Jean Meyer: Fragmento de “Cincuenta Años de Radicalismo”

” No creo que haya “política cristiana”, ni doctrina política basada en la Escritura santa, ni modelo de un ideal de Estado fundado teológicamente. Desconfío de las estrategias definidas por la Iglesia o sus sacerdotes, “¡Dios lo quiere!” Hay cristianos que se alínean en la acción política; les deseo que no sean ni los instrumentos de la Iglesia, ni los utilizadores de la fuerza sociológica de ésta. En lo que se refiere a la Iglesia, a las iglesias, no tienen porqué legitimar los regímenes que se suceden en la Historia. La colaboración con el poder, con el que sea, siempre resulta ruinosa para la Iglesia. Si ella quiere existir, si quiere tener ante los hombres una legitimidad, es necesario que se erija como un contrapoder, fundado en la perfecta distinción de los reinos.”

* Meyer, Jean, Cincuenta Años de Radicalismo: la iglesia católica, la derecha y laizquierda en América Latina, IMDOSOC, méxico, 1986, pp. 45

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4 responses to “Jean Meyer: Fragmento de “Cincuenta Años de Radicalismo”

  1. De la Ingerencia de la iglesia.

    Rodrigo Vera: El cardenaly su “pandilla”
    Mientras la Corte Superior de Los Ángeles decide si tiene jurisdicción para someter a juicio a Norberto Rivera Carrera por la supuesta protección que brindó a un cura pederasta, esta semana el cardenal debe responder ante las autoridades mexicanas por una denuncia penal. Está acusado –junto con el rector de la Basílica de Guadalupe– de un presunto fraude multimillonario relacionado con el malogrado proyecto del templo de San Juan Diego. El representante legal de la empresa demandante revela a Proceso el modus operandi de lo que describe como la “pandilla” del arzobispo primado de México.

    http://www.proceso.com.mx/hemerotecainterior.html?nta=142391&avz=2

  2. Reinaldo Spitaletta: De curas y otros escándalos

    Colombia, país de escándalos, con la particularidad de que cada nuevo escándalo tapa al anterior, se está volviendo escéptica. Lo cual puede derivar en una interesante actitud crítica frente a los poderes. Ahora, cuando se ventilan en Cali acusaciones contra clérigos no solo por homosexualismo sino por irregularidades económicas y de manejos eclesiásticos, la Iglesia vuelve a perder credibilidad.

    Así como tanta gente, que por lo menos es dada a alguna reflexión, ha perdido la fe frente a las instituciones. Por ejemplo, acerca de los militares, de los cuales se conocen alianzas con los paramilitares, como en masacres como la de Mapiripán, para no mencionar sino una de esas atrocidades. ¿Y qué? No pasa nada. Porque, como se sabe, Colombia es tierra de impunidades.

    Lo positivo de esta situación, por sí misma de espanto, es que poco a poco se va desbarajustando el sistema. Un sistema construido con base en la mentira, en el desprecio por los pobres, en la humillación del de arriba hacia el caído. Y así, aunque extrañas encuestas hablen de la popularidad del presidente, éste es en la práctica cada vez más antipopular.

    En alguna emisora escuché a un ciudadano decir que para qué se dedicaban tantos esfuerzos a encuestas sobre la popularidad presidencial. Proponía, en cambio, que se realizaran sobre el desplazamiento y la pobreza que castiga al pueblo colombiano. También es fama que Colombia es uno de los países con mayor número de desplazados forzosos en el mundo. Y que es un país rico con más de veinte millones de pobres y miles de indigentes.

    Debería ser apenas obvio que se pierda credibilidad en las instituciones. Hechas para favorecer criminales, para tapar corrupciones, para evitar la participación popular aunque la letra diga lo contrario. ¿Quién puede creer otra vez, por ejemplo, en el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), infiltrado por paramilitares, que ha tenido directores cómplices de la delincuencia?

    Quién puede volver a creer en un sistema de exclusiones económicas y políticas, que en otros días exterminó totalmente a un partido político de oposición. Y nada pasó. O qué tal su administración de justicia que ha dejado en la impunidad crímenes diversos, como los de los dirigentes y académicos Héctor Abad Gómez, Luis Fernando Vélez, Felipe Vélez, Leonardo Betancur, Pedro Luis Valencia… De estos asesinatos, cometidos hace veinte años, no hay culpables.

    Quién que tenga capacidad crítica puede volver a creer en aquellos políticos de la parapolítica, alineados con el gobierno y acusados de tener nexos con el paramilitarismo. Cada vez es más evidente que la desmovilización paramilitar es palabrería. Y que no se ha desmontado la maquinaria formidable de este grupo ilegal. Sigue ejerciendo control en buena parte del país, en la economía, en la política. Y las víctimas, cuando no son amenazadas entonces las asesinan. Sobre ellas se continúa, según diversas denuncias, la hostilidad y la intimidación.

    Quién puede creer que es serio un presidente que no respeta la separación de poderes. Que dice que aquí no hay un conflicto interno armado. Que alguna vez hospedó en una suite de hotel lujoso a un delincuente. Que en cada intervención pública demuestra menos dotes de estadista y más expresiones de mayordomo.

    Cada escándalo nos conduce a prepararnos mejor para la sospecha. Para no creer en todos los discursos. Para desconfiar del poder y de los que lo utilizan para usufructo personal. Así que cada escándalo, bien cribado, es una posibilidad para el cultivo del necesario escepticismo y de la duda. Dudar –dicen- es el principio de la sabiduría.

    Ahora, cuando un viejo sacerdote que abusó sexualmente de jóvenes fue declarado por los tribunales eclesiásticos como inocente, estalla otro alboroto mayor en Cali. Un cura denuncia a otro de gastarse los dineros de la feligresía en solicitudes o compra de favores sexuales de muchachos. Advierte sobre un sacerdote que el día de su ordenación tuvo un hijo y acosa sexualmente a peladas (adolescentes) de barrios populares.

    Que haya clérigos depravados, violadores y ladrones no es nuevo ni sorprendente. Como lo precisa un lector, lo más aberrante es que no se castiguen esas conductas. Ah, y lo más espeluznante es que, como pasa en la política, muchos de los implicados ‘caen para arriba’.

    Dentro de la escandalera, un representante a la Cámara propone que la Iglesia termine con el celibato o que, en su defecto, someta a ‘terapia hormonal preventiva’, más conocida como castración química, a todos los sacerdotes. Qué distinta fue la castración del pobre Abelardo por sus amores con Eloísa.

    Aquí cada día nos depara un escándalo y también una colección de impunidades. Esperemos que si empiezan a castrar curitas, entren, como el medieval Abelardo, en un trance espiritual y anden por rectos caminos de santidad.

    http://www.argenpress.info/nota.asp?num=046557&Parte=0

  3. EDITORIAL DE LA JORNADA el 30 de Agosto de 2007

    OSCURA ACTITUD DE LA IGLESIA CATÓLICA

    Siguiendo la misma tendencia que la mayoría de los prelados católicos del país, el obispo de Tehuacán, Rodrigo Aguilar Martínez, descalificó el contenido del libro de biología del primer año de secundaria por tratar temas de sexualidad humana. El líder religioso sustentó sus afirmaciones señalando que es algo que no acepta la mayoría de los padres de familia, y porque hablar del uso del preservativo va en contra del “sano sentido de la antropología humana”.

    Las palabras del obispo de Tehuacán constatan una vez más que la jerarquía de la iglesia católica vive en el oscurantismo, razón por la cual no tiene la capacidad de entender la compleja realidad social que se vive en el país.

    La posición que el clero católico ha asumido contra métodos de control natal y de prevención de enfermedades de contagio por la vía sexual es una de las fuentes de origen que provoca al año miles de embarazos no deseados o de mujeres menores de edad, que muchas personas se contagien de Sida u otras enfermedades graves, y que no exista una adecuada educación sexual en amplios sectores de la población.

    Desde esta óptica, los obispos y sacerdotes que prohíben el uso del condón o que se aborde el tema de la educación sexual en las escuelas están generando problemas de salud pública y de bienestar en familias y comunidades enteras.

    Esta actitud tendría que ser evitada por el Estado mexicano, el cual tiene que garantizar el derecho de libertad religiosa, y no puede permitir que sigan prevaleciendo los prejuicios por encima del control natal y la prevención de riesgos de salud.

    http://www.lajornadadeoriente.com.mx/2007/08/30/puebla/editorial.php

  4. “Doctor Jean Meyer Barth (8 de febrero de 1942, en Niza) es un historiador y autor mexicano de origen francés.
    Meyer obtuvo el bachelor’s y el grado de maestro en la Universidad de Sorbonne. Él ha dado clases en Sorbonne, Perpignan, en la Universidad de París, el Colegio de México y en el Centro de Investigación y Docencia Económica. Meyer se ha hecho famoso por haber logrado la investigación extensa sobre la Guerra Cristera y además ha escrito libros especiales sobre el tema para la Universidad de Cambridge y la Universidad de Guadalajara. Fundó el Instituto de Estudios mexicanos en la Universidad de Perpignan.”
    http://es.wikipedia.org/wiki/Jean_Meyer

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