J. Enrique Olivera Arce: Tras los primeros pasos, la autocrítica es obligada

Alerta a la Nación. Futuro ominoso para el Estado mexicano

¿Ahora qué sigue? Es la pregunta que muchos nos hacemos, tras la primera etapa de la Consulta Ciudadana sobre el futuro de la industria petrolera nacional que tuviera lugar en el Distrito Federal y nueve entidades federativas. La incertidumbre es mayor ante los visos de solución negociada entre las cúpulas de los tres partidos mayoritarios que terminarán por imponerse en el ánimo y conciencia de los legisladores en el Congreso de la Unión.

Las respuestas a tal interrogante, lo mismo provenientes de destacados y comprometidos analistas y politólogos de la izquierda que de los cuadros dirigentes del FAP, no se han dejado esperar, coincidiéndose en lo general en la necesidad de mantener la resistencia pacífica frente a un eventual “albazo” resultante del acuerdo cupular o del mayoriteo del PRIAN. Sólo una voz con suficiente autoridad moral y política como la de Luís Hernández Navarro, en previsión a la segunda y tercera etapa de la Consulta, con toda atingencia ha llamado a la necesidad de un balance auto crítico en torno a los resultados de la primera. Lo que es destacable pues más allá del triunfalismo que despertaran los primeros resultados –más cualitativos que cuantitativos- las lecciones que dejara tan importante ejercicio social y político deben ser rescatadas y valoradas en su justa dimensión, como aporte al proceso de construcción de la democracia participativa en que está empeñado un importante segmento de la sociedad mexicana.

Como suele decirse en el futbol, esto no se acaba hasta que se acaba. El debate que la ciudadanía impusiera al Senado, así como la consulta, apenas son el inicio de un largo camino que no concluye con la votación del pleno en las Cámaras a favor, en contra de las iniciativas calderonistas, o aprobando un hibrido privatizador como el propuesto por el PRI. Sin dejar de lado que las bancadas del PRD, Convergencia y PT, son las primeras obligadas en el Congreso de la Unión a responder a los llamados de la ciudadanía movilizada. Sea cual fuere el resultado emanado de ambas Cámaras, todo indica que el futuro transitará por el camino de la democracia participativa, para ello hay que prepararse elevando el nivel de la cultura política de masas.

Pues como afirma Marco Rascón (La Jornada 05/08/08), “México está paralizado y se ha generado, más que una conciencia democrática avanzada y progresista, promotora de cambios, un retroceso que amenaza con el resurgimiento del viejo régimen.

Dentro de este contexto, habría que ubicar a la actual crisis de los partidos políticos en México que sin duda no tiene nada de circunstancial. La llamada sociedad civil les ha rebasado y las dirigencias cupulares no encuentran el camino de la reconciliación con la ciudadanía. El modelo vertical y autoritario de control y manipulación, con su histórica carga de corrupción, impunidad y simulación, no da más.. Tanto el PRD como el PAN han tocado fondo y están arrastrando al PRI en su caída. La “ruptura” a que hace alusión Porfirio Muñoz Ledo, se percibe como general y no únicamente concerniente a la evidente división interna de las diferentes corrientes del panismo.

Pero si bien es procedente el llamado a la autocrítica de Hernández Navarro, más allá de la coyuntura cuyo eje para la izquierda es el movimiento en defensa del petróleo, en el marco de un horizonte de mediano y largo plazo cobra mayor relevancia la llamada de alerta que a la Nación hace el maestro Pablo González Casanova (La Jornada 07/08/08) al preguntarse “¿A dónde vamos?”; cuando vislumbra en el escenario actual de profundas contradicciones sistémicas, un futuro ominoso para el Estado Mexicano; en el que la privatización creciente es el nuevo nombre del proceso de ocupación integral del Estado y la Nación por parte de los Estados Unidos, sus aliados europeos y las poderosas trasnacionales, subordinando independencia, soberanía, y seguridad nacional.

Con ello González Casanova, de cuya honestidad intelectual nadie duda, pone el dedo en la llaga dando contexto a la coyuntura que hoy se vive en torno al petróleo. Pero también contextualizando en un ir y venir de lo general a lo particular, a la crisis estructural de la sociedad mexicana, el deterioro creciente del tejido social, pérdida de identidad y de valores y la subordinación de la economía, educación y la cultura a intereses externos.

De ahí que a mi juicio, lo que sigue es no perderse en la coyuntura. Hace unas semanas afirmábamos que México se acerca a la encrucijada: la hora de definir el camino futuro para el país ha llegado y hay que cobrar conciencia de ello, actuando en consecuencia. La defensa del petróleo, si bien es plenamente válida en tal contexto, no lo es todo; forma parte de un escenario mayor de una Nación que exige su rescate.

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