacificación que sucedió a la victoria militar de 1939 de la alianza que reunió a las tropas de Franco, Hitler y Mussolini con la complicidad activa o pasiva de los gobiernos de Francia, Inglaterra y Estados Unidos; ese proceso de lustros significo la aniquilación, el éxodo o el sometimiento de la mayor parte de la población de España que tenía ideales de justicia y libertad.

Nos preguntamos si , como acontece aquí , la Asociación para la Memoria Histórica de España , enfrenta hoy , allí , en el día a día , una atmósfera de seguimientos , amenazas , hostigamientos e incluso crímenes, todo por adelantar un quehacer en torno a la memoria de las victimas acerca de sistematicos atentados contra la vida perpetrados directamente o con la complicidad de agentes estatales ( http://www.movimientodevictimas.org). ¿Se comprenderá allí con la inteligencia del corazón lo que hoy acontece aquí con la memoria? ¿Se vera desde allí el significado decisivo para la región , e incluso el mundo de lo que acontece hoy aquí? De una región en la que alumbran , en medio de la adversidad y el dolor , las semillas de un nuevo mundo. ¿Estarán claras las diferentes formas en las que la injusticia y la impunidad que hasta ahora imperan hoy aquí repercuten allí en forma directa, en especial en sus jóvenes? ¿Se verá con claridad que por leyes espirituales que podemos no comprender , pero que no por ello dejan de actuar, la solidaridad genuina con la memoria de aquí puede – además de proteger hoy vidas sagradas y resucitar sueños de ayer presentes , tanto en su ausencia , como en su irrefrenable emergencia – ser una vía de insospechada potencia para reavivar la memoria al tocar fibras que afectan vitalmente a la ciudadanía de allí hoy; ¿Se tendrá presente que sin espejos vivos no podemos ni conocernos ni transformarnos?

Vienen a la mente las palabras de Iván en el Aula Magna de la Universidad : las relaciones entre las victimas y los victimarios, no se concretan y no se limitan al momento de la victimizacion, sino que lamentablemente también se prolongan en el tiempo. Digamos que las victimas, los sobrevivientes, quienes han soportado los crímenes, siguen siendo o siguen temiendo estar obligados a una relación con los victimarios, y lamentablemente esas relaciones naturalmente son de sumisión, de dominio, de control, porque los victimarios no solamente tienen el poder de cometer el crimen, sino tienen el poder de instaurar un conjunto de relaciones en la sociedad, que son relaciones de dominación.

Estas palabras lanzan nuestro pensamiento a lo que significo la victoria del franquismo allí, en especial después del pacto con el que se aseguraron las bases estadounidenses en España y después el flujo masivo de inversiones para “desarrollar” a los pueblos de la península. Creemos que la raíz sobria y espiritual de estos pueblos no ha sido desintegrada por la imposición brutal y astuta del modelo egoísta que no se corresponde con la tradición noble y generosa de sus habitantes en las diferentes regiones. La Asociación por la Memoria , como muchos creadores singulares y , en especial , un asombroso y amplio tejido social en el que habita una raíz ética estremecedora por su pureza natural en la vida cotidiana, es parte decisiva también de ese arco iris que en el hacer bien lo que se hace y en el respetar, no solo de palabra , la dignidad de los otros , guarda la memoria viva de todos los represaliados.

Continúan llegando las palabras de Iván Cepeda : Basta mirar regiones enteras en Colombia , aquellas donde trabajamos como Movimiento Nacional de Victimas, Sucre o Córdoba , para decir algo , …cómo quienes han cometido los crímenes: las masacres, los desplazamientos, la desaparición forzada, no solamente se contentaron con cometer esos crímenes, sino que gobiernan hoy, son dueños de las tierras, son dueños de la vida, son dueños del espacio y el tiempo de sus victimas, tienen la posibilidad de incidir, de controlar, de disponer de las victimas sobrevivientes; y por eso las relaciones que implica la criminalidad sistemática son relaciones presentes, son relaciones vigentes, son relaciones de todos los días ; no simplemente del 9 de agosto de 1994 , la fecha que en este caso marco mi existencia, de una manera muy particular , cuando fue asesinado mi padre el Senador Cepeda , sino que se prolongan durante el tiempo como relaciones del tipo de dominación.

Las regiones controladas , son las mismas de donde salen hoy buena parte de los alijos que desintegran las vidas que desesperadas por un modelo de “vida” impuesto con fuerza brutal y astucia , huyen hacia vías de escape que están dominadas por la otra mano del sistema suicida: su mano impresentable. ¿Alguien podría creer que , por encadenamientos inverosímiles , las decisiones y los acuerdos internacionales de Franco – para expandir su modelo de exterminio y sometimiento , y evitar que en Colombia prosperasen las ideas de justicia y libertad – se convertirían en la base ideológica y el fundamento histórico de formas de control territorial y de alianzas transfronterizas que se lucran con la profanación de la planta que causa infernales estragos en jóvenes españoles , europeos y estadounidenses atrapados en el pavoroso vacío de una sociedad aprisionada por la carrera de ratas como pauta de ordenamiento social? Jóvenes que al no encontrar paz autentica en los sustitutos de la vida, en la falsedad de un consumismo que produce nauseas, se lanzan por vías de fuga que en realidad conducen a las entrañas del monstruo.

Creemos que la labor por la Memoria de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, en España, es parte de la raíz pura que habita en los pueblos de la península. Decía Marti, el nuestro americano que fue reconocido y amado por los españoles Juan Ramón Jiménez y por Miguel de Unamuno: La grandeza de los hombres no se mide por lo que alcanzan, sino por lo que desean ardientemente alcanzar. Recuperar la memoria y la dignidad de lo mejor que habitado en la península y fue perseguido, estigmatizado y arrojado al olvido, es parte de un movimiento por la vida y el decoro que trasciende las voluntades individuales en estos tiempos en los que el triunfo momentaneo de la fuerza y el engaño revelan los abismos a que conduce su forma de comprender el mundo.

Dicen los abuelos nativos de esta parte del mundo que el pasado se nos aparece como presente para remediarlo. Decía Marti : España no puede ser libre mientras tenga en la frente manchas de sangre. Aserto que es aplicable a individuos y Estados de cualquier tiempo y lugar. Los perseguidos de ayer irrumpen de nuevo hoy y dan la oportunidad de que la acción criminal, la indolencia o la indiferencia cómplice, sean corregidas. La memoria permite iniciar la curación de un pasado que persigue como sombra implacable.No se trata de remover heridas y alentar odios. Se trata de redimir , sanar y refundar. Hay una memoria de la luz, una memoria de las ideas, lo sueños, los hechos de quienes han actuado con entereza guiados por un amor superior a sus comunidades y a la humanidad, una memoria de seres sencillos e inocentes cuya única culpa fue la de ubicarse en la mira del la voluntad delirante de exterminio masivo. Sobre esta memoria se ha pretendido tender el olvido. Hay una historia oficial que esconde los atentados contra el valor sagrado de la vida y la libertad y sobre la que se sostienen las usurpaciones del presente. Decía Martí: cuando se ha vivido bien, el féretro es un carro de triunfo…Va a reposar el que lo dio todo de si, e hizo bien a los otros. Va a trabajar de nuevo, el que hizo mal su trabajo en esta vida”

La esperanza del mundo fue ahogada en sangre en España con la coalición de quienes creían en su fuerza material como razón superior y con la indiferencia cómplice de quienes actuando así servían a sus intereses, pero no a su espíritu. Con esa embestida contra lo mas puro y luminoso que habitaba en la península, no solo robaron –momentáneamente- a los pueblos España un porvenir enraizado en el decoro , en la libertad , en el bien , sino que también robaron a nuestra América , a la América vinculada a España , esa misma raíz de porvenir en un momento en el que los pueblos de esta parte del mundo encontrábamos una España que hasta ese momento desconocíamos porque solo teníamos noticia en la memoria de la sangre de la barbarie y los oprobios de la conquista y la colonia y en el entendimiento de la historia oficial. La luz robada nos fue suplantada con la implantación del designio de exterminio de la diferencia ¿Cuantas vidas irrepetibles, cuantas niñas y niños, cuantos humildes, cuantos liderazgos sociales fueron aniquilados en ese momento en Colombia? ¿¿Como dimensionar la magnitud pavorosa del estrago social causado al tajar el tejido social de esa manera? ¿Como desconocer las conexiones entre ese pasado reciente y el infierno de violencia abierta o soterrada en que ha sido convertida la vida colectiva en este territorio?

La comunicación entre las formas organizativas de los pueblos horada un fundamento decisivo de los poderes mundiales que tan catastróficamente han conducido hasta ahora al mundo: el control monopólico sobre la información esclarecedora en torno al pasado en el que esta edificado el presente. Tenemos la convicción de que no hay conflicto ni competencia posible entre la memoria de la luz en España y en nuestra América. Todo lo contrario: su memoriar sin barreras significa arrojar claridad sobre las cruces y las cadenas ocultas con las que se ha pretendido sacrificar y hundir el sueño de dignidad que se respira tanto en esta parte del sur, como en la península. Su memoriar sin autocensura significa redimir el significado de sueños de justicia, libertad, cooperación y respeto a la naturaleza cuyo valor infinito se aprecia hoy ante el irremediable colapso social y ambiental del orden egoísta y de fratricida competencia. El hermano que puede ha de tender la mano al hermano que la precisa. Y quizás se sorprenda al darse cuenta de que ayudar es la mejor forma de ayudarse, cuando una finalidad no egoísta guía la acción. Los poderes materiales que se han erigido sobre el olvido impuesto o inducido en España se nutren para su infausto accionar de los recursos sangrantes que les proporciona la replica en el sur de su astuto y penoso laboratorio de aniquilación, éxodo y control.

Pero, como señalara Martí: El mal es accidental: solo el bien es eterno. Contra el dogma del mal eterno, el dogma nuevo del eterno trabajo por el bien. Confiar en lo que no se conoce no mejora mundos, sino trabajar en ello.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=72175

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Ángel Guerra Cabrera: Paraguay despierta

El ascenso de Fernando Lugo a la presidencia de Paraguay es otro jalón en la ola transformadora de América Latina, nutrida de sustanciosas y multicolores savias populares. Lugo encarna el cristianismo de profunda entraña ética que alumbró en el Nuevo Mundo cuando Bartolomé de las Casas abogó en defensa de sus pueblos originarios, luego resonante de tintes indígenas y africanos en las campanadas libertarias de Dolores, hasta sentar en la segunda mitad del siglo XX, con la teología de la liberación, una impronta en la lectura de los evangelios abrazada definitivamente a los pobres de la Tierra y enriquecedora de las corrientes laicas del pensamiento revolucionario latinoamericano.

Su memorable discurso de toma de posesión evoca la fecunda tradición de experiencias emancipatorias muy diversas que han hecho posible y perfilado el gran cambio latinoamericano actual, y se pronuncia ardorosamente por la pertinencia de su rescate. Pese a que los tiempos que corren –afirmó– se obstinan en demostrarnos que el pasado es una construcción sin implicancias en el devenir, nosotros queremos encontrar sus valores y sus signos para que en la semiótica del futuro se encuentren nítidas las motivaciones que claman por un mañana que reitere los logros y no repita los errores.

Al reivindicar a Gaspar Rodríguez de Francia y a los López, padre e hijo, como referentes del proceso que inicia en Paraguay, Lugo se colocó en la vertiente histórica más avanzada de América Latina, pues fue bajo la conducción de esos hombres que se fundó la primera experiencia exitosa de construcción nacional antioligárquica, antimperialista y antiliberal al sur del río Bravo. Allí, a diferencia de lo que ocurría en los demás países de América Latina en el siglo XIX, no había campesinos sin tierra ni mendigos ni ladrones ni niños que no supieran leer ni escribir; el ferrocarril, el telégrafo y la siderurgia surgieron y funcionaron espléndidamente como empresas del Estado; las exportaciones sostenían la inversión y el gasto social en una administración pública austera y honrada; había superávit fiscal y no existía deuda externa, los indígenas recibieron la ciudadanía y se rescató su modelo de agricultura de dos cosechas anuales; existían reservas nacionales para los malos tiempos y no se conocía el hambre. Aquello era intolerable cuando auspiciada por Inglaterra se imponía en el mundo la religión del libre comercio, adoptada ciegamente por las oligarquías del Río de la Plata y del imperio lusobrasileño. Como luego harían con Fidel Castro, Salvador Allende, Hugo Chávez y Evo Morales, los periódicos liberales satanizaban a Francisco Solano López: el Atila de Asunción era uno de los calificativos que le endilgaban al líder del único proyecto de desarrollo económico y social independiente triunfante en el continente.

Bajo la batuta del Foreign Office y de su embajador en Buenos Aires se preparó meticulosamente la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay, financiada, cómo no, por la banca británica, que Eduardo Galeano fulminó en su imprescindible obra Las venas abiertas de América Latina como el capítulo más infame de la historia latinoamericana. Las oligarquías de Argentina, Brasil y Uruguay lanzaron sus ejércitos a una operación genocida que casi exterminó al pueblo paraguayo. La campaña militar que Bartolomé Mitre calculó en tres meses duró cinco años. Al final no había sobrevivido ningún paraguayo entre 15 y 65 años, sólo quedaba con vida 25 por ciento de la población tras una heroica resistencia finalizada dramáticamente con la caída en combate de López al frente de los restos famélicos y harapientos de su pueblo en armas. “Muero con la patria”, se ha afirmado que exclamó en el postrer momento. Y es que aquel Paraguay, ejemplo de soberanía, independencia y dignidad, dejó de existir con él.

Por eso Lugo ha dicho que “la digna estirpe paraguaya despierta nuevamente”. Así será.

La Jornada

http://www.jornada.unam.mx/2008/08/21/index.php?section=opinion&article=034a1mun

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J. Enrique Olivera Arce: Reforma energética. ¿Por qué tanta prisa?

La derecha no para mientes en su propósito de imponer a la Nación un proyecto ajeno a la historia e intereses del pueblo de México. La tarea de desinformar, en el tema del petróleo, que por cierto no es tema menor,  es constante y cotidiana, valiéndose de todos los recursos disponibles para lograr su propósito. En este contexto, se inscribe la labor de zapa de muchos políticos, legisladores y comunicadores encargados de magnificar diagnósticos catastróficos, propalar verdades y mentiras a medias y descalificar a quienes patrióticamente se manifiestan a favor de defender un recurso natural, que es propiedad social de todos los mexicanos,  y al que al Estado se le tiene encomendado ejercer dominio exclusivo en su explotación.

En este escenario, llama la atención el que algunas voces, magnificadas por los medios de comunicación, opongan al debate en el seno del Senado, una prisa injustificada por la aprobación en el Congreso de la Unión de la llamada “reforma energética”. Eso sí, para no confrontar su insistencia con el pensar de las mayorías, aclaran que debe preservarse la rectoría por parte del Estado; cuidándose de poner un velo que medianamente oculte el propósito último de transferir la explotación petrolera a particulares y, específicamente, a empresas extranjeras.

Para justificar la prisa, se antepone lo urgente a lo importante. Hablándose de la necesidad de satisfacer demandas y rezagos, lo mismo en materia de pago de pasivo ambiental, abatimiento de la pobreza, del analfabetismo, de la insalubridad, de las carencias de infraestructura social y productiva, como de la reconstitución del campo mexicano frente a una inminente crisis alimentaria. Todo con cargo a la renta petrolera y en el marco de un diagnóstico amañado de la situación que guardan la Paraestatal (PEMEX) y las reservas disponibles de hidrocarburos.

Privilegiándose la idea no probada de que en las condiciones actuales, Pemex no genera suficientes recursos para apalancar tanto su propio desarrollo como el del país en su conjunto; que las reservas probadas actuales se agotarán en un período de 9 años y que, por tanto, urge acceder a mantos petrolíferos presuntamente existentes en aguas profundas del Golfo de México. Cuanto antes se “modernice” la Paraestatal y se acceda al “tesorito” calderonista, mejor, dice la derecha, calificando al debate en el Senado como “estéril Torre de Babel”.

Pasándose por alto que los resultados que se derivan del debate en el Senado, no sólo implican  confrontar o validar  criterios y propuestas tendientes a rescatar, fortalecer y modernizar a la Paraestatal. También está de por medio el valorar visiones y estrategias de largo aliento que comprometen el futuro de México.

Pemex no es una empresa mercantil más, a la que haya que adaptar a  modernas corrientes y modelos de organización y gestión; la materia prima sobre la que opera, es un recurso no renovable y de carácter estratégico para la Nación; su objeto último no es el de cualquier empresa privada cuya finalidad  es la acumulación y reproducción de la ganancia, a su rentabilidad económica se le hace acompañar por la rentabilidad social en beneficio de todos. Entre otras cosas, aporta contribuciones fiscales a la Federación, que ningún otro tipo de empresa privada estaría dispuesta o en condiciones de pagar. Ni se puede ni debe, sometérsele en su modernización únicamente a criterios economicistas ó inmediatistas, de ajuste e inserción a la economía global, basados en expectativas de urgencia. Muchos menos a intereses políticos de corte sexenal, como los ya explicitados por algunos gobernadores.

Pero hay algo más, que no se quiere tomar en cuenta, ó que de considerarlo, le inquieta a la derecha, le ofende y le teme: El debate sobre el petróleo que tiene lugar en el Senado, con todo y sus limitaciones y propósitos últimos presuntamente negociados con anterioridad en lo oscurito, reivindica, así sea de manera imperfecta, el derecho de todo ciudadano a estar informado y ser escuchado, así como la obligación de la representación popular a dar cuenta de su gestión a los electores. Principios democráticos cuyo ejercicio aún en ciernes, es de la mayor relevancia para la vida actual y futura de la Nación.

A lo que habría que agregar, como un “plus”, (y en esto reside la urgencia de la derecha para cancelar el ejercicio y forzar la aprobación de las iniciativas), que el debate en el Senado se ha hecho extensivo a la calle. Contribuyendo  con una importante lección al pueblo de México, sobre la necesidad imprescindible en todo tiempo y con mayor razón en tiempos de crisis, del retorno a la vigencia plena de nuestra Carta Magna; entendiendo esta como el pacto social, político y programático, que los mexicanos nos hemos dado para propiciar una equilibrada e incluyente convivencia entre diferentes, a lo largo y ancho del territorio nacional. Ello implica para todos, el conocerla, leerla a conciencia, y asimilarla a cada uno de nuestros actos en la vida cotidiana; lo mismo en el terreno de lo social que en lo económico, político y cultural; así como exigir de las autoridades su cabal cumplimiento.

La Constitución General de la República no es historia inerte plasmada en un texto. Es la historia viva de una Nación que a lo largo del tiempo y tras mucha sangre derramada, deja como legado y lo proyecta al futuro, lo que el pueblo de México quiere y debe entender por una sana convivencia sustentada en la paz, la concordia, el respeto mutuo, el trabajo, la educación, la salud, y el acceso a una vida digna. Lo que debe entender como aspiración a un modelo de país que le satisfaga en sus necesidades de crecimiento y desarrollo. Honrarla, respetarla  y defenderla, es honrar, respetar y defender nuestra propia historia como pueblo. La Carta Magna, es pasado, presente y futuro de México. En ella reside nuestra voluntad soberana y en ella descansa lo que debemos entender por defender el petróleo de la Nación.

Lección de vida que la derecha no puede suprimir a voluntad, de un plumazo y a espaldas de la Nación. De ahí la prisa.

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Jordi Soler: La mala educación

El endurecimiento de las medidas contra los inmigrantes que aparece cíclicamente en la agenda de la Unión Europea tiene mucho de amnesia y un buen porcentaje de ingenuidad, porque si algo demuestra la historia de los flujos y reflujos migratorios de todos los tiempos es que no hay ley, ni muro, ni forma de impedir la entrada de una persona que, con el irreprochable objetivo de alimentar a su familia, pretende introducirse en un país que le ofrezca mejores oportunidades que el suyo.

La dureza española con la inmigración latinoamericana debería pesar en la conciencia colectiva

¿Olvida España que muchos de sus hijos emigraron a América Latina?

Europa, y aquí viene la amnesia, le debe la vida a todos esos europeos que emigraron a otras latitudes en busca de fortuna; el soplo que trajo el Nuevo Mundo fue crucial para la consolidación del Viejo Continente. ¿Qué hubiera sido de la hoy pujante y boyante Irlanda si en el siglo XIX, durante la gran hambruna, Estados Unidos hubiera “endurecido” las medidas contra los inmigrantes? Éste es un asunto de conciencia nacional con el que tendrán que lidiar en su momento los irlandeses. En cuanto a nosotros, en España también tenemos nuestra propia cuota de amnesia, que nos lleva a hacer cosas que, si nos ajustásemos a cualquier manual de urbanidad básica, serían calificados como esos actos impropios que hace la gente maleducada y malagradecida.

Ahora voy a recordar una historia que debiera ser inolvidable, máxime en estos momentos: en el año de 1937, en la sede de la Sociedad de Naciones, en Ginebra, todas las democracias del mundo hacían la vista gorda para no condenar el golpe de Estado del general Franco, ni la intervención de Alemania e Italia en la Guerra Civil española. El silencio y la pasividad de aquellos gobiernos frente al golpe contra la República legítimamente constituida fue, y sigue siendo, una vergüenza.

Sólo un país defendió entonces, contra viento y marea, al Gobierno de la República: México. El presidente Lázaro Cárdenas, a través de su embajador en Ginebra, Isidro Fabela, dijo, ante el pasmo de todos los demás, cosas como ésta: “El Gobierno mexicano no reconoce, ni puede reconocer, otro representante legal del Estado español que el Gobierno republicano”. El resto guardó silencio con tanta disciplina que, unos años más tarde, el Gobierno golpista español conseguiría un asiento en la ONU, el organismo en que se convirtió la Sociedad de Naciones, como si se tratara de un gobierno normal, legítimamente elegido por el pueblo.

Lázaro Cárdenas sostenía que las personas que, por cualquier razón, tenían que abandonar su país debían ser recibidas por otro. Esto le parecía un principio de elemental humanidad, y guiado por este principio ofreció asilo a miles de inmigrantes,entre ellos, a decenas de miles de españoles que no sólo habían perdido la guerra sino también su país. Ante el fracaso de su embajador Fabela, cuyos esfuerzos por defender el Gobierno legítimo de Manuel Azaña fueron premiados con un sonoro silencio, Cárdenas abrió las puertas de México a cualquier inmigrante español, con profesión o sin ella, sin más trámite que la necesidad, o el deseo, de rehacer su vida y labrarse un porvenir en aquel lejano país de ultramar.

En estos días en que la Unión Europea endurece, un poco más, las medidas contra los inmigrantes “sin papeles”, no está de más tener presente esta historia, que tiene apenas 70 años de antigüedad, y no está de más recordarla porque las normas comunes que salen de Bruselas, que intentan controlar el flujo de emigrantes que entra todos los días a Europa, no son más que una aproximación, un tanteo, a veces bastante torpe, que con frecuencia se agita según los aires políticos del momento.

Estados Unidos, que nos lleva décadas de ventaja en este tema, se ha cansado de construir muros y leyes y de inventar cuerpos de policía especiales, y aun así no ha podido encontrar la solución para que los emigrantes latinoamericanos dejen de colarse por sus fronteras. La inmigración es el peaje inevitable que tienen que pagar los países ricos, y todo lo que puede hacerse al respecto es, más o menos, acotarla. Porque sin este margen se caería en la persecución, en la criminalización del inmigrante, en la instauración de un Estado policiaco que iría en contra de lo que es Europa, un territorio donde ante todo se practican los valores de respeto de la dignidad humana, sin los cuales este continente se convertiría en un holding de empresarios dedicados a la multiplicación de sus riquezas.

Dentro del margen que el fenómeno exige, cada país europeo debe tener presente su propio historial migratorio, que es parte indisociable de su historia, una particularidad que no puede meterse en el saco general de medidas de la Unión Europea. Por ejemplo, España tiene responsabilidades con Latinoamérica que Irlanda no tiene, porque España, guste o no, es la madre patria de aquel continente y además, a lo largo de su historia, los españoles han emigrado con bastante normalidad a aquellos países; cosa que, hasta hace unos años, también sucedía a la inversa.

Pero aquel periodo idílico, de elemental justicia, se ha terminado: la urgencia europea por controlar el aterrizaje, o el desembarco, de los inmigrantes, ha provocado, entre otras cosas, que el Gobierno español pase por alto esos años, nada remotos, en los que para progresar, para ganarse mejor la vida, había que irse de España, había que emigrar a otro país.

Pondré como ejemplo el caso de un mexicano que quiera viajar a España, porque es el que mejor conozco, porque tiene que ver con esa historia de conmovedora solidaridad que protagonizó el presidente Lázaro Cárdenas, y porque ilustra perfectamente cómo las medidas contra el inmigrante se han endurecido de manera irracional. Setenta años después de aquella historia, todo mexicano que venga, no a quedarse, sino a pasear a España tiene que someterse a un control nada cortés en el aeropuerto de Barajas o en el de El Prat; un control en el que un oficial le exigirá que enseñe el billete de vuelta, una cantidad mínima de 57 euros por cada día de estancia, el comprobante de una reserva de hotel y, si se trata de un turista que viene a visitar a un familiar o amigo, es decir, que no se hospedará en un hotel, una carta de invitación que previamente ese sufrido familiar o amigo habrá tenido que ir a tramitar a la comisaría de su barrio. Hay que añadir, porque no sobra, que los mexicanos son una minoría en España; una minoría que no sólo no amenaza la integridad de la Unión Europea, sino que ni siquiera pinta en las estadísticas del Ministerio de Trabajo e Inmigración.

Estas medidas duras e inútiles, que se aplican sin ningún rubor tanto a los mexicanos como a la mayoría de los latinoamericanos, hijos todos de la madre patria, deberían pesar en la conciencia colectiva de España, que hoy es rica y próspera gracias a sus emigrantes y a sus inmigrantes. Olvidar esto, pasarlo por alto, es de gente mal educada.

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Ricardo Zedano: ‘Logros’ y fracasos al manipularse la información en América Latina

Abril es uno de los meses del año en que se recuerda una serie de fechas que han marcado la historia de cada pueblo, cada país, cada continente etc. Así pues, tenemos acontecimientos que tuvieron lugar en algunos países latinoamericanos en el mencionado mes -claro está- en diferentes años, diferentes épocas, diferentes siglos.

Como por ejemplo, el 2 de abril de 1867 Porfirio Díaz derrota al ejército francés durante la Segunda Intervención Francesa en México; el 17 de abril de cada año Cuba celebra el ‘Día de la Revolución Socialista’ como consecuencia de la invasión norteamericana que tuvo inicio en Playa Girón ese mismo día del año 1961; el 13 de abril Venezuela celebra el retorno del presidente Hugo Chávez al poder 47 horas después del golpe de Estado perpetrado el 11 de abril de 2002.

Entre los dos últimos sucesos hay algo en común. Ambos testimonian dos de las tres grandes e históricas derrotas que el gobierno norteamericano experimentó en tierras latinoamericanas, tal como lo recordara en Caracas el presidente venezolano, Hugo Chávez, al felicitar a la Revolución Cubana el 19 de abril del presente año con motivo del 47 aniversario de la victoria en Playa Girón sobre tropas invasoras apoyadas por los Estados Unidos de Norteamérica. Sin embargo, existe algo que también los diferencia muy remarcadamente: la magnitud con la que se manipula la información en su difusión mediante los medios de comunicación masiva para formar estereotipos con el afán, por ejemplo, de intervenir en los asuntos internos de muchos países que no aceptan se les imponga un mundo unipolar; de derrocar presidentes como en el caso de Hugo Chávez, quien fue destituido en abril de 2002 mediante un golpe de Estado orquestado por la CIA; de desestabilizar regiones, etc.

En lo que respecta al último suceso señalado en el párrafo anterior se puede citar el caso en el que se ve involucrada y de esta manera desprestigiada la prensa latinoamericana a nivel mundial: ‘El 29 de octubre del 2001 la Embajadora de turno del Departamento de Estado Donna Hrinak se entrevistó con el Presidente Chávez para ‘plantearle algo’ en el Palacio de Miraflores, hecho que fue calificado por la parte venezolana como un regaño a Hugo Chávez por su discurso: ‘Los niños afganos muertos no tienen la culpa del terrorismo de Osama Bin Laden. Solicito a Washington que cese los bombardeos y que detenga la matanza de inocentes. No se puede combatir el terrorismo con el terrorismo de Estado’. Ante el regaño que presentó por escrito la citada Embajadora a nombre de sus superiores, fue invitada a abandonar la oficina del presidente. Esto dio el inicio al plan de derrocamiento que se venía preparando desde hace mucho tiempo. Claro que hubo otros elementos que incrementaron la presión imperialista como la visita que el presidente Chávez había iniciado soberanamente en diversos países del mundo y al mismo tiempo la decisión de rehabilitar la OPEP que en esos momentos se encontraba en su peor situación.

Los que organizaron el golpe de Estado se apoyaron en una excusa de alguna forma, yo diría, que no menos trascendente para ocultar la verdad y la razón del citado golpe, cuando veían que uno de los países que ellos consideraban satélite se les escurría como el agua entre los dedos. Entonces viene la patronal que decreta la huelga en función de unas leyes que el mismo pueblo venezolano había creado, leyes habilitantes que en número de 47 fueron otorgadas al presidente para que sean promulgadas en el más corto plazo puesto que la constitución venezolana necesitaba de instrumentos para que sea puesta en ejecución.

Participaron en la organización del cruento golpe de Estado en primer lugar el poder de los medios de comunicación a lo que en Venezuela llamamos la ‘mediocracia’, pero estos no fueron los que por sí mismo organizaron y ejecutaron el golpe. Sin embargo, el periódico ‘El Nacional’, uno de los periódicos que se leía más en aquella época, pero ahora no, titulaba ‘Marchar hasta que se marche’ el 10 de abril del 2002, el otro titular por la mañana al día siguiente era ‘La batalla final es en Miraflores’, pero la patronal empresarial FEDECAMARAS dirigía al golpe, la Corporación de Trabajadores de Venezuela que en otrora era reivindicadora de las luchas sociales de los trabajadores, cuya directiva se encontraba al frente del golpe; la cúpula militar, generales y coroneles, la Iglesia, pero no la iglesia de base, no la iglesia que cree en Dios, sino la dirigencia católica al mando de la cual estaba el Jefe del Episcopado venezolano, el Departamento de Estado, sin que tengamos que ocultar algo porque no vemos porqué h
acerlo, dirigía las operaciones desde Washington a través de dos instituciones de inteligencia: una dependiendo directamente de él, y otra ubicada en oriente medio; y por detrás de toda esta organización la Fundación Nacional para la Democracia, reitero ‘Fundación Nacional para la Democracia’, fundación a través de la cual llegaban los dólares para financiar el evento organizado de forma previa. El golpe se inicio el 11 de abril con una marcha, como acabo de mencionar, convocada con todos esos elementos para protestar contra las leyes habilitantes, pero como decía el ‘Nacional’: la batalla final es en Miraflores, hacia donde se dirigió y en donde los francotiradores provocadores de la confrontación entre los venezolanos estaban apostados en los hoteles Ausonia y Edén…’ – señaló el Embajador de la República Bolivariana de Venezuela en la Federación de Rusia, señor Alexis Navarro quien fue testigo y también víctima del golpe.

Otro caso en el que se ve involucrada la prensa, pero en esta ocasión la europea, es el que tuvo lugar en marzo del año en curso: como atizando el fuego en las delicadas relaciones diplomáticas entre Ecuador y Colombia, después de que el último injustificadamente incursionara militarmente en territorio ecuatoriano, el diario ‘El País’ de España publica un artículo titulado ‘Las FARC hallan refugio en Ecuador’, lo que produjo la reacción inmediata de José Miguel Insulza, Secretario General de la OEA, repudiando categóricamente supuestas declaraciones de un presunto funcionario de la OEA, consignadas en el citado artículo. El titular de la Secretaría General de la OEA manifestó su sorpresa porque tan prestigioso diario haya incurrido ‘en un error de esta categoría’ que atenta contra la verdad, afecta el prestigio de un gobierno y perjudica la gestión conciliadora de la Organización.

Es una pena que muchos periodistas en el mundo hayan caído en la desgracia convirtiéndose en herramientas y vasallos de los ricos que, al parecer, les pagan para que destruyan la verdad haciéndose cómplices de malévolos planes y conspiraciones sin importarles y olvidándose de la ética profesional y la responsabilidad que tienen ante la sociedad mundial. Para ellos consigno en líneas abajo el punto número 8 de la Declaración de Principios sobre la Conducta de los Periodistas que puntualiza los deberes esenciales de los periodistas en la búsqueda, la transmisión, la difusión y el comentario de las noticias y de la información, así como en la descripción de los sucesos: el periodista considerará como faltas profesionales graves el plagio, la distorsión mal intencionada, la calumnia, la maledicencia, la difamación, las acusaciones sin fundamento, la aceptación de alguna gratificación a consecuencia de la publicación de una información o de su supresión.

La ‘libertad de expresión y de prensa’ de entre otros aspectos de la vida, no significa libertinaje. ‘Si los célebres liberales del pasado, que sacrificaban sus vidas por la libertad, el honor, el valor, incluso por la patria, como por ejemplo Giuseppe Garibaldi, defensor de la libertad y de su patria, Italia, vieran qué es lo que en la actualidad se considera apoteosis de la libertad en Occidente se horrorizarían. Reducir el concepto de libertad a las libertades físicas, pues se caería en un error porque en realidad no existe libertad. Todo lo contrario, se cae en la esclavitud puesto que el hombre depende de parámetros muy específicos: un medio físico, temperatura del medio ambiente, de oxígeno, ingerencia de alimentos, necesidades biológicas. Por ello la libertad espiritual era siempre muy valorada, ya que esta daba la oportunidad de controlar el cuerpo. Ahora es todo lo contrario, todo lo que se desea y se hace es considerado libertad’, como lo señalará Natalia Narochnitskaya, Doctora en Historia.

Las causas injustas no tendrán cabida ni éxito en el mundo ni muchos menos en países donde construyen su propia democracia y no la que tratan de imponer, como por ejemplo a Rusia. Con esa obsesión con la que algunos tratan de convencer a otros de que su ‘democracia’ es la que tiene que ser vigente en el mundo, están haciendo algo semejante a lo que Natalia Narochnitskaya destacó en una rueda de prensa con periodistas extranjeros en la sede de la Fundación de Perspectiva Histórica en la ciudad de Moscú, y contra lo que lucharon ellos mismos: ‘El liberalismo de Occidente pregona: denle a todos igual democracia, iguales derechos (declarados y defendidos por el Estado) y ninguna contradicción habrá. Lo que la doctrina comunista decía: denle a todos igual trozo de pan y no habrá ningún problema, y todos se unirán en una sola comunidad. Y el Estado, como solía decir Lenin, ha de ser destruido, incluso el democrático’.

En algunas partes del mundo se comparte el pensamiento que el Embajador de Venezuela pronunciara el 14 de abril del presente año en conmemoración al sexto año del retorno de Chávez al poder: ‘¿Qué es la democracia? Me atrevo a decir lo que escribí respecto a lo que considero democracia. Y aquí no comprometo a mi gobierno, sino que deseo expresar mi opinión personal: para mi la democracia es un hecho caprichoso que se comporta según su factor. Pues sí, el factor de la democracia es el pueblo venezolano, y por esta razón tiene el monopolio de escribir su historia y ha tomado conciencia de que quiere y debe ser libre, responsable de su destino y que comparte y se quiere hacer acompañar con los hermanos de Latinoamérica, del Caribe y de Rusia…’.

* Argenpress
* http://www.argenpress.info/nota.asp?num=054416&Parte=0

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