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Stiglitz: la peor desde 1930

La crisis actual es lo no visto, no tenemos punto de comparación, ni siquiera podemos encontrarla en el shock petrolero de la década de los setenta o en los vaivenes provocados en los mercados por la crisis de 1987 y la asiática de los noventa como refiere Alan Greenspan.

Como asoma no es tan coyuntural, todo lo contrario puede ocasionar grandes daños y motivar cambios profundos como en su tiempo lo hizo la debacle de 1929.

Además de la intensidad también en su duración surgen las discrepancias, desde mediados del año pasado las discusiones enumeran una crisis de corto a mediano plazo no mayor a los 18 meses y otras siembran las dudas más allá del 2010.

La predicción de ese futuro de corto a largo plazo juega mucho con las expectativas de los grandes actores económicos y el grado de confianza en la evolución de la macroeconomía.

El error de cálculo consistiría en ignorar la cantidad de variables involucradas que han hecho de esta crisis una alarma tan especial. Significativamente están servidas en la mesa todas las debilidades: dependencia de las energías fósiles; pobreza, hambre y marginación; vulnerabilidad de la lucha inflacionaria ante la escalada de los insumos alimenticios y el aumento del precio del combustible; encarecimiento del precio del dinero; desaseo en el sistema financiero internacional con instituciones que inflan sus estados contables, disfrazan los riesgos y esconden las inversiones basura; excesos de las entidades financieras soltando créditos riesgosos muchas veces irrecuperables por la calidad de los segmentos de cuentahabientes y acreditados.

Estamos hechos un lío. La bonanza de los créditos fáciles, de abonos pequeños a cambio de estirar el plazo de vida del pago de las hipotecas (en algunos países hasta por 50 años) para pagar casas cuyos ladrillos no valen ni siquiera un tercio del valor de la hipoteca, va cobrando nuevas víctimas.

El sistema financiero internacional no está siendo del todo efectivo y supuestamente se aprendió del pasado reciente mejorando la regulación prudencial y los aprovisionamientos; no así en la calidad de los créditos, los diferenciales en los márgenes y en reducir los costos de las líneas de financiamiento y su recuperación en el tiempo.

El sistema financiero internacional requiere aprovecharse de esta crisis para motivar un cambio estructural provisto de un sistema de pagos más efectivo, ad hoc a las nuevas tecnologías, con entidades supervisoras fuertes y en las que emerjan líneas de compensación donde el dólar conceda un lugar al euro y se facilite que los Bancos Centrales puedan acumular euros.

A COLACIÓN

La otra baza, la del mercado del energético mundial, debe ir en el sentido de la transformación estructural. El paradigma del capitalismo descansado en el petróleo es una amenaza latente, de un futuro inestable en todos los sentidos y preocupante por cuanto puede echar por la borda los años dedicados a la elaboración de una política monetaria tendiente a controlar la inflación.

Hay que cambiar los patrones de industrialización fósiles, aunque ello implique aminorar los ritmos de producción y alterar los mercados de oferta y demanda, debe evitarse que el oro negro le queme las manos al trabajador a causa de la carestía y los altos precios, a la larga el costo social es mucho mayor y económicamente es malo para los presupuestos y las proyecciones de crecimiento.

Esta crisis cuyo ciclo es para unos corto y para otros largo, con diferencias de criterio entre los que subrayan su manifestación coyuntural y otros que la valoran de alto espectro estructural, prueba la inteligencia para buscar soluciones efectivas.

Hace días en Cadaqués, Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía 2001, señaló en entrevista al periódico ABC “que estamos ante una de las peores crisis desde los años treinta” y enfatizó lo negativo de la inflación, la ralentización del crecimiento de la economía estadounidense y la inestabilidad de los petroprecios.

En buena parte no debemos obviar, en esta funesta combinación de factores, el error de cálculo por Irak. La invasión arbitraria propulsada por George W. Bush, presidente de Estados Unidos y sus compinches, nos está pasando factura.

Por un lado, la industria bélica se hincha de billetes y la industria agroalimentaria reduce su producción. Por otro, la OPEP nos hace una guerra de petroprecios con resultado de una transferencia de poder económico y de divisas principalmente hacia Medio Oriente.

Al respecto, Stiglitz no puede ser más puntual, al enfilar que cuando comenzó la invasión de Irak el precio del barril del petróleo promediaba 25 dólares en marzo del 2003, cinco años después éste ha incrementado un 440 por ciento.

Tenemos lo nunca antes visto con la cotización del barril del crudo en 135 dólares en los primeros días del mes de junio del 2008 y con carrera hacia los 150 dólares, es imposible que haya un productor en el mundo capaz de no transferir el costo del insumo energético en su ciclo de producción, por supuesto, al bolsillo del consumidor.

Y así, a la larga, será improbable que productores y consumidores subsistamos a la nueva guerra de los precios del petróleo sino aparece pronto voluntad política internacional para negociar con la OPEP; reconvenir con los poderosos industriales la cesta de energéticos; recalificar las políticas de producción de granos para la alimentación humana libres de transgénicos; en contrapartida, facilitar la producción de granos transgénicos para obtener los azucares necesarios para elaborar etanol; también utilizar la basura y ampliar el biodiesel.

Lo que no puede permitirse más, por el bien de la especie humana, es que el petróleo sea el eje de nuestras vidas y de los conflictos globales. Que el conflicto político entre los países productores de petróleo y los compradores nos convierta en miserables.

Antes del petróleo había vida, ingenio, producción y creatividad, ¿podremos superarlo? ¿O definitivamente estamos condenados a morirnos por el petróleo este siglo?.

Pensemos en toda la cadena del pequeño club de selectos que se benefician en contra de la gran masa que nos empobrecemos. Hace más de cien años, un hombre talentoso Rudolf Diesel, inventó en 1898 una máquina motor de combustión, pensando en facilitar las labores de producción de las personas más allá del vapor. Lo hizo con pruebas a base de aceite de cacahuate. Claro, luego los magnates del petróleo, se encargaron de todo lo demás comenzando por controlar nuestras vidas y patrones de consumo.

http://olganza.com/2008/06/11/stiglitz-la-peor-desde-1930/?jal_no_js=true&poll_id=12

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Lorenzo Meyer: El verdadero peligro para México

Desviar la atención. El auténtico peligro para la viabilidad de México ha estado a la vista de todos y desde hace mucho tiempo: la profunda corrupción de sus instituciones públicas.

Vicente Fox y la alianza conservadora que él encabezó encontraron muy útil concentrar el grueso de la energía y recursos del gobierno y sus aliados —medios de difusión, organizaciones empresariales, iglesias, el viejo corporativismo, etcétera— en difundir la idea de que el gran peligro para México eran la oposición electoral de izquierda y su proyecto. A estas alturas ya debiera de haber quedado claro que el auténtico enemigo de la sociedad mexicana ha sido otro: la gran corrupción pública y su inseparable acompañante, la impunidad.

Ambos factores, aunados a la falta de dinamismo de la economía y a la muy injusta estructura social, son las razones principales de que el crimen organizado haya alcanzado la posición dominante que hoy ejerce. Y lo peor es que quienes se supone que encabezan la lucha contra las organizaciones criminales son los que antes engañaron con el falso diagnóstico, pero que hoy se alarman porque la descomposición del entramado institucional ha llegado al punto de que ya apareció el terrorismo incipiente.

Una definición. Una forma de empezar a entender las razones de un fenómeno complejo es formular una definición adecuada, y la profesora Cindy C. Combs propone una particularmente útil del terrorismo: “Una síntesis de guerra y teatro, una dramatización de la violencia más condenable —la que se perpetra contra gente inocente— que se desarrolla frente a una audiencia con la intención de crear un clima de miedo con objetivos políticos”, (Terrorism in the Twenty-First Century: Universidad de Carolina del Norte, 2003, p. 10).

Lo ocurrido el pasado 15 de septiembre en la celebración de la Independencia nacional en Morelia —el estallido de dos granadas lanzadas deliberadamente sobre una multitud que celebraba un aniversario más de la independencia—, se corresponde con la definición de Combs: una brutal puesta en escena de la peor de las violencias, aunque ya no para crear sino para exacerbar el miedo colectivo. A partir de ese atentado quedó claro que nadie se debe considerar a salvo de la violencia criminal: ni pobres ni ricos, ni niños ni ancianos, ni los comprometidos ni los indiferentes, ni los de izquierda ni los de derecha. Obviamente, el objetivo final de quienes actuaron en Morelia es político: mandar un mensaje a los responsables de formular e implementar la política estatal contra el crimen organizado para que no interfieran con su actividad.

En principio, la acción en Morelia pareciera diseñada para demostrar a todos que, no obstante la movilización militar ordenada por Felipe Calderón desde diciembre de 2006, su gobierno no es capaz de cumplir su función básica y razón de ser: proteger la vida y bienes de los ciudadanos.

¿Quién exactamente decidió poner en evidencia la incapacidad de las autoridades mediante un ataque a gente absolutamente al margen de cualquier acción contra las bandas criminales? No lo sabemos aún, pero queda claro que esa acción es simplemente el eslabón más reciente de una cadena que empezó con el reguero público de cadáveres de narcotraficantes rivales, policías e incluso de algunos militares (¡más de 3,300 en lo que va de este año!). Esa mezcla de teatro y guerra subió de tono con las mutilaciones y decapitaciones de algunas de las víctimas, con los mensajes a las autoridades en sitios públicos y dio un paso más con las ostentosas matanzas colectivas, como las recientes en Yucatán y en La Marquesa —de una docena pasaron a dos docenas de ejecutados en una sola acción y sin que quede claro por qué se les ejecutó— para concluir con lo ocurrido el pasado día 15: el asesinato de ocho inocentes frente al gobernador del Estado, en una plaza supuestamente vigilada y en la tierra natal de quien está al frente del Poder Ejecutivo. Hasta ahora seguimos sin saber quién fue responsable del salto cualitativo en la inseguridad ni el motivo preciso de la acción.

El crimen organizado es una fuerza dominante en muchos municipios del país, pero recurrir al terrorismo es retar no sólo a un gobierno local, sino al federal y a sus poderosos aliados (a empresarios, a Washington, a la iglesia). ¿Para qué el desplante? ¿Se quiso dejar en claro ante todos que los criminales pueden imponer sus agendas por sobre las del resto de los actores políticos? ¿Buscaron cobrar el rompimiento de acuerdos ya pactados o inducir a buscar uno nuevo? Se pueden formular éstas y otras preguntas similares o diferentes —por ejemplo, ¿pudiera ser una acción llevada a cabo por algún grupo político para crear un clima de mano dura?—, pero de momento no hay respuesta. Sin embargo, la falta de información no impide abordar otros aspectos del fenómeno violento.

¿Un pago diferido? El régimen autoritario que caracterizó la vida política mexicana de casi todo el siglo XX presumió de haber construido el sistema de poder más sólido de América Latina y uno de los más estables del mundo. Pero esa estabilidad no democrática tuvo un costo muy alto que hoy seguimos pagando todos. Parte central de ese costo fue la institucionalización de la corrupción y de la impunidad y hasta hoy nada efectivo se ha hecho por poner fin a esa herencia infame.

En la etapa clásica del dominio del PRI sólo el presidente podía llamar a cuentas a los grandes corruptos. En las pocas ocasiones en que se puso a uno de ellos ante un juez, la acción poco o nada tuvo que ver con la justicia real y sí mucho con la “justicia selectiva”, tan útil al poder presidencial para mantener la disciplina entre la clase política; un buen ejemplo fue el encarcelamiento del líder petrolero Joaquín Hernández Galicia, “La Quina”, por Carlos Salinas.

Sin embargo, frente a cada “quinazo” hubo centenas de casos conspicuos de impunidad. Manuel Ávila Camacho, por ejemplo, dejó hacer y deshacer a Maximino, su hermano; el círculo íntimo de Miguel Alemán empleó a fondo sus posibilidades de corrupción sin límites; Carlos Hank González se convirtió en símbolo de cómo un político pobre se transformaba en lo opuesto gracias a la protección presidencial. Arturo Durazo Moreno hizo de su amistad con José López Portillo la palanca para convertir a la policía capitalina en una estructura del crimen organizado. Las cuentas suizas de Raúl Salinas o la buena fortuna de los hijos de Marta Sahagún no se explican sin una relación directa entre poder presidencial y negocios privados. La lista de casos se podría extender hasta dar forma a un volumen similar al directorio telefónico.

Como no hay crimen organizado exitoso —y el mexicano vaya que lo es— sin algún tipo de complicidad entre criminales y autoridades, el ambiente de corrupción generado por el sistema autoritario del siglo XX resultó un excelente caldo de cultivo para que nacieran y prosperaran las organizaciones criminales hasta llegar a convertirse, de marginales y subordinadas, en rivales de la clase política. Lo anterior fue posible por la combinación de corrupción institucional con la cercanía geográfica del gran mercado norteamericano de las drogas. Como bien lo señalara Luis Astorga en su historia del narcotráfico mexicano —El siglo de las drogas, (México: Espasa Calpe, 1996)— esa actividad empezó a echar raíces en México hace ya más de medio siglo, protegida por algunos gobernadores y militares en el norte del país pero, con las condiciones propicias descritas, esa actividad creció hasta salirse del control del poder político e imponer sus propias reglas, que es la situación actual.

¿Qué hacer? No hay respuesta fácil, pero cualquier intento por romper el círculo vicioso requiere abrir varios frentes de lucha contra los auténticos enemigos de México. Hay que empezar por la difícil pero indispensable tarea de crear una policía auténtica. Perseguir seriamente no sólo a los narcotraficantes de base, sino a sus socios indispensables y que además de los policías corruptos es toda la red de empresas y empresarios lavadores de dinero y los miembros de la clase política que dan protección al crimen organizado: presidentes municipales, gobernadores, altos funcionarios del aparato de seguridad. Y finalmente, abrir oportunidades reales de trabajo a los jóvenes. Miguel de la Madrid anunció pero nunca se llevó a cabo la renovación moral de la política mexicana y desde 1982 la economía no tiene vitalidad.

En suma, que el verdadero enemigo de México es la combinación de corrupción pública con una economía formal sin brío. Si ambos problemas no se enfrentan con inteligencia y voluntad, no es imposible el retorno del Estado fallido del siglo XIX.

http://www.yucatan.com.mx/noticia.asp?cx=9$2900000000$3918131&f=20080925

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Marichuy: El PAN y la conferencia magistral de Dominique De Villepin

Primero una disculpa por la cursilería que voy a escribir, pero no puedo evitarlo.

Ayer los panistas tuvieron a un conferenciante de lujo, Dominique De Villepin. Un hombre que además de diplomático y abogado, es escritor [especialista napoleónico] y poeta; tan experto en Napoleón Bonaparte como en Arthur Rimbaud y Paul Verlaine; si no fuera porque es de derecha [centro derecha para ser precisa] sería el hombre de mis sueños… shame of me. Cursilerías aparte, el tipo es muy brillante; aún se recuerda su impactante discurso ante la Asamblea General de la ONU de 2003 en contra de la invasión británico-estadounidense a Irak, el cual acarreó un espontáneo y estruendoso aplauso, algo poco visto en ese recinto.

Ayer en la sede del Partido Acción Nacional y a invitación de la cúpula nacional de ese instituto político, Dominique De Villepin, ex primer ministro francés, dictó una conferencia magistral sobre estrategias en el combate al crímen y narco terrorismo. A saber cual sería la intensión de los panistas al invitar al político galo, ni que esperaban escuchar exactamten por parte del conferenciante, pero es probable que algo muy distinto a lo expresado por el antiguo colaborador de Jacques Chirac:

[para tener éxito en el combate al terrorismo y al narcotráfico] “Se necesita también tener la legitimidad que da la lucha contra la injusticia, que da la lucha contra la pobreza, que da la convicción de que sí hay que tomar en cuenta todo el mundo en una sociedad”, puntualizó el político y diplomático francés en la conferencia y luego en rueda de prensa. *

…………….

“El soporte del pueblo, la capacidad de cada uno de entender lo que está en peligro: El destino común de un país. Lo peor que puede existir en la situación actual son Estados fallidos”, afirmó. *

No sé si me equivoco, pero me imagino que al escuchar al filósofo y político francés [habló en perfecto español, p’a que no haya pretextos], los azulinos empleados de Calderón y de Martínez, se estarían preguntando ¿y para esto lo invitamos y además, le pagamos… en euros?

aquí la nota completa de Álvaro Delgado, publicada en la edición on line del semanario Proceso:

* http://www.proceso.com.mx/noticias_articulo.php?articulo=62500

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THOMAS L. FRIEDMAN: Dear Iraqi Friends

To: President Jalal Talabani of Iraq, Prime Minister Nuri Kamal al-Maliki, Speaker Mahmoud al-Mashadani

Dear Sirs, I am writing you on a matter of grave importance. It’s hard for me to express to you how deep the economic crisis in America is today. We are discussing a $1 trillion bailout for our troubled banking system. This is a financial 9/11. As Americans lose their homes and sink into debt, they no longer understand why we are spending $1 billion a day to make Iraqis feel more secure in their homes.

For the past two years, there has been a debate in this country over whether to set a deadline for a U.S. withdrawal from Iraq. It seemed as if the resolution of that debate depended on who won the coming election. That is no longer the case. A deadline is coming. American taxpayers who would not let their money be used to subsidize their own companies — Lehman Brothers, Bear Stearns and Merrill Lynch — will not have their tax dollars used to subsidize your endless dithering over which Iraqi community dominates Kirkuk.

Don’t misunderstand me. Many Americans and me are relieved by the way you, the Iraqi people and Army have pulled back from your own brink of self-destruction. I originally launched this war in pursuit of weapons of mass destruction. I was wrong. But it quickly became apparent that Al Qaeda and its allies in Iraq were determined to make America fail in any attempt to build a decent Iraq and tilt the Middle East toward a more democratic track, no matter how many Iraqis had to be killed in the process. This was not the war we came for, but it was the one we found.

Al Qaeda understood that if it could defeat America in the heart of the Arab-Muslim world, that it would resonate throughout the region and put Al Qaeda and its allies in the ascendant. Conversely, we understood that if we could defeat Al Qaeda in Iraq, in collaboration with other Arabs and Muslims, that it would resonate throughout the region and pay dividends. Something very big was at stake here. We have gone a long way toward winning that war.

At the same time, I also came to realize that in helping Iraqis organize elections, we were facilitating the first ever attempt by the people of a modern Arab state to write their own social contract — rather than have one imposed on them by kings, dictators or colonial powers. If Iraqi Shiites, Sunnis and Kurds can forge your own social contract, then some form of a consensual government is possible in the Arab world. If you can’t, it is kings and dictators forever — with all the pathologies that come with that. Something very big is at stake there, too.

It’s not the stakes that have changed. It is the fact that you are now going to have to step up and finish this job. You have presumed an endless American safety net to permit you to endlessly bargain and dicker over who gets what. I’ve been way, way too patient with you. That is over. We bought you time with the surge to reach a formal political settlement and you better use it fast, because it is a rapidly diminishing asset.

You Shiites have got to bring the Sunni tribes and Awakening groups, who fought the war against Al Qaeda of Iraq, into the government and Army. You Kurds have got to find a solution for Kirkuk and accept greater integration into the Iraqi state system, while maintaining your autonomy. You Sunnis in government have got to agree to elections so the newly emergent Sunni tribal and Awakening groups are able to run for office and become “institutionalized” into the Iraqi system.

So pass your election and oil laws, spend some of your oil profits to get Iraqi refugees resettled and institutionalize the recent security gains while you still have a substantial U.S. presence. Read my lips: It will not be there indefinitely — even if McCain wins.

Our ambassador, Ryan Crocker, has told me your problem: Iraqi Shiites are still afraid of the past, Iraqi Sunnis are still afraid of the future and Iraqi Kurds are still afraid of both.

Well, you want to see fear. Look in the eyes of Americans who are seeing their savings wiped out, their companies disappear, their homes foreclosed. We are a different country today. After a decade of the world being afraid of too much American power, it is now going to be treated to a world of too little American power, as we turn inward to get our house back in order.

I still believe a decent outcome in Iraq, if you achieve it, will have long-lasting, positive implications for you and the entire Arab world, although the price has been way too high. I will wait for history for my redemption, but the American people will not. They want nation-building in America now. They will not walk away from Iraq overnight, but they will not stay there in numbers over time. I repeat: Do not misread this moment. God be with you.

George W. Bush

* NY Times
http://www.nytimes.com/2008/09/24/opinion/24friedman.html?_r=1&ref=opinion&oref=slogin

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Epigmenio Ibarra: Un pase de coca en NY; dos granadas en Morelia

…y siete muertos habría que añadir y más de cien heridos y los muchos más que, me temo, habrán de caer todavía. Allá, en Nueva York, en Chicago, en Washington o en Denver, la droga que sale de aquí y distribuyen, con total impunidad, los cárteles norteamericanos, verdaderos dueños del negocio, alivia las angustias cotidianas de más 7 millones de adictos que, pase, toque o inyección de por medio, sobrellevan así el idílico “american way of life”. Sistema de vida, que por cierto, se sostiene, además de sus ingresos legales, la venta de armas, claro, es uno de ellos, gracias a la entrada en circulación, libre de las ataduras de la economía formal a la que, sin embargo, oxigena, de más de 300 mil millones de dólares anuales, producto del tráfico y consumo local de estupefacientes. Mientras allá pues la vida se organiza en torno a la droga, aquí morimos por ella.

En este país que se hunde bajo el peso de la impunidad, la corrupción y el accionar creciente del crimen organizado, ese flujo indetenible de armas y centenares de millones de dólares que viene del norte produce y seguirá produciendo zozobra, incertidumbre, muerte. Muerte a tal grado violenta e indiscriminada que hemos perdido incluso la capacidad de asombro ante tanto decapitado y tanta masacre; 12 en Mérida, 10 en Juárez, 24 en La Marquesa; las cifras no cesan de crecer y ahora se engrosan con civiles inocentes que no hacían sino estar ahí, en una plaza pública, entre miles más, disfrutando la fiesta de una independencia cuyo significado amenaza con perderse del todo.

Dice bien Tony Garza, el embajador estadunidense, fueron narcoterroristas los que lanzaron las granadas. Elude sin embargo el funcionario la responsabilidad de su gobierno en la génesis de esos monstruos. Sí, en el terreno de la política y por su celo fundamentalista, el gobierno estadunidense ha terminado por ser, triste y paradójicamente, uno de los más activos promotores del terrorismo al que con tanto denuedo combate, es su actitud laxa e irresponsable ante el consumo de drogas de sus propios ciudadanos y la falta total de compromiso con la persecución y el castigo de los capos locales lo que ha hecho crecer el negocio del narcotráfico y lo que, a fin de cuentas, ha terminado por generar figuras de la calaña de Escobar o de Osiel Cárdenas y ha permitido la integración y el desarrollo de grupos criminales como los cárteles del Golfo, de Juárez, de Sinaloa o bien de grupos paramilitares como La Familia y Los Zetas.

También del norte, por cierto, es que llegan las armas con las que los capos se matan entre sí, matan a las autoridades que los combaten y matan a los civiles que se les atraviesan en el camino, o cuya muerte sirve, como en el caso de Morelia, para “calentar una plaza” y dañar a sus competidores. También con esas armas –con las que venden a los capos y las que venden a los cuerpos de seguridad– hacen pues negocio los estadunidenses. Eso se le olvido decir al señor Garza y también hablar de cómo la industria del entretenimiento no cesa, de manera subliminal si se quiere, de promover el consumo y de celebrar a aquellos actores, cantantes, figuras públicas que fuman mariguana o son adictos a la cocaína. Qué más da que jueguen con eso; en Hollywood, Wall Street o Washington la droga no deja de ser sino una travesura que merece cuando más la reprimenda de un juez y ocasiona un rentable escándalo mediático. Aquí en Morelia, mientras tanto, esa misma droga que tan campantes consumen los estadunidenses, produce cuerpos desgarrados por la metralla.

Ya tenían los capos granadas –y muchas– en su poder. Quien las tiene –es una ley de las armas– las usa. Ya, incluso, las habían lanzado antes; en una discoteca en Nuevo León, contra la tropa que se aproximaba a una casa de seguridad en Sinaloa y luego en Guanajuato contra una base militar. Quien incorpora explosivos a su arsenal sabe, desde que lo hace, que su poder no se gobierna y que tarde o temprano habrá de causar bajas civiles. Ahora en Morelia, porque así convenía a sus intereses, los narcos las lanzaron, sin más, contra la multitud. Les convenía hacerlo. Era barato. Era sencillo.

No es pues, me parece, del todo cierto que los capos mexicanos hayan dado ahora, con este atentado, un salto cualitativo en su accionar. Caminan ya hace tiempo en esta misma dirección. Hace unas semanas ametrallaron a una multitud en Creel; antes habían dispuesto –no lo lograron– el estallido de coches bombas en Sinaloa. Su única doctrina es la violencia indiscriminada; la muerte ejemplar.

Vivimos, hace ya tiempo, un proceso de escalamiento del conflicto que no habrá de detenerse –pese a los estentóreos llamados a la unidad– si algo no cambia o no hacemos que cambie en los Estados Unidos. Acabar con la amenaza, contenerla siquiera, será imposible en tanto sigan llegando del norte tal cantidad de armas y de dólares. Cortar la ruta de abastecimiento del enemigo, de eso Washington sabe mucho, es vital para ganar una guerra.

http://www.milenio.com/node/81914

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J. Enrique Olivera Arce: ¿Unidad para qué?

Desde lo más profundo de la descomposición del sistema económico y político de la Nación, se llama a la unidad de todos los mexicanos para hacerle frente a la escalada de violencia en que incurre el crimen organizado. Retóricamente suena bien y efectivamente, sólo con la unidad se puede ir al rescate y reconstrucción de un tejido social en crisis en el que todos estamos involucrados. Sin embargo, no son pocos los que desgarrándose las vestiduras claman por ello llevando agua a su molino. Para estos, unidad, es la consigna de moda y el especular sin sustento alguno sobre los responsables de la condenable agresión a inermes ciudadanos en Morelia, es la tarea. Pareciendo discordante y fuera de lugar el que mediáticamente desde el PRI surja la pregunta: ¿Unidad para qué?

Interrogante contra corriente que resulta por demás lógica, cuando al mismo tiempo el Secretario de Gobernación afirma que no habrá cambios en la estrategia del gobierno federal en el combate a la delincuencia organizada., sin mediar una evaluación autocrítica y creíble sobre los resultados hasta ahora obtenidos en la sacudida al avispero. Y mucho menos sobre la situación que hoy guarda el Estado-Nación, caldo de cultivo para la trasgresión impune del estado de derecho.

Después del niño ahogado, todos a una a tapar el pozo. (¿Quiénes?) ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Con qué? Nadie lo sabe a ciencia cierta, pues para empezar, una guerra no se inicia dando palos de ciego, sin tener claros propósito, objetivos, estrategia, y medios para alcanzar la victoria. Naturalmente, también y en primer término, identificar al enemigo, conocer de sus propósitos últimos, calificando a su vez su capacidad real y potencial para saber a que y a quienes se pretende enfrentar.

Se nos dice de un poderío financiero del enemigo, muy superior a las disponibilidades del gobierno; se habla de sus nexos con aliados externos desparramados por todo el orbe, y se afirma todos los días, que se le va venciendo en la medida del alto número de capos de rostro patibulario que las fuerzas del orden atrapan o eliminan y que, en esa misma medida, son substituidos por otros de igual o sin duda ya, peor catadura. El cuento de nunca acabar. Pero nunca, hasta ahora, se ha tenido la atingencia de informar a la ciudadanía que el ejército de capos y sicarios que operan en el terreno, está al servicio de poderosas empresas criminales y altos ejecutivos que desde lujosas oficinas, con sofisticada tecnología planean y conducen impunemente sus ilícitas operaciones, lo mismo en México que en otras latitudes.

Nada parece indicar que contra estas altas esferas de la delincuencia organizada, personajes de cuello blanco y finas maneras, se privilegie la estrategia de la guerra emprendida. Nada se nos dice al respecto ni se observan avances en tal sentido. La cabeza principal de la hidra sigue siendo un misterio no resuelto. No se conoce al enemigo más allá de los daños que hoy lamentamos.

Por los resultados y daños colaterales, para el común de los ciudadanos queda la impresión de que no se ha tomado para nada en cuenta lo anterior. El enemigo, al que ya se califica “traidor a la patria”, es un fantasma que está en todos lados y al mismo tiempo no está en ningún lugar. Lo mismo podría ubicársele en el bando de los malos que en el de los que se dicen ser los buenos. La corrupción y la impunidad que domina en México, impide establecer distingo alguno para diferenciar a los unos de los otros.

La sabiduría popular enseña que “según el sapo es la pedrada”. Y está visto que no se alcanzará la victoria oponiendo violencia a la violencia en el terreno, si no se combate al corazón del enemigo en su madriguera, oponiendo inteligencia superior a la que hoy por hoy parece dominar en las altas esferas de la industria del crimen, como bien lo saben los señores de las fuerzas armadas que conocen de la manufactura del paño.

Así que unidad ¿para qué? ¿En torno a qué? ¿A los gobernantes en turno? ¿A un sistema de procuración de justicia cuestionado? ¿O a una inexistente política con visión de Estado que sin atentar contra los derechos humanos y clima de libertad cuya construcción ha costado mucha sangre al pueblo de México, haga de la racionalidad, buen juicio, honestidad, y un profundo amor a la patria su estandarte? La unidad a secas, en abstracto, al costo social y político que sea, únicamente conduce al pensamiento único; al fascismo dictatorial que el enemigo real pretende imponernos.

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Ángel Guerra Cabrera: Unasur, memorable cumbre

La cumbre de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) sobre la grave situación en Bolivia ha sido un nuevo y rotundo grito de independencia y unidad de América Latina. Por primera vez un grupo significativo de sus presidentes condena y adopta decisiones prácticas contra una conjura golpista orquestada por el imperio del norte. Este hecho y cada idea en la Declaración de la Moneda, aunque no se mencione por su nombre, señalan con el dedo acusador a Estados Unidos: la simbólica alusión a Salvador Allende y el categórico compromiso con el respeto a la soberanía, la no injerencia en los asuntos internos, la integridad e inviolabilidad territorial, la democracia y los derechos humanos.

Eso es lo sustantivo de la cumbre, que de modo unánime dio su apoyo irrestricto al presidente Evo Morales, condenó a los grupos desestabilizadores y sus acciones vandálicas, la masacre de campesinos en Pando que “no debe” quedar impune, exigió poner fin a esas acciones y la devolución de las instalaciones gubernamentales ocupadas como condición al inicio de un diálogo “conducido por el legítimo gobierno de Bolivia” y advirtió que no aceptará el golpe “civil” atentatorio contra la integridad territorial de Bolivia. Es trascendente el nombramiento de comisiones para investigar la masacre, acompañar el diálogo de La Paz con la oposición y brindarle el apoyo logístico que requiera. Unasur, en suma, enfrentó airosamente su primer gran desafío y ello refleja la emergencia en nuestra América de un nuevo tipo de gobiernos celosos de la soberanía nacional y con sensibilidad social, obviamente impulsados por las decisivas luchas populares que han llevado a la cabeza de ellos a buena parte de los reunidos en Santiago de Chile.

La cumbre ha sido un resonante triunfo político de Evo Morales y un reconocimiento a su talla de estadista, así como al talento político con que él y los movimientos sociales bolivianos han conducido la difícil brega por una democracia de las mayorías; y una derrota política dentro y fuera de Bolivia de los prefectos separatistas y su titiritero. Constituye también una clara advertencia a éste y a las oligarquías de la región de que no podrán seguir actuando impunemente con el matonismo que acostumbraban en otros tiempos. Deja sentado un precedente importante para la defensa indeclinable de la democracia en América Latina, que aquellos sólo respetan cuando se reduce a sus aspectos formales y no toca sus intereses ni con el pétalo de una rosa. Por ello es valiosa frente a las acciones ferozmente desestabilizadoras en Venezuela, donde se ha llegado al intento de magnicidio, y a los sucesos semejantes evidenciados, con distintos grados de intensidad, en Paraguay, Argentina, Ecuador, Honduras y Nicaragua. En fin de cuentas, todos ellos convergentes a la contraofensiva que desde el ataque a la soberanía territorial de Ecuador intenta montar Estados Unidos para aplastar los gobiernos y fuerzas populares latinoamericanas que han puesto en solfa su hegemonía política y control tradicionales sobre nuestros recursos naturales.

Bolivia, Venezuela, Cuba y Ecuador son los objetivos principales a golpear pero debe considerarse que la Cuarta Flota y otros instrumentos de intervención militar como el Plan Colombia responden a designios imperiales yanquis de reconfiguración geopolítica mucho más amplios. No es casual la oposición al restablecimiento de esa fuerza de asalto en los círculos gobernantes de Brasil, potencia económica emergente de peso mundial poseedora de estratégicas reservas de agua, biodiversidad y energéticas, así como de Argentina, colosal productora de alimentos; ambos dueños de vías fluviales y geografía de enorme importancia económica y militar.

El espaldarazo a Evo en la reunión de Santiago cobra mayor importancia cuando es evidente que la batalla por Bolivia entra en su fase más crítica, pues Washington y su jauría mediática, con CNN y El País a la cabeza, persisten en su aliento a la subversión fascista. Bolivia necesita más solidaridad que nunca.

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Marichuy: Sobre El interrogador

Ahora que el gobierno federal se afana en conducir a nuestro país cual Estado Militarizado; ahora que vemos imágenes de transeúntes morelianos siendo detenidos y cateados en razón “estado de emergencia”, seguro no faltarán algunos interrogadores policiales, pero ellos no inquirirán por cosa como la nada que nos mueve… menos de la manera que lo hace Julio Cortazar:

El interrogador


No pregunto por las glorias ni las nieves,
quiero saber dónde se van juntando
las golondrinas muertas,
adónde van las cajas de fósforos usadas.


Por grande que sea el mundo
hay los recortes de uñas, las pelusas,
los sobres fatigados, las pestañas que caen.


¿Adonde van las nieblas, la borra del café,
los almanaques de otro tiempo?


Pregunto por la nada que nos mueve;
en esos cementerios conjeturo que crece
poco a poco el miedo,
y que allí empolla el Roc.

Fuente: http://www.poesiaspoemas.com/julio-cortazar/el-interrogador

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Vicky Pelaez:Despierta México, tu patria peligra

La decisión del presidente de México, Felipe Calderón, de solicitar a Estados Unidos la adopción de un plan de seguridad similar al “Plan Colombia” estremece hasta al más indiferente. No sólo representa una posible amenaza a la soberanía, sino es parte de un proyecto norteamericano iniciado en el nefasto gobierno de Carlos Salinas de Gortari (1984 – 1990) que consiste en crear condiciones para que el poderoso vecino asuma el control sobre el destino del país.
El Tratado de Libre Comercio (NAFTA) entre México, Estados Unidos y Canadá, negociado por Salinas y George Bush padre, fue decisivo para el debilitamiento y luego el desmantelamiento de la economía que debieron subordinarse a los intereses de las mega corporaciones norteamericanas, llevando al país azteca a la dependencia económica y financiera de EE.UU. Así, la economía de México, segundo socio comercial de Estados Unidos, del cual recibe más del 85 por ciento de la inversión extranjera, fue orientada hacia el modelo que favorecía a los intereses norteamericanos. De ser el primer productor del maíz en el mundo hasta 1980, México se convirtió en importador de este producto y lleva de California el 80 por ciento del maíz que se consume. Por eso, más de cuatro millones de campesinos fueron desplazados engrosando las filas de los desocupados y marginados.

Un 45 por ciento de la población que tiene trabajo no gana suficiente para la canasta familiar. Los jóvenes, sin posibilidad de un futuro diferente, se ven obligados a emigrar a Estados Unidos o delinquir.

El narcotráfico y la delincuencia ahora proliferan en el país que cada día es más ingobernable. Lo trágico de la situación actual es que este proceso de caída fue previsto, tanto por los gobernantes de México como por sus mentores norteamericanos. El 15 de septiembre de 1999, la Comisión de Seguridad Nacional de Estados Unidos emitió el documento “New World Coming: American Security in the 21st Century”, donde en la página 112 hace la siguiente conclusión: “La inestabilidad política, económica y social de México se convertirá en el más serio peligro para la seguridad nacional de Estados Unidos. Teniendo en cuenta la extensión de México, será muy difícil de contener este proceso dejando abierta posibilidad de una intervención militar norteamericana”.

Felipe Calderón no ignoraba estas conclusiones. Su comportamiento en vísperas de asumir la presidencia muestra que es también partícipe del plan norteamericano. En octubre pasado viajó a Bogotá, siguiendo el consejo del Departamento de Estado, para ver la posibilidad de aplicación del Plan Colombia en México. Tras su encuentro con Alvaro Uribe declaró: “Queremos aprender de las mejores experiencias y aplicar acciones contundentes en la lucha contra la inseguridad en nuestro país, que aquí en Colombia se ha traducido en política de seguridad democrática”.

Parece que Calderón “aprendió” rápidamente en que consistía la “experiencia” de Uribe con la asesoría del Departamento de Estado, Departamento de Justicia y la DEA (Drug Enforcement Agency). Hace unos meses el jefe de la DEA en Colombia, David Gaddis, fue trasladado a México, dando inicio al plan norteamericano de “colombianización” de México. No hace un mes, Felipe Calderón, siguiendo a Uribe declaró la militarización de la lucha contra la delincuencia y el narcotráfico lo que agudizó la violencia en México, ahora convertida en estado mayor de los carteles del narcotráfico que corrompieron más al gobierno. El fraude electoral pasado, generar hambre y violencia, todo estaba planificado.

Calderón no mira la otra cara de los “éxitos” de seis años de Uribe, que le cuesta 5 mil millones de dólares a Estados Unidos: las 3,211 víctimas inocentes del terror paramilitar en 20 de los 25 Departamentos de Colombia; incremento de la guerrilla, secuestros, matanzas, producción de cocaína a pesar de la presencia de tropas y contratistas norteamericanos (en total, de acuerdo al informe de la Casa Blanca, la producción de cocaína durante seis años del Plan Colombia creció en 27 por ciento); y lo más trágico, que Colombia perdió completamente su soberanía.

Este destino o peor le espera a México si es que el pueblo no se opone a la “colombianización” de su país.

Artículo publicado en el año 2007

http://www.bolpress.com/art.php?Cod=2007061411

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Patricia Rivas:Comienza el negocio de la reconstrucción en Georgia

El Gobierno de Estados Unidos destinará 1.000 millones de dólares a la reconstrucción de los daños causados en Georgia por el conflicto armado con Rusia por la región separatista de Osetia del Sur. El plan de ayuda para Georgia se filtró a la prensa antes de que el presidente George W. Bush y de la secretaria de Estado, Condoleeza Rice, lo anuncien oficialmente.

El paquete de ayuda multimillonaria se distribuirá en un periodo de varios años, si bien no se conocen todavía más detalles del plan. Se prevé que la ayuda sea destinada a la reconstrucción de las infraestructuras que fueron destruidas en el conflicto y a paliar los efectos de la crisis en la economía georgiana. De momento no está claro si el plan incluye también ayuda militar.

El anuncio de la ayuda se produce después de que una delegación estadounidense, encabezada por el subsecretario de Estado para Economía, Energía y Asuntos Agrícolas, Reuben Jeffrey, viajara a finales de agosto a Tiflis para evaluar las necesidades de reconstrucción en Georgia.

El anuncio de la ayuda a Georgia coincide con la llegada del vicepresidente estadounidense, Dick Cheney, a Azerbaiyán, dónde inicia una gira que le llevará también a Ucrania, Italia y Georgia. Cheney reiterará a sus interlocutores georgianos el respaldo del Gobierno estadounidense a la integridad territorial, soberanía y esfuerzos de reconstrucción de Georgia.

El paquete de ayuda se suma a la que EE.UU. ya ha destinado a Georgia durante y después del conflicto armado con Rusia.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) anunció este miércoles un principio de acuerdo con el Gobierno georgiano sobre un préstamo de 750 millones de dólares, a 18 meses, destinado a fomentar las políticas económicas de Georgia. El crédito aún tiene que ser aprobado por el Consejo Ejecutivo del FMI, algo que hará previsiblemente a mediados de septiembre.

El negocio de reconstruir

La guerra es una oportunidad de negocio para las empresas prestamistas de servicios. Iraq fue una jugosa torta que se repartieron las empresas estadounidenses y europeas después de que las tropas de los “aliados” destruyeran toda la infraestructura civil durante la primera Guerra del Golfo en 1991. Después vino Yugoslavia, donde solamente para reconstruir Kosovo se concedieron a las contratistas de los países de la OTAN más de 30 mil millones de dólares. Y luego, otra vez Iraq, reducida a cenizas tras la invasión ordenada por el presidente George W.Bush en 2003. Solamente en 2004, se concedieron en contratos más de 18 mil millones de dólares, y se ha estimado que los costos “no militares” de la reconstrucción de Iraq superarán los 500 mil millones de dólares.

Ahora sabemos que la arbitrariedad y la corrupción han sido la norma en el Iraq administrado por Estados Unidos. Las principales beneficiarias de la “reconstrucción” de Iraq son algunas empresas que han sido elegidas “a dedo”, como Halliburton (consorcio que dirigió el vicepresidente, Dick Cheney y principal beneficiario de la guerra en Iraq, con más de 18 mil millones de dólares concedidos en contratos para reconstruir la industria petrolera y proveer servicios logísticos a las tropas de ocupación) o el gigante de la construcción Bechtel (vinculado al ex secretario de Estado George Schultz).

Charlie Cray, director del Centro de Política Corporativa de Washington, explicaba en su artículo “El negocio de la guerra” que Bechtel, “este gigante de la construcción y de la ingeniería con base en San Francisco, recibió uno de los más importantes contratos (de 2,4 mil millones de dólares) para intervenir en la coordinación y reconstrucción de una basta parte de la infraestructura iraquí. Pero los fracasos de la empresa en materia de reconstrucción abarcan desde las reparaciones mal hechas en escuelas hasta no haber podido acabar en el plazo y sin salirse del presupuesto un gran hospital en Basora. Recuérdese que el jefe de la USAID, Andrew Natsios, originalmente denominó la reconstrucción [de Iraq] como un “Plan Marshall” para Oriente Medio.”

Naomi Klein, que asistió a una de esas reuniones en que los empresarios trataban de obtener contratos en Iraq, describía el fenómeno de esta forma en un artículo publicado en 2004: “La reconstrucción de Irak es una estafa proteccionista, un New Deal neoconservador que transfiere fondos públicos ilimitados –en contratos, préstamos y seguros– a firmas privadas, y, por si fuera poco, hace a un lado la competencia extranjera bajo el disfraz de la “seguridad nacional”.

Y es que los miles de millones de dólares de los contribuyentes que el Congreso estadounidense destina a “reconstrucciones”, deben ser destinados, por ley, a compañías estadounidenses.

Con la economía estadounidense en recesión abierta, la desgracia de la población civil de Osetia del Sur y Georgia, es una excelente oportunidad de negocio para algunas empresas “humanitarias” de Estados Unidos.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=72180

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