Jorge Gómez Barata: Chávez: Ganar más de lo que pierde

La historia no es una línea continua y ascendente ni las revoluciones son plácidos desfiles de victoria en victoria. Del mismo modo que los triunfos confirman, los reveses enseñan.

Demonizado por la reacción mundial, calificado de autoritario e incluso de dictador, el presidente Hugo Chávez acaba de revelar su capacidad para respetar el veredicto popular adverso, un ángulo de su personalidad que permanecía oculto por sucesivos triunfos electorales. Ahora no hay lugar para las dudas sobre su estatura política y su honradez.

En una significativa jornada, en Venezuela, hasta hace poco emporio de la oligarquía criolla, catedral del caciquismo político, exponente de la naturaleza entreguista de la burguesía criolla y sitio donde la socialdemocracia desteñida, intento un fallido experimento, el socialismo fue sometido a referéndum. Al margen del revés, el gesto añade valor a la propuesta política.

La trascendencia del importante evento político, emana de haber ocurrido en América Latina, espacio de la doctrina Monroe y donde el dominio oligárquico, el anticomunismo, el intervencionismo y el control de los Estados Unidos, sumados a cincuenta años de campañas contra Cuba, han creado rígidas fronteras ideológicas.

Por tratarse de una potencia petrolera cuyo control es de importancia estratégica para los planes de Estados Unidos de construir una hegemonía global, en Venezuela se ha creado un escenario extraordinariamente polarizado y una coyuntura en la que la reacción mundial y el imperialismo invirtieron enormes recursos y comprometieron toda su capacidad.

Tal vez estamos ante uno de esos raros casos en que el revés rinde más dividendos de los que hubiera aportado la victoria. La lección de humildad ofrecida por Chávez al reconocer que las dimensiones y la audacia de sus propuestas rebasaron las posibilidades del proceso y su disposición para continuar una lucha, ratificando sus ideas pero también la intención de realizarlas con el pueblo y en democracia, permiten suponer que la Revolución Bolivariana ha alcanzado la mayoría de edad y entrado una etapa signada por la madurez.

Para revertir el tropiezo y convertirlo en una lección útil, se requiere de un ambiente que privilegie la batalla de ideas sobre la confrontación, y la reflexión antes que la agitación y dé lugar a una necesaria evaluación que puede aportar a las fuerzas revolucionarias la serenidad y la cautela que demandan los esfuerzos para consolidar lo alcanzado.

Del mismo modo que una criatura no puede correr antes de caminar, tampoco los procesos políticos pueden quemar etapas imprescindibles para la maduración de la conciencia de las masas. Los resultados de la votación del domingo reflejan que a pesar de los enormes avances auspiciados por el proceso revolucionario, el legado de casi doscientos años de politiquería subsiste, motivando, entre otras cosas, un alto nivel de abstencionismo.

El resultado del referéndum, si bien significan el rechazo a una propuesta obviamente maximalista, le aportan a Chávez una nueva legitimidad al permitirle probar su respeto por las instituciones, su apego a la legalidad y su capacidad para subordinarse a la voluntad popular.

No es necesario dramatizar la votación del domingo, sino extraer de ellas las mejores lecciones. En definitiva, Chávez no será el primero de los grandes líderes en perder un referéndum o una elección. En otras coyunturas y circunstancias le ocurrió a De Gaulle, a Salvador Allende, a Daniel Ortega y a otros muchos. Probablemente, de haberlo llevado a votación nunca se hubiera asaltado la Bastilla, el palacio de Invierno o el cuartel Moncada.

La serena y responsable reacción del presidente Chávez me hizo recordar un pensamiento acerca de que la madurez de la revolución se mide por la actitud ante sus reveses y errores. Madurez, serenidad y valentía política fue lo que percibí en la comparecencia de Chávez que pasó satisfactoriamente el duro examen que él mismo se impuso y del que emerge con la legitimidad y la autenticidad de quien sabe respetar el veredicto popular.

No debe sin embargo omitirse el hecho de que mientras los revolucionarios contaron exclusivamente con sus propias fuerzas, la oposición oligárquica y proimperialista fue apoyada por la reacción mundial que orquestó una opulenta campaña de descrédito de la propuesta y del líder bolivariano.

Lo más significativo de la presente coyuntura no es el revés electoral que fue correctamente asimilado y es ya historia. Lo realmente peligroso es que los resultados de la consulta puedan dar lugar a lecturas erróneas por parte de la oposición y. más allá de ella, de los Estados Unidos que, envalentonados, se animen a provocar nuevas tensiones.

Chávez ha perdido la votación en torno a una propuesta que puede rehacer, perfilar y reiterar más adelante, acreditándose de paso como un raro ejemplar de demócrata y revolucionario. ¿No es lo que querían?

* Argenpress
* http://www.argenpress.info/nota.asp?num=049862&Parte=0

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