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José Blanco: Alto contraste

Un privilegio haber estado el domingo 10 de febrero, en La Habana, en la undécima reunión de rectores cubanos y mexicanos; México es el país con el cual Cuba mantiene el más alto volumen de intercambios académicos de todo tipo. Ambos grupos tuvieron la ocasión de declararse, una vez más, su cercana amistad y sus propósitos de continuar ampliando su cooperación indispensable; un privilegio haber estado el lunes 11 en la reunión conmemorativa del 280 aniversario de la Universidad de La Habana, en la que se rememoraron los hitos fundamentales de su fecunda historia y le fueron entregados múltiples reconocimientos por parte de numerosas universidades del mundo. Un privilegio haber estado del martes 12 al viernes 16 en el sexto Congreso Internacional de Educación Superior Universidad 2008, al que asistieron alrededor de 3 mil 500 académicos y rectores de 75 países a presentar sus puntos de vista sobre el futuro de la universidad en incontables temas de esta institución crucial para el futuro humano. Venezuela, México, Brasil, Argentina, España, Italia y Cuba aportaron las delegaciones más numerosas.

Una semana intensa de trabajo que dejó pocas horas al sueño: dediqué varias horas todas las noches a ver noticieros de canales cubanos y venezolanos (en Cuba abundan).Uno puede ver hechos y dichos, declaraciones, acotaciones, análisis, sobre la propia Cuba, Venezuela, América Latina, el mundo, que los medios mexicanos en general escamotean permanentemente a la sociedad mexicana. Vivimos manipulados por estos medios, no porque sea difícil ver los intereses que se mueven tras “nuestros” medios, sino por falta de información de mil hechos que en el mundo ocurren.

Algunos datos sobre el esfuerzo educativo en Venezuela, por ejemplo, son impresionantes, pero nos cuidamos de no enterarnos. En 2005 Venezuela fue declarada territorio libre de analfabetismo, después de dos años de trabajo iniciado y respaldado por los alfabetizadores cubanos, mediante el notable método llamado Yo sí puedo, ideado por la cubana Leonela Relys, que se inicia por una base alfanumérica, asociando números –que los analfabetos sí conocen– con las letras. Alfabetizar a una persona toma de siete a 13 semanas; se prevén los medios para que el alfabetizado no sólo no pierda, sino desarrolle su capacidad de lecto-escritura. Venezuela alfabetizó más de un millón 500 mil personas en dos años, con la Misión Robinson.

El video del 28 de octubre de 2005 en que Venezuela alcanzó esa hazaña es conmovedor por la alegría que rebasó todo límite en las calles. Pero Venezuela echó a andar también la Misión Ribas, con la que se propone que todos los venezolanos terminen el nivel secundario (las que en México llamamos escuela secundaria y el bachillerato), y la Misión Sucre, por la que se han abierto estudios del nivel terciario (la universalización de la universidad, se dice, lo que es inexacto), en todos los municipios del país.

Si este esfuerzo se mantiene varios años, el impacto educativo que tendrá sobre el desarrollo de Venezuela se hará irreversible. Venezuela es el segundo país de América Latina sin analfabetismo, después de Cuba. Pero hay que ver el crispamiento, la polarización entre chavistas y sus opositores, los insultos, las burlas iracundas; parece haber ahí una bomba de tiempo de muchos megatones.

Del método Relys existen versiones en español, portugués, inglés, creole, quechua y aymara, entre otras, y está hoy en acto en 22 países. La generosidad cubana por un mundo sin analfabetas es inconmensurable.

Cuba posee un sistema educativo admirable y hoy se halla tras la “universalización de la universidad”; como en Venezuela, esa llamada universalización es un término inexacto, no exento de cierta demagogia. Hoy en Cuba hasta a los ingenios azucareros se les ha declarado “universidades”. Se trata de un esfuerzo loabilísimo de continuar elevando al máximo la educación de toda la población, pero esos estudios que pretenden ser de nivel terciario no serán compatibles con ningún sistema educativo terciario del mundo.

De otra parte Cuba posee índices notables en muchos otros rubros sociales. El índice de desarrollo humano 2007-2008 (IDH), que formula el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, ubica a Cuba en el lugar 51 en un ranking de 177 países, con un PIB per cápita de 6 mil dólares. México ocupa el lugar 52 con un PIB per cápita de 10 mil 751, pero acompañado de una desigualdad por la cual la mayor parte de la población se halla por debajo de la línea de pobreza. México está por debajo de Cuba en el índice de esperanza de vida y en el índice combinado de educación primaria, secundaria y terciaria. Cuba posee 591 médicos por cada 100 mil habitantes y México 198.

Algunos contrastes aumentan los valores de los índices cubanos: en materia médica de tercer nivel, contando todas las especialidades, Cuba no parece que tenga nada que enseñar a México, y el asunto puede ser al revés; en cambio, en atención primaria, que es lo fundamental, Cuba lo tiene absolutamente resuelto hace mucho tiempo, y México parece que nunca lo resolverá. Una expresión más de la desigualdad social mexicana.

La educación cubana, sin embargo, se halla hoy en alto riesgo de rezagarse gravemente. La brecha tecnológica con los país desarrollados continúa ampliándose y Cuba se rezaga como el que más. De acuerdo con el IDH, Cuba posee 75 teléfonos por cada mil habitantes (México 189); 12 teléfonos móviles por cada mil (México 460); 17 usuarios de Internet (de pésima calidad) por cada mil (México 181). Alto contraste.

* La Jornada
* http://www.jornada.unam.mx/2008/02/19/index.php?section=opinion&article=018a1pol

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Homar Garcés: Sin cambio estructural no hay revolución socialista posible

Al mantenerse incólumes las estructuras y mecanismos del viejo modelo de Estado representativo en Venezuela, la revolución seguirá siendo un anhelo frustrante al creerse que nada podría cambiar más allá de los cambios políticos, sociales y económicos producidos hasta ahora, limitados a las iniciativas adoptadas al respecto por el Presidente Chávez. Quizás se alegue en descargo que el proceso revolucionario venezolano es pacífico, producto de la vocación democrática del pueblo, y, por lo tanto, debe evolucionar de modo gradual. Sin embargo, las expectativas populares parecen rebasar esta apreciación, aunque se adolezca de una conciencia plenamente revolucionaria, surgida de unos conocimientos conscientemente adquiridos. Cuestión ésta que constituye el punto más débil de todo el proceso bolivariano y sobre el cual poco se ha hecho, a excepción del empeño puesto por William Izarra y de otros destacados revolucionarios de todo el país de promover una instancia generadora de teorías revolucionarias harto necesarias, cumpliendo con tres objetivos primordiales, como lo son la difusión, la formación y la investigación que debiera comprender la misma, de manera que los adherentes al proyecto revolucionario aseguren el cambio estructural, el bien común y la democracia directa en todo momento, a pesar de todos los obstáculos culturales que persisten todavía.

Por lo mismo, se hace imperativo que los mismos sectores sociales revolucionarios comiencen a apropiarse de los distintos espacios donde puedan poner en práctica estas últimas ideas, de forma que el cambio estructural inherente al proceso revolucionario, basado en el ideario socialista del siglo 21, tenga una base de sustentación popular más real y efectiva que la generada desde el poder constituido. Esto tendrá que avivarse necesariamente desde abajo, venciendo la pertinaz acción reformista, la desconfianza y cierto menosprecio exhibidos por algunos dirigentes del chavismo que obstruyen (a veces de modo deliberado y otras de modo irreflexivo) la capacidad política y creadora del pueblo respecto al rol de sujeto revolucionario que le compete ejercer y cuya existencia se explica por el vacío teórico y el pragmatismo que se impuso desde posiciones de poder, amparándose en el liderazgo y la imagen de Chávez. Esto expone la necesidad forzosa de una confrontación ideológica, tanto a lo interno como a lo externo del proceso bolivariano, facilitándose así que la lucha, el compromiso, la convicción, la disciplina y la organización de los sectores revolucionarios y progresistas se conviertan en murallas infranqueables ante los embates reiterados de la contrarrevolución, teniendo como consecuencia visible la superación de la transición en que se halla sumido este proceso; lo que implicará asumir frontalmente la alternativa del socialismo, sin que haya lugar a dudas o retrocesos. Esto contribuiría en mucho a reforzar la gestión de gobierno, principalmente en lo atinente al mejoramiento de las condiciones socioeconómicas de la población, con la participación y el protagonismo populares como una condición primaria insoslayable -cambio estructural de por medio- para hacer verdaderamente la revolución integral que se promueve en esta nación bolivariana.

La encrucijada crítica que se le presenta al proceso revolucionario venezolano debe generar en el mismo la adopción de medidas más radicales y evitar la conciliación que promueven, incluso, algunos de sus connotados dirigentes, convencidos de su eficacia para contrarrestar los constantes ataques opositores, pero acompañadas de la resolución de los diversos movimientos políticos y sociales que lo acompañan para redefinir los rumbos a transitar para la conquista del socialismo y el cambio estructural. Esto requiere de un efectivo debate democrático, crítico y autocrítico, que se extienda desde el mismo Presidente Chávez hasta el más humilde de sus seguidores, capaz de estimular una acción revolucionaria sostenida de ruptura de paradigmas y creación de otros que estén más en sintonía con lo que significa el socialismo del siglo 21.

Sin cambio estructural no hay revolución socialista posible, al igual que sin una ideología revolucionaria, como lo dijera Lenin, para escarnio de los reformistas que se exasperan de oírlo o leerlo. El viejo Estado burgués, lo mismo que la cultura dominante y las relaciones sociales, de poder y de producción, tienen que erradicarse definitivamente en función de consolidar la revolución socialista que se pretende. Esto supone darle plena cabida a los poderes creadores del pueblo que glosara el poeta Aquiles Nazoa, manifestándose mediante una conciencia revolucionaria indudable y un poder constituyente en permanente movimiento

* Argenpress
* http://www.argenpress.info/nota.asp?num=051608&Parte=0

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Daniel Campione: Venezuela en perspectiva revolucionaria

La derrota en el referendum sobre la reforma constitucional en Venezuela ha dado lugar a una rica discusión acerca de su evaluación y los modos de resolver la problemática que plantea. En la mayoría de los casos, los interrogantes se dirigen a encontrar el modo de preservar y profundizar las transformaciones sociales a las que han dado lugar los nueve años de gobierno de Chávez en el poder. O lo que es lo mismo, a visualizar cómo afianzar y extender una perspectiva revolucionaria que, a partir del país caribeño, se proyecta sobre nuestro continente.

Al discurrir sobre la derrota se han volcado argumentos explicativos de variado tipo, que van desde críticas al diseño de la campaña hasta fenómenos de corrupción, burocratización e inoperancia al interior del gobierno y de los organismos revolucionarios en general, pasando por la propia concepción y alcance de la reforma constitucional. También han ocupado un lugar importante los alertas sobre la falta de solución a los problemas concretos de la población, como el abastecimiento alimenticio, las carencias en materia de vivienda, la inseguridad, el deterioro de las “misiones”. Y aquí y allá brotaron las advertencias sobre la creación de estratos privilegiados que se enriquecen mientras corean consignas revolucionarias.

Ese conjunto de factores seguramente jugó cada uno su papel, pero creemos que a ellos subyace algo más sustantivo, estructural, cuya comprensión es indispensable para analizar lo transcurrido y apuntar estratégicamente en dirección del futuro: La revolución bolivariana, como otros procesos progresivos latinoamericanos, está atravesada ella misma, su gobierno, su militancia, sus cuadros dirigentes, por la lucha de clases. Ese conflicto se proyecta, sin determinarla por completo, a la coexistencia entre concepciones diferentes, si no opuestas, de construcción política y social, al interior del propio poder “chavista”.

Esto quiere decir que junto con una visión anticapitalista, basada en la iniciativa popular, radical en su concepción de la democracia de abajo hacia arriba, anidan en el proceso revolucionario tendencias proclives a coexistir indefinidamente con el capitalismo (o más pudorosamente economía de mercado) y a mantenerse en los cauces de la democracia representativa tradicional. Y esa diferencia decisiva no cursa por aceptar o no la denominación de socialista para el proceso, o por estar a favor o en contra de determinada nacionalización. Más bien atiende a si se asigna o no un lugar protagónico a las clases populares conscientes y organizadas; si se apunta consecuentemente a una transformación radical de las relaciones sociales. o sólo se aspira a la redistribución de la riqueza, la inclusión social y demás tópicos que, asumiéndolo explícitamente o no, dejan incólume la sustancia de la explotación capitalista.

Han brotado luego del referendum los llamados a la reconciliación, desde la oposición y sectores del oficialismo. La amnistía presidencial que acaba de beneficiar a partícipes del golpe de abril de 2002 y otros atropellos, y algunas declaraciones presidenciales, indican cierta propensión a aceptar ese rumbo desde la cúspide del aparato estatal. Esto podría avanzar hacia su consumación si se busca una política de pactos con los partidos opositores y se procura la alianza con una sedicente “burguesía nacional”.

Habría que entender que la base para “reconciliarse” no puede ser otra que el estancamiento o el retroceso del proceso revolucionario, con la oposición en puja permanente por convertir el parate en reversión total, en desplazamiento del “chavismo” del poder, en retorno a una “normalidad” vaciada en el molde de la Colombia de Uribe o el México de Calderón. En el mejor de los casos quedaría en pie una política exterior moderadamente nacionalista, y cierto rumbo “desarrollista” de la economía. Vale decir, lo compatible con el umbral de tolerancia del núcleo de las clases dominantes y el imperialismo norteamericano para procesos “progresistas” en la región.

Allí está, sin embargo, el camino opuesto, aquél que en lugar de negociaciones o conciliación con gran capital y oposición, se dirija a ampliar la base social en las clases subalternas de la revolución bolivariana. A afianzar la identificación entre el proceso revolucionario, el rumbo estratégico que ha venido marcando el presidente Chávez, y las masas movilizadas y conscientes. Eso requiere la acentuación y extensión de todas aquellas medidas que mejoren el nivel de vida, junto con el compromiso y organización política de las clases populares. Y ello conlleva asumir que, más temprano que tarde, se confrontará con los intereses del gran capital local y extranjero, llegando a un nivel de no retorno, a un punto de definiciones para los que sustentan tomar un cauce “moderado”. Esto no se define a través de una reforma constitucional o de cualquier otra iniciativa legal. Requiere la construcción de poder social desde las clases subalternas, la concentración de una capacidad contrahegemónica que cohesione y consolide el poder popular al mismo tiempo que debilite y en última instancia destruya, al poder de las clases dominantes. Es una batalla económica, política, social y cultural, que no puede emprenderse exitosamente sin una reforma intelectual y moral en el interior del propio “chavismo”. Más temprano que tarde, se debe asumir que la propiedad privada de los principales medios de producción y las instituciones estatales construidas para mantener el poder de las clases populares limitado a la expresión periódica del sufragio, son por igual incompatibles con una transformación social radical.

Está claro que esa confrontación debe sostenerse, en decisiva medida, en organizaciones de base, conscientes y activas, que tengan todo que ganar en la radicalización revolucionaria, que puedan y quieran avanzar en la construcción de un poder político de nuevo tipo, que concluya por destruir las bases del antiguo estado, corroído por viejos y nuevos fenómenos de burocratismo y privilegio. Ellas pueden abrevar en las mejores páginas del proceso revolucionario venezolano, como han sido la exitosa resistencia popular a la tentativa de golpe, o al boicot económico. Y convertir las consignas gubernamentales de revisión, rectificación y reimpulso, lanzadas después del revés electoral, en un vigoroso torrente que desde abajo cohesione y amplíe el campo de los que están decididos a terminar con la explotación, la desigualdad y la injusticia.
Si la revolución venezolana arriba a victorias decisivas, a transformaciones irreversibles, la potencia expansiva de su ejemplo prestaría un envión importante a procesos como el boliviano, el ecuatoriano, y otros que puedan gestarse en el futuro cercano. América Latina vive una oportunidad histórica en cuanto a la posibilidad de encarnar una profunda desmentida al predominio absoluto e indefinido del poder del capital. El lugar que ocupa el trayecto a seguir por Venezuela en esa perspectiva es, a todas luces, decisivo.

* Argenpress
* http://www.argenpress.info/nota.asp?num=051121&Parte=0

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Daniel Campione: Venezuela en perspectiva revolucionaria

La derrota en el referendum sobre la reforma constitucional en Venezuela ha dado lugar a una rica discusión acerca de su evaluación y los modos de resolver la problemática que plantea. En la mayoría de los casos, los interrogantes se dirigen a encontrar el modo de preservar y profundizar las transformaciones sociales a las que han dado lugar los nueve años de gobierno de Chávez en el poder. O lo que es lo mismo, a visualizar cómo afianzar y extender una perspectiva revolucionaria que, a partir del país caribeño, se proyecta sobre nuestro continente.

Al discurrir sobre la derrota se han volcado argumentos explicativos de variado tipo, que van desde críticas al diseño de la campaña hasta fenómenos de corrupción, burocratización e inoperancia al interior del gobierno y de los organismos revolucionarios en general, pasando por la propia concepción y alcance de la reforma constitucional. También han ocupado un lugar importante los alertas sobre la falta de solución a los problemas concretos de la población, como el abastecimiento alimenticio, las carencias en materia de vivienda, la inseguridad, el deterioro de las “misiones”. Y aquí y allá brotaron las advertencias sobre la creación de estratos privilegiados que se enriquecen mientras corean consignas revolucionarias.

Ese conjunto de factores seguramente jugó cada uno su papel, pero creemos que a ellos subyace algo más sustantivo, estructural, cuya comprensión es indispensable para analizar lo transcurrido y apuntar estratégicamente en dirección del futuro: La revolución bolivariana, como otros procesos progresivos latinoamericanos, está atravesada ella misma, su gobierno, su militancia, sus cuadros dirigentes, por la lucha de clases. Ese conflicto se proyecta, sin determinarla por completo, a la coexistencia entre concepciones diferentes, si no opuestas, de construcción política y social, al interior del propio poder “chavista”.

Esto quiere decir que junto con una visión anticapitalista, basada en la iniciativa popular, radical en su concepción de la democracia de abajo hacia arriba, anidan en el proceso revolucionario tendencias proclives a coexistir indefinidamente con el capitalismo (o más pudorosamente economía de mercado) y a mantenerse en los cauces de la democracia representativa tradicional. Y esa diferencia decisiva no cursa por aceptar o no la denominación de socialista para el proceso, o por estar a favor o en contra de determinada nacionalización. Más bien atiende a si se asigna o no un lugar protagónico a las clases populares conscientes y organizadas; si se apunta consecuentemente a una transformación radical de las relaciones sociales. o sólo se aspira a la redistribución de la riqueza, la inclusión social y demás tópicos que, asumiéndolo explícitamente o no, dejan incólume la sustancia de la explotación capitalista.

Han brotado luego del referendum los llamados a la reconciliación, desde la oposición y sectores del oficialismo. La amnistía presidencial que acaba de beneficiar a partícipes del golpe de abril de 2002 y otros atropellos, y algunas declaraciones presidenciales, indican cierta propensión a aceptar ese rumbo desde la cúspide del aparato estatal. Esto podría avanzar hacia su consumación si se busca una política de pactos con los partidos opositores y se procura la alianza con una sedicente “burguesía nacional”.

Habría que entender que la base para “reconciliarse” no puede ser otra que el estancamiento o el retroceso del proceso revolucionario, con la oposición en puja permanente por convertir el parate en reversión total, en desplazamiento del “chavismo” del poder, en retorno a una “normalidad” vaciada en el molde de la Colombia de Uribe o el México de Calderón. En el mejor de los casos quedaría en pie una política exterior moderadamente nacionalista, y cierto rumbo “desarrollista” de la economía. Vale decir, lo compatible con el umbral de tolerancia del núcleo de las clases dominantes y el imperialismo norteamericano para procesos “progresistas” en la región.

Allí está, sin embargo, el camino opuesto, aquél que en lugar de negociaciones o conciliación con gran capital y oposición, se dirija a ampliar la base social en las clases subalternas de la revolución bolivariana. A afianzar la identificación entre el proceso revolucionario, el rumbo estratégico que ha venido marcando el presidente Chávez, y las masas movilizadas y conscientes. Eso requiere la acentuación y extensión de todas aquellas medidas que mejoren el nivel de vida, junto con el compromiso y organización política de las clases populares. Y ello conlleva asumir que, más temprano que tarde, se confrontará con los intereses del gran capital local y extranjero, llegando a un nivel de no retorno, a un punto de definiciones para los que sustentan tomar un cauce “moderado”. Esto no se define a través de una reforma constitucional o de cualquier otra iniciativa legal. Requiere la construcción de poder social desde las clases subalternas, la concentración de una capacidad contrahegemónica que cohesione y consolide el poder popular al mismo tiempo que debilite y en última instancia destruya, al poder de las clases dominantes. Es una batalla económica, política, social y cultural, que no puede emprenderse exitosamente sin una reforma intelectual y moral en el interior del propio “chavismo”. Más temprano que tarde, se debe asumir que la propiedad privada de los principales medios de producción y las instituciones estatales construidas para mantener el poder de las clases populares limitado a la expresión periódica del sufragio, son por igual incompatibles con una transformación social radical.

Está claro que esa confrontación debe sostenerse, en decisiva medida, en organizaciones de base, conscientes y activas, que tengan todo que ganar en la radicalización revolucionaria, que puedan y quieran avanzar en la construcción de un poder político de nuevo tipo, que concluya por destruir las bases del antiguo estado, corroído por viejos y nuevos fenómenos de burocratismo y privilegio. Ellas pueden abrevar en las mejores páginas del proceso revolucionario venezolano, como han sido la exitosa resistencia popular a la tentativa de golpe, o al boicot económico. Y convertir las consignas gubernamentales de revisión, rectificación y reimpulso, lanzadas después del revés electoral, en un vigoroso torrente que desde abajo cohesione y amplíe el campo de los que están decididos a terminar con la explotación, la desigualdad y la injusticia.
Si la revolución venezolana arriba a victorias decisivas, a transformaciones irreversibles, la potencia expansiva de su ejemplo prestaría un envión importante a procesos como el boliviano, el ecuatoriano, y otros que puedan gestarse en el futuro cercano. América Latina vive una oportunidad histórica en cuanto a la posibilidad de encarnar una profunda desmentida al predominio absoluto e indefinido del poder del capital. El lugar que ocupa el trayecto a seguir por Venezuela en esa perspectiva es, a todas luces, decisivo.

* Argenpress
* http://www.argenpress.info/nota.asp?num=051121&Parte=0

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Frank Jack Daniel: Chavez: Rebels are not terrorists

Venezuela’s leftist President Hugo Chavez yesterday urged world governments to label Colombia’s cocaine-funded Marxist guerrillas insurgents instead of terrorists, a day after rebels freed two women hostages.

Colombia’s interior minister immediately denounced the call to meet a major rebel demand as “completely off-the-wall.”

Chavez, who brokered the rare hostage release, said the rebel fighters, the FARC and ELN, “are not terrorist groups, they are armies, real armies that occupy space in Colombia.”

Colombia’s conservative President Alvaro Uribe later issued a statement saying the insurgents are indeed terrorists who fund their operations with cocaine smuggling, recruit children and plant land mines in their effort to topple a democratically elected government.

The FARC and ELN use kidnapping as a weapon in their decades-long war on the state. Along with right-wing paramilitary, they are self-financed through involvement in the Andean nation’s multibillion-dollar narcotics trade.

“I ask you (Uribe) that we start recognizing the FARC and the ELN as insurgent forces in Colombia and not terrorist groups, and I ask the same of the governments of this continent and the world,” Chavez said in his annual state of the nation speech.

Led by the United States, which funds Uribe’s counterinsurgency war and has military advisers in the country, many allies of Colombia consider both groups terrorists.

“Colombia’s violent groups are terrorists because the only thing they have produced is displacement, pain, unemployment and poverty,” Uribe’s statement said.

On Thursday, Chavez was showered with praise by governments from Argentina to France after the FARC set free Consuelo Gonzalez and Clara Rojas, politicians they had held for years in secret jungle camps.

Uribe and Chavez have bickered for months over the leftist’s role in mediating a swap of hostages for guerrillas imprisoned by the government.

Chavez is determined to help free more of the dozens of politicians, soldiers and police the FARC hold, and has offered to open a “peace camp” in Venezuela.

Uribe is wary of his socialist neighbor, who has good relations with the guerrillas and frequently invokes a brief period in the 19th century when the two nations were united as one.

The FARC is Latin America’s oldest and largest guerrilla army. The ELN is Colombia’s second-largest leftist rebel group. The rebels say they are fighting for greater equality in the Andean country.

* The Independent
* http://news.independent.co.uk/world/americas/article3331389.ece

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Adolfo Sánchez Rebolledo: La inmadurez del socialismo del siglo XXI

El resultado del referendo celebrado en Venezuela obliga a revisar la estrategia puesta en marcha por Hugo Chávez para alcanzar el llamado “socialismo del siglo XXI”, pero invita a ir más lejos: a examinar la naturaleza del cambio propuesto, no sólo en cuanto a su oportunidad, sino a su formulación y viabilidad.

Hizo muy bien el presidente Chávez en reconocer la victoria de sus adversarios esa misma noche, pues con ello detuvo de tajo la operación desestabilizadora que sin duda se había puesto en marcha. Esa reacción serena, democrática, conjuró los demonios del desastre y permitió al gobierno bolivariano sortear con dignidad la crisis. Pero no hay que subestimar lo ocurrido. La derrota del sí está lejos de ser la hazaña “pírrica” descrita por el gobierno, pues si bien el resultado (50.7 contra 49.3 por ciento) no cuestiona la permanencia del presidente, sí hipoteca buena parte de su apuesta por el futuro.

Acostumbrado a ganar por márgenes muy amplios, reconoció que buena parte del electorado aún no estaba “maduro” para el socialismo, pero el maniqueísmo extremo de la elección tampoco hizo posible un verdadero debate y el tema de qué país construir se diluyó en la inmediatez, cancelando de momento la “renovación integral” del régimen social, económico y político venezolano. La oposición halló un blanco fácil que le permitió agruparse bajo un denominador común. En ese sentido, la convergencia antichavista, alentada por una variedad de fuerzas, incluidas las de la extrema derecha, el golpismo y sus valedores imperiales, tal vez habría sido insuficiente para vencer si el proyecto de reforma constitucional hubiera seguido un curso de acción más flexible, mejor dispuesto al debate y a la concertación, sin dar por supuesto que la votación reiterada a favor de Chávez se repetiría linealmente ante cualquier tema y circunstancia. Pero el voluntarismo induce a las más graves equivocaciones. Los cuestionamientos más serios en torno, por ejemplo, a la relección presidencial se pasaron por alto, como si sólo la derecha fuera capaz de expresar opiniones diferentes.

Así la terca realidad se impuso: parte importante del electorado chavista no refrendó su apoyo a la propuesta de reforma constitucional y sencillamente se abstuvo de votar o votó por el no, a pesar del grado de aceptación de las políticas públicas impulsadas por el gobierno bolivariano. Sin duda, esa toma de distancia respecto a la estrategia oficialista es el hecho político más notable y definitorio, sobre todo en la perspectiva de rencauzar la acción del gobierno y la participación popular.

Es verdad que a toro pasado es fácil señalar omisiones graves y errores, pero lo cierto es que en el propio campo chavista hubo numerosas voces que alentaron contra los visibles defectos de una propuesta mal diseñada, contradictoria en temas sustantivos, cuando no equivocada.

Una de las críticas más agudas y exhaustivas es la realizada por Gerado Langer (reproducida en El Correo del Sur, La Jornada Morelos, el domingo pasado), pues en ella se subrayan al menos dos cosas que me parecen importantes: la primera es la dificultad ya citada de resolver en profundidad el tema del socialismo a partir de un referendo (aun contando con la mayoría), como si los cambios propuestos fueran un simple ajuste de la ley existente. La segunda, aún más preocupante, tiene que ver con la inconsistencia de la misma noción de “socialismo de siglo XXI” puesta sobre la mesa.

Si bien el texto del proyecto de reforma pretendía resumir la experiencia venezolana, la verdad es que no se avanzó demasiado en las definiciones sustantivas. Al respecto, señala el autor mencionado: “… No se precisó en qué consistía la diferencia y en qué aspectos debería distanciarse el socialismo del siglo XXI de la experiencia soviética del siglo XX. ¿En la negación del modelo de partido único? ¿En otras modalidades de relación entre Estado y partidos? ¿En el rechazo de una ideología oficial del Estado? ¿En alternativas al modelo monocultural negador de toda diferencia? ¿En formas de organización y participación política orientadas a no repetir la llamada democracia popular o proletaria, que terminó por negar la idea misma de democracia? ¿En un modelo económico que no esté basado en la planificación burocrática centralizada? ¿En un cuestionamiento radical del productivismo industrialista de crecimiento sin límite, que representó en la Unión Soviética, como hoy en China, una guerra sistemática contra el resto de la naturaleza, contra la vida misma en el planeta, en forma similar a como lo hizo históricamente y continúa haciéndolo el capitalismo? ¿Se trata de un socialismo con pluralismo político, compatible con lo que establece uno de los principios fundamentales de la constitución vigente?”

Pero la crítica de Langer no se detiene en vagas consideraciones más o menos abstractas, sino que procede a demostrar las inconsecuencias existentes en el proyecto mismo, desde la imprecisión conceptual en torno a las instituciones del nuevo poder popular hasta la increíble falta de rigor en el análisis de la propiedad, incluida la pública, así como la ausencia de un punto de vista en torno a la vigencia o no del régimen de partidos, cuya crisis marcó el inicio de la actual sociedad venezolana. En ese contexto, el tema de la relección y el partido único sólo podía causar alarma y llamar a la derrota del sí, a unificar los temores, prejuicios, estimulando las acciones unitarias de unas oposiciones cuyo sino habia sido la abulia democrática y el sometimiento a los dictados de los centros de poder imperiales.

Nada será igual a partir de ahora. El discurso “antitotalitario” ha perdido piso gracias a la serenidad de Chávez, pero las fuerzas progresistas que marchan a favor de la revolución bolivariana, es decir, de un cambio de fondo en la situación de la sociedad venezolana, están obligadas a sacar las lecciones que al caso correspondan. Al socialismo del siglo XXI también le falta madurar.

P.D. Los legisladores deben elegir entre tres nuevos consejeros del IFE a uno capaz de presidir la institución en tiempos de obligada renovación. La lista de los inscritos es tan vasta que sorprendió a casi todos, pero ése es buen signo de los tiempos. Hay centenas de ciudadanos que se sienten con méritos y capacidades suficientes para presidir una institución central de la democracia que anhelamos. Sin embargo, sólo tres podrán conseguirlo. Nadie espera, sería ilusorio, ciudadanos “puros” sin ideas propias. Si los hubiera no servirían para el cargo, pues en el IFE hacen falta hombres probos, de experiencia profesional reconocible y no meramente homologable, que tengan una vision del país comprometida y una actitud firme y a la vez tolerante. El IFE no es un tribunal judicial. Tampoco una oficina burocrática para atender reclamaciones partidistas en una entidad autónoma cuya función es organizar la vida electoral mexicana y contribuir a elevar su calidad. De su actuación depende, ya lo hemos visto, la credibilidad de la vida pública. Pidamos a los legisladores serenidad y responsabilidad, buen juicio. Nada más.

* La Jornada
* http://www.jornada.unam.mx/2007/12/06/index.php?section=opinion&article=023a1pol

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Jorge Gómez Barata: Chávez: Ganar más de lo que pierde

La historia no es una línea continua y ascendente ni las revoluciones son plácidos desfiles de victoria en victoria. Del mismo modo que los triunfos confirman, los reveses enseñan.

Demonizado por la reacción mundial, calificado de autoritario e incluso de dictador, el presidente Hugo Chávez acaba de revelar su capacidad para respetar el veredicto popular adverso, un ángulo de su personalidad que permanecía oculto por sucesivos triunfos electorales. Ahora no hay lugar para las dudas sobre su estatura política y su honradez.

En una significativa jornada, en Venezuela, hasta hace poco emporio de la oligarquía criolla, catedral del caciquismo político, exponente de la naturaleza entreguista de la burguesía criolla y sitio donde la socialdemocracia desteñida, intento un fallido experimento, el socialismo fue sometido a referéndum. Al margen del revés, el gesto añade valor a la propuesta política.

La trascendencia del importante evento político, emana de haber ocurrido en América Latina, espacio de la doctrina Monroe y donde el dominio oligárquico, el anticomunismo, el intervencionismo y el control de los Estados Unidos, sumados a cincuenta años de campañas contra Cuba, han creado rígidas fronteras ideológicas.

Por tratarse de una potencia petrolera cuyo control es de importancia estratégica para los planes de Estados Unidos de construir una hegemonía global, en Venezuela se ha creado un escenario extraordinariamente polarizado y una coyuntura en la que la reacción mundial y el imperialismo invirtieron enormes recursos y comprometieron toda su capacidad.

Tal vez estamos ante uno de esos raros casos en que el revés rinde más dividendos de los que hubiera aportado la victoria. La lección de humildad ofrecida por Chávez al reconocer que las dimensiones y la audacia de sus propuestas rebasaron las posibilidades del proceso y su disposición para continuar una lucha, ratificando sus ideas pero también la intención de realizarlas con el pueblo y en democracia, permiten suponer que la Revolución Bolivariana ha alcanzado la mayoría de edad y entrado una etapa signada por la madurez.

Para revertir el tropiezo y convertirlo en una lección útil, se requiere de un ambiente que privilegie la batalla de ideas sobre la confrontación, y la reflexión antes que la agitación y dé lugar a una necesaria evaluación que puede aportar a las fuerzas revolucionarias la serenidad y la cautela que demandan los esfuerzos para consolidar lo alcanzado.

Del mismo modo que una criatura no puede correr antes de caminar, tampoco los procesos políticos pueden quemar etapas imprescindibles para la maduración de la conciencia de las masas. Los resultados de la votación del domingo reflejan que a pesar de los enormes avances auspiciados por el proceso revolucionario, el legado de casi doscientos años de politiquería subsiste, motivando, entre otras cosas, un alto nivel de abstencionismo.

El resultado del referéndum, si bien significan el rechazo a una propuesta obviamente maximalista, le aportan a Chávez una nueva legitimidad al permitirle probar su respeto por las instituciones, su apego a la legalidad y su capacidad para subordinarse a la voluntad popular.

No es necesario dramatizar la votación del domingo, sino extraer de ellas las mejores lecciones. En definitiva, Chávez no será el primero de los grandes líderes en perder un referéndum o una elección. En otras coyunturas y circunstancias le ocurrió a De Gaulle, a Salvador Allende, a Daniel Ortega y a otros muchos. Probablemente, de haberlo llevado a votación nunca se hubiera asaltado la Bastilla, el palacio de Invierno o el cuartel Moncada.

La serena y responsable reacción del presidente Chávez me hizo recordar un pensamiento acerca de que la madurez de la revolución se mide por la actitud ante sus reveses y errores. Madurez, serenidad y valentía política fue lo que percibí en la comparecencia de Chávez que pasó satisfactoriamente el duro examen que él mismo se impuso y del que emerge con la legitimidad y la autenticidad de quien sabe respetar el veredicto popular.

No debe sin embargo omitirse el hecho de que mientras los revolucionarios contaron exclusivamente con sus propias fuerzas, la oposición oligárquica y proimperialista fue apoyada por la reacción mundial que orquestó una opulenta campaña de descrédito de la propuesta y del líder bolivariano.

Lo más significativo de la presente coyuntura no es el revés electoral que fue correctamente asimilado y es ya historia. Lo realmente peligroso es que los resultados de la consulta puedan dar lugar a lecturas erróneas por parte de la oposición y. más allá de ella, de los Estados Unidos que, envalentonados, se animen a provocar nuevas tensiones.

Chávez ha perdido la votación en torno a una propuesta que puede rehacer, perfilar y reiterar más adelante, acreditándose de paso como un raro ejemplar de demócrata y revolucionario. ¿No es lo que querían?

* Argenpress
* http://www.argenpress.info/nota.asp?num=049862&Parte=0

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Sergio Ramírez : Parábola de los ciegos

Hay lecturas a las que uno regresa siempre por su poder seductor, que tiene que ver con la manera en que la historia que se nos cuenta está escrita, pero sobre todo con la huella perdurable que deja la historia misma en el alma al provocar reflexiones sobre la propia vida, sobre la libertad, por ejemplo, y sobre los empecinamientos que llevan al despotismo. Es lo que me ha venido a la mente al leer otra vez el cuento El país de los ciegos, de H. G. Wells.

La historia cuenta cómo un guía de montaña se precipita por un talud de nieve hacia una honda garganta en los Andes ecuatorianos, sobrevive a la caída, y encuentra un desfiladero que da paso a un valle secreto rodeado por altos muros de roca donde sólo habitan ciegos. Cuando toma contacto con ellos les explica que viene del otro lado de las montañas, de un mundo poblado de seres que tienen el don de la vista, donde hay ciudades, puertos, y más allá se halla el mar; pero ellos rechazan aquellas extravagancias. ¿Ojos? ¿Vista? ¿Qué es eso?

Para ellos, que viven rodeados por altísimos acantilados, en el más absoluto aislamiento, la diversidad no existe, y en su oscuridad perpetua creen, como artículo de fe, que encima de sus cabezas no hay algo que se llama el cielo, sino una pesada losa de piedra. Y piensan que el recién llegado no es más que una emanación de las rocas, esa materia infinita que los rodea. No viene del mundo, sino que viene al mundo. Porque sólo hay un mundo, lejos de cualquier pluralidad, el de ellos.

Pero peor aún que eso. Después de tratar por algún tiempo a aquel ser extraño que sólo habla desvaríos, se convencen de que aquella locura suya es un defecto provocado por una anormalidad: los ojos, esos globos extraños que le palpan en la cara. Y para volverlo normal, y hacer que sea como ellos, el remedio está en extraerle los ojos. La ceguera va a curarlo de la desdicha de ser diferente, y cuando ya no vea, con el tiempo todo se borrará de su memoria y creerá, como los demás ciegos, que el mundo en que están encerrados limita por arriba con una losa impenetrable.

Las historias magistrales tienen la virtud de poder leerse como parábolas, una de las cualidades de los clásicos, y esta historia es una gran parábola acerca de las ideologías o las conductas políticas que tratan de ser impuestas como únicas a costa de la convivencia democrática, por parte de los ciegos que sólo tienen una única manera de interpretar al mundo, y que no admite divergencias.

Es lo que advierto hoy en Venezuela, cuando a través de una masiva reforma constitucional el presidente Chávez busca imponer un modelo de organización política cortado a su propia medida, que tiene el respaldo de sus partidarios, pero no el consenso de la sociedad en sus diversas y múltiples capas. Sólo desde la perspectiva cerrada del ciego se puede buscar imponer a todos una concepción propia del mundo, que se vuelve excluyente en la medida en que está teñida de una ideología que comienza por castigar como herejes a quienes se atreven a ver de manera distinta. Del lado justo, el paraíso bolivariano de los justos; del otro, todos son seres extraños emanados de las piedras, oligarcas, imperialistas, traidores.

Lo advierto también en Bolivia, cuando el presidente Evo Morales ha mandado encerrar dentro de un cuartel militar a sus propios partidarios para que voten y aprueben una nueva Constitución que los demás, que protestan fuera de los muros del cuartel, no aceptan. Son la derecha, según el alegato oficial, y debe ser cierto que la derecha dirige esa oposición, o participa de ella, lo mismo en Venezuela que en Bolivia. Pero la derecha también es parte de la sociedad, y no puede ser excluida de un consenso para aprobar una Constitución que va a normar la vida de todos.

Y es lo que ocurre en Nicaragua, cuando el presidente Daniel Ortega, por razones ideológicas y por afanes de concentración y prolongación del poder político en su propio puño y en el de su esposa, que cogobierna con él, aparta a cada paso la Constitución y las leyes para imponer su voluntad, y a todos aquellos que disienten dentro y fuera de su partido los considera conspiradores a los que hay que quitarles los ojos para que, ya en la oscuridad, olviden que más allá hay otros mundos de fecunda diversidad, otras formas de pensar y de imaginar.

Hay otro gran vidente, o visionario, que como H.G. Wells se ha ocupado de los ciegos, Diderot. En su Carta sobre los ciegos para uso de los que ven construye una gran metáfora acerca de la concepción del mundo. “Es que yo presumo que los otros no imaginan de manera diferente que yo”, dice el ciego de Diderot. El mundo es lo que el ciego piensa, y como lo piensa.

La ceguera congénita, o adquirida, conduce a la imaginación única, al pensamiento único, a la ideología única y a la voluntad única, y de allí a toda suerte de fundamentalismos destructivos, sistemas mesiánicos y viejos caudillismos revividos. El ciego caudillo, que sólo tiene una única manera de ver al mundo, no estará en paz hasta conseguir que todos los demás sean tan ciegos como él, y hacer que marchen tras de sus pasos hacia lo que ofrece como la tierra prometida, pero no es más que el abismo.

* La Jornada
* http://www.sergioramirez.com
* http://www.jornada.unam.mx/2007/12/03/index.php?section=politica&article=024a1pol

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Jaime Ornelas Delgado: Venezuela, a su cita con el siglo XXI

El próximo domingo 2 de diciembre, el pueblo venezolano irá a las urnas a decidir en un referéndum si acepta o no los cambios constitucionales propuestos por la Asamblea Nacional. La campaña previa a la votación ha estado llena de mentiras por parte de la derecha (“los escuálidos” como los llama la gente), que han pretendido aterrorizar a la población para que vote por el no. Una de las calumnias más utilizadas, se refiere a que las reformas pretenden acabar con la propiedad privada. Nada más alejado de la realidad. Por el contrario, el artículo 115 que se propone modificar, dice textualmente: “Se reconocen y garantizan las diferentes formas de propiedad, la propiedad pública que pertenece a los entes del Estado; la propiedad social que pertenece al pueblo en su conjunto y las futuras generaciones (…); la propiedad colectiva perteneciente a grupos sociales o personas, para su aprovechamiento, uso o goce en común (…); la propiedad mixta conformada entre el sector público, el sector social, el sector colectivo y el sector privado (…) para el aprovechamiento de recursos o ejecución de actividades (…); y la propiedad privada que pertenece a personas naturales o jurídicas y que se reconoce sobre bienes de uso, consumo y medios de producción legítimamente adquiridos, con los atributos de uso, goce y disposición…” No sólo no desparece la propiedad, sino que se crean nuevas formas y se respeta la privada.

Otras propuestas estarían cambiando a la sociedad venezolana. De las reformas propuestas seleccionamos dos. El artículo 82 establece: “Toda persona tiene derecho a una vivienda adecuada, segura, cómoda, higiénica, con servicios básicos esenciales que incluyan un hábitat que humanice las relaciones familiares, vecinales y comunitarias. El estado dará prioridad a las familias y garantizará los medios para que éstas y especialmente las de escasos recursos, puedan acceder a las políticas sociales y al crédito para la construcción, adquisición o ampliación de viviendas. Toda persona tendrá derecho a la protección de su hogar o el de su familia declarándose como vivienda principal ante los órganos del poder popular, y por lo tanto, contra él no podrán acordarse ni ejecutarse medidas preventivas o ejecutivas de carácter judicial.” ¿Qué tal? La vivienda concebida no sólo como cuatro paredes, sino como un hábitat total, la morada vinculada a su entorno. Además, nada ni nadie podrá quitarle a la gente su vivienda, bajo ninguna circunstancia ni pretexto.

La Asamblea Nacional también propone que el artículo 87, quede de la siguiente manera: “Toda persona tiene derecho al trabajo y el deber de trabajar. El estado desarrollará políticas que generen ocupación productiva y adoptará las medidas sociales necesarias para que toda persona pueda lograr una existencia digna, decorosa y provechosa.” Además, la jornada laboral se reduce a 36 horas a la semana, para que “los trabajadores y trabajadoras dispongan de tiempo suficiente para su desarrollo integral.” Y algo más de la mayor importancia, el mismo artículo 87 establece que “A los fines de garantizar el ejercicio de los derechos laborales de los trabajadores y trabajadoras no dependientes, como taxista, transportistas motorizados y motorizadas, comerciantes, artesanos y artesanas (…) amas de casa, empleados y empleadas domésticas (…) y todo aquel que ejerza por cuenta propia cualquier actividad productiva para el sustento de sí mismo y de su familia, la ley creará y desarrollará todo lo concerniente a un Fondo de Estabilidad Social para Trabajadores y Trabajadoras por Cuenta Propia, para que con el aporte del estado y del trabajador o trabajadora, puedan éstos y éstas gozar de los derechos laborales fundamentales, tales como jubilaciones, pensiones, vacaciones, reposos pre y post natal y otros que establezcan las leyes”. Este es uno de los mayores avances posibles.

En otros aspectos, el artículo 72 prevé el referendo revocatorio del mandato para “Todos los cargos y magistraturas de elección popular”, y sorpréndanse el artículo 74, dice a la letra: “También podrán ser sometidos a referendo abrogatorio, los decretos con rango, valor y fuerza de ley que dicte el presidente o la presidente de la República.”

¿Cuál dictadura?

Pero tal vez lo que atemorice a la derecha sea la manera como se constituye el poder de acuerdo a los cambios constitucionales que se proponen, siendo éstos los más profundos y los que, de aprobarse estarían forjando el Socialismo del siglo XXI. En este caso, el artículo 136 reformado, establece lo siguiente: “El poder público se distribuye territorialmente en la siguiente forma: el poder popular, el poder municipal, el poder estatal y el poder nacional. Con relación al contenido de las funciones que ejerce el poder público se organiza en Legislativo, Ejecutivo, Judicial, ciudadano y electoral. El pueblo es el depositario de la soberanía y la ejerce directamente a través del poder popular. Ése no nace del sufragio ni de elección alguna, sino de la condición de los grupos humanos organidzados como base de la población. El poder popular se expresa constituyendo las comunidades, las comunas y el autogobierno de las ciudades, a través de los consejos comunales, consejos de trabajadores, consejos estudiantiles, consejos campesinos, consejos artesanales, consejos de pescadores y pescadoras, consejos deportivos, consejos de la juventud, consejos de adultos y adultos mayores, consejos de mujeres, consejos de personas con discapacidad y entes que señale la ley.” Nada más, ni nada menos, que el pueblo ejerciendo el poder.

Y lo más polémico, “El presidente o la presidente de la República puede ser reelegido o reelegida.” (Artículo 230). A esta propuesta la derecha le ha tratado de sacar el mayor provecho, también dolosamente, pues no se dice que Chávez pretende eternizarse, sino que se pude reelegir, y eso depende de que gane las elecciones. Este artículo establece la reelección, como la hay, por ejemplo en España donde el tal Zapatero acaba d anunciar que lanzará su candidatura en marzo buscando reelegirse, como lo hizo también Felipe Gonzá-lez quien se reeligió varias veces y gobernó España durante 17 años y nadie gimoteó ni lo acusó de dictador.

Ésta es hoy la disyuntiva histórica que enfrenta el pueblo venezolano, y tal vez el domingo en Venezuela concluya el siglo XX y comience el XXI.

* La Jornada de Oriente
* http://www.lajornadadeoriente.com.mx/2007/11/29/puebla/c1orn13.php

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Jaime Ornelas: América Latina no se calla

“Ni me calló, ni me callan porque soy latinoamericano,
bolivariano, soberano, republicano y antiimperialista”
Leída en un muro de Caracas, Venezuela
De izquierda a derecha los presidentes Hugo Chávez, Rafael Correa y Evo Morales © Argenpress.
El silencio se ha roto y ya se escuchan las nuevas voces que construyen el porvenir

Lo ocurrido en la Cumbre Iberoamericana celebrada recientemente en Santiago de Chile, donde un reyezuelo en pleno siglo XXI intentó callar, sin lograrlo por supuesto, al comandante Hugo Chávez, presidente de la República por decisión mayoritaria del pueblo venezolano, testimonia que los tiempos cambiaron en América Latina. Los indios, los oprimidos y olvidados han entrado definitivamente en el escenario político iberoamericano, y ni monarcas ni neoliberales disfrazados de izquierdistas los podrán hacer callar.

En esa cumbre, los Zapateros y sus adláteres como el presidente de Costa Rica Óscar Arias o la chilena Bachelet, pretendían argumentar que la pobreza, exclusión y marginalidad de las mayorías latinoamericanas no son responsabilidad de las antiguas metrópolis coloniales y mucho menos de la continuidad de esa dominación por las transnacionales europeas y norteamericanas. Pero la sublevación de las verdades, desatada en las voces de líderes surgidos en procesos de refundación nacional latinoamericana, hizo perder el control a los representantes de la mentalidad colonial que aún persiste entre quienes ejercen el poder y sus súbditos. Pero fueron en realidad los intereses mezquinos de banqueros y accionistas a quienes representan, y no el honor de los españoles, los que condujeron al líder de un partido “socialista y obrero” y a un monarca de opereta designado por Francisco Franco, a compartir la defensa del facho y criminal de guerra José Aznar, cómplice de George Bush en su aventura bélica en Irak.

Arrogante, el rey Juan Carlos se retiró de la cumbre sin escuchar las denuncias muy bien sustentadas de Daniel Ortega; se retiró diciendo descompuesto que no quería escuchar al “sudaca”; perdió los estribos, sí, y quizá el mayor daño que pueda causar la despectiva actitud del monarca sea atizar el brote de xenofobia que recorre a España, esa bestia negra que está de regreso. Por cierto, frente a la agresión que hace unas semanas sufrió una adolescente ecuatoriana en Barcelona, ni el “socialista” Zapatero ni el inútil rey español (inútil pero bueno para los negocios, pues si bien cuando lo nombró Franco rey de España no tenía ni en que caerse muerto hoy, según la revista Forbes, tiene una fortuna personal cercana a los mil 700 millones de dólares) dijeron esta boca es mía, por el contrario guardaron discreto silencio ambos defensores oficiosos ahora del presuntuoso y soberbio fascista José María Aznar.

Hoy, el debate sobre las relaciones de América Latina con las burguesías de los países desarrollados que desde el principio de los tiempos han vivido de explotar a los trabajadores y los recursos naturales de nuestra región, lo están protagonizando Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Ecuador y se vislumbra ya un porvenir distinto para los pueblos latinoamericanos, un futuro socialista y democrático

La Jornada de Oriente
* http://www.lajornadadeoriente.com.mx/2007/11/22/puebla/c1orn10.php

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