Tag Archives: política

Julio María Sanguinetti: No basta votar

Bien se sabe que la democracia no es sólo elecciones, condición necesaria pero no suficiente. Una democracia supone un gobierno electo por el pueblo; como dice Popper, procedimientos no violentos para sacudirse una mala administración; la adecuada autonomía de los poderes de gobierno; la vigencia consentida de un Estado de derecho y el respeto general por las libertades y garantías de los ciudadanos.

En el umbral del Bicentenario de nuestras repúblicas latinoamericanas, ese ideal tan largamente acariciado, está aún lejos. Se vota: todos los gobiernos, salvo la conocida excepción cubana, son resultado de elecciones y ello debe valorarse. Incluso en los dos países más grandes, podemos señalar algunos avances notables. Brasil posee hoy partidos nacionales estables y México ha estrenado un sistema electoral transparente con una alternancia política razonablemente aceptada.

Más allá de estas gratificantes comprobaciones, nos encontramos con inestabilidades y degradaciones imposibles de ocultar. Caído el Muro de Berlín y superada la guerra fría, nuestro hemisferio se alejó de la diabólica dialéctica de unos sustentando guerrillas marxistas desde Cuba y otros dictaduras desde Washington. Pareció que nos llegaba un tiempo de paz, en que la democracia podría brillar, pues dependía simplemente del esfuerzo de los demócratas latinoamericanos. Los hechos no han sido tan gratificantes.

En Brasil (1992), renuncia el presidente Fernando Collor de Melo ante la inminencia de un juicio político. En Paraguay (1999), el presidente Cubas renuncia y se exilia en Brasil, a raíz de las revueltas desencadenas por el asesinato del vicepresidente Argaña, quedando la Presidencia en manos del titular del Senado González Macchi, quien a duras penas termina su mandato. El caso peruano fue uno de los más detonantes, con la dimisión de Alberto Fujimori (2000), quien abandonó la Presidencia luego de ser reelecto, a raíz de descubrirse una trama siniestra de corrupción y espionaje que manejaba un capitán Montesinos, de triste memoria. Argentina (2001) vio caer al presidente Fernando de la Rúa a raíz de una crisis económica severa y el acoso de piquetes organizados que se adueñaron de la calle; todo lo cual dio paso a tres presidentes provisionales en dos meses, finalmente sustituidos por Eduardo Duhalde, quien alcanza la normalización institucional. En Bolivia, entre 2003 y 2005 se produce la estrepitosa caída del presidente Sánchez de Lozada, y más tarde la de su sustituto Carlos Mesa, para abrir espacio finalmente a la elección de Evo Morales, administrador de un país agrietado en dos partes por un persistente conflicto étnico. En Ecuador (2005), el presidente Lucio Gutiérrez cae en medio de revueltas populares.

Este sucinto relato apenas resume las caídas presidenciales. No podemos ignorar la degradación democrática que se vive bajo gobiernos populistas como el de Venezuela, donde se ha instaurado la Presidencia eterna y cerrado la principal estación privada de televisión, mientras la otra independiente sobrevive bajo amenaza. A lo que se añaden vaciamientos institucionales tan fuertes como el de que, electo en Caracas un alcalde opositor, se dictó una ley despojándolo de todas sus competencias, transferidas a una nueva superautoridad creada para administrar la ciudad capital. Tampoco cabe olvidar la permanente furia reeleccionista que entra a los mandatarios en ejercicio y que no parece terminar.

Todo esto viene a cuento de los dramáticos episodios ocurridos en Honduras, que registran el primer golpe militar de esta etapa histórica. Golpe sui géneris, porque nació del Parlamento y el Poder Judicial, que enfrentados al presidente terminaron reclamando una intervención militar para deponerlo y desterrarlo. No hay duda de que este presidente se había extralimitado hasta el punto de que no hubiera un solo diputado de su partido que levantara la mano en su favor. Pero tampoco hay duda de que cualesquiera fueran sus excesos, nunca debió ser el Ejército el arbitrario ejecutor de un derrocamiento presidencial, que bien ha sido calificado internacionalmente como un golpe de Estado.

Dos siglos de independencia no habilitan ya más excusas. No se puede seguir hablando de la herencia hispánica, del imperialismo norteamericano o del comunismo internacional. Nuestras repúblicas aún adolecen de inmadurez democrática y ello se advierte en el debate diario. Si una dictadura es de izquierda o derecha, será buena o mala para unos u otros, al margen de su condición autoritaria. Y ello ocurre en los medios políticos tanto como en las universidades, todavía ancladas en debates ideológicos que ya debían haberse librado a la historia.

Hemos vivido un quinquenio milagroso del mercado internacional, que derramó excedentes fabulosos. Hubo algunos avances, pero magros en el conjunto, porque -como dice Alain Touraine- “las chances de desarrollo dependen hoy más de las condiciones políticas y sociales que de las condiciones económicas”. Sólo los países con estabilidad pudieron aprovechar satisfactoriamente la bonanza, como pasó en Chile, Brasil, Colombia o Perú. Pasada la buena racha y enfrentados nuevamente a la dura competencia de los mercados, se hace más imprescindible que nunca la seguridad jurídica y la estabilidad política. Que es, justamente, lo que vemos resquebrajarse en variadas partes del hemisferio.

Julio María Sanguinetti, ex presidente de Uruguay, es abogado y periodista.

Fuente: El País

Leave a Comment

Filed under Blogroll

Pedro Miguel: Blindaje facial

Primero fue la revelación de que el góber precioso había participado en una conjura para violar los derechos humanos de una periodista. En un primer momento, cuando millones de ciudadanos escucharon el intercambio obsceno entre las voces rasposas y muy machas de Mario Marín y de Kamel Nacif, se dio por hecho que el primero no resistiría la revelación y que no lograría sostenerse en el cargo. No se tomó en cuenta, en el cálculo, la pertenencia del ejecutivo estatal y el federal a un mismo partido bicápite y tetracolor (verde, rojo, blanco y azul) que, desde tiempos ancestrales, tiene como principal divisa, objetivo y razón de existencia perpetuarse en el poder, incluso si para ello hay que recurrir a la complicidad y el encubrimiento, y que con ese propósito evita, siempre que resulte humanamente posible, las fisuras entre sus filas.

Luego se supo que el secretario de Gobernación había protagonizado un escandaloso conflicto de intereses cuando era presidente de la Comisión de Energía de la Cámara de Diputados, y después, cuando ocupaba el cargo de subsecretario del ramo, y no tuvo empacho en firmar, como representante de las empresas energéticas de su familia, contratos jugosos con el gobierno federal. El escándalo neutralizó de inmediato al funcionario y la Secretaría de Gobernación quedó acéfala por largos meses, porque se había hecho evidente que Juan Camilo Mouriño carecía de la solvencia moral para hacerse cargo de la gobernabilidad del país. Los únicos que no se enteraron fueron el propio Mouriño y su jefe inmediato, Felipe Calderón, quienes continuaron en la creencia de que el primero seguía al frente de los asuntos en el Palacio de Cobián. De hecho, la simulación persistió hasta el día de su muerte, prematura, por desgracia, y el episodio fue rematado por la erección de una estatua discursiva, y forzosamente efímera, en memoria del difunto.

Se ha tenido noticia, también, de un gobernador que saca decenas de millones de pesos del erario para destinarlos a la construcción de iglesias de su preferencia y que, cuando es descubierto con las manos en la masa, manda a las voces críticas a chingar a su madre; de otro que ordena taladrar una pirámide milenaria para fijarle aditamentos de bailarina de Las Vegas; se ha sabido de un secretario de Seguridad Pública que se rodea de un equipo de infiltrados del narco sin por ello perder su santidad personal. Estas revelaciones, que en la tierra prometida de la democracia desembocarían en la renuncia inmediata o la remoción rápida de los protagonistas, en el sistema político mexicano son neutralizadas por el poderoso blindaje facial de los gobernantes que en lenguaje llano se llama cara dura.

El episodio más reciente es el del secretario de Comunicaciones y Transportes, Luis Téllez, quien, en una conversación privada, reveló que su ex jefe Carlos Salinas se había clavado la mitad de la partida secreta asignada a la Presidencia. Cuando la plática se hizo pública, Téllez no confirmó el señalamiento pero tampoco lo negó, sino todo lo contrario: se hizo bolas. Quedó, eso sí, exhibido como un hombre de deslealtades cruzadas; fue desleal con Salinas, por chismear sobre sus raterías; fue desleal con las instituciones, por no ponerlas al tanto de lo poco o mucho que sabía al respecto; es desleal con el país porque, sabedor del saqueo rutinario de las arcas públicas por parte de los gobernantes de primer nivel, opta por callarse y seguir habitando las esferas de ese poder depredador, y es desleal incluso con su patrón actual, porque sabe perfectamente que se ha vuelto un lastre político para un gobierno de por sí desprestigiado y descompuesto.

No hay mucho que agregar sobre Salinas, quien sigue empeñado en desodorizar su paso por el poder, en borrar las huellas de sus uñas en el erario –crucen la conversación de Téllez con la agria polémica entre los hermanos Adriana y Raúl, divulgada hace unos años, en torno al origen y la posesión de aquellos célebres dineros depositados en Suiza–, en apostar a la amnesia social y en venderse como un hombre propositivo y bien intencionado.

Conforme se agravan las tropelías de los personajes del poder, se solidifica el pegamento de complicidad que los mantiene inamovibles en un muégano gobernante que da abrigo, además, a una extensa nomina de ex funcionarios (Salinas, Zedillo, Fox & Bribiesca, Gil Díaz…) y se manifiesta, hacia la sociedad, como un blindaje facial a prueba de bombas atómicas. Todos tienen mutuas colas que pisarse, conversaciones que revelar, munición para el escándalo: si Téllez sabe lo que sabe de Salinas, hay que imaginarse lo que le conocerá a Calderón. Parece razonable suponer que, al igual que Marín, que Ruiz, que González Márquez, que Peña Nieto, que García Luna, que Mouriño, se mantendrá (y será mantenido) en el cargo que detenta. Hagan sus apuestas.

Artículo Original: La Jornada

Leave a Comment

Filed under Columns, Human Rights, Mexico, Politics

J. Enrique Olivera Arce: Es la honestidad, estúpido

Por si no fuera suficiente el que a los mexicanos nos tengan nadando de a muertito en un mar de porquería, un nuevo escándalo inserto en el marco de una interminable guerra sucia entre grupos de poder político y económico, agita la mierda elevando el nivel de las olas y acelerando el proceso de descomposición de la sociedad mexicana. Todo en un escenario mundial de desastre y uno nacional en el que el vacío de poder, combinado con ausencia de rumbo y pérdida de la brújula, de un inepto titular del poder ejecutivo federal, tiene al país al garete y ofertándose al mejor postor.

Si alguna virtud podemos señalarle a la democracia norteamericana, es la de la honestidad de algunos funcionarios del más alto nivel que, como Judd Gregg, ahora ex secretario de comercio, quien siguiendo los pasos de Bill Richardson prefirió renunciar al cargo antes que comprometerse con las políticas públicas diseñadas por Barack Obama para paliar la crisis de la economía real. Virtud que contrasta con el cinismo de un secretario de Estado en México que, sorprendido in fraganti como mentiroso y desleal, se niega a renunciar tras haber aceptado su desliz al haber acusado, sin pruebas legalmente aceptables, al ex presidente Carlos Salinas de Gortari de haberse robado la mitad de la “partida secreta” asignada a la presidencia de la República.

Sin duda Luís Téllez, secretario de comunicaciones y transportes, con su afirmación grabada y difundida, no descubrió el hilo negro. Para el pueblo de México existe la convicción de que Salinas de Gortari saqueó al país, a más de reducir al Estado a su mínima expresión, atendiendo a la receta del llamado “Consenso de Washington. Sin embargo, por su cargo actual y el de primer nivel desempeñado al lado del ex presidente Ernesto Zedillo, la sola sospecha de su deslealtad y el hecho comprobado y por el aceptado de que el contenido de la grabación difundida es verídico, bastaría para que de inmediato presentara su renuncia. En igual forma, Felipe Calderón estaría obligado a cesarlo sin mayor contemplación. Lo cual no ha tenido lugar.

Obligado estaría también Acción Nacional para descalificarle, en tanto ya es público que el alto funcionario afirmó que “extrañaba al PRI”, su partido de origen. Lo cual tampoco se ha dado, antes al contrario, desde la cúpula panista se le exculpa y se le protege, en tanto la grabación de marras no constituye prueba legal ante un tribunal.

Pero de que podemos sorprendernos en un país de leyes en el que los mayormente obligados a cumplirlas y hacerlas cumplir, se las pasan por lo más pando, contando para ello con la protección y complicidad de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Un escándalo más que quedará impune y sujeto al olvido de un pueblo que parece no tener memoria. Cabría preguntarse: ¿se tiene razón el desgarre de vestiduras cuando desde el norte funcionarios de primer nivel afirman que México es un Estado fallido?

¿Cuánto tiempo aguantaremos nadando de a muertito entre las agitadas olas de la mierda? Sociedad masoquista al fin, esperaremos que sea el tiempo el que ofrezca la respuesta.

Leave a Comment

Filed under Blogroll

Pedro Miguel: Tiempo de confesiones

Desde tiempos de Salinas, y acaso desde antes, los traficantes de vehículos robados solían recurrir a facturas falsas para amparar su mercancía. Es difícil determinar a ciencia cierta quién inspiró a quién: si los ladrones de autos a los ladrones de presidencias, o al revés, pero el hecho es que ahora usurpadores y ex usurpadores de la jefatura de Estado exhiben, en prueba de honradez, papelería y procesos electorales adulterados. La falsificación refuerza la impunidad y hace prácticamente imposible el esclarecimiento, porque para llevarlo a cabo se necesitaría un aparato de investigación al menos tan grande como las dependencias públicas que sirvieron de Plaza de Santo Domingo para fabricar documentos apócrifos.

Pero la verdad acaba por saberse y, a veces, por vías realmente insospechadas. Hace unos años Miguel de la Madrid Hurtado reconoció, frente a las cámaras (hay testimonio grabado), que el PRI había perdido la elección presidencial de 1988. No se sabe si fue un cobro de facturas a su sucesor en el cargo, impuesto por medio de un fraude electoral descarado, o una pérdida de control sobre el esfínter del verbo. En tiempos más recientes Vicente Fox ha venido propinando a Felipe Calderón, a plazos, un golpe semejante a ese que De la Madrid descerrajó de súbito sobre la cabeza monda de su pupilo amado: desde el paraíso de la oposición –espurio dixit–, el guanajuatense insta a las huestes que puedan quedarle a usar los cargos públicos para hacer proselitismo partidista y admite sin rubor ni escrúpulo que eso es lo que él hizo para dejar al propio Calderón pegado con Kola-loka en la silla que él se resignaba a desocupar: “No me permitieron que fuera Marta, pues tengan”.

En el confesionario de Davos, el heredero de Fox taponeó sus propias fugas (“Ave María Purísima, quién ha dicho que gobernar sea un infierno”), pero mantuvo intacto el mensaje central: su empatía manifiesta con la obra desgubernamental de Ernesto Zedillo es etiqueta implícita de identidad y ésta de continuismo. La alabanza de las tropelías cometidas por su abuelastro político indica que eran simuladas las muecas de asco que el joven Calderón ensayaba en 1997, cuando el partido que dirigía se alistaba para aprobar en las cámaras, junto con el PRI, la montaña de oro y mierda (ésta para la gran mayoría, y aquél para unos cuantos) del Fobaproa-IPAB. Qué muestra de liderazgo internacional: lo que hay que hacer, ante la actual catástrofe, es una montaña semejante, pero de dimensión planetaria.

En el encantador pueblo suizo en el que los responsables del desastre mundial se reunieron para charlar, Zedillo no tuvo empacho en reconocer que ese atraco promovido por él transfirió a manos privadas recursos públicos equivalentes a 20 por ciento del producto interno bruto. Implícitamente, el férreo defensor de la disciplina fiscal admitió la creación de un déficit capaz de destruir una economía nacional, bajo cuya sombra algunos vivales –como algunos del círculo de Fox Quesada– compraron a 20 mil pesos propiedades en las que muchos miles de mexicanos habían dejado décadas de esfuerzo. Agustín Carstens, por su parte, dio brinquitos de alegría –es un decir– al recordar los frutos podridos del Fobaproa: “Se hizo lo mejor que se pudo” y “no hay una crisis bancaria que se resuelva de manera sencilla”, dijo, como si ignorara que los defectos principales del rescate bancario zedillista y panista no fue su complejidad, sino su inocultable corrupción y sus efectos devastadores sobre y contra la inmensa mayoría de los mexicanos.

O sea que a pesar de los pleitos de familia, de los cambios de color y de etiqueta, de los episodios de cárcel para hermanos incómodos, de las insubordinaciones de hijos desobedientes y de puñaladas amistosas procedentes del rancho San Cristóbal, éstos quieren lo mismo y son lo mismo. Las más recientes confesiones dejan ver la continuidad de un proyecto político-económico que utiliza como medio el robo de presidencias para realizar su fin principal, que es el saqueo de la riqueza pública. El strip-tease ideológico efectuado en Davos tendría que bastar para esclarecer a algunos despistados que alertan sobre el supuesto peligro del regreso del viejo régimen y se niegan a darse cuenta de que éste nunca se ha ido.

¿Ton’s qué, Felipe? ¿Nos echamos otro Fobaproa?

Artículo Original: La Jornada

Leave a Comment

Filed under Columns, economy

Rolando Cordera Campos: De espejos negros y arrebatos

Las señas de identidad de la crisis son inequívocas hasta para Hacienda, mientras Calderón pierde el tiempo en remembranzas petroleras para contribuir a ahondar el desorden mental que ha acompañado a su gobierno. En todo caso, una o tres refinerías, con dinero privado o público, no nos sacarán del hoyo lodoso en que estamos. En el mejor de los casos, las refinerías “perdidas” en la versión calderoniana podrían contribuir en el futuro a mejorar el balance externo petrolero y a reforzar nuestras capacidades energéticas, pero no a estimular la demanda y el empleo para impedir que la economía caiga en una depresión que nos lleve al pasado sin posibilidades ciertas de retorno al de todas formas oscuro futuro que nos ofrece la convulsión actual.

Las proyecciones son brutales, pero la realidad presente no lo es menos: la economía caerá este año en uno, dos o más por ciento, pero desde un techo de por sí bajo y estancado; el empleo se paralizará o se encogerá, como lo empezó a hacer desde el año pasado; la informalidad explotará sin contar con el aceite de un mínimo crecimiento del consumo popular, y la emigración encarará la rudeza americana. Lo que no está claro es si las autoridades están dispuestas a afrontar la tormenta con nuevas armas conceptuales y de política.

No puede decirse que el no tan célebre “Acuerdo nacional” sea una primera muestra de que hay un giro de esta naturaleza. Ni el monto de gasto anunciado ni las medidas propuestas están a la altura del chaparrón desatado el año pasado; mucho menos parecen diseñadas o pensadas para encarar la furia que viene, que en realidad ya está aquí. No hay propuestas concretas para el campo, la protección de la planta productiva y el empleo existentes, o para el amparo de los más débiles, ni hay señales de que el aparato estatal se mueve para dejar atrás los años de inercia y óxido que lo han inhabilitado para actuar pronto, con oportunidad y una mínima eficiencia para invertir y gastar donde se necesita y donde pueden empezar a crearse nuevas capacidades.

A unos días de terminar enero, no hay sino quejas: no fluye el apoyo a las Pymes, no se desata el gasto en la medida requerida y pescadores y productores rurales no comparten más el (mal) sentido del humor del inefable secretario de Agricultura. Los trabajadores urbanos no pueden celebrar el relativo descenso de la presión inflacionaria porque los precios de la canasta básica, y en especial de los alimentos, crecen por encima de la media mientras los salarios mínimos y probablemente la mayoría de los contractuales lo hacen por debajo de la inflación observada y esperada. Con estas perspectivas no se puede suponer que el acuerdo anunciado y extrañamente apoyado, pero no comprometido por las fuerzas vivas, vaya a desatar una acción firme del Estado y la sociedad contra los impactos más severos de la caída.

La fragilidad del tejido social se hace evidente en la frontera donde cunde el miedo y se impone la violencia criminal que devasta lo que quedaba de esperanza. Ahí, como lo muestra el estrujante reporte de Proceso sobre Ciudad Juárez, sólo hay cabida para el pavor, la huída hacia adentro y, de venir la visa, hacia fuera, para El Paso, donde según The New York Times se registran los más altos índices de seguridad de la Unión Americana. En alto contraste ensangrentado, las asimetrías estructurales que el libre comercio abatiría emergen como el vértice de una realidad descompuesta que hace peligrar al Estado y la mera convivencia.

Éste es hoy el cuadro oscuro de una nación que no puede presumir, como lo hiciera Obama parafraseando a Keynes, de que a pesar de la crisis sus recursos naturales y humanos siguen intactos, a la espera de ser puestos en movimiento por la acción pública. De esto podíamos todavía presumir hace unos años, cuando, por ejemplo, se pudo remontar la recesión de 1995 al calor del auge americano, el inicio del TLCAN y la devaluación que impulsó las exportaciones.

Después de 2000 todo cambió, y Fox y su vicepresidente económico compraron la paz política, amenazada por el federalismo salvaje desatado por el desplome del presidencialismo autoritario, con los excedentes petroleros, abriendo la puerta a una petroadicción cuya cura no será indolora. El desatino se volvió rutina dizque democrática y la inercia burocrática se apoderó de la política económica y social.

Es cierto: no es la redición del muro de los lamentos o del espejo negro lo que podrá inspirar la recuperación económica y social. Pero mirarnos en ellos es condición esencial para no extraviarnos más en pequeñas especulaciones y grandes confusiones, como las que se empeña en cultivar y auspiciar la derecha en el gobierno o la sacristía. Hay que poner la carreta delante del caballo y asumir que sin cambiar ya, pronto, la pauta de desarrollo y la organización del Estado, no queda sino caminar para atrás.

Pero de esto no se habla ni en susurros en los corredores de Palacio. Sólo arrebatos y espejismos de aldea con rezos y rezongos. Forjar otra voz, realmente popular, es el recurso que queda para evitar la estampida y reconstruir la lealtad entre nosotros. Éste es el mandato mayor para la política democrática que será popular o no será.

Artículo Original: La Jornada

Leave a Comment

Filed under Columns, Politics

José Cueli: La pena de muerte

¿Por qué matar personas, que mata para mostrar que es malo matar gente? ¿Por qué hablar de la violencia en vez de la problemática del ser humano? ¿Por qué hablar actualmente en México de la pena de muerte? El compromiso del sicoanálisis y quizás Francisco de Goya, el genial pintor aragonés, me ayude a ejemplificar mis ideas sobre el tema.

El paisaje propio de Goya en el silencio. Lo mismo en los páramos aragoneses donde la naturaleza no concede ni el favor de un susurro, o en el silencio institucional cuando luchaba por imponer sus concepciones académicas, o en el silencio real cuando la enfermedad lo privó del sonido. Silencio en los que edifica el imperio de una mirada voraz e implacable que lejos del alcance de la palabra, se vierte por doquier y acoge la totalidad de lo visible, sin descansar en lo fenomenológico, sin detenerse en lo empírico.

La jerarquización de uno sobre el otro explica el carácter subversivo de todas las teorías y prácticas que intentan transgredir aquello que constituye el ser mismo del logos occidental. El carácter peligroso que tiene el salvaje, el indígena, el otro desplazado y marginado, el artista, (Goya, en mi ejemplo), la escritura interna. He ahí donde la violencia, la violencia del poder, otorgada a la voz y al poder. Es en esta línea que podemos tener acceso a la obra de filósofos como Nietzsche, Levinas, Deleuze, Foucault, Derrida y escritores como Kafka, Baudelaire, Poe y Mallarmé que se sitúan en el límite de la epistemología occidental.

Pero la grandeza de la pintura de los “fusilamientos del 13 de mayo”, no reside, sin embargo, en haber reflejado una realidad histórica, si no más bien lo contrario: haber trascendido la coyuntura, traspasado la superficie sociopolítica, para poner de manifiesto la realidad descargada de un conflicto sin nombres ni banderas.

No asistimos a una apología del pueblo español ni a la denuncia del invasor. Asistimos al drama humano de la violencia y a la lucha que acompaña a la condición humana, desde el Génesis al Apocalipsis: el instinto de muerte denunciado por Freud, y que no es frenado por ninguna ley más allá de su expresión institucional o colectiva.

Goya pinta también el drama de la realidad, la totalidad escindida, simbolizando el contraste entre la luz y la sombra en inigualable fuerza expresiva: en el que se enfrentan dos masas humanas en condiciones de radical desequilibrio. Escena de un fusilamiento masivo que presiente han quedado atrás. Los contrastes se expresan: el pelotón es heterogeneo en cuanto colorido, la expresión y el sentimiento.

En primer plano, la esquina inferior izquierda, se amontonan los muertos, cuerpos inertes bañados en sangre. El centro está ocupado por los que van a caer abatidos. Sobre ellos se concentra la atención del espectador, en especial sobre una figura que, arrodillada y con los brazos en cruz, recibe la luz y la mirada. Detrás de este grupo aguardan los que serán fusilados después. Una hilera cuyo final ni se ve ni se presiente. La parte derecha está ocupada por el pelotón de fusilamiento.

Frente a la heterogeneidad de un grupo, el otro ofrece uniformidad y orden, y aparece compacto y anónimo, sin individualidad ni expresión; no se ve ningún rostro, el orden no tiene cara (Orwell, 1984) la violencia que se ejerce es implacable y carece de semblante, de expresión y sentimiento, la fila de soldados se prolonga hasta el límite del cuadro, tal vez más, de poder omnímodo, ilimitado, sin términos.

No se denuncia la muerte, sino la producción política de la muerte, del desvalimiento del hombre –siempre mortal y moribundo– frente a la violencia unánime de un agresor sin rostro.

Contraste entre pasión y orden, luz y sombra. Necesidad de un pensamiento y una actitud que resuma la contradicción sin pretender hegemonía, sin pretender anular uno de los extremos en concordia.

Artículo Original: La Jornada

1 Comment

Filed under Columns, Human Rights

René Drucker Colín: Evaluemos a los políticos

Un científico trata de entender la realidad y resolver las contradicciones. Un político trata de esconder las realidades para no tener que enfrentarse a las contradicciones. En pocas palabras, un político es un mentiroso. Yo no sé si en México los políticos, o inclusive aquellos que se dedican a la política, aunque sea transitoriamente, son más o menos mentirosos que los de otros países, pero lo que sí, por lo menos a mí me queda muy claro, es que aquí (unos más, otros menos) todos son mentirosos. Y no podría ser de otra manera. Todos quieren tener hueso y no quieren que se les acabe, ya que no habrá manera de mantener esos ingresos tan exorbitantes. Mientras el pueblo, al que se supone defienden, se muere de hambre, la clase política se hincha de billetes con nuestros impuestos y además, en cuanto pueden, se dan a la tarea de adjudicarse más dinero a través de diversas artimañas.

La pregunta que nos deberíamos hacer todos es: ¿se lo merecen?, ¿realmente su trabajo nos beneficia? Pero, además de todo lo que prometen, dicen que van a hacer y desarrollar, ¿cuánto realmente se logra? Hablar es fácil y lo hacen en demasía; concretar es mucho más trabajoso y lo hacen con mucha escasez.

Los científicos y en general los trabajadores de la cultura son posiblemente la clase social más evaluada del país. Tenemos constantemente que demostrar lo que hicimos, estamos llenos de comités que determinan si somos merecedores de pasar a una categoría superior, donde recibiremos un magro aumento salarial, y luego tenemos que esperar otros cuantos años para volver a ser evaluados por otros comités que decidirán si nos merecemos la promoción o no, a otra categoría que nos permitirá nuevamente recibir otro magro aumento salarial. Hay personas que para tener realmente un salario más o menos digno tienen que esperar de 20 a 25 años y no dejar nunca de hacer, para poder demostrar que se merecen lo que les van a otorgar. En principio, yo no estoy en desacuerdo con esta práctica, pues el país y la sociedad que nos paga tienen que asegurarse y además tienen el derecho de exigir que se tenga a los trabajadores de la cultura más exitosos y productivos posible. Para esto sirven los mecanismos de evaluación, que sin lugar a dudas tienen sus defectos, pero en general funcionan bien para los propósitos que se crearon.

A mí me gustaría ver que a nuestros políticos los pudiéramos evaluar, y aquellos que no pasan, pues irían para afuera, se les acabaría el ingreso. El problema es que si lo hacemos hoy, posiblemente nos quedaríamos casi sin políticos.

La clase política pasa de un puesto a otro con facilidad asombrosa, bueno, a veces (más de lo que uno pensaría) hasta cambian fácilmente de partido. El problema es que no hay ideales, sólo está el hueso. Por eso vemos a líderes sindicales que también son diputados; luego, cuando ya no son diputados, pues al Senado; si se acaba eso, pues de regreso a ser diputado, ahora a la asamblea legislativa local, al fin que el sueldo es igual de bueno. Luego vemos secretarios de Estado, o subsecretarios, que luego son gobernadores o viceversa. En fin, la lista de chambas posibles es interminable. Pero ¿hay alguien que los evalúa, que define si hicieron bien su trabajo, determina si lograron algo de todo lo que prometieron? ¿Alguien analiza si sus acciones o responsabilidades incidieron en lograr cambios en beneficio de la sociedad mexicana? Desde luego que no, pues no hay esa práctica de evaluar el trabajo de los políticos, para saber si merecen seguir o hay que lanzarlos a la calle y, como no existe esa práctica, estamos como estamos. Sólo tenemos políticos que mienten, impulsan anuncios tontos, que nadie cree, como éstos que dicen –palabras más, palabras menos–: “el Senado trabajando por ti”, “el gobierno federal construyendo el futuro”, “con la reforma petrolera ahora sí tendremos lo que los mexicanos necesitamos”. La reforma se acaba de aprobar y seguro que aún no se implementa nada de lo que la reforma aprobó, pero ya los mexicanos estamos mejor. El bla, bla, bla de la inseguridad, la firma de los 100 días, anuncios radiales y televisión que realmente insultan la inteligencia de los mexicanos, pues la realidad es que no conozco a nadie que hoy sienta más seguridad en las calles, hogares y demás sitios.

Yo me permitiría sugerir que los ciudadanos evaluemos a la clase política, y aquellos que no sirven que se vayan, y den lugar a otros que quizás sean más capaces. Estoy seguro de que los ciudadanos estamos hartos de tanta mentira, simulación, ineptitud que permea en la clase política mexicana. Lo que quisiéramos son personas aptas y honestas para ejercer las funciones que se les encomienda, no queremos seguir en el mundo del compadrazgo, del amiguismo y en el canje de puestos por favores y/o sometimientos.

La política necesita profesionalizarse; hoy sigue en manos de aprovechados y de circunstancias coyunturales. Mientras eso siga así, México nunca saldrá del hoyo en el que está. Tenemos que evaluar a la clase política y hacerla sentir el peso de nuestras opiniones.

Artículo Original: La Jornada

1 Comment

Filed under Blogroll

Pedro Miguel: La pesadilla

Despertó con un sobresalto. Se le vinieron encima fragmentos oscuros y sensaciones angustiosas, y no le fue difícil acomodarlos en el guión macabro en que se encontró cuando dormía: había soñado que por fin, después de décadas o vidas de espera, se presentaba la oportunidad para cambiar el país, para limpiar la vida, para meter a los culpables a la cárcel y sacar de ella a los inocentes (¿o no podría llegarse a tanto?), para que en México empezara a sonar lógico que los hambrientos necesitan comida, los desposeídos necesitan casa, los estudiantes necesitan escuelas, los enfermos, hospitales, y el gobierno, sensibilidad. ¿Cuándo se había perdido esa lógica? Quién sabe, pero en algún momento –años atrás, generaciones atrás– se había impuesto el principio de que lo que no genera ganancias inmediatas no sirve. En forma progresiva, el país, con todas sus instancias, se había convertido en un montón de máquinas de hacer dinero rápido y a costa de todo, y aquello produjo un doble resultado: mucho dinero y mucha más pobreza, separados, ambos, por muros construidos con ladrillos de desvergüenza y coronados con cercas electrificadas y cámaras de vigilancia.

Pero había llegado el día en que resultaba posible recuperar el sentido de las cosas, poner al país en el rumbo correcto y limpiar la vida. No había que hacerse demasiadas ilusiones porque los cambios serían arduos e inciertos, pero al menos se podían sentar las bases de una nación funcional, y aquello era posible con el concurso de su voto. Soñó que acudía temprano a la casilla, que alrededor de ella se respiraba un aire de tranquilidad y de optimismo apenas reprimido, y que volvía a casa a esperar un resultado previsible, lógico al cabo de tantos años de degradación, y merecido.

En su sueño, las horas de ese día pasaron muy veloces, y se vio enterándose de un vuelco siniestro: a la vista de todo el mundo, los sufragios cambiaban de sentido en una urna que era una computadora y la autoridad electoral se rehusaba a dar un diagnóstico; en un parpadeo, la modesta potestad de su ciudadanía se vio aplastada por maquinaciones desde el poder, por largas disquisiciones de alquimistas modernos y por ladridos vergonzantes, pero copiosos, emitidos desde aparatos de radio y receptores de televisión. Y en su sueño los meses siguientes transcurrieron aun más rápido, y sin darse cuenta cómo, aquello se volvió una pesadilla sofocante: había tomado posesión el candidato más gris, había empezado a ejercer el poder con gestos de marioneta furiosa y la oportunidad de limpiar la vida se había cerrado.

Transitó por imágenes de un país teñido de sangre y cubierto de cabezas y lenguas amputadas, en el que los trepadores de siempre, los ladrones de siempre, los violadores de siempre, los homicidas de siempre, volvían por sus fueros y festejaban la renovación de sus alianzas con el poder; las máquinas de hacer dinero eran lanzadas a todo rendimiento, el territorio nacional se convertía en un gran mecanismo de rentabilidad y se le aceleraba tanto que amenazaba con descarrilarse, mientras la población huía despavorida en todas direcciones para evitar que la maquinaria monstruosa le pasara por encima; era difícil escapar, porque el timón estaba suelto y cambiaba de dirección en función de vientos que eran encuestas de popularidad. Y en el sueño los meses empezaron a pasar más rápido, y llegó diciembre de 2008, y el hombrecito gris por quien unos meses antes nadie daba un centavo se había engallado y no lograba darse cuenta de la fragilidad del aparato. Sus compañeros de a bordo, mientras tanto, estaban ocupados perdonándose unos a otros raterías, atropellos, pederastias, contratos sucios, devociones corruptas, excesos y desvaríos, y no percibían la destrucción que causaban. Para evitar que aquella escena se despedazara por efecto de sus propias fuerzas centrífugas no iba quedando más que el accionar de los hombres armados, conforme la máscara de la decencia se caía a pedazos del rostro de las instituciones.

Despertó con un sobresalto, juntó las imágenes de la pesadilla y por unos momentos sintió una desolación abrumadora. Pero se tranquilizó cuando recordó en qué fecha estaba: era la mañana del domingo 2 de julio de 2006 y debía darse prisa; ese día se presentaba la oportunidad de participar en una corrección indispensable en el rumbo del gobierno, que llevaba tantos años extraviado, y saldría temprano de su casa, iría a la casilla y depositaría en la urna su voto a favor de López Obrador. No era perredista y ni siquiera de izquierda, y nadie había dicho que lo que estaba por venir fuera fácil, ni terso, ni perfecto, pero al menos no habría de ser una pesadilla.

Artículo original: La Jornada

Leave a Comment

Filed under Columns, Politics

J. Enrique Olivera Arce: Obama, más amenaza que esperanza para México

En Perspectiva

        • “Espero que el próximo gobierno de Estados Unidos que encabezará el demócrata Barack Obama, tenga suficiente talento y sentido común y no cometa el error de renegociar el Tratado de Libre Comercio para América del Norte”

        • Felipe Calderón Hinojosa

Si de algo tenemos que estar convencidos es de que los Estados Unidos de América no tienen amigos, tienen intereses. La designación de Hillary Clinton en el Departamento de Estado y la confirmación de Robert Gates, secretario de defensa de la administración Bush, no hace sino ratificar lo anterior, mostrando la intención de Barack Obama de mantener una política exterior agresiva, con el objetivo de restaurar el hoy desquebrajado dominio del imperialismo norteamericano en el mundo.

No podía esperarse otra cosa. Más allá de una política interna llamada a fortalecer el aparato productivo, la capacidad de consumo de las clases medias, y la seguridad social destinada a las capas más desprotegidas de la sociedad norteamericana, tendiente a recobrar confianza, credibilidad y margen de maniobra política frente a la crisis global, el imperialismo no puede renunciar a su hegemonía económica y militar en el resto del mundo; so pena, como afirman prestigiados analistas, de ceder iniciativa geopolítica, energética y comercial frente a China, Rusia, o la India, potencia emergente a considerar.

De ahí que resulte ingenuo esperar que el imperialismo renuncie a sus intereses en México, en nombre de una mal entendida amistad. Como resulta no sólo ingenuo, también ceguera política, el que el Sr. Calderón Hinojosa tratara en Lima, Perú, de enmendarle la plana a Barack Obama, oponiéndose a la revisión de un Tratado de Libre Comercio que ya no le es funcional a los Estados Unidos. Por elemental lógica habría que considerar las prioridades de nuestro vecino en materia de política interna y exterior y no las propias, a partir de los déficits –comercial, fiscal, de inversión, climático, de valores, de igualdad y de responsabilidad- que según el premio Nobel, Joseph Stiglitz, frente a la actual crisis acusa la nación más poderosa del planeta. Subsanarlos y obtener el equilibrio deseable, exige un gran esfuerzo hacia adentro pero también en lo externo, y en ello va por delante el interés nacional por sobre amistad y buena vecindad.

Inversión, empleo, fortalecimiento del mercado interno, y reactivación de los procesos de expoliación imperial  de la riqueza en el resto del mundo bajo su hegemonía, a través de una política monetaria y comercial agresiva con el respaldo de la bota militar, dicta la lógica. Bajo este supuesto, es de considerarse que la inversión productiva y las políticas de empleo se concentren en territorio nacional, beneficiando a sus connacionales a costa de la reducción de flujos de capital al exterior y de la mano de obra proveniente del extranjero. En tanto que en el mundo subdesarrollado bajo su dominio, sacarán raja de los demoledores efectos de la crisis global, haciéndose de  recursos naturales de países empobrecidos en beneficio del imperio.

México, atrapado entre el coloso del norte y los países emergentes de América Latina que vinculándose a China y Rusia, vienen construyendo su propio espacio frente a los Estados Unidos, con Tratado de Libre Comercio con América del Norte, o sin este, seguirá condenado a repetir su historia de país dependiente, expoliado, de rodillas en un permanente estado de subdesarrollo, víctima de sus propias contradicciones internas y la ceguera y corrupción de sus gobernantes.

Bajo esta óptica, la administración de Barack Obama, es más amenaza que esperanza para México. O aprendemos a rascarnos con nuestras propias uñas, rescatando con honestidad, trabajo y defensa de lo más caro de nuestros intereses nacionales, a un país que se hunde más cada día, o seguiremos atados a nuestro destino manifiesto hasta que se reviente el hilo por lo más delgado.

1 Comment

Filed under Blogroll

Mario Benedetti: “Las palabras”

No me gaste las palabras
no cambie el significado
mire que lo que yo quiero
lo tengo bastante claro

si usted habla de progreso
nada más que por hablar
mire que todos sabemos
que adelante no es atrás

si está contra la violencia
pero nos apunta bien
si la violencia va y vuelve
no se me queje después

si usted pide garantías
sólo para su corral
mire que el pueblo conoce
lo que hay que garantizar

no me gaste las palabras
no cambie el significado
mire que lo que yo quiero
lo tengo bastante claro

si habla de paz pero tiene
costumbre de torturar
mire que hay para ese vicio
una cura radical

si escribe reforma agraria
pero sólo en el papel
mire que si el pueblo avanza
la tierra viene con él

si está entregando el país
y habla de soberanía
quién va a dudar que usted es
soberana porquería

no me gaste las palabras
no cambie el significado
mire que lo que yo quiero
lo tengo bastante claro

no me ensucie las palabras
no les quite su sabor
y límpiese bien la boca
si dice revolución.

[Las palabras- Mario Benedetti]

Leave a Comment

Filed under Literature, Mexico, Poetry, Politics, Resistance