Luis María Otero: Política en clave femenina

En el contexto de una campaña electoral atípica, donde el folclore comiteril argentino es reemplazado por silencios que se escuchan, deviene el nuevo proceso de aprendizaje que significará elegir una presidenta. Hay dudas de que cambien las relaciones patriarcales y coincidencia en que no existe una agenda de género. Según los sondeos de opinión el 75 por ciento de las mujeres manifiestan ‘desinterés’ por la política tradicional, pero por primera vez no cuestionan las candidaturas femeninas. Encuestadores y sociólogos tratan de escudriñar el ánimo de las y los electores.

‘Esta es una elección llamativamente fría, y puede deberse a diferentes razones: el acostumbramiento al acto de votar; la nueva legislación que restringe a pocos días las campañas electorales; la percepción de un resultado casi cantado; la sensación de que es muy poco es lo que puede cambiarse. Todo esto actúa en el colectivo social de tal forma que inmoviliza no solo a los electores, sino a los propios candidatos’, interpreta Antonio De Tommaso, titular del Instituto de Opinión Pública y Proyectos Sociales (IOPPS), autor un estudio sobre la continuidad o ruptura con el modelo político patriarcal.

Para la socióloga y militante feminista Claudia Anzorena, esta supuesta ‘falta de pasión’ puede tener que ver, en cambio, con ‘procesos más profundos de desencanto, en relación a la democracia que no cumplió la gran promesa, o por ahí a la desidia de pretender que sea otro el que arregle todo y no involucrarse’.

La socióloga desliza también una hipótesis interesante: ¿Será que desciende la pasión porque son mujeres las candidatas, o la pasión se había reducido antes y es por eso que pueden ser candidatas las mujeres?: ‘Acaso la causa es la gran fragmentación de la hegemonía -donde todos los caudillos quieren detentar el poder pero no pueden presentar un frente común-, lo que ha dado lugar a que las mujeres emerjan como candidatas’, aventura.

– ¿Todos estos cambios podrían tener que ver con el fin de una manera ‘patriarcal’ de hacer política?

– Simbólicamente podría ser significativo que una mujer ocupe un lugar que históricamente ha sido masculino, pero eso no indica que estas mujeres vayan a cambiar las relaciones patriarcales. Por eso hay que hacer hincapié en que si han llegado a ese lugar, no es por gracia divina, masculina, o inspiración propia. Al contrario, no hay que olvidar que si las mujeres accedemos a lugares diferentes a los históricamente asignados, es producto de que existe una tradición que busca modificar las relaciones patriarcales, una lucha anterior que ha cuestionado los lugares de subordinación que nos tocan en todos los ámbitos. Insisto en esto porque parece olvidarse muy a menudo; la historia no comienza cuando una llega sino que una la continúa, una contribuye, es un pequeñísimo eslabón en una gran cadena- responde Anzorena.

– En un primer momento, es evidente que la noticia de una segunda vuelta entre dos mujeres sería noticia internacional. Ahora, interpretar que esto sería el fin del patriarcado histórico es demasiado. Los argentinos nos caracterizamos por una fuerte volatilidad de las opiniones. Es decir; lo que hoy interpretamos como una señal que mejora las condiciones de género, mañana puede ser el argumento exacto para cancelar este tipo de debates de la agenda pública -aporta Antonio De Tommaso-.

Un sondeo esclarecedor

El Centro de Opinión Pública de la Universidad de Belgrano (UB) realizó un sondeo de opinión que indaga acerca de las percepciones que prevalecen en la actualidad respecto de la mujer que compite por cargos en procesos electorales. De acuerdo con el mismo, el 46 por ciento de los entrevistados cree que ser mujer es lo mismo que ser varón a la hora de enfrentar una campaña electoral, y más todavía: casi el 30 por ciento lo entiende como ‘una ventaja’.

‘Ambas candidatas no llegarían a la situación de segunda vuelta por su condición de mujer. Ambas representan la política clásica e histórica en el país, con idénticos procederes y estrategias a los del varón, por lo que no habría un voto decisivo de género. Sí podríamos decir que, por los sondeos realizados, por primera vez la mujer electora no cuestiona las candidaturas de mujeres. Antecedentes históricos nos demostraron que a muchas mujeres argentinas, no les agrada que otras gobiernen’, dice Antonio De Tommaso.

‘En el caso de Cristina, ella es la ‘esposa de.’, la imagen es que ella llega a ese lugar porque ‘su marido’ la ubica, no importa si esto es cierto o no, no importa sus capacidades particulares, pocos/as recuerdan su trayectoria política. Cristina es la continuación del kirchnerismo’, interpreta Anzorena, que tampoco elude hablar de Lilita: ‘Carrió es un político, alguien que siempre mantuvo una posición opositora, aunque en algunos momentos usa su ‘ser mujer’ para decir que está planteando algo diferente’.

‘Ellas no plantean una modificación de los estereotipos o una nueva forma propia de las mujeres (lo que dicho sea de paso también sería altamente cuestionable) sino al contrario, tratan que su género no sea un impedimento para llegar al poder, a la vez que resaltan las ‘virtudes sociales’ de los estereotipos de feminidad’, agrega la socióloga.

Algo de eso se trasunta en las encuestas. Según un trabajo publicado por el diario La Nación, las personas de sexo femenino son las que encabezan los niveles de supuesto ‘desinterés’ por la campaña, con el 75,3 por ciento. Y lo curioso es que, según la misma encuesta, el 75 por ciento de los ciudadanos que votarían a Cristina Kirchner, la postulante que encabeza las preferencias, dijeron que ‘no le interesa la política’.

Pero ¿a cuál ‘política’ se refieren los encuestados? El trabajo del Centro de Opinión Pública de la Universidad de Belgrano contribuye con una referencia interesante: en consonancia con datos ya registrados respecto de que las mujeres líderes son más éticas que los hombres, el informe indica que el 22 por ciento los encuestados opina que la apelación a valores y la lucha contra la corrupción constituyen temas más proclives en los mensajes de las mujeres. Le siguen sus propios valores personales (20 por ciento) y la mayor tendencia al cambio (14).

También destacan que las mujeres muestran ‘una mayor genuina preocupación por las cuestiones sociales’, y son más detallistas en el modo de enfrentar las cuestiones que abordan, e idealistas cuando se trata de convicciones.

Cuestión de modelo

Claudia Anzorena se muestra escéptica: ‘No creo que la política social se modifique en cuanto sea presidente una mujer. Volvemos al principio, portar un cuerpo de mujer no significa tener conciencia de la necesidad de modificar las relaciones desiguales de género. Creo que esto tiene que ver con el modelo que propician, su pertenencia política, y que el objetivo último de la política social es controlar el conflicto que provoca un sistema que se sustenta en relaciones desiguales, porque es la manera de propiciar la acumulación en el capitalismo’, subraya.

Sea como fuese, la mayoría de las encuestas no señalan explícitamente la existencia de alguna percepción especial del electorado ante el hecho de que las dos principales candidatas sean mujeres. Según el informe del Centro de Opinión Pública, el 28 por ciento de las personas consultadas opina que el liderazgo de hombres y mujeres ‘no se diferencia en ningún aspecto’.

De Tommaso coincide: ‘No se traduce una preferencia o rechazo caracterizada por el sexo de los electores. El electorado masculino argentino tiene alguna tendencia a votar estratégicamente, esto significa que puede hacerlo para compensar las estructuras del poder en el país, es decir para redistribuir las diferentes cuotas de poder. En cambio, el electorado femenino tiende a hacerlo en forma conservacionista, a no correr innecesarios riesgos’.

Sin embargo

¿La antigua cultura machista argentina, donde la política y el fútbol son ‘cosas de hombres’ ha cambiado tanto en tan poco tiempo? A simple vista pareciera que sí, pero a poco de hurgar en los sondeos, empiezan a aparecer los viejos prejuicios.

El 60 por ciento de los encuestados por la Universidad de Belgrano que respondieron que ser mujer es lo mismo que ser varón a la hora de enfrentar una campaña electoral, respondió paradójicamente que cree que entre los votantes ‘existen prejuicios negativos en contra de las mujeres que compiten por cargos electorales’. De hecho, sólo el 30 por ciento negó que hubiera alguna clase de prejuicio contra ellas.

Y aparecieron los prejuicios, algunos negativos, otros no tanto: un 74 por ciento opinó que hay atributos que ayudan y favorecen a las mujeres cuando están en campaña. Entre los más mencionados, se encuentran la inteligencia -en el sentido de astucia política y capacidad de negociar- con un 30 por ciento, la paciencia para tolerar los embates (14 por ciento), las cualidades derivadas de su rol de madre -entendidas como una mayor comprensión y empatía- y la belleza física con un 9 por ciento.

Desde lo negativo, un 50 por ciento estima que las mujeres deben enfrentar mayores dificultades que los hombres en el curso de la campaña electoral. Se menciona en un 23% a la menor seguridad para transmitir ideas, mientras que un 21 se refiere a los prejuicios de la sociedad machista. A su vez, un 20 por ciento de los entrevistados considera una dificultad el costo de relegar a la familia y un 18 por ciento hace referencia a ‘la falta de carácter’.

‘Ellas, para poder acceder a ese ámbito, no pueden dejar de exaltar los atributos que se consideran propios de lo femenino; deben seguir siendo mujeres aunque hagan cosas de varones. Entonces entra a jugar la imagen fuertemente femenina, ellas se deben ver como mujeres, que son madres, que son lindas; su imagen tiene un rol fundamental, ya sea porque se arregla demasiado -en el caso de Cristina- o porque está muy abandonada, en el caso de Carrió’, explica Claudia Anzorena.

La agenda ausente

De todas maneras, entre tantas incertidumbres y vacilaciones (y quizá a causa de ellas), hay algo que es absolutamente cierto: la cuestión de género está prácticamente ausente de la agenda de las dos principales candidatas.

‘Considerando que la cuestión de integración de la mujer no constituye hasta el momento un tema central, resulta curioso que el 27 por ciento de los participantes lo mencione como un asunto exclusivo de la campaña en palabras femeninas’, reconoce el Centro de Opinión Pública de la Universidad de Belgrano.

– Pero en los discursos suelen hacer referencia al género.

– Ninguna de las dos ha planteado la introducción de una perspectiva de género en la política social que no se limite a lo retórico, a lo políticamente correcto o a lo ‘recomendado’ por los organismos internacionales de financiamiento. Inclusive estas candidatas se han declarado públicamente en contra de reivindicaciones fundamentales para las mujeres como el derecho al aborto y la ligadura de trompas, por mencionar algunas. Para ellas la lucha de las feministas se trata de cuestiones sectoriales, secundarias, es decir que aunque pudiesen admitir que las mujeres son las más pobres o las más vulnerables (en el idioma de los tiempos que corren) abstraen las especificidades de género de cada uno de las cuestiones sociales- aporta Claudia Anzorena.

– Lo que no quiere decir que no incorporen esas cuestiones en caso de llegar al gobierno.

– El estado, para la transformación de las relaciones de género, se ubica como una herramienta, un espacio que puede facilitar el acceso a ciertos derechos, pero ese derecho es necesario ganarlo antes. A las mujeres no nos han regalado nada, cada uno de nuestros avances es producto de la lucha, y cada uno de nuestros retrocesos es producto de lo mucho que a las sociedades les cuesta digerir que las encargadas de la reproducción de la especie, quieran recuperar sus cuerpos y sus vidas para sí mismas, y no para el marido, el estado o la iglesia- responde Anzorena.

Faltan horas para las elecciones, aunque el período de veda parece haber empezado hace semanas. En la reflexión forzada que nos propone esta curiosa campaña electoral, y más allá de las zonas grises, no deja de caer como una llovizna sobre nuestra memoria el pensamiento del Gabo: ‘La única idea nueva que podría salvar la humanidad es que las mujeres asuman la dirección del mundo’.

* Argenpress
* http://www.argenpress.info/nota.asp?num=048543&Parte=0

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