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Jaime Richart: Dejadles que se despedacen

Es un respiro para el gobierno, para el partido socialista y para todos que, de momento, estos peperos agitadores ahora agitados les estén dejando en paz mientras luchan ferozmente por un palmo más de poder del suyo, como diría el poeta…

Y me alegro, pese a que hace mucho el ficticio socialismo del partido en el gobierno se dedica a reforzar el capitalismo y utiliza la noción colectivista como tapadera del sistema. Pero en fin. En todo hay grados de afecto y de afección. Y, aunque el asunto merece reflexión y precisiones por separado, en principio no es lo mismo el capitalismo feroz de los que profesan el pensamiento conservador (dentro del que ahora pugnan un par de lideresas por potenciarlo con dosis de liberalismo económico), que el capitalismo refrenado de los tímidos socialistas del partido falsamente socialista español.

Dejadlos, pues, que se tiren a degüello estos energúmenos. Yo, de vosotros, ni analizaría sus golpes bajos, sus mentiras y sus maniobras entre ellos. No valen la pena. Es hacer juicios de valor sobre las tretas de una banda… El asunto les va a llevar bastante más tiempo del que quisieran y menos del que quisiéramos el resto.

Que se están despedazando y todo ese universo de frenópatas más o menos templados según la circunstancia puede acabar partido en dos, es casi un hecho inevitable. Inevitable pero también deseable. Para mis ideas y para la causa de muchos que detestamos el bipartidismo que achica las conciencias y estrecha las mentes amplias. Porque de esta batalla de orden cerrado que libran dos bandos bien declarados no puede salir más que la escisión: Partido Conservador, por un lado, y Partido Liberal, por otro. Partido liberal, por cierto, que ya figura registrado desde los tiempos en que mi compañero de estudios, Antonio Segurado, lo fundó…

Sería magnífico para la política y por tanto para la mayor tranquilidad social que los ultra, los extremistas, es decir los agitadores aliados a los obispos, se concentraran en una formación política de contornos definidos, y los tory, los verdaderamente conservadores del dinero burgués pero también de las ‘buenas costumbres’ y hasta de la religión bien entendida, se organizaran por su lado al margen y de espalda a aquéllos.

Esta sociedad necesita con urgencia lindes y normas para no caer en la anomia (extravío de las normas sociales). Pues lo cierto es que desde hace muchos años vivimos en franca desorientación precisamente por una derecha que constantemente dice tener vocación de centro pero se pasa las legislaturas escorada totalmente a la extrema derecha sin confesarlo. No lo confiesa, porque silenciarlo forma parte de sus triquiñuelas. Hablo de anomia, pues tampoco los valores de los socialistas light son firmes y además son demasiado fronterizos con las ambiciones de la derecha. Por eso hay tanto tránsfuga.

Nada mejor que gracias a esa mi apuesta por la escisión, que dos partidos respondan cada uno de ellos a sus auténticas señas de identidad. Entonces sí que podría decirse que se habría terminado la Transición cuya llaga, desde los tiempos de la UCD, se cerró precipitadamente en falso.

De ese engendro que es el PP, no pueden salir más que dos facciones: Rajoy y Gallardón, por un lado, y las dos mujeres cabecillas del PP, por el otro. Ni qué decir tiene que aquéllos polarizan y abanderan la ideología conservadora digna en lo que cabe, y éstas la neocon. Y, por mi parte ¡muera la inteligencia de los neoliberales neocons!

* Argenpress
* http://www.argenpress.info/nota.asp?num=055295&Parte=0

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Hermann Bellinghausen: Hambre

1. Nada cuesta más caro que ser pobre. Pregúntele a cualquier verdadero pobre. Ésa es una de las lindezas del capitalismo universal y rampante que, dicen, está en crisis, peligra de recesión, anuncia su propio coco económico. Pero en brutal efecto mariposa, fenómenos como la crisis inmobiliaria de Estados Unidos corren parejos al hambre de millones de personas en Haití. Los estadunidenses en crisis comen más hamburguesas, por la ansiedad de la guerra y las hipotecas, y porque son baratas. Migrantes y pobres engordan en McDonalds y Burger King.

Supongamos que es el año 2008. El agua y la comida, únicos verdaderos problemas de la especie humana, escasean o desaparecen en grandes extensiones territoriales. Hay un mundo de ricos, bastante extendido, donde jamás se enteran de que en Tailandia y Filipinas los graneros de arroz son vigilados por las fuerzas armadas para prevenir los asaltos de hambrientos o traficantes.

Un mundo “de mercado libre” que, programáticamente, a los productores los ha degradado a consumidores, y la clase trabajadora sostiene a los ricos no sólo con su esfuerzo, sino consumiendo lo que los patrones venden. El mundo global del siglo XXI es una gran tienda de raya.

2. Hay lugares de Australia, Asia central, Perú y San Luis Potosí donde hace 10 años no llueve. 10 años. La gente tiende a irse, o morirse.

3. La metáfora última del hambre contremporánea es la pica de Haití. Literalmente, son pastelitos de lodo. Galletas a base de un barro amarillo que proviene de la meseta central de la isla. En los slums de Ciudad del Sol se mezcla con sal y grasa vegetal. Llena la barriga pero no impide la desnutrición ni los dolores intestinales, transmite parásitos y posee toxinas potencialmente mortales. En un país donde millones no producen, ni conocen el dinero, los pobres necesitan pagar hasta por comer tierra. Ahora que es “comestible”, ya encontró dueños, acaparadores y distribuidores para el último peldaño social del planeta. Y los precios de esa arcilla no dejan de subir. Cuesta ya 5 céntimos cada galleta. Más barata que la comida, pero muchos ni siquiera eso pueden pagar.

La isla caribeña, además de tener playas de ensueño turístico y ron de lujo, es “vivo ejemplo del hambre en el mundo”, según Stephen Lendman, investigador del Centro para Investigaciones sobre la Globalización (Chicago). Ni modo, podría decirse.

México no es Haití. Para nada. ¿Quién dice? Ja. Ningún indicador. Además, ojo, aquí-se-combate-a-la-pobreza. El actual gobierno, al igual que el anterior, y el anterior, y el anterior, ha puesto en marcha una decidida estrategia de combate. Como de costumbre se anuncia frontal, implacable, sin dar cuartel ni escatimar recursos. No queda claro si es contra la pobreza o contra los pobres. Desde las anteojeras del poder no son fáciles de distinguir.

El insultante número de ricos que “tenemos” en México, y los tamaños de “su” riqueza, se deben a su capacidad de expoliación, explotación, venta del territorio y lo que lleva incluido. Esa capacidad ilimitada de hacer dinero produce el paradójico efecto de convertir tan rica nación en la más desigual y con más pobres sin horizonte en el continente. Después de Haití.

El nuevo combate a la pobreza establece por ejemplo que los pescadores dejen de pescar; que la gente que come maíz, que es de maíz, deje de cultivarlo. Que compren el maíz, el pescado. Desaparecen la producción y las fuentes de trabajo, y crece la necesidad de dinero. En vista de que dinero y trabajo son necesarios, la gente migra. Para fines presupuestales y demográficos, esa gente también desaparece.

Cada pobre que emigra es un pobre menos. Y además, ¡oh maravilla de capitalismo!, como migrante genera divisas, fortalece la economía del país donde ya no existe y su dinero va a dar a los bolsillos de los que lo echaron del país. Negocio redondo.

Por eso, ¡duro con la pobreza! Vamos a combatirla de una vez por todas. Aunque, un momento (“aguarda”, como dicen las series dobladas de televisión). Se necesita que haya pobres. Su hambre es motor del progreso. Sin ellos ¿quién comprará? ¿Quién pagará los platos rotos? ¿Cómo se mantendría la fenomenal industria que es combatirlos?

Su hambre es el nuevo gran negocio. Igual que los rentabilísimos desastres, el secreto es provocarla, administrarla y combatirla. Ya no sólo el petróleo, las armas y los diamantes valen oro. Ahora el agua, el aire, el lodo. Y el último grito de la moda: el hambre.

* La Jornada
* http://www.jornada.unam.mx/2008/05/05/index.php?section=opinion&article=a12a1cul

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Marcos Roitman Rosenmann: Huelgas de inmigrantes sin papeles

La crisis actual del capitalismo tiene sus peculiaridades. Mientras los empresarios, grandes capitalistas, banqueros y patronal piden a gritos la intervención salvadora del Estado por medio de subvenciones, exenciones tributarias, mayor flexibilización del mercado laboral y bajar el salario mínimo, los trabajadores inmigrantes sin papeles van a la huelga. Eso sucede en Francia y en el sur de España. Algo está cambiando. Se trata de una circunstancia novedosa. La contradicción de un neocapitalismo de corte oligárquico, cuya organización laboral se fundamenta en la concentración del poder, la descentralización de la producción y la discontinuidad del tiempo de trabajo, facilita el nacimiento de un empleo precario cuya figura es el inmigrante sin papeles. Personas abocadas a no escatimar en las ofertas de trabajo y aceptar cualquier opción. Si bien es una seña de identidad del capitalismo trasnacional, lo específico de la flexibilización del mercado laboral y de los inmigrantes sin papeles es su ubicación en los sectores de la construcción, la hostelería, la maquila, la agricultura y el servicio doméstico.

Si se quiere una garantía de éxito y continuidad en la contratación de ilegales es necesaria una complicidad entre las organizaciones empresariales, las instituciones estatales y los empleados. Nada parece alterar este equilibrio. Unos a otros se cubren las espaldas, asumiendo los riesgos de la ilegalidad. Cuando hay una inspección son alertados, se retiran o simplemente se hace la vista gorda. En momentos de auge y euforia del capitalismo, donde el dinero circula y hay para todos, nadie se queja. Unos explotan y otros son explotados. Las ganancias se reparten desigualmente, pero cubren las expectativas. Incluso se negocia al alza y se pagan sueldos aceptables, según la benevolencia del patrón. Si se producen accidentes en el trabajo, en España y en Francia, la seguridad social sigue siendo uno de las pocos servicios públicos no privatizados por la acción del liberalismo, y cubre todos los costes médicos. Todo está atado y bien atado. Además, los costes de la baja laboral se pagan bajo cuerda. Nadie sale perjudicado. Incluso, según sea el alcance del daño, pérdida de una mano, del ojo o traumatismo, se puede negociar la regularización de la residencia y la incorporación a la empresa. Aun así, los sin papeles, para convertirse en inmigrantes de primera, cuando acuden a las instancias legales lo hacen a título individual y tutelados por abogados y especialistas. No se asocian, no se plantean una acción colectiva frente a la patronal, ni solicitan de sus empleadores el cumplimiento de la ley. Soportan colas de pernocta y vigilia en las puertas de comisarias y ministerios esperando obtener un número para acceder a una ventanilla donde un funcionario abrirá un expediente sin garantía de éxito. Pero no les importa, dan por seguro que el sufrimiento es el aliado para lograr la compasión del sistema y acceder a los papeles.

Con el euro por las nubes y el dólar por los suelos, el discurso del liberalismo económico se viene al traste. El libre mercado es una falacia. El capitalista gana todo lo que puede sin pensar en el futuro. Amasa su riqueza y cuando sus arcas se vacían pone el grito en el cielo evocando los males de un orden dislocado sin planificación económica y la dejadez de gobernantes en su deber de controlar la inflación, los salarios y los índices macroeconómicos. Implora una solución. El recetario es siempre el mismo. Ellos, los capitalistas, deben ser los receptores de las ayudas. Si alguien tiene que ajustarse el cinturón deben ser los trabajadores. Están acostumbrados a pasar hambre y sufrir penurias, forma parte de su naturaleza. No crean riqueza y en tiempos de crisis son prescindibles. Ni qué decir de los inmigrantes; pueden ser repatriados de manera inmediata. Basta con reprimir sus demandas y desarticular sus organizaciones. El Estado debe actuar en consecuencia.

Sin embargo, en medio de este discurso ramplón se levanta otra realidad. El capitalismo realmente existente en Francia y en España, en sectores que dan lustre a la imagen turística, está en manos de trabajadores inmigrantes ilegales. En otras palabras, son los sin papeles quienes les sacan las castañas del fuego. Y ahora, este colectivo se ha puesto en huelga. En la hostelería, por ejemplo, se inicia un movimiento de gran alcance. Lo cual es un punto de inflexión. La reivindicación de derechos pone en cuestión por un lado, la política de inmigración y, por otro, los tópicos sobre quiénes son y cómo se comportan los inmigrantes. Los sin papeles ya no son los negros africanos, los amarillos asiáticos, los latinos narcotraficantes, delincuentes, mafiosos marginales: son trabajadores cuya dignidad no se arrebata desde el discurso xenófobo o racista del gobierno de Nicolas Sarkozy, en Francia, o Silvio Berlusconi, en Italia, o en la España incluso del Partido Socialista Obrero Español.

Ha sido la recesión del capitalismo especulativo, donde el despido se avizora como el horizonte probable lo que levanta la reivindicación del colectivo de los sin papeles. Han dicho basta. En París y en Andalucía se inicia la restauración. Las pérdidas no dejan indiferentes a la patronal. En algunos restaurantes llegan a 7 mil euros diarios. Los camareros, los cocineros, los dependientes no se presentan a trabajar. No hay quien lleve los platos a la mesa. Y por primera vez la huelga cuenta con voces de apoyo entre empresarios, que exigen un cambio en la política de inmigración. Hay que legalizar. Contratar a los sin papeles. En la agricultura está sucediendo algo similar. Las cosechas de temporada sufren los avatares de la unidad de acción de los sin papeles, trabajadores cuya dignidad se levanta y su voz se escucha alta y clara. El miedo se pierde y se rompe la dinámica del capitalismo trasnacional fundada en la mano de obra de ilegales explotados como mano de obra semiesclava. Son nuevos tiempos. Los inmigrantes transforman el proyecto de sociedad democrática con sus nuevas organizaciones y reivindicaciones. Esperemos que no sea flor de un día.

* La Jornada
* http://www.jornada.unam.mx/2008/04/29/index.php?section=opinion&article=015a1pol

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Gustavo Esteva: Acotar el camino

La lucha contra el capitalismo está creciendo. Además de las bolsas de resistencia que han existido siempre y se multiplican, proliferan iniciativas para trascender el marco impuesto por el capital y gestar nuevas relaciones sociales.

En este impulso se inscribe la necesidad de debatir la opción socialista. Fue por mucho tiempo el principal camino a seguir para cuantos se oponían al capitalismo. El aliento contra el capitalismo definía casi siempre el impulso por el socialismo. El colapso de la Unión Soviética y los demás países del “socialismo real” no enterró esa opción. Tras algunos años de silencio y desencanto, ante la constatación de que en esos países el camino que se llamó socialismo resultaba haber sido la ruta más larga, cruel e ineficiente para llegar al capitalismo, la opción socialista regresó con nuevos bríos. No sólo volvió a usarse una palabra que salió por un tiempo de la circulación pública. Apareció como una propuesta explícita de jefes de Estado, dirigentes sociales, partidos políticos y académicos, particularmente en América Latina, donde sus partidarios eran claramente marginales hasta hace poco tiempo.

Cuando expuse en este espacio que la lucha actual contra el capitalismo exigía enterrar el socialismo, en vez de tratar de remozarlo, me llegaron muchos mensajes que revelaban una resistencia dogmática, casi religiosa, a considerar seriamente mi argumento. Pero también llegaron razones que reivindicaban con firmeza y serenidad la opción socialista. Tanto estos mensajes como las propuestas públicas pintan una nítida raya para distinguirse de las experiencias del “socialismo real” y aludir al “nuevo socialismo”, al “socialismo para el siglo XXI”, etcétera.

Esto es lo que estamos discutiendo y lo que ahora me impulsa, a riesgo de ser repetitivo, a repasar algunos argumentos que he presentado desde el pasado mes de diciembre.

Ante todo, señalo que no podemos desechar las experiencias socialistas, negando ese carácter a las que recibieron ese nombre. No sólo sería tirar el niño junto con el agua sucia de la bañera, pues a pesar de todos sus horrores se trató de experimentos valiosos. Implicaría también asumir una posición doctrinaria, al margen y por encima de la realidad. ¿Desde dónde condenar las experiencias mismas y a los pueblos que se rebelaron contra ellas? ¿Desde los “doce intelectuales” de Lenin? ¿En nombre de alguna definición teórica e ideológica que habría sido traicionada por una “burocracia corrupta? ¿Quién, en nombre de qué, proclama que millones de personas se equivocaron al creer que sus regímenes eran socialistas y luego al desmantelarlos? Hay razones de peso para considerar el socialismo como un fenómeno histórico, que tuvo un inicio y podría encontrarse en el principio de su fin. Ha habido un amplísimo espectro de experimentos socialistas. Ha llegado el tiempo de examinarlos con rigor, en perspectiva histórica, y aquilatar serenamente lo que significaron y las lecciones que pueden aportar a las luchas de hoy, sin condenarlas de antemano por sus “desviaciones”.

Un debate distinto es el que se refiere a las ideas, teorías e ideologías socialistas. Poseen enorme riqueza. Sus críticas del capitalismo son penetrantes y duraderas, por más que resulten incompletas o históricamente rezagadas. Constituyen aún una fuente de inspiración. Quienes luchamos hoy contra el capitalismo podemos reclamar legítimamente esa herencia.

Al mismo tiempo, necesitamos reconocer que esa corriente de pensamiento y acción contiene enfoques y orientaciones, comunes a todas sus variantes, que la propia experiencia histórica y sólidos argumentos teóricos exigen rechazar. Acaso el principal problema radique en el diseño de ingeniería social que le es inherente, el cual conduce inevitablemente al líder supremo, al partido único, a los “doce intelectuales”, a la vanguardia del proletariado… Aunque la mona se vista de seda, mona se queda. Aunque hoy vistamos al socialismo de modos democráticos y participativos, queda sin remedio su componente de ingeniería social: es un proyecto dado y hecho, en el que las masas han de ser educadas.

Existe otra posición. En vez de la ingeniería social, se busca la movilización y organización de la gente, confiando en su sabiduría y capacidad para conducir la transformación. Merece análisis el papel que sus intelectuales pueden jugar en ese proceso, pero necesitamos descartar que sean sus conductores y menos aún que asuman el papel de líder supremo, en nombre de la ciencia o con cualquier otro pretexto teórico o político.

Hace falta, sin duda, acotar los caminos de la transformación. Ése es el meollo de la discusión. En eso debemos poner el acento. Los diseños de conjunto que anticipan para todos alguna tierra prometida no son una referencia útil y pueden erigirse en un obstáculo formidable que debe ser removido. Parece ser el caso del socialismo

* La Jornada
* http://www.jornada.unam.mx/2008/03/10/index.php?section=politica&article=024a1pol

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Néstor de Buen: Tenías razón, don Carlos Marx

Los datos de una crisis típica del capitalismo aparecen ahora, con mayores detalles en la prensa diaria. Claro está que se refieren a los apuros de la economía estadunidense. Los problemas derivados de la decadencia del dólar, no atenuados por la política de guerra que ha seguido el señorito Bush, constituyen hoy en día las noticias relevantes.

No hay que olvidar que esto viene de atrás, de cuando se inventó en Estados Unidos que en Irak existían armas de destrucción masiva, lo que justificaría la intervención armada de su ejército para localizar y destruir esas armas que supuestamente ponían en peligro la paz mundial.

Varios años de guerra han comprobado que el gobierno de Bush mintió para justificar el enorme gasto, en recursos y en soldados, que ha supuesto la aventura iraquí. Los resultados no han podido ser más negativos. Han permitido llegar a la conclusión de que lo único que ha logrado el gobierno estadunidense es despertar en el interior de su país una animadversión cada vez más notable y en beneficio de un triunfo más que previsible del Partido Demócrata. Pero, además, no han evitado el desastre de su economía.

Siguiendo por la misma línea de conducta, se viene preparando la guerra en contra de Irán, país al que se acusa de todo lo imaginable. De nuevo resultará la falta de confirmación de las acusaciones si, como es previsible, Estados Unidos se lanza a otro conflicto.

No hay que olvidar, por otra parte, que detrás de la invasión de Irak se encuentra el más que explicable motivo de la explotación de su petróleo. No suele la prensa dar noticia del desarrollo de esa actividad de Estados Unidos en Irak, pero todo hace suponer que el beneficio petrolero tiene que haber sido considerable. Con Irán los objetivos serían muy semejantes.

En el orden interno dentro del Partido Republicano el abandono de muy importantes funcionarios ha sido notable. No es frecuente que suceda y en este caso es evidente que las bajas han sido motivadas por el deseo de no compartir la absoluta decadencia del Partido Republicano en manos de un personaje tan ineficaz como es el señor Bush. Su último amarre ha sido, por ahora, la famosa Condoleezza Rice, con un desempeño notable en la cartera de Relaciones Exteriores, pero que también podría, en breve plazo, mandar al presidente con viento fresco para rescatar un poco su propio valor.

Esta crisis capitalista encuentra, sin embargo, un marco de comparación que la hace más notable. El euro asume ya un protagonismo por encima del dólar que hace pensar que una economía inteligente como la europea, armada sobre un difícil consenso inicial, mantiene el crecimiento que, además, se apoya en la inmigración de africanos que encuentran empleo y para ello se juegan la vida en sus viajes, pero alimentan las zonas más sacrificadas del trabajo en beneficio de los nacionales. España, país que ha sido a lo largo de la historia notable exportador de españoles, tanto por razones económicas como políticas, es hoy receptor, me parece que entusiasta, de una mano de obra que ocupa los lugares incómodos. Y sin duda ello se acompaña de un desarrollo económico notable. Aunque se juegue a una democracia difícil en la que la sombra del fascismo: Rajoy y su Partido Popular, no deja de estar presente.

Pero en el mundo hay otras economías en desarrollo. Notable el que se produce en la República Popular China, generosa exportadora de productos de muy buen precio y en la India. La antigua Unión Soviética ha rencontrado su desarrollo económico y todo parece indicar que viene acompañado de expresiones democráticas cada vez más notables.

A nosotros nos tocarán, nos tocan ya, las consecuencias de la crisis estadunidense. Las noticias acerca de un problema financiero del Grupo Slim no resultan gratas. Habrá que volver a la idea de que nuestra economía se vincule más a Europa sin olvidar el mercado iberoamericano.

Entre tanto tendremos que sobrevivir a la contradicción inminente: la emigración masiva a Estados Unidos y su rechazo cada vez más brutal por parte de los estadunidenses, que empiezan a darse cuenta de que deben mantener sus puestos de trabajo, al precio que sea. Muros por delante, por supuesto.

* http://www.jornada.unam.mx/2007/12/16/index.php?section=opinion&article=019a2pol

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