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Homar Garcés: Será el chavismo capaz de emular a Chávez?

La incógnita originada a raíz del estado de salud del Presidente Hugo Chávez y la perspectiva de unas nuevas elecciones presidenciales ante la imposibilidad que éste no pueda seguir dirigiendo el gobierno de Venezuela obliga a todos sus seguidores a plantearse seriamente si le darán o no continuidad al proceso revolucionario bolivariano, generando mayores mecanismos de participación popular y unas relaciones de producción que ayuden a erradicar la explotación capitalista.

Con mayor énfasis en ello debiera actuar la actual dirigencia chavista, tomando en cuenta que -tras más de una década ininterrumpida- el proceso revolucionario bolivariano produjo mejoras sustanciales de las condiciones de vida de una amplia gama de familias venezolanas (incluso de aquellas que son propietarias de grandes medios de producción, las cuales han incrementado sus ganancias anuales, y aun así siguen adversando abiertamente al régimen de Chávez). Pero ello no es suficiente ni debe ser lo máximo que se podría aspirar alcanzar, a imi.tación de cualquier otro proceso de carácter nacionalista y socialdemócrata. La interrogante, por consiguiente, tendería a despejarse en la misma medida que el chavismo sea capaz de asumir decididamente el compromiso histórico de construir el socialismo revolucionario del siglo XXI.

El chavismo entonces tendrá que comprender que la unidad lograda por el carisma de Chávez debe concretarse mediante la elaboración, el debate y la ejecución de propuestas revolucionarias viables, a fin de asegurar la transición que haga definitivo el socialismo, en las cuales se remarque y respete la vital importancia de los sectores populares en la sustentación y orientación del proceso revolucionario bolivariano. Tratar de convivir con el enemigo ideológico que ansía su fin, sería un error táctico que acarrearía graves consecuencias a este último para que se mantenga en el tiempo, acabando por reproducir los mismos vicios y corruptelas administrativos existentes al amparo del pacto de Punto Fijo. En vez de esto, aquellos que se hallan al frente del gobierno, de los partidos políticos y de las diferentes organizaciones de base tienen ante sí el reto de refundar la República venezolana en lo que implicaría una real transformación socialista de la sociedad en todos sus órdenes, de una manera revolucionaria verdaderamente radical. Para ello es imprescindible sistematizar, extender y profundizar la formación de una conciencia realmente revolucionaria y socialista (no retórica) entre los sectores populares, sin dogmas y en medio de un debate abierto y constante como elemento característico del pensamiento y la práctica del socialismo bolivariano. Al mismo tiempo, tendría que abocarse al establecimiento de una dirección colegiada del proceso revolucionario bolivariano, provista de un programa revolucionario común que incluya todos los criterios y expresiones de las diversas agrupaciones políticas y sociales que lo impulsan.

Toda esta coyuntura representa una extraordinaria oportunidad para que el chavismo -en todas sus vertientes existentes- demuestre hasta qué nivel está dispuesto a llevar a cabo la revolución socialista bolivariana en Venezuela, y si es capaz de emular o no a Chávez, dedicando todas sus energías vitales a dicha meta a tiempo completo, y de medir sus potencialidades creadoras frente a las amenazas enemigas, jugándose no sólo el destino del país sino el de todos los demás pueblos de nuestra América que confían en su ejemplo y perseverancia.

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Homar Garcés: La revolución y el momento de la oposición en Venezuela

Es muy difícil creer que los grupos oposicionistas del país acepten alguna vez de buena gana la voluntad soberana de nuestro pueblo en mantenerse apoyando los diversos cambios políticos, económicos, sociales y culturales propiciados bajo la gestión del Presidente Chávez y ello por la sencilla razón de que su concepción clasista es, prácticamente, la misma que tenían sus antecesores de la época colonial, los mantuanos, quienes siempre le negaron los derechos fundamentales al pueblo que explotaban.

De ahí que no sea casualidad que se manifiesten sin pudor alguno discriminatorios, racistas y carentes de un mínimo de humanidad cristiana, como demostraron suficientemente durante el golpe de Estado del 11 de abril de 2002, lo mismo que cuando protagonizaron el sabotaje económico con el cual quisieron rendir de hambre al pueblo venezolano por su heroica decisión de cambiar los destinos de este país y, por último, con las diversas güarimbas que han fomentado para crear el caos y la violencia con las cuales persiguen desestabilizar al gobierno de Hugo Chávez.

Para la oposición, incluyendo a las individualidades más “democráticas” que pudiera albergar en su seno, no ha llegado aún la hora de ver la realidad venezolana tal como es, a pesar de los cambios evidentes habidos en esta última década de historia republicana. Continúan torpemente viéndola con los ojos del pasado, ya que este momento histórico que vivimos los venezolanos responde a un reclamo colectivo de justicia social postergada y que siempre se ignoró en beneficio de una minoría política y económica que, por largo tiempo, desde 1958, usurpó la voluntad popular, sin tener empacho alguno en violar descarada y reiteradamente los más elementales derechos humanos. Por lo mismo, será harto difícil que la misma llegue a comprender que está en marcha un amplio proyecto de nación soberana, nacionalista y democrática que se ajusta a las aspiraciones socio-económicas de las mayorías populares, teniendo en la democracia participativa y protagónica su más grande conquista y fundamento, sustituyéndose y ampliándose así el concepto secular y ya obsoleto de la democracia representativa.

Entretanto, a los diversos movimientos revolucionarios, tanto políticos como sociales, que aspiran a un cambio estructural definitivo, en especial aquellos dotados de unas herramientas teóricas basadas en el socialismo revolucionario, con una clara diferenciación ideológica de izquierda, les corresponde asumir un papel mucho más activo y decisivo en la promoción de una mayor conciencia revolucionaria y de una mayor organización y movilización popular. Ninguno debe limitarse a lo meramente electoral y esperar a ver qué sucede. Además, deben de ser vigilantes y críticos de la gestión gubernamental actual.

Lo cierto es que el accionar desestabilizador opositor debe prepararnos a todos los revolucionarios para acentuar el avance popular y definir objetivamente el carácter socialista del proceso revolucionario bolivariano, así como la lucha de clases implícita en éste, por lo que será preciso afrontar en lo inmediato las contradicciones existentes, las cuales, por ahora, se mantienen sin manifestarse abiertamente, pero que -tarde o temprano- arroparán a todo el país, buscando resolverlas. Esto no podrá eludirse bajo ningún concepto ni conveniencia, ya que de ello dependerá el perfil, la vitalidad y el dinamismo necesarios para que se consolide y mantenga en el tiempo este proceso revolucionario, haciéndose posible el socialismo en cada rincón de Venezuela.

Artículo Original: Argenpress

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John Saxe-Fernández: Chávez, Obama y Calderón

No extraña que el embate contra Hugo Chávez desde Estados Unidos y los principales medios venezolanos se intensifique ante el referendo del 15 de febrero: la intención de lanzar al futuro una revolución bolivariana que recuperó la renta petrolera, mejoró la situación socioeconómica de la población y que en sus primeros 10 años articuló una política exterior y energética que cala hondo en América Latina y el mundo, evoca fuerte hostilidad en los círculos oligárquico-imperiales, en especial los del poder económico-petrolero.

Así se refleja en “Latin Opportunity”, un editorial publicado por el Washington Post (WP) el 18 de enero poco después de que Barack Obama compartiera “una sopa de tortilla” con Felipe Calderón. Se menciona que Calderón expresó al WP “preocupación” por “sentimientos antiestadunidenses” en América Latina y que “percibía algunas amenazas a los principios y valores que compartimos: democracia y derechos humanos, la economía de mercado, los derechos de propiedad y el estado de derecho”. Para cualquier observador medianamente enterado de la violencia oficial, la debacle económica y legal y la calamidad político-electoral que afligen al pueblo mexicano –todavía no cuadran las cifras con que se eligió a Calderón–, esa enunciación de “principios” evoca un dicho de Stevenson: “es algo demasiado doloroso para reír y soy demasiado viejo para llorar”.

El WP usó la doblez y la “denuncia” aduladora del panista para poner nombre y apellido a esos retos (“algunas de esas amenazas son conocidas por nosotros gracias a la grandilocuencia del venezolano Hugo Chávez”) y sugerirle a Obama que Calderón es guía y modelo para Latinoamérica. Un consejo oportuno sólo si, en el contexto de la actual debacle económica y del empleo, la intención del demócrata fuera desatar los precipitantes de “guerra interna” a lo largo y ancho del continente. Con sólo dar continuidad a la agenda en materia comercial/laboral, de energía y de seguridad e integración militar pactada por Bush con Fox y Calderón en la ASPAN y la Iniciativa Mérida se garantiza un deterioro de los fundamentos materiales, sociales, legales y políticos de la estabilidad y la paz social en México. Se trata de arreglos clasistas y leoninos entre empresarios, funcionarios civiles y militares pactados a espaldas del pueblo, los congresos y sindicatos de México, Estados Unidos y Canadá.

Para las fundaciones e institutos de la ultraderecha estadunidense, Calderón también es el héroe y Chávez el chico malo. Recomiendan a Obama, entre otras linduras, “no renegar de los acuerdos de libre comercio” (traducción: mantener la ofensiva contra sindicatos, salarios y aparato productivo no sólo al sur del Bravo); “mantenerse firme con México en la lucha antidrogas” (traducción: proseguir con el intervencionismo policial-militar y de espionaje); y “no tratar de apaciguar a Chávez”, sino “articular una estrategia dura” porque “debilita gravemente la cooperación hemisférica en áreas vitales para la seguridad nacional”. Traducción: mantener las intentonas golpistas, los operativos clandestinos y el castigo mediático por haber recuperado la renta petrolera y, peor aún, usarla en función del interés público venezolano, además de impulsar coaliciones latinoamericanas y euroasiáticas de corte energético, monetario y de seguridad. A partir del control nacional del petróleo en 2003, el PNB venezolano creció 13.5 por ciento anual, en su mayor parte en el sector privado no petrolero y la pobreza pasó de afectar a 54 por ciento de las familias en 2003 a 26 por ciento en 2008. (Más detalles en http://www.cepr.net.)

El pecado mayor del gobierno de Chávez fue haber fortalecido los fundamentos del Estado nacional venezolano y su jurisdicción sobre la mayor reserva petrolera del hemisferio. El gran logro de Calderón es una “reforma” energética que le permite ir a Davos a ofrecer a las grandes petroleras “bloques” del territorio y lo que queda de Pemex, mientras claudica con una desleal integración militar con Estados Unidos.

Artículo Original: La Jornada

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Ángel Guerra Cabrera: Sí pero sí, ganó (otra vez) el chavismo

Los resultados de las elecciones venezolanas del 23 de noviembre han sido presentados como una debacle de la revolución bolivariana por la máquina (des)informativa del imperio. Desde días antes nos lo sugerían sibilinamente CNN, El País, cipayos de la Sociedad Interamericana de Prensa y sus agencias electrónicas y escritas de Venezuela. Pero faltaba cinismo por ver. Cuando el prestigioso Consejo Nacional Electoral publicó los transparentes datos de la votación, los acomodaron a sus vaticinios previos, disparando sin pausa lugares comunes de supuestos expertos, carentes de la más elemental idea de la potencialidad de una revolución popular de veras.

Con una afluencia electoral récord de 65 por ciento, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) obtuvo 5 millones 600 mil votos contra 4 millones 100 mil, un millón 500 mil más que sus contrincantes. Ganó las gobernaciones de 17 de 22 estados en pugna, casi todos por amplio margen, y 80 por ciento de las alcaldías, entre ellas y de modo contundente el municipio Libertador, corazón de Caracas. Conclusión: el chavismo y Hugo Chávez conservan el respaldo sólido de una holgada mayoría de venezolanos.

No obstante, la oposición retuvo la gobernación de Zulia y la alcaldía de Maracaibo, estratégico estado petrolero bastión del golpismo separatista, fronterizo con Colombia como Táchira, perdido también por el chavismo, y capturó por estrecho margen el industrial Carabobo. También desplazó al chavismo de la gobernación del estado Miranda y la Alcaldía Metropolitana de Caracas, instancia coordinadora que agrupa cinco municipios de la capital y de aquel estado. Pero vamos por partes. En Zulia el PSUV recuperó ocho y retuvo cinco alcaldías más una donde no tocaba realizar comicios, domina ahora en 14 de las 19; entre ellas, San Francisco, segunda en población electoral después de Maracaibo, y todas las fronterizas; en Carabobo ganó 11 de 13 alcaldías y mayoría de legisladores estadales.

En Caracas, aunque perdió la alcaldía metropolitana conservó rotundamente el apoyo de las parroquias populares. Es falso que “los pobres ya no votan por Chávez”. Aristóbulo Iztúriz, el candidato bolivariano a la alcaldía metropolitana, al igual que Jesse Chacón, su homólogo del estado de Miranda, ganaron en las barriadas pobres y marginales, en la capital y en ese estado, incluido el populoso Petare. La derrota allí se debe al voto de castigo por una gestión claramente insatisfactoria de algunas alcaldías chavistas del Gran Caracas, muy bien aprovechada por la oposición de derecha, que consiguió sacar masivamente de sus casas a la clase media y media baja a sufragar contra el chavismo. Igualmente, al cambio de táctica y discurso de los golpistas, que adiestrados y financiados por las fundaciones y ONG fachadas de la CIA aplicaron, perfeccionada, hasta en barrios populares, la demagógica mercadotecnia de las “revoluciones” de colores, ya experimentada exitosamente en Servia, Ucrania y Georgia.

Es evidente que el chavismo subestimó el desastre urbano de Caracas, ocasionado sí por la cuarta república, que las agravó con las políticas neoliberales, pero no atacado a fondo por los munícipes bolivarianos; también que el PSUV no ha logrado diseñar una estrategia que incluya explícitamente en su propuesta socialista a sectores de clase media y descontentos. Por lo pronto, sus candidatos no electos manifiestan la resolución de liderar la oposición en las regiones y municipios ganados por la derecha y ya han anunciado que profundizarán en ellos la participación y el poder popular en los consejos comunales y vigilarán el buen funcionamiento de las misiones sociales. Al PSUV le sobran moral y argumentos para ganar en todas partes la batalla de las ideas apoyada por una buena gestión de sus gobernadores y alcaldes, y la acción resuelta de sus legisladores donde gobernará la oposición. Es perfectamente posible crear el clima político para teñir de rojo las legislativas de 2010 y revocar por el camino a los gobernantes opositores.

En la larga lucha entre revolución y contrarrevolución el desenlace no lo decide ninguna ley objetiva, sino la creación de obra y conciencia socialista, la audacia, creatividad y entrega total de los revolucionarios al pueblo.

Artículo Original: La Jornada

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José Steinsleger: Venezuela: costos de la revolución

Paradoja uno. Los bolivarianos y el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), que en los comicios regionales del domingo pasado obtuvieron 17 de 22 gobernaciones y 81 por ciento de las alcaldías, andan desanimados porque los antichavistas entendieron que la democracia (o lo que ellos entiendan por tal) no se defiende desde Miami. El PSUV recuperó dos gobernaciones, sumó 5 millones y medio de votos, y la oposición disminuyó su porcentaje de votos en 10 por ciento en relación con los comicios pasados.

Paradoja dos. La “democracia sin adjetivos” (preciado sofisma de la dominación oligárquico-imperialista) sufrió un nuevo revés en Venezuela. Por duodécima ocasión en 10 años, el gobierno de Hugo Chávez se dio el lujo de celebrar elecciones limpias en las que participaron todos, incluyendo las fuerzas políticas que buscan desestabilizarlo.

Paradoja tres. Ambas paradojas (valga la redundancia) representan un poderoso termómetro para saber, con relativa exactitud, lo que el uno y el otro bando tienen: un pueblo con profundos sentimientos de patria y nación, y una sociedad que, al decir de Marx en el prólogo al primer tomo de El capital, “… en los países ricos ve el espejo de su propio porvenir”.

Recurrente y exasperante error del clasismo izquierdista, la revolución bolivariana sólo cuenta con proyectos, programas y propuestas para los primeros. No está mal. El problema es que si una revolución social le da las espaldas políticas a los sectores medios, y sólo busca el apoyo de “las masas”, se echa la soga al cuello.

Pobreza más injusticias, miseria más privilegios, no son iguales a revolución. Tales flagelos podrían ser también el caldo de cultivo de la contrarrevolución. O sea, la que en Venezuela está en marcha, conducida por una derecha aún desorganizada, pero que empieza a ensayar una estrategia de poder distinta a la imbecilidad golpista de abril de 2002.

Cuantitativamente, no hay discusión: el pueblo necesitado de la revolución es aplastante mayoría. En cambio, cualitativamente, sí la hay. No se entiende bien por qué, en un mundo donde los medios son auténticas “armas de destrucción masiva”, el gobierno de Chávez ha venido mezclando los conceptos de información y comunicación con los de ideología y propaganda. ¿Sorprende entonces que por aquí empiece a recibir los primeros “jonrones” o goles de la oposición?

Es increíble que con ingentes recursos económicos, y en el país pionero en el gran debate del nuevo orden informativo mundial, la revolución bolivariana carezca de un periódico nacional, o que se dé por hecho que el pueblo es “como el Che” y Bolívar, o se crea que Telesur llega a “50 millones” de personas y que sus noticieros sólo se concentren en el acontecer de los países más progresistas del continente.

¿Necesidad de “revolución permanente”? Puede ser. Mas cuidado con las tautologías funcionales a voluntarismos de tipo ideológico y político. Nada es permanente, y ya en el siglo pasado asistimos a la proyección de varias películas que trataron el tema. En asuntos de revolución social, la experiencia histórica sugiere que a más de lo económico y político hay que incluir el estado real de la sicología, nivel cultural, sentimientos y emociones de los pueblos.

Aspectos que los medios de comunicación hegemónica trabajan con sesgada y perversa excelencia profesional. Inclusive, ha crecido la calidad del discurso progre en sectores intelectuales y académicos que tuercen y retuercen los propósitos del proyecto revolucionario. Frente a esto, es hora de que la izquierda anticapitalista se ponga a revisar, “por abajo” y “por arriba”, si los referentes sociológicos del siglo XIX europeo (y en particular el purismo ideológico) cuadran con el “socialismo del siglo XXI”.

En adelante, el antichavismo deberá redoblar sus esfuerzos para seguir sosteniendo que en Venezuela hay “dictadura”, o que no existe un sistema democrático regido por las reglas que ellos mismos defienden.

No es grave que un líder hable demasiado. Un líder debe hablar y mucho. Aunque si le concediese espacio a otros dirigentes, la revolución se lo agradecería. Hablar menos para demostrar que todo liderazgo es circunstancial, y para que el pueblo conozca mejor las causas por las que se perdieron bastiones electorales estratégicos: alcaldía de la capital (Caracas, mas no el municipio) y los estados de Zulia, Táchira, Miranda, Carabobo y la populosa barriada de Petare (800 mil habitantes).

Toquemos madera. Pero, en caso de que se produzca el magnicidio de Chávez (opción que el imperio y la oposición “democrática” continúan acariciando), sobre la dirigencia bolivariana recaerá la conducción política del proceso de emancipación social, al que le urge organización cívico-popular, disciplina política y comunicación efectiva.

Artículo Original: La Jornada

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José Steinsleger: Chávez: diez jonrones y medio

Con libérrimas garantías para la oposición (cosa que cualquier observador desprejuiciado calificaría de “insólitas”), el pueblo de Venezuela concurrirá a las urnas el domingo venidero. Esta vez, para elegir gobernadores y alcaldes.

Si los pronósticos aciertan, la revolución bolivariana volverá a imponerse en las urnas. Algunas firmas de encuestas pronostican que el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) conseguirá 21 de 23 gobernaciones y 329 alcaldías del país (67 por ciento).

Tres comicios presidenciales (1998, 2000, 2006); tres referendos constitucionales (dos en 1999, uno en 2004); dos elecciones parlamentarias (1999, 2005); dos municipales y parroquiales (2000, 2005), y una más, regional (2004). Hugo Chávez sólo perdió el referendo para la reforma constitucional (diciembre de 2007).

Diez años de democracia real, y 11 victorias electorales consecutivas, incluyendo la que perdió por la mínima diferencia. Total y efectivo: diez y media victorias. ¿Qué “misterios” subyacen en el masivo apoyo que reciben Chávez y el gobierno que conduce?

Revisemos algunos indicadores de lo que algunos sabios llaman “metapolítica populista chavista” (periodo 1998-2007, datos oficiales).

• Pobreza extrema: bajó de 20.3 a 9.4 por ciento.

• Pobreza general: de 50.4 a 33.07.

• Brecha riqueza-pobreza: de 28.1 a 18.

• Mortalidad infantil: de 21.4 a 13.9 por cada mil nacidos vivos.

• Desocupación: de 16.06 a 6.3.

• Salario mínimo: de 100 mil bolívares, a 614 mil 790 (154 a 286 dólares –el más alto de América Latina–, sin incluir el “cesta-ticket”, y otros beneficios que reciben 2 millones 58 mil 373 trabajadores y trabajadoras de los sectores público y privado).

• Aumento del poder adquisitivo: 400 por ciento.

• Inflación promedio: gobierno de Jaime Lusinchi (1984-88) 22.7 por ciento; Carlos Andrés Pérez (1989-93) 45.3; Rafael Caldera (1994-98) 59.4; Hugo Chávez (1999-2007) 18.4 por ciento.

• Educación: de 3.38 a 5.43 por ciento (inversión social respecto del PIB).

• Educación prescolar: de 44.7 a 60.6.

• Educación básica: de 89.7 a 99.5

• Educación media y diversificada: de 27.3 a 41.

• Educación superior: de 21.8 a 30.2.

• Alimentación escolar: de 252 mil 284 a un millón 815 mil 977 beneficiarios.

• Acceso a Internet: de 680 mil a 4 millones 142 mil 68 usuarios.

• Salud: de 1.36 a 2.25 por ciento.

• Acceso al agua potable: de 80 a 92 por ciento

• Recolección de aguas servidas: de 62 a 82.

• Situación económica futura del país (“mucho mejor”, “un poco mejor”): 50 por ciento de los consultados por Latinbarómetro respondió “mucho mejor”, en tanto el promedio de los países latinoamericanos dijo “poco mejor” (31 por ciento).

• Situación económica actual (“muy buena”, “más buena”): 52 por ciento de los venezolanos respondieron “muy buena”, en tanto el promedio continental fue “buena” para 21 por ciento.

La encuestadora chilena Latinbarómetro, nada “chavista” por cierto, realizó un par de mediciones en torno al “grado de satisfacción con la democracia”. En 1998, Venezuela figuraba con 35 puntos, por debajo del promedio general. En 2007, la confianza creció a 59 por ciento.

En cuanto a desempeño del Estado y políticas públicas, 67 por ciento de los venezolanos piensan que el Estado puede resolver todos sus problemas, contra un promedio de 38 por ciento que en América Latina piensa igual.

Aprobación o desaprobación de la gestión del gobierno encabezada por Chávez: 61 por ciento respondió a Latinbarómetro positivamente, por debajo de 75 alcanzado en abril de 2002, cuando el fallido golpe de Estado respaldado por Washington y Madrid.

En 2007, la confianza depositada en Chávez fue de 60 por ciento, contra un promedio de 43 puntos respecto de otros gobernantes de América Latina.

Otra encuestadora, la famosa Gallup, preguntó a más de 50 mil personas del mundo: “en lo que a usted concierne, ¿cree que 2008 será mejor o peor que 2007?” Entre 54 países, Venezuela ocupó el quinto lugar: 53 por ciento de optimistas.

Tales son los datos que ocultan la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), el grupo español Prisa, y los medios electrónicos de embrutecimiento colectivo (CNN, Fox, Televisa, Tv Azteca, Venevisión, Tv Globo, Multimedios Clarín, etcétera).

Y ahora, una de tres, vote usted:

a) Chávez es un “Mussolini tropical”, como dijo un escritor viejito, con vuelo propio;

b) Chávez es un “caudillo tele-evangélico”, como dijo un escritor menos viejito, sin vuelo propio;

c) Chávez es un hombre querido y respetado por su pueblo, y está dispuesto a defender las grandes transformaciones habidas en el decenio pasado.

Artículo Original: La Jornada

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Juan María Alponte: McCain: dos mujeres ¿y dos Américas?

No es un secreto, ni he pretendido que lo sea, que, desde el inicio, señalé que votaría —en términos teóricos— por Obama.

No me engañaban, tampoco, las inmensas dificultades que tenía ante sí. La situación internacional, agravada seriamente en todas las áreas del mundo, económica y políticamente, con un retorno irracional a la Guerra Fría, traslada los votantes del miedo a McCain, el héroe de guerra. La simplificación de Atlantic, el “warrior” frente al “orator”, es decir, el “guerrero” y el “orador”, encarna muchas de las emociones de los estadounidenses cuando sus buques ante el Mar Negro son sorprendidos por la decisión de Hugo Chávez de ofrecer sus aguas a la flota rusa.

Las descalificaciones, paralelas, del presidente venezolano se dirigen a los instintos; no a las responsabilidades. Es grave cuando los instintos tienen misiles.

McCain eligió, como candidata a la vicepresidencia a la gobernadora de Alaska. Sarah Palin, representa,muchas de las convicciones (al margen del embarazo de su hija de 17 años) de la conciencia profunda de una sociedad, sin duda, conservadora. No hay que olvidar que, en varios Estados, todavía se prohibe la enseñanza de Darwin y que McCain, hijo de un almirante y piloto de guerra prisionero en el Vietnam, no ha dudado en asociarse a ella que defiende el “creacionismo” y la mayor parte de las proposiciones: pena de muerte, antiaborto, anti-homosexuales y un repertorio que coincide, con la tradición de la América profunda. Esa América es una realidad y, de no ser así, el discurso de Bush no hubiera sido el de dos periodos aunque termine, el segundo, con la más baja —hecho sano— popularidad que se haya visto. En síntesis, esas contradicciones postularon la obamamanía universal a la que no di importancia. Todas las obamamanías, mediáticas, van y vienen. Lo que no hay duda es que EU quería cambiar. Ese sentimiento, posiblemente de culpa, se ha encontrado con los hechos duros: la crisis internacional, sin duda grave, y la crisis económica que ha convertido el capitalismo de Bush en un capitalismo de Estado al socializar, por arriba, las pérdidas bancarias. Se trata de una mutación que permite, a los banqueros, en la cima y la bancarrota, salir con sus bolsones de dinero dejando, en manos del Estado, sus desastres.

McCain, que era un republicano original que tenía, enfrente, al “centro” más derechista, se está deslizando hacia la derecha dura y, de paso, condenando la élite harvardiana por cuya Universidad pasó el candidato demócrata. La lanzada de McCain contra las “élites” de Harvard es un viejo truco, pero efectista. Olvida que Harvard está presente entre las mejores 20 Universidades del mundo en todas las disciplinas del saber. Él, McCain, es fruto de la Academia Naval.

Liberado de las prisiones de Vietnam, McCain, se divorció y casó con una heredera de la industria cervecera a quien debe su carrera política. El padre le dejó 300 millones de dólares y una industria floreciente. Ella recuerda que su padre, cuando chocó con su Porsche, calmo, le compró un Mercedes y cuando Cindy, su hija, terminó sus estudios y fue profesora de una escuela de pobres, el cervecero le compró un Volkswagen para ir a su “trabajo”. Listo el cervecero. Dedicada a obras de solidaridad en África, nada excitada por la política, Cindy se enamoró de McCain cuando tenía 24 años y él 43. Dos de sus hijos están en el ejército y, como ha demostrado en la Convención Republicana, el aura del poder no es su pasión. Sigue siendo quien es (su marido no pudo contestar “cuántas casas tienen” porque son muchas) mientras tanto Sarah Palin encabeza la versión tradicional entre las proclamas de Vladimir Putin y Hugo Chávez. No saben qué bien le vienen a John McCain.

Artículo Original: El Universal

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Juan Francisco Coloane: La situación de Bolivia y la naturaleza del poder internacional

El fondo del tema boliviano se conecta a una dinámica internacional donde las transnacionales y Estados Unidos forman un eje dominante. La situación no se ha dado en ningún otro período después de la Segunda Guerra Mundial, y con ninguna otra nación que no sea en la Ex Yugoslavia, se ha propagado el tema de la desintegración como Estado.

¿Por cuanto tiempo Bolivia se sostendrá como Estado- Nación? Es una pregunta legítima que surge especialmente después del referendo autonómico en Santa Cruz. Crece la incógnita a partir del referendo revocatorio promulgado el 12 de mayo por el Gobierno de Evo Morales respecto a los mandatos del presidente y el vicepresidente de la República, y de nueve prefectos departamentales.

Son frases para decirlas con el mayor cuidado posible, porque vastas legiones de funcionarios de gobierno, o ciudadanos que circulan por la calles en Bolivia ni en la más remota de sus ideas, se plantean esta posibilidad.

“Bolivia ha superado crisis mayores y la prensa internacional en particular magnifica”, me dice una fuente contactada”. “Hay un exceso de pirotecnia en algunos analistas que se alimentan de lo apocalíptico. Nadie quiere lo peor para Bolivia, y lo peor es lo que usted dice: la desintegración”, agrega. Uno queda pensando, y saca como conclusión de que ni el capital transnacional que domina en gran parte el eje económico desea un colapso del estado.

En América latina Bolivia es un caso extremo. Ni Nicaragua ni El Salvador, – por citar dos ejemplos de violencia extrema con intervención externa-, en el peor período de la confrontación, estimularon la percepción de una nación al borde de la desintegración.

Puede ser también que la intensa actividad mediática que circunda los intereses económicos transnacionales relacionados con la competencia de los estados, estimule esa sensación. Pero aún así, hay elementos formativos de la nación Boliviana que el Gobierno de Evo Morales expuso en forma más descarnada. El tipo de estado liberal que se intentó armar por décadas en Bolivia no funcionó, y puede que sea un fenómeno generalizado en la región que se oculta bajo sofisticados ejercicios de perfeccionamiento de la democracia y la gobernabilidad.

Independiente del resultado de este referendo, la integridad futura de Bolivia como Estado-Nación de todas formas está condicionada por la naturaleza del poder internacional. Hay un número considerable de factores externos que han contribuido al actual estado de situación en Bolivia.

Impacta la información de que financieramente Bolivia ha sido uno de los países que ha contado con menos inversión directa en los últimos dos años (2006- 2007) según el informe de la CEPAL de 2007.

De 21 países analizados, en niveles bajos sólo es superada por Belice y Paraguay. Bolivia recibió en 2006 como inversión directa 278 millones de dólares y en 2007, US $164 millones. Es menos de la quinta parte de lo recibido en promedio durante el período 1998/2002, (US $814 millones). Los países que lideran son Brasil, México, Chile, Colombia, Argentina y Perú, en ese orden, con sumas que superan los 5 mil millones de dólares (Perú) en el renglón bajo, y Brasil en el alto con US $34.585 millones. Argentina exhibe magros US $5.720 millones.

Como contraste, existe una gran dinámica financiera en torno a los hidrocarburos. Bolivia exporta cerca de 1.500 millones de dólares en hidrocarburos, con el grupo español REPSOL controlando el 74% de las reservas de gas. Existe una ley de gas y petróleo adoptada por los gobiernos anteriores a Evo Morales, que fue impuesta por el Fondo Monetario Internacional como condición para un préstamo. Con esa ley se transferían $108 mil millones de dólares en reservas de gas y petróleo a las compañías extranjeras.

Estados con territorios desvalorizados

Algunos poderes del Estado, (el legislativo y el judicial, o el ejército, por el factor de las armas), como entidades a cargo del territorio donde funciona el capital transnacional y el liderazgo político que asume las responsabilidades del ejecutivo en el Estado, no siempre están en la misma sintonía.

Las zonas de clientela a veces no coinciden. Sin embargo el trasvasije de influencias en el nivel alto del poder es inevitable por el peso de la variable económica: el capital transnacional nivela a estos diferentes poderes y los uniformiza. Los pone a conversar en un mismo lenguaje.

Se compone una simbiosis en la cual se hace difícil distinguir lo que es el carácter del Estado con su centralidad y autoridad política y territorial, y lo que es el liderazgo político circunstancial y económico, que en la mayor parte de los casos es sostenido por el capital transnacional. Tampoco se puede distinguir qué poder representa a más cabalidad el capital transnacional. Para esta simbiosis no hay instituciones de control, o informes de corrupción provenientes de Transparency Internacional.

Bajo Sánchez de Lozada, Yacimientos Petroliferos Fiscales Bolivianos se refunda a través de tres consorcios semi privados: dos para exploración y producción y uno para transporte. El control mayoritario, incluyendo reservas e infraestructura por un valor de 11 mil millones de dólares, fue entregado a la British Petroleum y Enron a cambio de futuras inversiones. Evo Morales, desde que asumió ha intentado revertir esa situación con resultados mixtos. Pero igual ha marcado la diferencia y ahora las transnacionales deben operar a dos y más bandas para mantener su territorio.

Lo más notorio en esta nueva fase de vulnerabilidad del estado, donde resalta el ejemplo de Bolivia, es que tanto el estado, como los que disputan su control, son sostenidos por el capital transnacional. Léase por esto un vasto rango, que va desde la ayuda externa de las agencias internacionales y los países y las transacciones propias que las empresas multinacionales, que también están engarzadas en la ayuda externa de los países.

Como lo decía un informe del Institute for Policy Studies de Washington, “Bolivia es un paraíso corporativo de las trasnacionales”. Pero internamente hay una disputa entre estado y agentes externos. En la medida de que los países menos desarrollados se deshacen de sus riquezas naturales, se van debilitando los ejes de sustentación de sus territorios. En consecuencia, los estados desnaturalizan (o pierden) su misión ordenadora y de control.

La naturaleza del poder internacional es una caja negra, y está resguardada por una elite. Tanto Evo Morales como Hugo Chávez han desordenado los accesos a esta caja negra. “Han abierto la cancha” como dice un cientista político, y los que forman y aspiran a formar esa elite, en una posición central o marginal se incomodan.

Artículo Original: Bolpress

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Homar Garcés: El cambio estructural frente a la “Revolución burocrática”

Al mantenerse incólumes las estructuras y mecanismos del viejo modelo de Estado burgués representativo en Venezuela, la revolución seguirá siendo un anhelo popular frustrado al creerse que nada podría cambiarse más allá de los cambios políticos, sociales y económicos producidos hasta ahora, limitados todos a las iniciativas adoptadas al respecto por Hugo Chávez. Quizás se alegue en descargo que el proceso revolucionario venezolano es pacífico, producto de la vocación democrática del pueblo, y, por lo tanto, debe evolucionar de modo gradual, inducido desde las alturas del poder constituido. Sin embargo, las expectativas populares parecen rebasar esta apreciación, aunque aún se adolezca de una conciencia plenamente revolucionaria, surgida de unos conocimientos conscientemente adquiridos; cuestión ésta que constituye el punto más débil de todo el proceso bolivariano y sobre el cual poco se ha hecho seria y sostenidamente, a excepción del empeño puesto por William Izarra de promover el Centro de Formación Ideológica (CFI) a nivel nacional, además de lo hecho en igual sentido por otros revolucionarios en toda Venezuela, como una instancia generadora de la teoría revolucionaria necesaria, cumpliendo con tres objetivos primordiales, como lo son la difusión, la formación y la investigación que debe comprender dicha teoría para asegurar el cambio estructural, el bien común y la democracia directa que debieran caracterizar en todo momento este proceso revolucionario.

En las actuales circunstancias, se hace imperativo que los mismos sectores sociales revolucionarios comiencen a apropiarse de los distintos espacios donde puedan ponerse en práctica tales ideas, de forma que el cambio estructural inherente al proceso revolucionario, basado en el ideario socialista del siglo 21, tenga una base de sustentación popular más real y efectiva de la que pudiera tener en estos momentos. Esto tendrá que avivarse desde abajo, combatiendo y venciendo la acción reformista, la desconfianza y cierto menosprecio exhibidos por algunos dirigentes del chavismo burocrático que obstruyen (a veces de modo deliberado y otras de modo irreflexivo) la capacidad política y creadora del pueblo respecto al rol de sujeto revolucionario que le corresponde cumplir y los cuales se explican por el vacío teórico y el pragmatismo consuetudinario que aquellos han impuesto desde sus posiciones de poder, amparándose sólo en el liderazgo y la imagen de Chávez.

Esto expone la necesidad forzosa de una confrontación ideológica, tanto a nivel interno como externo del proceso bolivariano, lo cual permitirá que la lucha, el compromiso, la convicción, la disciplina y la organización de los sectores revolucionarios y progresistas se conviertan en murallas infranqueables frente a los embates de la contrarrevolución que busca apoderarse de este proceso, haciendo posible en consecuencia la superación de la transición en que éste se halla sumido, lo que implica asumir frontalmente la alternativa del socialismo, pero ya de una manera que no dé lugar a las dudas ni a las vacilaciones. Esto contribuiría en mucho a reforzar la gestión de gobierno, principalmente en lo atinente al mejoramiento de las condiciones socioeconómicas de la población, cediéndole espacios a la participación y al protagonismo del pueblo como condición primaria insoslayable para hacer verdaderamente -cambio estructural de por medio- una revolución integral en esta nación bolivariana.

Por ello mismo, la actual coyuntura electoral que vive el proceso revolucionario bolivariano tendrá que decidirse entre quienes propugnan el cambio estructural implícito en la propuesta socialista, además del poder popular, y aquellos que representan una “revolución” burocrática, ávidos de ocupar espacios de poder, pero sin generar ningún cambio revolucionario de verdad. Aún así, no puede determinarse de antemano que dicha confrontación electoral será definitiva; al contrario, la puja por el poder entre estas dos corrientes político- ideológicas seguirá caracterizando al proceso bolivariano por algún tiempo, hasta que sea el mismo pueblo organizado y consciente quien marque la pauta a seguir, de un modo audaz, original, independiente y revolucionario, delineando lo que será el socialismo del siglo 21.

Artículo Original: Argenpress

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Ángel Guerra Cabrera: Paraguay despierta

El ascenso de Fernando Lugo a la presidencia de Paraguay es otro jalón en la ola transformadora de América Latina, nutrida de sustanciosas y multicolores savias populares. Lugo encarna el cristianismo de profunda entraña ética que alumbró en el Nuevo Mundo cuando Bartolomé de las Casas abogó en defensa de sus pueblos originarios, luego resonante de tintes indígenas y africanos en las campanadas libertarias de Dolores, hasta sentar en la segunda mitad del siglo XX, con la teología de la liberación, una impronta en la lectura de los evangelios abrazada definitivamente a los pobres de la Tierra y enriquecedora de las corrientes laicas del pensamiento revolucionario latinoamericano.

Su memorable discurso de toma de posesión evoca la fecunda tradición de experiencias emancipatorias muy diversas que han hecho posible y perfilado el gran cambio latinoamericano actual, y se pronuncia ardorosamente por la pertinencia de su rescate. Pese a que los tiempos que corren –afirmó– se obstinan en demostrarnos que el pasado es una construcción sin implicancias en el devenir, nosotros queremos encontrar sus valores y sus signos para que en la semiótica del futuro se encuentren nítidas las motivaciones que claman por un mañana que reitere los logros y no repita los errores.

Al reivindicar a Gaspar Rodríguez de Francia y a los López, padre e hijo, como referentes del proceso que inicia en Paraguay, Lugo se colocó en la vertiente histórica más avanzada de América Latina, pues fue bajo la conducción de esos hombres que se fundó la primera experiencia exitosa de construcción nacional antioligárquica, antimperialista y antiliberal al sur del río Bravo. Allí, a diferencia de lo que ocurría en los demás países de América Latina en el siglo XIX, no había campesinos sin tierra ni mendigos ni ladrones ni niños que no supieran leer ni escribir; el ferrocarril, el telégrafo y la siderurgia surgieron y funcionaron espléndidamente como empresas del Estado; las exportaciones sostenían la inversión y el gasto social en una administración pública austera y honrada; había superávit fiscal y no existía deuda externa, los indígenas recibieron la ciudadanía y se rescató su modelo de agricultura de dos cosechas anuales; existían reservas nacionales para los malos tiempos y no se conocía el hambre. Aquello era intolerable cuando auspiciada por Inglaterra se imponía en el mundo la religión del libre comercio, adoptada ciegamente por las oligarquías del Río de la Plata y del imperio lusobrasileño. Como luego harían con Fidel Castro, Salvador Allende, Hugo Chávez y Evo Morales, los periódicos liberales satanizaban a Francisco Solano López: el Atila de Asunción era uno de los calificativos que le endilgaban al líder del único proyecto de desarrollo económico y social independiente triunfante en el continente.

Bajo la batuta del Foreign Office y de su embajador en Buenos Aires se preparó meticulosamente la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay, financiada, cómo no, por la banca británica, que Eduardo Galeano fulminó en su imprescindible obra Las venas abiertas de América Latina como el capítulo más infame de la historia latinoamericana. Las oligarquías de Argentina, Brasil y Uruguay lanzaron sus ejércitos a una operación genocida que casi exterminó al pueblo paraguayo. La campaña militar que Bartolomé Mitre calculó en tres meses duró cinco años. Al final no había sobrevivido ningún paraguayo entre 15 y 65 años, sólo quedaba con vida 25 por ciento de la población tras una heroica resistencia finalizada dramáticamente con la caída en combate de López al frente de los restos famélicos y harapientos de su pueblo en armas. “Muero con la patria”, se ha afirmado que exclamó en el postrer momento. Y es que aquel Paraguay, ejemplo de soberanía, independencia y dignidad, dejó de existir con él.

Por eso Lugo ha dicho que “la digna estirpe paraguaya despierta nuevamente”. Así será.

La Jornada

http://www.jornada.unam.mx/2008/08/21/index.php?section=opinion&article=034a1mun

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