Daily Archives: January 21, 2008

Daniel Campione: Venezuela en perspectiva revolucionaria

La derrota en el referendum sobre la reforma constitucional en Venezuela ha dado lugar a una rica discusión acerca de su evaluación y los modos de resolver la problemática que plantea. En la mayoría de los casos, los interrogantes se dirigen a encontrar el modo de preservar y profundizar las transformaciones sociales a las que han dado lugar los nueve años de gobierno de Chávez en el poder. O lo que es lo mismo, a visualizar cómo afianzar y extender una perspectiva revolucionaria que, a partir del país caribeño, se proyecta sobre nuestro continente.

Al discurrir sobre la derrota se han volcado argumentos explicativos de variado tipo, que van desde críticas al diseño de la campaña hasta fenómenos de corrupción, burocratización e inoperancia al interior del gobierno y de los organismos revolucionarios en general, pasando por la propia concepción y alcance de la reforma constitucional. También han ocupado un lugar importante los alertas sobre la falta de solución a los problemas concretos de la población, como el abastecimiento alimenticio, las carencias en materia de vivienda, la inseguridad, el deterioro de las “misiones”. Y aquí y allá brotaron las advertencias sobre la creación de estratos privilegiados que se enriquecen mientras corean consignas revolucionarias.

Ese conjunto de factores seguramente jugó cada uno su papel, pero creemos que a ellos subyace algo más sustantivo, estructural, cuya comprensión es indispensable para analizar lo transcurrido y apuntar estratégicamente en dirección del futuro: La revolución bolivariana, como otros procesos progresivos latinoamericanos, está atravesada ella misma, su gobierno, su militancia, sus cuadros dirigentes, por la lucha de clases. Ese conflicto se proyecta, sin determinarla por completo, a la coexistencia entre concepciones diferentes, si no opuestas, de construcción política y social, al interior del propio poder “chavista”.

Esto quiere decir que junto con una visión anticapitalista, basada en la iniciativa popular, radical en su concepción de la democracia de abajo hacia arriba, anidan en el proceso revolucionario tendencias proclives a coexistir indefinidamente con el capitalismo (o más pudorosamente economía de mercado) y a mantenerse en los cauces de la democracia representativa tradicional. Y esa diferencia decisiva no cursa por aceptar o no la denominación de socialista para el proceso, o por estar a favor o en contra de determinada nacionalización. Más bien atiende a si se asigna o no un lugar protagónico a las clases populares conscientes y organizadas; si se apunta consecuentemente a una transformación radical de las relaciones sociales. o sólo se aspira a la redistribución de la riqueza, la inclusión social y demás tópicos que, asumiéndolo explícitamente o no, dejan incólume la sustancia de la explotación capitalista.

Han brotado luego del referendum los llamados a la reconciliación, desde la oposición y sectores del oficialismo. La amnistía presidencial que acaba de beneficiar a partícipes del golpe de abril de 2002 y otros atropellos, y algunas declaraciones presidenciales, indican cierta propensión a aceptar ese rumbo desde la cúspide del aparato estatal. Esto podría avanzar hacia su consumación si se busca una política de pactos con los partidos opositores y se procura la alianza con una sedicente “burguesía nacional”.

Habría que entender que la base para “reconciliarse” no puede ser otra que el estancamiento o el retroceso del proceso revolucionario, con la oposición en puja permanente por convertir el parate en reversión total, en desplazamiento del “chavismo” del poder, en retorno a una “normalidad” vaciada en el molde de la Colombia de Uribe o el México de Calderón. En el mejor de los casos quedaría en pie una política exterior moderadamente nacionalista, y cierto rumbo “desarrollista” de la economía. Vale decir, lo compatible con el umbral de tolerancia del núcleo de las clases dominantes y el imperialismo norteamericano para procesos “progresistas” en la región.

Allí está, sin embargo, el camino opuesto, aquél que en lugar de negociaciones o conciliación con gran capital y oposición, se dirija a ampliar la base social en las clases subalternas de la revolución bolivariana. A afianzar la identificación entre el proceso revolucionario, el rumbo estratégico que ha venido marcando el presidente Chávez, y las masas movilizadas y conscientes. Eso requiere la acentuación y extensión de todas aquellas medidas que mejoren el nivel de vida, junto con el compromiso y organización política de las clases populares. Y ello conlleva asumir que, más temprano que tarde, se confrontará con los intereses del gran capital local y extranjero, llegando a un nivel de no retorno, a un punto de definiciones para los que sustentan tomar un cauce “moderado”. Esto no se define a través de una reforma constitucional o de cualquier otra iniciativa legal. Requiere la construcción de poder social desde las clases subalternas, la concentración de una capacidad contrahegemónica que cohesione y consolide el poder popular al mismo tiempo que debilite y en última instancia destruya, al poder de las clases dominantes. Es una batalla económica, política, social y cultural, que no puede emprenderse exitosamente sin una reforma intelectual y moral en el interior del propio “chavismo”. Más temprano que tarde, se debe asumir que la propiedad privada de los principales medios de producción y las instituciones estatales construidas para mantener el poder de las clases populares limitado a la expresión periódica del sufragio, son por igual incompatibles con una transformación social radical.

Está claro que esa confrontación debe sostenerse, en decisiva medida, en organizaciones de base, conscientes y activas, que tengan todo que ganar en la radicalización revolucionaria, que puedan y quieran avanzar en la construcción de un poder político de nuevo tipo, que concluya por destruir las bases del antiguo estado, corroído por viejos y nuevos fenómenos de burocratismo y privilegio. Ellas pueden abrevar en las mejores páginas del proceso revolucionario venezolano, como han sido la exitosa resistencia popular a la tentativa de golpe, o al boicot económico. Y convertir las consignas gubernamentales de revisión, rectificación y reimpulso, lanzadas después del revés electoral, en un vigoroso torrente que desde abajo cohesione y amplíe el campo de los que están decididos a terminar con la explotación, la desigualdad y la injusticia.
Si la revolución venezolana arriba a victorias decisivas, a transformaciones irreversibles, la potencia expansiva de su ejemplo prestaría un envión importante a procesos como el boliviano, el ecuatoriano, y otros que puedan gestarse en el futuro cercano. América Latina vive una oportunidad histórica en cuanto a la posibilidad de encarnar una profunda desmentida al predominio absoluto e indefinido del poder del capital. El lugar que ocupa el trayecto a seguir por Venezuela en esa perspectiva es, a todas luces, decisivo.

* Argenpress
* http://www.argenpress.info/nota.asp?num=051121&Parte=0

Leave a comment

Filed under Blogroll, Columns, Politics

Daniel Campione: Venezuela en perspectiva revolucionaria

La derrota en el referendum sobre la reforma constitucional en Venezuela ha dado lugar a una rica discusión acerca de su evaluación y los modos de resolver la problemática que plantea. En la mayoría de los casos, los interrogantes se dirigen a encontrar el modo de preservar y profundizar las transformaciones sociales a las que han dado lugar los nueve años de gobierno de Chávez en el poder. O lo que es lo mismo, a visualizar cómo afianzar y extender una perspectiva revolucionaria que, a partir del país caribeño, se proyecta sobre nuestro continente.

Al discurrir sobre la derrota se han volcado argumentos explicativos de variado tipo, que van desde críticas al diseño de la campaña hasta fenómenos de corrupción, burocratización e inoperancia al interior del gobierno y de los organismos revolucionarios en general, pasando por la propia concepción y alcance de la reforma constitucional. También han ocupado un lugar importante los alertas sobre la falta de solución a los problemas concretos de la población, como el abastecimiento alimenticio, las carencias en materia de vivienda, la inseguridad, el deterioro de las “misiones”. Y aquí y allá brotaron las advertencias sobre la creación de estratos privilegiados que se enriquecen mientras corean consignas revolucionarias.

Ese conjunto de factores seguramente jugó cada uno su papel, pero creemos que a ellos subyace algo más sustantivo, estructural, cuya comprensión es indispensable para analizar lo transcurrido y apuntar estratégicamente en dirección del futuro: La revolución bolivariana, como otros procesos progresivos latinoamericanos, está atravesada ella misma, su gobierno, su militancia, sus cuadros dirigentes, por la lucha de clases. Ese conflicto se proyecta, sin determinarla por completo, a la coexistencia entre concepciones diferentes, si no opuestas, de construcción política y social, al interior del propio poder “chavista”.

Esto quiere decir que junto con una visión anticapitalista, basada en la iniciativa popular, radical en su concepción de la democracia de abajo hacia arriba, anidan en el proceso revolucionario tendencias proclives a coexistir indefinidamente con el capitalismo (o más pudorosamente economía de mercado) y a mantenerse en los cauces de la democracia representativa tradicional. Y esa diferencia decisiva no cursa por aceptar o no la denominación de socialista para el proceso, o por estar a favor o en contra de determinada nacionalización. Más bien atiende a si se asigna o no un lugar protagónico a las clases populares conscientes y organizadas; si se apunta consecuentemente a una transformación radical de las relaciones sociales. o sólo se aspira a la redistribución de la riqueza, la inclusión social y demás tópicos que, asumiéndolo explícitamente o no, dejan incólume la sustancia de la explotación capitalista.

Han brotado luego del referendum los llamados a la reconciliación, desde la oposición y sectores del oficialismo. La amnistía presidencial que acaba de beneficiar a partícipes del golpe de abril de 2002 y otros atropellos, y algunas declaraciones presidenciales, indican cierta propensión a aceptar ese rumbo desde la cúspide del aparato estatal. Esto podría avanzar hacia su consumación si se busca una política de pactos con los partidos opositores y se procura la alianza con una sedicente “burguesía nacional”.

Habría que entender que la base para “reconciliarse” no puede ser otra que el estancamiento o el retroceso del proceso revolucionario, con la oposición en puja permanente por convertir el parate en reversión total, en desplazamiento del “chavismo” del poder, en retorno a una “normalidad” vaciada en el molde de la Colombia de Uribe o el México de Calderón. En el mejor de los casos quedaría en pie una política exterior moderadamente nacionalista, y cierto rumbo “desarrollista” de la economía. Vale decir, lo compatible con el umbral de tolerancia del núcleo de las clases dominantes y el imperialismo norteamericano para procesos “progresistas” en la región.

Allí está, sin embargo, el camino opuesto, aquél que en lugar de negociaciones o conciliación con gran capital y oposición, se dirija a ampliar la base social en las clases subalternas de la revolución bolivariana. A afianzar la identificación entre el proceso revolucionario, el rumbo estratégico que ha venido marcando el presidente Chávez, y las masas movilizadas y conscientes. Eso requiere la acentuación y extensión de todas aquellas medidas que mejoren el nivel de vida, junto con el compromiso y organización política de las clases populares. Y ello conlleva asumir que, más temprano que tarde, se confrontará con los intereses del gran capital local y extranjero, llegando a un nivel de no retorno, a un punto de definiciones para los que sustentan tomar un cauce “moderado”. Esto no se define a través de una reforma constitucional o de cualquier otra iniciativa legal. Requiere la construcción de poder social desde las clases subalternas, la concentración de una capacidad contrahegemónica que cohesione y consolide el poder popular al mismo tiempo que debilite y en última instancia destruya, al poder de las clases dominantes. Es una batalla económica, política, social y cultural, que no puede emprenderse exitosamente sin una reforma intelectual y moral en el interior del propio “chavismo”. Más temprano que tarde, se debe asumir que la propiedad privada de los principales medios de producción y las instituciones estatales construidas para mantener el poder de las clases populares limitado a la expresión periódica del sufragio, son por igual incompatibles con una transformación social radical.

Está claro que esa confrontación debe sostenerse, en decisiva medida, en organizaciones de base, conscientes y activas, que tengan todo que ganar en la radicalización revolucionaria, que puedan y quieran avanzar en la construcción de un poder político de nuevo tipo, que concluya por destruir las bases del antiguo estado, corroído por viejos y nuevos fenómenos de burocratismo y privilegio. Ellas pueden abrevar en las mejores páginas del proceso revolucionario venezolano, como han sido la exitosa resistencia popular a la tentativa de golpe, o al boicot económico. Y convertir las consignas gubernamentales de revisión, rectificación y reimpulso, lanzadas después del revés electoral, en un vigoroso torrente que desde abajo cohesione y amplíe el campo de los que están decididos a terminar con la explotación, la desigualdad y la injusticia.
Si la revolución venezolana arriba a victorias decisivas, a transformaciones irreversibles, la potencia expansiva de su ejemplo prestaría un envión importante a procesos como el boliviano, el ecuatoriano, y otros que puedan gestarse en el futuro cercano. América Latina vive una oportunidad histórica en cuanto a la posibilidad de encarnar una profunda desmentida al predominio absoluto e indefinido del poder del capital. El lugar que ocupa el trayecto a seguir por Venezuela en esa perspectiva es, a todas luces, decisivo.

* Argenpress
* http://www.argenpress.info/nota.asp?num=051121&Parte=0

Leave a comment

Filed under Blogroll, Columns, Politics

Gerardo Fernández Casanova: ¿Borrar la historia?

Una de las características aberrantes de la tecnocracia en el poder, es su pretensión de borrar la historia o, en último término, de enmendarla. Es también una de las razones por las que llevamos un cuarto de siglo dando palos de ciego, aplicando recetarios que nada tienen que ver con la realidad, los que solamente han servido para ahondar la zanja que marca la diferencia entre lo que somos y lo que anhelamos ser. El tecnócrata, sea en México o en la Conchinchina, al no encontrar asideras para sustentar sus recetarios, simplemente los trata de imponer como dogmas. Es un dogma, por ejemplo, el concepto de que el libre juego de las fuerzas del mercado es el único antídoto contra la pobreza; como también es dogmática la determinación de la necesidad de crear el mercado energético, eliminando la intervención del estado; por sólo mencionar ejemplos. No de otra manera se puede entender la falta de interés de la tecnocracia para debatir sobre sus postulados; se asumen dueños de la verdad y califican de ignorantes a quienes se les oponen.

El caso del campo mexicano es emblemático del afán antihistórico cuyo resultado, a todas luces, ha sido su crisis ya crónica. Dicho afán se manifiesta en dos vertientes, ambas igualmente erróneas: la más socorrida por los modernistas se refiere al aprovechamiento “eficaz” de las ventajas comparativas, según el cual si resulta más barato producir maíz y granos básicos en los Estados Unidos, habrá que importarlo en beneficio de la población consumidora y, a cambio, exportar bienes para los que se cuente con mayor ventaja en su producción local, como sería el caso de las frutas, las flores y las hortalizas de invierno. Lo que en la teoría suena lógico choca con la terquedad práctica: esas frutas, flores y hortalizas de invierno no pueden satisfacer la necesidad de alimentación de los mexicanos, la que, entonces, queda a merced de las veleidades o intencionalidades del oferente extranjero. El caso es claro en el presente: un movimiento de la demanda de maíz estadounidense hacia la producción de combustibles, prov
oca un alza desmedida en el precio del principal alimento de la población, para la que el mercado no ofrece una alternativa compensatoria. El resultado se llama hambre para un amplio sector de la sociedad. En la historia de todos los pueblos, desde la Biblia hasta el Popol Vuh, la seguridad alimentaria ha sido el condicionante de su desarrollo. La alimentaria es elemento sustancial de la soberanía de las naciones.

La otra vertiente, igual de errónea, considera que el objetivo nacional debe ser alcanzar la competitividad en la producción doméstica de granos para igualarla a la de Norteamérica, lo que implica crear aquí las mismas condiciones que allá se registran. Por principio de cuentas, la naturaleza se obstina en no querer modificarse, por ejemplo, para que aquí dispongamos de las enormes superficies planas y del clima que las hace fecundas; la nieve de invierno que elimina plagas y humedece la tierra es un factor inimitable. A lo anterior habrá que agregar los factores social y cultural: la conquista española conservó a la población autóctona para explotar su mano de obra, en tanto que la colonización anglosajona la eliminó para explotar directamente la tierra (con excepción del sur esclavista). Esto marca una diferencia abismal entre ambas culturas que se refleja en la presión sobre la tenencia de la tierra que, en México fue causa de una revolución y una profunda reforma agraria. El intento de ignorar la historia llevó a Salinas de Gortari a postular la contrarreforma agraria en 1992 y a la pretensión de descampesinizar el campo, proyecto que, además de fracasar, ha sido un verdadero genocidio. En la mayor parte del territorio nacional se vive en condiciones de miseria, para la que las únicas alternativas son la siembra de estupefacientes o la emigración con sus secuelas de muerte.

Igualmente se intenta borrar la historia en la materia del petróleo y, en general, de la energía. El porfiriato y sus “científicos” precursores de los actuales tecnócratas, fincó su proyecto de país en la entrega de los recursos naturales a la explotación por particulares, principalmente extranjeros. La Independencia y la Reforma dejaron intacta la forma de explotación de los recursos, por la que los mexicanos sólo observaban como la riqueza del país fluía a las metrópolis dejando sólo miseria en esta tierra, pero además sometiendo la soberanía a los caprichos de los empresarios mineros y petroleros, lo cual constituyó el otro causal del movimiento revolucionario de 1910, que derivó en la Constitución de 1917 y sus disposiciones de preservación de los recursos naturales para ser propiedad de la nación y su aprovechamiento en beneficio del pueblo. Costó mucha sangre lograr tales conquistas mínimamemente soberanas. Hoy se pretende, sin argumento real que lo respalde, devolver a los extranjeros lo que con tanto esfuerzo se recuperó.

También fue motivo de la lucha revolucionaria de principios del siglo XX, la conquista de condiciones humanas en el trabajo. Las huelgas de Cananea y de Río Blanco y la represión autoritaria porfirista alimentaron al descontento que luego estallaría. No fue gratuita la incorporación del derecho social al trabajo digno al texto constitucional; también costó sangre de mexicanos. La semana pasada se repitió la historia. El régimen neoporfirista y fraudulento arrasó con el derecho de huelga en la misma mina de Cananea, en repetición centenaria de aquel preludio de la guerra. Ni por ese prurito se abstuvieron. Tampoco los que, a la manera de Porfirio Díaz, se hicieron del poder por la vía del fraude electoral, repitiendo la historia.

No soy de los que ven la historia como una sucesión de ciclos en los que las fechas y los acontecimientos se repiten, pero la terquedad de los tecnócratas neoliberales parece empeñada en provocar un 2010 sangriento, para cumplir con la celebración centenaria.

Antes de que la sangre corra, los mexicanos seguimos apostando a la movilización pacífica. En las próximas semanas seremos testigos de los atentados contra la soberanía energética y contra las conquistas en materia laboral. La convocatoria de Andrés Manuel de no permitirlas va en serio. Paradójicamente, la movilización tendrá que convertirse en paro nacional. No hay de otra.

* Argenpress
* http://www.argenpress.info/nota.asp?num=051122&Parte=0

Leave a comment

Filed under Blogroll, Columns, Essay, Politics, Resistance

Abel Samir: El reciente viaje de Bush a Oriente Medio: ¿crear un frente político-militar antiiraní?

nte vive sin recurrir a la violencia para dirimir sus dificultades o diferencias. Pero Bush intenta separar ambas corrientes y ponerlas una contra la otra para obtener dividendos favorables a su geopolítica en Oriente Medio.

En Irak esta política le ha dado un cierto resultado positivo toda vez que el actual gobierno pronorteamericano a pedido de USA permitió el regreso a los cargos públicos de las personas sunitas que antes formaban parte del aparato administrativo y burocrático del gobierno de Sadam. Esa era, en parte, la estrategia que llevaba Bush para lograr disminuir la resistencia armada en Irak contra las tropas invasoras. Sin lugar a dudas que el extremismo religioso de Al Kaeda influyó también en que muchos grupos de resistencia integrados por sunitas se volcasen contra esta organización recibiendo de parte de USA armas y dinero, dada la cesantía y la pobreza general en la que está hoy sumida la población de ese país. Era también de interés norteamericano que los sunitas cesaran de resistir militarmente y que aceptasen la ocupación. Al parecer, una parte importante de los sunitas han dejado de atacar a los marines y se han enfrascado en luchas contra los integrantes de Al Kaeda que, hoy por hoy, no constituye una fuerza pequeña, sino más bien fuerte y muy bien organizada. Además, existen todavía sectores sunitas que son sus aliados dentro y fuera de Irak. Sin el apoyo sunita Bush se ve imposibilitado de agredir a Irán. Piensa que neutralizados los sunitas, las posibilidades de resistencia los marines de los combatientes chiítas sería menor y tendría más tropas con las manos libres para emplearlas eventualmente contra Irán.

En un principio, el mejor apoyo a su política en Irak provenía tanto de los kurdos como de los chiítas del sur que integraron el gobierno actual. Posteriormente, una parte importante de los chiítas continuó resistiendo a los invasores y, sin lugar a dudas, de alguna forma son apoyados por Irán, aunque no hay pruebas de que ese apoyo sea mediante armas, explosivos y municiones. La influencia de Irán en el sur de Irak es grande y muy difícil de erradicar. En una guerra contra Irán, esa gente se volcará a apoyar activamente a ese país. Se transformarán en una quinta columna dentro del territorio iraquí contra los marines norteamericanos. La lucha guerrillera se intensificará indudablemente. Y allí está la importancia que los norteamericanos le dan a los combatientes sunitas, ex-miembros de la Guardia Republicana. Les interesa el apoyo de los sunitas iraquíes para neutralizar a los chiítas proiraníes. Esta es una de las razones que determinan la persistencia de fuerzas de ocupación norteamericanas hoy en Irak, aunque se hable de una pronta disminución, pero no de un término de la ocupación.

La visita de Bush pasa por tratar de convencer a sus aliados árabes (en su gran mayoría compuestos por estados monárquicos antidemocráticos) de participar en un frente unido contra Irán. Bush sostiene que Irán es hoy y también en el futuro el peligro mayor que existe en Oriente Medio. ¿De cuál peligro se trata? ¿Qué Irán produzca la bomba nuclear y la emplee contra sus enemigos, especialmente Israel? Cualquier político o militar con conocimientos en la materia y medianamente inteligente sabe que una guerra atómica no es posible cuando ambos bandos poseen esas terribles armas del fin del mundo. Y en esa zona Israel es una potencia nuclear, además de las armas nucleares que poseen sus aliados Inglaterra, Francia y USA. Es totalmente absurdo siquiera pensar que los iraníes, así desarrollen el arma nuclear, vayan a hacer uso de ella. Eso sería el fin del mundo. Y los iraníes son gente bastante inteligente como para no dar ese paso. Pero, por otro lado, el poseer el arma nuclear y misiles de larga distancia es como un seguro de vida para no ser agredido ni por Israel, USA o alguno de sus aliados.

Pero, ¿qué teme USA realmente? El temor está en que Irán se fortalezca demasiado y se desarrolle a tal nivel tecnológico que sea imposible someterla a la política de dominio que desarrolla USA. Y USA necesita dominar los Estados de esa importante zona estratégica, tanto por ser la puerta de Asia como por ser una zona rica en energéticos, los cuales se hacen más necesarios para la economía de USA y mundial. El cierto grado de recesión económica alcanzado actualmente por USA puede agravarse si el precio del petróleo sigue subiendo. Ya declaró Bush que va a conversar con los empresarios saudíes sobre el elevado precio del crudo que hace sufrir la economía norteamericana. Y USA debe asegurarse de que el petróleo siga llegando a ese país por largo tiempo y a un precio más bajo. Irán boicotea el dólar norteamericano contribuyendo directamente a su caída. Además, Irán hasta ahora no ha demostrado deseos de someterse a la política norteamericana y lleva una política independiente que no es del agrado de USA. Asimismo, Irán está cayendo más bajo la influencia geopolítica de Rusia y de China, lo que debilita la posición norteamericana lograda gracias al derrumbe de la URSS que tenía tanta influencia en esa zona en la década de los setenta del siglo pasado. La lucha de las grandes potencias por dominar al mundo no ha terminado como se dice normalmente. USA quiere asegurarse el dominio absoluto de la Tierra, así sea directa o indirectamente. Indirectamente a través de Estados aliados o Estados sometidos. El corazón de Europa está en litigio. Una vez sostuve en un artículo sobre la integración latinoamericana que la UE llamaría a la puerta de Ucrania y Georgia. Y ya en Georgia la gente junto con elegir al nuevo gobierno, votaron recientemente por una gran mayoría solicitar el ingreso a la OTAN. Un paso muy preocupante para Rusia que va perdiendo terreno en el Mar Negro. Sin duda que hay en todo esto razones geopolíticas que no se pueden desestimar. La “Guerra Fría” supuestamente terminó, pero en la práctica sigue existiendo, porque hay un duro bregar por dominar zonas importantes, sobre todo las zonas productoras de minerales estratégicos como el uranio y los energéticos.

Indudablemente que la situación en Oriente Medio es cada vez más compleja. Si bien es cierto en Irak USA ha logrado un cierto respiro, el problema de Líbano Y Palestina está que arde. Y ya no se trata simplemente de chiítas contra sunitas. De hecho Hamás (un movimiento sunita) es apoyado por Irán, así como Hizbollá de Líbano que es chiíta. En Siria conviven los chiítas y los sunitas en armonía y la mayoría son antinorteamericanos y antiisraelíes.

Pero el esfuerzo de Bush no ha logrado resultados muy positivos. Si bien es cierto le ha prometido una gran venta de armas a su principal aliado árabe, Arabia Saudita (con gran preocupación de parte de Israel), el príncipe y primer ministro de ese país, Saud Al-Faisal, ha dicho que tiene grandes reservas sobre la provocación de Irán enunciada por Bush. Además ha manifestado que el problema nuclear de Irán no puede ser solucionado ni por Arabia Saudita ni por Francia. Ahora eso es lo manifestado por él, pero no sabemos hasta dónde está dispuesto a apoyar a Bush en su próxima aventura en la zona. Afirma que la negativa de Irán de someterse a los dictados de las NU, que no es otro que la política impuesta por USA, es contrario a los intereses de la zona.

* Argenpress
* http://www.argenpress.info/nota.asp?num=051072&Parte=0

Leave a comment

Filed under Blogroll, Columns, Politics, Projects

La Jornada: Refrenda Papa negro compromiso con marginados de globalización

Roma, 20 de enero. El nuevo superior general de los jesuitas, el español Adolfo Nicolás, reiteró este domingo en Roma el compromiso de la mayor orden religiosa católica de defender a los “pobres, marginados y manipulados, a los excluidos de la globalización”.

El religioso, de 71 años, elegido el sábado prepósito general de la compañía de Jesús, un cargo popularmente conocido como el de Papa negro, ilustró la dirección que dará a la influyente congregación en la primera misa que celebró tras su elección.

“Nuestro mensaje es el de la salvación. Es un mensaje universal, no se puede reducir a un país, a naciones geográficas, porque hay otras comunidades humanas, la de los pobres, marginados, manipulados, son los excluidos de la globalización. Esa es mi nación”, dijo.

Nicolás, el vigesimonoveno sucesor de san Ignacio de Loyola, presidió la misa en la Iglesia del Jesús, donde reposan las reliquias del santo fundador, en 1540, de la mayor orden católica y también la más abierta y a la vez más rebelde a las normas del Vaticano, con el que históricamente ha tenido numerosas fricciones.

Los diarios en estos días juegan con muchos clichés. Que el Papa negro, que el Papa blanco, poder, rumores. Nosotros estamos aquí para servir a Dios, a la Iglesia y al mundo, ésa es la misión de los jesuitas”, comentó.

El nuevo superior general, que se dirigía a los cerca de mil asistentes en lenguaje directo y simple, es considerado un excelente comunicador, moderno y progresista. “Ayer, después del shock de mi elección, alguien me susurró: no te olvides de los pobres. Eso es lo más importante”, reconoció.

El religioso considera que la congregación se encuentra ante un importante desafío y que tiene que interrogarse sobre “cuáles son las naciones humanas, no geográficas, a las que hay que dedicar la mayor atención y energía para anunciar la salvación”, afirmó. A la liturgia asistieron unas mil personas, entre ellos tres cardenales jesuitas, Tomas Spidlik, Urbano Navarrete y Roberto Tucci.

Buena parte de los 217 delegados con derecho a voto, en representación de los casi 20 mil jesuitas del mundo, eligieron por mayoría, y en el segundo escrutinio, a Nicolás, quien remplaza a Peter Hans Kolvenbah, el cual renunció al cargo –a pesar de ser vitalicio– después de 25 años al frente de la Compañía por razones de edad.

“El hecho de que el padre Nicolás reitere la defensa de los pobres no constituye una novedad. Ésa es la línea de la congregación desde 1974. Pero que hable de marginados y excluidos resulta más interesante, porque ello siempre ha generado problemas a la congregación, sobre todo en América Latina”, comentó el francés Hervé Hyannou, autor de un libro sobre esa comunidad religiosa.

Las sanciones dictadas por el Vaticano contra los jesuitas, precursores del diálogo interreligioso y del compromiso con los más pobres, mitigaron las iniciativas más osadas que siguieron al Concilio Vaticano II (1962-1965), que tenía como objetivo revolucionar a la Iglesia.

* La Jornada
* http://www.jornada.unam.mx/2008/01/21/index.php?section=sociedad&article=040n1soc

Leave a comment

Filed under Blogroll, News, Projects, Religion, Resistance