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Bernardo Barranco V: El derecho a la libertad teológica

Actualmente la reflexión teológica está atada a la disciplina y la censura de Roma. Desde los años 80, los teólogos de la curia determinaban lo permitido y lo prohibido en el pensamiento católico. El propio cardenal Ratzinger como prefecto, encabezó un movimiento centralizador, mediante numerosas encíclicas, cartas y mensajes del papa Juan Pablo II que construía la ortopraxis y delimitaba las fronteras de lo permitido en materia de pensamiento y producción intelectual de la Iglesia. Por otra parte, la disciplina del Vaticano se impuso bajo amenazas, condenas e implantación de miedos que indiscutiblemente empobreció la calidad y la pertinencia de la reflexión creyente sobre el mundo, pese a la oposición de cientos de teólogos y teólogas estadunidenses, europeos y latinoamericanos. Si bien la teología es un concepto que indica una disertación sobre Dios, en términos generales la teología es una reflexión sobre Dios que intenta conocer y comprender la fe a partir de la experiencia, la razón en los diferentes contextos donde se desenvuelve dicho razonamiento. La teología en el cristianismo surge como consecuencia de un histórico encuentro entre la antropología hebrea y la filosofía griega. Así, el cristianismo, según historiadores, conseguirá penetrar en las diferentes culturas, ser recibido, entendido e interactuar en los diferentes contextos culturales.

Particularmente en los años 60 la Iglesia católica gozó como nunca de espacios de libertad para su discernimiento. El 68 simboliza nuevos movimientos culturales de época como el pacifista, el antirracista, la liberación de la mujer, la revolución sexual, entre otros. La Iglesia católica no fue ajena a este clima, fruto en parte de los milagros económicos de la posguerra; de hecho, durante el Concilio Vaticano segundo, manifiesta un deseo impetuoso de dialogar con el mundo y la cultura moderna. Los padres conciliares parecían abandonar la eclesiastés medieval y la dogmática revanchista del autoritarismo eclesiástico que parecía petrificado y obsoleto. El concilio introduce un inesperado vuelco hacia lo antropológico, el ser humano se convierte en el centro de su atención en la perspectiva de la historia de la salvación y con osadía el concilio llamó volver a los orígenes del cristianismo, a remirar las sagradas escrituras, a que la Iglesia se solidarice con las angustias y carencias del pueblo de Dios. La Iglesia en 1968 tuvo también sus contrastes: en agosto se inician las sesiones de la segunda conferencia general del episcopado latinoamericano, en Medellín, Colombia, que opta por una línea social siguiendo a la encíclica Populorum progressio. Sin embargo, en julio de ese mismo año el papa Paulo VI publica la Humanae vitae, en la que condena el uso de anticonceptivos, abriendo un ciclo de agrias confrontaciones ontológicas con la cultura contemporánea que perduran después de 40 años.

Sin Medellín la teología latinoamericana no se explica. La Iglesia en nuestro continente da un salto, deja de ser subsidiaria y pasiva consumidora de las directrices europeas para convertirse en una Iglesia protagónica, es decir, generadora de líneas pastorales y de reflexiones propias que tendrán indudable influencia en otras iglesias del tercer mundo, particularmente en Asia y África. Para la teóloga María Clara Lucchetti Bingemer, sucesora de la cátedra de Leonardo Boff en la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro, Medellín se extiende hasta Puebla (1979) y señala que: “se articulan tres ejes que serían vitales también después en las décadas siguientes: a) la propagación de la fe inseparable de la lucha por la justicia que será la opción preferencial por los pobres; b) la articulación de las bases comunitarias alrededor de la palabra de Dios creando un nuevo hecho eclesial, las Comunidades Eclesiales de Base; c) un nuevo modo de hacer teología, que parte de la realidad y la piensa a la luz de la Escritura, posteriormente llamado Teología de la Liberación. La teología hecha en América Latina ganó mundo y fue discutida favorable o negativamente, aunque siempre con interés. Provocó respeto en Europa y Estados Unidos. Y aquí en el continente ganó credibilidad junto a las bases, a los movimientos populares, a otras fuerzas que no siendo eclesiales encontraban lenguaje e ideales comunes al comprometerse con las luchas de los más pobres. No fue, sin embargo, aprobada unánimemente. Suscitó oposición, sospecha y desconfianza, que se agudizaron en los años 80, con la caída del muro de Berlín”. (Una nueva teología, en http://www.miradaglobal.com). El mundo ha cambiado desde entonces, en términos religiosos se advierte una tendencia personalista e individual para vivir la fe, el notable ascenso de nuevas alternativas religiosas determinan inesperados equilibrios de pluralidad, diversidad y tolerancia religiosa; en suma, la hegemonía católica se ha ido perdiendo en la región latinoamericana. La Iglesia está amenazada no sólo por un entorno acechante de mayor diversidad de lo sagrado, sino por ella misma. Su propio modelo está a punto del colapso, así lo dejan entrever las preocupaciones de Aparecida 2007.

En una región crecientemente empobrecida, la Iglesia debería retomar su talante por la justicia, dejar de verse a ella misma de manera obsesiva y permitirse sensibilizar por la población. La teología latinoamérica ya no tiene los canales de expresión ni los vehículos comunicativos que gozó en décadas pasadas, algunas veces raya en la clandestinidad o en espacios alternativos a la propia Iglesia. Sin embargo, ha incorporado temas como género, raza especialmente indigenidad, migración, ecología, plurirreligiosidad, altermundismo y, sobre todo, contribuye al diálogo interreligioso para aportar a la construcción de una nueva ética mundial en la que participan, entre otros, un teólogo que fue sancionado por Roma: Hans Kung. Sin embargo, queda en el aire la pregunta sobre la libertad religiosa de los teólogos a pensar, expresar, investigar y discernir sobre Dios y la práctica de la fe, sin ataduras el pensamiento único impuesto desde la curia.

Artículo Original:
La Jornada

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Lydia Cacho: Los valores y el sexo

Martín Vantolra Mejía es un hombre común, conservador y poco tolerante. Saltó a la fama hace un par de semanas porque en su calidad de director del Colegio Cumbres de Cancún, mutiló todos los libros de quinto año de primaria que hablan de sexualidad. Una pareja cuyos hijos estudian en esa escuela, propiedad de los Misioneros de Cristo, logró preguntarle por qué, sin autorización suya, y en violación a los planes de estudios de la SEP, se atrevió a cortar a tijera batiente cada uno de los ejemplares que explican los derechos sexuales y reproductivos de niños y niñas. “Es una inmoralidad y una provocación que en este colegio no vamos a tolerar”, fue la respuesta de Vantolra, seguidor del padre Marcial Maciel.

Es evidente que quienes inscriben a sus criaturas en un colegio que pertenece a una de las órdenes religiosas más cuestionadas en el mundo, por casos comprobados de abuso sexual a menores perpetrados por sacerdotes y maestros, están dispuestos a que sus hijos e hijas sean educados con un doble estándar de valores religiosos, morales y éticos. Incluso aceptan que sus hijos e hijas se vean expuestos a ser abusados o maltratados por profesores y directores de esa institución. La mutilación de libros, descubierta por el reportero Ramón Uresti, desató una polémica de fondo. ¿Qué valores morales se defienden al impedir la educación sexual de niños y niñas de 10 y 11 años? ¿Temen los Misioneros que los niños y niñas puedan identificar la lascivia de algunos de sus profesores pedófilos?

No se trata de descalificar e insultar a los Misioneros de Cristo. Habrá algunos bien intencionados. Pero creer que todos los miembros de la Iglesia son líderes morales, preparados y cultos, es tanto como asegurar que todos los políticos saben lo que es un proyecto de Estado, tienen principios y valores bien asentados y serían incapaces de abusar del poder. Representar a Dios, desde la perspectiva religiosa, significa tener acceso al poder máximo universal. A los funcionarios los domina un poder terrenal, a los sacerdotes corruptos los protegen el Vaticano, el Estado y, aparentemente, Dios. Seguramente Dios no avala la inmoralidad humana, pero ¿quién puede preguntarle? ¿Acaso un niño o una niña abusada?

Las decisiones de los Misioneros de Cristo terminan por arrebatar a sus estudiantes la posibilidad de conocer su sexualidad y la de las y los otros, de respetar su cuerpo, de saber cuando alguien más quiere amarlo o dañarlo. Por ejemplo, su profesor de primaria. Censurar la educación sexual no impide que las y los jóvenes, tarde o temprano, tengan encuentros eróticos, pero sí les invita a hacerlo irresponsablemente, a escondidas.

Mutilar los libros es un abuso de poder, porque despoja a las y los estudiantes de su derecho a aprender. Es hipócrita porque la sexualidad en sí misma no es inmoral, pero sí puede serlo su mal ejercicio. Es éticamente inaceptable porque el origen de la decisión parte del prejuicio y la ignorancia y afecta a una comunidad que eventualmente vivirá una sexualidad insatisfactoria y culposa.

http://www.lydiacacho.net

Fuente:
http://www.eluniversal.com.mx/columnas/71243.html

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Javier Aranda Luna: El catecismo de la decencia

Da gusto saber que el PAN es el partido de la decencia., de los valores, de lo mejor para el país. Da gusto porque ese instituto político exige la aplicación estricta de la ley para sus “enemigos” –y sus enemigos son todos los que no están con ellos–, y protege con la misma ley y con voto de silencio a personajes como Marcial Maciel, su guía espiritual, con el piadoso argumento de que la ropa sucia se lava en casa, aunque no se lave.

Da gusto, porque siendo un partido político mexicano y financiado por los mexicanos, rinde cuentas y recibe línea de la burocracia que representa al Estado vaticano, el Estado más rico del orbe aunque la Biblia condene la acumulación de riquezas y el propio Papa la considere un pase fast track al infierno.

¿Cómo olvidar aquella duda teológica planteada por Felipe Calderón al inicio de su mandato, cuando acudió a presentarse ante su líder, el señor Ratzinguer? ¿Daba al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios?

A algunos militantes comunistas los financió Moscú, pero a nuestros entusiastas cruzados el Vaticano parece cobrarles la franquicia de esa decencia atípica que se resiste a ser encasillada por cualquier diccionario que le atribuye características como el recato, la honestidad o la modestia.

Da gusto que el líder del PAN hable de la decencia, pero ¿a qué decencia se refiere cuando acepta que uno de los gobernadores que salieron de sus filas destine 90 millones de pesos extraídos de recursos públicos para construir un templo dedicado a los mártires cristeros y olvida a los mártires de la educación? ¿Sabrá el gobernador González Márquez que los mártires cristeros le cortaron los senos a las maestras y a los maestros rurales las orejas por alfabetizar a los indios? ¿Lo sabrá el decente presidente del PAN?

¿La decencia empezará perdonando a los narcotraficantes como quiere el obispo de Tlaxcala? ¿Las narcolimosnas terminarán ablandando a los duros jueces para darles la “oportunidad” a pistoleros arrepentidos?

¿Qué sigue? ¿La formación de catequistas financiados con recursos del erario para que den clases de valores en las escuelas públicas? ¿Los cristeros de San Juan Chamula tendrán la capacidad financiera para instrumentar ese plan que busca erradicar la laicidad de la educación pública y dar clases de catecismo en las aulas?

Así como el poderoso Estado vaticano no ha podido canonizar a Isabel la Católica, tampoco creo que puedan avanzar en México los planes de la burocracia eclesiástica que rinde cuentas a Roma en materia de educación.

Aunque burócratas como Emilio González Márquez y otros insistan en desviar recursos públicos a la Iglesia católica no creo que eso pueda sostenerse a mediano plazo. No creo que empresarios judíos, protestantes y musulmanes estén dispuestos a seguir contribuyendo con sus obligaciones fiscales sabiendo que financiarán nuevas hordas cristeras que se opongan a la enseñanza de las tablas de multiplicar y el alfabeto. Además, en un mundo globalizado imagino que empresarios y políticos de países como Estados Unidos, Alemania, Japón, Corea, China o Inglaterra podrían ejercer “alguna presión” sobre la burocracia de Roma y la de nuestro país para convencerlos de no insistir en sus despapuchos. Porque ya ha ocurrido.

¿Y por lo demás, qué hará el primer burócrata de Jalisco con los miles de migrantes que regresen a su tierra con otras creencias? ¿Los expulsará? ¿Los obligará a hacer el tour cristero? ¿Expondrá el recurso de las remesas por sus desplantes fariseos?

Qué bueno que el PAN es el partido de la decencia, pero ya es hora que nos diga qué entiende por decencia, se pronuncie sobre los casos de pederastia en escuelas confesionales, nos enseñe en qué pasaje de la vida de Jesús el Cristo o en qué parte de su catecismo se justifica la obscena acumulación de la riqueza, dónde se encuentra el versículo que justifica odiar al prójimo o que nos muestren sus tablas de la ley o su versión de la nueva Biblia que consultan. Si ya abandonaron la de Fray Luis de León o la de Nácar y Colunga, tal vez estén utilizando la de González o la de Márquez o la de Duodécimo o la de algún Neotorquemada de la que por decencia deberían enviar un ejemplar impreso en papel ahulado a la Biblioteca Vasconcelos, donde los libros flotan o duermen el sueño de los justos.

* La Jornada
* http://www.jornada.unam.mx/2008/04/30/index.php?section=opinion&article=a08a1cul

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