Olga Harmony: Dos obras de Chéjov

Antes de entrar de lleno en el tema, me gustaría referirme a las alarmantes noticias de los recortes al gasto social y que sin duda repercutirán en el apoyo a las artes, específicamente al teatro que es la materia de mis artículos. Muchos de los más destacados científicos mexicanos se han manifestado en contra de los recortes presupuestales e incluso no han tenido recato para pedir la renuncia de quien encabeza Conacyt, pero los artistas no muestran congruencia similar, y si es bien cierto que la ciencia y la técnica son los resortes para el desarrollo del país, también es verdad que el arte es el rostro con que encarará presente y futuro, por lo que no está de más pedir a las instituciones como Conaculta e INBA que nos hagan saber los presupuestos con que se puede contar para llevar a cabo sus tareas sustanciales.

A la estúpida acometida contra las universidades públicas, que incluye a una UNAM que cuenta con los mayores reconocimientos en México y el extranjero, lo que parece no importar a las autoridades, se suma la amenaza que se cierne contra todo lo que signifique cultura científica y cultura artística. Los que saben de eso ya han indicado que rebajar los insultantes salarios de jueces, funcionarios y hasta legisladores podría tener un impacto en el gasto social. No creo, honestamente, que el INBA y la correspondiente Coordinación Nacional de Teatro luchen por mayores subsidios –como lo hace la UNAM y que repercutirá en sus tareas de difusión cultural– pero también creo que el insolidario gremio de los teatristas debe presionar para que se obtengan, porque en ello les va, literalmente, la vida creativa. Dejar de cuestionarse todo es la muerte del teatro y quienes por comodidad o temor dejen las cosas como están, serán culpables si su quehacer es sustituido por aficionados mediocres que se contenten con cualquier pequeña dádiva.

No muy lejano al tema anterior es hablar del proyecto Teatro en maleta, en el que el grupo formado por Antonio Zúñiga en Uruapan, Michoacán, con el nombre de Puerta al Teatro (sin abandonar su grupo original, Al Borde Teatro de Ciudad Juárez) viaja a diferentes plazas con recursos aportados por diferentes instituciones michoacanas, lo que permite que el grupo madure. En Uruapan, en una antigua factoría pude asistir al inicio de este nuevo proyecto del inquieto Zúñiga con Rompecabeza de su autoría en dirección de Rodolfo Guerrero, con el que presentó en la Muestra Nacional de Teatro del año pasado su obra Mara de su escritura con Al borde teatro y su versión de Los locos de Valencia, esta última con su grupo de Uruapan. Es uno de los teatristas más reconocidos de los estados, autor, director y actor, siempre con propuestas claras y viables y ahora se aleja del tema fronterizo para dar a los actores y actrices –a juzgar por el programa de mano, muchas más actrices que actores– que está formando, la posibilidad de arribar a dramaturgias diferentes ya tenidas por clásicas, como estas dos deliciosas comedias chejovianas que, si mi memoria no me falla, no habíamos visto profesionalmente desde que las dirigió Seki Sano en 1953.

En un pequeño espacio –Espacio urgente 2– del Foro Shakespeare que no conocía y que se muestra ad hoc para estas pequeñas obras de cámara, Antonio Zúñiga y otros dos directores de escena, Abraham Jurado y Matías Álvarez, cuyo quehacer no se especifica, escenifica El oso en el que muestra su buen talante de actor en el papel de Gregory Stepanovich Smirnov, que a veces comparte con Abraham Jurado, y un nutrido grupo de actrices (Sandra Rosales, Ana Talavera, Brenda Estrada, Luisa Fernanda Ortiz y Mariana Gálvez) dobletean el rol de Elena Ivanovna Popova que yo vi con la encantadora Alejandra Garduño que encara con gracia a su maestro, y a Christian Cortés como el sirviente Luka. El mismo Christian Cortés, que dobla con Gustavo Linares, es el pretendiente Iván Vasilievich Lomov en La petición de mano en el que tocó a Mariana Gálvez incorporar con todo acierto a Natalia Stepanovna (que también encarnan Alejandra Garduño, Ana Talavera, Brenda Mayte López y Luisa Fernanda Ortiz) y el actor juarense José Andrade es Stepan Stepanovich Chubukov. El muy apropiado vestuario es de Sergio Ruiz.

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