Tag Archives: Guillermo Almeyra

Guillermo Almeyra: El camino y la meta

Por supuesto, al emprender un camino la meta en parte está implícita ya que, al menos, el caminante conoce el rumbo general que desea seguir. Lo que quiero decir, por consiguiente, es simplemente que el pragmatismo, la indefinición y la brumosidad teórica, el “caminemos y después veamos” sin tener una meta clara y definida, no sólo pueden hacer que el camino sea mucho más tortuoso y accidentado y muchísimo más largo, sino que también hacen correr el riesgo de que el mismo se pierda en algún pantanal histórico. En efecto, el pasado nos enseña que muchos de los primeros fascistas italianos deseaban acabar con el capitalismo y terminaron integrando el régimen corporativo del Duce, y que los obreros peronistas, objetivamente revolucionarios y que creían “combatir al capital”, acabaron siguiendo una dirección que fue el principal sostén del conservadurismo en Argentina. Por eso es importante una meta definida, clara para todos.

En el proceso bolivariano en Venezuela, por ejemplo, se da como objetivo final el socialismo (sin definir mucho qué quiere significar ese concepto, en qué se diferencia de los llamados socialismos anteriores o contemporáneos y con cuáles herramientas sociales habría que “construirlo”, noción que indica un constructor que tiene ya los planos del futuro y la técnica para hacerlo posible, y que debe, sin embargo, realizar aún un proceso político relativamente largo con los tampoco definidos peones de la obra).

Pero ¿cuál es, en cambio, la meta de los movimientos sociales bolivianos? ¿Edificar un nuevo modelo socioeconómico, el llamado capitalismo andino, mezclando las comunidades y los ayllus y markas con las pymes nacionales, cuando a lo que asistimos es a una aguda lucha de clases disfrazada de lucha étnica que libran la vieja Rosca y la oligarquía terrateniente unida a las trasnacionales y al capital financiero internacional, por una parte, y los campesinos, las comunidades indígenas, los pobres rurales sin tierra, los artesanos, los obreros, las clases medias pobres, indígenas y mestizas, por la otra?

En el enfrentamiento boliviano se mezclan la revolución descolonizadora (por la igualdad étnica y cultural de todos los pueblos), la revolución democrática (por la reconstrucción del Estado nacional criollo, reorganizando sus bases culturales y étnicas y el territorio político de Bolivia) y una revolución social rampante que enfrenta la contrarrevolución capitalista, esclavista, racista apoyada por el capital internacional y por el imperialismo. Por lo tanto, están por conquistar objetivos democráticos propios del capitalismo (construir un mercado interno, asegurar un Estado de derecho, imponer una redistribución equitativa de la riqueza nacional, hacer una revolución agraria que dé tierras a los sin tierra y medios de vida a los sin trabajo, destruir el racismo). Pero los mismos sólo podrán ser alcanzados si se aplasta, con los movimientos sociales, a las fuerzas de la reacción y se impone un regionalismo sí, pero que esté basado en las autonomías comunitarias y municipales confederadas nacionalmente para realizar un plan común de desarrollo humano y económico. O sea, si se deja atrás el marco del capitalismo, que no es un objetivo a alcanzar sino algo que hay que superar. En vez de capitalismo andino se debería, pues, pensar en un socialismo andino que recupere los elementos de cultura y de organización no capitalistas y haga hincapié en el papel autónomo y descentralizado de los movimientos sociales, en su dependencia de las asambleas, en su no dependencia de las instituciones y partidos y en su funcionamiento no como informe multitud sino como partido sui generis, multiforme y disciplinado desde abajo, desde las bases.

¿Qué meta tiene también el movimiento social en México? ¿Aplicar un programa nacionalista y democrático que el nacionalismo revolucionario del Estado nacido de la Revolución de 1910 no supo hacer triunfar? ¿O partir de la defensa de la separación entre la Iglesia y el Estado, de la defensa de los derechos constitucionales pisoteados, de la defensa intransigente de Pemex, la electricidad, la enseñanza pública, las libertades individuales para derrotar la alianza entre los terratenientes y el gran capital nacional y extranjero e imponer un gobierno democrático, popular, orientado hacia el socialismo y basado sobre las movilizaciones populares? ¿Y qué deben esperar los asalariados argentinos? ¿La acción paternalista del aparato estatal, la utópica solución desde arriba de todos los problemas sociales, económicos, ambientales, culturales? ¿La sumisión a los planes del capital internacional y a las leyes del mercado oponiéndoles algunas movilizaciones para moderarlos o frenarlos? ¿No es posible acaso construir un frente –ni kirchnerista ni gorila antikirchnerista– sobre la base de un plan antimperialista, obrero, con orientación democrática y socialista y con independencia del Estado capitalista? ¿No es posible que ese frente apoye las medidas gubernamentales que favorecen la independencia nacional y el desarrollo del mercado interno y, al mismo tiempo, tome distancias del decisionismo verticalista y de la corrupción que imperan en el aparato estatal, asumiendo, entre otras, la misión de enseñar democracia y elementos de socialismo a amplios sectores de los trabajadores? ¿No es posible pensar más allá de lo inmediato, construir conscientemente, en la medida de lo posible, el futuro no capitalista de nuestros pueblos, llámese éste socialista o como quiera llamarse?

* La Jornada
* http://www.jornada.unam.mx/2008/03/23/index.php?section=politica&article=016a1pol

Leave a comment

Filed under Blogroll, economy, Essay, Politics

Guillermo Almeyra: Italia: la política y las elecciones

Entre la derecha empresarial de Silvio Berlusconi y el gobierno tecnocrático-burocrático de Romano Prodi, apoyado por todos los partidos de la izquierda, el centro y la derecha clientelista o moderada consiguieron dar un golpe casi mortal a la política, desprestigiarla al máximo y lograr el repudio general a sus representantes, que están tan separados de los intereses de las mayorías.

La supuesta contienda actual entre el llamado Partido Demócrata de Walter Veltroni, que declara inspirarse en su homólogo estadunidense, y la alianza derechista dirigida por el magnate Berlusconi, no es un real enfrentamiento. Sus concepciones políticas, sus programas (o, mejor dicho, la falta de los mismos) y su funcionamiento gerencial son idénticos y, para completar, Veltroni ha ofrecido un “gobierno de unidad nacional”, el “Veltrusconi”, que fusione la derecha tradicional y la nueva derecha con los restos degenerados del viejo Partido Comunista (los Massimo D’Alema, Piero Fassino, Walter Veltroni e compagnia bella).

Fuera de ese grupo, pero dentro de los marcos institucionalistas, gobiernistas, burocráticos-aparatistas, está la reciente alianza Arco Iris sin otro proyecto que no perder demasiadas curules y puestos de gobierno, carente de ideas generales y que, ahora, después de la caída del gobierno de Prodi, en el que sus integrantes se sometieron totalmente al capital, propone con fines electorales algunas medidas salariales y sociales que no aplicó cuando cogobernaba. Y al margen de esa “clase política”, oportunista y cínica, que se tutea ignorando las diferencias ideológicas que dicen tener sus componentes, quedan sólo dos pequeñas agrupaciones que agitan la bandera roja y proclaman aún un objetivo socialista: la Sinistra Crítica, representada por el senador Franco Turigliatto, expulsado de Rifondazione Comunista por no haber votado los fondos para la misión militar imperialista en Afganistán, y el grupo, también trotskista, también ex miembro de Rifondazione, dirigido por Ferrando, ya que el objetivo del primer agrupamiento –formar un frente de todos los anticapitalistas y revolucionarios– no ha podido superar los intereses particulares y el sectarismo.

Los italianos van así a las elecciones generales desmoralizados y sin perspectivas, repudiando la política y a los políticos y obligados a votar por gente en la que no creen y de la que no esperan (o por grupos fascistas o fascistoides), para elegir un gobierno que deberá enfrentar la tormenta económica que se avecina con la expansión de la crisis en Estados Unidos. Este es el fin miserable del desastre causado por la deseducación de los trabajadores y de la juventud de Italia por decenios de política pragmática y de colaboración con el capitalismo y el fin de la dirección centralizada y antidemocrática de las organizaciones obreras, todo lo cual es imputable a la escuela de Togliatti-Stalin que modeló al hoy inexistente Partido Comunista (que a mediados de los años 70 tenía un tercio de los votos).

Desde este punto más bajo de su historia moderna, los trabajadores, los jóvenes estudiantes o con empleos precarios, los intelectuales capaces de ir más allá del neoliberalismo que propone nuevamente el Veltrusconi rosa-negro, deberán recuperar credibilidad y eficacia a la política, recuperar inspiraciones éticas y morales, construir proyectos creíbles para un futuro y, al mismo tiempo, prepararse para los negros tiempos que están por venir.

Sin duda esta tarea requiere apoyarse, como Anteo, en un terreno sólido, el de la recuperación de la visión de clase mediante la lucha por el empleo seguro y digno, por salarios que superen la inflación y permitan recuperar el nivel de vida perdido, la lucha contra el racismo y por reconstruir los sentimientos solidarios e internacionalistas presentes desde el combate por la unidad de Italia en el siglo XIX. Pero la misma no puede quedar reducida al terreno sindical, por importante que ésta sea, ya que hay que reconstruir (o construir) una visión política y teórica sobre lo que es el capitalismo y lo que son el Estado y las instituciones estatales, incluidos en éstas la Iglesia y los partidos que tratan de perpetuar el sistema o no se oponen al mismo. Si el capitalismo está tratando de hacer volver a los trabajadores europeos al siglo XIX –con la destrucción de la solidaridad, con la difusión del individualismo y del egoísmo, con el fin de las conquistas sociales solidarias, como las ocho horas o las pensiones, con el trabajo desregulado– es necesario recomenzar lo que se hizo en aquel siglo, creando las condiciones teóricas para la lucha contra el capitalismo y las organizaciones anticapitalistas de masa, en la lucha contra los patrones y el Estado y con el objetivo de un nuevo orden social.

Eso no puede hacerse sin una superación de las viejas concepciones, tal como el marxismo debió superar entre los trabajadores al saintsimonismo o al fourierismo y derrotar el apoliticismo de los Bakunin. El balance del estalinismo está aún por hacer. No se puede construir ningún futuro si uno está empantanado y hundido en el pasado.

* La Jornada
* http://www.jornada.unam.mx/2008/03/02/index.php?section=opinion&article=020a2pol

Leave a comment

Filed under Blogroll, Columns, Politics