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Ángel Guerra Cabrera: Paraguay despierta

El ascenso de Fernando Lugo a la presidencia de Paraguay es otro jalón en la ola transformadora de América Latina, nutrida de sustanciosas y multicolores savias populares. Lugo encarna el cristianismo de profunda entraña ética que alumbró en el Nuevo Mundo cuando Bartolomé de las Casas abogó en defensa de sus pueblos originarios, luego resonante de tintes indígenas y africanos en las campanadas libertarias de Dolores, hasta sentar en la segunda mitad del siglo XX, con la teología de la liberación, una impronta en la lectura de los evangelios abrazada definitivamente a los pobres de la Tierra y enriquecedora de las corrientes laicas del pensamiento revolucionario latinoamericano.

Su memorable discurso de toma de posesión evoca la fecunda tradición de experiencias emancipatorias muy diversas que han hecho posible y perfilado el gran cambio latinoamericano actual, y se pronuncia ardorosamente por la pertinencia de su rescate. Pese a que los tiempos que corren –afirmó– se obstinan en demostrarnos que el pasado es una construcción sin implicancias en el devenir, nosotros queremos encontrar sus valores y sus signos para que en la semiótica del futuro se encuentren nítidas las motivaciones que claman por un mañana que reitere los logros y no repita los errores.

Al reivindicar a Gaspar Rodríguez de Francia y a los López, padre e hijo, como referentes del proceso que inicia en Paraguay, Lugo se colocó en la vertiente histórica más avanzada de América Latina, pues fue bajo la conducción de esos hombres que se fundó la primera experiencia exitosa de construcción nacional antioligárquica, antimperialista y antiliberal al sur del río Bravo. Allí, a diferencia de lo que ocurría en los demás países de América Latina en el siglo XIX, no había campesinos sin tierra ni mendigos ni ladrones ni niños que no supieran leer ni escribir; el ferrocarril, el telégrafo y la siderurgia surgieron y funcionaron espléndidamente como empresas del Estado; las exportaciones sostenían la inversión y el gasto social en una administración pública austera y honrada; había superávit fiscal y no existía deuda externa, los indígenas recibieron la ciudadanía y se rescató su modelo de agricultura de dos cosechas anuales; existían reservas nacionales para los malos tiempos y no se conocía el hambre. Aquello era intolerable cuando auspiciada por Inglaterra se imponía en el mundo la religión del libre comercio, adoptada ciegamente por las oligarquías del Río de la Plata y del imperio lusobrasileño. Como luego harían con Fidel Castro, Salvador Allende, Hugo Chávez y Evo Morales, los periódicos liberales satanizaban a Francisco Solano López: el Atila de Asunción era uno de los calificativos que le endilgaban al líder del único proyecto de desarrollo económico y social independiente triunfante en el continente.

Bajo la batuta del Foreign Office y de su embajador en Buenos Aires se preparó meticulosamente la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay, financiada, cómo no, por la banca británica, que Eduardo Galeano fulminó en su imprescindible obra Las venas abiertas de América Latina como el capítulo más infame de la historia latinoamericana. Las oligarquías de Argentina, Brasil y Uruguay lanzaron sus ejércitos a una operación genocida que casi exterminó al pueblo paraguayo. La campaña militar que Bartolomé Mitre calculó en tres meses duró cinco años. Al final no había sobrevivido ningún paraguayo entre 15 y 65 años, sólo quedaba con vida 25 por ciento de la población tras una heroica resistencia finalizada dramáticamente con la caída en combate de López al frente de los restos famélicos y harapientos de su pueblo en armas. “Muero con la patria”, se ha afirmado que exclamó en el postrer momento. Y es que aquel Paraguay, ejemplo de soberanía, independencia y dignidad, dejó de existir con él.

Por eso Lugo ha dicho que “la digna estirpe paraguaya despierta nuevamente”. Así será.

La Jornada

http://www.jornada.unam.mx/2008/08/21/index.php?section=opinion&article=034a1mun

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Fidel Castro: ESTADOS UNIDOS, EUROPA Y LOS DERECHOS HUMANOS

La desprestigiada forma de suspender las sanciones a Cuba que acaba de adoptar la Unión Europea el 19 de junio ha sido abordada por 16 despachos internacionales de prensa. No implica en lo absoluto consecuencia económica alguna para nuestro país. Por el contrario, las leyes extraterritoriales de Estados Unidos y, por lo tanto, su bloqueo económico y financiero continúan plenamente vigentes.

A mi edad y en mi estado de salud, uno no sabe qué tiempo va a vivir, pero desde ahora deseo consignar mi desprecio por la enorme hipocresía que encierra tal decisión. Esto se hace aún más evidente cuando coincide con la brutal medida europea de expulsar a los inmigrantes no autorizados procedentes de los países latinoamericanos, en algunos de los cuales la población en su mayoría es de origen europeo. Los emigrantes son además fruto de la explotación colonial, semicolonial y capitalista.

A Cuba, en nombre de los derechos humanos, le exigen la impunidad de los que pretenden entregar, atados de pies y manos, la patria y el pueblo al imperialismo.

Hasta las propias autoridades de México tienen que reconocer que la mafia de Miami, al servicio del gobierno de Estados Unidos, le arrebató por la fuerza ―o compró― a un importante contingente de agentes migratorios de ese país a decenas de inmigrantes ilegales arrestados en Quintana Roo, entre ellos niños inocentes transportados a la fuerza por riesgosos mares y hasta madres forzadas a emigrar. Los traficantes de personas como los de drogas, que disponen a su antojo del mayor y más codiciado mercado del mundo, han puesto en riesgo la autoridad y la moral que necesita cualquier gobierno para dirigir el Estado, derramando sangre latinoamericana por todas partes, sin contar los que mueren por emigrar a través del humillante muro fronterizo sobre lo que fue territorio de México.

La crisis de los alimentos y de la energía, los cambios climáticos y la inflación acosan a las naciones. La impotencia política reina, la ignorancia y las ilusiones tienden a generalizarse. Ninguno de los gobiernos, y menos aún los de la República Checa y Suecia, que eran renuentes a la decisión de la Unión Europea, podrían responder de forma coherente a las interrogantes que están sobre el tapete.

Mientras tanto, en Cuba los mercenarios y vendepatrias al servicio del imperio se halan los pelos y rasgan sus vestiduras en defensa de los derechos de traición e impunidad.

Tengo muchas cosas que decir, mas por hoy basta. No deseo molestar, pero vivo y pienso.
Divulgaré esta Reflexión solo por la vía de Internet hoy viernes 20 de junio de 2008.

http://www.cubadebate.cu/index.php?tpl=design/especiales.tpl.html&newsid_obj_id=11853

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Sergio Ramírez: El pecado de quemar la comida

Ginebra. Si algo visible divide a la izquierda latinoamericana en el poder es el asunto de los biocombustibles. Desde que el presidente Lula Da Silva proclamó a Brasil campeón de la producción de etanol extraído de la caña de azúcar para alimentar motores, no tardó en escucharse la voz de Fidel Castro, desde sus “Reflexiones del comandante en jefe” en el periódico Gramma, denunciando como criminal la política de convertir alimentos en carburantes.

El pique ideológico se inflama cuando aparece el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, echando combustible al fuego, con petróleo puro; y así se han creado dos tipos contradictorios de diplomacia en América Latina: la del etanol, encabezada por Lula, y la del petróleo, encabezada por Chávez.

Mientras la economía de Venezuela gira exclusivamente alrededor del petróleo, la de Brasil es mucho más compleja, y la política de diversificación de combustibles de Lula muestra resultados palpables: 45 por ciento del combustible para vehículos en Brasil es producido con base en caña de azúcar cultivada en apenas uno por ciento de la tierra arable del país. Pero el azúcar también es alimento, si no se toma en cuenta el ron.

Usar comida para alimentar vehículos es aceptar que sean “condenadas a muerte prematura por hambre y sed más de 3 mil millones de personas en el mundo”, dice Fidel Castro; y Lula, sin mencionar a su viejo amigo, responde que el problema de la humanidad no es la falta de alimentos, que los hay de sobra, sino que esos alimentos no llegan a los más pobres, con lo que dedicar tierras agrícolas a producir etanol no tiene nada que ver con el hambre.

Pero vean quién viene a dar la razón ahora a Fidel Castro: la muy conservadora revista Time, que dedica uno de sus últimos temas de portada a un extenso alegato en contra del uso de los alimentos como combustibles, con argumentos gemelos a los del líder cubano.

La energía limpia no es más que un mito, sentencia Time: al sustituir los combustibles fósiles por el etanol, lo que verdaderamente están haciendo es elevar los precios mundiales de los alimentos y empeorar el calentamiento global. En la medida en que los precios del maíz suban, los pobres del mundo comerán menos, y mientras más maíz se siembre para uso de motores, más bosques desaparecerán.

¿Ya habíamos leído eso antes? Claro, hace un año: “Pienso que reducir y además reciclar todos los motores que consumen electricidad y combustible es una necesidad elemental y urgente de toda la humanidad. La tragedia no consiste en reducir esos gastos de energía, sino en la idea de convertir los alimentos en combustible”, escribe Fidel Castro.

Time escribe que se privilegia a 800 millones de personas con automóviles sobre 800 millones de personas con hambre; y si hace cuatro años se calculaba, de acuerdo con científicos de la Universidad de Minnesota, que el número de hambrientos caería a 625 millones en el año 2025, ahora más bien se sabe que ese número crecerá a mil 200 millones, todo por efecto de los biocombustibles.

El maíz que se necesita para llenar una sola vez el tanque de un vehículo con etanol es suficiente para alimentar a una persona por un año. Y Robert B. Zoellick, presidente del Banco Mundial y anterior mano derecha de Condoleezza Rice, afirma: “mientras muchos están preocupados por llenar sus tanques de gasolina, muchos otros luchan en el mundo por llenarse el estómago”. Gasolina y comida cada vez más caras: la FAO informa que en los últimos nueve meses, el precio de los alimentos ha subido en el mundo 45 por ciento.

¿Y Fidel Castro? “Hoy se conoce con toda precisión que una tonelada de maíz sólo puede producir 413 litros de etanol como promedio, de acuerdo con densidades, lo que equivale a 109 galones. El precio promedio del maíz en los puertos de Estados Unidos se eleva a 167 dólares la tonelada. Se requieren, por tanto, 320 millones de toneladas de maíz para producir 35 mil millones de galones de etanol”.

Y está también el alegato de Time acerca del grave daño ecológico que causan los biocombustibles, a través de un vicioso círculo diabólico. A pesar de que Brasil no produce etanol con base en el maíz, los productores de Estados Unidos venden una quinta parte de sus cosechas a las fábricas de etanol, provocando que los productores de soya, atraídos por los precios, se pasen al maíz, con lo que la soya sube, y empuja a los agricultores brasileños a cultivarla a costa de los pastos, de modo que los ganaderos, expulsados por la soya, se tragan cada año miles de kilómetros cuadrados de selva.

Producir maíz y oleaginosas para combustibles resulta en un descalabro ecológico. ¿Según Time, o según Fidel Castro? Según Fidel Castro: “aplíquese esta receta a los países del tercer mundo y verán cuántas personas dejarán de consumir maíz entre las masas hambrientas de nuestro planeta. O algo peor: présteseles financiamiento a los países pobres para producir etanol del maíz o de cualquier otro tipo de alimento y no quedará un árbol para defender la humanidad del cambio climático”. Y Time agrega, aquiescente: “si se toma en cuenta el efecto de la deforestación, el etanol de maíz y el biodiesel de soya vienen a provocar el doble de las emisiones de carbono causadas por la gasolina”.

El próximo editorial de la revista Time, ya se ve, lo puede escribir Fidel Castro.

* La Jornada
* http://www.jornada.unam.mx/2008/05/16/index.php?section=opinion&article=025a1pol

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Emir Sader: Fidel

En vísperas de cumplir 80 años, enfermo, Fidel Castro firmó una carta oficial suspendiendo sus actividades en las conducciones del Estado, del gobierno y del Partido Comunista de Cuba (PCC). Antes de las elecciones generales anunció, en un artículo de prensa, su intención de no aceptar el cargo de presidente de Cuba, al que –seguramente– sería reconducido por el voto popular.

Más allá de los trámites formales, pues él continúa en los hechos teniendo el cargo principal en la dirección del PCC, esta decisión representa el punto final en su carrera de dirigente político, manteniéndose como orientador ideológico mediante sus artículos en prensa, que continuará redactando regularmente.

El acto en su sencillez no nos exhibe la dimensión total del gesto como momento final digno de la carrera impar de este excepcional dirigente revolucionario. Fidel fue un gran dirigente de masas, un gran dirigente partidario y un gran estadista –características que, desde la perspectiva del movimiento revolucionario, sólo comparte con Lenin.

Se trata de una trayectoria de vida y no únicamente de 49 años, como dice la prensa. Desde los años 40, como estudiante de abogacía y líder estudiantil, Fidel ya participaba en la lucha revolucionaria; por tanto, ¡son más de 60 de sus más de 80 años de vida los que dedicó a la militancia política! Fidel estaba en Bogotá en 1948 –para participar en un congreso por la independencia del Canal de Panamá– en momentos que ocurre el bogotazo, cuando las fuerzas del Partido Conservador asesinaron a Gaitán, el candidato progresista del Partido Liberal.

Fidel se transformó en un extraordinario dirigente revolucionario en la lucha contra la dictadura de Batista y supo transformarla en un combate sin tregua para erradicar las raíces del propio régimen: el latifundio, el capital extranjero y el apoyo directo de Estados Unidos. Por eso, la revolución cubana –el acontecimiento que partió en dos, antes y después de 1959, la historia de América Latina y de la izquierda– transitó rápidamente de la fase democrática a la socialista, gracias al enfrentamiento de la cuestión nacional, que había quedado en suspenso a partir de que Estados Unidos bloqueara la victoria de Martí y los independentistas cubanos sobre España, a finales del siglo XIX, imponiendo una tutela sobre el país que se extendió hasta 1959.

Fidel asumió la dirección de la primera revolución socialista de Occidente, allí, ¡a 140 kilómetros de distancia de la mayor potencia imperial de la historia de la humanidad! Dirigió la construcción de una sociedad basada en la solidaridad, el humanismo, la afirmación de los derechos de todos. Ayudó a tornar posible la sociedad más justa del mundo, demostrando que un país no precisa ser rico para ser justo: basta ser digno y construir una sociedad en las antípodas de la lógica del mercado.

Fidel contribuyó a erguir la sociedad internacionalmente más solidaria del planeta, aquella que tiene un número mayor de médicos trabajando en diversos continentes –especialmente en los países más pobres– que toda la Organización Mundial de la Salud. Formó las primeras generaciones de médicos pobres de América Latina, que –entre otras cosas– devolvieron la posibilidad de ver a millones de latinoamericanos. Colaboró activamente para terminar con el analfabetismo en varios países –meta cumplida en Venezuela y en avanzado proceso de concreción en Bolivia y Nicaragua–, además de desarrollar el mayor proyecto humanitario en Haití: el de alfabetización –en creole– de 3 millones de personas. Con Fidel, Cuba se volvió digna de José Martí: “Ser internacionalista es cumplir con nuestra deuda con la humanidad”.

En este momento de gran emoción y tanto orgullo, me permito un recuerdo personal: la primera tarea que realicé como militante fue distribuir un periódico –Acción Socialista– que, en su primera página, presentaba una foto parecida con dos equipos de futbol, pero era el de los barbudos el que había derrocado la dictadura en una isla casi desconocida y que, además, estaba muy distante de nosotros. ¡Fue hace casi 50 años! En aquella foto que yo distribuía, estaban Fidel, el Che y sus compañeros. Como ellos, yo y muchos de nosotros fuimos y somos compañeros de vida, compañeros de lucha por un mundo que sea solidario y humanista, por un mundo socialista.

* Traducción: Ruben Montedónico
* http://www.jornada.unam.mx/2008/03/02/index.php?section=opinion&article=028a1mun
* La Jornada

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Adolfo Sánchez Rebolledo: El mensaje de Fidel (primera parte)

Hoy, cuando lo más inesperado se convierte en realidad (la decisión personal de Fidel Castro de no aceptar cargos al frente del Estado), comienza la última especulación sobre Cuba, su futuro y la naturaleza de las transformaciones que el propio mensaje del líder cubano registra como necesidad insoslayable. Sobre la balanza, la historia de un hombre y un pueblo, la relación de los aciertos y los errores, las expresiones de amor y odio, la línea que separa al estadista del dictador, el retrato del revolucionario universal contenido en el relato general de una biografía donde de algún modo también se inscribe la memoria de mi generación.

Cada quien hará su ajuste de cuentas tratando de eludir “el simplismo apologético o la autoflagelación como antítesis”, dilema que impone, en cualquier caso, ir más allá de la superficie y la inmediatez, asumir en serio la crítica de una trayectoria irreductible a la simplificación. La historia dará su veredicto, sin duda (perdón por el inmisericorde lugar común), pero antes será la sociedad cubana, con su serenidad probada, la que marcará la pauta a seguir. Y eso es lo más importante.

El mensaje indica que ese cambio ya ha comenzado. Fidel no ha muerto en el poder o derrotado. Fracasaron las intentonas para asesinarlo. El mensaje cierra un ciclo y, apenas sin decirlo, gana una difícil batalla al imperio, al que ha “mantenido a raya durante medio siglo”. Se va, pero mantiene la presencia hasta el final. “No me despido de ustedes. Deseo sólo combatir como un soldado de las ideas. Seguiré escribiendo bajo el título Reflexiones del compañero Fidel. Será un arma más del arsenal con la cual se podrá contar. Tal vez mi voz se escuche. Seré cuidadoso.”

Como Chibás en su tiempo, Fidel ha dado un gran aldabonazo pensando en el futuro, pero esta vez la suya es una voz tranquila, no un grito desesperado, a favor de proseguir avanzando en un camino áspero, duro. Ése es el primer significado de sus palabras: “Mi más profunda convicción es que las respuestas a los problemas actuales… requieren más variantes de respuesta para cada problema concreto que las contenidas en un tablero de ajedrez. Ni un solo detalle se puede ignorar, y no se trata de un camino fácil, si es que la inteligencia del ser humano en una sociedad revolucionaria ha de prevalecer sobre sus instintos”.

Aunque los temas de la agenda más actual se refieren a la superación de las dificultades económicas y a la búsqueda de soluciones creativas a los problemas sociales en condiciones de escasez en un país con altos grados de educación y salud, lo cierto es que en la mira de los observadores foráneos se halla el régimen político y las transformaciones de orden democrático, a la plena vigencia de las libertades fundamentales. Pero en este punto, los cubanos no cederán por inercia al discurso dominante como el que predica Bush; tampoco harán concesiones que parezcan una rendición ni avalarán teorías sagradas que han fracasado en otras latitudes. Y eso ya debían saberlo de memoria los estrategas del Departamento de Estado y el Pentágono. Pero éstos siguen en las mismas, pues las sinrazones del imperio esgrimidas hacia Cuba no se han movido una micra en medio siglo. Expresan la voz del Destino Manifiesto. (Apenas si Obama, gran novedad, apela al diálogo.)

La figura de Fidel Castro, cuando llegue la hora de hacer ese examen, tendrá que medirse por el tamaño de los problemas que le toca enfrentar y la naturaleza de sus adversarios. Nadie espere un cuadro beatífico desprovisto de contrastes y zonas oscuras, aun si se prescinde de los trazos humeantes de sus enemigos fabricantes de caricaturas. Pero nada arrojará verdadera luz si no se asume en serio el terrible papel jugado por Estados Unidos a través de este medio siglo, papel que suelen ignorar los “fundamentalistas de la democracia” cuando plantean las disyuntivas históricas como opciones a la carta. A ese respecto, me gustaría retroceder en el tiempo y recordar algunos momentos olvidados de esa larga marcha, destacando algunas posturas de la oposición “democrática” proyanqui cuya persistencia a través de los años aun hoy impiden resolver en paz y mediante el diálogo la cuestión cubana.

La acción revolucionaria de los rebeldes triunfantes en 1959 sacude a propios y extraños, desde luego a las izquierdas, ahogadas en el pantano de la guerra fría por la persecución y el dogmatismo, pero revela al mismo tiempo el hecho fundamental de esta historia: la incapacidad del Departamento de Estado para asimilar las situaciones y las ideas divergentes que en teoría debían estar bajo su dominio. Dicho de otro modo, el ejercicio de la ideología dominante como barrera epistemológica negativa en un mundo que ha comenzado a cambiar.

A finales de los años 50, quienes mandan en la Casa Blanca están convencidos de que la aventura de los rebeldes cubanos concluirá con la vuelta a la escena de los partidos tradicionales, desaparecidos gracias al golpe de mano militar de su viejo aliado, el ex dictador Fulgencio Batista. En su visión se proyecta la imagen de la Revolución deseada por ellos y construida por los medios: el gran espectáculo de la Sierra Maestra y la carismática presencia de Fidel Castro, con su lenguaje humanista a favor de los humildes, son expresiones genuinas, sin duda, pero estimulan el autoengaño ideológico de quienes padecen una suerte de “otitis del tenor”, o sea, la sordera causada en el cantante de tanto escucharse a sí mismo. Se equivocaron. Cuando “el comandante mandó a parar” ya era tarde para ellos, aunque no fueron los únicos en sucumbir a esa suerte de fatalismo, fundado en el prejuicio y la prepotencia chauvinista y neocolonial. A eso apuntaba, además, la trágica experiencia de las revoluciones frustradas en Cuba misma y luego en Guatemala. Nada podía hacerse en el continente sin la autorización estadunidense.

La adhesión a esa visión impidió entender a la Revolución como el punto de partida –no el de llegada– de una revolución nacional postergada, cuya realización implicaba grandes reformas sociales y el traspaso efectivo del poder de manos de la oligarquía a los revolucionarios.

El dilema al que se enfrenta Fidel Castro parece simple, pero implica una decisión de vida o muerte: o la revolución daba pasos hacia la constitución de un fuerte Estado nacional o desaparecía en unas cuantas semanas.

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Fidel Castro Ruz: El valor de las ideas

Che era un hombre de ideas.

Con dolor profundo escucharía los discursos que desde posiciones tradicionales de izquierda se pronunciaron en la Cumbre Iberoamericana en Santiago de Chile.

Los de la derecha asumieron las posiciones igualmente tradicionales haciendo inteligentes concesiones a la supuesta izquierda.

Orgullo sentiría por los pronunciamientos de varios líderes, revolucionarios y valientes, con independencia de la poca o mucha experiencia política de cualquiera de ellos.

La experiencia es la madre de la ciencia y de las ideas.

De las batallas libradas por un puñado de combatientes cubanos en un fragmento de la Sierra Maestra contra fuerzas extraordinariamente superiores en número y en armas, elaboró el Che las ideas que después sintetizó en su libro La guerra de guerrillas.

La crítica de Chávez a Europa fue demoledora. La Europa que precisamente pretendió dar lecciones de rectoría en esa Cumbre Iberoamericana.

En las palabras de Daniel y Evo se escucharon las voces de Sandino y de las culturas milenarias de este hemisferio.

El discurso que en esa Cumbre pronunció el presidente de El Salvador provoca náuseas.

El capitalismo es un sistema regido por leyes ciegas, destructivas y tiránicas impuestas a la especie humana.

Dedicar la próxima Cumbre a la juventud latinoamericana es una mezcla indigerible de cinismo y de mentira para sembrar reflejos condicionados en la mente de los pueblos.

* La Jornada
* http://www.jornada.unam.mx/2007/11/12/index.php?section=opinion&article=037a1mun

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Angel Guerra Cabrera: Che y las revoluciones y rebeldías de hoy

Entre las muchas y sentidas recordaciones tributadas al Che Guevara en este año probablemente la última visita de Hugo Chávez a Cuba sea la que ha promovido una valoración más certera de la impronta del Guerrillero Heroico en el mundo actual. Fecunda jornada de trabajo plena de connotaciones bolivarianas, martianas y guevarianas, los acuerdos firmados amplían y profundizan la ya entrañable solidaridad y unión cubano-venezolanas en el contexto de la Alternativa Boliviariana para las Américas (Alba) y fortalecen el mecanismo en todos los países miembros. Pasos previos, propuso Chávez, para llegar en plazo no lejano a una confederación de las dos Repúblicas.

La parte pública de los diálogos entre Chávez y Fidel Castro, transmitida a Cuba y Venezuela a través del programa radiotelevisivo Aló, presidente, y otros pronunciamientos del visitante y sus anfitriones son una importante contribución pedagógica a la comprensión y transformación revolucionaria del mundo de hoy. En la primera sección de esta nota intento resumirlos en versión libre, añadiendo interpretaciones propias, y en la segunda comento los instrumentos firmados por ambas partes.

1) Las ideas y la revolución por las que cayó combatiendo Che Guevara han encarnado en las múltiples luchas populares y procesos revolucionarios que están cambiando hoy la orientación política de América Latina. Esa revolución e ideas están sembradas en la conciencia de los pueblos y las circunstancias no pueden ser más propicias para que broten. Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador y las diversas luchas populares de nuestra América –ahora por vías distintas a la armada–, así como las de otros lugares del planeta –pienso en Irak, el pueblo palestino, Irán, la resistencia patriótica libanesa, Afganistán– dan cuerpo en la actualidad al concepto de “muchos Vietnam” que llamaba a crear el Che: una multiplicación de la resistencia al imperialismo de tal magnitud que éste no pueda sofocar.

Que Cuba mantuviera viva la llama de su rumbo socialista frente al imperialismo, incluso en la durísima situación posterior a la desaparición de la Unión Soviética, cuando todo se veía oscuro, fue un gran estímulo a la reavivación del fuego revolucionario en nuestra región. El socialismo, con las particularidades de cada pueblo y cultura, es la única opción para salvar a la humanidad de la explotación y el genocidio ecológico y militar capitalista. Las revoluciones actuales de América Latina tienen sus propios ritmos y características, pero están interconectadas.

La unipolaridad fue desplazada por la pluripolaridad en virtud de la derrota de Estados Unidos en Irak, su ocaso económico y desprestigio político y moral, así como el surgimiento de nuevos actores y regiones económicas mundiales, que como América Latina, Irán, Rusia y China lo enfrentan o desafían su hegemonía. En este contexto, el Banco del Sur es un avance decisivo.

El imperialismo está listo para usar las armas nucleares –además de la subversión y la guerra mediática– contra la rebeldía de los pueblos, hecho confirmado por la propia Doctrina de Seguridad Nacional de Estados Unidos, y frente a esas amenazas no hay otro camino hacia la victoria que la resistencia: no debe concedérsele “ni un tantito así”.

2) Los acuerdos y proyecciones derivados de la visita de Chávez a Cuba consolidan las relaciones de hermandad entre las dos naciones. Están en marcha 352 proyectos en común en los que la inversión y el comercio no son fines, sino instrumentos para el desarrollo económico y social de ambos y de los demás miembros del Alba, tomando en cuenta las asimetrías y los aspectos en los que cada uno puede aportar fortaleza al otro sin que medie el interés de la ganancia. No se trata de una suma, sino de una potenciación de las energías de los dos pueblos. El desarrollo conjunto, mediante empresas binacionales existentes o en proceso de creación con los nuevos acuerdos, de programas alimentarios, energéticos, de telecomunicaciones y el impulso a la tecnología cimentarán la unión de los dos países.

La solidaridad latinoamericana es un objetivo principal de este esfuerzo, que no sólo persigue robustecer la soberanía y el bienestar social de Cuba y Venezuela. Aplica planes como la Operación Milagro, que ha devuelto la vista a 862 mil latinoamericanos y caribeños, y la Revolución Energética, que beneficia a 14 estados, y extiende las misiones sociales a otros sin importar que sean miembros del Alba.

* http://www.jornada.unam.mx/2007/10/18/index.php?section=opinion&article=032a1mun
* © La Jornada
* aguerra_123@yahoo.com.mx

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