Sara Lovera: Mujeres en su paso por México. Las roban, apresan y amenazan

En Tapachula hay una estación del Instituto Nacional de Migración (INM), de la que se habla con sigilo. Se la mira como una edificación impenetrable. Se denuncian malos tratos.
El sopor se hace pesado, cae poco a poco la noche. Ya no pasa el tren por estas tierras. Las y los migrantes se descalzan, cuelgan sus ropas en los parajes del camino e intentarán ir a pie. Sólo andan en busca de cambiar su vida.
En la frontera no tienen nombre ni rostro. Las historias se agolpan en el alma. Mariela logró llegar hasta el norte de México. Dejó su testimonio en la Casa del Migrante, como también se conoce a la Posada Belén, en Saltillo, Coahuila. Como las demás, el suyo habla de vejaciones, desamparo y de violaciones sexuales y a sus derechos humanos.
El Padre Pedro Pantoja es el responsable de la Posada Belén, a mil 200 kilómetros de la capital del país. Él sostiene que muchas de las migrantes centroamericanas se hacen fuertes, se vuelven sujetos y ejercen un liderazgo, a pesar del sufrimiento.
La mayoría empieza en Tapachula, una ciudad poco amable, donde no hay oportunidades de empleo, ni cosechas que levantar. Transitan por los caminos sobre las vías del tren. Las roban, las apresan y las amenazan.


Tres de ellas están sentadas en un auditorio donde se analiza su situación. Asienten con la cabeza, dicen a la reportera que se sienten otras, que ahora empiezan a ser personas. Que intentarán cruzar la frontera, de todas maneras.
Escapan de la pobreza, de la violencia en que nacieron, la que las acosa durante años. Algunas huyen de la presión de pareja y quieren otra oportunidad económica. Todas se arriesgan.
A una de ellas, Marisela, la violaron 12 hombres. Hoy, en la Posada Belén, come y se baña. Su rostro no traía sonrisa alguna, sólo tristeza y terror. Golpeada en su brazo por haberse caído del tren, se quedó dormida de cansancio junto a las vías antes de San Luís Potosí, hasta que la despertó un policía con un grito: “¡Quítate toda la ropa, hija de puta!” Ella se desnudó, pero el agente, ya casi con los pantalones abajo, la siguió insultando, porque descubrió que estaba menstruando… le dijo que sentía asco de ella?
Llegó a la Posada del Migrante en febrero, un largo silencio la rodeó durante días. A escondidas, en un rincón muy aislado, contó su historia. “Con grandes sacrificios conseguí dinero para poder hacer el viaje a los Estados Unidos, atravesando México”, dice Marisela.
“Luego de pasar por Tapachula, como no había servicio de trenes, caminamos por el monte. Después de un día y una noche, nos asaltaron como 12 hombres. Nos golpearon y nos robaron todo. Los 12 abusaron de mí. Llegué aquí llena de coraje”, rememora.
María Isabel, de 25 años, casada y con tres hijos, contó que asesinaron a su esposo, que tuvo que viajar días y días, que se trepó en trenes, que está buscando apagar el hambre de sus hijos, que quiere cambiar.
El pasado 8 de mayo, en la Ciudad de México, Martha Villarreal, del Foro Migraciones, exigió al gobierno mexicano que garantice los derechos humanos de la población migrante centroamericana a su paso por este país.
Villarreal afirmó: “La marina, el ejército, las policías municipales e incluso las policías privadas hacen un acoso permanente a los migrantes”. Ellas mismas aseguraron, a través del Foro, que además de ser víctimas de la delincuencia, también sufren vejaciones por parte de las fuerzas de seguridad del gobierno.
El INM informa que 10 mil centroamericanos intentan pasar por México cada semana. Muchos, ellas y ellos, son deportados. Según esa entidad, en 2007 fueron retenidos casi 183 mil indocumentados, la mayoría de los cuales procedían de Guatemala (más de 84 mil) y de Honduras (58 mil).


MUJER SUJETO

A partir de las historias que Natalia sistematizó y Pantoja escucha a diario, se concluye que no todas ellas migran acompañando a los varones de la familia y que, en este tiempo de globalización de la miseria, las mujeres tienen autonomía en la decisión de migrar, aun conociendo toda su vulnerabilidad y los innumerables riesgos a que estarán expuestas.
“La feminización de la migración tiene nuevos aspectos, también las mujeres que se quedan en su país participan en la migración de muchas maneras; pero hay nuevos roles en la migrante”, explica Pantoja.
Ella “está caminando, inspirando, ejerciendo un liderazgo tanto en el camino de la migración como en la conformación y establecimiento de las redes sociales en la comunidad de destino”, dice.
El camino recobra la luz. El sol, aquel día de Tapachula, se posó en el mar de Puerto Madero. Vi de lejos unas mujeres bañándose. Se disponían a caminar hacia el norte.

http://www.lavozdelmigrante.com/notas.php?key=296&fch=2008-06-23


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