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Clitemnistra: Muestra Colectivo Hommus

Nos han invitado a una muestra de arte. Ya les estaremos contando a los que están lejos cómo nos fue.
Colectivo Hommus

Nos vemos allá! 🙂

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Cristóbal García Vera: El discreto viaje hacia la otra orilla de José Saramago

El escritor portugués José Saramago acaba de adherirse a la Plataforma de Apoyo a Zapatero (PAZ), creada por ‘intelectuales’ y artistas afines al PSOE con motivo de las próximas elecciones del 9 de marzo. Así lo anunció en un comunicado esta Plataforma, algunas de cuyas caras más conocidas son las de Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Ana Belén, Víctor Manuel o Miguel Bosé. De esta forma, el Nobel portugués afincado en la isla de Lanzarote se suma a la petición realizada a los ciudadanos por los integrantes de “PAZ”, para que “mayoritariamente vuelvan a apoyar a José Luis Rodríguez Zapatero” (1) y al “deseo de que éste sume otra legislatura que le permita continuar con el proyecto que inició hace cuatro años”. (2)

¿Qué apoya realmente José Saramago?

Los hombres y mujeres que integran la Plataforma de Apoyo a Zapatero piden el voto para el actual presidente del Gobierno – según expresan en su manifiesto – “porque éste cumplió su palabra de retirar a las tropas españolas de Irak… y ha recuperado una política internacional basada en la cooperación, el multilateralismo y la defensa de los derechos humanos”. O porque – afirman – “ha acompañado los logros de la política económica con la mejora del bienestar de toda la ciudadanía… y ha promovido la ampliación de derechos civiles más importante de nuestra historia reciente”. (3)

Este mensaje, en realidad, no hace más que reproducir la propaganda oficial del PSOE, pero a nadie se le escapa que al ser difundido por personajes populares y presuntamente “progres” puede calar más fácilmente entre cierto sector de la población. Para muchos de sus destinatarios la emoción provocada por la pegadiza canción “Defender la alegría” – compuesta para sonorizar el apoyo a Zapatero – sustituirá al esfuerzo por contrastar la veracidad del discurso. Pero José Saramago, que alquila su prestigio como izquierdista para esta campaña de la socialdemocracia española, no es una de esas personas que ignora cual es la verdadera política del Partido Socialista Obrero Español.

José Saramago es consciente de que el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero, pese a haber retirado las tropas españolas de Irak, ha sido un fiel aliado de los EEUU en su “guerra global contra el terrorismo”. Así, el ejército español no sólo se ha mantenido en el ocupado Afganistán, sino que el Gobierno ha aumentado el número de soldados destinados en este país. Igualmente, a finales del año 2004, el Gobierno de Zapatero envió soldados a Haití, para apoyar el golpe de Estado contra el presidente Aristide. En El Líbano, 1100 militares españoles participan en una misión que tiene como objetivo proteger los intereses del agresor Estado de Israel. Por otro lado, el ejecutivo español continúa colaborando con los EEUU en Irak, mediante sus servicios secretos y formando militares, policías y diplomáticos para el gobierno títere impuesto por los ocupantes. El manto de legalidad conferido a estos atropellos por la ONU no disminuye un ápice el sufrimiento de los cientos de miles de víctimas de estas guerras. ¿Cómo alguien como José Saramago – que a menudo se presenta como abanderado de la Justicia y los derechos humanos – puede olvidar a estas víctimas, contribuyendo a engañar a la población española con el supuesto pacifismo de la política exterior del PSOE? ¿Constituyen los muertos, los torturados, los despojados, una parte de ese “mal menor” que debe asumirse para evitar el advenimiento del Partido Popular?

José Saramago también es consciente -o debería serlo- de que, durante el mandato de José Luis Rodríguez Zapatero, el conjunto de la ciudadanía ha estado lejos de notar esa “mejora del bienestar” a la que se refieren sus acomodados correligionarios de “PAZ”. En un periodo de espectacular crecimiento económico, en el que los bancos y las multinacionales españolas no han parado de romper récords de beneficios, el salario medio real de los trabajadores ha disminuido. El enriquecimiento de los especuladores del ladrillo, tan favorecidos en la etapa de Zapatero como en la de José María Aznar, ha seguido aumentando el precio de las viviendas hasta convertirlas en un privilegio al que no pueden acceder millones de personas. Y la Sanidad y la Educación públicas continúan estando infradotadas. Tal y como manifestaba el propio Saramago el trece de junio del pasado 2007, “aunque se llamen así los partidos que están en el poder ya no hay gobiernos socialistas”. (4) Cierto es que al afirmar algo tan evidente, que desde hace tiempo la política neoliberal ha sido asumida como propia por la socialdemocracia europea, José Saramago ya salvaba entonces al Partido Socialista Obrero Español. En opinión del premio Nobel, en “España, el gobierno socialista compensa la política neoliberal, de la que no se puede escapar, con importantes leyes de tipo social”. (5) ¿Ignorará Saramago que, pese al bombo y platillo con el que se nos ha vendido la Ley de Dependencia, el Estado español continúa teniendo el gasto social más bajo de todos los países de la UE con similar desarrollo económico, y que el ejecutivo de Zapatero ha mantenido este déficit social? ¿Por qué, entonces, no son socialistas los gobiernos socialdemócratas de otros países y sí lo es el español?

Cabría preguntarse, igualmente, por las razones que conducen a José Saramago a suscribir alegremente que, durante estos cuatro años, se ha producido “la ampliación de derechos civiles más importante de nuestra historia reciente”. ¿Acaso no existen tampoco para el premio Nobel -como para los grandes medios de comunicación -los condenados en el macroproceso 18/98, denunciado por centenares de juristas internacionales como un “juicio político”? ¿Considera quizá, José Saramago, que la ilegalización de partidos políticos también contribuye a ampliar los derechos civiles de la población?

Los antecedentes de Saramago: “¿Jesús de Polanco?, un hombre admirable”

En cualquier caso, la decisión de Saramago de sumarse a la campaña de apoyo a Zapatero no debería sorprender a quienes hayan seguido su trayectoria durante los últimos años. Con la injustificada venia que suele otorgarse a los “iconos de la izquierda”, el escritor portugués ha venido protagonizando un paulatino proceso de derechización con episodios especialmente desafortunados.

Su decidido posicionamiento junto al grupo PRISA en una de sus más agresivas campañas contra el gobierno cubano o su descalificación, como meras “bandas armadas”, de la guerrilla colombiana de las FARC provocaron las primeras críticas aisladas contra el Nobel portugués. Apenas generó muestras de rechazo entre la “izquierda”, en cambio, el apoyo que también concedió en las pasadas elecciones autonómicas al candidato del PSOE a la presidencia de Canarias, Juan Fernando López Aguilar, quien en su día mostró su respeto por el “Estado de Derecho” “construyendo imputaciones” para mantener en la cárcel a un preso que ya había cumplido su condena.

Mayor desconcierto generó el panegírico que José Saramago dedicó a Jesús de Polanco, tras la muerte del que fuera dueño del Imperio mediático que publica sus libros. Participando en un lugar destacado del homenaje rendido en El País a este tiburón de la comunicación, Saramago recordaba al magnate como “un caballero…y la más delicada y afable de las personas que puedo recordar en este momento”. (6)

En su empeño por no desmerecer de sus colegas de PRISA a la hora de recordar al patrón, Saramago llegó a afirmar también que Polanco poseía la “cualidad del estoicismo”, “muy infrecuente en estos tiempos” (7), ya que nunca lo oyó quejarse por los fuertes dolores que le provocaba la enfermedad que acabó con su vida. Desde luego, con muy buenos ojos debía mirar José Saramago a este empresario, enriquecido gracias a sus buenas relaciones con los jerarcas del franquismo, para suponer que, como proclamaban los estoicos, intentó alcanzar la libertad y la tranquilidad de espíritu renunciando a las comodidades y que su vida estuviera regida por los principios de la razón y la virtud. Pero, además de esta mirada amable hacia el fallecido, se antoja necesaria también una escala de valores muy poco congruentes con un discurso de izquierdas para afirmar -como hizo entonces el escritor portugués- que “admiré a este hombre (a Polanco) y respetaré, mientras viva, su memoria”. (8)

Para concluir su sentido homenaje a Jesús de Polanco, José Saramago rememoraba una significativa anécdota protagonizada por el finado, él mismo, y su esposa Pilar “en el Palacio real, en la antesala de los saludos oficiales”. En este escenario tan glamoroso, Polanco -al parecer- elogió un libro de Saramago diciendo “tu libro es bueno, tú te llevas la gloria, pero yo me quedo con la plusvalía’. “Hablaba Polanco -recordaba luego el escritor- con una sonrisa, la más divertida que se podría esperar de semejante conversación, pero con sus ojos parecía pedir cierta disculpa: ‘El mundo es así, no he sido yo el inventor del capitalismo, decía. Tenía razón. Un día nacemos, otro morimos, y el mundo continúa”. (9)

Una disculpa semejante podría argüir José Saramago, probablemente, ante quien se atreviera a recordarle algunas de las razones por las que resulta inmoral su apoyo a la candidatura de José Luis Rodríguez Zapatero. Porque, al fin y al cabo, el mundo es así y tampoco lo ha inventado el escritor portugués. Unos ganan y otros pierden y en esta jungla, por el momento, él se encuentra entre los primeros. Desde esa favorecida posición resulta muy cómodo, preciso es reconocerlo, sumarse a iniciativas como “PAZ” y entonar despreocupadamente una “defensa de la alegría”. O, al menos, de la de aquellos privilegiados que alcancen a conocerla.

Notas y referencias bibliográficas:
1) Del Manifiesto de la Plataforma de Apoyo a Zapatero. “En defensa de la alegría”.
2) Apoyan José Saramago y Günter Grass a Zapatero. EFE
3) Del Manifiesto de la Plataforma de Apoyo a Zapatero. “En defensa de la alegría”.
4) José Saramago: ‘Hoy día no conozco nada más estúpido que la izquierda’. Intervención en el ciclo literario “Lecciones y Maestros”. Agencias
5) Ibídem.
6) José Saramago. “Un estoico”. El País. 22/7/2007.
7) Ibídem.
8) Ibídem.
9) Ibídem.

* Argenpress
* http://www.argenpress.info/nota.asp?num=052539&Parte=0

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Luis Hernández Navarro: La disputa por la hegemonía cultural iberoamericana

Un pequeño escándalo estalló durante 2003 en el mundo cultural mexicano. La casi desconocida pintora Mónica Roibal ganó un concurso de la Secretaría de Educación Pública (SEP) con una imagen de Emiliano Zapata, en la que el caudillo sureño era representado más como señorito andaluz que como el dirigente de una revolución agraria. La artista resultó ser esposa de Antonio Navalón, representante del poderoso grupo Prisa en México.

Al poco tiempo la comunidad artística se encontró con un nuevo motivo de indignación. Sin ninguna consideración sobre la calidad de su obra, el museo de San Ildefonso expuso generosamente la muestra El corazón sobre el asfalto, de la misma artista. Intermediario comercial ligado a los más sonados escándalos de corrupción política y financiera en España, periodista, amigo e intermediario del juez Baltasar Garzón, cabildero, personaje de la política y las finanzas, Antonio Navalón fue conocido en España con el apodo de El Conseguidor.

La historia no es solamente un ejemplo más de cómo los poderosos consorcios mediáticos influyen en el mundo cultural, definiendo su agenda y promocionando intelectuales y artistas, sino, también, de una tendencia general en las relaciones entre esas empresas y la política, de la que la salida de Carmen Aristegui de W Radio es apenas el último incidente.

Durante la presidencia de Belisario Bentancourt en Colombia, el grupo Prisa contrató al hijo del mandatario de la misma manera en la que ahora empleó al cuñado de Felipe Calderón. El reclutamiento de altos cargos del gobierno español por parte del grupo empresarial está documentado en el libro de Ramón Tijeras Lobbies: cómo funcionan los grupos de presión españoles.

Viajes, becas, premios artísticos o literarios, conferencias y publicaciones se han convertido en formidable instrumento de persuasión hacia las elites intelectuales latinoamericanas. A pesar de que varios países del área tienen poderosas industrias culturales y de entretenimiento (México, Brasil y Venezuela), la aspiración de ser un autor conocido en el conjunto del mundo hispanohablante depende, en mucho, de las redes editoriales, universidades y prensa españolas.

Papel clave en este proyecto de hegemonía cultural es el que desempeña el grupo Prisa, editor de El País. Periódicos, libros, revistas, música, canales de radio y televisión son terreno firme de esta empresa de comunicación. El consorcio posee más de 400 emisoras de radio en España. Tiene derechos o participaciones en seis editoras de libros, entre ellas la poderosa Santillana. Fuera de España es propietaria de diarios, estaciones de radio y revistas en Bolivia. Maneja 87 por ciento de Grupo Latino de Radio, que controla 300 emisoras radiales en Panamá, Chile, Colombia y Costa Rica. Posee, además, 50 por ciento del grupo Radiópolis en México. En América Latina cuenta con jugosos contratos de distribución de libros y todo tipo de material escolar a cargo del erario de varios estados iberoamericanos. Ha disfrutado de numerosos créditos blandos y ganado licitaciones de la partida de Ayuda al Desarrollo del Ministerio de Economía y de la Agencia Española de Desarrollo.

El universo del libro en español está compuesto por tres polos de producción de dimensiones diferentes, América Latina es uno. Ese universo lo constituyen más de 416 millones de seres humanos que consumen textos en esa lengua, localizados en España (41 millones 100 mil habitantes), en los 18 países hispanohablantes de América Latina (344 millones 532 mil personas) y en Estados Unidos (31 millones de hispanohablantes). Un estudio realizado entre 2002 y 2003 en los países del área lingüística (España y Latinoamérica) arroja un total de 107 mil 777 títulos editados en lengua española, de los cuales 59 mil 685 fueron publicados en la península ibérica y 48 mil 092 en los países latinoamericanos, preponderantemente en Argentina (27 por ciento) México (23 por ciento) y Colombia (18 por ciento). España ostenta fuerte actividad exportadora hacia América Latina, tanto por exportación del libro impreso como por la implantación de filiales de editoras españolas en las naciones latinoamericanas (602 millones de euros en 2001). En sentido inverso la exportación es muy débil (6.8 millones de dólares en 2003). Una relación de casi 100 a uno.

Columna vertebral de esta hegemonía semántica fue el recientemente fallecido Jesús Polanco, forjador del grupo Prisa. Parte de su imperio mediático fue construida en América Latina. Durante años fue el principal editor de prensa en lengua española y el único que actuó, simultáneamente, en los mercados de la información general, deportiva y económica. En España dominó hasta tal punto la radio privada, que en varias demarcaciones tenía más emisoras que todos sus competidores juntos.

Logró en tiempos del PSOE el monopolio de facto de la televisión de paga. Fue uno de los principales productores de cine y amo del próspero negocio de libros de texto tanto en España como en América Latina. Hizo los libros de historia para Augusto Pinochet. Sus editoriales de creación abarcan todos los segmentos de la actividad literaria y el pensamiento. Directa o indirectamente controló la actividad discográfica. Fue dueño de cadenas de libros, agencias de publicidad, hoteles, empresas de exportación.

Polanco fue un poder fáctico. Su poliédrica hegemonía sobre las industrias culturales le proporcionó formidable influencia. Fue la versión más cercana al ciudadano Kane que ha tenido el mundo español (Véase: Manuel García Viñó: El País: la cultura como negocio). Una de las claves de su éxito fue que, a pesar de provenir del entorno del franquismo, se quedó con la patente del progresismo. Junto a Felipe González caminó de la mano en el mundo de la política, los negocios y la cultura. Polanco –dice Pedro J. Ramírez, director de El Mundo– no tiene bancos, pero sí tiene banqueros. Sus relaciones con la oligarquía financiera fueron estrechas.

Sus mejores negocios en Latinoamérica fueron hechos con países regidos por dictaduras militares. Instalado en la cumbre del poder mediático, se convirtió en uno de los más grandes mediadores entre el mundo cultural latinoamericano y el español.

Como muestra la no renovación del contrato de Carmen Aristegui en W Radio, a la hora de definir prioridades informativas, para el consorcio empresarial cuestiones como la audiencia tienen una importancia secundaria. Después de todo, sus grandes negocios están en otra parte.

* La Jornada
* http://www.jornada.unam.mx/2008/01/22/index.php?section=opinion&article=019a1pol

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