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Dilbertina: Lorenzo Meyer y Andrés Leonardo Gómez , gracias.


Hace unos días, tuve la fortuna de escuchar una plática del Dr. Lorenzo Meyer, historiador y analista político, conferencia titulada “La viabilidad Política”, antes de entrar en materia, he de confesar que iba como adolescente a ver a mi cantante preferido. Esto suena un poco pueril pero en verdad mi estado de ánimo era ese. Al llegar al recinto donde se presento el Doctor Meyer, vimos que no había muchas personas, y nos enteramos que un día antes se había presentado Alberto Aguilar, analista de finanzas, con poca participación de público, las dos conferencias eran gratuitas, auspiciadas por un periódico local y la Universidad de Guanajuato. Claro a los cinco o diez minutos de haber llegado, al auditorio de la universidad, escalando las terribles escaleras y sin ayuda de tanque de oxigeno, el auditorio quedo repleto de personas, jóvenes en su mayoría, arrastrados a fuerza por sus maestros de Filosofía y Letras.

El primer punto que toco la moderadora del evento, que fue pregunta expresa para el Doctor Meyer, fue si habría viabilidad política en México, el con su humor casi negro, contesto que la historia le había enseñado a no dar respuestas ante estas preguntas, no tiene una bola de cristal por supuesto. A continuación y para no perderme en las cifras que dio el Dr. Meyer transcribo lo que se público al día siguiente de la conferencia:

Martín Fuentes:Democracia mexicana, en rumbo equivocado

Lorenzo Meyer, historiador y académico, comentó que no sabe para dónde vamos en este país, “pero sí sé que no vamos por donde deberíamos ir”. La democracia mexicana está en riesgo de retroceder si no va a fondo, dijo y agregó que “la mediocridad del proceso político de estos años es inaceptable porque está abriendo las puertas para regresar, no para progresar”.

El también columnista dijo, ante un abarrotado auditorio general de la Universidad de Guanajuato, que la transición más o menos pacífica del 2000 generó expectativas de que tenía que ir mejor, pero que, ahorita, puede decirse que esa oportunidad histórica, única, sin precedentes, “no la estamos usando bien”.

Al dictar la conferencia “La viabilidad política” de “El México que puede ser”, organizada por correo en colaboración con la UG, para conmemorar una década de existencia, el analista fue claro al señalar que debemos modernizarnos para exigir que la transición se convierta realmente en una consolidación y no en lo que está pasando ahora, (porque) “la mediocridad del proceso político de estos años es inaceptable porque está abriendo las puertas para regresar, no para progresar”

Meyer, quien aclaró que en las Ciencias Sociales y en la Ciencia Política “los indicadores no permiten hacer predicciones”, subrayó que los mexicanos “estamos metidos en un problema de mucho fondo” y que “no queda más remedio que hacer un diagnóstico realista y ver que no estamos aprovechando el potencial histórico que nosotros mismos nos abrimos” con la alternancia política que se dio en el 2000.

También advirtió que “no tiene sentido ponerle buena cara a nuestro proceso político”.

“Porque si no somos críticos a fondo de lo que está pasando, no podemos esperar que esto se modifique, que las tendencias negativas por donde vamos cambien a un signo positivo”, y remarcó que si aun siendo críticos, probablemente las cosas de todas maneras no marchen bien, sí hacemos lo que dicen que hacen las avestruces, “pues peor tantito”.

En ese sentido, sugirió que es obligación (pasar) “el trago amargo de estar bien concientes de que vamos más mal que bien”, aunque matizó al anotar que el potencial de ir por un buen desarrollo político para llegar a un desarrollo económico y finalmente a un desarrollo social, “sí se puede”, pero –precisó- con una conciencia bien clara por parte de los ciudadanos.

“Y que, en los momentos claves, tomemos las decisiones en función de un conocimiento de la estructura política y no dejarse guiar por inercias o eslogan de campaña”, completó Meyer, a quien dieron un recibimiento caluroso quienes asistieron al Auditorio General de la Universidad de Guanajuato.

Esa fue la conclusión a que llegó Meyer al final de su conferencia, en la que se apoyó en indicadores para pintar un panorama de la realidad del país, después de precisar que “sólo Dios” sabe a dónde va el país.

Así, respaldado con resultados de encuestas de opinión, el doctor en Relaciones Internacionales por el Colegio de México expuso por ejemplo que, en mayo de este año, sólo el 16 por ciento de los mexicanos cree que se gobierna para beneficio de todos, aunque recordó que “la separación entre gobernantes y gobernados viene de la época de la Colonia”.

Y que “algunas veces o nunca” confían en el gobierno el 76 por ciento de la población, lo que consideró “terrible”, así como que cuando se dio el salto a la democracia, menos de la mitad la apoyaban como sistema político, además de que el 88 por ciento de los ciudadanos tienen poco o nada de interés en la política, por lo que podría decirse “que la mayoría decide, pero la mayoría no sabe nada” del “día a día del juego del poder”.

Meyer Cosío, quien definió al régimen priista como “el sistema autoritario más exitoso del siglo 20”, también habló del papel de los medios, sobre todo de la televisión, “que no ha cambiado desde que nació como la secretaría de propaganda del PRI” y con la que más se informan los ciudadanos, a pesar de que el análisis de la realidad mexicana está más en la prensa escrita.

Las elecciones de 2006 y sus consecuencias no quedaron al margen y ante alumnos y profesores y público en general, así como políticos de diversas tendencias y funcionarios públicos, expuso que en agosto de ese año el 51 por ciento dijo que no sabía si vivía en democracia y en junio de este año el 36 por ciento de la población consideró que en esos comicios hubo fraude.

“Para que una democracia funcione, el ciento por ciento debe decir que no hubo”, apuntó, y quien también curso estudios de posgrado en el Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Chicago subrayó además que “para que el sistema funcione el perdedor debe aceptar que perdió”, en alusión a la postura que ha mantenido desde entonces Andrés Manuel López Obrador.

Subrayó que el gasto que se invirtió en las elecciones fue “enorme” y “pobre” el resultado desde esa óptica, todo “un desastre en términos de mercado” que imputó al Instituto Federal Electoral.

También incluyó en su disertación la credibilidad en las instituciones y subrayó que la mayoría de los mexicanos creen más en las de corte autoritario: universidades, Iglesia y Ejército, que datan de la época colonial, y no en las que tienen qué ver con la democracia, como partidos políticos y el IFE que resulta “tan caro”.

Arrancó un espontáneo aplauso entre muchos de los asistentes al manifestar que “cuando alguien dijo ‘al diablo con sus instituciones’, es que ya se fueron al diablo…hace tiempo, no hay confianza en ello (y) no es que lo diga yo, lo dicen las cifras, salvo que Mitofsky mienta”.

A continuación expuso, también respaldado en indicadores, que en agosto del 2006 el 26 por ciento de la población estimó que las leyes en México se usan como pretexto para cometer arbitrariedades, mientras que un mayor porcentaje consideró que “para defender los intereses de la gente con poder”.

Reconoció que sí existe actualmente pluralismo político, y que los ciudadanos aceptan autodefinirse como de izquierda, derecha o de centro en el espectro político, aunque insistió en que no tienen relación con la clase política porque incluso ni a nivel estatal –sin exceptuar a esta entidad– tienen idea de cómo se llama quien los gobierna.

El autor de “El cactus y el olivo” también mostró indicadores que reflejan la desigualdad social del país que también se manifiesta por regiones, y expuso que eso, y la falta de dinamismo en la economía, constituyen un obstáculo para la democracia y formuló una pregunta para la que dijo no tener respuesta: “¿Hasta dónde aguanta la desigualdad política a la desigualdad social?” en un país donde vive el segundo o tercer hombre más rico del planeta, Carlos Slim.

Puntualizó que existen otros obstáculos, como la corrupción, rubro en el que México “está entre Ghana y Panamá” con un 3.5 en una escala de 10 puntos como máximo, y la inseguridad, renglón en el que destacó que las ejecuciones pasaron de 667 en el 2004 a 2 mil 275 el año pasado, mientras que en éste suman ya 3 mil 400.

Al concluir la conferencia, llovieron preguntas a Meyer para conocer su opinión en torno a temas vigentes como la necesidad de una nueva cultura ciudadana, la participación del Ejército “para cuidarnos”, la cual, advirtió Meyer, “va a cobrar” en su momento esa institución que “siempre ha sostenido al régimen”, incluido el actual.

Recordó que sacar el Ejército a las calles fue una de las primeras acciones de Felipe Calderón, quien se puso “ese uniforme rarísimo, esa mezcla de civil con uniforme” con el que “estéticamente quedó derrotado”.

Los contrapesos políticos y el papel de la sociedad para suplir a los partidos, inmersos “en una crisis de representatividad”, fueron otras preguntas que se plantearon a Meyer, a quien también pidieron opinar si el mexicano es un Estado Fallido, y tras definir que es aquel “que no tiene capacidad para cumplir con sus obligaciones mínimas, como la defensa de la vida, la integridad física de los ciudadanos y su propiedad”, sostuvo que “diría que en esa parte ya es un Estado Fallido”.

http://www.correo-gto.com.mx/notas.asp?id=87127

Al ver como se iban haciendo pequeños, las autoridades presentes, tanto de la Universidad como del Estado, me quedaron varías inquietudes, la primera, Lorenzo Meyer ha pasado toda su vida en la Universidad, como estudiante, catedrático e investigador, dijo que si la Universidad la conociéramos por dentro dejaría por mucho de ser una institución creíble, ahí las autoridades presentes con todo y rector se hicieron pequeños.

Mi siguiente reflexión es el papel que jugamos ahora los que nos atrevemos a leer un blog o a cometer el pecado de escribir en ellos, para hacer un poco de conciencia en los lectores despistados que pasan por aquí, si bien el lo dijo mejor que yo, no somos buenos ciudadanos, el ir a votar y sentirnos que hemos cumplido con nuestra obligación no nos hace ser buenos ciudadanos, lo que nos haría ser buenos ciudadanos es exigir a las autoridades que cumplan con lo que han prometido, que cumplamos con decirle al vecino, al compañero, al amigo que se interese por los asuntos políticos, no dejemos que la televisión y el spot decida por nosotros. Pensemos y exijamos todos los días desde abajo para que nuestro voto sea verdaderamente valido.

Y vuelvo a retomar el tema de Germán Martínez, al decir “guanajuatizar” el país, bueno Guanajuato es el penúltimo estado de la república mexicana que conoce el nombre de su Gobernador, lo que quiere decir que bien poco nos interesa la política, o el perfil del Gobernador es tan bajo porqué no hace nada. Así que si de Guanajuatizar se trata al país, es no conocer ni al mismo Presidente de México o al menos al que se ostenta como tal, lo cual en este momento sería muy bueno para él y su equipo, Germán Martínez ha dicho lo correcto, guanajuatizar es olvidar por quien votaron algunos, hacer más grises a los gobernantes del PAN, lamentablemente para mi salud, yo no me olvido de Caldeón ni de su equipo. Quiero puntualizar algo que en el periódico no han anotado, una de las gráficas que presento Lorenzo Meyer, fue el número de votos con los cuales habían ganado la presidencia de la República desde los tiempos de López Portillo hasta el 2006, sin dejar de poner en amarillo, al final de la tabla, el nombre del que miles de personas consideramos el presidente legitimo de México, Andrés Manuel López Obrador, ¿Humor negro o una realidad? Al final el Doctor Meyer, lo pone en la tabla….bien Doctor por considerarlo también como actor político de este México.

Al salir de la conferencia, el aire de octubre azotaba nuestras caras, salí con ánimos de hablar cada día de lo que veo en este país y en mi estado, ups, todo muy bien hasta que llegamos al final de las escalinatas, y ver lleno de guaruras toda la plaza principal, y un automóvil blindado del ejército, que pasa en México, para llegar a esto, si el procurador o los diputados tienen amenazas, ¿No es mejor, que lo vean por circuito interior, en la comodidad de la sala de su casa? Para no exponernos a nosotros los ciudadanos. Y recordamos lo que había dicho el Doctor, Calderón saco al ejercito a las calles, ¿qué costo político, exigirá este llamado ejército Mexicano, en el futuro por sacarlo a combatir a las calles?

Del viernes al sábado en todo el país se vivió de nueva cuenta una ola de violencia, 42 muertos en todo el país, si esto no es guerra que me digan que no pasa nada… también quiero extender mi felicitación al joven Andrés Leonardo Gómez Emilsson y a sus valientes padres, primero por el premio que recibió, con justo merecimiento, por no haber dado la mano al presidente espurio, tal y como lo increpo el joven en el acto donde fue entregado el reconocimiento, es una pena que Calderón se ponga a hablar de libertad de expresión y el estado mayor se lleve a dos jóvenes al juzgado, y que el magnánimo FECAL, diga que no presentarán cargos contra ellos ¿Qué cargos pueden fincarle ante la verdad dicha? Seguramente deberemos aprendernos este nombre, confió en que la juventud de este país tenga líderes formándose, Andrés Leonardo es para mí uno de esos jóvenes.

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J. Enrique Olivera Arce: El pueblo calla pero no olvida

Desde un destacado columnista que le calificara como show, hasta un secretario de gobierno que minimizara la relevancia social y política de un hecho insólito a todas luces lamentable en suelo veracruzano, nadie, en los círculos políticos y mediáticos de la entidad, interpretó el verdadero significado de la inmolación del luchador social y líder agrario Ramiro Guillén Tapia, o cuando menos eso reflejó el tratamiento a la información por los medios y opinión de diversos comentaristas. Hubo necesidad de que un hombre, conocedor del trasfondo espiritual de la conducta humana, alzara su voz para destacar y entender un hecho ya conocido por el mundo entero.

Sí. Únicamente el Arzobispo de Xalapa, Hipólito Reyes Larios, dijo que la muerte del dirigente indígena es una “llamada de atención a las autoridades” para que tengan oídos y ojos abiertos a la realidad, siendo urgente hacer justicia y evitar que más personas recurran a medidas desesperadas para ser escuchados.

Pueden surgir muchas voces justificando la actuación de las autoridades en este caso específico, o en otros similares. Fundamentadas o no, lo cierto es que en todo el país empiezan a surgir “llamadas de atención” que no pueden echarse en saco roto, ignorándolas o minimizándolas. Hoy, a cuarenta años de la masacre del 2 de octubre del 68, otro hecho insólito lo recomienda: un joven brillante, tras recibir de manos del Sr. Calderón Hinojosa en Palacio Nacional un valioso reconocimiento por su desempeño académico, cara a cara, de frente, le espetó a la máxima autoridad de este país el epíteto de “espurio”. Guardada la necesaria proporción, entre el acto voluntario del dirigente campesino auto inmolado y el atrevimiento del joven galardonado, no existe diferencia. El valor para manifestar el descontento social frente a un gobierno sordo y omiso les iguala.

¿Qué pasa en México? Es lo que deberían preguntarse las autoridades frente a hechos que hablan por sí solos de un país sin rumbo, víctima de la pobreza y la desigualdad, sumido en la corrupción, la impunidad, la desconfianza y el burocratismo. Pero también, para nuestro infortunio, en un cada vez mayor grado de indiferencia y deshumanización en amplios sectores de la población.

El Arzobispo Reyes Larios, por diplomacia o por no lastimar la imagen del gobierno que preside su amigo, Fidel Herrera Beltrán, se quedó corto. La “llamada de atención”, equivale a un “ya basta” y así se interpreta en los sectores más desprotegidos, especialmente en las comunidades indígenas cuya paciencia se agota, tras quinientos años de espera de un trato justo que nunca llega.

He escuchado algunos comentarios en los que se señala “que el mal ya está hecho, la noticia de la inmolación de Ramiro Guillen Tapia ha dado la vuelta al mundo para desprestigio de Veracruz”. U otros que consideran que “lo ganado por el gobernador con la promoción de la entidad en los círculos internacionales del poder económico y financiero, se derrumbó en unas horas a causa de un loco”. “Miguel Ángel Yunes capitalizará a su favor la pifia de la secretaría de gobierno”. “Ante la cercanía del proceso electoral del 2009, hay que meterle billete para parar el escándalo”. La pobreza de la política veracruzana así se expresa. Por encima de los intereses de las mayorías, sus carencias y sus actos desesperados, se impone el discurso vano; el falso baño de pueblo; los intereses particulares o de grupo de una minoría insensible y falta de visión, que todo lo tasa en votos y  componendas.

Frente a ello, con la complicidad del silencio de los medios, la interpretación del Arzobispo quedará como una puntada anecdótica de la ultraderecha clerical. Para el pueblo común, para los indígenas, el sacrificio de Guillen Tapia es un hito más en la larga cadena de la memoria histórica de los mexicanos. El pueblo calla pero no olvida, así se refrendó ayer, 2 de octubre, a 40 años del genocidio.

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Pedro Miguel: Revocación

Hace unas semanas la opinión pública internacional recibió información sobre el concepto de punto de no retorno. El avión de Spanair que se estrelló en Barajas, se nos dijo, estaba en V1, una combinación de situación en tierra y velocidad en la que ya no queda suficiente pista para frenar y que hace obligatorio ir al aire porque, sean cuales sean las condiciones del aparato, resulta menos arriesgado intentar un aterrizaje de emergencia que permanecer en la superficie. O sea que la ventana de oportunidad para abortar un despegue es más bien estrecha. Va del momento en que el avión comienza a acelerar hasta aquel en que llega a V1. La expresión “estás a tiempo de arrepentirte” se aplica a muchas otras circunstancias de la vida, por más que, en varias de ellas, lo irrevocable de la decisión sea relativo. No es lo mismo jalar el gatillo y transitar de la condición de asesino en potencia a la de asesino consumado, o treparse a un cohete en dirección a la Luna, que firmar un contrato de arrendamiento o dar el “sí” matrimonial ante un juez o un cura. Si los procesos físicos y biológicos son implacables, los contratos sociales son reversibles, así se trate de una constitución, y aunque a los faraones les guste pensar que sus reinados son eternos, y por mucha que sea la zozobra ante la posibilidad de que tu cónyuge te mande al diablo.

Los regímenes posfranquistas “atados, y bien atados”, o bien los fallos judiciales inapelables, son formulaciones ególatras que persisten sólo en la medida en que las sociedades las acaten. Ya llegará, en España, el momento en que la gente se decida a tirar a la basura a una casa real corrupta y zángana. Tal vez los mexicanos logremos ejercer sobre nuestros legisladores la presión requerida para que emprendan un juicio político contra los magistrados de la Suprema Corte que exoneraron al góber precioso, y cuya permanencia en los cargos es un insulto a la legalidad y un agravio a la decencia.

Antaño, cuando los monarcas veían amenazada su permanencia en el poder, decían que ésta respondía a un designio divino. Si no les quedaba más recurso, apelaban a su condición de soberanos (detentadores de una autoridad suprema e independiente y no superada en cualquier orden inmaterial) para hacer lo que les viniera en gana. Heredada por el pueblo una vez que rodaron las cabezas reales, la soberanía le otorga la facultad, entre otras, de designar, por medio de elecciones, a quienes habrán de gobernar en su nombre. Los jefes de las actuales democracias formales invocan ese principio cada vez que hacen –como los reyes– lo que les da la gana o lo que les dictan sus intereses particulares.

“La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”, reza el artículo 39 de nuestra Carta Magna. Pero nadie dijo que la soberanía, la real o la popular, fuera una fuente de decisiones irremediables. “No olvide el fraile que si una ordenanza real fundó la Inquisición, otra ordenanza puede ahogarla”, advirtió Isabel de Castilla a Torquemada un día que la arrogancia sádica del inquisidor la tenía hasta la madre (Crónica de los reyes católicos). Si supusiéramos por un momento que la elección presidencial de 2006 en México fue un proceso impoluto y legal; que se llevó a cabo no “haiga sido como haiga sido”, sino como debió ser; que en él la mayoría de los ciudadanos votó por Felipe Calderón y si éste encarnase, en consecuencia, la soberanía popular, en cualquier momento el pueblo tendría derecho, en virtud de su misma soberanía, a concluir que se equivocó. Mayor razón existe para crear un mecanismo institucional de enmienda cuando la representación es ejercida a consecuencia de un proceso comicial al menos dudoso y cuando un tercio de la ciudadanía la llama espuria e ilegítima.

El mismo miedo que impidió al grupo en el poder recontar los votos en 2006 se expresa ahora en la histeria linchadora desatada contra la idea de establecer un mecanismo legal para revocar mandatos por medio del referendo. El grumo político-económico-mediático que controla al país se llena la boca con encuestas de popularidad, pero se aterra ante la posibilidad de que el pueblo ejerza, para ratificar o rectificar, su soberanía. ¿Es subversiva y desestabilizadora la evocación del divorcio? ¿Hemos alcanzado el punto V1 de la política? ¿No tenemos más remedio que iniciar un despegue riesgoso o estrellarnos en tierra?

Y conste que nadie ha hablado de tomar el Palacio de Invierno.

* La Jornada

* http://www.jornada.unam.mx/2008/09/09/index.php?section=opinion&article=015a1pol

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Luis Javier Garrido: La traición

La disputa por el petróleo mexicano ha llegado a un momento crucial en la primavera de 2008, pues el gobierno ilegítimo tiene ya frente a él a amplios sectores de mexicanos organizados y decididos a impedir su entrega a multinacionales extranjeras.

1. La fuerza del movimiento nacional en defensa del petróleo convocado por Andrés Manuel López Obrador ha sorprendido de tal manera al gobierno de facto de Felipe Calderón, empeñado en ocultar mediante una amplia estratregia mediática su pretensión de entregar el control de los yacimientos petrolíferos de la nación a diversas corporaciones multinacionales, que éste no halla ahora cómo presentar la iniciativa de cambios legales con la que busca cumplir con una serie de acuerdos políticos inconfesables.

2. La enorme movilización de decenas de miles de mexicanos en la Plaza de la Constitución del martes 25, que los medios buscaron ocultar a toda costa pues fue la segunda de esta magnitud en una semana, significó el fracaso de la estrategia de medios diseñada por Mouriño y Calderón para desmovilizar a importantes sectores, pues lejos de eso mostró a un pueblo dispuesto a una serie de acciones de resistencia civil y cada vez más comprometido e indignado por el que ya se reconoce en todos los ámbitos como el más grave acto de traición a México que se intenta cometer desde mediados del siglo XIX.

3. La publicación de extractos del documento de la Secretaría de Energía titulado de manera hipócrita Fortalecimiento de Pemex, y enviado al PRI como un supuesto “diagnóstico” a fin de justificar la entrega que pretende hacer de los yacimientos petrolíferos mexicanos al capital trasnacional (La Jornada, 26 de marzo) no deja lugar a duda, pues lo que quieren Calderón, Mouriño y asociados, como todo mundo sabe, es modificar mañosamente la legislación secundaria de México en la materia para abrir una vía –que sería ilegal y en contravención a la Constitución– a fin de permitirle a Petróleos Mexicanos (Pemex) “celebrar alianzas o asociaciones” con las grandes multinacionales “para la exploración y la producción”, con lo que éstas tendrían así el control estratégico de la nación.

4. El “affaire Mouriño”, marcado por los gravísimos actos de corrupción que el empresario hispano que se ostenta como secretario de Gobernación confesó cínicamente estar cometiendo como funcionario público al autotorgarse contratos en materia energética, no ha podido por otra parte ser acallado por las campañas oficiales de desinformación, y no hace día a día más que crecer y confirmar que “la alianza” o “asociación” de Pemex con consorcios multinacionales (que esa es la forma que prevén para la privatización), al tiempo que reduciría a un México despojado al atraso, la miseria y el desempleo, cancelando por muchas décadas las posibilidades de un verdadero desarrollo, le permitiría lograr a Calderón y a sus amigos descomunales beneficios económicos.

5. La cuestión petrolera pone a México de esta manera a la hora de América Latina, pues es cierto que en un momento histórico en el que diversos gobiernos del continente plantean como fundamental el resistir al embate de las trasnacionales, defendiendo sus recursos estratégicos y fortaleciendo a las empresas petroleras del Estado, anacrónicamente Calderón y sus amigos buscan entregar a grupos privados un recurso básico que le ha costado décadas de sacrificio al pueblo mexicano, pero también lo es la circunstancia de que abajo las cosas están cambiando. El movimiento nacional en defensa del petróleo hermana al pueblo de México con las luchas de otros pueblos latinoamericanos en defensa de sus recursos básicos, muchas de las cuales en Bolivia, en Ecuador, en Perú o en Uruguay han constituido movimientos triunfantes que han impedido la privatización del agua, de la minería o de los recursos naturales.

6. El fracaso del gobierno para plantear su propuesta petrolera indigna incluso a sus propios aliados, pues hasta ahora no ha expuesto ninguna idea seria sobre la industria y carece de todo consenso, por lo que se ha limitado a una campaña de eslogans, la que por otra parte ofende a amplios sectores sociales, que ven una vez más el desprecio de Calderón por el pueblo.

7. El primer fracaso de Mouriño, y el que más interrogantes suscita, es frente al PRI, pues el senador Manlio Fabio Beltrones acusó el miércoles 26 a Calderón de alterar las cifras sobre las reservas de crudo y reiteró que “la reforma energética” no puede implicar modificaciones constitucionales, los contratos “de riesgo” o la privatización, evidenciando las divergencias que existen entre los priístas, que saben que si avalan la propuesta oficial y las alianzas de Pemex, el PRI dará un paso determinante hacia su extinción.

8. El segundo fracaso del gallego ha sido en su pretensión de imponer por la vía del fraude a Jesús Ortega en la presidencia perredista, lo que le habría permitido al gobierno espurio el control del PRD, dándole un aliado para sus políticas entreguistas y cancelando de paso la posibilidad de cualquier candidatura opositora en 2012. Ortega perdió las elecciones internas y no podría ser impuesto sino por medio de trampas, de manera que lo único logrado por Mouriño fue hundir en el lodazal del descrédito a decenas de columnistas y locutores, en particular al equipo de Televisa, que en su afán de servir al gobierno han lanzado una indigna campaña de desinformación que avergonzaría a cualquiera en un país democrático.

9. La experiencia de Mouriño como mapache electoral es de sobra conocida, pues Calderón llegó, como se sabe, a la Presidencia de facto tras dos fraudes electorales, el primero de los cuales fue en las elecciones internas del PAN de 2005 y en el cual intervino Mouriño: mismo que fue denunciado por Santiago Creel, el otro contendiente, tras los comicios de Yucatán y Jalisco, calificándolos como “un cochinero”, y aunque el gobierno foxista le impidió a Creel acudir a las instancias federales, Calderón quedó acreditado desde entonces como el político surgido del “cochinero”.

10. La movilización social en defensa del petróleo mexicano es por sobre todo esto la más importante en la historia reciente del país, y de ella debe surgir no sólo una defensa a ultranza de nuestros recursos estratégicos e impedir la traición a México, sino una refundación democrática de la nación.

* la Jornada
* http://www.jornada.unam.mx/2008/03/28/index.php?section=opinion&article=022a1pol

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Luis Linares Zapata: Aristegui: despido preventivo

El programa radiofónico de Carmen Aristegui en la antigua XEW se colocó, por voluntad propia, en un sitio de obligado quiebre según la lógica del modelo de gobierno vigente. En ese punto coinciden tres diferentes conjuntos de voluminosos intereses y particulares visiones que forman parte integral del poder en México. Los tres contrarios no sólo a mucho de los contenidos, sino también a las orientaciones que la conductora imprimió en su actuación difusiva.

Por un lado, y como segmento primordial, está la actitud entreguista que abrazan con insólita fe y conveniencias el Presidente del oficialismo y sus grandes patronos. Las marcadas carencias de legitimidad de Calderón, aunadas a su pobre desempeño durante el pasado año, lo tornan por demás sensible a las diferentes opiniones, en especial aquéllas con amplia recepción entre el público. En otro de los vértices se apilan los sentires y los negocios del consorcio Televisa. Por experiencia acumulada se sabe que en esa empresa las antipatías para con todos aquellos que no le son fieles hasta la ignominia son argumentos cruciales para evaluar los futuros de personas y programas. Y, por último, la estrategia imperial de las empresas españolas y su gobierno para con los consumidores y usuarios de sus antiguas colonias en América. Una tripleta de masivos intereses frente a una sola mujer, por más que ésta haya mostrado la capacidad operativa suficiente (rating) para atraer, alrededor de sus enfoques, apertura y diversas voces, al amplio auditorio de ciudadanos que le respondió.

A Carmen, sin embargo, no se le despide únicamente por lo que ha hecho, sino, de manera primordial, por lo que podría representar en el próximo futuro, que ya se configura desde los centros decisorios de dentro y fuera del país. Y esto es lo interesante de un movimiento que bien puede ser llamado de acción preventiva empresarial.

En efecto, sobre la evaluación que se hace de su trayectoria pesan sus propias posturas, enfoques y agenda sobre espinosos temas. Todos ya bien examinados por distintos articulistas y actores de la vida pública. Muchos de los cuales, por no decir que todos ellos, incómodos para las derechas y distanciados de la línea oficial. En ese segmento ideológico y programático, crecientemente conservador y hasta reaccionario, Aristegui hizo muchos enemigos jurados y otros tantos celosos rivales que no podían menos que reaccionar en defensa de sus posiciones y de sus inocultables ambiciones. Al mismo tiempo, y por contraste necesario, se acercó a otro segmento del mercado radiofónico. Uno, muy vasto, que se ha dejado de lado por aquellos afiliados a la oficialidad: el del centro y la izquierda nacionales. Así se da esa confluencia, antes mencionada, que determinó su airosa y digna salida. El costo para con los autores de tan inicua medida preventiva es sustancial. Pero los intereses que se defienden por parte de esas tres fuerzas en movimiento es, también, inmenso: el petróleo y, más ampliamente, el control de los negocios con la energía de México.

La idea, avanzada por Ciro Gómez Leyva en uno de sus condensados artículos, de reducir el asunto a un diferendo entre una conductora y los burócratas que manejan la estación (W), es simplista, por decir lo menos. Si ése fuera el caso, los dos sujetos mencionados por la crítica ya hubieran tenido que dejar esa estación por el daño ocasionado a la imagen y objetivos de sus patrones. A Calderón por inducir su salida a través de su cuñado, aun cuando éste niegue su directa participación. A Televisa por cobrar venganzas indebidas y torpes.

Aristegui no asistió al descomunal acto de fuerza de los concesionarios frente al Senado y sostuvo posturas independientes y diferenciadas en cuanto a la ley de medios, dando cabida a disidentes para informar mejor a la ciudadanía. Y, sobre todo, ha afectado la imagen imperial que tanto las empresas españolas como su gobierno se van labrando y donde Prisa es factor primordial.

La actuación estelar de las empresas españolas en Latinoamérica es un fenómeno de reciente conformación. En Argentina, en Nicaragua, en Venezuela, en Bolivia y Ecuador han dejado una estela de abusos, atropellos y trampas inocultables. Baste recordar la inscripción, como de su propiedad, que Repsol hizo en la bolsa de valores de Nueva York de las reservas de gas bolivianas. Mucho del enfrentamiento entre el rey, Ortega y Chávez obedece a este tipo de fricciones en distintos renglones de negocios.

En realidad, Prisa y sus andanzas difusivas en estas regiones la han convertido no sólo en un agente de sus propios intereses (El País, Santillana), sino en un ariete de respaldo y promoción para la nueva colonización. Actividad que concretan numerosas empresas, en primer término las energéticas, campo donde han concentrado sus ambiciones, aunque no de manera exclusiva. Las telecomunicaciones y la banca son otras de ellas a cual más estratégicas para el futuro desarrollo del país receptor y ante el cual ejercen las debidas presiones, siempre aunadas al oficialismo en turno.

En todas estas actividades empresariales la buena disposición, la simpatía, los intereses cruzados y las complicidades con las autoridades son cruciales. De ahí que mantener relaciones fluidas y aceptadas por las mayorías se convierte en un objetivo trascendente. Varias empresas españolas han incursionado ya en el gas mexicano (Burgos) y otras esperan hacerlo ahora que la administración de Calderón (junto con el priísmo entreguista) abra oportunidades en las diversas áreas de Pemex hasta hoy reservadas para el Estado.

La penetración de los españoles en la Comisión Federal de Electricidad ya es abrumadora (recuérdese la causa eficiente de las inundaciones en Tabasco). Prisa no es ajena a toda la embestida que se dará para forzar la participación del capital privado en Pemex, sobre todo el internacional, donde los españoles, por sus propias e ingentes necesidades, ambicionan una tajada considerable del suculento pastel. Por eso en la XEW, y en el resto de Latinoamérica, han diseñado un ejercicio editorial sometido a sus designios y no permitirán que los conductores tengan independencia alguna. Los que sustituyan a Carmen sabrán a qué atenerse y la audiencia también.

Por eso sale Aristegui de la XEW. A la ya firme audiencia que tenía había que unirle lo que podría adicionarse si, con sus micrófonos abiertos, diera cabida a la inconformidad que sobrevendrá cuando se cambien las reglas constitucionales o se alteren leyes secundarias para la entrega de la joya productiva nacional. Un panorama tan difícil de digerir por el poder, que se opta por esa medida preventiva que, como todos esos experimentos represivos, tendrá sus inevitables consecuencias y, a pesar de todo, un final inesperado.

* La Jornada
* http://www.jornada.unam.mx/2008/01/09/index.php?section=politica&article=019a1pol

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Gustavo Iruegas: El arma orgánica de los resistentes

La organización del poder popular que libere al pueblo mexicano de la voracidad de la oligarquía extranjerizante y de los desmanes del gobierno corrompido ya está en marcha. Después del fraude a la voluntad popular por la vía del golpe de Estado, el pueblo de México decidió no darse por vencido.

Hasta el 16 de septiembre de 2006 se mantuvo el reclamo democrático en el nivel electoral. Ese día se inició el proceso de rechazo y resistencia al gobernante espurio que detenta el poder nacional y subvierte las instituciones. Ante la alternativa de designar un coordinador de la oposición y un presidente legítimo se optó por el segundo; la oposición es parte del sistema y se rige por sus reglas, como los partidos y los legisladores se han encargado de demostrar a lo largo del año. La condición de legitimidad del presidente López Obrador le viene de la designación soberana del pueblo, misma que asumió formalmente el 20 noviembre. Su misión es revertir al pueblo la soberanía en planitud y rencauzar los esfuerzos del Estado hacia el cumplimiento de su cometido original: propiciar la seguridad y promover el desarrollo de la nación mexicana. El cumplimiento de esa misión tiene como causa la necesidad de justicia, democracia y soberanía; su objetivo es refundar la República sobre bases éticas; la estrategia es la toma del poder de manera pacífica; la táctica consiste en organizar a los ciudadanos para la resistencia territorial y el arma orgánica es el valor civil. Toda esta concepción de lucha parte del convencimiento cada vez más profundo de que sólo el pueblo puede salvar al pueblo y sólo el pueblo puede salvar a la nación.

El primero de diciembre empezaron los trabajos de la organización del poder popular para enfrentar a la desarraigada camarilla y al gobierno que engendró ya corrompido. Diciembre de 2006 y enero de 2007 se emplearon en organizar el pequeño, pero efectivo aparato dedicado a recibir de los ciudadanos el patriótico compromiso, voluntario y personalísimo, de luchar junto al presidente López Obrardor y proveerles sus credenciales de representantes del “gobierno legítimo”.

A lo largo de 2007 se definieron la causa, el objetivo y la estrategia. En 2008 la tarea se centrará en el crecimiento de la organización y la profundización de su caracter territorial. La organización territorial es una opción como lo podrían ser la laboral o la partidista. Hay que destacar que la organización territorial es tan novedosa en México como lo es la resistencia pacífica y las otras dos han probado ser fácilmente neutralizadas por el sistema y su fórmula infalible: la corrupción.

La organización de lucha pacífica del “gobierno legítimo” se ha iniciado en el nivel municipal –delegacional en el Distrito Federal– y se desdoblará a escala distrital. Avanzado el proceso se pensará en los niveles seccionales y por último el de colonia, barrio, pueblo, unidad habitacional y otros. Para visualizar la capacidad de movilización popular de esta organización, habría que pensar quizá en el nivel de comités de manzana o, en su caso, por casilla electoral. Así se podría imaginar, en el extremo más obvio, el llamado a todos los resistentes de implantar una vigilante presencia en todas y cada una de las casillas electorales, cada quien en la suya. Igualmente se podrá pensar en otras formas de uso y de movilización a lo largo de la lucha que implica la defensa de los intereses populares, vale decir, producción agrícola, precios de los productos de primera necesidad, salarios; del patrimonio nacional en la forma petróleo, energía, seguridad y, destacadamente, la soberanía nacional que todos los elementos anteriores involucran.

El energético principal de la lucha popular es la indignación frente al abuso. Esta especial indignación es privativa de los resistentes, porque sólo se da en quien previamente guarda la condición de dignidad. Los bribones no se indignan; se enfurecen, se fastidian o se enfadan, pero la indignación no les va bien, no son dignos. En la indignación de los resistentes germina el coraje necesario para oponerse al abuso, algo que se conoce como valor civil. Un valor de gran aprecio en el pueblo de México, que, en otras épocas, cuando se enseñaba civismo en las escuelas, se ilustraba con el ejemplo del joven Porfirio Díaz en ocasión de una pantomima electoral del dictador Santa Anna: como no se usaban las boletas electorales ni las casillas, se puso sobre una mesa un par de libros para que en uno firmaran los ciudadanos señalando así su preferencia por Su Alteza Serenísima o por don Juan Álvarez, que entonces representaba la oposición. Vigilaba la escena un pelotón de amenazantes soldados. Un oficial se presentó con 30 firmas de los vecinos para Santa Anna y Porfirio exigió que sólo se anotaran 29 porque él no había dado su voto a nadie. Alguien comentó que solamente los que tenían miedo se abstenían de votar y el futuro héroe del 2 de abril firmó en su presencia el libro de don Juan Álvarez.

En la actualidad entendemos por valor civil un agregado a la virtud de las personas que actúan conforme a sus convicciones y tienen además el valor de sostenerlas en público afrontando toda clase de represalias, afrentas y riesgos. La actitud de los resistentes entraña esa entereza de ánimo para cumplir con determinación y patriotismo su compromiso de acudir al llamado del “presidente legítimo” para defender las causas populares y nacionales. Es por eso que, con 2 millones de resistentes acreditados, los resulatdos de 2007 permiten al “gobierno legítimo” adelantar grandes progresos en 2008.

* La Jornada
* http://www.jornada.unam.mx/2008/01/09/index.php?section=politica&article=018a2pol

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