Ricardo Zedano: ‘Logros’ y fracasos al manipularse la información en América Latina

Abril es uno de los meses del año en que se recuerda una serie de fechas que han marcado la historia de cada pueblo, cada país, cada continente etc. Así pues, tenemos acontecimientos que tuvieron lugar en algunos países latinoamericanos en el mencionado mes -claro está- en diferentes años, diferentes épocas, diferentes siglos.

Como por ejemplo, el 2 de abril de 1867 Porfirio Díaz derrota al ejército francés durante la Segunda Intervención Francesa en México; el 17 de abril de cada año Cuba celebra el ‘Día de la Revolución Socialista’ como consecuencia de la invasión norteamericana que tuvo inicio en Playa Girón ese mismo día del año 1961; el 13 de abril Venezuela celebra el retorno del presidente Hugo Chávez al poder 47 horas después del golpe de Estado perpetrado el 11 de abril de 2002.

Entre los dos últimos sucesos hay algo en común. Ambos testimonian dos de las tres grandes e históricas derrotas que el gobierno norteamericano experimentó en tierras latinoamericanas, tal como lo recordara en Caracas el presidente venezolano, Hugo Chávez, al felicitar a la Revolución Cubana el 19 de abril del presente año con motivo del 47 aniversario de la victoria en Playa Girón sobre tropas invasoras apoyadas por los Estados Unidos de Norteamérica. Sin embargo, existe algo que también los diferencia muy remarcadamente: la magnitud con la que se manipula la información en su difusión mediante los medios de comunicación masiva para formar estereotipos con el afán, por ejemplo, de intervenir en los asuntos internos de muchos países que no aceptan se les imponga un mundo unipolar; de derrocar presidentes como en el caso de Hugo Chávez, quien fue destituido en abril de 2002 mediante un golpe de Estado orquestado por la CIA; de desestabilizar regiones, etc.

En lo que respecta al último suceso señalado en el párrafo anterior se puede citar el caso en el que se ve involucrada y de esta manera desprestigiada la prensa latinoamericana a nivel mundial: ‘El 29 de octubre del 2001 la Embajadora de turno del Departamento de Estado Donna Hrinak se entrevistó con el Presidente Chávez para ‘plantearle algo’ en el Palacio de Miraflores, hecho que fue calificado por la parte venezolana como un regaño a Hugo Chávez por su discurso: ‘Los niños afganos muertos no tienen la culpa del terrorismo de Osama Bin Laden. Solicito a Washington que cese los bombardeos y que detenga la matanza de inocentes. No se puede combatir el terrorismo con el terrorismo de Estado’. Ante el regaño que presentó por escrito la citada Embajadora a nombre de sus superiores, fue invitada a abandonar la oficina del presidente. Esto dio el inicio al plan de derrocamiento que se venía preparando desde hace mucho tiempo. Claro que hubo otros elementos que incrementaron la presión imperialista como la visita que el presidente Chávez había iniciado soberanamente en diversos países del mundo y al mismo tiempo la decisión de rehabilitar la OPEP que en esos momentos se encontraba en su peor situación.

Los que organizaron el golpe de Estado se apoyaron en una excusa de alguna forma, yo diría, que no menos trascendente para ocultar la verdad y la razón del citado golpe, cuando veían que uno de los países que ellos consideraban satélite se les escurría como el agua entre los dedos. Entonces viene la patronal que decreta la huelga en función de unas leyes que el mismo pueblo venezolano había creado, leyes habilitantes que en número de 47 fueron otorgadas al presidente para que sean promulgadas en el más corto plazo puesto que la constitución venezolana necesitaba de instrumentos para que sea puesta en ejecución.

Participaron en la organización del cruento golpe de Estado en primer lugar el poder de los medios de comunicación a lo que en Venezuela llamamos la ‘mediocracia’, pero estos no fueron los que por sí mismo organizaron y ejecutaron el golpe. Sin embargo, el periódico ‘El Nacional’, uno de los periódicos que se leía más en aquella época, pero ahora no, titulaba ‘Marchar hasta que se marche’ el 10 de abril del 2002, el otro titular por la mañana al día siguiente era ‘La batalla final es en Miraflores’, pero la patronal empresarial FEDECAMARAS dirigía al golpe, la Corporación de Trabajadores de Venezuela que en otrora era reivindicadora de las luchas sociales de los trabajadores, cuya directiva se encontraba al frente del golpe; la cúpula militar, generales y coroneles, la Iglesia, pero no la iglesia de base, no la iglesia que cree en Dios, sino la dirigencia católica al mando de la cual estaba el Jefe del Episcopado venezolano, el Departamento de Estado, sin que tengamos que ocultar algo porque no vemos porqué h
acerlo, dirigía las operaciones desde Washington a través de dos instituciones de inteligencia: una dependiendo directamente de él, y otra ubicada en oriente medio; y por detrás de toda esta organización la Fundación Nacional para la Democracia, reitero ‘Fundación Nacional para la Democracia’, fundación a través de la cual llegaban los dólares para financiar el evento organizado de forma previa. El golpe se inicio el 11 de abril con una marcha, como acabo de mencionar, convocada con todos esos elementos para protestar contra las leyes habilitantes, pero como decía el ‘Nacional’: la batalla final es en Miraflores, hacia donde se dirigió y en donde los francotiradores provocadores de la confrontación entre los venezolanos estaban apostados en los hoteles Ausonia y Edén…’ – señaló el Embajador de la República Bolivariana de Venezuela en la Federación de Rusia, señor Alexis Navarro quien fue testigo y también víctima del golpe.

Otro caso en el que se ve involucrada la prensa, pero en esta ocasión la europea, es el que tuvo lugar en marzo del año en curso: como atizando el fuego en las delicadas relaciones diplomáticas entre Ecuador y Colombia, después de que el último injustificadamente incursionara militarmente en territorio ecuatoriano, el diario ‘El País’ de España publica un artículo titulado ‘Las FARC hallan refugio en Ecuador’, lo que produjo la reacción inmediata de José Miguel Insulza, Secretario General de la OEA, repudiando categóricamente supuestas declaraciones de un presunto funcionario de la OEA, consignadas en el citado artículo. El titular de la Secretaría General de la OEA manifestó su sorpresa porque tan prestigioso diario haya incurrido ‘en un error de esta categoría’ que atenta contra la verdad, afecta el prestigio de un gobierno y perjudica la gestión conciliadora de la Organización.

Es una pena que muchos periodistas en el mundo hayan caído en la desgracia convirtiéndose en herramientas y vasallos de los ricos que, al parecer, les pagan para que destruyan la verdad haciéndose cómplices de malévolos planes y conspiraciones sin importarles y olvidándose de la ética profesional y la responsabilidad que tienen ante la sociedad mundial. Para ellos consigno en líneas abajo el punto número 8 de la Declaración de Principios sobre la Conducta de los Periodistas que puntualiza los deberes esenciales de los periodistas en la búsqueda, la transmisión, la difusión y el comentario de las noticias y de la información, así como en la descripción de los sucesos: el periodista considerará como faltas profesionales graves el plagio, la distorsión mal intencionada, la calumnia, la maledicencia, la difamación, las acusaciones sin fundamento, la aceptación de alguna gratificación a consecuencia de la publicación de una información o de su supresión.

La ‘libertad de expresión y de prensa’ de entre otros aspectos de la vida, no significa libertinaje. ‘Si los célebres liberales del pasado, que sacrificaban sus vidas por la libertad, el honor, el valor, incluso por la patria, como por ejemplo Giuseppe Garibaldi, defensor de la libertad y de su patria, Italia, vieran qué es lo que en la actualidad se considera apoteosis de la libertad en Occidente se horrorizarían. Reducir el concepto de libertad a las libertades físicas, pues se caería en un error porque en realidad no existe libertad. Todo lo contrario, se cae en la esclavitud puesto que el hombre depende de parámetros muy específicos: un medio físico, temperatura del medio ambiente, de oxígeno, ingerencia de alimentos, necesidades biológicas. Por ello la libertad espiritual era siempre muy valorada, ya que esta daba la oportunidad de controlar el cuerpo. Ahora es todo lo contrario, todo lo que se desea y se hace es considerado libertad’, como lo señalará Natalia Narochnitskaya, Doctora en Historia.

Las causas injustas no tendrán cabida ni éxito en el mundo ni muchos menos en países donde construyen su propia democracia y no la que tratan de imponer, como por ejemplo a Rusia. Con esa obsesión con la que algunos tratan de convencer a otros de que su ‘democracia’ es la que tiene que ser vigente en el mundo, están haciendo algo semejante a lo que Natalia Narochnitskaya destacó en una rueda de prensa con periodistas extranjeros en la sede de la Fundación de Perspectiva Histórica en la ciudad de Moscú, y contra lo que lucharon ellos mismos: ‘El liberalismo de Occidente pregona: denle a todos igual democracia, iguales derechos (declarados y defendidos por el Estado) y ninguna contradicción habrá. Lo que la doctrina comunista decía: denle a todos igual trozo de pan y no habrá ningún problema, y todos se unirán en una sola comunidad. Y el Estado, como solía decir Lenin, ha de ser destruido, incluso el democrático’.

En algunas partes del mundo se comparte el pensamiento que el Embajador de Venezuela pronunciara el 14 de abril del presente año en conmemoración al sexto año del retorno de Chávez al poder: ‘¿Qué es la democracia? Me atrevo a decir lo que escribí respecto a lo que considero democracia. Y aquí no comprometo a mi gobierno, sino que deseo expresar mi opinión personal: para mi la democracia es un hecho caprichoso que se comporta según su factor. Pues sí, el factor de la democracia es el pueblo venezolano, y por esta razón tiene el monopolio de escribir su historia y ha tomado conciencia de que quiere y debe ser libre, responsable de su destino y que comparte y se quiere hacer acompañar con los hermanos de Latinoamérica, del Caribe y de Rusia…’.

* Argenpress
* http://www.argenpress.info/nota.asp?num=054416&Parte=0

2 Comments

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2 responses to “Ricardo Zedano: ‘Logros’ y fracasos al manipularse la información en América Latina

  1. Carolina

    Les recomiendo mucho, después de leer este artículo el interesante documental “THE WAR ON DEMOCRACY” DE JOHN PILGER.

    John Pilger (nacido en 1939) es un reportero australiano de tendencia izquierdista, procedente de Sydney. La carrera como reportero de Pilger comenzó en 1958, y se ha hecho famoso por los diferentes libros y documentales que ha escrito o producido. Desde la derecha siempre se le ha ridiculizado y despreciado. En Reino Unido es más conocido por sus documentales, particularmente los rodados en Camboya y Timor Oriental. Ha trabajado como corresponsal de guerra durante conflictos en Vietnam, Camboya, Egipto, India, Bangladesh y Biafra.

    Pueden encontrar algunas partes del documental en:http://elproyectomatriz.wordpress.com/2007/10/19/the-war-on-democracy-de-john-pilger/

    Habla mucho sobre “la democracia” de Estados Unidos. Claro mientras no atente a sus interesés. Creo que les gustará ver el trabajo de John Pilger, en verdad es muy interesante y habla sobre Venezuela, Chile, y otros países, el modelo de economía de choque implantado en Chile, espero que lo puedan ver completo vale la pena

  2. Carolina

    Les comparto este artículo de Pilger, habla de lo mismo que en el documental, es tan interesante:

    http://www.johnpilger.com/page.asp?partid=485

    Latin America: the hidden war on democracy
    John Pilger

    24 Apr 2008

    In an article for the New Statesman, John Pilger argues that an unreported war is being waged by the United States, and Britain, to restore power to the privileged classes at the expense of the majority.

    Beyond the sound and fury of its conquest of Iraq and campaign against Iran, the world’s dominant power is waging a largely unreported war on another continent – Latin America. Using proxies, Washington aims to restore and reinforce the political control of a privileged group calling itself middle-class, to shift the responsibility for massacres and drug trafficking away from the psychotic regime in Colombia and its mafiosi, and to extinguish hopes raised among Latin America’s impoverished majority by the reform governments of Venezuela, Ecuador and Bolivia.

    In Colombia, the main battleground, the class nature of the war is distorted by the guerrillas of the Revolutionary Armed Forces of Colombia, known as the Farc, whose own resort to kidnapping and the drugs trade has provided an instrument with which to smear those who have distinguished Latin America’s epic history of rebellion by opposing the proto-fascism of George W Bush’s regime. “You don’t fight terror with terror,” said President Hugo Chávez as US warplanes bombed to death thousands of civilians in Afghanistan following the 11 September 2001 attacks. Thereafter, he was a marked man. Yet, as every poll has shown, he spoke for the great majority of human beings who have grasped that the “war on terror” is a crusade of domination. Almost alone among national leaders standing up to Bush, Chávez was declared an enemy and his plans for a functioning social democracy independent of the United States a threat to Washington’s grip on Latin America. “Even worse,” wrote the Latin America specialist James Petras, “Chávez’s nationalist policies represented an alternative in Latin America at a time (2000-2003) when mass insurrections, popular uprisings and the collapse of pro-US client rulers (Argentina, Ecuador and Bolivia) were constant front-page news.”

    It is impossible to underestimate the threat of this alternative as perceived by the “middle classes” in countries which have such an abundance of privilege and poverty. In Venezuela, their “grotesque fantasies of being ruled by a ‘brutal communist dictator’”, to quote Petras, are reminiscent of the paranoia of the white population that backed South Africa’s apartheid regime. Like in South Africa, racism in Venezuela is rampant, with the poor ignored, despised or patronised, and a Caracas shock jock allowed casually to dismiss Chávez, who is of mixed race, as a “monkey”. This fatuous venom has come not only from the super-rich behind their walls in suburbs called Country Club, but from the pretenders to their ranks in middle-level management, journalism, public relations, the arts, education and the other professions, who identify vicariously with all things American. Journalists in broadcasting and the press have played a crucial role – acknowledged by one of the generals and bankers who tried unsuccessfully to overthrow Chávez in 2002. “We couldn’t have done it without them,” he said. “The media were our secret weapon.”

    Many of these people regard themselves as liberals, and have the ear of foreign journalists who like to describe themselves as being “on the left”. This is not surprising. When Chávez was first elected in 1998, Venezuela was not an archetypical Latin American tyranny, but a liberal democracy with certain freedoms, run by and for its elite, which had plundered the oil revenue and let crumbs fall to the invisible millions in the barrios. A pact between the two main parties, known as puntofijismo, resembled the convergence of new Labour and the Tories in Britain and Republicans and Democrats in the US. For them, the idea of popular sovereignty was anathema, and still is.

    Take higher education. At the taxpayer-funded elite “public” Venezuelan Central University, more than 90 per cent of the students come from the upper and “middle” classes. These and other elite students have been infiltrated by CIA-linked groups and, in defending their privilege, have been lauded by foreign liberals.

    With Colombia as its front line, the war on democracy in Latin America has Chávez as its main target. It is not difficult to understand why. One of Chávez’s first acts was to revitalise the oil producers’ organisation Opec and force the oil price to record levels. At the same time he reduced the price of oil for the poorest countries in the Caribbean region and central America, and used Venezuela’s new wealth to pay off debt, notably Argentina’s, and, in effect, expelled the International Monetary Fund from a continent over which it once ruled. He has cut poverty by half – while GDP has risen dramatically. Above all, he gave poor people the confidence to believe that their lives would improve.

    The irony is that, unlike Fidel Castro in Cuba, he presented no real threat to the well-off, who have grown richer under his presidency. What he has demonstrated is that a social democracy can prosper and reach out to its poor with genuine welfare, and without the extremes of “neoliberalism” – a decidedly unradical notion once embraced by the British Labour Party. Those ordinary Venezuelans who abstained during last year’s constitutional referendum were protesting that a “moderate” social democracy was not enough while the bureaucrats remained corrupt and the sewers overflowed. This critique of Chavez’s “Bolivarian Revolution” from the barrios was drowned in the Venezuelan and foreign media’s unrelenting propaganda that he was planning a dictatorship.

    Across the border in Colombia, the US has made Venezuela’s neighbour the Israel of Latin America. Under “Plan Colombia”, more than $6bn in arms, planes, special forces, mercenaries and logistics have been showered on some of the most murderous people on earth: the inheritors of Pinochet’s Chile and the other juntas that terrorised Latin America for a generation, their various gestapos trained at the School of the Americas in Georgia. “We not only taught them how to torture,” a former American trainer told me, “we taught them how to kill, murder, eliminate.” That remains true of Colombia, where government-inspired mass terror has been documented by Amnesty, Human Rights Watch and many others. In a study of 31,656 extrajudicial killings and forced disappearances between 1996 and 2006, the Colombian Commission of Jurists found that 46 per cent had been murdered by right-wing death squads and 14 per cent by Farc guerrillas. The paramilitaries were responsible for most of the three million victims of internal displacement. This misery is a product of Plan Colombia’s pseudo “war on drugs”, whose real purpose has been to eliminate the Farc. To that goal has now been added a war of attrition on the new popular democracies, especially Venezuela.

    US special forces “advise” the Colombian military to cross the border into Venezuela and murder and kidnap its citizens and infiltrate paramilitaries, and so test the loyalty of the Venezuelan armed forces. The model is the CIA-run Contra campaign in Honduras in the 1980s that brought down the reformist government in Nicaragua. The defeat of the Farc is now seen as a prelude to an all-out attack on Venezuela if the Venezuelan elite – reinvigorated by its narrow referendum victory last year – broadens its base in state and local government elections in November.

    America’s man and Colombia’s Pinochet is President Álvaro Uribe. In 1991, a declassified report by the US Defence Intelligence Agency revealed the then Senator Uribe as having “worked for the Medellín Cartel” as a “close personal friend” of the cartel’s drugs baron, Pablo Escobar. To date, 62 of his political allies have been investigated for close collaboration with paramilitaries and their death squads. A feature of his rule has been the fate of journalists who have illuminated his shadows. Last year, four leading journalists received death threats after criticising Uribe. Since 2002, at least 31 journalists have been assassinated in Colombia. Uribe’s other habit is smearing trade unions and human rights workers as “collaborators with the Farc”. This marks them. Colombia’s death squads, wrote Jenny Pearce, author of the acclaimed Under the Eagle: US Intervention in Central America and the Caribbean (1982), “are increasingly active, confident that the president has been so successful in rallying the country against the Farc that little attention will shift to their atrocities”.

    Uribe was personally championed by Tony Blair, reflecting Britain’s long-standing, mostly secret role in Latin America. “Counter-insurgency assistance” to the Colombian military, up to its neck in death-squad alliances, includes training by the SAS of units such as the High Mountain Battalions, condemned repeatedly for atrocities. On 8 March, Colombian officers were invited by the Foreign Office to a “counter-insurgency seminar” at the Wilton Park conference centre in southern England. Rarely has the Foreign Office so brazenly paraded the killers it mentors.

    The western media’s role follows earlier models, such as the campaigns that cleared the way for the dismemberment of Yugoslavia and the credibility given to lies about Iraq’s weapons of mass destruction. The softening-up for an attack on Venezuela is well under way, with the repetition of similar lies and smears.

    On 3 February, the London Observer devoted two pages to claims that Chávez was colluding in the Colombian drugs trade. Similarly to the paper’s notorious bogus scares linking Saddam Hussein to al-Qaeda, the Observer’s headline read, “Revealed: Chávez role in cocaine trail to Europe”. Allegations were unsubstantiated; hearsay uncorroborated. No source was identified. Indeed, the reporter, clearly trying to cover himself, wrote: “No source I spoke to accused Chávez himself of having a direct role in Colombia’s giant drug trafficking business.”

    In fact, the UN Office on Drugs and Crime has reported that Venezuela is fully participating in international anti-drugs programmes and in 2005 seized the third-highest amount of cocaine in the world. Even the Foreign Office minister Kim Howells has referred to “Venezuela’s tremendous co-operation”. The drugs smear has recently been reinforced with reports that Chávez has an “increasingly public alliance [with] the Farc” (see “Dangerous liaisons”, New Statesman, 14 April). Again, there is “no evidence”, says the secretary general of the Organisation of American States. At Uribe’s request, and backed by the French government, Chávez played a mediating role in seeking the release of hostages held by the Farc. On 1 March, the negotiations were betrayed by Uribe who, with US logistical assistance, fired missiles at a camp in Ecuador, killing Raúl Reyes, the Farc’s highest-level negotiator. An “email” recovered from Reyes’s laptop is said by the Colombian military to show that the Farc has received $300m from Chávez. The allegation is fake. The actual document refers only to Chávez in relation to the hostage exchange. On 14 April, Chávez angrily criticised the Farc. “If I were a guerrilla,” he said, “I wouldn’t have the need to hold a woman, a man who aren’t soldiers. Free the civilians!”

    However, these fantasies have lethal purpose. On 10 March, the Bush administration announced that it had begun the process of placing Venezuela’s popular democracy on a list of “terrorist states”, along with North Korea, Syria, Cuba, Sudan and Iran, the last of which is currently awaiting attack by the world’s leading terrorist state

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