Daily Archives: November 20, 2007

Víctor Bravo: Los precios del petróleo en el mercado internacional (Parte I)

El Ing. Bravo cuantifica los efectos que sufrirá el país por convertirse en importador neto de petróleo. Y registra las causas de ese perjuicio: ‘…los gobiernos, principalmente los de la década de los 90 del siglo pasado, de la legislación petrolera de esa época, aún vigente, y esencialmente de la privatización de YPF y con ella de la desaparición de la empresa estatal’. En forma concluyente, el autor también precisa que ‘…a principios del siglo XXI, precios altos o bajos del crudo no provocarán ni el derrumbe, ni la expansión de las economías desarrolladas, porque otros factores mucho mas importantes que el precio del petróleo (entre ellos el poder financiero) son quizá los verdaderos causales de las expansiones o de los derrumbes’.

Introducción

La actual ‘escalada’ en los precios del petróleo en el mercado internacional está generando preocupación en muchos ámbitos ligados o no a la actividad energética. Es que el precio del petróleo dirige los precios de las restantes fuentes energéticas y determina los valores de los derivados en el mercado interno de casi todos los países importadores de hidrocarburos. Adicionalmente puede arrastrar los precios de las denominadas ‘comodities’ e incide sobre el comportamiento de las bolsas financieras de los mercados mundiales.

Los países más perjudicados son los subdesarrollados importadores que, por lo general suelen padecer graves problemas en sus balances comercial y de pagos, pese a los aumentos de varios productos agrícolas que exportan. Las economía industrializadas, como las de los países de la OCDE, tienen maneras de morigerar estos impactos, especialmente EEUU con su posibilidad de emitir dólares.

En el caso particular de Argentina, el desenfreno exportador de petróleo entre los años 1994 y los primeros 8 meses del 2007, tendrá consecuencias desastrosas. En ese período se exportaron 187 millones de metros cúbicos de petróleo, con precios bajos del petróleo fluido (24,26 dólares del 2006 por barril en promedio) obteniendo las Empresas Privadas 25.177 millones de dólares del 2006, como ingreso bruto y el Estado por retenciones unos 3.525.

Como es muy probable que en unos 2 años Argentina se convierta en importador neto de petróleo, lo hará a precios altos que probablemente no bajen de los 75 dólares 2006/bl. En consecuencia si llegara a importar los 187 millones de metros cúbicos, que antes exportó, esa operación le insumiría 88.357 millones dólares que ahora, probablemente, pague el Estado y/o los consumidores, con un quebranto de 63.180 millones de dólares del 2006.

Para ser menos dramático, por cada millón de metros cúbicos de petróleo que se importen se desembolsarán 473 millones de dólares (de 2006) y se dejarán de percibir 27 millones de dólares de retenciones. Este quebranto será responsabilidad de los gobiernos, principalmente los de la década de los 90 del siglo pasado, de la legislación petrolera de esa época, aún vigente, y esencialmente de la privatización de YPF y con ella de la desaparición de la empresa estatal.

La lección es clara: nunca debimos exportar petróleo en los volúmenes que se hicieron y los argentinos del 2009 ó 2010 en adelante pagaremos las consecuencias, mientras las Empresas privadas que hicieron su agosto comenzarán la retirada, agotado el brillante negocio.

Consideraciones generales

Pero ¿por qué son tan volátiles los precios del petróleo en el mercado internacional y por qué están subiendo tanto actualmente? Se dice que es por el desequilibrio entre oferta y demanda (según algunos estructural y según otros coyuntural), por la caída en las existencias de crudo y derivados en los países de la OCDE, en especial en EEUU, por la baja capacidad de la refinerías en el mundo, por huracanes en la zona del Golfo de México, por huelgas en áreas productoras, por sabotajes, por el conflicto entre Turquía y los Kurdos de Irak, por la carrera nuclear de Irán, por las acciones de Israel en Medio Oriente, por la devaluación del dólar de EEUU, por declaraciones pesimistas de la Agencia Internacional de Energía; por el vertiginoso aumento del consumo en China e India; por las “ nacionalizaciones” de Chávez, por la falta de inversiones por parte de OPEP, por declaraciones optimistas o pesimistas de lideres mundiales, etc.

Al tratar de dar algunos indicios de esta coyuntura, que puede dejar de ser tal, destinaremos los párrafos siguientes, y posteriormente miraremos más al mediano y largo plazo utilizando la técnica de Escenarios.

a)Sí es cierto que hoy en el mercado petrolero internacional actúan más actores que en el pasado y la oferta está mucho más diversi fi­cada. De todas maneras el peso de cada uno de los actores no es el mismo y la fuerza de algunos consumidores es también diferente.

Hoy la OPEP, con claro predominio de Arabia Saudita, pese a la concertación de producción de 1999-2005, no parece estar suficientemente consolidada como para presentar hacia el futuro, un frente sólido y coherente.

La CEI y fundamentalmente Rusia, evidenciaban grandes problemas para mantener o acrecentar su producción por falta de recursos económicos y tecnológi cos, pero desde mediados del 2003 se observa una recuperación respecto de los valores anteriores a 1991 que ha llevado a la CEI nuevamente a los primeros planos como productor y exportador especialmente hacia el mercado europeo.

México se debate entre la estrategia de los países de la OCDE -adonde se incorporó en 1994- y la de los países de OPEP, particularmente Venezuela y Arabia Saudita.

Gran Bretaña y Noruega continúan incrementando su oferta, pese a lo reducido de sus horizon tes de reservas.

China ha pasado a ser un importante país importador debido a un crecimiento muy superior de su consumo respecto de su producción. Lo mismo puede decirse, en una escala menor, de India.

EEUU incrementa su nivel de importaciones ya que mientras cae su producción, se eleva su consumo, particularmente de las naftas por el bajo precio interno de las mismas.

Los países de la Europa de los 25, pese a los nada despreciables aportes de Noruega y Gran Bretaña, continúan importando casi el 85% de su consumo.

b)Por el lado de los consumidores, lo más notable fue hasta 1997 la expansión de los países del sudeste asiático, que debido a la crisis de sus economías, bajaron su alta tasa de demanda de petróleo. Pero el acontecimiento más importante desde comienzos del siglo XXI ha sido la expansión de los mercados de China e India, segundo y cuarto consumidores de petróleo del mundo. De todas maneras, más allá de este panorama, EEUU, por el lado de los consumidores, (especialmen te por su presencia militar en el Golfo Pérsico luego de las Guerras de 1991-2003 con Irak) y Arabia Saudita por el lado de OPEP, parecen ser los países con mayor influencia en cuanto a las decisiones fundamentales del mercado.

c)Otro factor, relativamente reciente, es el uso de los papeles petroleros a veces más como medio de especulación financiera que como seguro de precios, independiente mente de las disponibilidades físicas del producto, lo cual introduce un elemento adicional y fundamentalmente distorsionador del comportamiento del mercado. Es que los fondos especulativos (“hedge funds”) actúan en el espacio virtual que es el Intercontinental Exchange – ICE, donde se efectúa el 51% de las operaciones de los mercados a término, aportando el 35% de las mismas, mientras otro 20% lo absorben los bancos y diversos fondos de inversión. Entonces los actores de la industria petrolera tienen una influencia muy limitada respecto de la evolución de los precios, y esto explica, en gran medida, la enorme volatilidad de esos precios. Es que estos especuladores se comportan con una lógica del juego de Bolsa comprando cuando los precios están bajos y vendiéndolos cuando están altos, generando picos y valles a diferentes niveles. Así crean o aprovechan acontecimientos coyunturales que afectan a la industria del petróleo (fenómenos de la naturaleza, huelgas, declaraciones de expertos o líderes mundiales, variaciones de almacenamiento de productos petroleros, etc.) para hacer subir o bajar las cotizaciones, obteniendo así importantes ganancias especulativas.

d)Por otra parte los países desarrollados han bajado fuertemente, desde 1980, la intensidad petrolera, tanto por medidas del uso racional de la energía, incluídas la sustitución especialmente por gas natural y los cambios estructurales en su economía, como por cambios tecnológi cos, y estas políticas han disminuído el consumo de petróleo o atemperado la tasa de creci miento que presentaban en el pasado. Pero de todos modos, a partir del 2003 y especialmente en el 2004-2005, EEUU ha vuelto a incrementar su consumo.

e)Por el lado de la oferta, no ha disminuído el aporte de yacimientos considerados de alto costo, como los del Mar del Norte. Esta situación parecería explicarse por una importante reducción de los costos de perfora ción y de desarrollo de los yacimientos, que en los años 2006 y 2007 han vuelto a subir.

En definitiva, la cuestión no es tan sencilla como desearían algunos analistas. Estos dicen que un aumento del consumo se refleja en una elevación de los precios y de la producción, que puede generar sobreoferta que luego deprime los precios. Frente a esto los productores tienden a disminuir la producción para que vuelvan a subir los precios, mientras los consumido res intentan defenderse bajando el consumo o recurriendo a las existencias almacenadas.

Por ejemplo, los países de OPEP, acuciados por graves problemas presupuestarios o la CEI necesitada de divisas, han incrementado en muchas oportunidades la producción en períodos de sobreoferta y precios en baja, procurando compensar sus ingresos por el lado de los volúmenes más que de los precios, utilizando la misma raciona­lidad que los países exportadores de productos agrícolas.

Por esta razón tampoco, durante muchos años, los países de OPEP han respetado sus cuotas de producción tendientes a morigerar o detener la caída de los precios, especialmente luego que Arabia Saudita (represen ta aproximadamente el 32 % del aporte) se negara a actuar como varia ble de ajuste. Pero en 1998 varios países de OPEP pusieron en práctica una estrategia inédita para sostener los muy alicaídos precios del crudo, que consistió en comprometerse, junto con seis países productores extra OPEP (entre ellos México, Noruega y Rusia) a reducir casi el 10% la oferta del crudo que producían para así equilibrarla con la demanda, y han reiterado la estrategia entre marzo de 1999 y 2004 -parecería que esta vez con éxito- para luego ser únicamente OPEP, a veces acompañada por Rusia, la dedicada a regular su oferta, subiendo o disminuyendo sus cuotas de producción.

f)Otro elemento fundamental en la relación de fuerzas es la brecha existente en las principales compañías petroleras multinacionales entre los requerimientos de sus destilerías y la producción de petróleo propia que, con anterioridad a 1986 superaba esos requerimien tos, y que en el 2006 apenas llega al 62%. Esta situación las obligó a pasar de vendedores a compradores de crudo en el mercado, y a intensificar la formalización de contratos de asociación con libre disponibilidad del petróleo. Con esta última estrategia las ‘mayores’ llegaban a abastecer los requerimientos de crudo de sus destilerías. Pero esta última estrategia se ha visto dificultada por las nuevas políticas instrumentadas por países como Venezuela.

g)Por otra parte los grandes países exportadores, en especial de Africa y Medio Oriente, no tienen integrada la cadena de actividades petroleras y carecen de suficiente capacidad de destilación (para exportar derivados en lugar de crudo), de transporte y de presencia comercial en las estaciones de expendio en los países consumidores.

Pero no puede dejar de tenerse en cuenta que los países de OPEP poseían en el año 2006 el 75% de las reservas y 73 años de duración de las mismas (que por otra parte también son las de menor costo de extracción), frente a 10 años de duración de las reservas de los países de OCDE, excluído México.

h)Otro elemento que puede ejercer influencia sobre la evolución del mercado petrolero mundial es la reversión de la tendencia, en algunos países, a la desregulación y privatización de las empresas petroleras estatales y en otros, a la asociación con las multinacionales.

De todas maneras en ninguna de las principales compañías estatales más importantes (incluidas las de China y CEI) existen previsiones para su privatización, y esto implica el 82% de las reservas, el 54% de la producción y el 64% de la exportación de petróleo crudo del mundo. Es decir que la desregulación y/o privatización total sólo se ha efectuado en empresas estatales de países con escaso peso en el mercado internacional.

En cambio la asociación de las principales empresas estatales petroleras con compañías privadas o estatales de otros países probablemente se intensifique, especialmente en las áreas de exploración-producción, pero si la misma no viene acompañada de transferencias de tecnología y gestión (caso de China) y de la participación de las empresas estatales en las actividades de refinación y comercialización (estaciones de servicio) de las compañías multinaciona les en los países desarrollados, subsistirán focos de conflicto por desequilibrio de fuerzas.

Inclusive en varios países productores exportadores de América Latina (Venezuela, Ecuador, Bolivia) se estaba, durante los años 2005 a 2007, negociando con contratistas privados multinacionales la reconversión de concesiones o contratos especiales a otros más favorables para los países mencionados.

i)Pero, por otra parte, el aporte de inversiones extranjeras destinadas a exploración y desarrollo de yacimientos (en aquellos países de OPEP donde operan empresas estatales), podría ser otro foco de conflictos en el seno de esa organización, especialmente en lo referente al cumplimiento de cuotas restrictivas de los niveles de producción, medidas incompatibles con la participación de empresas privadas en el ‘upstream’. Venezuela fue un buen ejemplo de esta problemática hasta la asunción del presidente Chávez.

j)No puede dejar de mencionarse también la fusión entre empresas petroleras incluso entre las ‘mayores’, como ha sido el caso de la Exxon-Mobil, BP y AMOCO, que luego absorbieron a ARCO, la de las soviéticas Yukos y Sibneff y la de Total-Petrofina-ELF y la de ChevronTexaco. Esta estrategia empresaria se da también en los países periféricos y se explica en la búsqueda de mayor eficiencia operativa para bajar costos y recuperar ganancias.

k)En definitiva, salvo cambios tecnológicos espectaculares en la producción y/o utilización de otros energéticos (solar/pilas de combustible/hidratos de gas) que no se puede asegurar se efectivicen masivamente en los próximos 20 años, un escenario de precios estables del petróleo a largo plazo, sólo será posible si se logra una concertación entre los principales actores y fuerzas que se mueven en el mercado. Esto es la OPEP consolidada, la Agencia Internacional de Energía y las multinacionales, y dentro de ellas la subordinación de Arabia Saudita y EEUU al interés general. Esta hipótesis no parece muy probable por la dificultad de integrar a esta estrategia a los especuladores.

En conclusión, el comportamiento de los precios en los años 2005-2007, con tendencia creciente, la inestabilidad de países como Irak, el incremento sostenido de la demanda de China e India y en parte de EEUU, la inestabilidad en Medio Oriente, la carencia de inversiones suficientes en exploración-producción-refinación, así como la especulación con los papeles petroleros, parecería augurar la permanencia de la volatilidad de precios en los próximos años. Así se ha llegado en los primeros días de noviembre del 2007 a casi U$S 96,00 el barril de crudo WTI (patrón para esta parte del mundo), cada vez más cerca del máximo histórico de 103 (dólares del 2006) por barril, alcanzado puntualmente en el año 1980

* Argenpress
* http://www.argenpress.info/nota.asp?num=049377&Parte=0

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Thomas Sutcliffe: Why defend families by attacking lesbians?

How thrilled prospective lesbian parents must be to have learned this weekend of their extraordinary potency. Not procreative potency, you understand. Despite continuing advances in the science of fertility, they still need a man to be involved in the process somewhere. It’s their socio-cultural potency that we’re talking about. Because if Cardinal Cormac Murphy O’Connor and a group of MPs from the two main political parties are to be believed, lesbian parents have it in their power to overturn several millennia of engrained and even instinctive social arrangements.

In a letter to The Times, opposing changes to IVF regulations which will make it easier for lesbians to acquire legal parenthood for test-tube babies, the cardinal writes that any such move would “radically undermine the place of the father in a child’s life”. It isn’t entirely clear whether it’s the specific biological father in each case that he means or a more general abstraction. But his fellow protester Iain Duncan Smith was more explicit. The proposal, he was quoted as saying, would “drive the last nail in the coffin of the traditional family”.

So an institution which has doggedly survived many utopian attempts to extirpate it and which, the last time I looked, appeared to be up and walking around quite cheerfully in my bit of north London, is apparently to be laid in its grave by the legal entitlement of a lesbian couple to be counted as the parents of a child conceived in vitro. And all this despite the fact that the institution in abstract, and real living children in particular, have already survived numerous instances of families in which both parents are women.

It seems a little far-fetched to me. In fact I think I have a lot more faith in the durability of the traditional family than the cardinal does. I’m a little puzzled too as to why his anxiety on behalf of the life-chances of as yet non-existent children should crystallise around this relatively small group of families. Because even if you agree that a father (or father figure) is necessary to the wellbeing of children, there are a lot of areas you might worry about before you got round to lesbian couples. After all, heterosexuals have a far-from-unblemished record of supplying children with the stable, Janet-and-John model of parenthood that the cardinal wishes to uphold.

In his letter he writes that making “the natural rights of the child subordinate to the desires of the couple” is “profoundly wrong”. But, wrong or right, such subordination happens all the time. Indeed the Catholic Church’s teaching on contraception and the nature of marriage pretty much guarantees that it happens more often than it might otherwise. Of the children now growing up without fathers in Britain I would guess that many more can be laid at the doors of the Catholic Church (and often literally have been) than are the product of lesbian couples. The latter are likely to have thought quite seriously about their prospective duties before embarking on a pregnancy that requires persistence and determination, rather than just carelessness or a drunken impulse.

And I suspect quite a lot of lesbians would make better fathers than many men anyway. This is not a callow joke, simply a recognition that love and dependability and readiness to keep up one end of a good cop/bad cop partnership should weigh far heavier in the scales of parenthood than a pair of testicles. If the Cardinal were to prevail, not a child would be made happier by his victory. His is a punitive and prejudiced argument masquerading as a protective one – and Parliament should ignore it.

* The Independent
* Complete article at: http://comment.independent.co.uk/commentators/thomas_sutcliffe/article3177032.ece

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Sparks that risk igniting another Balkan war

One response to the results of this week’s parliamentary elections in Kosovo will be: why should we care? A small part of the former Yugoslavia, an aspiring independent state under UN protection, has gone to vote in reasonably good order. Things are moving in the right direction; we can relax and leave the two million or so people of this Balkan enclave to their own devices.

At the present juncture, however, nothing would be more dangerous. The clear victor in these elections looks set to be the Democratic Party of Hashim Thaci, a former guerrilla leader. This was the party that campaigned most stridently and impatiently for Kosovo’s full independence.

If the results suggest growing militancy among Kosovo’s voters, the election offered other malign indicators. The turnout was the lowest ever recorded, suggesting that even voters from the Albanian majority are now frustrated and cynical about the political process. Nor is there the slightest sign of rapprochement between the ethnic Albanians and the minority Serbs. The Serbs – who want Kosovo to remain constitutionally a part of Serbia – stayed away from the polling stations. Their boycott, coupled with the low turnout, allows both sides to cast aspersions on the results.

What is more, time for an internationally sponsored settlement is running out. As part of his election pitch, Mr Thaci vowed to declare formal independence from Serbia once the official 10 December deadline for a deal had expired. With the post of prime minister now within his sights, Mr Thaci is repeating that promise. Yet a unilateral declaration of this sort is the very outcome that everyone involved – the UN, the EU, the government of Serbia and its Russian supporters – has been trying with increasing urgency to avoid.

Now there is a real risk that much, if not all, of the good achieved by the 1999 western military intervention will be undone. Of course, that intervention had its difficulties. It received UN authority only afterwards. It was later than it should have been. The decision making was ponderous. There were mistakes – the bombing of the Chinese embassy in Belgrade leaps to mind. And there were dangerous stand-offs. Russia’s advance on Pristina airport risked the first East-West military confrontation since the Cold War and precipitated a spat between the British commander on the ground, General Sir Mike Jackson, and Nato’s American supreme commander, General Wesley Clark.

For all that went wrong with the Kosovo operation, however, the balance remains overwhelmingly positive. This was a successful example of armed force used for humanitarian intervention. It afforded international protection to a group – Kosovo’s ethnic Albanians – who were in immediate physical danger. It also, although this was not the prime objective, sowed the seeds of Slobodan Milosevic’s downfall and speeded the advent of democracy in the rump of Yugoslavia.

The path to independence for Kosovo was never going to be smooth. The small Serbian population needs real guarantees that their rights will be protected; even then, their sense of grievance will run deep. For Serbs, parts of Kosovo have profound religious and cultural significance; more Serbs will probably leave. If, as is likely, Serbia refuses to recognise an independent Kosovo, and if – as is also likely – Russia vetoes recognition at the UN, Kosovo will be in a diplomatic limbo.

In this event, nothing can be ruled out, including resort to arms by disillusioned Albanian Kosovans and irate Serbs. The flames of a new Balkan war could reignite latent conflicts further afield, destabilising the region as a whole. Unless we show greater awareness of these dangers now, Kosovo risks becoming a small country of which we get to know all too much.

* http://comment.independent.co.uk/leading_articles/article3174393.ece

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