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J. Enrique Olivera Arce: Un antes y un después de Juan Camilo Mouriño

        • “Yo soy el primer interesado en que surja la verdad y se esclarezcan las causas de estos hechos”

        • Felipe Calderón Hinojosa

Controvertido y acechado por la sospecha de su origen, sus antecedentes familiares y su involucramiento en tráfico de influencias dañinas para la salud de la Nación, Juan Camilo Mouriño murió en condiciones trágicas preñadas también de sospechas.

La especulación

“La especulación daña a México”, “Quién especula traiciona a México”, dicen algunas histéricas voces que desde el poder se desgarran las vestiduras ante el temor de que salgan a relucir los trapos sucios. ¿Y que esperaban? En un país donde se nos ha acostumbrado a escuchar medias verdades o mentiras completas, la sospecha florece; a falta de información veraz, objetiva y oportuna, la desinformación alimenta la imaginación popular. A la ya profunda falta de credibilidad en las instituciones y en la clase política, habrá entonces de sumarse la sospecha obligada. Más cuando desde el poder mismo se insiste en que habrá de investigarse a fondo la causa de la tragedia. Si como oficialmente se afirma y la lógica indica que fue un lamentable accidente, ¿para que la insistencia y la preocupación de Calderón Hinojosa por conocer la verdad?

Pero más allá de la especulación y la sospecha como ejercicio popular, es dable considerar que con lo acontecido, el clima ya de si enrarecido en la vida del Estado-Nación, habrá de acelerar su deterioro a partir del lamentable suceso y, con ello, la pérdida de la posibilidad de una anhelada legitimización de quien abierta y públicamente se le ha denominado “presidente espurio”. En el pueblo de México ya prendió la idea de la vulnerabilidad de quien gobierna, generándose desconfianza e incertidumbre, así como la convicción de que nunca habrá de conocerse, como en el caso de Luís Donaldo Colosio, aquello que al poder no convenga que se sepa.

Lo que viene

Héroe para Felipe Calderón Hinojosa, antihéroe para amplios sectores del pueblo, que no se tragan la versión oficial difundida por la mayoría de medios de comunicación de su honestidad y entrega al servicio de México, el temprano compromiso con la muerte de quien fuera secretario de gobernación y delfín del titular del ejecutivo federal para sucederle, reduce el círculo íntimo de Los Pinos, a la par que cierra un ciclo en la vida de México, abriendo otro no menos incierto y ominoso para el panismo entronizado. Un antes y un después de Mouriño, que coincidentemente, para el infortunio de Calderón, se empata con un antes y un después de la elección de Barack Obama por el pueblo norteamericano.

El control del Estado y del gobierno federal no dependerá más del joven superdotado, guía estratégico de quienes integran el estrecho grupo de amigos de Los Pinos, y enlace con los poderes fácticos, nacionales y extranjeros. Calderón estará obligado a gobernar sólo, en la inmensa soledad que el mismo creara en su entorno, pues sin Mouriño, el “gobierno de amigos” ha quedado en la orfandad. La disputa por la titularidad de gobernación, se encargará de confirmarlo.

Al mismo tiempo, en la medida en que Obama tome las riendas del gobierno del país más poderoso del mundo,  sin la cercanía con Bush, Calderón Hinojosa tendrá que gobernar a contracorriente de la nueva concepción de la política interna y externa de nuestro vecino del norte. El gobierno norteamericano, en lo interno, si nos atenemos a lo expuesto por Obama a lo largo de su campaña electoral, habrá de poner énfasis en la búsqueda de solución a su actual crisis económica y social, fortaleciendo el aparato productivo y el empleo, así como minimizando su dependencia de bienes, servicios y mano de obra del exterior; en tanto que, en lo externo, seguramente figurarán entre las prioridades inmediatas el recomponer la relación geopolítica con los países que la miopía de la anterior administración etiquetó como enemigos de la democracia, incluyendo a Rusia, China y Venezuela, así como el retiro decoroso de las tropas en Irak y Afganistán.

Bajo esta óptica, los presidentes Álvaro Uribe y Felipe Calderón, en América Latina, quedarían en la orfandad. México y Colombia tendrán que rascarse con sus propias uñas, buscando el cobijo de los gobiernos “populistas” del Cono Sur, a los que hasta ahora han dado la espalda.

En este posible escenario, las palabras de despedida vertidas por Calderón Hinojosa en el Campo Marte, centro neurálgico del honor militar, al mismo tiempo que hablan de un pasado que ya no tiene retorno, de cara al futuro inmediato trastocan principios y valores que podrían concurrir a la construcción de la necesaria unidad nacional frente a la crisis global, resolviendo la polarización existente; perdiendo  la moral colectiva y la ética política  frente al cinismo con el que se exaltan virtudes inexistentes de un hombre que en vida fue actor y cómplice de cuestionadas conductas públicas; elevando a la calidad de paradigma la corrupción e impunidad que mantienen postrado a México. Percibiéndose en lo que para el calderonismo representó Juan Camilo, el trazo de una nueva ruta a seguir para lo que resta del sexenio: políticas a la defensiva y mano dura para doblegar la protesta popular, en pro de mantener el poder y sostener estrategias equívocas de despojo y desmantelamiento de lo poco que queda del patrimonio nacional.

Si la muerte de Luís Donaldo cambió el curso de la historia de México, anunciando la salida del PRI de la Presidencia de la República, la muerte de Juan Camilo Mouriño anuncia el principio de la debacle del PAN y sus pretensiones de gobernar a México por tiempo indefinido. La protesta social podrá quebrarse, pero no doblarse y a ello habrá de atenerse Calderón Hinojosa en lo que resta del sexenio.

Al PRI no le queda de otra que poner sus barbas en remojo, revisando su estrecho y cuestionado maridaje con el calderonismo.

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J. Enrique Olivera Arce:“El debate en el senado. Quien pega primero pega dos veces…”

“Nunca antes desde el año 2000, el tricolor se había opuesto con tanto denuedo a una iniciativa de Los Pinos), y nunca antes había hecho naufragar al panismo con un lujo de detalle tan extenuante”.

Ilán Semo

En el debate sobre el petróleo que tiene lugar en el Senado, la polarización que priva en la calle se refleja en las posturas de los diversos ponentes, abierta o con matices diversos, pero al fin polarización en torno a un tema de la mayor relevancia para el futuro de México. La disyuntiva que ocupa el centro del debate está entre privatizar la actividad petrolera, como es la intención de la derecha representada por Calderón Hinojosa y su partido el PAN, así sea por “la puerta de atrás” mediante argucias legaloides y criterios tecnocráticos, y la postura de centro izquierda, hasta ahora expresada por las corrientes nacionalistas tanto del Frente Amplio Progresista como del ala izquierda del PRI, que estando a favor del rescate, saneamiento y modernización de la paraestatal, se oponen a las iniciativas privatizadoras.

En la calle existe la percepción de que el debate es para Calderón Hinojosa, los sectores conservadores del PRI, que encabezan Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa Patrón, y para el PRD de los “chuchos”, un simple taparle el ojo al macho; como el mismo presidente nacional del PAN, Germán Martínez Cazares, lo deja entrever al declarar que “Mientras se está debatiendo, estamos construyendo una mayoría que respalde el fortalecimiento, la transparencia y la modernización de Pemex. ¿Con quién?, pues no sólo con el PRI, también con el PRD, hay una parte del PRD que está dispuesta a ver las bondades que se necesitan y que están en la iniciativa”.

Pero también el tono y rumbo hasta hoy adoptado en las primeras escaramuzas del debate, ha dado lugar a pensar que sin el movimiento en defensa del petróleo y la toma de las tribunas en el Congreso, ya las iniciativas hubieran sido aprobadas por mayoriteo simple y al vapor por el Senado. Así como también, el que la movilización popular ha sido determinante para que al interior del tricolor y del PRD, se separe el agua del aceite, definiéndose importantes sectores en contra de la privatización. Por lo que independientemente de las intenciones de la derecha, lo que se diga o deje de decirse en los foros de la Cámara alta, el debate abona a favor de una mayor transparencia a la hora de definir que pasa y que no pasa de la iniciativa calderonista.

En este contexto, las propuestas de los gobiernos priístas de las entidades federativas que se auto designan “productoras”, incorporadas previo maquillaje a la propuesta del institucional dada a conocer en el foro por Beatriz Paredes, fueron ignoradas por estar sobre entendido que contravienen el espíritu del pacto federal.

En las ponencias presentadas se observaron diferencias de fondo y forma pero también coincidencias, a las que legisladores del PRI y Frente Amplio Progresista se sumaran, en el sentido de la necesidad de una política de Estado en materia energética; librar a PEMEX de las garras de la Secretaría de Hacienda, transparentar su operación y destinar mayores recursos a la paraestatal para su rescate y desarrollo; así como de fortalecer las actividades de investigación y formación de recursos humanos con visión de futuro. Prevaleciendo eso si, en unos, la idea de una privatización abierta o encubierta del recurso petrolero, en tanto que, en la mayoría, la convicción de que la explotación de los hidrocarburos es del dominio exclusivo de la Nación.

Es de hacerse notar que Porfirio Muñoz Ledo, Coordinador Nacional del Frente Amplio Progresista (FAP), y Claudia Sheinbaum en nombre del “gobierno legítimo”, fueron los únicos que pusieran en el contexto geoeconómico y geopolítico -y sus implicaciones para México-, lo que en el debate en el senado se ventila. Por lo que no pasó desapercibido el que sea nuevamente Andrés Manuel López Obrador, con su propuesta ya formalizada, quien marcara la pauta en este primer foro del debate nacional. Así las cosas, al margen del resultado ulterior del debate y de un posible albazo calderonista, es un hecho que no fue en vano la estrategia trazada por AMLO, de defensa anticipada. El movimiento popular pegó primero y sin duda, pegará dos veces.

Y en el inter., los chuchos del PRD ya no saben que hacer para mantener en sus filas a la mayoría de los militantes, conservar para sí las prerrogativas, y disponer del peso de la estructura partidista en el terreno de la negociación y el chantaje legislativo. De no lograr su propósito vendrá la desbandada, y el voto duro de la militancia perredista y simpatizantes en el 2009, quedará al garete frente a la disyuntiva de sumarse al abstencionismo u optar por sumarse a Convergencia y el PT. El tiempo lo dirá.

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