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Scott Ritter: Calling Out Idiot America

The ongoing hand-wringing in Congress by the newly empowered Democrats over what to do about the war in Iraq speaks volumes about the level of concern (or lack thereof) these “representatives of the people” have toward the men and women who honor us all by serving in the armed forces of the United States of America. The inability to reach consensus concerning the level of funding required or how to exercise effective oversight of the war, both constitutionally mandated responsibilities, is more a reflection of congressional cowardice and impotence than a byproduct of any heartfelt introspection over troop welfare and national security.

The issues that prompt the congressional collective to behave in such an egregious manner have more to do with a reflexive tendency to avoid any controversy that might disrupt the status quo ante regarding representative-constituent relations (i.e., re-election) than with any intellectual debate about doing the right thing. This sickening trend is bipartisan in nature, but of particular shame to the Democrats, who obtained their majority from an electorate that expressed dissatisfaction with the progress of the war in Iraq through their votes, demanding that something be done.

Sadly, Congress’ smoke-and-mirrors approach to the Iraq war creates the impression of much activity while generating no result. Even more sadly, the majority of Americans are falling for the act, either by continuing their past trend of political disengagement or by thinking that the gesticulation and pontification taking place in Washington, D.C., actually translate into useful work. The fact is, most Americans are ill-placed intellectually, either through genuine ignorance, a lack of curiosity or a combination of both, to judge for themselves the efficacy of congressional behavior when it comes to Iraq. Congress claims to be searching for a solution to Iraq, and many Americans simply accept that this is this case.

The fact is one cannot begin to search for a solution to a problem that has yet to be accurately defined. We speak of “surges,” “stability” and “funding” as if these terms come close to addressing the real problems faced in Iraq. There is widespread recognition among members of Congress and the American people that there is civil unrest in Iraq today, with Iraqi-on-Iraqi violence tearing that country apart, but the depth of analysis rarely goes beyond that obvious statement of fact. Americans might be able to nod their heads knowingly if one utters the words Sunni, Shiite and Kurd, but very few could take the conversation much further down the path of genuine comprehension regarding the interrelationships among these three groups. And yet we, the people, are expected to be able to hold to account those whom we elected to represent us in higher office, those making the decisions regarding the war in Iraq. How can the ignorant accomplish this task? And ignorance is not something uniquely attached to the American public. Rep. Silvestre Reyes, the newly appointed chairman of the House Intelligence Committee, infamously failed a pop quiz in which journalist Jeff Stein asked him to differentiate between Sunni and Shiite. Reyes has become the poster boy for congressional stupidity, but in truth he is not alone. Very few of his colleagues could pass the test, truth be told.

The task of holding Congress to account is a daunting one, and can be accomplished only if the citizenry that forms the respective constituencies of our ignorant congressional representatives are themselves able to operate at an intellectual capacity above that of those they are holding to account. So rather than issue “pop quizzes” to our elected representatives, I’ve designed one for us, the people. If the reader can fully answer the question raised, then he or she qualifies as one capable of pointing an accusatory finger at Congress as its members dither over what to do in Iraq. If the reader fails the quiz, then there should be an honest appraisal of the reality that we are in way over our heads regarding this war, and that it is irresponsible for anyone to make sweeping judgments about the ramifications of policy courses of action yet to be agreed upon. Claiming to be able to divine a solution to a problem improperly defined is not only ignorant but dangerously delusional.

So here is the quiz: Explain the relationship between the Iraqi cities of Karbala and Baghdad as they impact the coexistence of Iraq’s Shiite and Sunni populations.

* http://www.truthdig.com/dig/item/20070323_calling_out_idiot_america/

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Juan Carlos Galeano: Cometas

Por la falta de papel para hacer cometas, echábamos a volar nuestras ventanas.

Las ventanas con sus delantales blancos nos decián lo que miraban.

Pero los indios que veían volar nuestras ventanas
no tenián ni casa ni ventanas para echar avolar siquiera una cometa.

Era natural que los indios quisieran hacer volar alguna cosa.

A cambio de pescado podrido, los gallinazos que volaban en círculos
se dejaban amarrar un hilo al cuello y les servían de cometas a los indios

* Galeano, Juan Carlos, Cometas, en “Amazonia”, Literalia Editores, Colombia, 2003, pp21

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Destructivos tratados de libre comercio esclavizan a pases pobres

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Bernardo Barranco V: Ratzinger en la refundación de Occidente

La crisis del cristianismo en los países occidentales es un hecho reconocido: se constata un envejecimiento, tanto de contenidos, de estructuras, como de doctrinas. En los pasados 25 años gran cantidad de autores han destacado la alarmante situación, especialmente en Europa, llamando a los altos ministros religiosos a tomar medidas sustanciales para revertir este grave dilema que con mayor agudeza experimenta la Iglesia católica. Pareciera existir ahí un naufragio compartido: mientras Occidente parece ir a la deriva y asiste al derrumbe de sus supuestos fundadores, el cristianismo, y la Iglesia católica en particular, registran un desmoronamiento secular que amenaza su pertinencia.

La percepción de la realidad actual es de pesimismo por parte de la jerarquía católica. Un caos, no en el sentido bíblico, sino, como expresa Umberto Eco: la perturbación del planeta que pide un respiro que permita el rediseño. En el diálogo que sostiene con el cardenal Carlo María Martín en su libro ¿En qué creen los que no creen?, Eco caracteriza esta incertidumbre por las hambrunas, las guerras, las amenazas ecológicas que toman el lugar de las fantasías del pasado y que con el actual nivel de medición de la ciencia se hacen más perturbadoras, y hace una curiosa constatación: “me aventuro a decir que el pensamiento del fin de los tiempos está más presente en el mundo laico que en el cristiano”.

El advenimiento de Benedicto XVI, en 2005, aseguraba un nivel más agudo de interlocución entre las culturas modernas seculares y el catolicismo. El expertise académico de Ratzinger, focalizado en la teología, la filosofía y la historia, garantizaba un encuentro profundo de tradiciones y debates contemporáneos. Sin embargo, no ha tenido la estatura planetaria de su antecesor Juan Pablo II; se le percibe no sólo eurocéntrico, sino con poca disponibilidad intelectual para abrirse a otras realidades del universo católico.

El episodio de Ratisbona 2006 que abrió viejas heridas de la relación entre el cristianismo y el Islam, así como su mensaje de clausura en la quinta conferencia general del Celam, en mayo pasado, que provocó polémica porque afirmó absurdamente que la primera evangelización del continente americano “no supuso, en ningún momento, una alienación de las culturas precolombinas, ni fue una imposición de una cultura extraña”, postura que días más adelante tuvo que rectificar.

Estos ejemplos muestran que la cátedra de Pedro anda en otros territorio. Las preocupaciones del actual Papa se centran, como las de sus antecesores, es decir los Benedictos, en la realidad europea. La “cátedra de Pedro” simboliza la autoridad del obispo, en particular de su “magisterio”, de su enseñanza en cuanto sucesor de los apóstoles, por lo que está llamado a custodiar y transmitir a la comunidad cristiana y al mundo.

Ratzinger es crítico despiadado de la modernidad y de su razón instrumental. Desde sus primeros años como prefecto de la congregación para la doctrina de la fe se caracterizaba por el pesimismo; el conjunto de su análisis muestra una estructura determinista que mete en el mismo plano al marxismo, al liberalismo, al materialismo y al relativismo como expresiones de un epicentro cultural que se hereda de la Ilustración.

Hace unos días llegó a mis manos Contra Ratzinger (Grijalbo, 2007), escrito originalmente en italiano por un anónimo, quien así dice rendir homenaje a la antigua tradición de los libelos del siglo XVI. Inicialmente pensé en alguien cercano a la curia romana con datos, informaciones internas e intrigas palaciegas, dignas de Paty Chapoy y los cortesanos del reality show. Sin embargo, mi sorpresa fue mayor al constatar un texto serio que aspira a analizar críticamente los fundamentos filosóficos e intelectuales de Joseph Ratzinger.

En la parte medular del libro, el autor expone que la estrategia cultural de Benedicto XVI se desarrolla bajo tres movimientos conceptuales: “El primero consiste en sustraer a la modernidad su pretendida racionalidad, afirmando que es el cristianismo, y no la Ilustración, el auténtico heredero de la filosofía griega. Ratzinger mueve por segunda vez y pasa a poner de manifiesto las debilidades del concepto moderno de racionalidad a fin de limitar sus pretensiones. Para llevar a cabo el ataque, se alía con la teoría del pensamiento débil, dando un vuelco a su sentido moral y político”. Así se explica cómo la razón que desprecia a las creencias religiosas lleva a la humanidad a experimentar fenómenos sociales como el nazismo, el comunismo totalitario y la decadencia de los valores morales en la actual sociedad relativista que producen infelicidad. Continuamos con la cita: “El jaque, tercer movimiento, se estructura a través de la simple enumeración de las tragedias de los últimos siglos, atribuyéndolas con un determinismo causa-efecto realmente elemental, al pensamiento moderno, esto es, la pretensión del hombre de prescindir de Dios”. Para Ratzinger Europa vive una crisis profunda, culturalmente el relativismo que invita a la tolerancia, a la apertura del otro, a la convivencia con lo diverso puede llevar a la barbarie cuando el relativismo otorga a la razón un valor absoluto que se ufana de la inutilidad de lo mistérico. Por ello debatió con tenacidad la inclusión del cristianismo como identidad en la raíz europea, en la formulación de la Carta Magna de aquel continente.

En el fondo coincido con nuestro autor anónimo al percibir que Ratzinger advierte al mundo que si Occidente no se refunda en Dios, permanecerá prisionero de los tiempos del miedo y de una racionalidad que se decantará en la decadencia de Occidente. Metamorfosis de lo sagrado, diría el español Martín Velasco, o neomedievalismo nostálgico, afirmaría Hans Kung.

*http://www.jornada.unam.mx/2007/09/19/index.php?section=politica&article=026a1pol

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Magdalena Gómez: Triunfo indígena en la ONU

La aprobación de la Declaración de derechos de los pueblos indígenas por la Organización de Naciones Unidas (ONU) es un triunfo inobjetable de los pueblos indígenas del mundo. Su texto proviene de las deliberaciones del Grupo de Trabajo sobre Poblaciones Indígenas que se reunió en Ginebra a partir de 1982 y congregó a buena parte de los líderes que desde entonces estaban involucrados en los movimientos por el reconocimiento de sus derechos. El proyecto de declaración que ahí se elaboró expresa el paraguas programático de las demandas jurídicas de los pueblos indígenas.

En ese proceso participaron muchos y muchas, pero es de justicia destacar el aporte de Augusto Willemsen Díaz, quien desde la ONU realizó el trabajo que después se acreditaría como el Informe Martínez Cobo. Durante más de dos décadas transcurrió el proceso de reconocimientos constitucionales en algunos países, con altibajos en la dimensión y alcance de sus textos.

En 1990 cobró vigencia el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), cuyo carácter vinculatorio establecía una serie de derechos que en algunos casos estaban por encima de los que internamente se habían consignado; sin embargo, todos estaban por debajo del alcance de lo que se estaba planteando en el proyecto de declaración ahora aprobado. Ya anotaba la continuidad en la postura de los estados al ver en los pueblos indígenas y su libredeterminación el fantasma de la balcanización (11 de septiembre de 2007).

Una de las enmiendas al texto de la Declaración aprobado consistió en introducir la limitante en el artículo 46 respecto de que nada del contenido de ese documento permitiría afectación de la integridad territorial de los estados. Lo mismo pasó con la limitante al concepto de pueblos en el convenio 169.

Al revisar las memorias de sus debates encontramos a gobiernos señalándolo como “perjudicial” para la soberanía de los estados, a otros diciendo que podía conducir a la “desintegración” o afectar “la unidad nacional”. Fue condición tajante de los estados para aprobarlo señalar que el concepto de pueblos no tendría implicación alguna en lo que atañe a los derechos que puedan conferirse a dicho término en el derecho internacional. Y eso que en este convenio no se formuló el derecho a la libre determinación.

Otra enmienda significativa a la Declaración es la relativa a que “las actividades militares no deberían tener lugar en las tierras o territorios de los pueblos indígenas, a menos que se justifique por una importante amenaza al interés público relevante o de otra forma acordado libremente con o pedido por los pueblos indígenas”. Se quitó lo de “importante amenaza”, con lo cual se otorgan mayores márgenes discrecionales para tales actividades militares (artículo 30).

Está por verse el trasfondo de la decisión ampliamente mayoritaria, casi unánime, de los estados de aprobar la Declaración, si bien con enmiendas de último momento. Que es un acto de justicia tardía no hay duda. Al margen del diferendo en torno a las enmiendas, las organizaciones indígenas hoy cierran filas en la reivindicación de un logro que les es propio. Así lo han hecho, entre muchas otras, el Consejo de Todas las Tierras, zona mapuche, y la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, la cual anotó: “Todo dependerá del ejercicio de la voluntad política de los jefes de Estado y la participación activa y el ejercicio de los propios pueblos indígenas”.

Lo importante es que la Declaración ya está aprobada y reconoce derechos fundamentales que no cubría el convenio 169 de la OIT en el plano internacional, como es la libre determinación y la autonomía, el consentimiento previo, libre e informado en lugar de la mera consulta, los derechos territoriales, los de propiedad intelectual, etcétera. Sin embargo, la aprobación se logra cuando están presentes signos de crisis y agotamiento de la política de reconocimiento por la falta de justiciabilidad de las normas indígenas hasta ahora vigentes.

Se ha cerrado una etapa y se inicia la que tiene que ver con las posibilidades de impacto y aplicación de un instrumento jurídico que, siendo parte del derecho internacional, no es vinculante. Los pueblos indígenas cuentan ahora con dos instrumentos internacionales con naturaleza y contenidos diferentes, y con ellos y sus normativas nacionales habrán de definir sus estrategias. Para hacerlo deberán ampliar la mira y reconocer que las normas indígenas coexisten con otras, tanto nacionales como internacionales, que no caminan en su lógica. Me refiero a la legislación relativa a privatización de recursos naturales que está impactando a los pueblos indígenas. Tarea compleja, pero la gravedad de la situación de estos pueblos no permite posturas formalistas. Así que no basta atenerse al texto aprobado, con todo y su carácter emblemático, y de ello están muy conscientes los pueblos indígenas del mundo. Hay que razonar el triunfo.
http://www.jornada.unam.mx/2007/09/18/index.php?section=opinion&article=023a2pol

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Robert Fisk: An urge to smash history into tiny pieces

Published: 08 September 2007
What is it about graven images? Why are we humanoids so prone to destroy our own faces, smash our own human history, erase the memory of language? I’ve covered the rape of Bosnian and Serb and Croatian culture in ex-Yugoslavia – the deliberate demolition of churches, libraries, graveyards, even the wonderful Ottoman Mostar Bridge – and I’ve heard the excuses. “There’s no place for these old things,” the Croat gunner reportedly said as he fired his artillery battery towards that graceful Ottoman arch over the Neretva. The videotape of its collapse was itself an image of cultural genocide – until the Taliban exploded the giant Buddhas of Bamian.

And yet there I was earlier this week, staring at another massive Buddha – this time in the Tajiki capital of Dushanbe, only a few hundred miles from the Afghan border. So gently was it sleeping, giant head on spread right hand, that I tiptoed down its almost 40ft length, talking in whispers in case I woke this creature with its Modigliani features, its firmly closed eyes and ski-slope nose. Saved from the ravages of iconoclasts, I thought, until I realised that this karma-inducing god had itself been assaulted.

The top of its head, eyes and nose are intact, but the lower half of its face has been subtly restored by a more modern hand, its long body, perhaps three-quarters new, where the undamaged left hand, palm on hip, lies gently on its upper left leg above the pleats of its original robes. So what happened to this Buddha? Surely the Taliban never reached Dushanbe.

A young curator at Dush-ambe’s wonderful museum of antiquities explained in careful, bleak English. “When the Arabs came, they smashed all these things as idolatrous,” she said. Ah yes, of course they did. The forces of Islam arrived in modern-day Tajikistan in around AD645 – the Taliban of their day, as bearded as their 20th-century successors, with no television sets to hang, but plenty of Buddhas to smash. How on earth did the Bamian Buddhas escape this original depredation?

The Buddhist temple at Vakhsh, east of Qurghonteppa was itself new (given a hundred years or two) when the Arabs arrived, and the museum contains the “work” of these idol-smashers in desperate, carefully preserved profusion. Buddha’s throne appears to have been attacked with swords and the statue of Shiva and his wife Parvati (sixth to eighth centuries) has been so severely damaged by these ancient Talibans that only their feet and the sacred cow beneath them are left.

Originally discovered in 1969 30ft beneath the soil, the statue of “Buddha in Nirvana” was brought up to Dushanbe as a direct result of the destruction of the Buddhas in Afghanistan. Taliban excess, in other words, inspired post-Soviet preservation. If we can no longer gaze at the faces of those mighty deities in Bamian because the Department for the Suppression of Vice and Preservation of Virtue in Kabul deemed them worthy of annihilation, we can still look upon this divinity in the posture of the “sleeping lion” now that it has been freighted up to Dushanbe by the local inheritors of Stalin’s monstrous empire. A sobering thought.

A certain B A Litvinsky was responsible for this first act of architectural mercy. Eventually the statue was brought to the Tajiki capital in 92 parts. Not that long ago, a fraternal Chinese delegation arrived and asked to take the sleeping Buddha home with them; they were told that they could only photograph this masterpiece – which may be the genesis of the “new” Buddha in the People’s Republic.

Needless to say, there are many other fragments – animals, birds, demons – that made their way from the monastery to the museum. And I had to reflect that the Arabs behaved no worse than Henry VIII’s lads when they set to work on the great abbeys of England. Did not even the little church of East Sutton above the Kentish Weald have a few graven images desecrated during the great age of English history? Are our cathedrals not filled with hacked faces, the remaining witness to our very own brand of Protestant Talibans?

Besides, the arrival of the Arabic script allowed a new Tajiki poetry to flourish – Ferdowsi was a Tajik and wrote Shanameh in Arabic – and in Dushanbe, you can see the most exquisite tomb-markers from the era of King Babar, Arabic verse carved with Koranic care into the smooth black surface of the stone. Yet when Stalin absorbed Tajikistan into the Soviet empire – cruelly handing the historic Tajiki cities of Tashkent and Samarkand to the new republic of Uzbekistan, just to keep ethnic hatreds alive – his commissars banned Arabic. All children would henceforth be taught Russian and, even if they were writing Tajiki, it must be in Cyrillic, not in Arabic.

Mustafa Kemal Ataturk was similarly “modernising” Turkey at this time by forcing Turks to move from Arabic to Latin script (which is one reason, I suspect, why modern Turkish scholars have such difficulty in studying vital Ottoman texts on the 1915 Armenian Holocaust). Get rid of the written language and history seems less dangerous. Didn’t we try to do the same thing in Ireland, forcing the Catholic clergy to become hedge-preachers so that the Irish language would remain in spoken rather than written form?

And so the Tajiki couples and the children who come to look at their past in Dushanbe cannot read the Shahnameh as it was written – and cannot decipher the elegant Persian poetry carved on those extraordinary tomb-stones. So here is a tiny victory against iconoclasm, perhaps the first English translation of one of those ancient stones which few Tajiks can now understand:

“I heard that mighty Jamshed the King/ Carved on a stone near a spring of water these words:/ Many – like us – sat here by this spring/ And left this life in the blink of an eye./ We captured the whole world through our courage and strength,/ Yet could take nothing with us to our grave.”

Beside that same East Sutton church in Kent, there still stands an English tombstone which I would read each time I panted past it in my Sutton Valence school running shorts on wintry Saturday afternoons. I don’t remember whose body it immortalises, but I remember the carved verse above the name: “Remember me as you pass by,/ As you are now, so once was I./ As I am now, so you will be./ Remember Death will follow thee.”

And I do recall, exhausted and frozen into my thin running clothes, that I came to hate this eternal message so much that sometimes I wanted to take a hammer and smash the whole bloody thing to pieces. Yes, somewhere in our dark hearts, perhaps we are all Talibans.

© The Independent
* http://news.independent.co.uk/fisk/article2941871.ece

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Iván Restrepo: La tragedia como espectáculo político

Las semanas recientes hemos visto el gran espectáculo protagonizado por las instancias oficiales y los partidos políticos so pretexto de ayudar a las víctimas de los huracanes y las lluvias. Todos a una quieren aparecer en los medios como los primeros en brindar auxilio, comenzando por el propio licenciado Calderón, quien ha sido captado repartiendo despensas casa por casa, pero dejando los problemas en sus colaboradores cercanos y su séquito de seguridad una vez que deja el sitio de la tragedia. La población afectada se sorprende ante la prontitud de la alta burocracia en llegar a visitar la pobreza, pero lamentan la ausencia de los especialistas en prevenir y paliar los desastres. Ofende la actuación de los funcionarios federales y las dirigencias de los partidos Acción Nacional y Revolucionario Institucional repartiendo despensas y promesas que huelen a votos en la reciente elección en Veracruz.

Por su parte, la secretaria de Desarrollo Social y el titular de Agricultura visitan a algunos de los que perdieron haberes y cultivos en Yucatán. Ignoran a la gobernadora, quien protesta por ello. Los funcionarios y los dirigentes del partido que prometió no usar el dinero público con fines electorales superan en mañas al PRI, maestro en esos menesteres.

Estamos en el sexenio donde los problemas se resuelven con declaraciones, herencia del gobierno del señor Fox. Así, el secretario de Agricultura asegura que los precios de los productos del campo no aumentarán pese a la pérdida de miles de hectáreas sembradas; garantiza el abasto de los mismos. Dado que nunca va al supermercado o al tianguis más cercano a su casa, el ingeniero Cárdenas ignora el aumento constante de los precios de los alimentos y también que el efecto de la pérdida de los cultivos básicos se resiente varios años, pues los campesinos que cultivan maíz y frijol no tendrán semilla de buena calidad, seleccionada, para plantar en el próximo ciclo agrícola. Los damnificados por las lluvias en el agro son más de 400 mil.

Hay otras pérdidas: se calculan en más de 2.5 millones las hectáreas de bosques y selvas que sufrieron daño, en especial en reservas naturales de tanta importancia como las de la península de Yucatán. En Quintana Roo, los funcionarios llevan arena a su molino de intereses y reconocen que los daños causados por Dean fueron cuantiosos. Piden más de 2 mil millones de pesos para la reconstrucción, lo que significa contratos y, muy posiblemente, favoritismo a la hora de adjudicar y ejecutar las obras.

Y aunque el ojo del huracán Dean pasó 300 kilómetros al sur de Cancún, alcanzó a mostrar los errores cometidos el año pasado en la recuperación de las playas de ese polo vacacional, tarea en la que el gobierno federal gastó más de 300 millones de pesos. El regidor de Turismo y Ecología de Cancún, Adrián Ferrat, reconoció que el trabajo se hizo mal y que la arena que extrajeron del lecho marino para crear playas regresó a su lugar de origen. De paso criticó a los hoteleros por “no hacer su parte” en la tarea de conservar las playas. En cambio, el gobernador cuestionó a quienes critican lo mal hecho de los trabajos de recuperación. Recomendó a los reporteros mentir: “no pongan que hay problema, porque ustedes viven aquí en Cancún y viven de esta economía y viven de las playas igual que todo el mundo”.

Lo que ningún funcionario podrá tapar con declaraciones es que los huracanes y las intensas lluvias revelaron en toda su magnitud el atraso y la pobreza de millones de familias campesinas, así como la incapacidad de los servicios públicos de las ciudades para captar y desalojar el agua de lluvia. Mientras, se gasta más en promoción de los funcionarios que en el desarrollo de las comunidades indígenas, como se documentó en Quintana Roo. No es el único caso: mientras falta lo indispensable en el campo, del erario sale una suma multimillonaria para celebrar un foro en Monterrey que será flor de un día, motivo para el lucimiento de la alta burocracia política, la elite empresarial local y fuente de corrupción vía contratos y sueldos escandalosos. Siguen las lluvias y aumentan los damnificados.
http://www.jornada.unam.mx/2007/09/10/index.php?section=opinion&article=024a2pol

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Alejandro Nadal: Robert Fisk y la conspiración del 9/11

En un artículo reciente Robert Fisk se queja de que la versión oficial sobre lo acontecido el 11 de septiembre de 2001 deja preguntas sin respuesta (The Independent, 25 de agosto). Vaya, hasta que un periodista importante y con credenciales respetadas en todo el mundo, se atrevió a decirlo. Pero, cuidado, Fisk mantiene su distancia, no sea que lo vayan a confundir con los creyentes de la subcultura de los videntes y aficionados a los platillos voladores. Muy bien, hay que respetar la cautela, pero eso no debe afectar la lucidez.

El prestigiado periodista relata que siempre que habla en público sobre este tema, hay una persona rabiosa que le cuestiona duramente por qué no dice toda la verdad sobre los atentados de ese fatídico día. Fisk le ha respondido que no tiene tiempo para perder hablando de complots imaginarios. “Yo solamente soy el corresponsal en Medio Oriente, no el corresponsal de conspiraciones”.

Según Robert Fisk, el razonamiento decisivo es el siguiente: ¿cómo puede uno creer que el gobierno de la mancuerna Bush-Cheney pudo organizar un complot para ejecutar los atentados del 9/11? Esa mancuerna todo lo arruina y ha metido la pata mil veces. ¿Cómo puede pensarse, insiste Fisk, que fueron capaces de “organizar los crímenes contra la humanidad perpetrados en Estados Unidos el 11 de septiembre”?

Pero, ¿quién dice que todo lo han arruinado? La agenda de la administración Bush-Cheney buscaba, entre otras cosas, el continuo desarrollo de los arsenales nucleares estadunidenses, la destrucción de la Convención de Ginebra en materia de tortura, la limitación severa de los derechos civiles y libertades fundamentales en Estados Unidos, etcétera. ¿Quién dice que no se han alcanzado estos objetivos? Quizás el logro más importante del dúo Bush-Cheney es la manipulación de la opinión pública en Estados Unidos después del 9/11. Eso es lo que explica la re-elección de Bush, un político que interrumpe sus frases, que no sabe nada y que titubea en cada sílaba.

Por supuesto, el corresponsal de The Independent en Medio Oriente se refiere al desastre en Irak. Pero aún ese embrollo estuvo siempre en los planes nefastos de estos personajes para perpetuar la presencia invasora en la región. Después de todo, la noción absurda (compartida por todo político importante en Washington) de que “no podemos salirnos de Irak porque habría una guerra civil” está cimentada precisamente en este caos y desorden. Es más. Hoy Teherán está siendo acusado por la Casa Blanca de ser el responsable de la debacle en Irak. De ese modo, el desastre en Irak serviría para justificar el ataque a Irán en un futuro no muy distante.

El error de Fisk es caer en la trampa de Bush-Cheney. Vamos por partes. La versión oficial sobre el 9/11 es una historia compacta y cerrada: unos individuos fanáticos, armados de cutters comprados en el Wal-Mart, secuestraron aviones de pasajeros y los estamparon contra las Torres Gemelas y el Pentágono; el impacto y el fuego causaron el desplome de los edificios del WTC, provocando un número elevado de muertes.

Esta historieta puede leerse como un guión de televisión. Esa es su única ventaja. Por eso los medios la han podido empacar bien y su venta inicial fue un éxito. Pero tiene un problema: partes esenciales de la historieta no se sostienen cuando se confrontan con un análisis serio.

Robert Fisk ya conoce las críticas más importantes a este relato. Los componentes estructurales de las Torres Gemelas no pudieron ser destruidos por el impacto de los aviones y el fuego. Por eso, la velocidad de caída libre de esos edificios queda inexplicada en la versión oficial. Además, la pulverización de miles de toneladas de concreto no pudo deberse a la energía cinética del derrumbe de las torres (el balance energético del derrumbe necesita una fuente de energía adicional para explicar la pulverización). La torre WTC-7 (de 47 pisos) no recibió el impacto de ningún avión, y sin embargo, se desplomó de manera inexplicable sobre su misma planta, en caída libre, haciéndose polvo la tarde del 9/11. Las altísimas temperaturas en la cavidad del derrumbe no pudieron ser resultado del incendio provocado por el combustible de los aviones y otros materiales en los edificios.

Pero Fisk cae prisionero de una pregunta peligrosa: si el cuento oficial no te satisface, ¿cuál es tu historia? Aquí es donde muchos críticos se pierden.

Es cierto que es difícil imaginar una conspiración capaz de explicar los atentados. Esa es la principal defensa de la versión oficial. Pero no es necesario especular sobre posibles conspiraciones para cuestionar el relato oficial sobre los ataques del 9/11. Es más, es indispensable evitar caer en ese juego de adivinanzas. Lo único que hay que hacer es examinar la evidencia y preguntar ¿qué es lo que sabemos y lo que ignoramos? Y lo que sabemos es que la versión oficial hace agua por todos los costados. Eso debiera tener consecuencias penales en Estados Unidos, pero ese es otro tema. Lo demás es, efectivamente, especulación.
* http://www.jornada.unam.mx/2007/09/05/index.php?section=opinion&article=026a1eco

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Alfred, Lord Tennyson: Fragment of “Ulysses”

Ulysses
[…] Come, my friends,
‘Tis not too late to seek a newer world.
Push off, and sitting well in order smite
The sounding furrows; for my purpose holds
To sail beyond the sunset, and the baths
Of all the western stars, until I die.
It may be that the gulfs will wash us down:
It may be we shall touch the Happy Isles,
And see the great Achilles, whom we knew.
Tho’ much is taken, much abides; and tho’
We are not now that strength which in old days
Moved earth and heaven, that which we are, we are;
One equal temper of heroic hearts,
Made weak by time and fate, but strong in will
To strive, to seek, to find, and not to yield.

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Ma. Eugenia Sánchez Díaz de Rivera*: Crisis sistémica y crisis civilizatoria

Es evidente que las dinámicas macrosociales impactan a las realidades locales y a la vida cotidiana, pero es también evidente que este impacto no ocurre de una manera mecánica ni automática. Hecha esta aseveración, creo que es indispensable no perder de vista el trasfondo planetario para entender algunos aspectos de lo que está ocurriendo a nivel nacional.

¿En qué dinámica están inmersos estos reacomodos de las élites políticas que nos aparecen no sólo crecientemente distanciadas de la base social sino con una tonalidad de cinismo irreverente?

¿Qué hace que la extrema derecha esté intentando construir un partido “más católico” a partir del Movimiento por la Participación Solidaria? ¿Y que Calderón no tenga más fuerza que la que le está dando el Ejército? ¿Y que el PRD se divida respecto a las propuestas de AMLO y unos militantes deseen establecer algún tipo de diálogo con el presidente “espurio”, mientras otros consideran que eso es un deleznable “entreguismo”?

¿Se trata solamente de intereses personales y malévolos de unos y otros?¿ De una perversa lucha por el poder detrás de la cual se frotan las manos los protagonistas nacionales y extranjeros de la acumulación salvaje de capital?

¿Por qué la industria automovilística, la más irracional de todas por lo que supone en consumo de energía, producción de gases de invernadero, pavimentación del planeta, no se orienta de una vez por todas al transporte público en vez de pretender nutrirse en el futuro del alimento humano: maiz y caña?

¿Es solamente la ambición de los jerarcas eclesiásticos por controlar a los feligreses y aumentar su poder lo que los lleva a exigir una “libertad religiosa” que permita una mayor injerencia en los diferentes espacios públicos?

Sin duda que los intereses personales y de grupo son poderosos, que la mala intención es una realidad que la sociología del mal que desarrolla Jeffrey Alexander no logrará desentrañar. Pero en esta ocasión yo quisiera hacer resaltar que la crisis sistémica y la crisis civilizatoria analizadas por diferentes autores (algunos la llaman mutación) que caracterizan a este momento de la humanidad son el resultado de encadenamientos y de andamiajes de largo aliento que es difícil modificar. Y que es necesario, sin abandonar el análisis local y coyuntural, y sin caer en viejos clichés sobre los responsables de nuestros males, reflexionar sobre cómo podemos identificar a la situación que estamos viviendo, qué tipo de acciones, de nuevas habilidades, y de entereza necesitamos para enfrentarla creativamente.

Las categorías son precarias y efímeras por la naturaleza misma de la realidad en la que nos movemos o nos mueve. Modernidad tardía (Giddens), posmodernidad, modernidad líquida (Bauman), modernidad reflexiva (Beck), postglobalización (Touraine), son algunas de tantas que intentan atrapar a fenómenos actuales. Pero yo creo que alguna luz pueden aportarnos los siguientes aspectos para entender la complejidad de los comportamientos arriba mencionados:

1. La ruptura del sistema–mundo, sistema que se fue construyendo de manera polarizada desde el siglo XVI y entró en una crisis severa en la segunda mitad del siglo XX (Wallerstein) explica, en parte, la dinámica caótica de nuestra época. El meollo del sistema–capitalista es la acumulación de capital, acumulación que se ha logrado a partir de la externalización de los costos del llamado “desarrollo” a la naturaleza y a grupos sociales dominados. En el contexto actual esa externalización de costos se está volviendo cada vez más inviable y está conduciendo al resquebrajamiento del sistema mundial. (Concentración creciente de la riqueza, descomposición social, crisis fiscal, inestabilidad financiera etcétera).

2. La reconfiguración de los Estados–nación, que eran unidades en las que confluían el armazón jurídico–político, con el imaginario colectivo de la pertenencia a una nación y con el proyecto societal a construir. La transnacionalización de la economía y del poder, la toma de conciencia del dominio de una cultura sobre otras, han hecho que el estado que antes lograba en mayor o menor grado articular la economía, la política y la cultura, y gestionar los antagonismo de clase, esté ahora imposibilitado a continuar con esas funciones. Lo que ahora se le pide es reforzar su carácter punitivo y policial, y recortar las posibilidades de responder a las demandas sociales de salud, educación, protección de los derechos laborales, culturales y ambientales. (Impacto del TLCAN, rechazo a los Acuerdos de San Andrés, militarización del país etcétera).

3. La ruptura de referentes institucionales y simbólicos que aseguraban la identidad individual y colectiva. La familia patriarcal, heterosexual que vinculaba la relación sexual y la reproducción (ahora es posible la reproducción sin acto sexual); la identidad nacional que hacía que nos sintiéramos miembros de una misma comunidad imaginaria; la religión que hacía que amplios sectores de la población se sintieran protegidos por las verdades absolutas de sus creencias, las ideologías laicas que aseguraban que valía la pena morir por una causa, se han resquebrajado ante la constatación de que la realidad es mucho más compleja, plural, e incierta.

Estas dinámicas que tienen como eje la incertidumbre pueden ayudar a entender por qué el caos político, por qué el aumento de la brecha económica, por qué la tonalidad fundamentalista de la iglesia y de otros grupos, por qué cacicazgos y clientelismo no ceden a un proceso democrático, por qué el miedo está configurando el consumo, los estilos de vida y las políticas públicas.

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*La autora es profesora de la Universidad Iberoamericana Puebla.

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