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J. Enrique Olivera Arce: ¿Por qué los perredistas disidentes no se irían al PRI?

En mi apunte anterior, publicado amablemente a principios de semana por “gobernantes.com”, concluía que de darse la desbandada en las filas del PRD, caso de que la corriente de “los chuchos” no lograra la unidad del partido en la actual coyuntura de crisis, quienes abandonaran las filas del sol azteca se verían en la disyuntiva de sumarse al abstencionismo u optar por sumarse a Convergencia o al PT.  Para algunos amigos del tricolor, y otros del sol azteca, mi apreciación fue calificada de sectaria y con una clara inclinación a favor de los sectores de la  izquierda representados por Andrés Manuel López Obrador. Todo por no incluir al PRI entre las opciones a considerar por los militantes en la presumible “desbandada” en el PRD, así como juzgar a priori  el desenlace de la crisis perredista y el fracaso anunciado de “los chuchos”.

Pues bien, mi argumentación se sustenta en una percepción generalizada de que los esfuerzos de la corriente de “los chuchos” para mantener la unidad no prosperan, antes al contrario, la ruptura se da como un hecho irreversible. Más temprano que tarde, la separación de una militancia de base cuyos intereses no son afines con la estructura, dirigencia y manera de hacer las cosas de la corriente que hoy controla al partido, es más que una simple presunción. La “desbandada” vendría por añadidura y con ella, la opción para la militancia disidente de tomar el camino que mejor convenga a sus intereses. Especulación, si se quiere, pero de ninguna manera ajena a hechos objetivos.

En todo caso, lo improcedente sería ignorar o minimizar la crisis que hoy vive el PRD,  y las diferencias de forma y fondo entre las dos corrientes dominantes. Objetivamente, el partido en los hechos, se partió en dos. Cada una de las partes quedaría en libertad de acceder a lo que considere su mejor opción, incluida la construcción de la unidad a partir de una hasta ahora lejana posibilidad de refundación, ó la construcción de un nuevo partido sobre bases diferentes.

En ningún momento siquiera sugiero que una u otra corriente, de no lograrse la unidad, deberá abandonar o se quedarse en el partido. Tampoco sugiero que la mejor opción sea el mantener una unidad forzada y mucho menos, recomiendo que quienes abandonen, se sumen a los partidos políticos arriba mencionados. Como simple observador y sin militar en  el PRD, en todo caso mi opinión, al interior de ese partido, es irrelevante. Únicamente me remito a hechos del dominio público y a la lógica elemental, que hablan de una fractura sin retorno visible, y en ello sustento mi argumento.

Por cuanto a no mencionar al PRI entre las opciones apuntadas, no lo considero una posición sectaria. Simplemente no se menciona al tricolor como opción, porque parto de la idea de que quienes se separen de las filas del PRD, son aquellos sectores a los que, mediáticamente, se les considera como la izquierda “radical” e “intolerante”. Ciudadanos que si no aceptarían ya militar en un partido que consideran se ha inclinado a la derecha, por lógica simple tampoco aceptarían militar ni en el PAN, ni en un PRI que no se decide entre su pasado y compromiso histórico y su vuelco a la derecha confiando en los “tesoritos” que oferta Calderón Hinojosa.

Mis amigos podrían argumentar que Convergencia y PT en nada se diferencian de la estructura vertical, autoritarismo, y dirigencias patrimonialialistas del propio PRD y de otros partidos del espectro. Pudieran tener razón quienes ello señalen, salvo por otro hecho objetivo: En la coyuntura, la disidencia perredista a la que hago alusión, se identifica en objetivos, estrategias, visión de mediano plazo y tareas inmediatas, asumidas por Convergencia y PT en el movimiento ciudadano en defensa del petróleo, que encabeza López Obrador. Mañana quien sabe, pero hoy por hoy, y eso incluye al 2009,  tal movimiento ciudadano es factor de atracción, aglutinación y unidad para la izquierda. Los hechos lo confirman.

En cuanto a la otra opción, el sumarse al abstencionismo, que implicaría el voto en blanco ó el no sumar votos a favor de cualquier partido de los que conforman el abanico de opciones político-electorales, no es descabellado el considerarla. Cada vez son más los mexicanos víctimas de frustración, cansancio y decepción, que ya no confían en el sistema de partidos políticos en los que se sustenta la democracia representativa mexicana. La disidencia perredista no tiene por qué ser excepción.

Como también es mayor el número de mexicanos que por principio, rechazan la idea de que en la “democracia” una despensa es igual a un voto, en que se sustenta actualmente la oferta electoral. La crisis al interior del PRD, fruto del llamado “cochinero”, tocó fondo en el momento mismo en que unos optaran por la despensa y venta del voto, en tanto que otros mantuvieran en alto dignidad y civilidad. En otros partidos, el fenómeno podría no ser diferente. El abstencionismo no deja de ser el fantasma a vencer en el 2009, luego cabe señalarle como opción posible.

Lo verdaderamente trascendente en torno a mi opinión vertida y publicada, no es lo que mis críticos señalan. Lo relevante y lastimoso, a mi juicio, es la ausencia de señalamientos en torno a lo sustantivo del artículo: el debate en el Senado de la República. Para mis amigos del tricolor y del sol azteca, el debate ni se ve ni se oye, simplemente les es indiferente. Estamos en Veracruz, no cabe duda.

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J. Enrique Olivera Arce:“El debate en el senado. Quien pega primero pega dos veces…”

“Nunca antes desde el año 2000, el tricolor se había opuesto con tanto denuedo a una iniciativa de Los Pinos), y nunca antes había hecho naufragar al panismo con un lujo de detalle tan extenuante”.

Ilán Semo

En el debate sobre el petróleo que tiene lugar en el Senado, la polarización que priva en la calle se refleja en las posturas de los diversos ponentes, abierta o con matices diversos, pero al fin polarización en torno a un tema de la mayor relevancia para el futuro de México. La disyuntiva que ocupa el centro del debate está entre privatizar la actividad petrolera, como es la intención de la derecha representada por Calderón Hinojosa y su partido el PAN, así sea por “la puerta de atrás” mediante argucias legaloides y criterios tecnocráticos, y la postura de centro izquierda, hasta ahora expresada por las corrientes nacionalistas tanto del Frente Amplio Progresista como del ala izquierda del PRI, que estando a favor del rescate, saneamiento y modernización de la paraestatal, se oponen a las iniciativas privatizadoras.

En la calle existe la percepción de que el debate es para Calderón Hinojosa, los sectores conservadores del PRI, que encabezan Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa Patrón, y para el PRD de los “chuchos”, un simple taparle el ojo al macho; como el mismo presidente nacional del PAN, Germán Martínez Cazares, lo deja entrever al declarar que “Mientras se está debatiendo, estamos construyendo una mayoría que respalde el fortalecimiento, la transparencia y la modernización de Pemex. ¿Con quién?, pues no sólo con el PRI, también con el PRD, hay una parte del PRD que está dispuesta a ver las bondades que se necesitan y que están en la iniciativa”.

Pero también el tono y rumbo hasta hoy adoptado en las primeras escaramuzas del debate, ha dado lugar a pensar que sin el movimiento en defensa del petróleo y la toma de las tribunas en el Congreso, ya las iniciativas hubieran sido aprobadas por mayoriteo simple y al vapor por el Senado. Así como también, el que la movilización popular ha sido determinante para que al interior del tricolor y del PRD, se separe el agua del aceite, definiéndose importantes sectores en contra de la privatización. Por lo que independientemente de las intenciones de la derecha, lo que se diga o deje de decirse en los foros de la Cámara alta, el debate abona a favor de una mayor transparencia a la hora de definir que pasa y que no pasa de la iniciativa calderonista.

En este contexto, las propuestas de los gobiernos priístas de las entidades federativas que se auto designan “productoras”, incorporadas previo maquillaje a la propuesta del institucional dada a conocer en el foro por Beatriz Paredes, fueron ignoradas por estar sobre entendido que contravienen el espíritu del pacto federal.

En las ponencias presentadas se observaron diferencias de fondo y forma pero también coincidencias, a las que legisladores del PRI y Frente Amplio Progresista se sumaran, en el sentido de la necesidad de una política de Estado en materia energética; librar a PEMEX de las garras de la Secretaría de Hacienda, transparentar su operación y destinar mayores recursos a la paraestatal para su rescate y desarrollo; así como de fortalecer las actividades de investigación y formación de recursos humanos con visión de futuro. Prevaleciendo eso si, en unos, la idea de una privatización abierta o encubierta del recurso petrolero, en tanto que, en la mayoría, la convicción de que la explotación de los hidrocarburos es del dominio exclusivo de la Nación.

Es de hacerse notar que Porfirio Muñoz Ledo, Coordinador Nacional del Frente Amplio Progresista (FAP), y Claudia Sheinbaum en nombre del “gobierno legítimo”, fueron los únicos que pusieran en el contexto geoeconómico y geopolítico -y sus implicaciones para México-, lo que en el debate en el senado se ventila. Por lo que no pasó desapercibido el que sea nuevamente Andrés Manuel López Obrador, con su propuesta ya formalizada, quien marcara la pauta en este primer foro del debate nacional. Así las cosas, al margen del resultado ulterior del debate y de un posible albazo calderonista, es un hecho que no fue en vano la estrategia trazada por AMLO, de defensa anticipada. El movimiento popular pegó primero y sin duda, pegará dos veces.

Y en el inter., los chuchos del PRD ya no saben que hacer para mantener en sus filas a la mayoría de los militantes, conservar para sí las prerrogativas, y disponer del peso de la estructura partidista en el terreno de la negociación y el chantaje legislativo. De no lograr su propósito vendrá la desbandada, y el voto duro de la militancia perredista y simpatizantes en el 2009, quedará al garete frente a la disyuntiva de sumarse al abstencionismo u optar por sumarse a Convergencia y el PT. El tiempo lo dirá.

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