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Marcelo Colussi: Latinoamérica, en defensa de la universidad pública

En Latinoamérica las universidades tienen una larga historia. Se crearon ya en los primeros años de la conquista; la primera de ellas nace en 1538: la Imperial y Pontificia de Santo Tomás de Aquino en la isla de Santo Domingo. Años más tarde, en 1551, se fundan la de Lima y la Nacional de México.

En 1636, cuando apenas nacía la de Harvard en Estados Unidos, ya había trece universidades en la región latinoamericana, llegando más tarde a 31 en el momento en que se producen los procesos independentistas a comienzos del siglo XIX. En todos los casos, estas instituciones reflejaban el modelo medieval traído de Europa, asociado siempre con los poderes de la realeza y de la iglesia católica. Con la independencia de las nuevas repúblicas comienza a introducirse una nueva idea de universidad, acorde con el surgimiento de las nuevos Estados desarrollados sobre los modelos europeo y estadounidense, con la misión básica de formar profesionales liberales y desarrollar disciplinas académicas.

El modelo en juego imitaba el concepto napoleónico del siglo XIX, en el que la preparación profesional se separaba de los centros de generación del conocimiento, exclusivamente académicos y científicos. Frente a este modelo de profesional liberal fue surgiendo otra concepción en Alemania, donde aparece la “universidad de investigación”. Allí la enseñanza técnica se combinaba con la generación del conocimiento puro y la ciencia, lo cual tuvo el valor de una verdadera revolución académica. Ese esquema investigativo fue consolidándose en Europa durante el siglo XIX y luego en Estados Unidos, acorde al crecimiento económico que iba impulsando más y más desarrollos técnicos para la floreciente industria capitalista. Ese modelo se fue solidificando y es el imperante hoy día, en el que se da una asociación directa del conocimiento generado en la universidad con su aplicación práctica en la esfera económica, vía empresas privadas básicamente. En el transcurso del siglo XX la investigación científico-técnica terminó por ligarse enteramente al crecimiento económico, y las ciencias pasaron a ser el sostén de la industria moderna. El modelo universitario, por tanto, pasó a ser una actividad inseparable del crecimiento económico del capitalismo desarrollado, ya completamente alejado de los esquemas medievales que llegaron a Latinoamérica con los años de colonia.

En el siglo XXI esa tendencia se mantiene y profundiza, más aún con los nuevos paradigmas de producción caracterizados por la globalización de la economía y el paso hacia la “sociedad del conocimiento”, basada cada vez más en tecnologías hiper desarrolladas y sumamente cambiantes, enfermizamente competitivas. La tendencia, muy evidente en los países del Norte y que también llega al Sur, a veces provocando procesos distorsionados, forzados, es poner la universidad de investigación al total servicio del mercado, llegando así a la noción de “universidad empresarial”, donde lo que cuenta es la óptima relación costo-beneficio concebida desde el lucro y donde se va esfumando la idea de desarrollo social, de extensión y servicio comunitario. Pero todos estos procesos, surgidos en los países que marcan el rumbo, llegan a la región latinoamericana como tibia copia. No ha habido, en general, procesos con dinámicas propias. Siempre se ha tratado de imitar al Norte, visto como opulento y modelo a seguir.

A principios del siglo XX, en toda Latinoamérica tienen lugar procesos de profunda autocrítica y explosión renovadora en el seno de las universidades. Surgidas en la de Córdoba, Argentina, las protestas estudiantiles denunciaban la permanencia de estructuras clasistas y oligarcas en instituciones que no respondían a los procesos de modernización social que vivía el país por aquel entonces, con casas de altos estudios aún organizadas según criterios semi-medievales arrastrados durante toda la colonia, sentando así las bases para una ola de reformas universitarias y crítica social que en las primeras décadas del siglo va a barrer toda la región. Pero esos explosivos movimientos reformistas sólo llegaron a resultados reales en el plano político, sin alcanzar a transformar las estructuras económico-sociales de base de sus respectivas sociedades.

Las banderas fundamentales levantadas por estos movimientos eran la autonomía universitaria y la cogestión, elementos que se consideraron principios necesarios para convertir a las universidades en motores eficientes de la democratización social y cultural, y por tanto del desarrollo nacional. Pero sin dudas esos cambios no fueron suficientes para transformar las sociedades en que tuvieron lugar. Las desigualdades sociales se mantuvieron y el acceso a la educación superior siguió siendo algo selectivo, tal como se mantiene a la fecha. En realidad, el principal logro concreto que obtuvieron los movimientos de reforma universitaria fue el de incorporar la representación estudiantil a los organismos de gobierno de las casas de altos estudios. Con la autonomía, las distintas universidades latinoamericanas se convirtieron en centros de denuncias, semillero de luchas políticas y protestas contra el orden social imperante. Por largas décadas estas instituciones fueron un referente en la vanguardia intelectual pasando a ser centros de pensamiento crítico, y en la segunda mitad del siglo XX, el lugar donde se inspiraron numerosas propuestas de transformación revolucionaria. Pero todo eso ha cambiado en estas últimas décadas. Cambiado, claro está, a favor del gran capital y no en provecho de las mayorías populares.

Es necesario decir que aquellas reformas de inicios del siglo XX, si bien contribuyeron a crear un espíritu crítico entre estudiantes y catedráticos que se mantuvo activo por décadas, no lograron articular enteramente a las universidades con la producción de conocimiento y su función social. En toda la región latinoamericana, las universidades no se centraron en la creciente importancia de la ciencia para el cambio técnico-productivo, ni pudieron servir a proyectos políticos que superaran los modelos económicos dependientes y progresaran hacia la industrialización autosuficiente.

La historia de las universidades en Latinoamérica se ha ligado, fundamentalmente, a la formación de profesionales; su faceta de investigación y producción de nuevos conocimientos, tal como se dio en sus homólogas del Norte, no es lo que más ha destacado. A ello se agrega recientemente un proceso que refuerza lo anterior: el crecimiento imparable de las universidades privadas, concebidas especialmente como formadoras del recurso adecuado a la empresa privada que la demanda.

Vale tener en cuenta la forma en que el venezolano Vladimir Acosta sintetiza el perfil de nuestras casas de estudio superior: “uno de los grandes problemas de las universidades latinoamericanas es que son unas universidades colonizadas, dependientes, subordinadas a una visión derechista, globalizada, eurocentrista y blanca de mirar el mundo. Son universidades donde los saberes se disocian, se fragmentan, justamente para impedir una visión de totalidad, y para hacer del estudiante que se gradúa, que egresa como profesional, un profesional limitado, con una visión burocrática profesional, orientada en lo personal a hacer dinero, y en la visión que se tiene a encerrarse dentro de un marco profesional sin tener conocimiento de su identidad, de su historia y de su compromiso con su país”.

Hoy por hoy se ha instalado en la región la dinámica de universidad pública versus privada. Ese crecimiento enorme de las universidades privadas es un fenómeno muy propio de América Latina; ello se explica por las políticas neoliberales de los años 80 y 90 que, luego de las sangrientas dictaduras de décadas atrás, vinieron a privatizar todos los espacios. En la década de los 90 la privatización de la enseñanza superior alcanzó niveles notables en toda la región y a un ritmo muy acelerado, al mismo tiempo que se desarmaban los Estados nacionales y se privatizaban todos los servicios. En el transcurso de la década, la proporción de estudiantes matriculados en universidades privadas pasó de un 20% a cerca de 35%, lo que hace que la región cuente hoy con una de las mayores proporciones de estudiantes universitarios dentro de la opción privada en el mundo.

Estas universidades privadas se amoldan a cabalidad al modelo neoliberal que se ha impuesto, pues trabajan esencialmente para el mercado. Su visión se centra en la formación de recurso humano para las necesidades de la iniciativa privada, sin que cuente la idea de desarrollo nacional, de proyecto de país. Siempre copiando modelos de universidades “exitosas” (léase: privadas) del Norte, se prioriza la formación profesional de excelencia con criterios individualistas, sin pensamiento crítico. Los ideales de reforma universitaria de principios del siglo XX van quedando en el olvido. Disciplinas que fomenten la visión global de los procesos dando herramientas de análisis político-social para entender, y eventualmente transformar, las realidades nacionales, parecen ser cada vez menos importantes, reduciéndose su presencia en los planes de estudio, orientados más a la formación en aspectos técnicos.

De todos modos, como lo advierte Roberto Rodríguez Gómez, “la gran expansión del sector privado se ha realizado sobre la base de una multitud de pequeños establecimientos que, si bien ofrecen enseñanza de nivel profesional, carecen, por regla general, de estructuras de postrado y de investigación. Debe hacerse notar que no todas las instituciones de enseñanza superior pública en América Latina pueden ser clasificadas como “universidades de investigación”, es decir, como instituciones que cumplen realmente con las funciones de docencia, investigación y difusión. En otros términos, ese auge de la privatización de la enseñanza universitaria no significa necesariamente una explosión de calidad y de excelencia académica. Es, en todo caso, un síntoma más de los tiempos que corren, marcados por la prédica neoliberal.

Pero lo más preocupante de todo esto no es la posible desaparición de la universidad pública bajo el desarrollo vertiginoso de las privadas. Eso no pareciera posible, por diversas razones históricas. De hecho, el peso de las públicas es –y todo indica que seguirá siendo– mucho mayor que el de las privadas, tanto en presupuesto, estudiantes matriculados, presencia social e impacto con su extensión comunitaria, así como en investigación y producción de nuevos conocimientos. Lo que sí es alarmante es la ideología privatizadora que está en juego. Las universidades públicas se están privatizando en su concepción. Como bien lo expresó Deiby Ramírez: “la Universidad es pública cuando además de ser financiada por el Estado, está abierta con carácter de servicio público a todos los estratos sociales, y los beneficios de esa educación superior son para toda la sociedad”. Es decir: para ser un proyecto público no se trata sólo de recibir fondos públicos (la Nasa, en Estados Unidos, también los recibe, dicho sea de paso) sino de ver el modelo en función del que se trabaja. Las universidades públicas, acorde al nuevo dios-mercado que se ha impuesto con su omnímoda exigencia de eficiencia en la relación costo-beneficio (leyéndolo en clave capitalista: lo que no da ganancia hay que desecharlo, olvidémonos del interés social) se van constituyendo cada vez más en expresiones de la ideología privatista. Sus sistemas de post-grado lo evidencian de modo palmario: son todos pagos, en muchos casos más onerosos incluso que las ofertas de las universidades privadas. Lo cual no significa que, por fuerza, deba ser así: si hay voluntad política de mantener tanto ese segmento de la educación superior, como el proyecto universitario en su conjunto, en forma pública, se puede. Y el sistema no se resiente. Cuba, por ejemplo, que tiene excelentes universidades, mantiene todos sus post grados en forma gratuita para los propios ciudadanos cubanos. Evidentemente la decisión de adorar al dios mercado no es técnica; es política.

Amparándose en la idea de autosuficiencia financiera y desregulación (eufemismos para nombrar la privatización y la apología del mercado), las universidades públicas se han visto compelidas a diversificar sus fórmulas de financiamiento bajo la hipótesis de corresponsabilidad con el Estado por medio del cobro de cuotas de admisión y colegiaturas, venta de productos y servicios, concurrencia sobre financiamientos concursables, entre otras. Es decir: privatización encubierta.

Con todo ello, la universidad pública, aunque no desaparezca formalmente como tal, no deja de enviar un mensaje: hay que amoldarse a las fuerzas que lo deciden todo, es decir: el mercado. El proyecto en juego es seguir apuntalando un sistema económico basado en el lucro personal, que ya se ha demostrado infinitamente que no ofrece salida para las grandes mayorías de la población.

Pero definitivamente hay otras opciones a ese modelo. Luchar por la gratuidad de la educación superior y por el compromiso de la universidad con su comunidad es seguir manteniendo viva la esperanza en que la vida no sólo puede concebirse como mercancía para vender. En ese sentido, defender la universidad pública –y más aún: defenderla en Latinoamérica, donde la universidad tiene una larga historia de lucha social y compromiso con el pensamiento crítico– es seguir apostando por otro mundo posible, por darle forma a las utopías, por no resignarse ante la injusticia.

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Luis Arce Borja: Crónica de un peregrinaje poco santo. Los aliados latinoamericanos de Madame Betancourt

En los primeros días de diciembre, Ingrid Betancourt comenzó un peregrinaje por Ecuador, Argentina, Chile, Perú, Brasil y Bolivia, y Venezuela. Las puertas de los palacios se abrieron como nunca para recibir tan ilustre visitante. La ex rehén de la guerrilla colombiana fue recibida por las autoridades de estos países como si se tratara de una princesa del siglo XVI.

El propósito político de este viaje fue diseñado por el gobierno mafioso de Colombia, y contó con el apoyo de los americanos y del gobierno francés. El motivo humanista de este peregrinaje, solo fue el barniz de un plan político-policial para desprestigiar a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y ganar el apoyo de los gobiernos “izquierdistas” a favor de la campaña imperialista contra la lucha armada y los movimientos revolucionarios del continente. El gobierno de Colombia, y en particular la administración de los Estados Unidos, buscan aislar a las FARC como primer paso para lanzar una ofensiva que liquide definitivamente este movimiento subversivo.

¿Por qué esta urgencia?. La crisis económica crece en Latinoamérica, y con ello aumenta el hambre, la miseria, la desocupación y se agudiza la lucha de clases. Sus consecuencias inevitables son las explosiones sociales como recientemente ha ocurrido en Perú y Bolivia. En este terreno las acciones armadas de las FARC resultan un monumento a la resistencia popular, que las masas hambrientas estarán listas a imitar cuando encuentren una dirección política independiente, y que las aleje de la trampa electoral. Actualmente, las FARC, a pesar de sus limitaciones ideológicas políticas, constituyen la única fuerza revolucionaria en América Latina, que muestra el verdadero camino para liquidar a los grupos de poder y la dominación imperialista. Para más información sobre el futuro inmediato de Latinoamérica, basta leer un reciente informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) donde señala que la situación de miseria sigue creciendo en este sub continente. El informe dice que para el año 2009 la situación será sombría, dramática y sin esperanza. Según Cepal, solo en el 2007, más de cuatro millones de personas pasaron del límite de la pobreza a la pobreza extrema, es decir personas que no comen todos los días. Y en los próximos años, como reflejo de la crisis internacional, los pobres absolutos seguirán en crecimiento hasta alcanzar al 40% de la población. Para CEPAL, la acumulación de precios, en 2007 y 2008, ha hecho crecer la indigencia en América Latina, y que de esta situación no se escapa ni Bolivia ni Venezuela, que son presentadas con simpleza como países gobernados por regimenes de izquierda y hasta revolucionarios, pero donde sigue imperando el sistema de voracidad capitalista.

Es en este contexto donde hay que analizar, la complicidad de Chávez, Lula, Evo Morales, y otros en el peregrinaje de la santa colombiana. Ingrid Betancourt, sabe que por si sola ya no tiene ningún futuro político ni en Colombia ni en otra parte del mundo. Su “martirologio”, fue desperdiciado por su manía de acercarse demasiado a individuos reaccionarios y odiados por sus pueblos. Ella cumple ahora tareas a destajo, y sus ambiciones siguen siendo servir en cuerpo y alma a los grupos de poder de Colombia y a las potencias imperialistas. Es por ello su peregrinaje a América Latina, y en esto se parece mucho a esos productos que el sistema de consumo internacional pone de moda, y que los hace circular hasta donde le rinda dividendos y ganancias. Lo que se conoce como moda, ya sea en la música, vestimenta, belleza femenina, vehículos, y hasta en la política, proviene de los grandes países industrializados. Desde el origen del sistema de consumo es así, y no hay nada por el momento que haga cambiar esta situación. La existencia de estos productos, es decir su utilidad en el mercado, depende de la publicidad y todos los recursos del marketing. Muchas veces estos productos, por mala calidad, por deficiencia publicitaria, o por la misma competencia en el mercado, rápidamente se convierten en simples desechos. Cuando ello ocurre, no se debe pensar que son echados a la basura, nada de eso, son trasladados para su venta en los países pobres. En este terreno se ha visto que medicamentos dañinos para la población de los países ricos, se siguen comercializando en los países pobres.

Algo de esto se ve en la gira latinoamericana de la “santa” Betancourt. En Europa, Estados Unidos, y mismo en el Vaticano, presentar la imagen esmirriada de la “heroína” colombiana, ya no es un evento de importancia. La “moda” Batancourt, como calmante de conciencia no duró mucho. Se desinfló cuando las ambiciones de esta mujer para convertirse en Premio Nobel de la paz 2008, se vinieron abajo a pesar que fue propuesta por la presidenta de Chile. La crisis económica mundial, que ya hace estragos en los países ricos, dejó sin terreno este producto colombiano. Ahora ya nadie se acuerda de esta mujer de lágrimas abundantes y de plegarias cacofónicas. Hay que recordar que la “heroína” del mafioso gobierno de Uribe, fue hecha prisionera por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en febrero del 2002 y su “rescate”, una dudosa operación militar, se ejecutó el 2 de julio de este año.

Ingrid Betancourt, ha traslados su espectáculo a América Latina, según ella para fomentar un “grupo de amigos” que ayude a liberar más cautivos en manos de la guerrilla colombiana. Antes de iniciar esta gira política, ella se reunió con Álvaro Uribe, quien dio las instrucciones necesarias para su recorrido santo. En Latinoamérica ha seguido el mismo libreto que empleó cuando visitó algunos países de Europa. Ahí se movió entre palacios y reinados, y circuló entre el Vaticano del ex nazi “Benedicto XVI, el palacio del franquista rey de España y el palacete de Nicolás Sarkozy que se cree ahora el rey de Francia. Su periplo se inicio en Ecuador donde se reunió con su “hermano” el presidente Rafael Correa. Ahí aprovechó para anunciar que los militares colombianos que la “rescataron” de las manos de las FARC, eran héroes continentales. Después, el 2 de diciembre aterrizó en Argentina, donde fue recibida por la presidente Cristina Fernández, ávida de circo para aplacar la ira del pueblo que reclama medidas para detener la miseria y desocupación creciente en este país. Su arribo a este país coincidió con la llegada de la radiante presencia de la celebre Madonna, que llego con 200 bailarines para presentar cuatro conciertos. Entre la famosa Madonna y madame Betancourt, los argentinos prefirieron a la primera, pero ello no fue problema para que esta santa en formación pidiera a Dios que este sea la última fiesta de Noel que los rehenes de la guerrilla colombiana estén en cautiverio. “Yo estoy segura que eso será así”, dijo con lagrimas en los ojos”.

Su éxito rotundo, fue cuando llegó al Perú el 3 de diciembre y se reunió nada menos con Alan García Pérez. El odiado y corrupto presidente del Perú la recibió con los brazos abiertos y ella se sintió como en su casa. El refrán popular dice, “Dios los crea y el Diablo los junta”. Pero García no pudo hacer otra cosa que reunirse con ella en privado para evitar que algún objeto contundente dirigido a él, haga blanco en su ilustre visitante. Hay que recordar que en los últimos tiempos los peruanos, expresan su rechazo al gobierno lanzando piedras, botellas y otros instrumentos contundentes contra el actual presidente cuando éste temerariamente sale a las calles, o se presenta en algún acto público. Recientemente, el domingo 7 de diciembre, una turba de pobladores enardecidos lanzó piedras y bolsas de plástico repletas con orines contra Alan García y su comitiva presidencial que se hicieron presentes en la plaza de Acho en Lima.

Ni las pedradas en la cabeza ni la actual corrupción en el gobierno, impidió que Alan García, acusado de crímenes de guerra, de exterminio de prisioneros, y de formar bandas paramilitares, propusiera a Ingrid Betancourt, como candidata a Premio Nobel para el año 2009. García Pérez, mientras ordenaba que el ejército y la policía metan bala y bombas contra manifestantes en diversas provincias del país, decía que su ilustre visitante, representaba “para muchísimos seres humanos un símbolo de esperanza y de libertad. Por eso, me aúno a la idea y la propuesta de la Presidenta de Chile… Creo que la distinción universal que significa el premio Nobel de la Paz es un justo homenaje para quien encarna la fe del espíritu humano”.

La reunión entre la santa Betancourt y el presidente Lula en Sao Paulo no fue menos fructífera que en otros países. El presidente de Brasil, anuncio que “las FARC deberían informarse de que no se hace política secuestrando inocentes, ellos tienen que entender que la gran oportunidad es creer en la democracia. No se ganan elecciones secuestrando personas”. Junto a esto la santa peregrina, dijo que el año 2008, fue un periodo de inmensa humillación para las FARC’, asegurando que el operativo militar (Operación Jaque) de los militares colombianos que permitió su liberación “fue una acción extraordinaria”. Por qué no llevar este hecho a los salones de Hollywood y hacer el más grande film de la época, pensó internamente, pero alguien le sopló que ya en Estados Unidos se alistaba tal proyecto de talla universal.

El 6 de diciembre, Ingrid Betancourt piso tierra boliviana y ahí fue recibida por las autoridades como una princesa de la época de la colonia. Fue declarada Huésped de Honor de la ciudad de La Paz, el palacio de gobierno se vistió de lujo para la entrevista que sostuvo con Evo Morales. Aprovecho su estadía en Bolivia para una vez mas hacer campaña a favor de la reelección del facineroso Uribe, actual presidente de Colombia, y mandarse un ataque contra las FARC, de quien dijo “no tiene apoyo popular. Los colombianos no quieren a la guerrilla y eso explica por qué Uribe ha sido reelegido y probablemente se lo vuelva a reelegir”. Por su parte los voceros de Evo Morales, dijeron que “la lucha política en Latinoamérica debe darse en la vía electoral democrática y no son justificables los levantamientos armados violentos. “Ningún fin puede justificar el secuestro, la extorsión y la violencia”, dijo el viceministro de Coordinación con los Movimientos Sociales Sacha Llorenti. Por su parte, Ingrid Betancourt, anunció, que “la reunión con el Presidente Evo Morales fue extraordinaria para mi porque efectivamente encontré a ese hombre que yo quería encontrar, a ese hombre que puede entender, ser humano antes de ser Presidente”.

El plato fuerte de la Betancourt, fue su visita a Venezuela. El día esperado se realizo el 7 de diciembre, en el palacio de Miraflores. La visitante dijo que llegó por que quería abrazar al presidente Chávez, porque el fue un artífice de su liberación y de su rescate de manos de las FARC. En este país repitió, lo que había dijo en todo su periplo, que las FARC están de espaldas a la realidad y que la lucha armada es cosa del pasado, y que la guerrilla colombiana se ha convertido en un cartel de la droga. En la reunión con Chávez, entre risas y tiernos abrazos, dijo que sin la participación del apoyo del presidente venezolano, no hubiera sido posible, ejecutar exitosamente la “operación jaque” (acción militar del ejército colombiano), que en julio pasado libero a Betancourt y 14 otros rehenes. Betancourt destacó que sin la participación del Jefe de Estado venezolano “no se hubiese podido llevar a cabo una operación como la que llevó a cabo el ejército colombiano”.

Artículo Original: Argenpress

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Juan Diego García: La batalla de los indígenas

El racismo ha estado siempre presente en la historia de Latinoamérica. El sistema colonial era profundamente racista y el fenómeno permanecerá como característica de estas sociedades durante el largo proceso de su formación republicana.

Hoy, con matices, la situación no es muy diferente. Ni las revueltas populares ni las escasas y dispersas cuotas de democracia de la que han gozado estos pueblos han sido suficientes para borrar este elemento malsano de la cultura criolla. La mayor discriminación se ejerce contra los indígenas pero no es menor contra la población negra. El fenómeno se atenúa con los mestizos, por el “mejoramiento de raza” que supone su mezcla con los europeos.

El discurso racista, como sucede en todas partes, no es más que una justificación de los privilegios que se abroga e impone un grupo étnico o nacional sobre los demás. El edificio del racismo comienza por la economía pero inevitablemente afecta todas las esferas del orden social. No debe extrañar entonces que la división de clases registre un cierto paralelismo con la división étnica aunque la generalización de las relaciones capitalistas y el paso de las sociedades agrarias tradicionales al desarrollo industrial y al urbanismo generan alguna capilaridad que permite ascender modificando la estructura de castas. El mayor disolvente de estas relaciones sociales es por supuesto eldinero pero también tienen su papel el ejercicio de la ciencia, la práctica del arte, el oficio militar o la vocación religiosa que son igualmente vías de ascenso social muy comunes (aunque siempre a posiciones secundarias).

En Bolivia, el discurso de la derecha según el cual los indígenas son una raza inferior que no debe dirigir los destinos del país esconde el propósito de mantener el orden existente amenazado por la avalancha del movimiento popular y asegurar así los intereses económicos de la elite (sobre todo la tenencia de la tierra y el control de los recursos del gas natural). Es evidente el rol del racismo como instrumento ideológico en defensa de la oligarquía tradicional blanca a la cual se añade ahora una nueva burguesía de inmigrantes (católicos croatas y sectas protestantes, sobre todo) y cierta base social compuesta por mestizos asimilados, muchos de ellos de rasgos tan indígenas como aquellos a quienes denigran.

No es muy distinto el panorama en Chile aunque la cuestión indígena tenga allí dimensiones diferentes. En la tierra de Neruda el racismo sirvió (y sirve) para los mismos fines: genocidio en unos casos, sometimiento y asimilación en otros. Pocos lograron sobrevivir al primer ataque colonizador de los españoles o a las batidas sistemáticas de los colonos alemanes especialmente traídos para “civilizar a estos salvajes irreductibles”. En el sur profundo quedaron sin embargo los Mapuches, pueblo de especial bravura que aún resiste y lucha por conservar las pocas tierras que les han dejado. Ahora, se enfrentan a la amenaza de una multinacional española que construye una enorme central hidroeléctrica inundando el resguardo. En pleno siglo XXI reaparecen los viejos argumentos que les denigran como rezagos del pasado y como rémoras vergonzosas para la civilización, con el claro objetivo de criminalizar su movimiento de protesta. Su vida comunitaria y su relación con la tierra se muestran en el discurso racista como conductas primitivas, contrarias a la nación y sobre todo opuestas a la racionalidad capitalista, al reino incontestable de las ganancias y -como no!- al progreso, la misma baratija con la cual en el pasado se dio carta blanca a la destrucción de civilizaciones enteras, consideradas incompatibles con el capitalismo en expansión.

Brasil no es la excepción. Más bien puede mostrarse como uno de los casos más escandalosos de genocidio con la complicidad de las mismas autoridades civiles y militares que acceden gustosas a las presiones de hacendados, multinacionales y colonos. Con todas las matizaciones del caso la situación se repite en México y Centroamérica y no es muy diferente la suerte de las etnias aborígenes del norte del Continente.

En Colombia, en pleno proceso de contrarreforma agraria e impulso del neoliberalismo más radical, se adelanta desde hace décadas una política de exterminio de las etnias indígenas locales. En este año se han realizado grandes movilizaciones a las cuales se responde indefectiblemente con la agresión de policías, soldados, paramilitares, funcionarios del Estado y –como no podía ser menos- con el concurso entusiasta de las grandes multinacionales que pretenden explotar los recursos de los resguardos. El racismo, tan evidente en los medios de comunicación locales, no hace más que responder a los intereses que se mueven en esta guerra contra el indígena. En estos mismos momentos se desarrolla una gran movilización en el sur del país, con la inevitable cuota de muertos, heridos, presos y desaparecidos que trae consigo cualquier manifestación de descontento en Colombia. Solo que esta vez la represión parece haber dado más ánimo a las protestas y la marcha indígena ya se dirige a Bogotá recibiendo a su paso el apoyo de la población y la adhesión del resto de las etnias del país y de obreros, estudiantes, intelectuales y hasta de las llamadas “clases medias”. Las demandas de los indígenas se limitan a reclamar el cumplimiento de sentencias emitidas hace décadas por las más altas autoridades judiciales que exigen la devolución de tierras de resguardo a las comunidades. Por supuesto, para Uribe Vélez detrás del movimiento indígena se esconden las FARC y en consecuencia toda represión será poca.

Por su parte, los medios de comunicación (casi todos en manos de multinacionales) intentan confundir a la opinión pública acusando al movimiento indígena de promover un regreso a formas primitivas de vida, incompatibles con la modernidad. Pero tales afirmaciones ocultan deliberadamente que lo esencial del discurso indígena está lejos de tales pretensiones. Existen por supuesto algunos grupos que añoran el orden anterior a la colonia, idealizado como una suerte de socialismo aborigen. Pero ellos no representan sino pequeñas fracciones del movimiento, sin mayor importancia práctica. Sirven, eso sí, para desprestigiar al movimiento, aislarlo del resto de la población yalimentar otras formas de racismo folclórico. La inmensa mayoría es sin embargo ajena a tales mitos y tienen los pies muy puestos en la tierra; saben que viven en medio de una civilización capitalista que determina lo esencial de su existencia; pero conocen también el valor inestimable de buena parte de sus tradiciones de trabajo comunitario, sentido de pertenencia, idioma, conocimientos médicos y formas de participación que recuerdan la más pura democracia directa (¿es loable la democracia “de mano alzada” en Suiza pero deleznable en Los Andes?); y no falta quien sugiera considerar seriamente la relación de sano equilibrios que ellos intentan con el medio natural mientras nuestro consumismo desenfrenado afecta de manera tan dramática la vida cotidiana y pone en riesgo la misma supervivencia de la especie.

Especialmente amenazadas se encuentran las etnias amazónicas y de otras regiones de selva húmeda tropical. Es todo un reto para los gobiernos del área encontrar la manera de conservar estas etnias y su entorno, respetar sus derechos constitucionales, aceptar su autonomía y sobre todo – para empezar- impedir que curas misioneros les destruyan su cosmovisión como primer paso para su desaparición como pueblos. Su escaso número y dispersión por selvas inmensas (repletas de recursos naturales) les hace especialmente vulnerables. Los gobiernos de progreso del continente no pueden comportarse como Uribe o como Calderón, enviandoa la soldadesca a la caza del indio. El respeto a sus derechos y la extensión efectiva de la ciudadanía a estas etnias sigue siendo un reto inmenso para sociedades que se precian en público de no ser racistas pero actúan siempre considerando a los indígenas como estorbos a eliminar o como pobrecitos alos cuales hay que tender una mano generosa. Ni agresión ni lástima son aceptables; se trata de simple y necesaria solidaridad.

Artículo Original: Argenpress

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Vicky Pelaéz: El Gran Patrón pierde su patio trasero

“No hay muro que no se escale ni fortaleza que no se tome”. —Georgi Dimitrov

A pesar de tantas dificultades, América Latina está enrumbándose cada día, y con más fuerza, hacia el nuevo destino que sepultará su condición de “patio trasero” de los Estados Unidos, esa que ha tenido que soportar durante casi dos siglos pero sin dejar de luchar. Su marcha es percibida por todos los países a excepción del Gran Patrón que se aferra al pasado y no quiere ver los cambios, ni escuchar las voces prudentes de sus pocos sabios.

Por eso sonaban ridículas las amenazas de Condoleezza Rice a los rusos que mandaron dos aviones de guerra y una escuadra de buques a Venezuela para maniobras conjuntas. Rice dijo que “los rusos deben tener mucho cuidado en el hemisferio donde nosotros tenemos una poderosa fuerza militar”. Algunos miembros de la Cámara de Representantes fueron inclusive más lejos y presentaron una “resolución de condena a la expedición rusa que violaba la Doctrina de Monroe”. Es decir, siguen creyendo en lo que dijo el quinto presidente James Monroe en 1823: “América es exclusivamente para los norteamericanos”.

Hace un tiempo esta declaración hubiera asustado a la América Latina, pero ahora causó una sonrisa. Fue el presidente ecuatoriano Rafael Correa quien le contestó a Rice y le dijo: “si la 5ª Flota norteamericana está en América Latina ¿porqué la flota rusa no puede estar también? Ecuador está dispuesto a darles la bienvenida”. El Departamento de Estado quedó mudo. Sabían que esto iba a pasar pero no esperaban que fuera tan pronto. El documento “Global Trends 2025”, que fue entregado en 2002 al presidente George Bush por el Consejo Nacional de Inteligencia pronosticaba que “el dominio estadounidense en el hemisferio occidental se reducirá drásticamente, produciéndose la erosión de la supremacía norteamericana en las esferas de política, economía y cultura”.

En los tiempos del internet, hasta los sucesos geopolíticos sufren cambios acelerados. Y Estados Unidos, debilitado por dos guerras sin fin y sacudido por la bancarrota financiera, ya no tiene ni fuerzas, ni recursos para poner “orden en su patio trasero” que busca su propio camino hacia la prosperidad, sin la tutela del Gran Patrón.

No sólo está adquiriendo fuerza la formación de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) —la que hizo fracasar un golpe fascista en Bolivia y de paso tranquilizó a los separatistas en Ecuador y Venezuela—, sino también, el Banco del Alba y el Banco del Sur están en marcha para solventar la integración política, económica y militar de América Latina. La mayoría de los países latinoamericanos, a excepción de Colombia, México y el Perú, sacó a tiempo sus reservas financieras del Tesoro norteamericano. Entonces hay recursos para invertir. A la vez, los chinos, rusos e hindúes están ansiosos de invertir en América Latina.

Contrario al modelo neoliberal, Latinoamérica debe orientar su crecimiento económico hacia adentro, y regulada por el Estado, instituciones o sociedad. Solamente así se podrá redistribuir mejor la riqueza y salir del subdesarrollo. Se está viviendo, como dijo Rafael Correa, “no cambios en la época sino cambios de la época”.

http://lastresyuncuarto.wordpress.com/2008/10/07/vicky-pelaezel-gran-patron-pierde-su-patio-trasero/

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Ernesto Carmona: La última llamada de Allende

La historia oculta de una llamada telefónica histórica: ¿Quiénes grabaron las últimas palabras de Salvador Allende?

Cada vez que se evoca el golpe militar en Chile se escuchan o citan las últimas palabras de Salvador Allende, difundidas en vivo por radio Magallanes durante la trágica jornada de aquel 11 de septiembre de 1973. La preservación de esta alocución para la historia, que hoy pertenece al patrimonio cultural y político de la humanidad, se debe al trabajo del periodista Guillermo Ravest Santis y del fallecido radio-operador Felipe Amado, ambos de la Magallanes y entonces militantes del partido Comunista, propietario de la desaparecida emisora, que en ese tiempo encabezaba una red nacional de 14 estaciones.

En la historia desconocida del 11 de septiembre chileno hubo muchos héroes anónimos que simplemente supieron hacer su trabajo. Otro fue Julio Soto, el chofer de Salvador Allende quien, en apenas 11 minutos recorrió unos 15 km desde la residencia presidencial al palacio de La Moneda, que hasta esa fecha simbolizaba la sede del poder legítimo. A sus 24 años, Soto evadió el riesgo de encontrarse con militares y carabineros que ya comenzaban a controlar la ciudad y logró trasladar al Presidente al palacio antes que llegaran “ellos”. Hizo un rodeo tan rápido por las zonas despejadas de la urbe congestionada por el tráfico de las 7 de la mañana, que el resto de la escolta tardó en alcanzarlo. Aunque sobrevivió, pagó su eficacia con tortura y cárcel, pero cumplió con su trabajo, según el relato del propio protagonista a Jorge Luna, de Prensa Latina …35 años después. (1) Y Allende pudo estar a tiempo en su lugar de trabajo para dirigirse por radio a su pueblo y a la posteridad. Sin embargo, se conoce muy poco la pequeña historia que rodea la recepción y grabación de las palabras del Presidente.

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Ángel Guerra Cabrera: Unasur, memorable cumbre

La cumbre de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) sobre la grave situación en Bolivia ha sido un nuevo y rotundo grito de independencia y unidad de América Latina. Por primera vez un grupo significativo de sus presidentes condena y adopta decisiones prácticas contra una conjura golpista orquestada por el imperio del norte. Este hecho y cada idea en la Declaración de la Moneda, aunque no se mencione por su nombre, señalan con el dedo acusador a Estados Unidos: la simbólica alusión a Salvador Allende y el categórico compromiso con el respeto a la soberanía, la no injerencia en los asuntos internos, la integridad e inviolabilidad territorial, la democracia y los derechos humanos.

Eso es lo sustantivo de la cumbre, que de modo unánime dio su apoyo irrestricto al presidente Evo Morales, condenó a los grupos desestabilizadores y sus acciones vandálicas, la masacre de campesinos en Pando que “no debe” quedar impune, exigió poner fin a esas acciones y la devolución de las instalaciones gubernamentales ocupadas como condición al inicio de un diálogo “conducido por el legítimo gobierno de Bolivia” y advirtió que no aceptará el golpe “civil” atentatorio contra la integridad territorial de Bolivia. Es trascendente el nombramiento de comisiones para investigar la masacre, acompañar el diálogo de La Paz con la oposición y brindarle el apoyo logístico que requiera. Unasur, en suma, enfrentó airosamente su primer gran desafío y ello refleja la emergencia en nuestra América de un nuevo tipo de gobiernos celosos de la soberanía nacional y con sensibilidad social, obviamente impulsados por las decisivas luchas populares que han llevado a la cabeza de ellos a buena parte de los reunidos en Santiago de Chile.

La cumbre ha sido un resonante triunfo político de Evo Morales y un reconocimiento a su talla de estadista, así como al talento político con que él y los movimientos sociales bolivianos han conducido la difícil brega por una democracia de las mayorías; y una derrota política dentro y fuera de Bolivia de los prefectos separatistas y su titiritero. Constituye también una clara advertencia a éste y a las oligarquías de la región de que no podrán seguir actuando impunemente con el matonismo que acostumbraban en otros tiempos. Deja sentado un precedente importante para la defensa indeclinable de la democracia en América Latina, que aquellos sólo respetan cuando se reduce a sus aspectos formales y no toca sus intereses ni con el pétalo de una rosa. Por ello es valiosa frente a las acciones ferozmente desestabilizadoras en Venezuela, donde se ha llegado al intento de magnicidio, y a los sucesos semejantes evidenciados, con distintos grados de intensidad, en Paraguay, Argentina, Ecuador, Honduras y Nicaragua. En fin de cuentas, todos ellos convergentes a la contraofensiva que desde el ataque a la soberanía territorial de Ecuador intenta montar Estados Unidos para aplastar los gobiernos y fuerzas populares latinoamericanas que han puesto en solfa su hegemonía política y control tradicionales sobre nuestros recursos naturales.

Bolivia, Venezuela, Cuba y Ecuador son los objetivos principales a golpear pero debe considerarse que la Cuarta Flota y otros instrumentos de intervención militar como el Plan Colombia responden a designios imperiales yanquis de reconfiguración geopolítica mucho más amplios. No es casual la oposición al restablecimiento de esa fuerza de asalto en los círculos gobernantes de Brasil, potencia económica emergente de peso mundial poseedora de estratégicas reservas de agua, biodiversidad y energéticas, así como de Argentina, colosal productora de alimentos; ambos dueños de vías fluviales y geografía de enorme importancia económica y militar.

El espaldarazo a Evo en la reunión de Santiago cobra mayor importancia cuando es evidente que la batalla por Bolivia entra en su fase más crítica, pues Washington y su jauría mediática, con CNN y El País a la cabeza, persisten en su aliento a la subversión fascista. Bolivia necesita más solidaridad que nunca.

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Octavio Rodríguez Araujo: ¿Política del miedo?

En Morelia, Michoacán, la noche de la celebración de la Independencia de México fue sangrienta. Dos granadas de fragmentación explotaron entre la muchedumbre: siete muertos y más de cien heridos fue el saldo conocido hasta la mañana del día siguiente. Esto no había pasado, no que yo recuerde. No fue un acto guerrillero; los grupos guerrilleros en México nunca han actuado de esta forma, se han cuidado de respetar las vidas humanas. Fue un acto terrorista, para provocar miedo y muerte, miedo a la muerte también.

A partir de ahora cualquier lugar, solitario en una calle oscura o en medio de la muchedumbre, es peligroso. Nadie sabe lo que le pueda pasar, y Calderón, insensible y obstinado, insiste –después de conocer la tragedia– en que los mexicanos “sin excepción” debemos unirnos en la desenfrenada e improvisada carrera de su desgobierno contra el crimen organizado, incluso denunciando a los agresores o proporcionando información para dar con ellos. Para completar el cuadro “aseveró que se equivocan quienes pretenden que el miedo haga presa a la sociedad” (Reforma.com, 16/09/08).

¿Y qué es lo que se puede esperar, además de miedo, después de las explosiones de Morelia? Si eso ocurrió en un pacífico festejo popular, ¿por qué no en cualquier otro tipo de acto o en un mitin de apoyo o de rechazo convocados por cualquier motivo por un líder, un partido o el mismo gobierno? En otros países ha habido actos terroristas recientes en el transporte (en Madrid el 11 de marzo de 2004 y en Londres el 7 de julio del año siguiente), en cafeterías y restaurantes, en plazas públicas, en hoteles y en las calles donde han explotado no pocos automóviles. Aquí ya contamos con esos escenarios.

En México, desde que se inició la guerra de Calderón contra los narcotraficantes, han muerto más personas que quienes se supone son las víctimas de aquéllos, es decir, los que consumen drogas ilícitas y que, también supuestamente, el gobierno trata de proteger con su guerra (¿será?). Y es ésta, la guerra, la que ha motivado el uso de granadas de fragmentación antes de Morelia, por ejemplo en Sonora el mes pasado, aunque no fueran activadas (La Jornada on line, 21/08/08), disparos con armas de alto poder en casi todas las ciudades importantes del país y asaltos a mano armada en casas y barrios, donde antes no había pasado nada de este tipo.

No. No hay motivo para tener miedo, es solamente algo que imaginamos porque los mexicanos nos hemos vuelto paranoicos y aprensivos. Imaginamos los secuestros de todo tipo y nivel, así como los levantones, los asesinatos, las mutilaciones y los asaltos. Si no fuera por nuestra delirante imaginación viviríamos tan tranquilos como antes de que Calderón iniciara su valerosa guerra rodeado del Estado Mayor Presidencial y de ambientes de seguridad de la más alta tecnología.

¿Por qué habríamos de tener miedo si sólo nos encontramos entre dos fuegos? Por un lado los bandidos y por el otro los policías y los soldados. Éstos también dan miedo: catean domicilios sin orden judicial, amagan poblaciones enteras, violan y roban cuando pueden o cuando se embriagan o se drogan. La seguridad nacional que Calderón ha querido garantizar se ha vuelto la inseguridad nacional, y todavía nos pide que lo apoyemos en esta lucha sin cuartel, que nos unamos todos (“pueblo y gobierno”), que no tengamos miedo y que combatamos con ligas y cáscaras de limón al crimen organizado y a los enemigos de México.

¿Por qué no habríamos de pensar, ya que nos han vuelto paranoicos, que el aumento de la criminalidad ha sido deliberado como una política de gobierno para justificar la militarización del país y quitarnos nuestros derechos y libertades (cada vez más restringidos)? Se ha hecho en Estados Unidos bajo el desgobierno de Bush, lo han hecho los dictadores de América Latina en aquellos tiempos que ahora, ingenuamente, creemos ya superados, ¿por qué no también en México? El argumento ha sido, precisamente, “la seguridad nacional”, y el resultado logrado ha sido su contrario. Nunca, desde hace setenta años, el país había vivido con tanta inseguridad.

Mi tía Irene (todos tenemos una tía Irene) me decía hace poco que leer todos los días “tantos muertos aquí y allá” podría resultar igual que una vacuna: insensibilizarnos ante la muerte, acostumbrarnos a vivir en un mundo (un país) irremediablemente peligroso. Tal vez tenía razón esa tía Irene, pero el problema es que alguien quiere que tengamos miedo, que no nos insensibilicemos, que no nos acostumbremos a vivir en peligro. Y la receta fue, por ahora, el 15 de septiembre en Morelia. Y en este caso da igual quién puso las granadas de fragmentación o los artefactos explosivos que hayan sido. Los muertos y los heridos nada tenían que ver con el narcotráfico ni con la lucha de Calderón y Bush contra aquél: fue una acción para provocar miedo e inseguridad y para que no pocos ciudadanos atemorizados demanden ahora que el gobierno endurezca todavía más sus políticas contra el crimen, aunque en ello les vaya perder sus derechos y libertades. El miedo y la incertidumbre, debe recordarse, propician exigencias de “mano dura y firme” entre la población, especialmente entre las clases medias. Todas las dictaduras del siglo pasado fueron precedidas de exigencias de este tipo: desde el fascismo italiano a principios de los años veinte, pasando por el nazismo alemán, hasta las últimas dictaduras latinoamericanas. Léanse, si no, las cartas y comentarios en los periódicos en Internet y no sólo en los de derecha: muchos piden o exigen mano dura y firme, y hasta más.

¡Cuidado! Something is rotten not only in the state of Denmark… but also in Mexico –se diría en un Hamlet actual.

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Rosario Ibarra: Amigo Evo

Perdón Evo Morales por llamarte amigo sin haberte conocido, y perdón también “por hablarte de tú”, que según dicen los “finolis”, es falta de educación. Pero quiero decirte que desde que oí de ti por vez primera, supe que podríamos ser amigos, aunque “jamás de los jamases” nos hubiésemos encontrado o nos pudiéramos ver en ese espacio de tiempo que indica lo imposible.

Además, me atrevo a “tutearte” porque me importa más lo que solía decir mi amadísimo padre, que lo que opinen todos los “finolis” del mundo. Él -mi padre- afirmaba en una interrogación: ¿por qué no tutearnos, si le hablamos de tú al Padre Nuestro? ¿Cómo la ves?… Yo creo, que desde tu sitial de dignidad y de sencillez, no le pondrás objeción alguna a estas nimiedades.

Quizá nunca te enteres de lo que aquí te digo, pero me ensancha el alma poderlo expresar.. Amé a tu patria “porque la amé de lejos”, como dijo un poeta mexicano, pensando en la nuestra, porque él estaba en otro suelo. Amé a tu patria porque aquel ciudadano del mundo que se llamó Ernesto Guevara se fue a suelo boliviano para luchar por él y tal vez, ¿por qué no?, para morir en tierra digna.

Sentí una pena intensa, se llenó mi alma de conmiseración, una vez que un entrañable amigo visitó Bolivia y volvió contrito, dolorido, indignado. Rosario -me decía- esto no debe de ser, tenemos que luchar para acabar con la miseria que ha inundado al mundo y que mata a los niños cuando su vida empieza apenas.

Fíjate, me contaba indignado, en México los pobres o nosotros mismos, no tan pobres, vamos a los mercados y compramos la mitad de una papaya o de una enorme y jugosa sandía de las que se cosechan en esta tierra pródiga, mientras que en los mercaditos callejeros de La Paz, allá en Bolivia, la gente compra. ¡un cuarto de jitomate! Lo vi y no lo podía creer, y seguía con su pena y su indignación hablándome del insulto que aquello significaba, de la maldad de los gobiernos que pretendían vender la riqueza de aquella tierra (o ya la habían vendido) y pretendían (o ya lo habían hecho) obedecer las órdenes obtusas de un gobierno extranjero, que se creía y se sigue creyendo el dueño del mundo.

¡Ay, amigo Evo, creo conocerte! He leído sobre tu niñez y juventud; he repasado en mi imaginación lo que pudiste vivir y sufrir en aquellos años de pobreza extrema de tu amado pueblo; he visto, con los ojos de la mente, tu capacidad de lucha, tu decisión de alzar como un estandarte los anhelos ancestrales de tu raza, el reclamo de siglos que contigo, junto al indomable “poder del pueblo”, como tú mismo lo dices, nada ni nadie podrá enfrentar.

En México, hay miles, tal vez millones que sufren de esa hambre que corroe las entrañas, que destruye, que asesina. pero también hay otra hambre, tan terrible y tan dañina como esa: la falta de justicia; estamos hambrientos de ella, la pedimos, la exigimos y luchamos por ella desde hace muchos años. pero los gobiernos perversos se fingen sordos y ciegos para no saber de nuestros reclamos. Y creo que no lo ignoras, en todo el continente, en este, en el que uno de los hombres más bondadosos del mundo llamó “Nuestra América”, han existido, para vergüenza de la especie humana, seres aborrecibles, abominables, que han cometido terribles crímenes que tienen a más de 90 mil hogares sumidos en la más profunda tristeza. Sí, desde el río Bravo hasta La Patagonia se lloran las “desapariciones”. tú lo sabes, porque Bolivia tiene su cuota de dolor también.

Pero también, aparte de esa hambruna que corroe las almas que buscan justicia, está el otro dolor: la pena ingrata que dan las decepciones; la frustración ante la falta de cumplimiento de lo prometido. Los ecos de la perorata de los candidatos hacen estallar los tímpanos; lastiman la mentira, la demagogia, el escarnio del engaño premeditado y toda la larga cauda de falsedades cuidadosamente calculadas que han sembrado infinita tristeza en muchos pueblos hermanos a todo lo largo y ancho de esta América (¿Nuestra?).

Nombres de nuevos presidentes van y vienen; la esperanza -que siempre vivirá en las almas que sufren- crece y florece cada vez que “hay cambios”. pero éstos, los cambios, no son tales, nunca llegan, porque son simulación y mentira. Y junto a los nombres de los que han llegado al poder, son sepultados por inútiles, por malignos, por valerse de esa esplendorosa esperanza de los pueblos para trepar al poder. y llegando a él, dilapidan la fe que los pueblos depositaron en ellos, la tiran, abominan de ella y se ensucian, sin que esto parezca importarles, porque pesa más el botín de la reciprocidad del coloso cuyos mandatos acatan. ¡Pobres títeres, míseras marionetas, ridículos saltimbanquis que la Historia exhibirá en la podredumbre de sus mediocres espíritus. allá ellos!

Tú, amigo Evo, tienes algo que ellos no conocen, lo he visto en tus actos y lo he percibido en tus gestos y en tus palabras: la dignidad de la sangre que corre por tus venas, la sangre robusta de los dueños primeros de toda esta tierra. Además, la dulzura y la mansedumbre que hizo poeta al rey Netzahualcóyotl, aquel “coyote de ayuno” que sufrió el dolor de ver morir a su padre por manos asesinas; aquel monarca que fue bueno para su pueblo. Tú eres de ese “tronco” del que escribía José Martí y estoy segura de que tú sí sabrás cumplir las promesas que hagas a tu pueblo. Muchos seres que sufrimos estamos contigo, amigo Evo.

http://rosarioibarra.blogspot.com/2006/01/amigo-evo.html

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John Saxe-Fernández: Calderón, ficha de EU

El endoso de Calderón a la integración militar bajo auspicio de EU por medio del Comando Norte (CN), la ASPAN, la Iniciativa Mérida y el Proyecto Mesoamérica, arriesga la integridad territorial mexicana y le adjudica a la oficina presidencial el patético papel de “ficha” (asset) de EU en el tablero estratégico de las Américas; una capitulación de soberanía y de liderazgo latinoamericano que comparte con Álvaro Uribe, su homólogo colombiano.

Cabe recordar que la Iniciativa Mérida, gemela del Plan Colombia, es un inductor presupuestal que integra a México al CN mediante negocios: asesorías, equipo, entrenamiento, intercambio de información y movilización conjunta de tropas bajo los bastidores de empresas contratistas tipo Blackwater y DynCorp, brazos clandestinos del Pentágono al mando de ex oficiales militares y de inteligencia estadunidenses, como ya se advirtió desde estas páginas.

La construcción imperial de coaliciones de corte militar-empresarial, usando el CN y la ASPAN, se encamina, por conducto de la Iniciativa Mérida, a desvanecer la función de “defensa nacional” en las fuerzas armadas mexicanas, para sustituirla por tareas de “seguridad interna” o de corte netamente policial.

Estas instancias castrenses también se coordinan con el Comando Sur que opera del Suchiate a la Patagonia y tienen entre sus objetivos: a) el posicionamiento territorial para el control de la población y los recursos naturales de América Latina con despliegues de bases, operativos navales, aéreos y terrestres; y b) la utilización de la Iniciativa Mérida y el Plan Colombia como arietes para una ofensiva oligárquico-imperial encaminada a generar sinergias entre ambos comandos que refuerzan su dominio de América Central y el Caribe desplegando operaciones abiertas y encubiertas para socavar, por la vía de la desestabilización socioeconómica y militar, el proceso de formación de coaliciones sudamericanas en curso.

La mencionada sinergia se explicitó en el comunicado del Proyecto Mesoamericano cuando los nueve mandatarios participantes “… reiteraron su disposición a estrechar la cooperación entre sus países y con EU en el marco de la Iniciativa Mérida” (BBC-Mundo, 29/6/08).

Esos operativos se intensificaron después que Brasilia informó a la secretaria Rice de su apoyo para la formación de una estructura sudamericana de defensa que excluye a la potencia norteña.

Al poco tiempo se registraron los violentos ataques contra territorio ecuatoriano desde Colombia, haciéndose visible la acción oculta de EU actuando a través de su “ficha” colombiana.

Así se puso en práctica la doctrina de la guerra preventiva, de las “fronteras flexibles” y de lo que el Pentágono concibe como el derecho de intervenir militarmente en “espacios de precaria gobernabilidad” –dotados sin excepción de abundantes y estratégicos recursos naturales–, todo en abierto desacato del derecho internacional y de acuerdos multilaterales suscritos por EU con América Latina.

El regreso de la “diplomacia de las cañoneras” con la puesta en operación el martes pasado de la cuarta Flota –establecida durante la Segunda Guerra Mundial contra ataques submarinos alemanes y desactivada desde 1950– lo anunció el Pentágono con una gira por la región del almirante Jim Savridis, a cargo del Comando Sur, exactamente una semana antes del cónclave fundacionaaal de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), realizado en Brasilia, el 23 de mayo pasado, cuyo fundamento es la defensa conjunta de la inviolabilidad territorial de los firmantes, en contraste con las doctrinas y programas castrenses hilvanados con diseños de desincorporación territorial del Banco Mundial-BID y ONG “ambientalistas”, para una refuncionalización estadunidense del espacio nacional, como ocurrió con los ferrocarriles de México y que la iniciativa energética de Calderón llevaría a los vastos complejos económico-territoriales, involucrados en la operación diaria de. Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad.

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José Steinsleger: América Latina, Opciones en danza

El futuro mediato de América Latina se debate en cuatro escenarios políticos, a saber:

1. Gobiernos revolucionarios o reformistas que tratan de conseguir mayor poder para la sociedad (Cuba, Venezuela, Ecuador, Nicaragua, Bolivia, y Paraguay cuando asuma el presidente electo).

2. Movimientos sociales que presionan al Estado para que cumpla con sus obligaciones constitucionales (Argentina, Brasil, Uruguay, Chile, Panamá).

3. Agrupaciones y partidos de origen diverso que defienden reivindicaciones puntuales (México, El Salvador, Costa Rica, Perú, República Dominicana)

4. Fuerzas insurgentes que combaten al Estado (Colombia).

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