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Pedro Salmerón Sanginés: Los buenos libros de historia

 Desde que inicié la serie Falsificadores de la historia, numerosos lectores deLa Jornadatuiteros y blogueros me han preguntado, palabras más palabras menos: Si los autores más vendidos mienten con ese descaro, ¿qué libros de historia podemos leer? He dado respuestas breves, pero creo llegado el momento de hacer un paréntesis en la denuncia de los falsarios, para presentar algunos libros honestos y bien fundamentados que nos permiten conocer nuestra historia, más allá de prejuicios o ideologías.

Me preguntarán, deberán preguntarme sobre la autoridad y los criterios con que seleccioné los libros a recomendar. Por lo tanto, compartiré la responsabilidad con un grupo de historiadores que, bajo la coordinación de Evelia Trejo y Álvaro Matute, hace 12 años discutimos y seleccionamos 30 libros de historia escritos por mexicanos en el siglo XX, en función de cuatro criterios: la solidez y originalidad de la investigación; la novedad de su interpretación, su correspondencia con los hechos investigados y confrontados (mensaje a los falsificadores: la interpretación se sustenta en la investigación, no en prejuicios ni en fantasías); su buena factura (que estén bien escritos, pues); y el impacto que han tenido en el público o en el gremio (Evelia Trejo y Álvaro Matute, editores, Escribir la Historia en el siglo XX, UNAM, 2005).

Al elegir estos criterios, dejamos fuera las síntesis generales (como la Breve historia de México, de Vasconcelos), los ensayos de interpretación (como El laberinto de la soledad, de Paz); los testimonios directos (como los 8,000 kilómetros en campaña, de Obregón); y por supuesto, las novelas o los libros de ideología. También dejamos fuera a los autores extranjeros y a los aún demasiado jóvenes en el momento del cambio de siglo.

En siguientes entregas hablaré sobre la subjetividad del conocimiento histórico y sobre la necesaria relación entre interpretación e investigación, por ahora, entremos en materia. Treinta libros de 30 autores. Las reuniones para seleccionarlos fueron arduas y enriquecedoras y, al final, el siglo XX se redujo al lapso 1932-1999, con lo que quedaron fuera autores anteriores como Bulnes y Rabasa, pero entraron dos que nos abren la ventana al positivismo y al tradicionalismo que dominaban la escritura de la historia en las primeras décadas del siglo: Andrés Molina Enríquez y Vito Alessio Robles. Del primero no seleccionamos la obra fundadora de la sociología mexicanaLos grandes problemas nacionales (1909), sino el Esbozo de… la revolución agraria (1932-1936); y del segundo, Coahuila y Texas en la época colonial(1938). Don Andrés aporta una cantidad de datos que deberían leer todos aquellos que siguen creyendo, sin fundamentar su prejuicio, que no había conflictos agrarios en el porfiriato. El segundo es un monumento de erudición sobre nuestra historia regional nordestina y las razones de la pérdida de Texas.

Más cercanos a nuestras formas de hacer historia son los libros publicados en los años 40: José C. Valadés, El porfirismo (1941-1948); Jesús Sotelo Inclán, Raíz y razón de Zapata; Leopoldo Zea, El positivismo en México (1943-1944); Silvio Zavala, Ensayos sobre la colonización española en América (1944); y Salvador Toscano, Arte precolombino (1944).

Desde la historia política uno, y el otro desde la historia de las ideas y el pensamiento, Valadés y Zea presentaron un panorama equilibrado y sorprendente de ese contradictorio periodo de nuestra historia al que da su nombre el general Díaz. No hay en estos libros ni el tirano sanguinario que querrían sus detractores, ni el preclaro estadista que sueñan sus apologistas, sino el hombre fuerte de un régimen sorprendente y complejo, que a 30 años de su caída podía ser, por fin, analizado con serenidad. Como espléndido contrapunto apareció al mismo tiempo el libro de Sotelo Inclán, cuya investigación saca a la luz las profundas raíces del zapatismo y los agravios de los pueblos contra las injusticias de la modernización porfiriana, en un libro en que la solidez de los datos y la poesía de la pluma van de la mano con una explicación de largo aliento.

También resultan complementarios los libros de Toscano y Zavala, que reivindican nuestras dos raíces principales, desde una historia del arte que nacía y desde la historia de las instituciones, fuertemente influenciada por la Nueva historia francesa. Zavala pertenecía ya a una generación de historiadores interesados en la explicación del pasado para comprender el presente, de la que hablaremos en la próxima entrega.

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En mi anterior artículo iniciamos la presentación de 30 libros de historia ejemplares por la investigación en que se sustentan, su buena factura y sus aportes a la comprensión del pasado y el presente de México, con base en el libro coordinado por Evelia Trejo y Álvaro Matute Escribir la historia en el siglo XX. Continuamos hoy con autores que pretendían comprender el pasado para explicar el presente y, por lo tanto, se abstenían de juzgar la historia con criterios del presente (he ahí otros criterios para distinguir un buen libro de un panfleto ideológico). Una generación de profesionales que introdujeron nuevos temas y metodologías.

Empecemos con Justino Fernández, quien en 1952 publicó Coatlicue y en 1954Arte moderno y contemporáneo de México. Si Coatlicue es un manifiesto estético que abre los ojos a la relatividad (historicidad) de la idea de belleza, en la segunda obra muestra cómo se inauguró en México la historia del arte a partir de la discusión de ideas como estilo, personalidad y sentido, que hacen de la producción artística un espejo de la idea que de sí misma tiene una nación, una forma de entender la realidad y de situarse frente a ella. Otro fundador de escuela fue José Miranda, que en Las ideas y las instituciones políticas mexicanas, 1521-1820 (1952), relacionó las instituciones económicas y políticas con las ideas europeas trasplantadas a la Nueva España, mostrando cómo el mundo de las ideas se desprende de la realidad cotidiana. Su trabajo fue punto de partida para muchos historiadores y, aunque poco conocido fuera de la academia, es fundamental para entender los tres siglos de la dominación española.

De un impacto más evidente fue la revolución que en los estudios del pasado indígena significaron la Historia de la literatura náhuatl (1953-1954), de Ángel María Garibay, y La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes (1956), de Miguel León-Portilla. Hasta entonces sólo un puñado de eruditos conocían la poesía indígena y un puñado de arqueólogos estudiaban nuestro pasado prehispánico. Estos libros pusieron al alcance del gran público la poética, la épica, la dramática náhuatl y la interpretación de su significado. En buena medida gracias a ellos, los estudios del pasado indígena dejaron de ser una curiosidad para convertirse en una necesidad nacional. Entre el puñado de arqueólogos e historiadores contemporáneos del padre Garibay destaca Alfonso Caso, de quien se seleccionó su obra póstuma, Reyes y reinos de la mixteca (1977, completada y publicada por Ignacio Bernal), libro resultante de décadas de trabajo con los códices mixtecos y muchas otras fuentes, para presentar apenas un esbozo inicial, pero abarcador y comprensivo, de la historia mixteca.

En los albores de la profesionalización de los estudios históricos y filosóficos, se impulsaron obras colectivas de enorme aliento: en el primer terreno, el Grupo Hiperión se propuso la titánica tarea de elucidar el ser del mexicano; en el segundo, un equipo coordinado por Daniel Cosío Villegas presentó la más ambiciosa obra colectiva, totalizadora, sobre un periodo completo de nuestra historia. El historiador del Grupo Hiperión Luis Villoro propuso en El proceso ideológico de la revolución de Independencia (1953, con otro título) caminos desacostumbrados para entender a los actores sociales colectivos, en el momento en que algunos hombres y mujeres decidían inventar este país. A su vez, dentro de la colectiva y monumental Historia moderna de México (1955-1972), los tres tomos escritos por Cosío Villegas sobre la vida política de 1867 a 1911, constituyen un ejemplo de investigación exhaustiva e interpretación original y rigurosa. Ahora bien, si al lector le asustan las 3 mil páginas de don Daniel, puede optar por las Llamadas, pequeño volumen publicado por separado en el que puede tenerse una idea general de las aportaciones de la obra completa.

Cerremos este artículo con El liberalismo mexicano (1957), de Jesús Reyes Heroles, en el que un político (del que se dice que pudo ser presidente, pero no quiso) busca con rara honestidad y singular erudición el sustento ideológico de su actuación pública.

El rigor y la honestidad en el manejo y la confrontación de las fuentes, la exhaustividad de investigaciones de muchos años y la riqueza y novedad de la interpretación son elementos comunes a estos libros, verdaderos modelos del trabajo de los historiadores dignos de ese título.

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Los buenos libros de historia

Pedro Salmerón Sanginés*/III
P

ara muchos de sus lectores, Edmundo O’Gorman fue el mayor historiador mexicano del siglo XX, y no podía faltar en esta lista de 30 libros ejemplares su obra más significativa, La invención de América (1958), donde refuta la idea de descubrimiento o encuentro de dos mundos, para mostrar cómo aparece en la conciencia occidental la idea de una cuarta parte del mundo. Más allá de mostrar cómo cambia la idea del mundo en Occidente, nos hace ver cómo se construye el ser de este nuevo mundo. Muchos de los peores mitos sobre el mexicano desaparecerían si todos pudiéramos leer esta obra.

Luis González y González ya era un historiador muy reconocido cuando decidió tomarse un año sabático en su pueblo natal, San José de Gracia, Michoacán, y escribir una historia universal de ese rincón del país. Universal, en efecto: la microhistoria introducida por don Luis entiende que en lo pequeño está la cifra de lo grande, que vistas desde abajo, las transformaciones sociales, culturales y políticas adquieren otros tonos y otros ritmos. Magníficamente escrita, Pueblo en vilo (1968) es una obra maestra que nos recuerda que historiar también es conversar y conservar.

Precios del maíz y crisis agrícolas en México (1708-1810), de Enrique Florescano, se inicia mostrando con singular transparencia cómo debe proceder un historiador con respecto al análisis y la crítica de fuentes (ningún aspirante a historiador debería prescindir de su lectura), para luego, con base en esas fuentes, mostrar la pobreza de los habitantes de la Nueva España y la fragilidad de una economía atada a un solo producto en su comercio exterior (la plata) y a un solo producto para su supervivencia (el maíz). El incremento de los precios del maíz y las hambrunas recurrentes explican –entre otras cosas– el hartazgo, la ira acumulada de las multitudes que se sumaron al cura Hidalgo.

Casi al mismo tiempo se publicó Nacionalismo y educación en México, de Josefina Zoraida Vázquez, que explica cómo las políticas educativas del Estado fomentaron sentimientos de cohesión entre los habitantes del territorio mexicano, elementos de identidad que sentaron la base de la idea de nación y nacionalidad. De paso, muestra cosas importantísimas, como el hecho, que debería ser evidente, de lo endeble que eran los elementos de unidad e identidad en el México del siglo XIX, así como lo difícil que fue construirlos. También deja claro que la historia que se enseña a los niños no es eterna ni inocente y que depende de los propósitos de los gobernantes, así como de las discusiones de los historiadores. Es un libro que transforma nuestra idea de México.

Estos historiadores formaron parte de la Generación del Medio Siglo. Arnaldo Córdova pertenece ya a otra, contestataria y crítica, a la que da nombre el movimiento de 1968. Córdova buscó en la Revolución y en las ideas que durante ella se expresaron la naturaleza y los fundamentos ideológicos e históricos del Estado mexicano, alcanzándolo mediante un trabajo de interpretación agudo y riguroso. También explica cómo durante la convención zapatista y villista México conoció el debate de los problemas nacionales más auténticamente representativo, popular y democrático que jamás haya habido a lo largo de su historia, mostrando que esa era otra revolución, no la de los vencedores, lo que es una idea fundamental para entender nuestro pasado. El mismo año en que se publicó La ideología de la Revolución mexicana (1973), apareció La cristiada, de Jean Meyer, mexicano por naturalización que convirtió un tema hasta entonces reservado a la polémica y la diatriba en una parte ineludible de nuestro pasado: la guerra de parte del pueblo católico contra el Estado, a la que él puso el nombre de resonancias homéricas con que ahora se conoce el episodio.

Alfredo López Austin, maestro excepcional y hombre bueno y generoso, publicó en 1973 Hombre-dios. Religión y política en el mundo náhuatl, que es parte de un enorme esfuerzo por comprender la cosmovisión (es decir, la concepción del individuo y la comunidad, del tiempo y el espacio, de lo terrenal y lo sagrado, del devenir histórico) de los antiguos mexicanos. También es coautor –con Leonardo López Luján– de El pasado indígena (1996), que es la mejor puerta de entrada al universo histórico de los antiguos mexicanos, para los lectores no especializados.

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Nota: un grupo de historiadores ha empezado a analizar cotidianamente qué pasa hoy con la historia, en el blog: http://elpresentedelpasado.wordpress.com

Originalmente publicado en : La Jornada en tres partes

Parte 1: Link original http://www.jornada.unam.mx/2013/02/02/opinion/020a2pol

Parte2: Link original http://www.jornada.unam.mx/2013/02/15/politica/024a2pol

Parte3: Link original http://www.jornada.unam.mx/2013/02/23/opinion/020a1pol

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Manuel Justo Gaggero: Un Viaje Hacia las Utopías Revolucionarias (LXV): de revolucionarios y reformistas

La presencia del Che, combatiendo en Bolivia, profundizó la fuerte polémica que desde el triunfo de la Revolución Cubana se daba en el seno de la izquierda, en nuestro Continente y en todo el Tercer Mundo.

Por otra parte la tensión y finalmente la ruptura, en ese año 1967, entre la Unión Soviética y la Republica Popular China determinó nuevos alineamientos.

Nosotros, que militábamos en el seno del peronismo reconociendo como dirigentes a Alicia Eguren y a John William Cooke, entendíamos que sólo mediante la lucha armada era posible disputar, realmente, el poder a las clases dominantes y al Imperio.

Pensábamos que la Revolución liberadora debía conducir a la construcción del socialismo, y que en la misma el rol hegemónico lo tenía la clase obrera en nuestro país, dada su conformación socio económica y que esta, en su gran mayoría, se identificaba con el Movimiento.

La izquierda tradicional hablaba de una revolución democrático-burguesa o agraria y antiimperialista, reconociéndole a una, a nuestro juicio inexistente “burguesía nacional”, un rol importante.

Pensaban que existían sectores “patrióticos” en el seno de las Fuerzas Armadas y los convocaban permanentemente, denostando a los que nos considerábamos “guevaristas”, ya que nos caracterizaban como “pequeños burgueses apresurados e infantiles”, recurriendo a un texto de Lenin titulado “El izquierdismo enfermedad infantil del comunismo”; que en nada se aplicaba a este momento particular que vivía el Tercer Mundo.

Trataban de reducir el planteo del Che, acusándolo de “militarista y foquista”, y claramente anunciaron que no prestarían ningún apoyo a este, pese a los compromisos que, algunos dirigentes de estos partidos comunistas, habían contraído en La Habana.

En esta posición se alineaban las formaciones mas fieles a Moscú, que había proclamado, desde que se iniciara el proceso de “desestalinización”, que se abría una etapa de “coexistencia pacífica” con los Estados Unidos, por lo que se negaba todo apoyo explícito a los movimientos que luchaban por su liberación.

Esta postura había sido criticada públicamente por el Che en su Mensaje a la Tricontinental, criticas que nuestro compatriota profundiza en su correspondencia desde el Congo con algunos dirigentes cubanos, entre los que estaba su segundo en el Ministerio de Industrias, Orlando Borrego.

Para nosotros, en cambio, para todos los que soñábamos con una América Latina libre, tenía un gran significado que el Che hubiera abandonado su cargo en el gobierno revolucionario cubano y jugara su vida en la selva boliviana.

Sin duda de que era una demostración más del compromiso de este con la consigna “uno, dos, tres o más Vietnam”.

En esa línea “antiguevarista” jugaba un rol central el viejo Partido Comunista Argentino, cuyo Secretario General Victorio Codovilla había impartido claras instrucciones a la militancia de no prestar ninguna colaboración a los grupos que se empezaban a organizar en el país para sumarse a la gesta iniciada por el Che.

John ya había tenido fuertes discusiones en la Asamblea de la Tricontinental realizada en La Habana con Alcira de la Peña, la delegada del PCA.

En dicho encuentro se había recibido con entusiasmo la postura, a la que adhiriera nuestro compañero, que la mejor forma de solidarizarse con los procesos revolucionarios en curso era impulsar la revolución en todos los países sometidos.

En esos primeros meses de aquél año tuvimos una reunión en Buenos Aires en el que participaron, entre otros, Gustavo Roca, el abogado cordobés que hiciera una brillante defensa de los compañeros del EJP, Luis Cerutti Costa, que estaba organizando el Instituto de Capacitación Obrera avalado por Agustín Tosco y Raymundo Ongaro y Casiana Ahumada, codirectora de la Revista “Cristianismo y Revolución, entre otros”.

En la misma tomamos conciencia de que carecíamos de información sobre lo que estaba sucediendo en Bolivia, o que esta era muy escasa.

Aparentemente las primeras acciones habían sido exitosas, pese a que los combatientes estaban realizando un reconocimiento del terreno, instalando depósitos de alimentos y municiones y armando las redes urbanas de apoyo.

Gustavo nos contó que Ernesto, como el llamaba al Comandante, su viejo compañero del Colegio Monserrat de Córdoba, lo había visitado cuando viajaba hacia Bolivia interesándose por el estado de la causa penal de los sobrevivientes de la guerrilla de Masetti.

Estaba totalmente caracterizado, irreconocible, y tenía un documento a nombre de Adolfo Mena González, de nacionalidad uruguaya, que se presentaba con documentación también falsa como observador de la Organización de Estados Americanos; de esa forma había eludido todos los puestos fronterizos.

¿Que hacer? ¿Cómo solidarizarnos con este puñado de revolucionarios que soñaban con una América libre y unida? Ese era un gran dilema, que, como veremos mas adelante, en nuestras próximas notas, no logramos develar.

Manuel Justo Gaggero es ex director del Diario “El Mundo” y de las revistas “Nuevo Hombre” y “Diciembre 20”.

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Umberto Mazzei: Notas para otro sistema económico y social

El mundo atraviesa un momento de grandes cambios. Los vencedores de la Segunda Guerra Mundial polarizaron el mundo entre la receta marxista-leninista y la receta liberal ricardiana. Ese dualismo se presentó como si no hubiese otras opciones, una especie de bipartidismo global. Ambos sistemas fracasaron. Es hora de estudiar otras escuelas del pensamiento económico y político, para dar un nuevo rumbo.

La versión socialista de la Unión Soviética comenzó a ir mal cuando el gobierno de Leonid Brezhnev (1968-1982) aumento el presupuesto de las industrias militares a expensas del resto de la economía y del bienestar social. Luego asumió una guerra de Afganistán que no podía ganar. El adversario estaba equipado, entrenado y financiado por Estados Unidos, que estaba fuera de alcance, a menos de incurrir en una guerra atómica. Muerto Brezhev, vino Mihail Gorvachev, un iluso, sino otra cosa, que entregó a sus aliados sin garantías, se abrió al neo-liberalismo y Rusia vendió a precio vil las empresas del Estado a testaferros de Wall Street.

En Inglaterra y Estados Unidos, la política la dirigen los intereses financieros desde fines del siglo XVIII y la función de Banco Central las ejercen bancos privados. En Gran Bretaña el Bank of England la ejerce desde 1844 (Bank Charter Act). En Washington un grupo de grandes bancos privados, llamado Reserva Federal, usurpó esa función a la Secretaría del Tesoro, en 1913. En ambos la política económica la dictan los llamados “Lobbies” y descuella la industria de armamento, que la orienta hacía el aumento incesante del gasto militar. Ambos sectores quitan recursos al resto de la economía real para mantener dos mundos fantásticos: el de fabulosas fortunas virtuales y el de amenazas imaginarias.

En la post-guerra, la presencia del marxismo-leninismo como ideología en el poder hizo elevar los salarios e institucionalizar la protección social de los trabajadores, principalmente en Europa, donde la Unión Soviética estaba cerca y había poderosos partidos comunistas. Esa amenaza potencial orientó la política del Estado hacia la conciliación de intereses laborales y empresariales. La desaparición del bloque soviético desencadeno la codicia. En Gran Bretaña y Estados Unidos eso produjo alucinaciones que llevaron al despeñadero socio económico. El cuento de que la libertad total a la codicia personal lleva a la prosperidad colectiva, es falso.

La economía real se erosionó y está en vida artificial desde 2008. Es un caso de esquizofrenia: la gente de bienes y servicios reales (99%) vive una recesión, pero los dueños (1%) de las empresas en finanzas y defensa reciben jugosos bonos y dividendos. Sucede que con deuda pública se dio dinero a los bancos (“quantitative easing”) para re-inflar las bolsas de valores y el pago se cargó a los contribuyentes. Eso pudo haber sido un nuevo comienzo si las prácticas y políticas hubiesen cambiado, pero siguen igual y conducen inexorables a la crisis terminal.

Aún no hay conciencia pública de que vivimos un fallo masivo del sistema económico y político impuesto por Wall Street y la City de Londres, con su victoria de 1945. Los síntomas del colapso sin embargo son claros y el más grave es el laboral, porque los salarios mantienen el consumo. En Estados Unidos el desempleo oficial es un 8%, pero sus estadísticas esconden muchos datos (1) y el desempleo real anda en 18%, y creciendo. En Gran Bretaña la cifra oficial es 8,4%, pero excluye a 3 millones sub-empleados, con pocas horas semanales y a 4 millones del llamado “precariat”: gente en auto empleo casual, que pudiera definirse auto-desempleada. (2)

Desde 2008, el rescate de los bancos costó a Estados Unidos más de 19 billones (3) – cifra superior en un tercio de su PIB – que se usaron en nuevas apuestas del sector financiero y no para movilizar la economía. Los hogares perdieron $1,1 billón de su valor, más otros billones perdidos en inversiones y fondos de pensión. Ahora, familias que fueron de la clase media toman sopas en las cocinas de caridad. Estos inocentes pagan los riesgos absurdos en que incurrió la codicia de los banqueros y del complejo militar-industrial.

La ética socio-económica

La responsabilidad social de la economía es un asunto ético que ya separaba a Adam Smith de David Ricardo. Smith habla de un “lucro excesivo”, contrario al interés social y parasitario; Ricardo lo ve como meta económica y es el enfoque del neo-liberalismo de Milton Friedman; es lo que enseñan en los Business Schools como Economía. Es un asunto ético. Gregory Bateson ( Mind and Nature) ya dijo que “ La ética de lo optimo y la ética de lo máximo son dos éticas totalmente distintas”. La ética de lo óptimo enfatiza la calidad y se expresa con la satisfacción. La ética de lo máximo es adictiva y tiene una sola regla: más es mejor.

Los excesos son siempre tóxicos y es lo que mata la economía norteamericana y el sistema económico vigente. “La maximización de una sola variable -nos dice Bateson- típicamente termina en patología”. Una economía sana mantiene equilibrio en la prosperidad de los distintos sectores; cuando se favorece el crecimiento sólo de un par de ellos, hay una situación parasitaria. Es el caso del sector financiero y de la industria de armamento que piden por un lado austeridad económico-social y por otro crean dispendiosas guerras innecesarias.

En su agonía el sistema desmantela la economía del Estado de bienestar europeo. La banca europea pide más fondos para mantener el valor de sus malas apuestas e impone su gente en los gobiernos. Se eliminan puestos de trabajo, se precarizan el empleo y se privatiza servicios públicos. Como dice Boaventura de Sousa en su Historia de la Austeridad: “El objetivo es volver a la política de clase pura y dura, o sea, al siglo XIX”, a la del liberalismo ricardiano, a la Inglaterra descrita por Charles Dickens.

Hay otras doctrinas

En el siglo XIX prevaleció un enfoque de la economía como ciencia cuyo objetivo primario no son las ganancias del trabajo, sino las del capital invertido… y aún, sólo el de algunos. Pero también hubo quienes pensaron en las ganancias de los trabajadores y esas ideas fueron aplicadas -tímidamente- en la Europa anterior al colapso de la Unión Soviética. Ahora se les trata de ignorar y hoy sus obras son difíciles de encontrar en las bibliotecas universitarias. Su falta es que miran la prosperidad nacional como un objetivo superior a la ganancia individual; un criterio objetable para las empresas apátridas que financian centros académicos y cuya visión económica se enfoca a las ganancias trimestrales.

El primero fue el ginebrino Jean Charles de Sismondi, que publicó “Nuevos Principios de Economía Política” en 1818. Allí acuño el término proletario – que luego usó Marx- para designar a quien con su prole garantiza la mano de obra. Criticó a Ricardo y señaló que las ganancias a expensas de salarios es una política miope, porque se necesitan buenos salarios para que se consume la producción; fue también el primero en pedir la intervención del Estado para evitar los abusos capitalistas y en hablar de lucha de clases. (4)

Sismondi predijo la crisis que aqueja hoy a Estados Unidos y otros países, gracias a gobiernos cómplices. Habló de la sobreproducción que lleva al imperialismo y a exprimir el consumo con deuda sobre salarios futuros. Ahora se llama “Economía de la Oferta” y es Economía de la Deuda. Sismondi culpó la sobreproducción del distanciamiento entre valor útil del bien y su valor de cambio, que impulsa el consumo a crédito que crea una deuda esclavizante. Algo que sucedía en Inglaterra y Estados Unidos desde la primera mitad del siglo XIX. En esa época era deuda en la tienda del empleador, ahora son tarjetas de crédito. Esa tragedia se describe en la novela futurista “The Iron Heel”(1906), de Jack London.

Desde entonces los excesos congénitos y visibles del capitalismo y el papel del Estado para corregirlos han inspirado propuestas concretas, que se puede clasificar en dos tesis básicas.

El grupo de Karl Marx y sus seguidores, considera al capitalismo irredimible e inmerso en un proceso dialéctico fatal que lo lleva a su propia destrucción violenta. Lo remplaza una sociedad sin propiedad individual.

Creo que Marx y sus seguidores son utópicos cuando basan su tesis violenta en la solidaridad proletaria. La solidad es precaria entre gente que lucha por sobrevivir y más si se les niega la aspiración a la seguridad de tener hogar propio. La solidaridad de clase existe, pero entre los muy ricos. A pesar de eso, el marxismo es válido como método de estudio socio-económico y tiene aportes básicos para una propuesta que remplace al ricardismo puro o neoliberalismo.

El otro grupo piensa que el capitalismo es utilizable en beneficio de la sociedad con políticas de control; además de Sismondi, descuellan Friederich List, Werner Sombart, Max Weber, Wilfredo Pareto, John Maynard Keynes y en reversa Deng Xiaoping, en China.

Creemos que este segundo grupo es más realista y coincide con un postulado de la ciencia política, mencionado antes por Sismondi, Iturbide, Sarmiento y otros: En cosas de Estado los saltos son efímeros. Se progresa por evolución, como en la naturaleza, y las instituciones que perduran reflejan las circunstancias, la cultura y las ideas de sus ciudadanos.

Este grupo de autores también fue influyente. List, impulsó la industrialización de Alemania; John Maynard Keynes desarrollo la función económica del salario; Weber y Pareto orientan aún la economía social. Sombart (5) acuñó el término capitalismo (Marx no lo usa) y el concepto de la destrucción creativa, que usó su alumno Joseph Schumpeter. Su trabajo más célebre no existe en inglés porque la Universidad de Princeton, tiene el derecho exclusivo (6) y no lo hace.

Hay otros autores importantes que podemos estudiar: Vasili Leontief, Nicolai Kondratieff, Joseph Schumpeter, Jon Elster, John Roemer y la venezolana Carlota Pérez cuyo libro “Las Revoluciones Tecnológicas y el Capital Financiero” (7) cubre 250 años de historia y muestra que los cambios y las revoluciones técnicas tienen una notable regularidad y obligan al rediseño institucional social y político. Vivimos uno de esos momentos.

Notas:
1) No se cuentan los desempleados que dejan recibir su seguro de deséemelo aunque sigan sin trabajo. Se cuentan como empleados a los desocupados que trabajan algunas pocas horas semanales a destajo. Hay unos 50 millones en Estados Unidos que viven bajo el nivel calificado de pobreza. Morris Berman, Why America Failed.
2) The Guardian, John Philipott: We need employment statistics that confront political spin. 16 January 2013.
3) Es el término internacional y español; los anglosajones les dicen trillions.
4) Economie politique (1815), Nouveaux principes d’économie politique (1819).
5) El Capitalismo Moderno (Der Moderne Kapitalismus, 1902 y su última versión en 1927.
6) Fuente: fr.wikipedia.org/wiki/Werner Sombart

 

Publicado en: Argenpress
Link original: http://www.argenpress.info/2013/02/notas-para-otro-sistema-economico-y.html

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Angela Vera: Theatrical exits, upholding the illusion of objectivity

Despite living in the 21st Century, high-intensity conflicts have increased, and terrorism also has entered the picture. Although it’s evident that peace journalism is by no means absent from conflict coverage, forms of journalism that actively promote peace happen to be bypassed by the motto, “if it bleeds, it leads.”

Many times media ignore the positive developments involved in a conflict, so creating opportunities for society to consider and to value non-violent conflict responses, as peace journalism seeks to do, becomes an alternative model to traditional ways of war reporting. But despite this, it entails very noble goals, it is highly criticized for the many structural constraints that it tends to ignore. Critic reviews emphasize how it tends to overestimate both the power of journalism and how many of its elements are found not to fit the functionality of journalism and the logic of news production.
If we look at the case of Cyprus, for example, the media were often a mere tool for the elites, and although media at times adopted more or less a pacifist attitude, they happened to be State-oriented and far away from fulfilling peace-journalism criteria. News coverage still employed negative headlines towards the “others.” Thus, the selection of stories to report about did it help to build a reconciliation process. Public and politicians leapfrogged over each other in providing facts for journalists to report at a crucial stage of the peace process.
Thus, Bosnia became the theatre of journalism’s darkest dreams, with the still looming shadow of the Sarajevo market massacre hanging over its pretensions to objectivity. Could media strategy actually have prompted one side — the Bosnian government — to fire on its own civilians as they queued for basic necessities, in order to be reported as a Serbian atrocity and draw NATO intervention to their cause? How much responsibility do media bear for this? And how did these past flaws influenced media reports today?
Reporters are supposed to report the facts, but experience shows us that facts are increasingly created to be covered, serving an agenda far removed from quaint notions of informing the public. There is no role as “merely observers” left — reporters are always already participants whether they like it or not. Power is constantly exercised to inculcate s norms of right knowing and delving into all forms of cultural production, especially journalism. It saturates all social interactions and aims to maintain patterns of dominance: and power is meaningless if it is not relational. Power, to be power, requires resistance. To be a reporter today trying to disentangle the story from the facts is to peer into a hall of mirrors. We live in a time when everyone is media-savvy and anyone can be famous for fifteen minutes. And, as Thomas Hanitzsch has pointed out, the role of audience is crucial and cannot be left out. It is hard to convince people of the virtue of peace journalism, especially when they engage in a conflict in which their existence is at stake.
Objectivity is an evergreen debate, and journalists are brought up to “tell it how it is,” so we should start off by questioning the society.

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Héctor José Arenas A: Lo Irreparable y La Curación

El 14 de septiembre de este año el Maestro Reyes Mate publico un articulo el diario El País de España titulado La autoridad de la memoria en donde formulo muy valiosas reflexiones sobre la relación de la memoria con la justicia; ideas que pueden aportar en la tarea de enriquecer el proceso de memoria que acontece en Colombia y en indoafroamérica. Además , los pensamientos contenidos en la obra La herencia del Olvido, editada por http://www.erratanaturae.com hace unos días , en especial la pregunta por sobre si la memoria del expolio de la conquista , la colonia y la neocolonia sobre el sur de América deben o no jugar un papel político y recrear las formas históricas de relación, y la pregunta por sobre las relaciones entre las nociones de “progreso” , “fascismo” e “imperialismo” , también pueden aportar mucho en la tarea de esclarecer nuestras circunstancias y revisar de manera crítica y creadora el proceso de conmemoración y olvido oficial que se emprende en el marco de los 200 años del Bicentenario.

La memoria cercana y la memoria de siglos irrumpen y están estremeciendo el orden de oprobio implantado en Colombia con violencia y con palabra carente de verdad. Al mediodía del pasado martes 30 de septiembre, decenas de mujeres y hombres luciendo una banda con los colores de la bandera de Colombia rodearon con sus brazos entrelazados el edificio de la Corte Suprema de Justicia en el costado norte de la Plaza de Bolívar en Bogota. Muchos integrantes del Movimiento Nacional de Victimas de Crímenes de Estado se hallaban presentes en la realización de un gesto simbólico de acompañamiento a la valerosa labor de la Corte Suprema de Justicia para evitar la impunidad con relación a los múltiples casos de lo que se conoce como la parapolitica: el involucramiento de todo un estamento político con diferentes nomenlaturas con el narcoparamilitarismo para asegurar su elección en los espacios institucionales de poder en el estado central y en diferentes regiones del país y servir desde allí a la ideología del progreso corporativa y al poderoso capital acumulado como resultado de haber convertido el territorio de Colombia en la plataforma de exportación de la mayor parte de cocaína demandada por la globalización oculta.

El 1 de octubre se inicio en Paris la sesión pública de la Comisión de Ética y Audiencia Ciudadana Internacional sobre los Exiliados , Asilados y Refugiados colombianos por razones de persecución política, que sesionó hasta el día cinco para realizar un diagnostico – con base en los testimonios – de lo que ha sido destruido en términos de humanidad y tejido social democrático por la persecución política ; sus causas , sus responsables , los alcances de la investigación judicial , la impunidad y los beneficiarios del éxodo. Ese material será un aporte a la memoria social y a lo que debe ser tenido en cuenta al momento de reparar los destrozos causados que pueden ser reparados, y tener presentes los daños irreparables.

El 11 de octubre, decretado como día de la memoria a las victimas de la violencia por el Concejo de Bogotá – a instancias de un concejal de Polo Democrático – ; se realizo una caminata al Parque de la Reconciliación donde se erige un monumento a la memoria de las victimas de la violencia sobre la fosa común a la que fueron arrojados centenares de cuerpos de victimas del nueve de abril de 1948. El 11 de octubre de este año se conmemoraron 21 años del asesinato del candidato presidencia de la Unión Patriótica: Jaime Pardo Leal. El 14 de octubre se reunieron familiares de las victimas y sobrevievientes del exterminio – que aún no ha cesado – en un emotivo concierto de homenaje a más de 4000 mujeres y hombres lideres e integrantes de la Unión Patriotica cuyas vidas fueron segadas cuando apostaron al proceso de paz suscrito en 1984. Al medio día del 15 de octubre hubo un plantón en la carrera séptima con Avenida Jiménez, en memoria de todas las victimas de la Unión Patriótica.

Con motivo del doce de octubre George Bush II escribió a Su Majestad el Rey Juan Carlos I. Y mientras le recordaba la condición de España como aliado vital , le decía : Los Estados Unidos también observan este día como una Fiesta Nacional , nosotros recordamos la importancia histórica de la llegada de Christopher Columbus a las Americas. Donde Bush ve motivo de Fiesta , José Martí señalo: Robaron los conquistadores una página al universo. Un proceso evolutivo diferente al occidental , con respeto a la tierra y a lo espiritual fue arrasado con un genocidio que aún hoy no ha sido reconocido. Reconocimiento que sería un paso esencial hacia la curación del pasado y la transformación de las relaciones herederas del oprobio. En medio de la crisis descomunal del materialismo ramplón y el delirio de propiedad que ha arrojado a la humanidad al borde de la extinción , se valoran hoy en diversos lugares del planeta los saberes ancestrales en cuya resistencia de siglos se encuentran claves vitales para recrear la forma de habitar la tierra. El Robo que señalo Martí no fue solo a los pueblos nativo , sino a la humanidad.

Llega este 12 de octubre del 2008 con el asombroso empuje de un movimiento espiritual y cultural de los pueblos nativos en todo el sur de América, acompañado por la energía de una amplia comunidad mestiza que encuentra la parte ignorada de sus raíces, y la miopía histórica de una parte importante del Estado español con relación a lo que acontece en estos territorios. Aún parecieran pesar más en la politica exterior del actual gobierno español los poderosos intereses corporativos que los principios y los intereses básicos de los pueblos que habitan en el territorio del estado español. Algunos programas del Estado central y algunas notables Comunidades Autonomas comprenden mejor la dinamica social de fondo que estremece no solo a la región , sino a Colombia , y emprenden una acción exterior más respetuosa de los pueblos , menos sospechosa de asignar recursos de cooperación a programas de control territorial que vulneran los derechos fundamentales de la población local, y más en consonancia con los intereses comunes de la humanidad de sanar y cuidar la tierra. No son excepcionales los responsables de la acción exterior que ignoran los sentidos creadores de lo que podría ser una genuina alianza de civilizaciones y solo la siguen comprendiendo como un discurso que ve dinero en la naturaleza , y clientes o trabajadores o mano de obra sobrante en los seres humanos, por esto , con razón , en muchos pueblos nativos se dice que después de tantos años “Aún no nos han descubierto, pues no nos han escuchado, porque siguen ignorando el núcleo precioso común a los diferentes pueblos nativos de América”.

No es promoviendo el olvido del exterminio con fiestas y eventos culturales cuya supuesta calidad se desdibuja por su distancia del decoro con los herederos presentes de las victimas de ayer y la expoliación de hoy, como se curan las profundas heridas del pasado y se abre paso a un porvenir de respeto y cooperación genuina, en donde se pueda enraizar la verdadera fraternidad. Están haciendo más por la autentica fraternidad entre los pueblos los grupos de jóvenes peninsulares o pequeñas organizaciones no gubernamentales cooperando con las comunidades de base en Colombia o con los valerosos defensores de derechos humanos que viven bajo amenaza; o los periodistas y cooperantes que están al lado de los pueblos nativos que mientras estas lineas escribimos resisten la agresión armada de la misma fuerza pública que tendría que defender sus derechos vulnerados y resisten la ofensiva mediatica que los presenta como “terroristas” cuando han sufrido el terror durante siglos ; o los pensadores españoles que no subastan ni su palabra ni su silencio ; o los funcionarios estatales honestos que no se pliegan a la estrategia perversa de utilizar los impuestos de los españoles destinados a la cooperación para controlar territorios codiciados por las corporaciones a través de alianzas inconfesables , que un millón de notas de prensa falaces que hablan de amistad y música , mientras ocultan las succionadoras insaciables de una tierra y unos pueblos cuyo cuidado debería servir a toda la humanidad.

Destinar en Colombia – que como con bastante picardía afirma Miguel Ángel Bastenier en el diario El Pais : es la excepción en el sur de América pues dirigida por el presidente Uribe ha seguido yendo del bracete con Estados Unidos, pero bien que a cambio de importantes prestaciones militares y económicas para combatir con éxito la subversión, y, en bastante menor medida, el narcotráfico ( 8.10.08) – unas migajas de los beneficios de algunas corporaciones españolas para las “fiestas y la cultura” que borren de la conciencia el pasado y el presente , no es un gesto de fraternidad hispanoamericana. Intentar hacer olvidar con un uso astuto del lenguaje y sofisticadas estrategias mediáticas: relaciones opresivas, sobornos descomunales, mecanismos de colonia cultural, y las colosales utilidades generadas a partir de la violación de los derechos de los trabajadores, de la afectación de la naturaleza, y el no pago de impuestos que tendrían que destinarse a la salud y la educación de las comunidades , no constituye ningún gesto de fraternidad iberoamericana. Es más de lo mismo de siempre, pero más repugnante, por disfrazado.

La dinámica de la memoria de las victimas en el Sur y en Colombia corrobora lo que afirma Reyes Mate en su escrito: la memoria ha desbordado las fronteras de lo convenido sea en derecho o en saberes. Las victimas , invisibles hasta ahora , irrumpen haciendo verdadero el aserto martiano: “…porque el que pone de lado, por voluntad u olvido, una parte de la verdad, cae a la larga por la verdad que le falto, que crece en la negligencia, y derriba lo que se levanta sin ella.”

Reyes Mate señala en su escrito que en tiempos de enorme sensibilidad hacia la memoria que afecta el recuerdo de los pasados mas diversos es preciso tener en cuenta la cultura de la memoria y algunos de sus contenidos precisos en los que el recordar , y las turbulencias que suscita , se desenvuelven. Examinemos esos tres contenidos: En primer lugar que la memoria se refiere al lado más tenebroso y ocultado del pasado. Hay pasados que no necesitan de memoria porque ya están recogidos en el presente (el pasado de los vencedores) y otros (los olvidados) que claman por su presencia.

En Colombia, se suscribió un pacto de olvido con el acuerdo que se firmo en Sitges el 20 de julio de 1957 en España y con el que se acordó el Frente Nacional como formula de reparto del poder entre las elites de los partidos conservador y liberal. Con ese acuerdo se arrojaron al olvido cientos de miles de victimas de un proceso horrendo de atrocidades desatado con el propósito de exterminar todo aquel que concibiese ideas diferentes al orden cultural absolutista, patriarcal, jerárquico y segregador del occidente católico. El nueve de abril de 1948 a la una de la tarde cuando tres disparos segaron la vida de Jorge Eliécer Gaitán , el líder que encarnaba los más hondos y represados anhelos de dignidad de un pueblo sometido y escarnecido durante siglos , los pueblos de Colombia fueron arrojados a la hoguera de una violencia que aún no cesa.La trama precisa que condujo al magnicidio aún permanece desconocida.La sangre vertida en ese periodo , los hechos indescriptibles de crueldad cometidos , la dinámica de poder internacional y nacional en la que se inscribió el crimen , y el olvido impuesto sobre las victimas , están íntimamente unidos al proceso de violencia y exterminio posterior que a su vez ha dado lugar al proceso de memoria y de organización de las victimas cuya expresión mas asombrosa es el Movice : Movimiento Nacional de Victimas de Crímenes de Estado que agrupa en todo el país 16 Capítulos , 200 organizaciones y cerca de 4000 personas que convergen en una gran red que percibe la verdad , la justicia y la reparación como un derecho legitimo de la sociedad en su conjunto , y no solo de los directamente afectados. ( http://www.movimientodevictimas.org )

Este Movimiento desarrolla una labor que contempla el proyecto Nunca Mas en el que ya se han registrado 42.400 casos de crímenes de Estado y un proceso de acompañamiento de la memoria espontánea de millones de victimas de masacres , violaciones , destierros , crímenes selectivos , amenazas , exilios , construcción de una atmosfera social de intimidación y autocensura permanente , y mutilación en el devenir colectivo de un tejido de sueños y labores que forman parte de una propuesta de evolución social con principios y valores alternos a los impuestos. La labor del movimiento ha significado horadar el manto establecido de confusión y olvido , y hacer retroceder una impunidad que hasta ahora ha bordeado el 98% de los casos , y sobre la que se ha garantizado hasta el momento – en consecuencia – la repetición de la rueda de horror. Más que el retroceso de la impunidad judicial y política, que en este momento se tensa hasta umbrales decisivos con detenciones que están aconteciendo después de muchos años de impunidad, lo que ha emergido en un incontenible proceso colectivo de memoria que erosiona la impunidad social inducida. Un proceso de memoria paradójicamente alimentado por la dinámica incontrolada de crímenes de los victimarios que ha generado en el monstruoso proceso de exterminio e imposición de un modelo usurpación basado en la barbarie: una multitud de victimas cuyas vidas tienen sentido en la tarea común de cesar el desangre y la miseria que se sostienen en el olvido de las raíces del orden demencial establecido.

El segundo elemento de contenido de cultura de la memoria que señala Reyes Mate en su escrito consiste en que la memoria es una categoría interpretativa. Lo suyo es dar significación moral y política a algo que siempre ha estado ahí y ha pasado desapercibido. Esto es lo que permite decir que la memoria es justicia.Nadie va a reparar el daño que se hizo al abuelo republicano abandonado en un corralillo, pero la memoria puede rescatarle de la indiferencia y decirnos que se cometió una injusticia y ésa sigue vigente.Esta forma modesta, pero persistente de justicia no es impunidad, aunque entiende la justicia no tanto como castigo al culpable cuanto como memoria de lo irreparable.

En España el proceso de memoria democrática ha conducido a la valorar la memoria como un fundamento insoslayable de la convivencia. El año 2006 fue declarado por ley como Año de la Memoria Histórica (LEY 24/2006, de 7 de julio, sobre declaración del año 2006 como Año de la Memoria Histórica.) Se rindió homenaje a todas las victimas de la guerra civil y a los represaliados por la dictadura franquista. La Ley recuerda el legado histórico de la Segunda Republica Española, como antecedente democrático de enorme valor. La Constitución de la Segunda Republica y las leyes de tierras españolas fueron a su vez determinante en las reformas políticas y sociales, y la contención del poder clerical, que aconteció en Colombia en el año 1936 y que impelió el avance del pensamiento y la organización fascista criolla y su voluntad de eliminar en los hechos los avances constitucionales alcanzados. Laureano Gómez, quien fue apoyado directamente por Francisco Franco para viajar a España en mayo de 1948, regreso después de estar un año en el país ibérico a “triunfar” en las elecciones de noviembre de 1949 en las que no hubo contendor y a instaurar entonces un régimen que replico el designio de exterminio que puso en marcha el franquismo sobre la diferencia al orden de creencias en las que estableció su regresivo mandato. Un régimen que potenció el poder clerical, en especial de los sectores más retrógrados e intolerantes y su ascendencia sobre la educación. Y un régimen que fue funcional a las necesidades de la política exterior franquista. Las veredas se inundaron de sangre como resultado de una persecución despiadada y promovida desde los pulpitos cuando se decía que “matar liberales no era pecado” y la impunidad concedida a los matarifes desde el Estado era total. Al igual que Franco, después de acompañar al Eje, Laureano termino subordinado al macartista gobierno estadounidense de la época.

En Colombia el pasado se aparece como presente y el proceso de memoria ha servido para consignar un testimonio imborrable del horror impuesto y descifrar los alcances de la reingeniería social a la que ha sido sometida la población de esta esquina geoestratégica del sur de América. La involución cultural de ayer y hoy, los pavorosos estragos infringidos en la sociabilidad del tejido comunitario y que son exigidos por un proceso de olvido dirigido a garantizar la continuidad de los poderes imperantes significan un mañana anegado de situaciones monstruosas que perpetúa el espanto del presente. Formas delictivas vinculadas a la comunicación pública e innombradas en los códigos han aparecido como prácticas indispensables para intentar sostener un proceso de dominación – cada vez más precario por su desconocimiento de leyes políticas fundamentales que no pueden ser variadas por las voluntades individuales, por muy poderosas que ellas sean- . En este sentido la memoria del presente significa un testimonio ético para las generaciones venideras sobre la existencia de unas semillas del decoro que , si vencidas momentáneamente por la barbarie , no han ignorado las formas como se enraíza un porvenir de dignidad , armonía y creación para todos , y han bregado por el mismo sembrando con su vida y su valor de una alternativa ética que tiene luz propia en medio de una tenebrosa atmosfera de corrupción desbordada.

Los hechos monstruosos que han acontecido en Colombia han conmocionado el subconsciente colectivo hasta umbrales que desconocemos.El movimiento de la memoria en el país, unido a los hallazgos reveladores – que no son descartables – en otras geografías cuya memoria se entrelaza con la nuestra, producirán cambios formidables en la percepción de nuestro pasado. Lo que hoy es ensalzado con el apoyo de la mayor parte del sistema mediático, mañana podrá ser contemplado en toda su miserable dimensión, como repudiable factor causante del sufrimiento inenarrable de nuestras comunidades; seres que han atentado contra lo más sagrado cegados por los brillos falsos del poder y la riqueza material. Lo que hoy es olvidado y estigmatizado cobrará todo el significado y el valor inconmensurable que se aprecian con el tiempo en la vidas honestas que se han consagrado al servicio genuino de las comunidades. Múltiples espacios culturales y políticos han sufrido la arremetida de la intolerancia ayuntada con el monstruo bicéfalo del miedo-odio y con la codicia. Los espacios de deliberación de las diferencias y acuerdo de lo mejor para la nación han sido aniquilados y en su lugar se ha instalado la dinámica de la confrontación y la desconfianza. La palabra inerme y valerosa y el pensamiento más luminoso sobre la forma de respetar y sembrar las condiciones para la evolución cultural, espiritual y creadora de nuestra población, han sido atacadas con saña. Con ríos de sangre y tinta se ha impuesto una historia oficial en la que no ha habido lugar para el merito de los humildes. Hace unos años Manuel Cepeda , Senador de la Unión Patriótica asesinado el nueve de agosto de 1994 escribió: “ Cuando se escriba la verdadera historia del país y quienes la escriban no estén condicionados por el patrocinio oficial , tendrán necesariamente que reconocer el papel desempeñado por los comunistas en la historia del país y deberán rescatar del olvido premeditado a que han sido condenados , a muchos de los comunistas que con su esfuerzo y co su propia sangre contribuyeron a forjar el país y sembrar las semillas de un futuro mejor.”

La memoria que hoy se labra en medio de circunstancias terriblemente adversas, será un elemento indispensable en la curación de lo que puede ser curado y la recuperación de la sindéresis hoy extraviada con el funcionamiento lamentable de la mayor parte de unos medios de comunicación que actúan sin restricciones en la pérfida tarea de catapultar – mediante complejas estrategias e inconfesables alianzas – la confusión que mantiene el orden desastroso , además de desencadenar el frenesí de la estulticia, los miedos y los odios.

Sentidos como “El castigo a los culpables” exigen un proceso de esclarecimiento que revele la urdimbre de la dinámica criminal y de la estrategia de impunidad, y no se clausure con la identificación y juzgamiento indulgente de los perpetradores directos. No tanto para castigar individuos, como para tener claro el funcionamiento de la dinámica que tanto daño nos ha hecho a todos y evitar su repetición.Incluso la reflexión en profundidad sobre el Crimen y el Castigo es indispensable para un proceso de sanación espiritual como el que requerimos. Si se tienen en cuenta las características del sistema judicial imperante y, en especial, si se tiene en cuenta el supremo propósito de evitar la repetición de la rueda del horror que durante tanto tiempo ha funcionado , hay que recrear desde el tejido social indeciblemente golpeado de las victimas una propuesta de curación de lo que puede ser curado y , teniendo siempre presente lo irreparable , crear a partir de su voz las condiciones que nos permitan cruzar el umbral hacia una forma de convivencia en la que la vida de todos , la dignidad de todos , sea respetada como un valor sagrado.Llevar la conciencia de lo irreparable a los victimarios y al tejido social indiferente puede multiplicar las columnas que eviten la repetición del horror. No se trata en absoluto de aceptar el perdón y olvido propugnado desde las más altas esferas de responsabilidad que solo significa la continuidad abierta o soterrada del genocidio. La mayor parte de las terapias actuales para los autores directos de las acciones horrendas carecen de potencia sanadora porque su verdadera finalidad es reintegrar la subjetividad criminal en un orden que mantiene los fundamentos de intolerancia y exclusión que han producido los ríos de sangre y el horror. Pero, tampoco el odio y el rencor engendrados por los autores directos o encubiertos de tantas atrocidades debe guiar el proceso expiación indispensable para curarnos como comunidad de la dinámica de salvajadas a la que hemos sido arrojados.

En tercer lugar , la memoria es el inicio de un proceso que pugna por acabar en reconciliación…..al recordar a las victimas lo que nos mueve no es la promoción de nuestra causa , sino la injusticia que se les hizo a ellas en vistas a un futuro que destierre la violencia de la política.

La memoria como espacio de reunión de las victimas y de las reservas éticas de una comunidad empujada hacia abismos indescriptibles de iniquidad, puede permitirnos comprender los caminos que en adelante estarán vedados porque han demostrado que seguirlos significa sembrar la destrucción y el odio, y significa fabricar en serie subjetividades monstruosas capaces de convertir la vida de todos en una experiencia infernal.

Reyes Mate nos dice que la memoria abre heridas cuando las heridas están cerradas en falso. Si algo caracteriza nuestro pasado es estar repleto de heridas cerradas en falso, por ello ha sido imposible hasta ahora alcanzar una paz genuina. Los diferentes acuerdos de paz que se han logrado han dejado intactos los factores de confrontación y la maquinaria que engendra la violencia cotidiana.

Desterrar la violencia de la política y desterrar la violencia de la vida cotidiana supone sanar las heridas del pasado que pueden ser curadas. Sanarlas nos exige conocerlas. Ni la educación institucional, en su mayor parte, ni el grueso de la comunicación pública, hasta hora, ayudan en esta tarea. Por el contrario, están plegadas ambas al oficio de reproducir una historia – con menor o mayor elaboración- que desconoce las victimas, la sistematicidad del exterminio y las circunstancias que explican la aniquilación y sus métodos de terror. Tampoco se puede sanar el pasado sin transmutar un presente heredero del olvido: las relaciones de dominación internas y las presentes en el escenario internacional. La memoria se abre paso a través de millones de victimas directas del horror, de millares de procesos organizativos, y con la conciencia creciente de los daños irreparables y del colosal desastre de una sociedad conducida por quienes tienen tantos intereses materiales como ausencia de ideales.

Antiguas estructuras de opresión que se erosionan sin remedio, como las impuestas sobre las mujeres, encienden hoy una memoria de largo aliento que genera la comprensión de las formas como se puede curar una comunidad herida en lo más sagrado y profundo y despiertan el recuerdo creador sobre las formas como se puede habitar la tierra abandonando en la vida cotidiana los valores, las ideas y las prácticas del modelo que hoy colapsa sin remedio. ( Ver : http://www.casildarodrigañez.org , http://www.tamera.org , http://www.frutosdeutopia.org )

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Carmelo Ruiz Marrero: ¿Son seguros los transgénicos?

¿A qué se debe la controversia en torno a los alimentos genéticamente modificados, también conocidos como transgénicos? ¿Son seguros para consumo o no?

Quienes defienden los transgénicos argumentan que no hay evidencia científicamente válida de que hagan daño. ¿Existe tal evidencia o no? Esta pregunta tiene sólo dos respuestas posibles, y ninguna de las dos trae sosiego. O respondo que sí hay evidencia de daños o respondo que no la hay. Podría responder de inmediato que sí, pero para demostrar que es la pregunta incorrecta responderé de primera intención que no.
Si no existe tal evidencia, todavía el debate queda abierto, todavía no queda demostrado para nada que sean seguros. Después de todo, ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia.
Quien esté tranquilo y satisfecho con la aseveración de que no hay evidencia de daños está presumiendo que alguien en alguna parte está haciendo o ha hecho averiguaciones a respecto. Los defensores de los transgénicos señalan, con un aire de finalidad como para poner fin al debate, que la agencia estadounidense FDA, que vela por la inocuidad de medicamentos y alimentos, declaró que estos productos son sustancialmente equivalentes a sus contrapartes no transgénicos y que por lo tanto no presentan ningún riesgo novedoso al consumidor.
Pero la FDA no examina los alimentos transgénicos. Lo que hace es aceptar los datos que le someten las compañías que los hacen. Casi todos los estudios que someten son confidenciales. Si son tan seguros estos productos, ¿Por qué la confidencialidad?
“El consultar la FDA sobre la seguridad de alimentos transgénicos es un ejercicio puramente voluntario, en el que la agencia recibe resúmenes sin datos y conclusiones sin fundamento”, informa el investigador Jeffrey Smith en su excelente libro ‘Genetic Roulette’ (Ruleta Genética). “Si la compañía alega que sus alimentos son seguros, la FDA no tiene más preguntas. Por lo tanto, se aprueban para venta variedades transgénicas que nunca fueron alimentadas a animales en estudios de seguridad rigurosos y probablemente nunca a humanos tampoco.”
La FDA “depende casi totalmente de la notificación voluntaria de las compañías de biotecnología”, advierten los científicos húngaros Arpad Pusztai y Susan Bardocz. La FDA “sólo acepta las aseguranzas de las compañías de biotecnología de que su producto es seguro.”
Los defensores de los transgénicos nos dicen que son los productos más minuciosa y exhaustivamente examinados de toda la historia y hacen referencia a montañas de estudios y datos a este fin. Pero cuando uno excluye los estudios que son confidenciales entonces la pila se achica bastante. De la pila que queda, la mayor parte consiste de estudios que si bien son minuciosos fueron hechos para determinar variables agronómicas relacionadas a la productividad y rendimiento, datos que no tienen ninguna utilidad para determinar inocuidad. Una vez excluimos esos, la pila de estudios y datos se achica más aún.
De los estudios que tienen alguna relevancia a la salud humana, ¿Cuántos de estos son públicos y no confidenciales? ¿Cuantos han pasado por el proceso de revisión por los pares y sido publicados en la literatura científica? Como que la pila sigue achicándose. Y de éstos, ¿cuántos NO fueron financiados por la industria de biotecnología?
¿Quién puede creer que la fuente de financiamiento de una investigación científica no es de importancia? En un informe publicado en la revista Nutritional Health, I. F. Pryme y R. Lembcke observan que los estudios científicos sobre transgénicos que no son financiados por la industria tienden a encontrar problemas con serias implicaciones para la salud humana, mientras que los estudios financiados por la industria nunca encuentran ningún problema.
De cualquier modo, ¿Qué compañía ha encontrado algo malo con sus propios productos? ¿Cuántas décadas pasaron antes de que la industria tabaquera admitiera tímidamente que quizás podía existir alguna relación entre su producto y el cáncer?
Sepan ustedes que los estudios sobre transgénicos revisados por los pares y debidamente publicados que tengan alguna relevancia a la salud humana son apenas más de veinte. De estos, ¿Cuántos fueron realizados con sujetos humanos? Uno solamente. Es realmente preocupante que se hayan comercializado estos productos de manera masiva cuando la base de datos sobre su inocuidad es tan diminuta.
Las pocas veces que datos confidenciales sobre alimentos transgénicos han salido a la luz pública éstos han resultado ser sumamente preocupantes.
El 22 de mayo de 2005 el periódico inglés The Independent reportó la existencia de un informe secreto de la compañía de biotecnología Monsanto sobre su maíz transgénico Mon 863. Según el informe, de 1,139 páginas, ratas alimentadas con este maíz por trece semanas tuvieron conteos anormalmente altos de células blancas y linfocitos en la sangre, los cuales aumentan en casos de cáncer, envenenamiento o infección; bajos números de reticulocitos (indicio de anemia); pérdida de peso en los riñones (lo cual indica problemas con la presión arterial); necrosis del hígado; niveles elevados de azúcar en la sangre (posiblemente diabetes); y otros síntomas adversos. Portavoces de Monsanto aseguraron que la compañía haría público el informe, pero no lo hizo de buena gana, alegando “confidencialidad”, y al principio sólo publicó un sumario de once páginas. No fue sino hasta que un tribunal alemán ordenó su divulgación unos meses después que el texto entero fue hecho público.
Es importante señalar que esta importante información es pública no por la buena fe de Monsanto sino porque algún buen empleado con acceso a documentos confidenciales de la compañía se tomó el riesgo de llevarla a la prensa. De no ser por este héroe anónimo, todavía hoy seríamos felizmente ignorantes sobre los efectos del Mon 863. Cabe preguntar entonces, ¿Habrá otros transgénicos nocivos que la industria de biotecnología nos está dando de comer a sabiendas de que son dañinos?
¿Qué más se puede esperar de una compañía como Monsanto? El excelente documental Le Monde Selon Monsanto (“El Mundo Según Monsanto”) de la cineasta francesa Marie Monique Robin, muestra cómo esta corporación ha pasado décadas negando responsabilidad por los horrendos daños a la salud ocasionados por el Agente Naranja, defoliante tóxico que ésta fabricó y que se utilizó extensamente en la guerra de Vietnam.
También se presenta en el filme el caso del pueblo de Anniston, en Alabama, EEUU, el cual sufrió por décadas de contaminación de sustancias tóxicas conocidas como PCB vertidas por Monsanto, contaminación que la compañía pretendió encubrir. En el curso de la batalla que la comunidad de Anniston dio en corte salió a luz un memorando interno de la compañía que decía “No nos podemos dar el lujo de perder un solo dólar de ganancia” (We can’t afford to lose one dollar of business).
En vista de estos hechos, ¿Qué se puede esperar de esta compañía cuando nos asegura que sus transgénicos son seguros? Robin y yo no criticamos a Monsanto de manera arbitraria y gratuita. Es que la compañía tiene 90% del mercado mundial de cultivos transgénicos, por lo tanto es sólo justo que reciba 90% de nuestras críticas.
Otro caso preocupante que demuestra que la FDA no está haciendo nada en lo absoluto para asegurar la inoucuidad de los transgénicos es el del guisante australiano. En 2005 un guisante transgénico experimental desarrollado en Australia por la Commonwealth Scientific and Industrial Research Organization provocó una fuerte reacción inmunológica en ratas de laboratorio.
Científicos de la escuela de investigación médica John Curtin en la ciudad de Canberra sometieron el guisante transgénico a una batería de pruebas de las que normalmente se hacen a medicamentos, no a alimentos. Las ratas que ingirieron el producto mostraron cambios significativos en sus sistemas inmunológicos y nódulos linfáticos. Esto es más que suficiente para prohibir su consumo.
Hay que enfatizar que las pruebas que realizaron los australianos no son requeridas por ley para alimentos transgénicos en Estados Unidos. Este producto hubiera entrado al mercado estadounidense si hubiera pasado por el sistema regulatorio de la FDA. Por lo tanto, no nos sorprenda que productos transgénicos igual o más nocivos que el guisante en cuestión pueden estar en el mercado ahora mismo.
Igual o más interesante que los resultados del experimento es el hecho de que los mismos científicos que desarrollaron el guisante y realizaron el experimento no entendían la importancia de lo que habían hecho. Las pruebas que habían realizado nunca antes se habían hecho con alimentos transgénicos y aún así ellos realmente estaban convencidos de que las pruebas que habían hecho eran la norma en el resto del mundo. Esto demuestra que los propios biotecnólogos- al menos la mayoría de ellos- están sumamente desinformados sobre su propio quehacer.
En honor a la verdad, la FDA sí examinó productos transgénicos, pero lo hizo una sola vez, en 1992. En ese entonces determinó que estos alimentos son perfectamente seguros y que al no presentar ningún riesgo nuevo, no necesitan de pruebas adicionales.
La agencia se negó a hacer públicos los documentos internos relacionados a estas pruebas, lo cual provocó en 1998 una demanda de una coalición de grupos de sociedad civil dirigidos por la Alliance for Biointegrity exigiendo que se hagan públicos. El juez le dio la razón a la parte demandante y como resultado se hicieron públicas sobre 44 mil páginas de documentos relacionados con las pruebas realizadas sobre los transgénicos. Estos documentos enseñan que, contrario a lo que decía la alta cúpula de la FDA, no había ningún consenso entre los científicos de la agencia en cuanto a la seguridad de los transgénicos, y que varios de ellos expresaban serias preocupaciones sobre riesgos a la salud.
Los documentos desclasificados son interesantísimos y educativos. En uno de ellos, fechado 6 de marzo de 1992, el microbiólogo Louis Pribyl dice que “los efectos involuntarios no pueden ser despachados tan fácilmente, simplemente implicando que éstos también ocurren en la crianza convencional. Hay una profunda diferencia entre los tipos de efectos inesperados de la crianza convencional y los de la ingeniería genética.” Por su parte, la oficial de cumplimiento Linda Kahl advirtió en un memorando con fecha de 8 de enero de 1992 que al “tratar de forzar una conclusión final de que no hay diferencia entre alimentos modificados por ingeniería genética y alimentos modificados mediante prácticas de crianza tradicional (la agencia está tratando de) meter una ficha cuadrada en un hoyo redondo… Los procesos de ingenería genética y crianza tradicional son diferentes y de acuerdo a los expertos técnicos de la agencia, llevan a riesgos diferentes.”
Resulta que el oficial puesto a cargo de la investigación sobre transgénicos no era científico sino abogado, el licenciado Michael Taylor. Previo a su servicio público representó a Monsanto. Y tras terminar su labor en la FDA volvió al sector privado y llegó a ser vicepresidente de Monsanto. Es un caso clásico de poner el cabro a velar las lechugas. En inglés le llaman ‘revolving door’, el conflicto de interés creado por el continuo movimiento de profesionales entre los sectores privado y público.
Y el caso de Taylor no es nada fuera de lo ordinario. Clarence Thomas, ahora juez del Tribunal Supremo de EEUU, fue abogado de Monsanto, y el ex-secretario de defensa Donald Rumsfeld fue por ocho años jefe de la farmacéutica Searle, la cual Monsanto compró en 1985. Y Anne Veneman, la primera secretaria de agricultura de la administración Bush-Cheney, había estado en la junta de Calgene, empresa comprada por Monsanto en 1997.
La activista e investigadora Beth Burrows, fundadora del Instituto Edmonds, dedicó años a investigar el ‘revolving door’ de la industria biotecnológica pero eventualmente abandonó este esfuerzo porque ella razonó que sería más provechoso hacer una lista de los servidores públicos que NO estaban brincando a las compañías de biotecnología.
En su tiempo en la FDA el supervisor inmediato de Taylor era James Maryanski, quien fue confrontado por Robin en su documental. El pobre, sin duda sintiéndose emboscado, murmuró algunos argumentos cantinflescos a la vez que admitía que efectivamente había disidencia entre los científicos de la agencia en torno a la inocuidad de los transgénicos. Pero aún así se les aprobó, en contra del propio reglamento de la FDA.
Podría hablarles de muchas otras instancias que demuestran que las preocupaciones acerca de la inocuidad de los transgénicos, como las papas de Pusztai, la tragedia del triptófano, el fiasco de la hormona transgénica rBGH, las ratas de Ermakova, el testimonio de Kirk Azevedo, y muchas más, están bien fundamentadas. Pero por la cuestión de la brevedad, vayamos directo al argumento de remate: el etiquetado.
Si estos alimentos son tan seguros, ¿por qué se opone la industria a que vayan etiquetados para que los consumidores puedan identificarlos y usar su criterio para decidir si los quieren comprar o no? Los argumentos de las compañías en contra del etiquetado no son ni remotamente convincentes. Simplemente no confían en su propio producto y tampoco confían en la inteligencia del consumidor. Quizás se oponen porque sin etiquetado no puede haber trazabilidad, y sin trazabilidad no se puede asignar responsabilidad si alguno de estos alimentos transgénicos resulta tener efectos imprevistos.
Las denuncias y cuestionamientos aquí presentados no constituyen oposición a toda biotecnología, como creen erróneamente algunos. Es simplemente un reclamo de que se salvaguarde la ecología, la salud humana y el interés público en el desarrollo de esta y cualquier otra nueva tecnología. Los biotecnólogos no tienen por qué considerar inoportunos los planteamientos aquí expuestos, si son los mejores intereses de la humanidad lo que les motiva. Si lo que les motiva es el lucro y la ambición entonces se puede entender su molestia.
Referencias:
Cummins, Claire. “Uncertain Peril: Genetic Engineering and the Future of Seeds”. Beacon Press, 2008.
Robin, Marie Monique. Le Monde Selon Monsanto. http://www.arte.tv/lemondeselonmonsanto
Smith, Jeffrey. “Genetic Roulette: The Documented Health Risks of Genetically Engineered Foods”
Traavik, Terje & Lim Li Ching, editores. Biosafety First: Holistic Approaches to Risk and Uncertainty in Genetic Engineering and Genetically Modified Organisms” Tapir Academic Press, 2007.
Washington Post. “Monsanto hid decades of pollution” 1 de enero 2002.

Ruiz Marrero es periodista y educador ambiental, autor del libro “Balada Transgénica” y director del Proyecto de Bioseguridad de Puerto Rico.
* Argenpress

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José María Mendiluce: Fragmento de “Con Rabia y Esperanzas”

“Lo humanitario es una excusa, una coartada. Es una fuga, un refugio. No ataca las causas, no cura. Pero es también un compromiso, una rebeldía, un no esperar a los tan listos; es un humanismo y un reto. Es una nueva forma de internacionalismo basado en sentimientos nobles y universales y no en ideologías manipuladoras. No es proletario ni se basa en pueblos y clases, sino en los seres humanos, tomados de uno en uno, o de millón en millón. No debiera distinguir el color de las víctimas, ni el político ni el otro, porque sabe que los muertos no tienen color político. Y huelen todos igual: a muerto. Y los matan siempre los mismos odios.”

* Mendiluce, José María, “Con Rabia y Esperanza: retos y límites de la acción humanitaria” ED Planeta, 1998, pp. 268

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