Daily Archives: November 28, 2007

Bilhá Calderón: Con los pies

Aquella mañana hablaste
con los pies, desde lejos.
Gritabas desde la tierra
y en los caminos
donde habías dejado el nombre.
Aquella mañana me hablaste
con el anhelo trazado, en los pies
que conmigo the escucharon.
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Cuetzalan 2007 Foto: Bilhá Calderón

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Guido Proaño: Demonización de la izquierda

Es conocida entre quienes se dedican al estudio de la comunicación la práctica discursiva de juzgar a otros sectores, movimientos o individuos -según el caso- como peligrosos, siniestros, inferiores, generadores de cuanto mal se imagine. El propósito de esta técnica es justificar la utilización de medidas discriminatorias, en unos casos, o político militares represivas, orientadas a lograr el debilitamiento y aún su exterminio. Esta retórica de claro contenido ideológico-político es conocida como demonización.

Las corrientes políticas más reaccionarias se han apoyado y se apoyan en ella en todas partes. El nazifascismo la utilizó en contra de los comunistas y judíos, Bush lo hace ahora en contra de los pueblos árabes. Históricamente esta práctica ha estado presente en la política interna e internacional del imperialismo norteamericano desde la guerra de exterminio a los pueblos indios durante la colonización, en los momentos del mayor y abierto racismo oficializado estatalmente, en las distintas operaciones de intervencionismo político y militar sobre los pueblos. La política que en los años 50 y 60 del siglo pasado la aplicaron fue conocida como el macartismo, y tenía como blanco y propósito terminar con los comunistas. Pero no solo éstos fueron reprimidos, también se golpeó a cuanto demócrata mostraba su discrepancia u oposición a la conducta del gobierno de los Estados Unidos, acusándolos de ser agentes del comunismo internacional.

El caso de Irak, que por ser reciente, es ampliamente conocido. Los EEUU pusieron todos los medios de comunicación a su alcance, así como la acción de sus gobiernos ‘amigos’, para convencer el riesgo que para la humanidad significaba la presencia de Sadan Hussein en dicha república árabe. Si Hussein permanecía como jefe del Estado iraquí –se decía- en cualquier momento haría uso de su arsenal de armas químicas, provocando un holocausto indescriptible. Sadan se convirtió en denomio, en el peligro número uno del planeta y, por lo tanto, cualquier acción para sacarlo del paso era justificable. Los gringos invadieron Irak, llevan cuatro años allí y … aún no han podido mostrar al mundo las armas de destrucción masiva. Bush y su banda ganaron una batalla política internacional, lograron que en los cinco continentes se asuma como cierto lo que ellos querían que se piense. Por cierto, en el plano militar no están alcanzando los mismos resultados.

Demonios que rondan el país

Aquella práctica no es extraña al quehacer político ecuatoriano, ha sido utilizada en contra de la izquierda revolucionaria, de organizaciones populares diversas, particularmente aquellas en las que sus dirigentes se identifican con posiciones contrarias a los intereses de los círculos de poder.

Aquí desde hace años opera una campaña ideológico-política concebida desde un centro de poder, para convencer que en la sociedad ecuatoriana actúan unas fuerzas del mal, de las que hay que apartarse y a las que se debe eliminar. Los demonizados, entre otros, son el MPD, la UNE, la FEUE, la FESE, el movimiento indígena y ahora el gobierno de Rafael Correa.

Tan sistemática y constante es esta campaña que algunos sectores de la población, por ejemplo, asumen como cierto todo aquello que se lanza en contra del MPD. Particularmente se carga sobre él la responsabilidad de los graves problemas que enfrenta la educación pública del país, o que donde hay un brote de violencia es de suponer que aquel se encuentra presente. La derecha ha demonizado a esta organización de izquierda.

¿De dónde surgieron esas aseveraciones que la mayoría de los medios de comunicación repiten con insistencia? ¿Cuánto de eso es cierto? ¿Quiénes, y en base a qué conocimiento o razones, promovieron inicialmente esos puntos de vista y quiénes lo hacen ahora? Son preguntas que, con seguridad, la mayoría quienes escuchan tales acusaciones no han reflexionado con detenimiento para admitirlas como ciertas o falsas.

No es coincidente que los sectores ‘demonizados’ en el país sean organizaciones de izquierda revolucionaria o que en su interior estas fuerzas tengan una fuerte presencia o incidencia. La izquierda tiene como objetivo político general transformar la sociedad, poner fin al actual sistema de explotación, acabar con los privilegios de las clases dominantes, romper la dependencia extranjera. Su triunfo implica un demoledor golpe a los intereses de las clases dominantes y del imperialismo, lo que explica la campaña de estos últimos contra aquellas organizaciones.

¿Ha sido demostrada la responsabilidad del MPD en la crisis de la educación? No. Sin embargo muchos la asumen como cierta e inclusive, irreflexivamente, difunden tales acusaciones.

La burguesía ecuatoriana, en este aspecto, ha obtenido una victoria política, porque ha logrado que muchos sectores piensen como ella quiere que lo hagan. En su momento convencieron respecto de la obesidad del Estado para justificar las privatizaciones; en otra ocasión hablaron mucho del sindicalismo dorado para justificar la arremetida contra todas las organizaciones sindicales; bombardearon con propaganda que hablaba del riesgo de la infiltración guerrillera por la frontera norte para justificar la participación en el Plan Colombia. Se podrían enumerar muchísimos casos comos esos que demostrarían la aplicación de una guerra psicológica de la izquierda revolucionaria, el movimiento popular y los propios pueblos son víctimas.

Que la burguesía y el imperialismo actúen así es justificable, porque sienten el peligro que para ellos significa el desarrollo, el crecimiento de la izquierda y el avance de la organización popular. Pero ¿cómo explicarse que sectores que profesan posiciones democráticas y progresistas se hagan eco de dicha retórica? Eso muestra la magnitud y peso de la ofensiva ideológica burguesa, en unos casos, en otros, el sectarismo es mayor al horizonte que se abre en la perspectiva política de los pueblos del Ecuador.

* Argenpress
* http://www.argenpress.info/nota.asp?num=049552&Parte=0

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Manuel E. Yepe: La manipulación de los términos

La manipulación de los términos es uno de los métodos del modelo informativo estadounidense a que más sistemáticamente y con mayor efectividad recurre la propaganda corporativa para promover su hegemonía y dominación.

Se conoce que no más de diez megacorporaciones poseen y controlan los grandes medios de información de Estados Unidos, además del negocio del entretenimiento y la cultura de masas, que abarca el mundo editorial, el de la música, el cine, la producción y distribución de programas de televisión, salas de teatro, Internet y complejos recreativos tipo Disneyworld, no sólo en su país sino similarmente en buena parte de América Latina y el resto del mundo.

Este vasto emporio está bajo el control y es parte de la élite del poder que constituye el verdadero gobierno de los Estados Unidos.

Con tal volumen de medios propagandísticos al imperio le resulta factible imponer modas y maneras a la información y la publicidad, a escala global.

Vocablos como libertad, democracia, derechos humanos, y tantos otros son aplicados con deliberada reiteración hasta identificarlos con su ordenamiento político, económico y social, con fuerte carga de connotaciones laudatorias.

Sobre algunos de estos términos asumen la posición de árbitros y custodios, reservándose la facultad de calificar, respecto a ellos, a cualquier ordenamiento ajeno y así reprobar a los que difieran del modelo que conviene a su política exterior.

Mediante la insistencia mediática en el uso de los calificativos, acuñan términos peyorativos como tiranos, dictadores, terroristas y extremistas para aplicarlos contra dirigentes políticos inconvenientes, hostiles a la hegemonía estadounidense.

Tan alto es el grado de penetración que han llegado a lograr con su abrumadora propaganda mediante la imposición de términos acuñados al efecto, que no es extraño encontrar en cualquier país de América Latina a personas sencillas que digan con mucha convicción: Fidel Castro será un dictador, pero yo estoy de acuerdo con todo lo que él dice y hace. (Una tonada colombiana que se popularizó por todo el continente en los años 60 del pasado siglo dice: ‘si las cosas de Fidel son cosas de comunista, que me pongan en la lista, que estoy de acuerdo con él’).

Recuerdo que, antes de triunfar la revolución cubana en enero de 1959, era tanta la propaganda anticomunista inyectada en este país caribeño que en una publicación clandestina algún revolucionario escribió en cierta ocasión algo así como: ‘…Nos acusan de ser comunistas y no es verdad… comunistas son ellos, los batistianos y los yanquis’. Los medios habían dotado al término ‘comunismo’ de tal connotación de los peores epítetos que era innecesario reiterarlos.

El término democracia ha sido probablemente el más injuriado por su apócrifo uso a lo largo de la historia. En la Grecia antigua surgió como calificativo de un sistema de gobierno ejercido por el pueblo, pese a que el ordenamiento político que calificaba estaba diseñado para satisfacer los intereses de la clase dominante y era excluyente de una buena parte de los integrantes de aquella sociedad.

Pero jamás en la historia otro imperio había abusado de manera tan pertinaz de su uso para la inyección de valores aparentes a su autoestima nacional y para proyectarse desdeñosamente sobre las demás naciones, como el gobierno estadounidense actual.

Hay términos prácticamente excluidos del lenguaje mediático que manipula la gran prensa al referirse a las motivaciones de los movimientos populares. Sobresalen por su ausencia los que se identifican con aspiraciones nacionales como independencia, autodeterminación, patriotismo y soberanía, así como otros que reflejan aspiraciones sociales populares como lucha de clases, igualdad, revolución, rebeldía y muchas más.

En cambio, han retomado el término populismo, que se identificó en las ciencias sociales a mediados del pasado siglo como calificativo de las políticas ‘inflacionarias’, ‘irresponsables’ y ‘aventureras’ de los presidentes Getulio Vargas, de Brasil, y Juan Domingo Perón, de Argentina, argumentando que para lograr el apoyo popular de que disfrutaban incurrían en concesiones sociales incompatibles con las sutilezas de la economía y las finanzas.

Lo refieren ahora a gobernantes populares como el venezolano Hugo Chávez, el boliviano Evo Morales y el ecuatoriano Rafael Correa. Y lo insinúan puntualmente para calificar a los demás líderes independentistas, como para llamarles al orden cuando actúan en forma que amenaza intereses de los explotadores.

Cuando se habla de derechos humanos, limitan el término a los derechos civiles e ignoran los derechos sociales, tan humanos como aquellos: laborales, económicos, alimentarios, educativos, a la salud…

Desafían la lógica y la semántica cuando manipulan en sus lemas palabras de significado contradictorio con la orientación política de sus objetivos, como transición, cambio, y hasta revolución.

En Cuba, han pretendido desplegar una campaña usando el término cambio con un sentido contrarrevolucionario, obviando el hecho de que la revolución cubana ha sido y sigue siendo la fuente de inspiración de los cambios actuales en Latinoamérica.

También contra Cuba, definen como ‘disidentes’, ‘dirigentes de la oposición’, ‘periodistas o bibliotecarios independientes’, ‘activistas por los derechos humanos’ y otros similares a quienes reclutan y pagan en la isla para servir sus fines subversivos.

Un caso extremo de manipulación es el uso del término popular para designar al partido de la derecha española que tiene como dirigente ‘popular’ nada menos que al bochornoso instrumento de la superpotencia que es José María Aznar.

Se hace el juego al imperio cuando se le concede derecho de propiedad sobre ciertos términos de los que se ha apropiado o pretende apropiar para describir, identificar o nombrar eventos que no son exclusivos de su orden social como son sociedad civil, desarrollo humano y otros que los pueblos deben utilizar en beneficio propio.

La manipulación de los términos por la propaganda corporativa con el propósito de predisponer a los pueblos para el consumo de sus mensajes deformadores, no debe subestimarse.

* Argenpress
* http://www.argenpress.info/nota.asp?num=049705&Parte=0

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