Tag Archives: guerra

Eduardo Galeano: Operación Plomo Impune

Para justificarse, el terrorismo de estado fabrica terroristas: siembra odio y cosecha coartadas. Todo indica que esta carnicería de Gaza, que según sus autores quiere acabar con los terroristas, logrará multiplicarlos.

***

Desde 1948, los palestinos viven condenados a humillación perpetua. No pueden ni respirar sin permiso. Han perdido su patria, sus tierras, su agua, su libertad, su todo. Ni siquiera tienen derecho a elegir sus gobernantes. Cuando votan a quien no deben votar, son castigados. Gaza está siendo castigada. Se convirtió en una ratonera sin salida, desde que Hamas ganó limpiamente las elecciones en el año 2006. Algo parecido había ocurrido en 1932, cuando el Partido Comunista triunfó en las elecciones de El Salvador. Bañados en sangre, los salvadoreños expiaron su mala conducta y desde entonces vivieron sometidos a dictaduras militares. La democracia es un lujo que no todos merecen.

***

Son hijos de la impotencia los cohetes caseros que los militantes de Hamas, acorralados en Gaza, disparan con chambona puntería sobre las tierras que habían sido palestinas y que la ocupación israelita usurpó. Y la desesperación, a la orilla de la locura suicida, es la madre de las bravatas que niegan el derecho a la existencia de Israel, gritos sin ninguna eficacia, mientras la muy eficaz guerra de exterminio está negando, desde hace años, el derecho a la existencia de Palestina.

Ya poca Palestina queda. Paso a paso, Israel la está borrando del mapa.

Los colonos invaden, y tras ellos los soldados van corrigiendo la frontera. Las balas sacralizan el despojo, en legítima defensa.

No hay guerra agresiva que no diga ser guerra defensiva. Hitler invadió Polonia para evitar que Polonia invadiera Alemania. Bush invadió Irak para evitar que Irak invadiera el mundo. En cada una de sus guerras defensivas, Israel se ha tragado otro pedazo de Palestina, y los almuerzos siguen. La devoración se justifica por los títulos de propiedad que la Biblia otorgó, por los dos mil años de persecución que el pueblo judío sufrió, y por el pánico que generan los palestinos al acecho.

***

 

Israel es el país que jamás cumple las recomendaciones ni las resoluciones de las Naciones Unidas, el que nunca acata las sentencias de los tribunales internacionales, el que se burla de las leyes internacionales, y es también el único país que ha legalizado la tortura de prisioneros.

¿Quién le regaló el derecho de negar todos los derechos? ¿De dónde viene la impunidad con que Israel está ejecutando la matanza de Gaza? El gobierno español no hubiera podido bombardear impunemente al País Vasco para acabar con ETA, ni el gobierno británico hubiera podido arrasar Irlanda para liquidar a IRA. ¿Acaso la tragedia del Holocausto implica una póliza de eterna impunidad? ¿O esa luz verde proviene de la potencia mandamás que tiene en Israel al más incondicional de sus vasallos?

***

El ejército israelí, el más moderno y sofisticado del mundo, sabe a quien mata. No mata por error. Mata por horror. Las víctimas civiles se llaman daños colaterales, según el diccionario de otras guerras imperiales. En Gaza, de cada diez daños colaterales, tres son niños. Y suman miles los mutilados, víctimas de la tecnología del descuartizamiento humano, que la industria militar está ensayando exitosamente en esta operación de limpieza étnica.

Y como siempre, siempre lo mismo: en Gaza, cien a uno. Por cada cien palestinos muertos, un israelí.

Gente peligrosa, advierte el otro bombardeo, a cargo de los medios masivos de manipulación, que nos invitan a creer que una vida israelí vale tanto como cien vidas palestinas. Y esos medios también nos invitan a creer que son humanitarias las doscientas bombas atómicas de Israel, y que una potencia nuclear llamada Irán fue la que aniquiló Hiroshima y Nagasaki.

***

La llamada comunidad internacional , ¿existe?

¿Es algo más que un club de mercaderes, banqueros y guerreros? ¿Es algo más que el nombre artístico que los Estados Unidos se ponen cuando hacen teatro?

Ante la tragedia de Gaza, la hipocresía mundial se luce una vez más. Como siempre, la indiferencia, los discursos vacíos, las declaraciones huecas, las declamaciones altisonantes, las posturas ambiguas, rinden tributo a la sagrada impunidad.

Ante la tragedia de Gaza, los países árabes se lavan las manos. Como siempre. Y como siempre, los países europeos se frotan las manos.

La vieja Europa, tan capaz de belleza y de perversidad, derrama alguna que otra lágrima, mientras secretamente celebra esta jugada maestra. Porque la cacería de judíos fue siempre una costumbre europea, pero desde hace medio siglo esa deuda histórica está siendo cobrada a los palestinos, que también son semitas y que nunca fueron, ni son, antisemitas. Ellos están pagando, en sangre contante y sonante, una cuenta ajena.

(Este artículo está dedicado a mis
amigos judíos asesinados por las
dictaduras latinoamericanas que
Israel asesoró)

 

Link original:

Leave a Comment

Filed under Blogroll

Carlos Fazio: La guerra y la paz

Felipe Calderón no escucha. La disyuntiva lanzada por el poeta y activista no violento Javier Sicilia fue guerra o paz. Y su opción fue muy clara: por un México en paz con justicia y dignidad. Lo que implica un rotundo noal enfoque militarista y la estrategia de guerra de la seguridad pública ordenados por Calderón. La respuesta del inquilino de Los Pinos pareció autista: no habrá cambio de estrategia porque tenemos la ley, la razón y la fuerza. Ergo, seguirá la guerra. Tampoco renunciará el superpolicía Genaro García Luna –émulo neodiazordacista del general Cueto, el de la matanza de Tlatelolco–, cuya defensa y control de daños quedó en manos de Televisa, los nuevos policías del pensamiento de la prensa vendida, y familiares de víctimas de la criminalidad cooptados por el gobierno.

Calderón no entendió que para Sicilia el Alto a la guerra y el No más sangre no son demandas simbólicas. Son reales. De allí que la contradicción, ahora, sea recrudecimiento de la militarización versus acciones de resistencia en el marco de la no violencia activa, que, de ir acumulando la fuerza moral y material de todos los que estamos hasta la madre de tanta violencia e inhumanidad generadas por una guerra absurda, a la manera de una bola de nieve podrá derivar en desobediencia civil pacífica.

Calderón no es sordo ni autista; tampoco insensible. Sus decisiones responden a una estrategia preconcebida, con eje en una doctrina de seguridad nacional importada. Como dijo Sicilia, la política de seguridad de Calderón fue diseñada por Estados Unidos. Su lógica es militar. Parte del mito de la guerra, como una realidad humana fundamental a la cual se reducen todas las demás. La guerra destruye la política y borra la frontera con la paz. La lógica de Calderón invierte la fórmula de Clausewitz: la política se transforma en la prolongación de la guerra gracias a otros medios. Si la política es la prolongación de la guerra, se asimila a la guerra y debe ser conducida por la guerra.

El uso de los conceptos no es inocente. En nombre de una presunta guerra a las drogas, Calderón instauró un régimen de excepción, con zonas del país bajo virtual estado de sitio. Calderón ha buscado poner al Estado y a la sociedad en función del estado de guerra. Lo primero lo logró. Durante cuatro años y medio la guerrade Calderón dominó la agenda pública: convirtió la nota roja en noticia principal de diarios y medios electrónicos. En el segundo objetivo, poner a la nación en permanente pie de guerra, fracasó. Su estrategia de guerra generó violencia, miedo y terror, pero no logró transformar a la sociedad en un inmenso ejército movilizado bajo su mando. Sus llamados a la unidad nacional contra los criminales, losverdaderos enemigos de México –los hijos de puta, diría Aguilar Camín–, fracasó porque se trata de una guerra fantasma, con base en un mito.

El mito de la guerra no obedece a un simple error intelectual: es útil. El culto de la seguridad sólo puede favorecer los privilegios y justificar el statu quo. El uso del Ejército, la Marina de guerra y la policía militarizada de García Luna es el sostén y justifica un tipo de sociedad basada en el centralismo autoritario y la explotación jerarquizada. Su papel ideológico cumple la función de perpetuar las relaciones entre dominadores y dominados. El método consiste en cambiar la ideología de la lucha de clases por otra ideología ficticia e inmovilista. De allí el apoyo del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios, el Consejo Coordinador Empresarial y otros once grupos corporativos a la Ley de Seguridad Nacional enviada al Congreso por el Ejecutivo.

Eso Sicilia lo tiene claro: la violencia de los señores de la muerte es resultado de estructuras económicas y sociales que generan desigualdad y exclusión. La infame realidad y la demencia criminal se nutren de las omisiones, complicidades y/o colusiones mafiosas de los que detentan el poder: la partidocracia, los poderes fácticos y sus monopolios, las cúpulas empresariales y las jerarquías conservadoras de las iglesias, los gobiernos y las policías.

La militarización de la sociedad forma parte de un engranaje organizado, necesitado e institucionalizado para preservar el actual estado de cosas. Como ha quedado plasmado en el discurso beligerante de Calderón, alias El Churchill, utiliza el monopolio del poder (sic) para hacer la guerra en nombre de todos los mexicanos de bien, y quienes no lo apoyan son sospechosos de ser cómplices de los enemigos del Estado. Un Estado que se sirve del monopolio de las armas para hacer una guerra permanente contra el pueblo. Mientras más autoritario y violento es un Estado, más trata a la nación como enemiga.

Pero los ciudadanos están desarmados. De allí la necesidad de la política. La política es el arte de las transacciones de la tolerancia y el arte de lo posible. La política comienza cuando el Estado deja de ser violento y entra en diálogo con los ciudadanos; cuando el Estado se sujeta a las leyes resultado de un diálogo con los ciudadanos. La paz es la consecuencia de la renuncia a los medios violentos. Es decir, al uso de las armas que matan.

Sicilia se opone a una paz armada como parte de un modelo militar. Quiere llevar al régimen al terreno de las soluciones no armadas. El diálogo que ofrece Calderón es un monólogo; se siente poseedor de la verdad única y ofrece unacooperación con base en la dialéctica del amo y el esclavo. De arriba a abajo. Frente a esa manipulación maniquea del poder, la multitud que aspira a una paz con justicia y dignidad impulsa otra forma de hacer política; quiere una democracia participativa y más representativa. El nuevo Ya basta de los de abajo y las clases medias está dirigido a la reconstrucción del tejido social de la nación. La marcha significó la ruptura del terror y la posibilidad de que el dolor social se convierta en acción colectiva organizada. Los sonidos del silencio son otra forma de lucha. El alto a la guerra es hoy una cuestión de salvación nacional.

Fuente: La Jornada

Leave a Comment

Filed under Columns, Mexico

Anamaria Ashwell: Israel es también el suelo natal de Amos Oz

Primera Parte

I. Gershom Scholem emigró desde su ciudad natal a Palestina/ Erezt Israel en 1925 y se convirtió en el gran pensador y profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Su hermano Werner, a quien él dedica sus memorias (G.Scholem, From Berlin to Jerusalem:Memories of my Youth, N.York, 1980) permaneció en Berlín y fue asesinado en un campo de concentración, Buchenwald, en 1940. Su amigo W.Benjamin, con quien mantuvo correspondencia (editado en Ed. Taurus, 1987) permaneció también en Berlín hasta 1933, año cuando recluyeron a su hermano en un campo de concentración y el antisemitismo violento le obligó a emigrar “a pesar de ser ciudadano alemán” (como explica él en el currículo que en 1934, por intermediación de B.Brecht, entregó al Comité danés para ayuda a Refugiados). Desde Francia donde buscó refugio, Benjamin intentó escapar a los nazi rumbo a España. Fue detenido en la frontera (Port Bou) y desesperado, entre el 26 y 27 de septiembre de 1940, se quitó la vida. Son éstos casos solo un ejemplo del destino que sufrieron grandes pensadores judíos alemanes y europeos (y de Centroeuropa y Rusia) durante la Shoa: casi todos los mayores pensadores, poetas y artistas de Europa y Centroeuropa como Benjamin (Grunfeld,F, Profetas Malditos:El mundo trágico de Freud,Mahler, Einstein y Kafka; ed Planeta.1987) fueron aniquilados porque casi la totalidad de la judería europea murió. Los judíos que lograron ponerse a salvo lo hicieron de manera casi milagrosa  y mayormente por la intervención de valientes hombres y mujeres, como el poblano Gilberto Bosques, que arriesgando la propia vida crearon los caminos para trasladar a niños, hombres y mujeres lejos de Europa. La cultura de Europa quedó reducida a nada y este es el crimen más horrífico, el que califica todos los crímenes de lesa humanidad, porque los judíos fueron asesinados solo porque eran judíos. En esa larga noche de la Shoa la mayoría de los países occidentales, incluyendo los EEUU (el mismo país que había recibido a unos 2 millones de judíos emigrados entre 1880 y 1917) negaron visados a los que buscaron ponerse a salvo y la cifra del exterminio final es simplemente impronunciable: basta recordar que menos de 50,000 judíos sobrevivieron a los campos de concentración. La orfandad de los sobrevivientes fue también inmediatamente trágica- Paul Celan y Primo Levi terminaron suicidándose- y la tradición acuñó un nombre para ellos: sheerit. Una palabra en hebreo que quiere decir “remanente” o “lo que quedó”. La interminable pesadilla de los sheerit, especialmente los que se dirigieron a Palestina/Israel- “judío vete a Palestina” eran las pintas en las paredes en los barrios de las ciudades de Europa- determinó y determinará la conducta social y política de los que hoy son ciudadanos en esa tierra cenagosa, pedregosa y desértica (como la describe Amos Oz) llamada Israel. Una Historia de Amor y Oscuridad de Oz es la insuperable descripción de los judíos que llegados de Rusia, de Francia, de Alemania, de todos los rincones del mundo (habiendo abandonado todo muchas familias llegaron, sin embargo, cargando bibliotecas) se empeñaron en rehacer sus vidas en Palestina/Israel. Oz, entonces un niño de nueve años, a salvo en Erezt Israel, recuerda las historias de pérdidas, de terror y tristeza de los sheerit y describe el miedo insoportable que se apoderó de él: si lograba vivir y crecer, pensó, se convertiría no en un escritor sino en un libro. Se podían quemar y destruir los libros, razonó el niño, pero algún ejemplar sobreviviría en una biblioteca, en un rincón, olvidado incluso de Dios. La Shoa casi logró silenciar el judaísmo.

En 1947, impulsados por el exterminio nazi y la deportación de cientos de miles judíos que llegaron a Palestina/Eretz Israel como refugiados, concluyó el mandato británico. Una comisión especial de Naciones Unidas determinó que la tierra de palestinos y judíos desde ese momento debía dividirse en dos estados independientes: Jerusalén quedaría como una entidad separada y neutral y bajo administración internacional. Un sueño guajiro- la coexistencia pacífica de dos estados- que los judíos aceptaron- dice Oz a regañadientes- porque el 75% del territorio que le asignaron a Israel era un desierto. El mando árabe- palestino, sin embargo, anunció inmediatamente que no aceptaría esa partición y Azam Pasha, secretario de la Liga Árabe, dijo que “bañarían en sangre cualquier propuesta sionista que intentara erigirse aunque fuese sobre un solo puñado de tierra Palestina”. La votación en la ONU el 29 de Noviembre de 1947 estuvo cargada de presiones, intereses, amenazas, conspiraciones y hasta sobornos pero 33 votos a favor, 13 en contra y 10 abstenciones finalmente crearon Israel. Pero apenas iniciaban las celebraciones de júbilo cuando la violencia empezó la cuenta regresiva de vidas: en la primera semana murieron asesinados veinte judíos y para la segunda doscientos judíos y árabes yacían muertos.¿Porqué saco a relucir esta historia y en este momento de la incursión militar de Israel en la franja palestina de Gaza? Porque si en algo se parecen los judíos a los mexicanos es en el peso que tiene su pasado en la consciencia y en el actuar en su presente. En una entrevista que  Oz dio a la radio pública en EEUU el 7 de enero de 2009, en respuesta a la pregunta: ¿Cree Ud. que la manera como los Israelíes ven este conflicto bélico en Gaza este influenciado por el pasado? Oz, el mayor escritor judío nacido en Israel hace más de sesenta años, co-firmante y con fundador de la organización Paz Ahora en 1978 (con otros grandes escritores y pensadores israelíes) respondió: “Todo esta influenciado por el pasado. Los israelíes viven marcados por el hecho que han sido acosados por décadas. Viven marcados por el calvario histórico del pueblo judío, con el sentimiento que han sido alienados de muchas otras naciones así como de la opinión pública. Esto resulta en cierta testarudez en su actitud: ellos piensan que el mundo los va a criticar de todas maneras, cualquiera sea su comportamiento, por lo que deciden hoy actuar con fuerza.” Oz agregó: “Yo no creo en la fuerza por la fuerza misma… habiendo escrito sobre mi experiencia como niño durante el asedio árabe sobre Israel en 1948, irónicamente, eso me da la posibilidad de imaginarme ahora las condiciones trágicas de los civiles en Gaza en medio del actual asedio israelí.”.

Segunda parte

II. Hamás se formó en 1987, con una brigada militar, Iss al-Din Qassam , para combatir a Israel. Desde la primera Intifada (1987-1992) se convirtió en la organización político-militar-religiosa más grande e importante en la franja de Gaza. Desde su inicio Hamás asumió la sentencia de la Liga Árabe de 1947-48: expulsar de Palestina- a fuego y sangre y no solo del territorio ocupado en la franja oeste- a todos los judíos. La creación de un estado palestino, para Hamás, implica simple y llanamente la desaparición de Israel. Hamás ha sido responsable y organizador de los ataques suicidas que han costado miles de vidas a civiles israelitas. Mientras las acciones bélicas las llevan a cabo las brigadas Iss al-Din Qassam los militantes “civiles” implementan los programas sociales (construyen escuelas, hospitales y centros de oración) en las zonas palestinas donde ganan influencia política y liderazgo religioso. Hamás mantiene, así mismo, una rama política en el exterior que operan misiones de apoyo logístico militar desde territorios árabes vecinos. La popularidad de esta organización entre los palestinos de Gaza- orillados por el cerco militar israelí a una subsistencia de aislamiento y de extrema pobreza- empezó cuando sus líderes repudiaron y boicotearon la firma de los acuerdos de Oslo (agosto 1993 ) que hubiera normado el retiro de Israel del territorio ocupado en la franja oeste a cambio de un compromiso de parte de los palestinos (entonces Yasser Arafat estaba al frente de Autoridad Nacional Palestina) de garantizar la seguridad fronteriza de Israel. Israel dialogó y concertó treguas de paz (esporádicas) con la Autoridad Nacional Palestina pero respondió desde un inicio como país en guerra contra la guerra declarada por Hamás e inició la cacería selectiva de sus líderes: en Diciembre de 1995 el encargado de Hamás de construir las bombas que lanzaban con suicidas u otros medios sobre la población civil de Israel, Yahya Ayyash, fue asesinado. Hamás respondió con ataques suicidas en territorio israelí y 60 civiles murieron entre febrero y marzo de 1996. Los ataques de Hamás fueron (según la mayoría de los analistas políticos) el factor de mayor peso para que el pueblo israelí se decepcionara crecientemente de continuar con el dialogo de paz con los palestinos y fue también factor decisivo que inclinó la votación a favor del derechista Primer Ministro Benjamín Netanyahu en 1997, un abierto opositor a los acuerdos de Oslo, quien al formar gobierno fortaleció la política de línea dura y militar en contra de las autoridades palestinas y alentó los asentamientos de judíos fundamentalistas en la zona ocupada de la franja oeste. A medida que esa política israelí contra los palestinos se endureció, sumiendo a Gaza en la pobreza y la desesperanza, las acciones ineficaces y corruptas del gobierno secular de la Autoridad Nacional Palestina (y de su extensión militar Fatah) radicalizaron a los palestinos de Gaza. En el año 2006 los palestinos de Gaza  votaron a Hamás como sus autoridades (Mahmoud Abbas, líder de la Autoridad Nacional Palestina en 2004 se había declarado abiertamente en contra de Hamás y de su política de provocación militar contra Israel). En el año 2007 se dio una guerra abierta entre Fatah de la ANP y las brigadas Qassam de Hamás y en mayo 2007 las fuerzas de seguridad de la ANP fueron expulsadas de Gaza. Gaza bajo la autoridad de Hamás- sin contrapesos de moderados o de opositores- provocó que Israel reforzara su cerco militar. Hamás, a su vez, escaló sus ataques con misiles sobre el territorio sur israelí. La ANP mantuvo el control político solo de la franja oeste palestina y Hezbollah, cobijado en territorio libanés y enemigo de Fatah y Qassam, aumentó- especialmente desde el verano de 2006- el bombardeo en la parte norte de Israel.

Van 18 días desde que Israel invadió militarmente Gaza. El Estado israelí conocía de antemano el costo humanitario de un ataque militar que iba a ser desproporcionado y a todas luces infinitamente superior a cualquier respuesta o resistencia palestina. Israel calculó y asimiló que las muertes de civiles palestinos serían de cifras y consecuencias terribles- no solo porque las brigadas Qassam de Hamás utilizan como escudos humanos a mujeres y niños sino porque la franja de Gaza esta densamente poblada y los objetivos militares están cerca o en medio de la habitación de civiles. A sabiendas también que la opinión publica mundial se mostraría adversa (la logística y el aparato militar de Israel es impresionantemente eficiente y letal) decidió su incursión en Gaza con el objetivo no negociable de aniquilar a Hamás. Tímidamente (la palabra es de Vargas Llosa ,“Morir en Gaza”, El País, 11 de Enero 2009) algunos periodistas y escritores, reconocidos disidentes y hombres militantes de la izquierda israelí incluyendo Amos Oz, se atrevieron a cuestionar los objetivos de esta acción bélica y punitiva del aparato militar israelí sobre Gaza. Pero ni los miembros de Paz Ahora encontraron los argumentos adecuados para pedir la contención militar al gobierno de Israel en la planeada represalia contra Hamás. Amos Oz publicó el 28 de Diciembre de 2008 esta carta pública en un periódico italiano:

“El bombardeo sistemático de ciudadanos en pueblos de Israel es un crimen de guerra y un crimen contra la humanidad. El Estado de Israel debe defender a sus ciudadanos. Es obvio para todos que el gobierno de Israel no desea invadir Gaza y que hubiera preferido que Hamás honrara el alto al fuego que ha violado y finalmente revocado. Pero el sufrimiento de los ciudadanos en la frontera con Gaza no puede continuar.

La renuencia a invadir Gaza no emana de una falta de decisión sino del bien sabido hecho que Hamás realmente busca provocar que Israel se embarque en esa operación militar: si docenas o incluso centenas de civiles palestinos, mujeres y niños, mueren por la acción israelí, el radicalismo ganará adeptos en Gaza. El régimen de Abu Mazen en la Franja Oeste puede colapsarse y el extremismo de Hamás tomaría su lugar.

El mundo árabe se movilizará por las imágenes atroces que Al-Jazeera  publicitará desde Gaza y la corte de la opinión pública mundial se apresurará a acusar a Israel de crímenes de guerra. Esta es la misma corte de opinión pública que se muestra indiferente ante el sistemático bombardeo de centros poblacionales en Israel.

Israel recibirá inmensas presiones para que se contenga. Ninguna presión se ejercerá sobre Hamás porque no hay nadie que les pueda presionar y no existe nada sobre lo cual presionarlos. Israel es un país y Hamás es una pandilla.

¿Qué nos queda hacer? El mejor escenario para Israel es lograr un total alto al fuego a cambio de aliviar el cerco sobre Gaza. Si Hamás rehúsa este alto al fuego y continua bombardeando a los ciudadanos de Israel debemos tener cuidado que nuestra acción militar no juegue a sus cartas. El cálculo de Hamás es muy sencillo, cínico y lleno de maldad: si mueren civiles inocentes israelíes, bien. Si mueren inocentes civiles palestinos- mucho mejor.”

David Grossman también  se pronunció en términos similares (Haaretz.com) y advirtió al gobierno de Israel que él juzgaba contraproducente una acción bélica apabullante en Gaza: el resentimiento y la impotencia pueden volver aún más popular entre palestinos la política asesina de Hamás contra los judíos de Israel. Grossman ha reflexionado sobre el costo ético que tiene para Israel y los judíos su enorme poderío militar y pidió en esta ocasión que no se castigue tan violentamente a Gaza, “incluso si Hamás, por años, ha vuelto miserablemente intolerable la vida para los pueblos del sur de Israel” (“Israel esta sacrificando su propio milagro”. El País, 13 de Noviembre 2006).George Steiner describe acertadamente este nudo gordiano en el cual esta atrapado y se juega su sobrevivencia Israel. Israel es hoy un refugio garantizado para todos los judíos del mundo, es la posibilidad, dice, de sobrevivir. Para garantizar ese derecho a la vida del pueblo judío, Israel  ha tenido que “cultivar, incluso glorificar su fuerza y habilidad militar”. Un pueblo que por dos mil de años sobrevivió indefenso, exiliado,  recluido y despreciado en ghettos, acosado por la hostilidad y la intolerancia de sus vecinos y sin capacidad para perseguir o castigar a otros seres humanos hoy necesita y recurre a su poderío militar para sobrevivir. La singular nobleza de los judíos que se cultivó en la debilidad, la ética que los mantenía nobles ante la maldad de sus vecinos se basaba en el principio que “cualquiera que tortura a otro ser humano, sea por razones políticas apremiantes o necesidad militar, cualquiera que sistemáticamente humilla o desplaza de su hogar a un hombre, mujer o niños, esta de hecho renunciando a su propia humanidad”. Esa ética los judíos la practicaron hasta el final y subieron a los trenes que los trasladaron a Auschwitz. Nunca más después de la Shoa. Hoy,en menor medida que sus enemigos árabes e islámicos (en palabras de Steiner) Israel se ve obligado a torturar, humillar, expropiar y expulsar de sus hogares a otros seres humanos para resguardar a sus ciudadanos de las acciones asesinas de sus vecinos árabes y palestinos. Hoy Israel ha entrado en Gaza al combate con Hamás asumiendo un costo humano insoportable para judíos y para palestinos. En esta guerra no hay buenos ni malos. No hay blanco y negro. No hay vencedores ni vencidos. No hay víctimas ni victimarios. Hay una tragedia sin fin. Y los primeros que lo saben son los judíos de Israel.

Uno mi voz a la de mi admirado Amos Oz y pido la paz en los términos que él ha hecho públicos recordando, en estos tiempos aciagos, los poemas de Paul Celan que no rezan a Dios sino que rezan por Él.

1 Comment

Filed under Blogroll

Carlos Fazio: El holocausto palestino

¿Quién puede condenar la violencia en general sin contradecirse? Ante los pogromos de palestinos en Gaza, esa vieja pregunta, repetida en diferentes épocas, queda hoy de nuevo sin respuesta. En nuestras sociedades capitalistas de caos, exclusión y muerte, no es dable una valoración única de las diferentes formas de violencia y de todos sus responsables por igual en todo tiempo y lugar. Huelga decir que existe mucho cinismo, y una doble moral convenenciera que ha trocado en estupidez y complicidad muchas mentes lúcidas, que en la coyuntura se refugian en sofismas o han guardado un silencio profundo, legitimador, ante la barbarie genocida de la operación Plomo Fundido ordenada por las autoridades políticas y militares del Estado de Israel en los territorios árabes ocupados.

“Bárbaro –dice Tzvetan Todorov– es quien niega a otro la plena condición humana. Cometiendo actos bárbaros no se defiende la civilización contra la barbarie: se capitula ante ella haciéndola legítima” (ver Antonio Muñoz, “Una conversación”, “Babelia”, El País, 1º/11/2008). Al respecto, el diario conservador Times, de Londres, consignó que en su actual guerra de exterminio y limpieza étnica infinita, el ejército de ocupación israelí está utilizando proyectiles que contienen napalm y fósforo blanco, armas incendiarias prohibidas que provocan mutilaciones y quemaduras mortales en niños, mujeres y ancianos hacinados en Gaza, convertida en un gran campo de concentración y dividida por Israel en guetos o bantustanes tipo apartheid. También se ha divulgado el uso de bombas de racimo y de un nuevo tipo de armas denominadas Explosivos de Metal Inerte Denso (DIME), hechas con una aleación de tungsteno. Sin duda, métodos dignos de los nazis en sus acciones más brutales.

No obstante, escudadas en una orwelliana autodefensa antiterrorista con visos de “guerra justa” –merced a una legitimada deconstrucción de categorías que esconde la tensión constituyente de la violencia original (la ocupación militar de Palestina por Israel condenada en múltiples resoluciones de Naciones Unidas) y suprime de raíz el derecho a la rebelión, la resistencia, la autodeterminación del pueblo palestino y su lucha por la liberación nacional, mientras convierte al agresor en “víctima gratuita” atacada sin razón–, muchas buenas conciencias, en convivencia pacífica con el statu quo del polo dominante, siembran inteligibilidad o confusión sobre el conflicto y sus causas, al tiempo que asumen como válidas las frías acciones de barbarie reguladora y las rutinarias matanzas burocráticas, asimétricas e (in)humanas ejecutadas por las tropas de asalto del gobierno de Israel, consideradas crímenes de guerra por el derecho internacional consuetudinario.

Hace casi medio siglo, ante el Tribunal Internacional de Crímenes de Guerra, decía Bertrand Russell en relación con el conflicto de Vietnam: “No se puede equiparar la opresión del agresor a la resistencia de la víctima. Sólo quienes no pueden distinguir entre el levantamiento del gueto de Varsovia y la violencia de la Gestapo, o la lucha por su vida de los partisanos yugoslavos, la resistencia en Noruega, la lucha clandestina en Dinamarca y el maqui francés, de un lado, y los ejércitos invasores nazis, de otro, pueden dejar de enjuiciar los actos de Estados Unidos como moral y cualitativamente diferentes de los actos de la resistencia vietnamita”. A propósito, Raquel Tibol señaló en estas páginas: “Nada más parecido al gueto de Varsovia que el cerco impuesto por Israel a los palestinos, sin que falten muros, alambradas y prohibiciones a introducir alimentos, medicinas, electricidad, así como el libre tránsito de la gente. Nada más parecido al Holocausto que el genocidio contra toda la población palestina, sin que falte el horror de eliminar indiscriminadamente a hombres, mujeres y niños cuya tierra ha sido invadida” (“Similitudes”, La Jornada, 4/1/2009).

En 1991, ante la creciente ola fascista en Occidente, tras señalar que “el silencio y la inmovilidad societaria han dado pauta a la emergencia del neonazismo”, Arnoldo Kraus, se preguntaba: “¿Ha muerto realmente Hitler?” (“Neonazismo: otra mirada”, La Jornada, 27/11 y 4/12/1991). Con diferentes variables, la respuesta es no. Las víctimas de ayer se han convertido en los victimarios de hoy. Auschwitz es, hoy, Gaza. Y también la nueva Guernika, como antes Faluya. La actual “carnicería” tiene responsables. Para usar la expresión del rabino Yeshayahu Leibovitz, los responsables son los dirigentes “nazi sionistas” de Israel, una potencia colonial militarista en una región estratégica de la economía mundial, que ha sido definida por expertos juristas internacionales como un Estado terrorista. Estado que cuenta, además, con una bien aceitada infraestructura mundial de propaganda, que convierte en “autodiados antisemitas” y seguidores de los Protocolos de los sabios de Sión a aquellos intelectuales de origen judío (Chomsky, Herman, Zinn, Finkelstein, Petras) que objetan su racismo vandálico de Estado. La acusación de antisemitismo es un arma recurrente de la matonería sionista, verbigracia, los casos de Alfredo Jalife y José Steinsleger en La Jornada.

Con conocimiento del sufrimiento humano y convertidos en “rentistas del Holocausto” (Saramago dixit), los nazi sionistas Olmert, Barak, Dagan y Tzipi Livni –discípulos/as ideológicos de Teodoro Herzl y sus seguidores Gurión, Meir, Peres, Rabin, Sharon, Netanyahu–, bestializan al otro, la nueva “raza maldita” palestina. Ésa es la razón de los periódicos asesinatos selectivos y en masa de hombres, mujeres y niños, en función de una política planificada por Dagan y Sharon en 2001, cuyo objetivo hoy es la captura militar de Gaza y el exterminio de milicianos de Hamas (Movimiento de Resistencia Islámica), para terminar de erosionar la unidad nacional palestina y proceder luego a la expulsión total de sus tierras a los habitantes árabes. No obstante, igual que en Varsovia, bajo el cielo de plomo que esconde el cielo azul, la resistencia palestina sigue allí.

Artículo Original: La Jornada

1 Comment

Filed under Columns, Politics, Resistance

Pedro Miguel: Voces sobre Gaza

Hace unos días, el escritor Abraham Yehoshúa, residente en Tel Aviv, pedía “evitar a toda costa una incursión terrestre” de las tropas de Israel sobre la Franja de Gaza, “no sólo por la vida de los soldados, sino porque morirían muchos civiles palestinos; son nuestros vecinos; nos jugamos nuestro futuro” (El País, 4/01). Poco después, los hechos le dieron la razón, en lo que toca a bajas israelíes: una treintena de efectivos del régimen agresor habían sido heridos en las primeras horas de la ofensiva por tierra (El Mundo, 4/01). Pero, por lo que respecta a los muertos y heridos palestinos, ya la artillería terrestre y marítima y los bombardeos aéreos (que incluyen el lanzamiento de bombas de racimo y de fósforo blanco y de proyectiles de uranio empobrecido) habían producido más de un millar antes de que la infantería y los blindados iniciaran su avance; ya van tres mil heridos.

Giora Rom escribió: “Los pilotos lanzan bombas. Los pilotos matan gente. Los pilotos destruyen cosas cuya construcción implicó un gran esfuerzo. Los pilotos hacen todo eso sin ver de cerca el resultado de sus actos”. Algunos son incapaces, al igual que los pilotos, de ver de cerca lo que ocurre en Gaza. Señaló Gideon Levy: “¿Que liquidaron a Nizar Ghayan (dirigente de Hamas)? Nadie cuenta a las 20 mujeres y a los niños que perdieron la vida en el mismo ataque. ¿Que hubo una masacre de docenas de efectivos durante la ceremonia de graduación de la academia de policía? Aceptable. ¿Y las cinco pequeñas hermanas? Permitido. ¿Que los palestinos se están muriendo en hospitales que carecen de equipo médico? Cacahuates.” Los hechos: de las primeras 19 bajas palestinas producidas por la invasión terrestre, tres eran miembros de Hamas y el resto, civiles (textos en Haaretz, 4/01).

Dice Jaber Wishah, residente en el teatro de operaciones: “La gente apoya más que nunca a Hamas porque han llegado a un punto en que la vida y la muerte son casi lo mismo. Sabemos que podemos morir en cualquier momento aunque no tengas relación con un objetivo militar israelí, sólo por vivir en el mismo barrio. El resultado sólo será más fanatismo”. El siquiatra Taysir Piab, quien vive en el campo de refugiados de Yabalia, complementa: “Cuando mis cinco hijos oyen volar los (cazabombarderos israelíes) F-16, empiezan a gritar. Las consecuencias sicológicas para los más pequeños van a ser terribles. Los niños están aprendiendo que los problemas sólo se solucionan con violencia” (El País, 5/01).

La responsabilidad de los gobernantes israelíes en el fortalecimiento de Hamas no empezó en diciembre pasado. Como lo explica el admirable Uri Avnery, “durante años, las autoridades ocupantes favorecieron el movimiento islámico. Las otras actividades políticas eran rigurosamente suprimidas, pero (a Hamas) se le permitía operar en las mezquitas. El cálculo era simple e ingenuo: en ese tiempo, la OLP era considerada el enemigo principal, Yasser Arafat era el Satán corriente. El movimiento islámico predicaba contra la OLP y Arafat y era visto, por ello, como aliado” (Gush-Shalom.org, 3/01, recibido gracias a Eduardo Mosches).

Algún día los ciudadanos israelíes le reclamarán a su propio gobierno la responsabilidad por la inseguridad que padecen. Podrían reclamársela al gobierno palestino si éste existiera, pero no hay tal: las autoridades de Tel Aviv han torpedeado en forma sistemática los empeños por establecerlo y con ello, y con sus políticas genocidas, han puesto en entredicho la viabilidad y el futuro de Israel mismo.

Otras voces: me enviaron réplicas discordantes a la entrega pasada Alejandro Zuchovicki (“tu nota no posee ningún tipo de análisis”); José Martínez Guerrero (“entre los judíos auténticos, sus preceptos indican que no debieron haber incurrido jamás en la creación de un Estado”); Jacqueline Feiguelblat (“sus comentarios, tanto como su persona, merecen mi completo repudio y desprecio”); Mariano González Tena (los judíos “son el tumor canceroso del mundo”); Álvaro Albarrán González (“ante la barbarie mostrada por Israel es difícil no ser antisemita”); Leticia Singer (“¿Usted llama a Israel Estado terrorista? ¿No es Hamas un grupo terrorista? Sólo acuérdese cómo se hizo del poder”) y Salomón Peralta (“nos dice que Occidente debe intervenir para contener, rescatar y salvar a Israel de sí mismo: ¡Qué ingenuidad!”). Noemi Ehrenfeld envió una apreciable corrección ortográfica (“si desea felicitar a sus amigos judíos o no, hágalo bien: es shaná tová, con v, y no como Ud. lo escribió, con b”). En El Correo Ilustrado (4/01) Alejandro Frank pretendió, sin ningún fundamento, involucrarme en la polémica iniciada por los detractores de Alfredo Jalife en el desplegado del 19 de diciembre. Agradezco, desde luego, las concordancias y el afecto de Gilberto López y Rivas, de Silvana Rabinovich, de Vicente Reyes de León y de Arturo Verduzco. Alto a la masacre de palestinos; tropas asesinas, fuera de Gaza.

Artículo Original: La Jornada

Leave a Comment

Filed under Columns, Human Rights, Politics, Resistance

Marta Tawil: Un retiro sin garantías

En 1914 Gran Bretaña ocupó Irak. Luego de aplastar la revuelta nacionalista de 1920, formó el gobierno y diseñó las fronteras del nuevo Estado; en 1930 prometió a Bagdad la independencia y en 1932 Irak fue el primer Estado árabe en entrar a la Sociedad de Naciones. Pero Londres introdujo diversas cláusulas que protegían sus intereses (en ese entonces el petróleo aún no era la fuente de la riqueza nacional). Así, Gran Bretaña e Irak se comprometieron a apoyarse en tiempos de guerra y a realizar consultas permanentes en política exterior; los británicos mantendrían bases aéreas y recibirían asistencia y acceso a instalaciones como puertos y aeropuertos; el ejército iraquí recibiría ayuda, entrenamiento y equipo de los británicos. En las décadas siguientes, la población iraquí señalaría el tratado como el mayor responsable de los dramas del país; la reacción ante la ocupación de un poder militar extranjero se tradujo en movilizaciones nacionalistas generalizadas, división e inestabilidad política. El 27 de noviembre de 2008, el Parlamento de Irak ratificó un acuerdo de seguridad con su nueva potencia ocupante, Estados Unidos, que entrará en vigor cuando expire el mandato de la ONU el 31 de diciembre. Prevé el retiro de las tropas estadunidenses de la mayor parte de las ciudades iraquíes para junio de 2009, y establece que en 2011 el resto dejará definitivamente el país, a menos que se negocie un pacto bilateral para extender la presencia estadunidense. ¿Cuáles son esta vez los alcances de la independencia de Irak?

Las tropas estadunidenses pasarán a estar bajo la autoridad del gobierno iraquí. Entre otras cosas, el acuerdo contiene un pasaje vago sobre el deber de los militares estadunidenses de pedir autorización de las autoridades judiciales iraquíes para entrar a casas y detener a sospechosos y otro igual de vago sobre el derecho del gobierno iraquí de procesar a militares estadunidenses acusados de “delitos premeditados graves cometidos mientras no estén en funciones”; también otorga a los iraquíes el control de su espacio aéreo. Pero el acuerdo agrega que Washington ofrecerá “apoyo temporal” en entrenamiento, equipo y transporte a las fuerzas de seguridad iraquíes, y en la vigilancia del espacio aéreo. No especifica qué son las tropas de “combate” y dónde exactamente se van a replegar. Persiste la incertidumbre acerca de los tipos de relaciones de seguridad de largo plazo que Estados Unidos persigue, y el grado de presencia militar que implican. ¿Cuántos estadunidenses van a “aconsejar” a sus contrapartes iraquíes? ¿Qué tantos son familiares con el país, sus idiomas, códigos políticos y sociales? ¿Quién va a garantizar la defensa de Irak si el país fuese atacado por otro? La estabilidad y la seguridad de Irak son críticas para los intereses estadunidenses, que incluyen tener acceso a recursos petroleros y derrotar al “terrorismo internacional”. Ello requerirá forzosamente dar a las fuerzas militares estadunidenses una presencia y un papel de largo plazo. Queda por ver si se acompañarán de una política de relaciones públicas en las que se explique con detalle a los iraquíes cada una de las decisiones que los estadunidenses tomen con las autoridades nacionales, y si Estados Unidos está pensando en edificar un marco de cooperación regional de seguridad que tendría que incluir a Irán.

El acuerdo parece haber contado con el apoyo de amplios sectores de la población iraquí, pero puede fácilmente contribuir a dividir aún más a los iraquíes en grupos étnicos y religiosos, que ya se están posicionando para consolidar sus bases de poder ante las elecciones locales y parlamentarias de enero. Encontró la fuerte oposición de grupos chiítas como el encabezado por el clérigo Moqtada al-Sadr, quien ya amenazó con revivir elementos armados de su milicia Mahdi. El dilema de los sunitas es más complejo; preferirían que los estadunidenses se quedaran más tiempo para poder negociar en mejores términos un pacto con los chiítas y los kurdos y no quedar aislados. El gobierno central sigue siendo débil, el sistema electoral actual lo debilita aún más, y el Poder Judicial no es independiente. En ciudades como Basora persisten duros combates entre milicias chiítas en su lucha de poder y control de recursos, que provocan la muerte de civiles inocentes. Durante el periodo de transición definido por el acuerdo, pues, cualquier circunstancia puede reducir la cooperación y llevar al conflicto entre las necesidades y los intereses de los iraquíes y los de los estadunidenses. Y en cualquier caso, Estados Unidos, como Gran Bretaña en su momento, será señalado como el principal culpable.

Artículo Original: La Jornada

Leave a Comment

Filed under Columns, Politics

Pedro Miguel: La fuerza

Por regla general, las soluciones de fuerza parten de la pobreza de espíritu de quienes las adoptan, de una visión superficial y simplista y, sobre todo, de un enorme candor. No es de extrañar que sus resultados sean, con frecuencia, contrarios a los esperados y que el empecinamiento en su aplicación termine por generar problemas mucho mayores que los que se pretendía solucionar. Dos ejemplos.

Ahí está el caso de Afganistán, donde la gran superpotencia militar del mundo pretendió liquidar a una organización de fanáticos que se había hecho con el control de ese país. En un principio pareció que la aventura funcionaba, o así nos lo hicieron creer los medios desinformativos. Los ocupantes organizaron unas elecciones y hasta se llegó a hablar de la “normalización democrática” que tenía lugar en territorio afgano. Pero siete años después de la invasión y ocupación gringa, posteriormente respaldada por una coalición internacional, los talibán, tan ignorantes y oscurantistas como siempre, han avanzado en presencia territorial y en liderazgo y “el Estado está otra vez en serio peligro de caer en sus manos”, según estimación del Consejo Internacional de Seguridad y Desarrollo (ICOS, por sus siglas en inglés; El País, 8/12/08).

En días pasados los rebeldes ofrecieron pruebas contundentes de su organización, de su capacidad ofensiva y de su funcionamiento internacional, al realizar, en el vecino Pakistán, impresionantes ataques consecutivos contra convoyes de la OTAN que transportaban pertrechos destinados a las fuerzas de ocupación en Afganistán. En la primera de esas acciones, llevada a cabo hace una semana, fueron destruidos una veintena de camiones repletos de pertrechos de guerra; el domingo, en Peshawar, unos 250 combatientes incendiaron un centenar de vehículos de transporte, y ayer, lunes, los talibán calcinaron medio centenar de contenedores y dos camiones en la terminal de carga de esa misma localidad. Esta capacidad de atacar las líneas de abastecimiento del enemigo ha de agregarse a lo sustancial: “el incremento del poder talibán significa que en estos momentos tienen una presencia permanente y hacen ingobernable un 72 por ciento del territorio de Afganistán y una presencia sustancial en otro 21 por ciento”, señala ICOS.

Si esos datos son ciertos, Barack Obama tendrá que ir pensando en modificar su idea de concentrar el esfuerzo bélico de Estados Unidos en Afganistán –a cambio, según ha dicho, de abandonar la aventura militar en Irak– y de emprender algo distinto a una solución de fuerza; por ejemplo, una negociación en la que se ofrezca la salida de las tropas extranjeras a cambio de que los talibán se comprometan a no respaldar acciones terroristas y a suprimir los rasgos más odiosos de su prédica, como la opresión contra las mujeres y la intolerancia cultural y religiosa.

Aunque con profundas diferencias, esta historia se parece al desbarajuste causado por el calderonato con su cacareada campaña contra la delincuencia organizada. Con una frivolidad imperdonable, el gobierno en funciones tergiversó el orden de las prioridades nacionales, optó por la fuerza en detrimento de la inteligencia y apostó a la espectacularidad televisable antes que a la eficacia. Como resultado, la población mexicana sufre, hoy en día, a dos años de iniciada la opereta calderonista “contra el narcotráfico”, una inseguridad pavorosa, el país está sumido en un baño de sangre y las cúpulas de las instituciones de procuración de justicia y de seguridad pública muestran una pudrición sin precedentes.

La moraleja no es necesariamente la misma que la de Afganistán, pero implica un principio semejante: para empezar a enmendar el desastre, es indispensable reconocer que la criminalidad organizada se encuentra en la realidad y no en una historieta, que sus causas profundas son socioeconómicas y no metafísicas y que sus relaciones con el Estado y con la economía son mucho más complejas de lo que se dice en el discurso. Por lo pronto, el fracaso y la corrupción de las autoridades encargadas de combatir a la delincuencia han generado ya una crisis adicional a la de la seguridad pública: una crisis de confianza que se profundizará en la medida en que los gobernantes se empeñen en salir del atolladero con el único recurso que conocen, que es el de la fuerza.

Artículo Original: La Jornada

Leave a Comment

Filed under Blogroll

Ilán Semo: Preguntas sobre una guerra incivil

La literatura sobre el tema del narcotráfico se ha multiplicado en años recientes. En rigor, ya es prácticamente inabarcable. Sociólogos, historiadores, antropólogos, sicólogos y economistas han tratado de descifrar y desentrañar un fenómeno que ha sellado las dos últimas décadas de la vida pública del país hasta convertirse en un lugar inconsolable –una distopía, se podría decir– de la cultura nacional. Hoy, el narco forma parte no sólo del catálogo de pesadillas que han deshabilitado al de por sí precario entramado de la apenas naciente democracia, sino que ha convertido a la sociedad en una suerte de espectáculo de la jungla.

En el imaginario urbano (lleno de prejuicios, como cualquier otro), “jungla” es el sinónimo emblemático del grado cero de seguridad. La nueva jungla mexicana tiene su historia. Para la mayoría de los analistas se remonta a los años 70, a la emergencia del mercado de la cocaína –que era y sigue siendo su principal mercancía–, cuando los cargamentos que provenían de la región andina eran transportados por avión hasta la frontera con Estados Unidos.

La tesis –que es ya un lugar común– es que el eficaz control que logró ejercer el Estado mexicano sobre las incursiones aéreas acabó por obligar a los cárteles a transportar su carga por tierra desde las diversas locaciones por donde ingresaba al país. Algunas de ellas situadas en la frontera sur; otras en las dos costas, el Pacífico y el Golfo. Pero el acceso por tierra, mucho más sinuoso y costoso, que requería ya no de grupos escuetos y móviles sino de una industria que transportara los cargamentos, habría acabado por arraigar a las sociedades del narcotráfico en el país. La teoría es elocuente, pero obviamente refutable.

En general, la idea de que el inagotable mercado de droga estadunidense es el origen en sí de la proliferación de cárteles y bandas que han acabado por regir la vida pública es cuestionable. ¿Por qué no sucede un fenómeno similar en Canadá, por ejemplo, donde la frontera es evidentemente más porosa y extensa que la que nos separa de Texas y Arizona?

Imposible saber qué parte de la droga que consume Estados Unidos ingresa por su frontera norte. Pero es obvio que quienes la transportan no se han logrado arraigar en la sociedad canadiense como se han arraigado entre nosotros.

Es evidente que el crimen organizado ha encontrado en México las más fértiles condiciones sociales, legales, institucionales y políticas para extender su presencia en el conjunto de la sociedad, ya sea entre los campesinos que atienden sus cultivos, las autoridades que aseguran su reproducción y los narcos de cuello blanco, que garantizan que sus ingresos sean invertidos diligentemente o enviados a los circuitos financieros internacionales.

Desde 2006, el gobierno federal declaró una guerra en su contra. Una guerra que ha cobrado miles de víctimas, que ha desolado a la ciudadanía, degradado la vida civil y que ha devastado el principio más elemental de lo público. Pero ha sido una guerra sui generis. Al menos vista desde el gobierno, una guerra que no parece querer combatir lo que debe combatir.

A diario se leen en la prensa las escenas de una cacería interminable. Algunos narcos son detenidos, a veces con sus cargamentos y otras con el dinero que acarrean. Pero siempre surgen nuevos, en nuevos lugares, de nuevas maneras, haciendo nuevos y mejores negocios. ¿No será una guerra mal dirigida o mal entendida? ¿No será que la AFI, la PGR y las instituciones encargadas de ella no combaten al narcotráfico, ahí donde uno supone que más le afecta, donde se halla la condición que le permite reproducirse en escala? Porque la parte medular de las industrias del crimen es, y no se requiere de mayor agudeza para entreverlo, su economía.

Aquí es donde se multiplican las preguntas: ¿Por qué no existe un registro detallado de cuentas bancarias? ¿Por qué nunca son detenidos quienes hacen negocios con los narcos? ¿Por qué cuando uno de sus capos es detenido no se decomisan todas las propiedades y cuentas bancarias en su haber? ¿Por qué nunca ha ingresado a la cárcel un narco de cuello blanco?

Se dice que es un negocio de más de 20 mil millones de dólares. ¿Por qué nunca se ha incautado uno de esos millones? En suma: ¿por qué no quiere el gobierno federal combatir al narcotráfico donde uno supondría que es más vulnerable?

La respuesta automática sería: porque quienes aparentemente lo combaten forman parte del negocio. Pero es una respuesta demasiado simple y acabaría con toda posibilidad de entrever alguna solución previsible en un tiempo previsible.

Artículo Original: La Jornada

Leave a Comment

Filed under Columns, Politics

Ernesto Carmona: La noticias más censuradas

El genocidio en Iraq, con 1,2 millones de civiles muertos por las tropas estadounidenses desde que comenzó la invasión hace cinco años es el tema que encabeza el ranking anual de las 25 noticias más ocultadas por la gran prensa de EEUU y del mundo en 2007/2008, según “Censored 2009”, el informe del Proyecto Censurado de la Universidad Sonoma State de California que publica todos los años la editorial Seven Stories de Nueva York. Las matanzas de Iraq se comparan con los peores genocidios del siglo pasado, como Ruanda y Camboya.

Además de las 25 historias más censuradas, el libro contiene valiosos trabajos académicos sobre la situación actual del periodismo, nuevas visiones del cambiante mapa de la gran concentración de la propiedad mediática, análisis de contenido sobre lo sesgado de la información que aborda temas como el gobierno de Hamas en Gaza, la libertad de expresión en EEUU y en el mundo y la actividad de las organizaciones de la sociedad civil que luchan por la democratización de los medios informativos, entre otros temas de interés para el ciudadano común de nuestra sociedad en cualquier país, no sólo para los especialistas.

El Proyecto Censurado, que dirige el sociólogo Peter Phillips, pesquisa desde hace 33 años las 25 noticias más relevantes que nunca fueron puestas a disposición del público por los grandes medios de comunicación corporativos que hoy ejercen el control mediático mundial. Además de las 25 historias “top”, el Proyecto Censurado ofrece este año 14 menciones honrosas a otros tantos temas que tampoco merecieron los honores de la tinta y el papel o las pantallas de televisión. Phillips informó que en el trabajo de investigación y selección de las historias 25 “top” durante el año los estudiantes, académicos e investigadores que trabajan en el proyecto analizaron varios cientos de “noticias censuradas” descubiertas en medios independientes, sitios web, emisoras del interior, periódicos sindicales, publicaciones extranjeras, etc. Por lo tanto, el total de noticias censuradas en EEUU va muchos más allá de las 25 historias “top” y las 14 menciones honrosas anuales. Algunas historias nominadas “en concurso” y sometidas a revisión pueden observarse (en inglés) en la página http://www.projectcensored.org/articles/category/stories-under-review/

Continue reading

Leave a Comment

Filed under Columns, Human Rights, Politics

Lorenzo Meyer: El verdadero peligro para México

Desviar la atención. El auténtico peligro para la viabilidad de México ha estado a la vista de todos y desde hace mucho tiempo: la profunda corrupción de sus instituciones públicas.

Vicente Fox y la alianza conservadora que él encabezó encontraron muy útil concentrar el grueso de la energía y recursos del gobierno y sus aliados —medios de difusión, organizaciones empresariales, iglesias, el viejo corporativismo, etcétera— en difundir la idea de que el gran peligro para México eran la oposición electoral de izquierda y su proyecto. A estas alturas ya debiera de haber quedado claro que el auténtico enemigo de la sociedad mexicana ha sido otro: la gran corrupción pública y su inseparable acompañante, la impunidad.

Ambos factores, aunados a la falta de dinamismo de la economía y a la muy injusta estructura social, son las razones principales de que el crimen organizado haya alcanzado la posición dominante que hoy ejerce. Y lo peor es que quienes se supone que encabezan la lucha contra las organizaciones criminales son los que antes engañaron con el falso diagnóstico, pero que hoy se alarman porque la descomposición del entramado institucional ha llegado al punto de que ya apareció el terrorismo incipiente.

Una definición. Una forma de empezar a entender las razones de un fenómeno complejo es formular una definición adecuada, y la profesora Cindy C. Combs propone una particularmente útil del terrorismo: “Una síntesis de guerra y teatro, una dramatización de la violencia más condenable —la que se perpetra contra gente inocente— que se desarrolla frente a una audiencia con la intención de crear un clima de miedo con objetivos políticos”, (Terrorism in the Twenty-First Century: Universidad de Carolina del Norte, 2003, p. 10).

Lo ocurrido el pasado 15 de septiembre en la celebración de la Independencia nacional en Morelia —el estallido de dos granadas lanzadas deliberadamente sobre una multitud que celebraba un aniversario más de la independencia—, se corresponde con la definición de Combs: una brutal puesta en escena de la peor de las violencias, aunque ya no para crear sino para exacerbar el miedo colectivo. A partir de ese atentado quedó claro que nadie se debe considerar a salvo de la violencia criminal: ni pobres ni ricos, ni niños ni ancianos, ni los comprometidos ni los indiferentes, ni los de izquierda ni los de derecha. Obviamente, el objetivo final de quienes actuaron en Morelia es político: mandar un mensaje a los responsables de formular e implementar la política estatal contra el crimen organizado para que no interfieran con su actividad.

En principio, la acción en Morelia pareciera diseñada para demostrar a todos que, no obstante la movilización militar ordenada por Felipe Calderón desde diciembre de 2006, su gobierno no es capaz de cumplir su función básica y razón de ser: proteger la vida y bienes de los ciudadanos.

¿Quién exactamente decidió poner en evidencia la incapacidad de las autoridades mediante un ataque a gente absolutamente al margen de cualquier acción contra las bandas criminales? No lo sabemos aún, pero queda claro que esa acción es simplemente el eslabón más reciente de una cadena que empezó con el reguero público de cadáveres de narcotraficantes rivales, policías e incluso de algunos militares (¡más de 3,300 en lo que va de este año!). Esa mezcla de teatro y guerra subió de tono con las mutilaciones y decapitaciones de algunas de las víctimas, con los mensajes a las autoridades en sitios públicos y dio un paso más con las ostentosas matanzas colectivas, como las recientes en Yucatán y en La Marquesa —de una docena pasaron a dos docenas de ejecutados en una sola acción y sin que quede claro por qué se les ejecutó— para concluir con lo ocurrido el pasado día 15: el asesinato de ocho inocentes frente al gobernador del Estado, en una plaza supuestamente vigilada y en la tierra natal de quien está al frente del Poder Ejecutivo. Hasta ahora seguimos sin saber quién fue responsable del salto cualitativo en la inseguridad ni el motivo preciso de la acción.

El crimen organizado es una fuerza dominante en muchos municipios del país, pero recurrir al terrorismo es retar no sólo a un gobierno local, sino al federal y a sus poderosos aliados (a empresarios, a Washington, a la iglesia). ¿Para qué el desplante? ¿Se quiso dejar en claro ante todos que los criminales pueden imponer sus agendas por sobre las del resto de los actores políticos? ¿Buscaron cobrar el rompimiento de acuerdos ya pactados o inducir a buscar uno nuevo? Se pueden formular éstas y otras preguntas similares o diferentes —por ejemplo, ¿pudiera ser una acción llevada a cabo por algún grupo político para crear un clima de mano dura?—, pero de momento no hay respuesta. Sin embargo, la falta de información no impide abordar otros aspectos del fenómeno violento.

¿Un pago diferido? El régimen autoritario que caracterizó la vida política mexicana de casi todo el siglo XX presumió de haber construido el sistema de poder más sólido de América Latina y uno de los más estables del mundo. Pero esa estabilidad no democrática tuvo un costo muy alto que hoy seguimos pagando todos. Parte central de ese costo fue la institucionalización de la corrupción y de la impunidad y hasta hoy nada efectivo se ha hecho por poner fin a esa herencia infame.

En la etapa clásica del dominio del PRI sólo el presidente podía llamar a cuentas a los grandes corruptos. En las pocas ocasiones en que se puso a uno de ellos ante un juez, la acción poco o nada tuvo que ver con la justicia real y sí mucho con la “justicia selectiva”, tan útil al poder presidencial para mantener la disciplina entre la clase política; un buen ejemplo fue el encarcelamiento del líder petrolero Joaquín Hernández Galicia, “La Quina”, por Carlos Salinas.

Sin embargo, frente a cada “quinazo” hubo centenas de casos conspicuos de impunidad. Manuel Ávila Camacho, por ejemplo, dejó hacer y deshacer a Maximino, su hermano; el círculo íntimo de Miguel Alemán empleó a fondo sus posibilidades de corrupción sin límites; Carlos Hank González se convirtió en símbolo de cómo un político pobre se transformaba en lo opuesto gracias a la protección presidencial. Arturo Durazo Moreno hizo de su amistad con José López Portillo la palanca para convertir a la policía capitalina en una estructura del crimen organizado. Las cuentas suizas de Raúl Salinas o la buena fortuna de los hijos de Marta Sahagún no se explican sin una relación directa entre poder presidencial y negocios privados. La lista de casos se podría extender hasta dar forma a un volumen similar al directorio telefónico.

Como no hay crimen organizado exitoso —y el mexicano vaya que lo es— sin algún tipo de complicidad entre criminales y autoridades, el ambiente de corrupción generado por el sistema autoritario del siglo XX resultó un excelente caldo de cultivo para que nacieran y prosperaran las organizaciones criminales hasta llegar a convertirse, de marginales y subordinadas, en rivales de la clase política. Lo anterior fue posible por la combinación de corrupción institucional con la cercanía geográfica del gran mercado norteamericano de las drogas. Como bien lo señalara Luis Astorga en su historia del narcotráfico mexicano —El siglo de las drogas, (México: Espasa Calpe, 1996)— esa actividad empezó a echar raíces en México hace ya más de medio siglo, protegida por algunos gobernadores y militares en el norte del país pero, con las condiciones propicias descritas, esa actividad creció hasta salirse del control del poder político e imponer sus propias reglas, que es la situación actual.

¿Qué hacer? No hay respuesta fácil, pero cualquier intento por romper el círculo vicioso requiere abrir varios frentes de lucha contra los auténticos enemigos de México. Hay que empezar por la difícil pero indispensable tarea de crear una policía auténtica. Perseguir seriamente no sólo a los narcotraficantes de base, sino a sus socios indispensables y que además de los policías corruptos es toda la red de empresas y empresarios lavadores de dinero y los miembros de la clase política que dan protección al crimen organizado: presidentes municipales, gobernadores, altos funcionarios del aparato de seguridad. Y finalmente, abrir oportunidades reales de trabajo a los jóvenes. Miguel de la Madrid anunció pero nunca se llevó a cabo la renovación moral de la política mexicana y desde 1982 la economía no tiene vitalidad.

En suma, que el verdadero enemigo de México es la combinación de corrupción pública con una economía formal sin brío. Si ambos problemas no se enfrentan con inteligencia y voluntad, no es imposible el retorno del Estado fallido del siglo XIX.

http://www.yucatan.com.mx/noticia.asp?cx=9$2900000000$3918131&f=20080925

1 Comment

Filed under Columns, Politics