Blanche Petrich y Hermann Bellinghausen: El EZLN y juntas de buen gobierno, una alternativa: activistas internacionales

San Cristóbal de las Casas, Chis., 15 de diciembre. Frente al vocero e ideólogo del zapatismo el subcomandante Marcos, un teórico de los movimientos de resistencia belga, Francois Houtart, y dos organizadores de movimientos de masas, Ricardo Gebrim, del Movimiento de los Sin Tierra (MST) de Brasil, y Peter Rosset, de Vía Campesina, reconocieron en el Ejército Zapatista de Liberación Nacional y sus juntas de buen gobierno la alternativa del futuro para construir “desde abajo y sin entrar a un callejón sin salida” nuevas formas de lucha para enfrentar el capitalismo y sus efectos de destrucción sobre la tierra y el trabajo.

Fue en la tercera jornada del Coloquio Internacional en Memoria de Andrés Aubry, el intelectual francés que hace décadas arraigó en tierras chiapanecas y que ha sido, para todos los ponentes, un referente clave de su estudio y aprendizaje. Este sábado a mediodía, siempre con abundante concurrencia en la boscosa sede de la Universidad de la Tierra, a orillas de esta ciudad, se habló de las opciones para el socialismo del siglo XXI y de la forma como el proceso de las autonomías zapatistas o del “antilulista” MST se enfrentan por partida doble al nuevo embate del capital, en el que todo se compra y se vende, incluidas las personas y la naturaleza, y a las contradicciones propias de las nuevas y viejas izquierdas.

Al calor de las conferencias, Houtart, con todo tacto, puso el dedo en un renglón que parece dejar cabos sueltos y, al mismo tiempo, incomodar a algunos: la abierta animadversión del subcomandante hacia los amarillos, los perredistas.

Fue a propósito de lo que el sacerdote belga de la Universidad de Lovaina y secretario del Fórum Mundial Alternativo planteaba como el desafío de poder mediar y conciliar entre el “optimismo antisistémico y la necesidad de institucionalizar las rebeliones”. Y abordó el espinoso tema desde Brasil y Nicaragua. “Fue duro, para los movimientos en resistencia de esos países decidirse a votar por Luiz Inacio Lula da Silva o por el Frente Sandinista, a pesar de sus desviaciones, para evitar el avance de la derecha, tanto en lo interno como en lo regional. Con todo respeto me pregunto si en México un razonamiento parecido nos hubiera podido evitar a un gobierno de derecha e ilegítimo”. Cauteloso remató: “es solo una interrogante”.

La pregunta no quedó sin respuesta por parte de Marcos, con el mismo tacto. Cuando tocó su turno en la palabra recordó que cuando los zapatistas critican a los gobernantes y líderes del PRD “no estamos hablando de personas en particular. Estamos hablando de nuestros verdugos, nuestros perseguidores.” Y reiteró un tema que ha abordado muchas veces antes. “Si nosotros hubiéramos apoyado la opción de derecha, hoy estaríamos en un gran bajón. Nosotros sólo alcanzamos a intuir lo que pasaba.”

Houtart, el primer orador, habló del fracaso del socialismo del siglo XX, “que tuvo que caminar con las piernas del capitalismo” y que no logró mínimas premisas, como el desarrollo del uso sustentable de los recursos, privilegiar el valor de uso por encima del valor de cambio, crear una democracia generalizada y permitir la multiculturalidad. Estos son, añadió, algunos de los ejes del socialismo del siglo XXI que, advirtió además, “no podrá ser logrado por decreto”. Por el contrario, concluyó, las luchas antisistémicas deberán no sólo criticar sino contratacar “los procesos de acumulación y su efecto destructivo de la tierra y el trabajo.”

Ricardo Gebrim, de Brasil, apuntó que cuando en 2002 el conjunto de la izquierda brasileña alcanzó tocar su sueño –“Lula la”, Lula allá, en el poder– se agotó el ciclo en el que todos creían que empezaría la transformación y empezó la decepción. “Lula nunca se propuso contruir una fuerza social del cambio”. Pese a la frustración, añadió, 25 años de lucha no se desmontan tan fácil y una parte de esa izquierda, el MST, han iniciado un nuevo ciclo reconociendo “que la democracia electoral es un mecanismo de reproducción del imperialismo”.

Citó la experiencia bolivariana de Venezuela como “la conquista de una acción insurgente por la vía electoral”, y la de Bolivia, “mucho más clara aún, de una acción insurreccional que combinó su movilización con la lucha institucional”. Explicó la nueva fase que vive el MST de Brasil con una consulta popular entre los movimientos populares para buscar una nueva forma de organización política al margen del Partido del Trabajo oficial. Y concluyó con una frase de aliento: “Todo tiempo de baja tiene su fin. Hay que estar preparados y mirar hacia el horizonte”.

Peter Rosset, del Centro de Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano y participante frecuente de los encuentros zapatistas, recordó que la embestida de las empresas trasnacionales para apropiarse de los recursos naturales se ha agudizado en la medida en que se agotan otras esferas de negocios. “Hoy hay un proceso de apropiación de la naturaleza como no lo habíamos visto desde el periodo colonial”, apuntó. Y para lograr sus fines, el capital primero desaloja a la gente de sus tierras y después restructura los territorios.

En México, citó, son 6.2 millones de campesinos despojados desde que entró en vigor el TLC, en 1994. En Brasil, cada año son desalojados del campo 200 mil familias. En la India se han creado territorios especiales enormes, que ocupan las mejores tierras para proyectos industriales y agroindustriales. Y ahí donde hay resistencia al despojo, la respuesta del Estado es la misma: militarización, paramilitarización, guerra. Además, advirtió sobre la nueva trampa, en la que coinciden George Bush, “el ex compañero Lula” y muchos otros gobiernos: las reservas ecológicas que son “vaciadas” de comunidades campesinas para ser entregadas a los proyectos de biotecnología, turismo o biocombustibles. “Hoy –expresó– el capitalismo se viste de verde, que no es otra cosa que parte del mismo genocidio.”

Pero a estas tendencias se oponen, en todo el mundo, movimientos rurales de nuevo tipo, autónomos, algunos antisisitémicos y otros aún con vínculos institucionales, pero todos ensayando formas de lucha “que van desde el pacifismo gandhiano, pasando por la acción directa, hasta, en algunos casos, la lucha armada”.

Citó muchos ejemplos. El MST, cuyas organizaciones en Brasil abarcan ya una superficie similar a la de Italia, el zapatismo, el de la Asociación de Campesinos de Cuba y movimientos tan diversos como los de Indonesia, Zimbawe, Paraguay y Tailandia, en donde se han organizado algunos caracoles de inspiración chiapaneca.

En suma, concluyó Rosset, “no hemos perdido la guerra. Y no sólo eso, creo que podemos ganarla”.

* http://www.jornada.unam.mx/2007/12/16/index.php?section=politica&article=010n1pol

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