Tag Archives: Reforma Energética

Our Words In resistance: Privatización de PEMRX en los Estados

Estamos reuniendo aquí la información de los diarios locales en torno a la Iniciativa de la Reforma Energética.

Pongan los links del periódico y la nota, y notoros vamos por ella para agregarla para poder tener un panorama amplio de lo que va sucediendo en el país. Estamos buscando que la gente esté lo más informada posible.

Para la gente que está fuera de México, si conoce y ha salido algo en sus periódicos locales sobre el asunto, tambieen agradeceremos todo lo que nos puedan hacer llegar.

Porfas… todos a cooperar.
Dejen el link como mensaje, que yo voy por él.

PEMEX YA TIENE DUEÑO, ES DE TODOS LOS MEXICANOS!!!

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Jorge Camil: AMLO: boxeo de sombra

Boxeo de sombra, le dicen, shadow boxing. Y el ejercicio, que se aplica a todos los deportes de contacto, a pesar de llevar por delante el nombre del boxeo, consiste en preparar los músculos para movimientos que serán realizados con mayor intensidad en una actividad física más rigurosa. Se trata de relajar los músculos, de hacerlos más elásticos, de preparar inclusive la mente para lo que ha de venir inevitablemente: ¡el combate cuerpo a cuerpo! (Desconozco si el término se utiliza en actividades militares, donde el combate es siempre a muerte. Pero concluyo que no, porque en los avatares castrenses el combate, antaño cuerpo a cuerpo y con bayoneta calada, es hoy una batalla tecnológica; se destruye al enemigo, a más enemigos, con armas letales disparadas desde el teclado de una computadora.)

Se sabe que lo practican karatecas, judocas y los fervientes devotos del taekwando, con frecuencia frente al espejo, para comprobar la posición de los puños, la rigidez del antebrazo y la flexibilidad de las piernas; probablemente la ferocidad del rostro, porque los ataques van siempre acompañados de gritos ensordecedores destinados a aturdir al enemigo; la sorpresa es siempre de vital importancia. Lo utilizan también los luchadores. Ellos, por grotesco que parezca, practican con todas sus carnes estrategias que simulan los movimientos de un formidable enemigo imaginario.

En el mundo de negocios lo practican los golfistas, tan alejados del combate cuerpo a cuerpo como del cielo a la tierra; lo realizan en elegantes oficinas donde practican golpes con todos los hierros. Usan también el espejo para comprobar la postura de la cadera, la caída del hombro, el ángulo del codo y la posición de las piernas. ¿Lo practicarán los violinistas? Porque los pianistas profesionales disponen desde hace tiempo de “teclados mudos”, en los que estimulan la memoria muscular y simulan los pianissimos y fortissimos que utilizarán después en el teclado sonoro. ¿Pero, por Dios, boxeo de sombra en política?

Aparentemente existe, porque es lo que vemos en relación con el tema del petróleo. Todos practican sus movimientos en privado. Nadie sube al cuadrilátero, nadie se arriesga. Sólo los futuros jugadores conocen el juego. Eso es también consistente con el boxeo de sombra, porque una de sus características exige lanzar golpes al aire, a nadie en particular. Aunque algunos de los futuros boxeadores políticos se imaginen con cada golpe la cara de enemigos específicos, algunos dentro del mismo partido. Muy pocos, los más avezados –es el caso de Andrés Manuel López Obrador–, saben perfectamente bien a quién se enfrentarán. Conocen el estilo, la forma de ataque, los lados fuertes y el lado flaco; se han enfrentado muchas veces. Son veteranos de mil combates: el desafuero, los debates presidenciales, la campaña, la elección de 2006, la toma de posesión en San Lázaro, los bloqueos, la investidura de la “presidencia legítima”. ¿Estamos acaso a punto de presenciar la pelea estelar?

AMLO ha peleado, inclusive, con el antecesor del actual contrincante: conoce el estilo. Pero el contrincante conoce su estilo también, es el problema. Ha vivido todo el sexenio enfrentado al mismo enemigo: ¡el conflicto electoral interminable! Ahora disfrazado de barril de petróleo, cubierto con la capa inefable de la soberanía, oculto tras la máscara de los globalifóbicos. Pero es el mismo enemigo. Y aquí vivimos un juego de suma cero en el que sólo puede haber un ganador. El perdedor quedará irremediablemente tirado en la lona, porque no pueden gritar ¡jaque mate! ambos ajedrecistas, ni triunfar los dos tenistas en la cancha. Uno gana y el otro se va a casa.

Regresando a la política cabe preguntar: ¿nos aproximamos a esa situación? Porque la reforma energética es hasta hoy un fantasma. Nadie la conoce, nadie la ha visto: ¿existe? Unos la han prometido, y otros se aprestan a combatirla con su propia vida. En la patriótica nacionalización del petróleo decretada por Lázaro Cárdenas había un solo contrincante: las petroleras que retaron al presidente al final de un acrimonioso conflicto laboral. “¿Y a usted, general, quién lo garantiza?”, cuestionó a don Lázaro un insolente petrolero a quien el mandatario le había preguntado cómo garantizarían las compañías el cumplimiento del laudo laboral con el que fueron derrotadas. Cárdenas, el estadista, no tuvo alternativa: las compañías recibidas con los brazos abiertos por otro general, Porfirio Díaz, retaban hoy al gobierno; se sentían más poderosas que el Estado. Contestó la ofensa con la nacionalización, acto visionario que nos dio independencia económica.

Hoy la pelea es entre nosotros y divide a la República. El boxeo de sombra es deporte de un jugador que tiene con frecuencia un solo propósito: la pelea por el título. ¿Ha llegado el momento de enfrentar a la “presidencia legítima” con la presidencia de Felipe Calderón? En política, como en la vida, todo se reduce a escoger el momento preciso; timing le llaman los ingleses. Ese momento desapareció cuando se abandonó la pelea del “voto por voto”.
http://www.jornada.unam.mx/2008/04/04/index.php?section=opinion&article=021a1pol

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Luis Linares Zapata: La nueva batalla por Pemex

Los escarceos anteriores a la batalla por Pemex y la soberanía energética han terminado. Enfrente se observa ahora un territorio inhóspito, lleno de trampas y contendientes belicosos que están dispuestos a entrar al debate directo de las visiones, los programas precisos y los conceptos rectores del sector energético. Aspectos indispensables para, después, manejar tiempos, los modos y la agenda de temas que seguirán en la disputa. En paralelo se lleva a cabo la profundización organizativa para conducir, con éxito, la refriega cuerpo a cuerpo que exigirá la movilización social, palanca de apoyo clave de la oposición.

Calderón, el presidente del oficialismo, ha declarado una retirada táctica de la disputa. Permanecerá, por ahora al menos, en la retaguardia de los discursos de ocasión, las giras protegidas por férreos dispositivos de seguridad y las inauguraciones a modo. Ha decidido lanzar por delante a sus subordinados partidistas, un conjunto de amedrentados panistas que carecen de los arrestos personales y los indispensables instrumentos requeridos para el combate avizorado. No presentará Calderón, al menos por el momento, la iniciativa abarcadora que tanto prometió y a la que, en un principio, pareció atar su gobierno. El sueño de cambiar el texto constitucional que acarició, la adecuación de leyes secundarias para permitir la injerencia del capital privado a las paraestatales de la energía y las modificaciones operativas de las mismas, fue abandonado lirón por lirón. Sólo le queda el subterfugio de la soterrada autonomía de gestión (AG) para Pemex, misma que sería calcada para la CFE.

El alegado 35 por ciento del voto triunfador no le prestó, ni de cerca, el sustento efectivo a la hora de las aventuras de gran calado, sobre todo aquellas en las que el diseño unilateral era evidente ante la atónita vista de los ciudadanos. Simplemente la administración calderonista no tiene la fuerza para dar la pelea de cara a los ciudadanos. Ni aun con el homogéneo auxilio de los medios de comunicación a su entero servicio. Llegó a Los Pinos baldado en su legitimidad y sus pretensiones transformadoras no se empatan con lo que señalan la historia y el espíritu nacionales. La alianza con el priísmo tardío apenas le da para cambios menores, cosméticos o en aquellos renglones donde su fofa enjundia se cruza con los intereses particulares de los grupos de presión. Ahí donde se hacen tan presentes como ominosas e impresentables las ambiciones personales, de grupo o de la cofradía de sus socios. La valentía que alardeaba para enfrentar los riesgos inherentes a tan osada intentona de reforma estructural sucumbió ante el desgaste que su imagen ha sufrido a últimas fechas por sus desmedidas pretensiones de alterar el espíritu constitucional (artículo 27), tan arraigado en el trasfondo de los mexicanos.

Pero a Calderón, los poderosos de dentro y fuera que lo sostienen, y esos que esperan meter la mano, el codo y, a veces, hasta la ancha cadera revestida con bolsas sin fondo, agrandadas por los privilegios, les queda una ruta para rescatar algo del naufragio: la cacareada AG. Toda una puerta de escape, entrevista para contrarrestar el fracaso de las alianzas estratégicas, las concesiones arbitrarias, los contratos múltiples o de riesgo disfrazado, la salida a bolsa para captar inversiones o la capitalización de los voluminosos pasivos (Pidiregas y otros) con que se lastró a las paraestatales en cuestión. Es por medio de la AG por donde pueden colar sus planes de entrega y apañe de riquezas disponibles, tal y como se hizo en los casos de Venezuela y Brasil (PDVSA y Petrobras).

Otorgar, mediante un cambio a modo en el marco regulatorio actual de Pemex, el margen de maniobra requerido para adoptar todas las decisiones operativas que se vayan imponiendo en cada caso particular es el sustituto a los cambios constitucionales extraviados. Un terreno coincidente con el priísmo de elite, que está por demás preparado para entrar al quite de la ineficacia panista. Una estratagema funcional que parece adecuada para la modernización, y hasta apreciada por muchos que, de otras maneras, se opondrían con tesón a dichos cambios. La AG posibilitaría el contratismo acelerado y redituable. Por eso proponen el cambio al marco regulatorio de las leyes y normas que rigen el otorgamiento de contratos para obras y servicios o la integración de los órganos de gobierno de la empresa. Por eso quieren retocar el consejo de administración, máximo instrumento decisorio. El objetivo es situar ahí a los personajes adecuados, ya sea por su proclividad ideológica o, más todavía, por su docilidad para recibir instrucciones y facilitar negocios.

Fue mediante la AG que PDVSA se independizó hasta llegar a erigirse como un Estado dentro del débil Estado nacional venezolano previo. Fueron sus administradores los que, contrariando la misma Constitución, regalaron a las empresas trasnacionales parte sustantiva del enorme tesoro de esa nación (Orinoco). Fueron también los independientes directivos de Petrobras los que concibieron la salida a bolsa y otros medios que privatizaron 60 por ciento del valor de aquella empresita de antaño. Empresa capitalizada por socios visionarios que, hoy en día, gozan de reservas que alcanzan, a valor actual, 4 o 5 billones de dólares. Una onerosa estrategia, similar en ambas naciones, que impide a sus respectivos pueblos el pleno aprovechamiento de la renta petrolera, y para que los solícitos inversionistas (aliados) de dentro y fuera de esos países hermanos se hinchen de billetes.

Esa, la AG envisionada para Pemex, es una ruta alterna para colocar dentro del cuarto de las decisiones cupulares y maniobreramente soberanas a la tecnocracia priísta de otros tiempos, aquellos que saben hacer el trabajo requerido, colonizados por el neoliberalismo entreguista y corrupto, personajes que de inmediato llegarían a esas cúspides impulsados por sus patronos y guías políticos.

El paso subsiguiente se otea con claridad meridiana: un contratismo rampante. Una feroz entrega de la operación a los traficantes de influencias privados. Un contratismo totalizador, libre de ataduras, protegido contra la vigilancia y reacio al rendimiento de cuentas, que asegure los negocios de los poderosos. La elevación de la plataforma de exportaciones seguiría imperando como exigencia de clientes voraces de crudos disponibles, baratos y seguros. Una estratagema, la AG, que terminaría, de aprobarse sin el cuidado suficiente de la oposición, por acrecentar la dependencia tecnológica que se padece y el rompimiento definitivo de la integración industrial del sector. Es por eso que el debate, además de reincidir, una y mil veces, en el espíritu constitucional y el contexto político, no puede soslayar el sensible tema de la AG, terreno donde se dará el combate final.

* La Jornada
* http://www.jornada.unam.mx/2008/04/02/index.php?section=politica&article=019a1pol

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