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Lydia Cacho: Paramilitares en casa

Cuando aun tenía escoltas de la AFI por amenazas de muerte, los guardias privados de mi vecino, un millonario norteamericano, preguntaron a mi escolta cómo conseguir armas.
Cada día encontramos más grupos de seguridad privada dispuestos a llevar armas, legales o ilegales, para proteger las propiedades y personas de las familias adineradas de México, que a pesar de la inseguridad eligen quedarse en nuestro país.
Las leyes de la Física dicen que todo vacío tiende a llenarse eventualmente; es así como el vacío de seguridad poco a poco es llenado por especialistas de protección personal.
Ni siquiera las agencias de seguridad tradicional parecen confiables para quienes pueden pagarlas.
Nada pueden contra narcotraficantes, sicarios, zetas y secuestradores profesionales fuertemente armados. El comercio de armas ilegales es una realidad.
Este fenómeno no es nuevo, Colombia pasó por la creación de cuerpos especializados que más tarde pasaron a formar parte de grupos paramilitares criminales llamados Autodefensas Unidas. La complejidad del tema apenas nos permite poner sobre la mesa algunas preocupaciones.
En los tiempos del famoso Tigre Azcárraga, dueño del gran emporio televisivo nacional, el Ejército creó un grupo de especialistas asignados para él y para los periodistas de la empresa.
Estos soldados fueron elegidos minuciosamente, entrenados como escoltas y dotados de armas, cuyos permisos se renuevan cada año luego de un examen y el registro. Nadie más que el ejército puede autorizar la asignación de armas legales para guardianes que no pertenezcan a agencias policíacas especializadas.
Y sólo el ejército aprueba la portación de armas para caza deportiva o clubes de tiro. Los escoltas desarmados, lo sabemos, no son otra cosa que escudos humanos para balas, testigos de robo o secuestro, o chóferes de lujo. Los empresarios también lo saben.
Monterrey, el Distrito Federal, Sinaloa y Guadalajara son algunas de las ciudades con un mayor número de familias resguardadas por escoltas privados, la mayoría armados y entrenados para matar si es necesario.
Algunos privilegiados, como la dueña de FEMSA, son escoltados por el FBI.
Cada día más empresas especializadas en valoración de riesgo, risk assesment, abren oficinas en México. Son ejecutivos altamente especializados en estrategias integrales de protección de personas y familias adineradas. Negocian rescates, investigan al personal que labora en casa o en la empresa, desde la nana hasta la secretaria.
Algunos que han hecho grandes fortunas en Colombia, a raíz de la guerra contra el narco y la inseguridad resultante, han visto el potencial de México.
Su creciente presencia contradice las buenas noticias que nos cuentan desde Gobernación. Más allá de la anécdota, resulta imprescindible analizar las consecuencias que pueden resultar de este fenómeno de cuerpos de seguridad privada o policías paralelas.
Cuando el dueño de un poderoso diario nacional dijo que huye de México por miedo otros veinte le siguen. El nerviosismo del gobierno no es menor, los inversionistas que se expatrían por la inseguridad, eventualmente se llevaran su dinero, dejaran de invertir en nuestro país. Décadas de corrupción e impunidad revelan sus efectos, ahora contra ricos y pobres.

http://www.noroeste.com.mx/opinion.php?id_seccion=104

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Dilbertina: Lorenzo Meyer y Andrés Leonardo Gómez , gracias.


Hace unos días, tuve la fortuna de escuchar una plática del Dr. Lorenzo Meyer, historiador y analista político, conferencia titulada “La viabilidad Política”, antes de entrar en materia, he de confesar que iba como adolescente a ver a mi cantante preferido. Esto suena un poco pueril pero en verdad mi estado de ánimo era ese. Al llegar al recinto donde se presento el Doctor Meyer, vimos que no había muchas personas, y nos enteramos que un día antes se había presentado Alberto Aguilar, analista de finanzas, con poca participación de público, las dos conferencias eran gratuitas, auspiciadas por un periódico local y la Universidad de Guanajuato. Claro a los cinco o diez minutos de haber llegado, al auditorio de la universidad, escalando las terribles escaleras y sin ayuda de tanque de oxigeno, el auditorio quedo repleto de personas, jóvenes en su mayoría, arrastrados a fuerza por sus maestros de Filosofía y Letras.

El primer punto que toco la moderadora del evento, que fue pregunta expresa para el Doctor Meyer, fue si habría viabilidad política en México, el con su humor casi negro, contesto que la historia le había enseñado a no dar respuestas ante estas preguntas, no tiene una bola de cristal por supuesto. A continuación y para no perderme en las cifras que dio el Dr. Meyer transcribo lo que se público al día siguiente de la conferencia:

Martín Fuentes:Democracia mexicana, en rumbo equivocado

Lorenzo Meyer, historiador y académico, comentó que no sabe para dónde vamos en este país, “pero sí sé que no vamos por donde deberíamos ir”. La democracia mexicana está en riesgo de retroceder si no va a fondo, dijo y agregó que “la mediocridad del proceso político de estos años es inaceptable porque está abriendo las puertas para regresar, no para progresar”.

El también columnista dijo, ante un abarrotado auditorio general de la Universidad de Guanajuato, que la transición más o menos pacífica del 2000 generó expectativas de que tenía que ir mejor, pero que, ahorita, puede decirse que esa oportunidad histórica, única, sin precedentes, “no la estamos usando bien”.

Al dictar la conferencia “La viabilidad política” de “El México que puede ser”, organizada por correo en colaboración con la UG, para conmemorar una década de existencia, el analista fue claro al señalar que debemos modernizarnos para exigir que la transición se convierta realmente en una consolidación y no en lo que está pasando ahora, (porque) “la mediocridad del proceso político de estos años es inaceptable porque está abriendo las puertas para regresar, no para progresar”

Meyer, quien aclaró que en las Ciencias Sociales y en la Ciencia Política “los indicadores no permiten hacer predicciones”, subrayó que los mexicanos “estamos metidos en un problema de mucho fondo” y que “no queda más remedio que hacer un diagnóstico realista y ver que no estamos aprovechando el potencial histórico que nosotros mismos nos abrimos” con la alternancia política que se dio en el 2000.

También advirtió que “no tiene sentido ponerle buena cara a nuestro proceso político”.

“Porque si no somos críticos a fondo de lo que está pasando, no podemos esperar que esto se modifique, que las tendencias negativas por donde vamos cambien a un signo positivo”, y remarcó que si aun siendo críticos, probablemente las cosas de todas maneras no marchen bien, sí hacemos lo que dicen que hacen las avestruces, “pues peor tantito”.

En ese sentido, sugirió que es obligación (pasar) “el trago amargo de estar bien concientes de que vamos más mal que bien”, aunque matizó al anotar que el potencial de ir por un buen desarrollo político para llegar a un desarrollo económico y finalmente a un desarrollo social, “sí se puede”, pero –precisó- con una conciencia bien clara por parte de los ciudadanos.

“Y que, en los momentos claves, tomemos las decisiones en función de un conocimiento de la estructura política y no dejarse guiar por inercias o eslogan de campaña”, completó Meyer, a quien dieron un recibimiento caluroso quienes asistieron al Auditorio General de la Universidad de Guanajuato.

Esa fue la conclusión a que llegó Meyer al final de su conferencia, en la que se apoyó en indicadores para pintar un panorama de la realidad del país, después de precisar que “sólo Dios” sabe a dónde va el país.

Así, respaldado con resultados de encuestas de opinión, el doctor en Relaciones Internacionales por el Colegio de México expuso por ejemplo que, en mayo de este año, sólo el 16 por ciento de los mexicanos cree que se gobierna para beneficio de todos, aunque recordó que “la separación entre gobernantes y gobernados viene de la época de la Colonia”.

Y que “algunas veces o nunca” confían en el gobierno el 76 por ciento de la población, lo que consideró “terrible”, así como que cuando se dio el salto a la democracia, menos de la mitad la apoyaban como sistema político, además de que el 88 por ciento de los ciudadanos tienen poco o nada de interés en la política, por lo que podría decirse “que la mayoría decide, pero la mayoría no sabe nada” del “día a día del juego del poder”.

Meyer Cosío, quien definió al régimen priista como “el sistema autoritario más exitoso del siglo 20”, también habló del papel de los medios, sobre todo de la televisión, “que no ha cambiado desde que nació como la secretaría de propaganda del PRI” y con la que más se informan los ciudadanos, a pesar de que el análisis de la realidad mexicana está más en la prensa escrita.

Las elecciones de 2006 y sus consecuencias no quedaron al margen y ante alumnos y profesores y público en general, así como políticos de diversas tendencias y funcionarios públicos, expuso que en agosto de ese año el 51 por ciento dijo que no sabía si vivía en democracia y en junio de este año el 36 por ciento de la población consideró que en esos comicios hubo fraude.

“Para que una democracia funcione, el ciento por ciento debe decir que no hubo”, apuntó, y quien también curso estudios de posgrado en el Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Chicago subrayó además que “para que el sistema funcione el perdedor debe aceptar que perdió”, en alusión a la postura que ha mantenido desde entonces Andrés Manuel López Obrador.

Subrayó que el gasto que se invirtió en las elecciones fue “enorme” y “pobre” el resultado desde esa óptica, todo “un desastre en términos de mercado” que imputó al Instituto Federal Electoral.

También incluyó en su disertación la credibilidad en las instituciones y subrayó que la mayoría de los mexicanos creen más en las de corte autoritario: universidades, Iglesia y Ejército, que datan de la época colonial, y no en las que tienen qué ver con la democracia, como partidos políticos y el IFE que resulta “tan caro”.

Arrancó un espontáneo aplauso entre muchos de los asistentes al manifestar que “cuando alguien dijo ‘al diablo con sus instituciones’, es que ya se fueron al diablo…hace tiempo, no hay confianza en ello (y) no es que lo diga yo, lo dicen las cifras, salvo que Mitofsky mienta”.

A continuación expuso, también respaldado en indicadores, que en agosto del 2006 el 26 por ciento de la población estimó que las leyes en México se usan como pretexto para cometer arbitrariedades, mientras que un mayor porcentaje consideró que “para defender los intereses de la gente con poder”.

Reconoció que sí existe actualmente pluralismo político, y que los ciudadanos aceptan autodefinirse como de izquierda, derecha o de centro en el espectro político, aunque insistió en que no tienen relación con la clase política porque incluso ni a nivel estatal –sin exceptuar a esta entidad– tienen idea de cómo se llama quien los gobierna.

El autor de “El cactus y el olivo” también mostró indicadores que reflejan la desigualdad social del país que también se manifiesta por regiones, y expuso que eso, y la falta de dinamismo en la economía, constituyen un obstáculo para la democracia y formuló una pregunta para la que dijo no tener respuesta: “¿Hasta dónde aguanta la desigualdad política a la desigualdad social?” en un país donde vive el segundo o tercer hombre más rico del planeta, Carlos Slim.

Puntualizó que existen otros obstáculos, como la corrupción, rubro en el que México “está entre Ghana y Panamá” con un 3.5 en una escala de 10 puntos como máximo, y la inseguridad, renglón en el que destacó que las ejecuciones pasaron de 667 en el 2004 a 2 mil 275 el año pasado, mientras que en éste suman ya 3 mil 400.

Al concluir la conferencia, llovieron preguntas a Meyer para conocer su opinión en torno a temas vigentes como la necesidad de una nueva cultura ciudadana, la participación del Ejército “para cuidarnos”, la cual, advirtió Meyer, “va a cobrar” en su momento esa institución que “siempre ha sostenido al régimen”, incluido el actual.

Recordó que sacar el Ejército a las calles fue una de las primeras acciones de Felipe Calderón, quien se puso “ese uniforme rarísimo, esa mezcla de civil con uniforme” con el que “estéticamente quedó derrotado”.

Los contrapesos políticos y el papel de la sociedad para suplir a los partidos, inmersos “en una crisis de representatividad”, fueron otras preguntas que se plantearon a Meyer, a quien también pidieron opinar si el mexicano es un Estado Fallido, y tras definir que es aquel “que no tiene capacidad para cumplir con sus obligaciones mínimas, como la defensa de la vida, la integridad física de los ciudadanos y su propiedad”, sostuvo que “diría que en esa parte ya es un Estado Fallido”.

http://www.correo-gto.com.mx/notas.asp?id=87127

Al ver como se iban haciendo pequeños, las autoridades presentes, tanto de la Universidad como del Estado, me quedaron varías inquietudes, la primera, Lorenzo Meyer ha pasado toda su vida en la Universidad, como estudiante, catedrático e investigador, dijo que si la Universidad la conociéramos por dentro dejaría por mucho de ser una institución creíble, ahí las autoridades presentes con todo y rector se hicieron pequeños.

Mi siguiente reflexión es el papel que jugamos ahora los que nos atrevemos a leer un blog o a cometer el pecado de escribir en ellos, para hacer un poco de conciencia en los lectores despistados que pasan por aquí, si bien el lo dijo mejor que yo, no somos buenos ciudadanos, el ir a votar y sentirnos que hemos cumplido con nuestra obligación no nos hace ser buenos ciudadanos, lo que nos haría ser buenos ciudadanos es exigir a las autoridades que cumplan con lo que han prometido, que cumplamos con decirle al vecino, al compañero, al amigo que se interese por los asuntos políticos, no dejemos que la televisión y el spot decida por nosotros. Pensemos y exijamos todos los días desde abajo para que nuestro voto sea verdaderamente valido.

Y vuelvo a retomar el tema de Germán Martínez, al decir “guanajuatizar” el país, bueno Guanajuato es el penúltimo estado de la república mexicana que conoce el nombre de su Gobernador, lo que quiere decir que bien poco nos interesa la política, o el perfil del Gobernador es tan bajo porqué no hace nada. Así que si de Guanajuatizar se trata al país, es no conocer ni al mismo Presidente de México o al menos al que se ostenta como tal, lo cual en este momento sería muy bueno para él y su equipo, Germán Martínez ha dicho lo correcto, guanajuatizar es olvidar por quien votaron algunos, hacer más grises a los gobernantes del PAN, lamentablemente para mi salud, yo no me olvido de Caldeón ni de su equipo. Quiero puntualizar algo que en el periódico no han anotado, una de las gráficas que presento Lorenzo Meyer, fue el número de votos con los cuales habían ganado la presidencia de la República desde los tiempos de López Portillo hasta el 2006, sin dejar de poner en amarillo, al final de la tabla, el nombre del que miles de personas consideramos el presidente legitimo de México, Andrés Manuel López Obrador, ¿Humor negro o una realidad? Al final el Doctor Meyer, lo pone en la tabla….bien Doctor por considerarlo también como actor político de este México.

Al salir de la conferencia, el aire de octubre azotaba nuestras caras, salí con ánimos de hablar cada día de lo que veo en este país y en mi estado, ups, todo muy bien hasta que llegamos al final de las escalinatas, y ver lleno de guaruras toda la plaza principal, y un automóvil blindado del ejército, que pasa en México, para llegar a esto, si el procurador o los diputados tienen amenazas, ¿No es mejor, que lo vean por circuito interior, en la comodidad de la sala de su casa? Para no exponernos a nosotros los ciudadanos. Y recordamos lo que había dicho el Doctor, Calderón saco al ejercito a las calles, ¿qué costo político, exigirá este llamado ejército Mexicano, en el futuro por sacarlo a combatir a las calles?

Del viernes al sábado en todo el país se vivió de nueva cuenta una ola de violencia, 42 muertos en todo el país, si esto no es guerra que me digan que no pasa nada… también quiero extender mi felicitación al joven Andrés Leonardo Gómez Emilsson y a sus valientes padres, primero por el premio que recibió, con justo merecimiento, por no haber dado la mano al presidente espurio, tal y como lo increpo el joven en el acto donde fue entregado el reconocimiento, es una pena que Calderón se ponga a hablar de libertad de expresión y el estado mayor se lleve a dos jóvenes al juzgado, y que el magnánimo FECAL, diga que no presentarán cargos contra ellos ¿Qué cargos pueden fincarle ante la verdad dicha? Seguramente deberemos aprendernos este nombre, confió en que la juventud de este país tenga líderes formándose, Andrés Leonardo es para mí uno de esos jóvenes.

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Carlos Monsiváis: Escrutinio

Escena: El futuro inmediato. Personajes: Un secretario de Hacienda de un país hipotético e hipotecado, y su equipo de Mercadotecnia.
Secretario: (Que devora dona por dona, platillo por platillo): Les suplico un esfuerzo de imaginación. La gran crisis se viene, la gran crisis no se va y nosotros nos iremos y no comeremos más. ¿Cómo le hago para persuadir a la población de que el derrumbe en Estados Unidos nos hace los mandados?… Ah, y si lo primero que me quieren proponer en lo que pienso, ni se les ocurra. Mi apariencia no es un contrasentido, y no pienses modificarla.
Mercadotécnico I: Creo, o más bien sé, porque no me pagan por creer, que la confianza siempre es consecuencia de la inocencia. Usted jefe, tiene que salir y decirle a la Nación: “Ni se preocupen. Antes, cuando a los buenos vecinos les daba gripe, a nosotros nos daba pulmonía. Eso ya se acabó”.
Secretario de H: ¿Qué no lo he dicho ya un titipuchal de veces? Oigan y por cierto, ¿qué es un titipuchal?
Mercadotécnico II: Sí, lo ha dicho, pero lo ha fraseado mal. El otro día nos salió con que “antes si a los queridos gringos les daba tosferina, nosotros ni siquiera podíamos nacer”. Y acuérdense del choteo que le cayó encima. Acuérdese que le dijeron el doctor Albertico Limonta de la nueva era.
Secretario de H: ¿Y quién es Albertico Limonta?
Mercadotécnico III: Una ocurrencia del redactor de este artículo que es de los que creen que en materia de telenovelas existe la memoria histórica y que todavía quedan personas que vieron “El Derecho de Nacer”.
Secretario de H: A ver, volvamos a la mercado-estrategia. ¿Qué mensaje debo enviar?
Mercadotécnico I: Algo ligerito y estudiantil. Diga por ejemplo que no es el león como lo pintan, o que a caballo dado no se le ve colmillo, o que de 10 que se quieren bien con uno que coma basta.
Secretario de H: Los refranes no están mal para las comidas familiares donde todos tienen el mismo origen o deberían tenerlo, pero éste es un País multicultural, así que el mensaje debe ir de un lado a otro como si fuera vendedor de lotería. A ver, imaginen, que se les ocurra algo.
Mercadotécnico III: ¿Por qué no prueba esto? Sale con un disfraz de Halloween y les dice: “Amigos, amigos, no espanten, no griten”. Se quita la máscara del Hombre Lobo y continúa. “No se apaniquen. No soy el Hombre Lobo, soy el secretario de Hacienda y les aseguro que también en las noches de Luna Llena continúo en mi puesto inspirándoles sensaciones de seguridad. Así que calma”.
Secretario de H: Me encanta, ¿pero no podría salir mejor con una máscara de Drácula? De niño le causaba terror a mis hermanos y eso que soy hijo único.
Mercadotécnico I: ¡Ya está! Le voy a proponer la gran solución. Aparece una calle del Centro Histórico con gente que carga maletas que deben ser pesadísimas a juzgar por sus expresiones de fatiga. Se oyen tiros y gritos: “Policía, deténgalas, están saqueando mi tienda/ No se lleve mis pasteles, es todo lo que tengo para postre/ Si no sale de aquí inmediatamente, lo mato a plazos y tengo muy buenos cobradores”.
Se escuchan sirenas de ambulancias. Sale usted a cuadro y les dice como no queriendo: “¿Saben por qué empezó toda esta bronca que acabó con las finanzas de un sano país neoliberal? Porque no le creyeron a su secretario de Hacienda que les decía que todo iba de pelos…

http://www.elimparcial.com/Columnas/VerColumna.asp?NumNota=734508

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Jeff Faux: Repensar el TLCAN después del colapso de Wall Street

Al competir por los votos de los obreros durante las elecciones primarias del Partido Demócrata en la primavera pasada, Barack Obama y Hillary Clinton prometieron renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) con el fin de sumar mecanismos de protección para los trabajadores y el medio ambiente. La idea fue de inmediato considerada por las clases políticas de Estados Unidos, México y Canadá como retórica excesiva de campaña que pronto se olvidaría. Después, en efecto, pareció que tanto Obama como Clinton se retractaban de lo que habían dicho.

Sin embargo, como el colapso de los mercados financieros estadunidenses va a debilitar los supuestos en que se han basado las relaciones económicas entre Estados Unidos y México desde la entrada en vigor del TLCAN, el resultado puede ser una oportunidad no sólo para corregir las asperezas del tratado, sino para reformular la economía de América del Norte y funcione para la gran mayoría de ciudadanos de los tres países, no sólo para las elites que originalmente lo negociaron.

El TLCAN fue el prototipo para la red de acuerdos económicos neoliberales que ahora cerca al planeta; con el eufemismo “libre comercio” socavó la capacidad de los habitantes de cada nación para decidir sus propias políticas sobre la inversión, la propiedad intelectual, las finanzas, las adquisiciones y otros instrumentos de desarrollo económico. En esencia, el TLCAN es la “Constitución” que rige la economía de esta parte del continente, fomentando la posición negociadora de un solo tipo de participante del mercado: el inversionista corporativo multinacional.

Por lo tanto, no debería sorprendernos que el ingreso y la riqueza se hayan trasladado de la clase trabajadora a la clase inversionista en la región. En las tres naciones los salarios reales (ajustados de acuerdo con la inflación) se han rezagado respecto al incremento de la productividad laboral, y la diferencia ha ido a parar a los bolsillos de quienes administran y son dueños de las empresas corporativas.

La promesa de que el TLCAN generaría altos niveles de prosperidad sostenida para los mexicanos comunes fue, por supuesto, una ilusión. Pero el impacto político y social ha sido amortiguado por el continuo crecimiento económico estadunidense, que permite que las elites mexicanas exporten una parte de su pobreza y desempleo a ese país. La situación beneficia a los ricos y poderosos de ambos lados de la frontera. Las elites mexicanas se deshacen de trabajadores frustrados y con deseos de superación, que podrían causar problemas políticos en casa; al mismo tiempo, sacan provecho de las abundantes remesas de divisas que llegan a la economía mexicana. Los empresarios estadunidenses se benefician con una oferta nueva de mano de obra barata.

Pero el crecimiento mismo de Estados Unidos durante los 20 años pasados descansó en una ilusión; es decir, podrían continuar eternamente comprando al resto del mundo más de lo que le estaban vendiendo y financiar el déficit comercial por medio de préstamos del extranjero con bajas tasas de interés. Quienes proporcionaban estos créditos estaban dispuestos a reciclarlos porque confiaban en la integridad de las instituciones de Wall Street, en la capacidad de sus administradores y en la estabilidad del dólar estadunidense. Esta confianza ha disminuido de manera considerable, si no es que se ha hecho añicos.

Incluso si el rescate de 700 mil millones de dólares de Wall Street lograra apaciguar los mercados crediticios, la economía de Estados Unidos entrará a un largo periodo de reducción de gastos. Se necesitará una década o más para que el mercado inmobiliario se recobre lo suficiente y los consumidores de nuevo hagan uso de él, elevando los precios con el fin de financiar su gasto de consumo. Las tasas de interés serán más altas. Los muy endeudados consumidores estadunidenses, que han visto sus recibos de nómina estancados por dos décadas, ahora se verán forzados a vivir de acuerdo con sus medios, a ahorrar más y a gastar menos, sobre todo en importaciones, que serán más caras debido a un dólar débil. Para cerrar el déficit comercial, Estados Unidos tendrá que exportar más, pero como tantas industrias ya se han ido al extranjero, los estadunidenses se verán obligados a competir con base en salarios más bajos. Los costos del rescate, del imperio militar y los apoyos a los deteriorados sistemas de salud, educación y de pensiones significarán impuestos más altos, reducción de los servicios gubernamentales y la caída de los estándares de vida de la familia estadunidense promedio. Entre otras consecuencias, es probable que la hostilidad hacia la inmigración continúe afianzándose, cerrando así esta válvula de seguridad que hasta ahora atenuaba las tensiones sociales en México.

La era en la que el crecimiento de la economía de Estados Unidos, alimentada por la deuda, podía continuar ocultando el incumplimiento de las promesas del TLCAN ha terminado. Sin embargo, la integración de la parte norte del continente americano no puede revertirse. Hay demasiados vínculos económicos, financieros y personales entre las tres naciones para separarlas. Así que es hora de empezar desde cero.

Es posible imaginar una perspectiva diferente de la economía de América del Norte. Una en la que los derechos humanos, la estabilidad comunitaria y la justicia económica tengan prioridad sobre los derechos del capital a oprimir a los tres países en nombre de la rentabilidad privada. Pero es imposible imaginar que estos valores sean negociados por la misma clase de elites transfronterizas que nos llevaron al TLCAN.

Ya hace tiempo que en los tres países existe resistencia contra el TLCAN entre pequeños agricultores, gremios laboraales, ambientalistas y ciudadanos comunes indignados por la desintegración social y la inequidad que fomentó la integración económica. Pero a diferencia de las asociaciones políticas entre las elites de esta parte del continente, la resistencia en cada una de estas naciones está aislada, no funciona y no ha creado alianzas políticas transfronterizas serias. De este modo, por ejemplo, cuando los agricultores mexicanos se manifestaron en favor de una revisión del capítulo agrícola del TLCAN, los embajadores de Estados Unidos y de Canadá los trataron con desprecio. Si los agricultores hubieran sido apoyados por sindicatos y ecologistas estadunidenses y canadienses, hubiera sido más difícil que el gobierno mexicano desoyera sus demandas.

Construir una alianza política transfronteriza de izquierda no será fácil, sobre todo porque muchos grupos antiTLCAN de los tres países han expuesto sus razones con argumentos nacionalistas. Pero, mientras los cimientos económicos de la constitución neoliberal de la economía de América del Norte continúen desmoronándose, puede existir una oportunidad para que un movimiento popular desafíe a la clase corporativa con una perspectiva diferente y más atractiva sobre el futuro regional.

Jeff Faux: Economista, fundador y miembro distinguido del Instituto de Economía Política en Washington, DC. La Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) ha publicado en español recientemente su libro La guerra global de clases.

Traducción: Pilar Castro Gómez

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Dilbertina: Los Países de Latinoamérica y el Cisne Agonizante

Con respeto a mi amigo el Sr. Ronald Vidal.

Los hechos ocurridos en México en estos últimos meses, me llevan a reflexionar sobre los demás países del continente, los latinoamericanos, esos países que han sufrido durante años y años, guerras, muerte, pobreza extrema, el franco enfrentamiento de sus sociedades.

Durante mucho tiempo nosotros nos veíamos muy lejos de ellos, no volteábamos a verlos, tal vez sólo veíamos de reojo para criticar sus dictaduras, o ir de paseo a conocer Buenos Aires, el carnaval de Río de Janeiro o conocer la Suiza de América, ¡que soberbia! Que mal hicimos en no ver un poco su historia, en no ver los procesos por los que han pasado, ahora al ver a nuestro México lindo y querido, que de lindo solo le queda la letra de la canción, es una obligación leer su devenir político y no solo voltear ante el Cisne agonízate, los Estados Unidos. Aprenderíamos mucho más de los países de que tienen nuestras raíces, que hablan nuestro idioma, que nuestro mestizaje es igual o parecido al suyo, ver que lo que nos une a Estados Unidos es una frontera, un muro, un saqueo por parte de ellos, unas reglas que nos han dictado para bailar al son que nos toquen.

Estas últimas dos semanas han ocurrido dos hechos en México y en Estados Unidos que son de suma importancia.

En México, los atentados en Morelia, ahora tal vez podamos decir, por parte de los Zetas, y no solo el atentado en Morelia el día 15 de septiembre, sino los muchos asesinatos, balaceras, inseguridad, secuestros, que se vive en todo México, de norte a sur y de este a oeste, la semana pasada, yo misma sentí el miedo que produce el saber que en mi estado hubo una persecución de Narcos y Policías, el miedo de escuchar el incesante pulular de las sirenas, el desalojo de un centro comercial, dos hospitales, balas perdidas sobre la población civil, y por la noche seguir escuchando por detrás de mi puerta el ir y venir de esas patrullas que atemorizan, ¿que nos espera en México? ¿Cómo creer a Calderón y su súper gabinete de seguridad? ¿Por qué no nos dijo que también habría sangre de civiles, cuando se atrevió a declarar la guerra al narcotráfico de manera frontal con armas? ¿Por qué no hacerlo desde la base económica, donde les duela más? No es válido que Calderón salga y diga que sabía que era un cáncer, pero que al abrir al enfermo, vieron la metástasis había invadido al enfermo, ese enfermo es México. Sí alguien sabe porque se han publicado hasta ahora, las alarmantes cifras del 50% del crecimiento de consumo de drogas en México, que me lo explique por favor.

He leído varios artículos de lo que paso y sigue pasando en Colombia, al declarar por ordenes de los Estados Unidos, el franco ataque al narcotráfico por medio de las armas, tienen más de 40 años sufriendo de lo que hoy en México, gracias al Plan México y Plan Mérida estamos empezando a padecer, estamos en peores condiciones que en el año 1968, cuando en octubre mataron a cientos de estudiantes en la plaza de las tres culturas. A mi cabeza vienen más preguntas, preguntas que formularon, someramente, los senadores esta semana al joven aprendiz de Secretario de Gobernación, el amigo de Calderón, Juan Camilo Mouriño, preguntándole ¿de donde vienen las armas que tienen las bandas organizadas?, el respondió, algo que todos sabemos, de Estados Unidos, porque entonces no poner una barrera nosotros, un muro aún más grande que el de ellos, para evitar el tráfico de armas a nuestros países. También durante su comparecencia, dijo que no hay presos o desaparecidos políticos, Usted le cree? Rosario Ibarra de Piedra, luchadora incansable, madre de un desaparecido, dice que ahora está peor que en el 68, que ahora no sabes quién se lleva a los desaparecidos. Creo que sí alguien sabe del tema es ella, es esa mujer que tiene 40 años buscando a su hijo y ayudando a otras madres, esposas e hijos a buscar a un ser querido.

La siguiente noticia de esta semana, fue algo esperado, el hoyo negro, el desplomé del neoliberalismo, si bien es cierto que el modelo impuesto por Alan Greenspan en Chile, fue consideraron como el milagro chileno, milagro chileno que dicho sea de paso costo muchas vidas en el régimen dictatorial de Pinochet, muchos sabemos que existe mucha desigualdad en ese país gracias a ese modelo económico, que se ha demostrado que no sirve, ahora por fin los economistas voltean sus ojos a la teoría económica de Joseph E. Stiglitz, pero no aceptan totalmente la caída del modelo neoliberal. Joseph Stiglitz, lo dice muy bien, nos encontramos ante la peor crisis económica desde los años 30, todo estaría bien si solo pasara en los Estados Unidos y no tuviera repercusiones en todo el planeta, la mayoría de nuestras economías en América Latina están ligadas a este monstruo llamado Neoliberalismo y Globalización, ellos los USAS nos han llevado a fuerza de presión a establecer en nuestros países este sistema. ¿Que pasara con nuestras pensiones? , las famosas AFORES, ¿que pasara con nuestros precios en comida, nuestros créditos, nuestros empleos, nuestra pequeña empresa?, ¿cuanto pegara la crisis en nuestros países latinoamericanos?

Un amigo banquero me dice, no te angusties, en cuanto aprueben el plan de Rescate en USA todo se compondrá en México, pobre joven, que no ha vivido otra crisis en México, o siempre ha vivido en crisis y ya se acostumbro, los que hemos vivido crisis económicas en el país de norte sabemos que a nosotros nos pega el doble, ya que sus intereses están fincados en salvarse ellos a costa de los países de nuestra América. Al ver el primer debate entre McCain y Obama y no aceptar tajantemente que su sistema neoliberal fracaso, pienso que todo seguirá igual, sea quien sea que gane, tratarán de luchar porque este vuelva a resurgir, no han tenido suficiente, y claro primero buscaran atacar otras economías, para salvar la suya, abrir los ojos ante esto, me produce miedo.

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Marichuy: Sobre “El amor eterno”.

La próxima vez que alguien le hable del amor eterno, recuerde que, como diría James Bond, solo la muerte y los diamantes son eternos… salvo que pretenda una eternidad como la de esta fantasía amatoria del escritor mexicano René Avilés Fabila.

Amor eterno

Alicia dijo que lo amaba como a nadie. Hicieron el amor con una infinita y suave dulzura, con tiernas caricias. Pero aquella era la última ocasión que estaban juntos. Ella partía al día siguiente. Al concluir, Alicia habló: No puedo dejarte aquí, tienes que venir conmigo. Es lo que más deseo en el mundo y sé que tu también lo quieres. ¿Cómo iré contigo?, preguntó emocionado el amante. Ya lo sabrás, repuso la mujer. Fue hasta el maletín y extrajo un bisturí; con la habilidad de un cirujano fue cortando cada uno de los miembros de su compañero. Cuando hubo terminado, lo colocó cuidadosamente dentro de su equipaje. De este modo, Alicia regresó a su patria. Para fortuna suya no revisaron sus maletas. Al llegar a casa, con impaciencia, sacó las partes de su amado y las cosió. Una vez completo, le dijo: ahora sí ya estamos juntos para siempre, nada podrá separarnos, y lo besó con todo el amor que le era posible.

Todo el amor [1970-1995]. Amor eterno René Avilés Fabila. Ed. Aldus, México 1998, pág. 208

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Lorenzo Meyer: El verdadero peligro para México

Desviar la atención. El auténtico peligro para la viabilidad de México ha estado a la vista de todos y desde hace mucho tiempo: la profunda corrupción de sus instituciones públicas.

Vicente Fox y la alianza conservadora que él encabezó encontraron muy útil concentrar el grueso de la energía y recursos del gobierno y sus aliados —medios de difusión, organizaciones empresariales, iglesias, el viejo corporativismo, etcétera— en difundir la idea de que el gran peligro para México eran la oposición electoral de izquierda y su proyecto. A estas alturas ya debiera de haber quedado claro que el auténtico enemigo de la sociedad mexicana ha sido otro: la gran corrupción pública y su inseparable acompañante, la impunidad.

Ambos factores, aunados a la falta de dinamismo de la economía y a la muy injusta estructura social, son las razones principales de que el crimen organizado haya alcanzado la posición dominante que hoy ejerce. Y lo peor es que quienes se supone que encabezan la lucha contra las organizaciones criminales son los que antes engañaron con el falso diagnóstico, pero que hoy se alarman porque la descomposición del entramado institucional ha llegado al punto de que ya apareció el terrorismo incipiente.

Una definición. Una forma de empezar a entender las razones de un fenómeno complejo es formular una definición adecuada, y la profesora Cindy C. Combs propone una particularmente útil del terrorismo: “Una síntesis de guerra y teatro, una dramatización de la violencia más condenable —la que se perpetra contra gente inocente— que se desarrolla frente a una audiencia con la intención de crear un clima de miedo con objetivos políticos”, (Terrorism in the Twenty-First Century: Universidad de Carolina del Norte, 2003, p. 10).

Lo ocurrido el pasado 15 de septiembre en la celebración de la Independencia nacional en Morelia —el estallido de dos granadas lanzadas deliberadamente sobre una multitud que celebraba un aniversario más de la independencia—, se corresponde con la definición de Combs: una brutal puesta en escena de la peor de las violencias, aunque ya no para crear sino para exacerbar el miedo colectivo. A partir de ese atentado quedó claro que nadie se debe considerar a salvo de la violencia criminal: ni pobres ni ricos, ni niños ni ancianos, ni los comprometidos ni los indiferentes, ni los de izquierda ni los de derecha. Obviamente, el objetivo final de quienes actuaron en Morelia es político: mandar un mensaje a los responsables de formular e implementar la política estatal contra el crimen organizado para que no interfieran con su actividad.

En principio, la acción en Morelia pareciera diseñada para demostrar a todos que, no obstante la movilización militar ordenada por Felipe Calderón desde diciembre de 2006, su gobierno no es capaz de cumplir su función básica y razón de ser: proteger la vida y bienes de los ciudadanos.

¿Quién exactamente decidió poner en evidencia la incapacidad de las autoridades mediante un ataque a gente absolutamente al margen de cualquier acción contra las bandas criminales? No lo sabemos aún, pero queda claro que esa acción es simplemente el eslabón más reciente de una cadena que empezó con el reguero público de cadáveres de narcotraficantes rivales, policías e incluso de algunos militares (¡más de 3,300 en lo que va de este año!). Esa mezcla de teatro y guerra subió de tono con las mutilaciones y decapitaciones de algunas de las víctimas, con los mensajes a las autoridades en sitios públicos y dio un paso más con las ostentosas matanzas colectivas, como las recientes en Yucatán y en La Marquesa —de una docena pasaron a dos docenas de ejecutados en una sola acción y sin que quede claro por qué se les ejecutó— para concluir con lo ocurrido el pasado día 15: el asesinato de ocho inocentes frente al gobernador del Estado, en una plaza supuestamente vigilada y en la tierra natal de quien está al frente del Poder Ejecutivo. Hasta ahora seguimos sin saber quién fue responsable del salto cualitativo en la inseguridad ni el motivo preciso de la acción.

El crimen organizado es una fuerza dominante en muchos municipios del país, pero recurrir al terrorismo es retar no sólo a un gobierno local, sino al federal y a sus poderosos aliados (a empresarios, a Washington, a la iglesia). ¿Para qué el desplante? ¿Se quiso dejar en claro ante todos que los criminales pueden imponer sus agendas por sobre las del resto de los actores políticos? ¿Buscaron cobrar el rompimiento de acuerdos ya pactados o inducir a buscar uno nuevo? Se pueden formular éstas y otras preguntas similares o diferentes —por ejemplo, ¿pudiera ser una acción llevada a cabo por algún grupo político para crear un clima de mano dura?—, pero de momento no hay respuesta. Sin embargo, la falta de información no impide abordar otros aspectos del fenómeno violento.

¿Un pago diferido? El régimen autoritario que caracterizó la vida política mexicana de casi todo el siglo XX presumió de haber construido el sistema de poder más sólido de América Latina y uno de los más estables del mundo. Pero esa estabilidad no democrática tuvo un costo muy alto que hoy seguimos pagando todos. Parte central de ese costo fue la institucionalización de la corrupción y de la impunidad y hasta hoy nada efectivo se ha hecho por poner fin a esa herencia infame.

En la etapa clásica del dominio del PRI sólo el presidente podía llamar a cuentas a los grandes corruptos. En las pocas ocasiones en que se puso a uno de ellos ante un juez, la acción poco o nada tuvo que ver con la justicia real y sí mucho con la “justicia selectiva”, tan útil al poder presidencial para mantener la disciplina entre la clase política; un buen ejemplo fue el encarcelamiento del líder petrolero Joaquín Hernández Galicia, “La Quina”, por Carlos Salinas.

Sin embargo, frente a cada “quinazo” hubo centenas de casos conspicuos de impunidad. Manuel Ávila Camacho, por ejemplo, dejó hacer y deshacer a Maximino, su hermano; el círculo íntimo de Miguel Alemán empleó a fondo sus posibilidades de corrupción sin límites; Carlos Hank González se convirtió en símbolo de cómo un político pobre se transformaba en lo opuesto gracias a la protección presidencial. Arturo Durazo Moreno hizo de su amistad con José López Portillo la palanca para convertir a la policía capitalina en una estructura del crimen organizado. Las cuentas suizas de Raúl Salinas o la buena fortuna de los hijos de Marta Sahagún no se explican sin una relación directa entre poder presidencial y negocios privados. La lista de casos se podría extender hasta dar forma a un volumen similar al directorio telefónico.

Como no hay crimen organizado exitoso —y el mexicano vaya que lo es— sin algún tipo de complicidad entre criminales y autoridades, el ambiente de corrupción generado por el sistema autoritario del siglo XX resultó un excelente caldo de cultivo para que nacieran y prosperaran las organizaciones criminales hasta llegar a convertirse, de marginales y subordinadas, en rivales de la clase política. Lo anterior fue posible por la combinación de corrupción institucional con la cercanía geográfica del gran mercado norteamericano de las drogas. Como bien lo señalara Luis Astorga en su historia del narcotráfico mexicano —El siglo de las drogas, (México: Espasa Calpe, 1996)— esa actividad empezó a echar raíces en México hace ya más de medio siglo, protegida por algunos gobernadores y militares en el norte del país pero, con las condiciones propicias descritas, esa actividad creció hasta salirse del control del poder político e imponer sus propias reglas, que es la situación actual.

¿Qué hacer? No hay respuesta fácil, pero cualquier intento por romper el círculo vicioso requiere abrir varios frentes de lucha contra los auténticos enemigos de México. Hay que empezar por la difícil pero indispensable tarea de crear una policía auténtica. Perseguir seriamente no sólo a los narcotraficantes de base, sino a sus socios indispensables y que además de los policías corruptos es toda la red de empresas y empresarios lavadores de dinero y los miembros de la clase política que dan protección al crimen organizado: presidentes municipales, gobernadores, altos funcionarios del aparato de seguridad. Y finalmente, abrir oportunidades reales de trabajo a los jóvenes. Miguel de la Madrid anunció pero nunca se llevó a cabo la renovación moral de la política mexicana y desde 1982 la economía no tiene vitalidad.

En suma, que el verdadero enemigo de México es la combinación de corrupción pública con una economía formal sin brío. Si ambos problemas no se enfrentan con inteligencia y voluntad, no es imposible el retorno del Estado fallido del siglo XIX.

http://www.yucatan.com.mx/noticia.asp?cx=9$2900000000$3918131&f=20080925

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