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Adolfo Sánchez Rebolledo: Están jugando con fuego

Dos nuevos contratos con Petróleos Mexicanos (Pemex) firmados por el actual secretario de Gobernación determinaron que, tarde y a regañadientes, éste se decidiera a informar sobre el expediente completo. Mientras, en las cámaras, los grupos del PRI y el PAN tratan de salvar la cara del funcionario, saboteando la comisión investigadora solicitada por el Frente Amplio a raíz de las denuncias de López Obrador. En aras de distraer la atención sobre el fondo político de la cuestión, se pretende reducirla al rejuego legalista de siempre, al dictamen exclusivo de instancias que en este asunto son juez y parte, pues están sujetas al control del Ejecutivo, como serían la Secretaría de la Función Pública y la propia Procuraduría General de la República.

Pero más allá de las consideraciones jurídicas del caso, las cuales no pueden desdeñarse, es preocupante la arrogancia del denunciado, su insensibilidad, la confusión deliberada entre el particular y el funcionario (pues que se sepa no ha pedido licencia). El secretario Juan Camilo acude en defensa de Iván, el apoderado legal y accionista de Ivancar, sin advertir en ese lazo indivisible el germen de la gestión oligárquica del poder. Los contratos, dice, tampoco violan las normas éticas democráticas que aconsejan tomar distancias entre ambas esferas para evitar sospechas. Pero más allá de la respuesta legaloide del secretario, es preocupante el desdén, casi el desprecio con que trata a los partidos denunciantes, como si en democracia fuera un delito expresar la inconformidad por los actos y las conductas de los hombres del poder, cuya fiscalización es vital en un verdadero estado de derecho. Sin embargo, en aras de su defensa personal, el secretario olvida las formas a que su cargo le obliga: cancela la prudencia declarativa y lanza acusaciones sin ton ni son, siguiendo la misma lógica que en 2006 llevó al panismo a descalificar a López Obrador como “un peligro para México”. No es la primera vez que los jóvenes panistas cierran filas, apelan al espíritu de cuerpo y se aferran a visiones intolerantes.

La resistencia a la crítica nos habla de un grupo de y en el poder que prefiere jugar con las palabras para causar un efecto mediático que asumir definiciones y compromisos cabales.

Decir, por ejemplo, que los críticos “apuestan por el fracaso de nuestro país, apuestan a que a México le vaya mal y hacen todo lo posible para que a México le vaya mal”, al margen de la cursilería retórica, es una manera de descalificar el debate en curso sobre la reforma energética, satanizando a quienes “politizan” el asunto. De este modo, el gobierno convierte la discusión sobre la reforma energética en el campo de batalla entre el Bien y el Mal, es decir, entre los partidarios del Progreso (definido al modo neoliberal) y sus enemigos, sin darle a los argumentos en liza la menor importancia. La manera como el gobierno ha presentado el tema de la reforma energética sería cantinflismo puro si las intenciones no fueran evidentes.

Ya es un escándalo que la Presidencia juegue a las escondidillas en un asunto vital para el futuro de México; que se busque, mediante un anuncio de tv, arreglado según la audiencia y las necesidades “tácticas”, deformar los hechos –como con exactitud denunciara Jacobo Zabludovsky en acertado comentario– para crear un efecto mediático sobre el “público”. No menos escandalosa es la falacia, repetida hasta el hartazgo por los comentaristas ad hoc, de que es posible, necesaria e inevitable la “alianza” con las empresas extranjeras sin privatizar Pemex, es decir, sin proceder a la reforma de la Constitución que hoy prohíbe de manera categórica tales asociaciones, lo cual piensan realizar valiéndose, como indica Francisco Rojas, de los contratos modificados de servicios múltiples para el desarrollo petrolero de las aguas ultraprofundas.

Es preocupante que la defensa del secretario pase por el bloqueo de la comisión investigadora del Congreso al que se avino el PRI, pero más grave, en el orden general de los temas en la agenda, es el desprecio hacia quienes se oponen a la privatización con meras descalificaciones, cuando ya están sobre la mesa trabajos muy serios de técnicos, sindicalistas, científicos, economistas –como David Ibarra, cuyo ensayo reciente “El desmantelamiento de Pemex” es de lectura obligatoria–. No me extraña, pues en cierto modo, tal sordera es la continuación del síndrome del 6 de julio, es decir, la idea de que se puede afrontar la tormenta de la inconformidad mediante una combinación de técnicas mediáticas y fragmentación de las oposiciones para imponer una política de hechos consumados. Para el gobierno, las reformas de pensiones y otras confirman que una sacudida social es soportable si a cambio se producen “ajustes estructurales” capaces de reciclar al sistema, pese a sus fallas.

Se habla mucho de negociación y consenso, pero es difícil creer en la sensatez de un gobierno cuando el secretario de Gobernación, en medio de la crisis en que se halla, puede lanzar esta parrafada donde se unen el mayor triunfalismo con la máxima arrogancia: “Lo que quieren es que en México no sigamos transformando con las reformas que el país necesita y que no se discuta al respecto (…) Eso es lo que quieren, poner obstáculos para que no continuemos con las grandes cosas, con los grandes temas, con las grandes soluciones a los grandes problemas que tiene este país”. Alguien debería decirles a los capitostes del panismo que el limbo ya fue abolido por la Iglesia. Ya sería un leve avance que el gobierno de Calderón asumiera, de una buena vez, que la apertura a la explotación petrolera en áreas vedadas al capital privado es, en definitiva, una privatización y la esencia de su propuesta de reforma. Al menos no habría engaño. Pero no, quieren ponerse el “traje a la medida”, darle espacio a la pequeña manipulación politiquera confundida con la visión de Estado, por ahora ausente. Y de allí la apuesta por Mouriño. Están jugando con fuego.

* La Jornada
* http://www.jornada.unam.mx/2008/03/13/index.php?section=politica&article=023a2pol

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Juan Carlos Cena: Colapsó el transporte nacional

Cromañón es sinónimo de dolor y muerte. En enero del 2005 anunciaba que se iba a producir un Cromañon ferroviario.

Por ese entonces manifestaba: No es un presagio, sino una certeza. Debemos estar atentos, alertas, despiertos, sin espantarnos, reconociendo que estamos bajo la influencia del planeta Cromañon que irradia muerte. En un artículo titulado ¡Alerta! Se viene el Cromañón ferroviario (16-1-05 en la Agencia Argenpress y otros medios)

Hoy digo que el Cromañón se produce, todos los días, en rutas, calles, vías férreas y en el aéreo, donde están involucrados todos los medios del transporte nacional.

Hoy se manifestó en un paso a nivel, que dejó como saldo fatídico 18 muertos y sesenta y cuatro heridos, algunos de gravedad, (información hasta las 18 horas del 9 de marzo del 2008)

Pero que importa este accidente si el lucro es más fuerte, como en Cromañón, donde no hay seguridad ni puertas de salida de emergencia. En el lucro no hay puertas de salida de emergencia, ni prevenciones y más si los que viajan son trabajadores, empleados, estudiantes. Las muertes no importan. Las muertes de los argentinos, y más, si son jóvenes no interesan y si son morochos, ni que hablar.

El accidente de hoy, no es pura casualidad o apareció de repente la fatalidad. La casualidad o la fatalidad no son ni pueden ser otra cosa que el efecto de un hecho desconocido, pero este suceso ocurrido en esta madrugada, del día domingo 9 de marzo, no es producto de la casualidad, sino de las causalidades que devienen del colapso del Sistema Nacional de Transporte. Causalidades en la que hay responsables con nombres y apellidos, comprometidos directos por estas siniestralidades. Son causalidades perversas. Son causalidades producidas por decisiones políticas que tienen más que ver con el lucro que con el bienestar social del pueblo.

El gobierno y medios de comunicación

Desde los atriles, pupitres, medios de comunicación masiva, con sus periodistas afines a la multiplicación de la mentira se ha tratado de enturbiar la realidad. Se ha aplaudido la Ley Nacional de Seguridad Vial, que son sólo normas de comportamiento. Pero no se ha anunciado un verdadero plan vial integrado donde estén contempladas las obras públicas ampliatorias de la red de carreteras. No se ha tenido en cuenta la producción de la Industria del Transporte Automotor, la saturación que produce esa producción anárquica en las rutas y accesos de entrada y salida de las ciudades, que ocasiona una multiplicación geométrica los siniestros.

Los medios de comunicación cómplices, con sus raras excepcionalidades, callan o aparentan ignorar cuando hablan de accidentes, la importancia del ferrocarril y su ausencia, y que si estuviera presente ¿cuántos accidentes dejarían de ocurrir? Nada importa, sólo el lucro.

Siniestros viales

Hasta septiembre del año 2007 hubo aproximadamente 12.696 siniestros viales graves que ocasionaron 8.172 víctimas fatales y 28.196 heridos graves en accidentes viales dentro del ámbito de la República Argentina, representado un incremento del alrededor el 30 por ciento respecto al año pasado.

El ombudsman Eduardo Mondino señaló que ‘Argentina ha dejado de ser un país con accidentes para pasar a ser un país con siniestros, por lo que debemos referirnos a la existencia de una verdadera endemia social. Como estos siniestros son el resultado de una sumatoria de factores predeterminados y evitables, se advierte la necesidad de una política de Estado para prevenirlos’.

Entre otras cuestiones, deben atribuirse responsabilidades correctamente: ‘A una sociedad anómica se suma un Estado ausente o, en el mejor de los casos, con acciones meramente espasmódicas y por lo general superficiales’.

Durante 2006 se produjeron, por siniestros viales ocurridos en todo el país, 7.557 víctimas fatales. Debe llamarnos la atención el incremento de siniestros viales que generaron lesiones o muertes en los últimos 8 años: en 1999 hubo 74.547 siniestros y en 2006 llegaron a 126.016 los siniestros. Las pérdidas económicas estimadas por siniestros viales alcanzaron los 1.000 millones de pesos entre julio de 2006 y julio de 2007.

Eduardo Mondino enfatizó que ¨la desarticulación de la red ferroviaria nacional y las pésimas condiciones de los servicios ferroviarios existentes han causado un inusitado crecimiento del tránsito vehicular a motor ‘para el cual Argentina no está preparada ni en su infraestructura ni en lo relativo a su desarrollo normativo¨.

La misma organización Luchemos por la Vida, lleva un recuento de la cantidad de muertos a partir de las estadísticas oficiales. Si bien son cifras provisorias, no dejan de ser espeluznantes cuando habla del país de los siniestros y no de los accidentes. La cifra de 8.014 personas fallecidas en el 2007 implica un promedio de unas 668 víctimas por mes y un promedio de 22 muertes por día. Comparado con el año anterior, hubo 547 muertos más.

Estas apreciaciones corresponderían al transporte automotor en general, pero no mencionan que una de las causales es la ausencia del ferrocarril. Con respecto a lo territorial, el Ombudsman Eduardo Mondino sí señala como nosotros y con fuerza, la catastrófica ausencia del ferrocarril por toda la geografía nacional. Esa retirada, trajo consigo que el ferrocarril dejaba de ser un elemento integrador y vertebrador de las economías regionales, comunicación y cultura, privación grave que ha generado una despoblación nacional, cuestión graficada en casi 870 pueblos fantasmas.

Siniestros ferroviarios

Por otro lado, verificamos a través de estudios basados en la experiencia de la accidentología del transporte ferroviario, que estas investigaciones nos marcan la tendencia del crecimiento de los siniestros ferroviarios, tanto en los trenes suburbanos de pasajeros concesionados, como de carga por falta de mantenimiento preventivo integral, a pesar de los abultados subsidios otorgados a los primeros y los no pagos de cánones de las concesionarias de trenes cargueros.

Debemos señalar que las infraestructuras ferroviarias y viales son cada día más obsoletas, no hay mejoras, cuestión que encarece fletes, pasajes de corta, media y larga distancia, a pesar de los abultados beneficios que les otorga el gobierno nacional.

Los accidentes de trenes dejan 1,5 muertes por día. La cantidad de personas arrolladas por trenes totalizaron 1.591 entre 2003 y 2005, lo que representa un promedio de un caso y medio de muertes por día, sólo en los ferrocarriles del área metropolitana (Gran Buenos Aires), concluyó un informe de la Superintendencia de Riesgos de Trabajo (SRT), que alertó que ‘estos hechos resultan traumáticos para los trabajadores ferroviarios’.

De acuerdo al análisis, existen ‘signos que se manifiestan y que se vinculan con el Trastorno de Estrés Postraumático en maquinistas de trenes que han participado en arrollamientos de personas y vehículos’.

La muestra sobre la cual trabajaron los investigadores de la SRT estuvo compuesta por 201 trabajadores maquinistas, de los cuales el 47 por ciento son conductores de Diesel; 27 son ayudantes; y 26 son de trenes eléctricos.

Según la información provista por los encuestados, el promedio de edad es de 42 años y el promedio de antigüedad en el trabajo es de 18 años. Todos los entrevistados participaron en al menos un arrollamiento. Antes los maquinistas o conductores trabajaban 8 horas como máximo, luego eran relevados. A la flexibilización laboral hay que sumarle el abuso patronal más la complicidad sindical, que trae como consecuencia el Trastorno de Estrés Postraumático. Todo esto se oculta. Las estadísticas mienten y la mentira se enseñorea.

Los sindicatos

El espectro gremial, en forma integral ya sean gremios ferroviarios o del transporte automotor, se ha sumido en un profundo silencio. Ya sean comisiones directivas, ejecutivas, de reclamos, cuerpos de delegados, igualmente son responsables de los silencios.

En el caso del accidente que nos ocupa, desde los medios de comunicación, o de los órganos oficiales, en este caso del gobernador de la provincia de Buenos, en forma imprudente han optado por buscar y encontrar un culpable: el chofer del colectivo. Toda la condena a él. A la hoguera con el hereje. Y su sindicato calla. El gobernador hipócritamente compungido eludió su propia responsabilidad.

Debo preguntarme ¿Cuántas horas trabaja un chofer de larga distancia? ¿Qué responsabilidad tiene la empresa por los aprietes y la corrupción generada a través de las horas extras? Estas son una dádiva que debe aceptar el trabajador porque peligra su situación laboral y porque está necesitado. Sabe, además, que nadie lo protege, ni la ley, ni el Ministerio de Trabajo, ni su sindicato. Es un trabajador desamparado. Que sí, que le caben responsabilidades, pero no la demonización por su error. El agotamiento, y está probado, hace cometer errores graves al final de su jornada. En ese lapso ocurren los accidentes más graves.

El Sistema Nacional de transporte está colapsado, los chóferes, maquinistas son súper explotados. No han un Plan Nacional de Transporte, ni una ley del transporte. Porque no hay un proyecto de Nación. Sólo anuncios ya dichos en otras oportunidades. El proyecto del tren bala a punto de naufragar, no por un razonamiento racional del Poder Ejecutivo, sino porque los banqueros no están dispuestos a otorgar un crédito blando para ese emprendimiento faraónico. Que contrariedad. A pesar de haber tocado la campanita en Wall Street y de haber cantado loas al capitalismo en la Universidad de Columbia, esto lo hizo la actual presidenta, le niegan el crédito.

Volviendo al accidente… las muertes no tienen remedio, sobre sus seres queridos sobreviene el dolor y el pedido de justicia.

Desde los estamentos oficiales en convivencia y connivencia con los empresarios del transporte automotor, entregarán a las fauces del león, como en el circo romano, a los conductores. Los maquinistas del tren soportarán el estrés postraumático y se sumarán a la larga lista de maquinistas que sufren un accidente como este.

En cuanto a los medios de comunicación, ignorantes, sin conocimiento real del tema, sin elementos contundentes, volverán a repetir las mismas barbaridades que se escucharon en el día de la fecha… fustigando y buscando solamente en los conductores y la falla humana a los responsables.

Simplemente porque estos medios de comunicación con estas empresas tienen intereses económicos en común.

Los sindicatos, con el simple aumento de salarios, se complacen… lo que les pase a los trabajadores, sus reivindicaciones, los derechos y todo lo digno de la vida laboral ha quedado en el recuerdo de otros tiempos históricos, cuando el movimiento obrero argentino, peleaba, luchaba, ganaba y era derrotado, pero dignamente.

Simplemente, todo esto provoca un profundo dolor… callarse es acordar… dicen los hermanos mexicanos: más vale el grito del amigo que el silencio del enemigo.

* Argenpress
* http://www.argenpress.info/nota.asp?num=052818&Parte=0

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Pedro Miguel: Vendan PEMEX

Está bien. Encuentren un eufemismo políticamente correcto para bautizar la operación: apertura, desincorporación parcial, modernización, fortalecimiento, reforma, bursatilización, liberalización dentro del marco constitucional, y vendan Pemex. No se sonrojen con sus contradicciones e inconsecuencias: postulen un día la pertinencia de “permitir la incorporación de capital privado” en la paraestatal y, en función de las conveniencias coyunturales, aseguren al siguiente que ésta “tiene que seguir siendo del gobierno y de los mexicanos”. Siembren la confusión y el desconcierto, y vendan Pemex.

Sigan quemando el dinero que obtienen del petróleo y manden a Calderón a entrevistarse con todos los alguaciles de Estados Unidos, y a Sergio Vela, a conocer más a fondo la Muralla China. Agasajen con bonos, coches y retiros millonarios a ministros de la Suprema Corte que encubren la pedofilia y a senadores y diputados tan modernos que la inviolabilidad del domicilio les resulta una antigualla. Destinen una parte sustancial del presupuesto a pagar indemnizaciones por los daños que sufrieron los banqueros y otros deudores privados a consecuencia de su propia falta de escrúpulos y de su torpeza.

Confiesen a voz en cuello disparates como la adquisición de gasolina en Asia (“a un precio mayor al que la vende Pemex”) y cierren el paso, valiéndose de todo –del presupuesto que todavía ejercen, de los loros mediáticos, del fraude electoral, del arzobispo, de sus dos capillas de intelectuales orgánicos, de la procuraduría, de los juramentos de asistencia mutua entre pederastas, de los toletes, de las dirigencias sindicales maceradas en dinero sucio–, a proyectos de gobierno como el que proponía la construcción urgente de refinerías en el territorio nacional para reducir la dependencia de productos refinados de petróleo. Perseveren en su empeño de lograr una paraestatal oxidada y desgajada en concesiones y convenios de riesgo y coinversión, y adquieran ustedes mismos, a precios de liquidación, los pedazos resultantes. Así estarán en condiciones de disfrutar legalmente de las ganancias petroleras, sin tanto riesgo como ahora, cuando tienen que esconder sus maniobras de apropiación subrepticia que la gente llama raterías.

Compren conciencias y votos; garanticen la permanencia en el cargo a gobernadores abiertamente delincuenciales; mantengan instituciones y siglas de relumbrón, secretarías virtuales, dependencias fantasmagóricas que justifican su existencia mediante páginas web; reduzcan la acción gubernamental al pago puntual y preciso de pagos de Pidiregas y a la concesión de contratos públicos para ustedes mismos y sus familiares. Reduzcan la sustancia de la administración pública hasta volverla insustancial; alcancen esa suerte de orgasmo regresivo del neoliberalismo, realicen el postulado del anarquismo de derecha, culminen su viaje a las raíces históricas del Estado y vuélvanse una banda de hombres armados (qué bien va la Policía Federal Preventiva en su desarrollo institucional, ¿eh?), asistida por contratistas particulares para todo lo demás. Inspírense en la ocupación de Irak y apliquen en México esa primitiva ecuación de dos términos: músculo policiaco-militar para hacerse con la propiedad de los yacimientos petroleros.

No se dejen intimidar por la cólera del populacho y de la turbamulta. Minimícenla a conveniencia en sus canales de televisión, en sus estaciones de radio y en sus periódicos, criminalícenla con ayuda de sus legisladores y procuradores, ridiculícenla como un “round de sombra”, redúzcanla a delirio sin fundamento de un dirigente resentido. No vacilen: el triunfo es de los audaces y a ustedes les espera la gloria con que la historia premia a los arrasadores de naciones. Ustedes son los elegidos para derrotar a su propio país. Gánense una fortuna y una mención de honor, junto a los mexicanos Lorenzo de Zavala y José Antonio Mexía, en los libros de historia de Estados Unidos. Vendan Pemex.

* La Jornada
* http://www.jornada.unam.mx/2008/02/26/index.php?section=opinion&article=032a1mun

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Rolando Cordera Campos: Los veneros del diablo

La reacción inmediata es ¿por qué? ¿Por qué se ha incurrido en tanta irracionalidad en el uso del petróleo, de su renta, y de la entidad estatal responsable de su explotación, industrialización, comercio y expansión? ¿Por qué la dilapidación salvaje de los fastuosos ingresos y excedentes petroleros de los últimos años? ¿Por qué, tantas veces y sobre tantos asuntos vitales para Mexico?

Registro esta serie casi interminable de porqués luego de asistir a una estimulante reunión convocada por institutos de la UNAM e Ingenieros Pemex Constitución 1917. Los datos, cifras y tendencias presentados parecen contundentes, aunque sabemos que en esta veleidosa materia, la del petróleo y la energía, nada hay firme, todo es gaseoso y, en nuestro caso, institucionalmente opaco.

Nada es seguro, en efecto, porque el crudo se escabulle y engaña; sin embargo, las series estadísticas y las gráficas, junto con los relatos de la propia experiencia profesional vertidos esa mañana, apuntan en un solo sentido: por las razones que se quiera, de las antropológicas y cercanas al racismo corriente, a las glamorosas de la “elección pública o racional”, hasta las más pedestres de un historicismo huero pero no menos intencionado, México cayó en una suerte de enfermedad holandesa que lo llevó a echarse a la vera del camino del desarrollo, y se dedicó a merendarse la renta petrolera en un grotesco homenaje al diablo y las escrituras de nuestro gran López Velarde.

El panorama resultante es, sin duda, de dureza extrema: penuria energética absoluta, y con ella una hacienda pública harapienta y desgarrada por la disputa brutal por sus migajas, aunque todo ello bajo el oropel de la democracia impoluta que no admite falacias y el triunfo federal, comandado por los nuevos señores de la guerra.

Hay que empezar por algún lado, aunque el nudo parezca impenetrable. ¿Por qué dejamos de explorar en aguas someras y en las zonas del territorio definidas como promisorias? Porque, decía la razón al modo, Cantarel lo era todo y guay de aquel que advirtiera sobre su inevitable finitud. ¿Por qué se insiste hoy en que no hay otro horizonte que las aguas profundas, sin abordar siquiera la pregunta anterior? Porque, dice el presidente Calderón, todos lo hacen ya, porque Fidel firmó contratos de riesgo con el que se dejó, porque Brasil va muy adelante o, dicen los ingenieros… porque las multinacionales observan el declive inevitable de las explotaciones profundas en Europa, Mar del Norte, etcétera, y se abocan a un furioso lobby en México para que sus fierros, tecnologías, plataformas, etcétera, encuentren pronto acomodo y no se queden ociosos.

¿Por qué dilapidamos gozosos los excedentes provenientes del alza de precios del crudo en un gasto corriente que se desparramó a estados y municipios? Porque así es la vida en los trópicos, dirá el cínico o, dicen los economistas políticos… porque así le convino al vicepresidente Gil y porque ese fue el precio de la pax foxiana. ¿Por qué no construimos refinerías a tiempo, y modificamos su diseño para hacerlas compatibles con las necesidades y la economía de la generación de electricidad? Porque con los “precios de transferencia” que se establecieron para Pemex la refinación “resultó” no rentable y, así, se actuó racionalmente conforme a los dictados de un mercado… que, en realidad, dicen los que saben, fue inventado, como juego de Nintendo para economistas modernos.

La realidad sin historia que cultiva el discurso oficial: declive acelerado y fatal de las reservas probadas, salvo que se explore en mares profundos, donde, Calderón dixit, “tenemos un tesoro enterrado”; endeudamiento oneroso de Pemex; hiperadicción petrolera de las finanzas públicas. Y de aquí, linchamiento mediático contra todo lo que huela a defensa de Pemex y que no admita como mandamiento un fuerte componente de privatización o apertura. Como se hizo más de una vez en estos tiempos de globalización desbocada: la carreta por delante del caballo y el flautista de Hammelin como metáfora tecnocrática del desbarrancamiento mental y moral de la República.

El gobierno, luego de haber alborotado la gallera con unos planes nunca expuestos, parecía haber recapacitado al admitir que se necesitaba un diagnóstico. Pero hoy, viernes, nos amanecemos con las declaraciones de la inefable señora Kessel (La Jornada, p.5) y con las jugarretas verbales de Calderón al decir good bye, que nos ponen ante un juego absurdo que, sin embargo, es siniestro precisamente por lo que se juega. El campo para el debate, que la convocatoria al diagnóstico parecía abrir, se cierra, por otra pueril maniobra de distracción y dilación que abre la puerta para una refriega en la que habrá algo más que gritos y sombrerazos.

Sagazmente, en sus dicharachos en Los Ángeles, el licenciado Calderón dijo que de darse, respetaría la decisión de “quedarnos como estamos”, pero advirtió sobre el agotamiento inminente de las reservas. “La segunda opción que planteó es que pueda optarse por destinar más recursos a Pemex… hay que ver de dónde sacamos más recursos, podría ser de gasto social” (Reforma, 15/02/08, p.1) Aparte de todo, habrá que admitir que al Presidente lo engañaron en el ITAM y en Harvard…

Con este extraño fin del tour americano, el gobierno decreta el fin del tiempo del ingenio menor de la teocracia neoliberal. Llegó la hora para el poder constituido, en el Ejecutivo y en el Congreso, de responder preguntas como las aquí esbozadas, porque la paz social y política del país se ha puesto en riesgo, por tanta avidez y tan poca responsabilidad pública, hoy como ayer.

* La Jornada
* http://www.jornada.unam.mx/2008/02/17/index.php?section=politica&article=020a2pol

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Antonio Gershenson: Antecedentes de la privatización petrolera: la “reforma” eléctrica

El discurso oficial sobre la “reforma” petrolera se mantiene en la vaguedad y elude definir claramente lo que sí se propone. Dice que no va a cambiar la Constitución (ni puede cumplir con los requisitos para hacerlo) pero sí las leyes, por eso se discute en las cámaras el asunto. Dice que no se va a privatizar Pemex, pero se va a dar entrada a la inversión privada a áreas que han sido exclusivas para la nación.

Esas áreas están definidas en los artículos 27 y 28 constitucionales. Si se cambian o no se cumplen, se viola la Constitución. De por sí ésta dice que “tratándose del petróleo, y de los carburos de hidrógeno sólidos, líquidos y gaseosos, o de minerales radiactivos, no se otorgarán concesiones ni contratos, ni subsistirán los que en su caso se hubieren otorgado”. Se han firmado multitud de contratos con empresas privadas en la industria petrolera, constitucionalmente inválidos. Ya están fuera de la Constitución.

Vamos a ver en qué consistió la reforma a la Ley del Servicio Público de Energía Eléctrica, en su artículo tercero. Y vamos a ver sus resultados. Esta reforma viene del gobierno de Carlos Salinas.

La Constitución, en su artículo 27, dice que “corresponde exclusivamente a la nación generar, conducir, transformar, distribuir y abastecer energía eléctrica que tenga por objeto la prestación del servicio público. En esta materia no se otorgarán concesiones a los particulares y la nación aprovechará los bienes y recursos naturales que se requieran para dichos fines”.

El artículo tercero decía que no se considera servicio público el autoabastecimiento “para satisfacer intereses particulares, individualmente considerados.”

El cambio incluye varios incisos. “No se considera servicio público: I. La generación de energía eléctrica para autoabastecimiento, cogeneración o pequeña producción”. Esto se ha prestado a que las empresas que generan electricidad, de hecho, vendan la energía a otras empresas, bajo el nombre de vender servicios de autoabastecimiento.

Luego sigue la parte más importante: “II. La generación de energía eléctrica que realicen los productores independientes para su venta a la Comisión Federal de Electricidad”. Son los particulares que más generan, y la electricidad será utilizada para el servicio público, aunque este artículo diga, al principio, lo contrario.

Los otros incisos implican menores volúmenes de energía: exportación, importación y plantas de emergencia.

Uno de los resultados es que más de 30 por ciento de la energía vendida como servicio público fue producido por empresas particulares, todas ellas extranjeras. Es muy posible que ahora, con las hidroeléctricas del Grijalva prácticamente sin generar, el porcentaje sea ya sustancialmente mayor. La Comisión Federal de Electricidad compra a precios muy caros electricidad generada con gas muy caro, a las empresas extranjeras. Ahora que les compra más energía de punta, el precio promedio es aún mayor.

Ayer se publicó en este diario, en la nota principal, un reconocimiento oficial de la intención de seguir aumentando la participación privada en la generación de electricidad.

Si nos imaginamos algo similar en la industria petrolera, parte de las instalaciones petroleras serían privadas y Pemex estaría comprándoles a precio carísimo, como ya sucede con la gasolina por la negativa de los tecnócratas durante décadas a instalar nuevas refinerías de Pemex y en México.

Los funcionarios y políticos de derecha dicen que no quieren esto o lo otro. Lo que ya hicieron en la industria eléctrica muestra otra cosa. Así como ahora le cobran a los grandes consumidores la energía en horas pico más barata que en diciembre, les cobrarían la gasolina o el diesel o el gas a precios de ganga; que se amuelen los pequeños usuarios.

No se trata de cuestiones negociables. Si violando la ley hacen lo que hacen, el que se cambie un poco la redacción de un artículo o dos no les va a impedir dar pasos adicionales en la entrega del petróleo, como ya lo mostraron con el servicio público de energía eléctrica.

* La Jornada
* http://www.jornada.unam.mx/2008/02/03/index.php?section=opinion&article=015a2pol

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José Rigane: ‘Nunca va a haber eficiencia hasta que la energía no se vuelva a definir como un bien social’

Las medidas puestas en marcha por el Plan de Eficiencia Energética, tanto en el ámbito estatal, privado y a nivel doméstico, representan un paso adelante pero no solucionan el problema de fondo del tema energético. Antes que nada, me gustaría dejar clara una situación: creo que la iniciativa del Gobierno nacional en relación al cambio del huso horario y las restricciones, hacer un uso eficiente de la energía, está bien. Es una buena medida.

Sin embargo, vamos a dejar claro que nunca habrá eficiencia con la energía hasta que no se modifique el concepto, hasta que la energía no se vuelva a definir como un bien social. Mientras la energía sea tomada como un commodity, una mercancía, las políticas de eficiencia como las que hace el Gobierno no podrán sostenerse.

Nunca se va a alcanzar a resolver el problema de fondo. Mientras se intente hacer ahorro con los sectores de bajos recursos, que son los que menos consumen y no precisamente con los que más consumen, algo anda mal. Mientras esto sucede por un lado, por el otro existe una libre disponibilidad del oligopolio privado, que le permite que exportar petróleo crudo o y gas sin valor agregado. Algo que está mal, porque casi no tenemos disponibilidad. No se puede ser eficiente e intentar exigirle al que no tiene lo que precisamente ni el gobierno nacional, ni el poder político, están dispuestos a hacer con la energía toda.

La causa de la crisis energética es el modelo implementado. La solución, entonces, es cambiar este modelo energético basado en la propiedad privada y en la segmentación de los servicios públicos.

Mientra la energía siga siendo considerada como en la década del ’90 un bien para privatizar, una mercancía, un commodity, y no un valor estratégico, un bien social, un derecho humano, no puede haber planes de eficiencia serios y ciertos.

‘A diferencia del dueño que pasó fin de año a oscuras, las compañías piensan que no es rentable ni racional invertir para sostener un sistema eléctrico preparado para esos días de extremas máximas y mínimas temperaturas, cuando la demanda alcanza records.

Esa decisión tiene una lógica contundente desde el punto de vista de la tasa de retorno de una inversión en el ámbito del sector privado. Por caso, no es rentable destinar unos 100 millones de dólares en capacidad de transporte (cables) y estaciones transformadoras, monto estimado por especialistas del sector, para atender el requerimiento de una demanda excepcional por unos pocos días al año. Por ese motivo, en esas jornadas agobiantes hacen cortes rotativos, estrategia que desmentirán con vehemencia porque si no serían multados y hasta los ejecutivos de las empresas correrían el riesgo de afrontar denuncias en la Justicia.

Los cortes de estos días no fueron por imprevisión, sino por un esquema de negocios que tal como está definido no obliga ni alienta a realizar las inversiones necesarias para evitarlos. Por cierto, las empresas invierten, pero lo indispensable para que el sistema siga funcionando al borde del precipicio. Y el Estado regula, pero menos de lo que debiera. Este modelo eléctrico del modo que está diseñado no brindará respuestas a esa demanda creciente ni a los cambios en la pauta de consumo de la población. El debate sobre el nivel de las tarifas es importante, aunque ya se han autorizado ajustes para este año además de haberse entregado compensaciones en el anterior. Pero no es la cuestión central en la definición de un esquema energético previsible y seguro. El actual se presenta con inversiones insuficientes, descoordinación operativa, ausencia de planificación, deficiente control estatal y sobrecostos operativos.

En ese crítico panorama queda como fuera de tono la pretensión de prever el sendero futuro de la demanda y adelantarse con obras. Por el contrario, el camino que se transita consiste en exprimir al tope las instalaciones y sólo actuar cuando los equipos y cables se rompen, como cuando saltan los tapones en el hogar.

En su momento, el Estado invirtió para construir las redes eléctricas y las gasíferas pensando en la expansión del consumo y en el crecimiento de la economía. Destinó millonarios recursos sin el criterio de rentabilidad empresaria y sí de rentabilidad social. Gran parte de esas redes son las que aún hoy son las bases del sistema energético nacional y que permiten abastecer a la actual demanda.

En esa instancia aparece con claridad la distinta función que cumple el Estado y el sector privado cuando se trata de brindar un servicio público esencial para la población. Y, por lo tanto, los efectos negativos para los consumidores cuando el Estado abandona esa tarea indelegable, lo que no implica el desplazamiento total del sector privado como operador del servicio. De todos modos, incluso en este modelo, el Estado debe asumir con más autoridad el estilo de organización del consumo energético de la población.’ ALFREDO ZAIAT, Suplemento ‘Cash’, Diario Página 12 (06/01/2008)

¿Quién nos cambia las lamparitas?

Iniciativas como las que se llevan a cabo por estos días, el cambio de las lamparitas de los domicilios por artefactos de bajo consumo ya se llevaron adelante en Venezuela y Cuba. Consultado por algunos medios, he comentado que esta medida estaba siendo adoptada en esos países. Sin embargo eso no es suficiente para desarrollar un plan que nos conduzca al uso eficiente del recurso. Los habitantes de Venezuela y Cuba tienen un concepto diferente al nuestro. Para ellos, la energía es un bien social, no un commodity, ni una mercancía.

En los países que menciono, la energía es un patrimonio nacional. Las empresas no están privatizadas. El recurso natural no está en manos privadas y quienes dominan el mercado no son precisamente los oligopolios internacionales. Como el cambio de los artefactos de cada casa es parte de un concepto y de una base ideológica absolutamente diferente, los resultados también son absolutamente diferentes.

En Argentina, se pone en marcha un plan en un esquema totalmente distinto. Es decir, querer cambiar las lamparitas no está mal pero lo que sí está mal es el agente encargado de hacerlo. Fíjense ustedes que quien va a llevar la iniciativa adelante en esta ciudad es la empresa multinacional ‘que garantiza la distribución’ (lo que en rigor no es así) en la región de Mar del Plata. Es decir, EDEA SA va a entregar dos lamparitas por usuario como una manera de producir conciencia.

Lo va a hacer una empresa que actúa con impunidad, lo va a hacer una empresa que avasalla los derechos de los usuarios, lo va a hacer una empresa que avasalla los derechos de los trabajadores, lo va a hacer una empresa a la que lo único que le interesa es la rentabilidad y para nada el desarrollo de un servicio a largos años tratando de garantizarle la continuidad y la seguridad al usuario.

¿En esta empresa confía nuestro gobierno? ¿En una empresa que cobra una Tarifa Estacional, lo que constituye un contrasentido a cualquier política de ahorro y eficiencia? Esta Tarifa Estacional es inconstitucional porque obliga al usuario a consumir, caso contrario, el usuario tiene que pagar simplemente por canon fijo 25 pesos (sin contar los impuestos), sin derecho a hacer uso del servicio. ¿De qué política hablamos entonces de ahorro cuando no modificamos una cuestión de fondo como esta?

* Argenpress
* http://www.argenpress.info/nota.asp?num=050860&Parte=0

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