Marcela Sanchez:Lo bueno y lo malo de Chávez

Estoy empezando a creer que el Presidente venezolano Hugo Chávez puede tener un efecto tranquilizador en América Latina.

En un momento en que los precios récord del petróleo se están constituyendo en una carga cada vez más grande, el líder del quinto exportador mundial de petróleo está ofreciendo programas de financiación flexibles no solo a su gran aliado en Cuba sino a la mayoría de los países del Caribe y muchos en América Latina. Chávez también promete más empleos e ingresos para la región mediante, por ejemplo, planes de construcción de una refinería por $2500 millones de dólares en el noreste de Brasil y la compra de buques cisterna a Argentina.

La semana pasada, cuando manifestantes paralizaron la producción de petróleo en Ecuador, el segundo proveedor suramericano a Estados Unidos, Chávez salió al rescate. En respuesta a solicitudes de funcionarios ecuatorianos, Chávez aceptó cubrir el compromiso de exportaciones contraído por Ecuador, contribuyendo así a calmar el mercado internacional y a reducir el impacto fiscal del paro en la asediada nación.

¡Cielo santo! Chávez es el Robin Hood moderno y de habla hispana.

Este calificativo suena, desde luego, como una herejía en esta capital. Según funcionarios de la administración Bush, Chávez ejerce en la región la mayor “fuerza negativa” contra la democracia y el libre mercado desde la Guerra Fría. Ha sido acusado de proveer armas a rebeldes colombianos, de financiar grupos en Bolivia y Ecuador que buscan establecer estados “marxistas” y de ser, con la guía del líder cubano Fidel Castro, un “subversivo” para el resto de la región.

La verdad es que Chávez es ambas cosas. Es el Robin Hood que apoya a los pobres con el dinero de los ricos y es el ideólogo que impulsa una agenda anti imperialista y socialista.

Desafortunadamente, la administración Bush ha decidido enfrentar el reto de Chávez desde la segunda perspectiva. Según el punto de vista y la retórica de la administración, Chávez es un comunista, un entrometido y, lo más reprobable, es otro Castro. Y así la administración ofrece soluciones decididamente anticuadas y disecadas que recuerdan a las viejas y fallidas estrategias anticastristas.

En torno a la visita a América Latina del Secretario de Defensa Donald Rumsfeld la semana pasada, el Pentágono emitió una declaración reiterando las preocupaciones estadounidenses sobre la “amenaza” que el eje Cuba-Venezuela representa para la región. Rumsfeld, en su tercera visita a América Latina en 10 meses, pasó por Paraguay y Perú para consolidar el apoyo entre aliados estadounidenses por lo que pareciera ser una política de contención a Chávez.

Este tipo de enfoque unidimensional no le deja ver a los políticos estadounidenses el hecho de que no toda la influencia de Chávez en América Latina es perniciosa y, por detestable que sea, está ofreciendo soluciones a problemas reales de América Latina en formas que Washington no está ofreciendo.

América Latina no está en medio de una Guerra Fría donde movimientos rebeldes de izquierda financiados desde el exterior realizan una guerra de guerrillas contra gobiernos democráticos. En vez de tomar armas y dirigirse a las montañas, una población cada vez más frustrada está volcándose a las calles para demandar que sus líderes electos cumplan lo prometido por las reformas impulsadas desde Washington.

Por mucho que Chávez y Castro quieran llevarse el crédito, y por mucho que funcionarios de Bush quieran dárselo, el hecho es que ese descontento popular es más culpa de la democracia y del libre mercado que de algún eje diabólico.

Así que le corresponde en gran medida a Washington ayudar a estos países a demostrar que el modelo neoliberal democrático estadounidense “es válido, hellip tiene un lado humano y cumple lo que promete”, según John Cope, experto en América Latina de la Universidad Nacional de Defensa.

Es por eso que tanto el Presidente paraguayo Nicanor Duarte como el peruano Alejandro Toledo aprovecharon la visita de Rumsfeld para enviar una súplica urgente a Washington para que amplíe el mercado estadounidense a sus productos. De acuerdo con informes en la prensa paraguaya, Duarte le dijo a Rumsfeld que “América Latina necesita el apoyo de los países desarrollados para afianzar sus economías, porque sin este respaldo las democracias en la región corren el riesgo de fracasar”.

El éxito de las democracias en la región depende de la habilidad de sus economías para reducir la pobreza y la desigualdad, las verdaderas fuentes de resentimiento e inestabilidad. El impacto de Chávez puede oscilar entre polos opuestos–a veces aumentando la inestabilidad, a veces reduciéndola.

Pero mientras la administración Bush continúe obsesionada con el lado destructivo de Chávez, no se concentrará en el arduo trabajo que requiere ayudar a las economías de América Latina a que tengan éxito. Y mientras eluda ese reto, mientras los precios del petróleo sigan altos, Chávez estará más que dispuesto a extenderles una mano.

Artículo original:
http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2005/08/25/AR2005082501419.html

1 Comment

Filed under Blogroll, economy, News, Politics

One response to “Marcela Sanchez:Lo bueno y lo malo de Chávez

  1. Raffaele

    y pensar que chavez le hicieron un muneco para la venta jajajaja de verdad que la gente es fanatica lo vi por casualidad aqui en Venezuela en el portal http://www.compraloenlinea.com.ve en la seccion de colecionables jejejej a lo mejor le hagan tambien la barbie revolucionaria UPSSSS

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