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Julio María Sanguinetti: No basta votar

Bien se sabe que la democracia no es sólo elecciones, condición necesaria pero no suficiente. Una democracia supone un gobierno electo por el pueblo; como dice Popper, procedimientos no violentos para sacudirse una mala administración; la adecuada autonomía de los poderes de gobierno; la vigencia consentida de un Estado de derecho y el respeto general por las libertades y garantías de los ciudadanos.

En el umbral del Bicentenario de nuestras repúblicas latinoamericanas, ese ideal tan largamente acariciado, está aún lejos. Se vota: todos los gobiernos, salvo la conocida excepción cubana, son resultado de elecciones y ello debe valorarse. Incluso en los dos países más grandes, podemos señalar algunos avances notables. Brasil posee hoy partidos nacionales estables y México ha estrenado un sistema electoral transparente con una alternancia política razonablemente aceptada.

Más allá de estas gratificantes comprobaciones, nos encontramos con inestabilidades y degradaciones imposibles de ocultar. Caído el Muro de Berlín y superada la guerra fría, nuestro hemisferio se alejó de la diabólica dialéctica de unos sustentando guerrillas marxistas desde Cuba y otros dictaduras desde Washington. Pareció que nos llegaba un tiempo de paz, en que la democracia podría brillar, pues dependía simplemente del esfuerzo de los demócratas latinoamericanos. Los hechos no han sido tan gratificantes.

En Brasil (1992), renuncia el presidente Fernando Collor de Melo ante la inminencia de un juicio político. En Paraguay (1999), el presidente Cubas renuncia y se exilia en Brasil, a raíz de las revueltas desencadenas por el asesinato del vicepresidente Argaña, quedando la Presidencia en manos del titular del Senado González Macchi, quien a duras penas termina su mandato. El caso peruano fue uno de los más detonantes, con la dimisión de Alberto Fujimori (2000), quien abandonó la Presidencia luego de ser reelecto, a raíz de descubrirse una trama siniestra de corrupción y espionaje que manejaba un capitán Montesinos, de triste memoria. Argentina (2001) vio caer al presidente Fernando de la Rúa a raíz de una crisis económica severa y el acoso de piquetes organizados que se adueñaron de la calle; todo lo cual dio paso a tres presidentes provisionales en dos meses, finalmente sustituidos por Eduardo Duhalde, quien alcanza la normalización institucional. En Bolivia, entre 2003 y 2005 se produce la estrepitosa caída del presidente Sánchez de Lozada, y más tarde la de su sustituto Carlos Mesa, para abrir espacio finalmente a la elección de Evo Morales, administrador de un país agrietado en dos partes por un persistente conflicto étnico. En Ecuador (2005), el presidente Lucio Gutiérrez cae en medio de revueltas populares.

Este sucinto relato apenas resume las caídas presidenciales. No podemos ignorar la degradación democrática que se vive bajo gobiernos populistas como el de Venezuela, donde se ha instaurado la Presidencia eterna y cerrado la principal estación privada de televisión, mientras la otra independiente sobrevive bajo amenaza. A lo que se añaden vaciamientos institucionales tan fuertes como el de que, electo en Caracas un alcalde opositor, se dictó una ley despojándolo de todas sus competencias, transferidas a una nueva superautoridad creada para administrar la ciudad capital. Tampoco cabe olvidar la permanente furia reeleccionista que entra a los mandatarios en ejercicio y que no parece terminar.

Todo esto viene a cuento de los dramáticos episodios ocurridos en Honduras, que registran el primer golpe militar de esta etapa histórica. Golpe sui géneris, porque nació del Parlamento y el Poder Judicial, que enfrentados al presidente terminaron reclamando una intervención militar para deponerlo y desterrarlo. No hay duda de que este presidente se había extralimitado hasta el punto de que no hubiera un solo diputado de su partido que levantara la mano en su favor. Pero tampoco hay duda de que cualesquiera fueran sus excesos, nunca debió ser el Ejército el arbitrario ejecutor de un derrocamiento presidencial, que bien ha sido calificado internacionalmente como un golpe de Estado.

Dos siglos de independencia no habilitan ya más excusas. No se puede seguir hablando de la herencia hispánica, del imperialismo norteamericano o del comunismo internacional. Nuestras repúblicas aún adolecen de inmadurez democrática y ello se advierte en el debate diario. Si una dictadura es de izquierda o derecha, será buena o mala para unos u otros, al margen de su condición autoritaria. Y ello ocurre en los medios políticos tanto como en las universidades, todavía ancladas en debates ideológicos que ya debían haberse librado a la historia.

Hemos vivido un quinquenio milagroso del mercado internacional, que derramó excedentes fabulosos. Hubo algunos avances, pero magros en el conjunto, porque -como dice Alain Touraine- “las chances de desarrollo dependen hoy más de las condiciones políticas y sociales que de las condiciones económicas”. Sólo los países con estabilidad pudieron aprovechar satisfactoriamente la bonanza, como pasó en Chile, Brasil, Colombia o Perú. Pasada la buena racha y enfrentados nuevamente a la dura competencia de los mercados, se hace más imprescindible que nunca la seguridad jurídica y la estabilidad política. Que es, justamente, lo que vemos resquebrajarse en variadas partes del hemisferio.

Julio María Sanguinetti, ex presidente de Uruguay, es abogado y periodista.

Fuente: El País

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Javier Aranda Luna: Internet y la silla

¿La Internet nos hará libres? ¿Como a los disidentes políticos chinos delatados por Yahoo?

Cada vez escucho y leo con mayor frecuencia sobre las bondades de la Internet en nuestras vidas. Y aunque las disfruto, cada vez más me surgen nuevas dudas. No porque dude de los beneficios de acceder a enciclopedias especializadas, a la Biblioteca del Congreso estadunidense, a la Sorbona o poder consultar The New York Times.

Es magnífico tener a mano esos recursos, pero no creo que la mayoría de los usuarios de la web acuda a esos sitios para tomar decisiones y modificar su pequeño o gran entorno. No sueño en que la información disponible nos lleve a tomar alguna otra Bastilla, pero sí me llama la atención que medios más rudimentarios, como las hojas volantes mimeografiadas en 1968 en México, París o Praga, hayan movido más las cosas que la Internet ahora.

¿Será que estamos mejor que hace 40 años? Sí, sin duda, pero tampoco vivimos en el paraíso si nos atenemos a las primeras páginas de los diarios. Además no vislumbro cambios cualitativos en el uso de la información: pese a las denuncias sobre transas y corruptelas de nuestros políticos, por ejemplo, seguimos votando, literalmente, “por el más guapo”.

El triunfo de Obama parece refrendar la creencia sobre las bondades democráticas de la Internet, sobre su construcción comunitaria, horizontal, interactiva. Pero no es improbable que el medio, la Internet, sólo haya funcionado porque Obama tenía un proyecto convincente y bien estructurado y una crisis financiera que ya golpeaba despiadadamente al electorado estadunidense. Dudo que otro fenómeno como el triunfo de Obama pueda repetirse usando sólo la web.

El acceso a la información es un derecho y la Internet un poderoso medio que nos la facilita. El desaparecido Jesús Reyes Heroles, cuando fue secretario de Gobernación, dijo una frase de hierro: que a mayor número de periódicos, los periódicos importan menos. ¿Eso ocurre con la información de la web?

Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, la quinta parte de los mexicanos usamos Internet y parece que no sabemos qué hacer con esos datos. Nuestras redes sociales son mínimas y sólo surgen en situaciones de emergencia, como cuando el temblor de 1985. ¿De qué nos sirve tener más información que un sabio del Renacimiento?

Es terrible pensar que tal vez usamos la Internet sólo para bajar pornografía, juegos, películas y canciones que serán polvo en unos años.

Recientemente escuché que otra de las bondades de la web es fomentar la lectura, que existen miles de libros on line y que prácticamente cualquiera puede consultarlos, al grado de que ven en esa posibilidad casi una política educativa. ¿Será? ¿En esa gran biblioteca virtual se encuentran los autores que debemos leer? ¿Y si no, y si encontramos básicamente autores de coyuntura y bestsellers?

Una mínima exploración en la red puede mostrar a cualquier lector medio, formado a la antigüita, que en las listas que ofrecen los “buscadores” como Google o Yahoo ni están todos los que son ni son todos los que están. Me encontré en una lista de escritores básicos mexicanos autores que no sé cómo llegaron y otros como Sor Juana Inés de la Cruz y Xavier Villaurrutia que sólo aparecen porque son el nombre de un premio que ganó fulano o mengano. ¿Qué nos garantiza la objetividad de la información en la web? El referente más serio como obra de consulta es la famosa Wikipedia, pero sus imprecisiones y falsedades a menudo erizan la piel.

Existen libros en la web a los que se les han incorporado juegos para interactuar con los jóvenes y obligarlos a leer. Para seguir jugando, los internautas deben contestar algunas preguntas cuyas respuestas se encuentran en las páginas del ebook, como les llaman a los libros digitales. Pero este buen propósito ha sido un fracaso, pues la mayoría de los jóvenes que quieren jugar sólo localizan con su buscador las palabras claves para copiar las respuestas y continuar su juego. Hay lectores cuyos plumajes cruzan ríos de tinta o caracteres digitales sin mancharse. Su plumaje es de ésos y muy similar al de los estudiantes que, para hacer una tarea, entran a la web buscando un tema, seleccionan tres párrafos, los cortan y los pegan en la hoja que habrán de imprimir para cumplir con su investigación sin haber leído, claro, salvo el título de la página a la que accedieron.

La Internet llegó a revolucionar el mundo, pero tal vez no como lo imaginamos. Cada vez estamos más conectados por la web y cada día vivimos más aislados, comunicándonos con una especie de ciberlenguaje tartamudo. Hasta ahora, por lo demás, sigo dudando de su efectividad como instrumento promotor de la lectura, básicamente por el lenguaje fragmentario que ha impulsado, por la incomodidad de leer en pantalla un libro, por lo caro que resultaría imprimirlo si lo comparamos con su semejante que se vende en una librería y porque resulta más práctico cargar con un volumen de papel que con una laptop más susceptible al agua, al sol, a las caídas involuntarias que un libro común que no necesita alimentación eléctrica. Un libro es como el café con leche o la silla: la fórmula perfecta a la que sólo podemos ponerle más o menos azúcar, una pata más o una menos, pero sólo eso.

Artículo Original: La Jornada

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Homar Garcés: La revolución y el momento de la oposición en Venezuela

Es muy difícil creer que los grupos oposicionistas del país acepten alguna vez de buena gana la voluntad soberana de nuestro pueblo en mantenerse apoyando los diversos cambios políticos, económicos, sociales y culturales propiciados bajo la gestión del Presidente Chávez y ello por la sencilla razón de que su concepción clasista es, prácticamente, la misma que tenían sus antecesores de la época colonial, los mantuanos, quienes siempre le negaron los derechos fundamentales al pueblo que explotaban.

De ahí que no sea casualidad que se manifiesten sin pudor alguno discriminatorios, racistas y carentes de un mínimo de humanidad cristiana, como demostraron suficientemente durante el golpe de Estado del 11 de abril de 2002, lo mismo que cuando protagonizaron el sabotaje económico con el cual quisieron rendir de hambre al pueblo venezolano por su heroica decisión de cambiar los destinos de este país y, por último, con las diversas güarimbas que han fomentado para crear el caos y la violencia con las cuales persiguen desestabilizar al gobierno de Hugo Chávez.

Para la oposición, incluyendo a las individualidades más “democráticas” que pudiera albergar en su seno, no ha llegado aún la hora de ver la realidad venezolana tal como es, a pesar de los cambios evidentes habidos en esta última década de historia republicana. Continúan torpemente viéndola con los ojos del pasado, ya que este momento histórico que vivimos los venezolanos responde a un reclamo colectivo de justicia social postergada y que siempre se ignoró en beneficio de una minoría política y económica que, por largo tiempo, desde 1958, usurpó la voluntad popular, sin tener empacho alguno en violar descarada y reiteradamente los más elementales derechos humanos. Por lo mismo, será harto difícil que la misma llegue a comprender que está en marcha un amplio proyecto de nación soberana, nacionalista y democrática que se ajusta a las aspiraciones socio-económicas de las mayorías populares, teniendo en la democracia participativa y protagónica su más grande conquista y fundamento, sustituyéndose y ampliándose así el concepto secular y ya obsoleto de la democracia representativa.

Entretanto, a los diversos movimientos revolucionarios, tanto políticos como sociales, que aspiran a un cambio estructural definitivo, en especial aquellos dotados de unas herramientas teóricas basadas en el socialismo revolucionario, con una clara diferenciación ideológica de izquierda, les corresponde asumir un papel mucho más activo y decisivo en la promoción de una mayor conciencia revolucionaria y de una mayor organización y movilización popular. Ninguno debe limitarse a lo meramente electoral y esperar a ver qué sucede. Además, deben de ser vigilantes y críticos de la gestión gubernamental actual.

Lo cierto es que el accionar desestabilizador opositor debe prepararnos a todos los revolucionarios para acentuar el avance popular y definir objetivamente el carácter socialista del proceso revolucionario bolivariano, así como la lucha de clases implícita en éste, por lo que será preciso afrontar en lo inmediato las contradicciones existentes, las cuales, por ahora, se mantienen sin manifestarse abiertamente, pero que -tarde o temprano- arroparán a todo el país, buscando resolverlas. Esto no podrá eludirse bajo ningún concepto ni conveniencia, ya que de ello dependerá el perfil, la vitalidad y el dinamismo necesarios para que se consolide y mantenga en el tiempo este proceso revolucionario, haciéndose posible el socialismo en cada rincón de Venezuela.

Artículo Original: Argenpress

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J. Enrique Olivera Arce: Es la honestidad, estúpido

Por si no fuera suficiente el que a los mexicanos nos tengan nadando de a muertito en un mar de porquería, un nuevo escándalo inserto en el marco de una interminable guerra sucia entre grupos de poder político y económico, agita la mierda elevando el nivel de las olas y acelerando el proceso de descomposición de la sociedad mexicana. Todo en un escenario mundial de desastre y uno nacional en el que el vacío de poder, combinado con ausencia de rumbo y pérdida de la brújula, de un inepto titular del poder ejecutivo federal, tiene al país al garete y ofertándose al mejor postor.

Si alguna virtud podemos señalarle a la democracia norteamericana, es la de la honestidad de algunos funcionarios del más alto nivel que, como Judd Gregg, ahora ex secretario de comercio, quien siguiendo los pasos de Bill Richardson prefirió renunciar al cargo antes que comprometerse con las políticas públicas diseñadas por Barack Obama para paliar la crisis de la economía real. Virtud que contrasta con el cinismo de un secretario de Estado en México que, sorprendido in fraganti como mentiroso y desleal, se niega a renunciar tras haber aceptado su desliz al haber acusado, sin pruebas legalmente aceptables, al ex presidente Carlos Salinas de Gortari de haberse robado la mitad de la “partida secreta” asignada a la presidencia de la República.

Sin duda Luís Téllez, secretario de comunicaciones y transportes, con su afirmación grabada y difundida, no descubrió el hilo negro. Para el pueblo de México existe la convicción de que Salinas de Gortari saqueó al país, a más de reducir al Estado a su mínima expresión, atendiendo a la receta del llamado “Consenso de Washington. Sin embargo, por su cargo actual y el de primer nivel desempeñado al lado del ex presidente Ernesto Zedillo, la sola sospecha de su deslealtad y el hecho comprobado y por el aceptado de que el contenido de la grabación difundida es verídico, bastaría para que de inmediato presentara su renuncia. En igual forma, Felipe Calderón estaría obligado a cesarlo sin mayor contemplación. Lo cual no ha tenido lugar.

Obligado estaría también Acción Nacional para descalificarle, en tanto ya es público que el alto funcionario afirmó que “extrañaba al PRI”, su partido de origen. Lo cual tampoco se ha dado, antes al contrario, desde la cúpula panista se le exculpa y se le protege, en tanto la grabación de marras no constituye prueba legal ante un tribunal.

Pero de que podemos sorprendernos en un país de leyes en el que los mayormente obligados a cumplirlas y hacerlas cumplir, se las pasan por lo más pando, contando para ello con la protección y complicidad de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Un escándalo más que quedará impune y sujeto al olvido de un pueblo que parece no tener memoria. Cabría preguntarse: ¿se tiene razón el desgarre de vestiduras cuando desde el norte funcionarios de primer nivel afirman que México es un Estado fallido?

¿Cuánto tiempo aguantaremos nadando de a muertito entre las agitadas olas de la mierda? Sociedad masoquista al fin, esperaremos que sea el tiempo el que ofrezca la respuesta.

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Pedro Miguel: La fuerza

Por regla general, las soluciones de fuerza parten de la pobreza de espíritu de quienes las adoptan, de una visión superficial y simplista y, sobre todo, de un enorme candor. No es de extrañar que sus resultados sean, con frecuencia, contrarios a los esperados y que el empecinamiento en su aplicación termine por generar problemas mucho mayores que los que se pretendía solucionar. Dos ejemplos.

Ahí está el caso de Afganistán, donde la gran superpotencia militar del mundo pretendió liquidar a una organización de fanáticos que se había hecho con el control de ese país. En un principio pareció que la aventura funcionaba, o así nos lo hicieron creer los medios desinformativos. Los ocupantes organizaron unas elecciones y hasta se llegó a hablar de la “normalización democrática” que tenía lugar en territorio afgano. Pero siete años después de la invasión y ocupación gringa, posteriormente respaldada por una coalición internacional, los talibán, tan ignorantes y oscurantistas como siempre, han avanzado en presencia territorial y en liderazgo y “el Estado está otra vez en serio peligro de caer en sus manos”, según estimación del Consejo Internacional de Seguridad y Desarrollo (ICOS, por sus siglas en inglés; El País, 8/12/08).

En días pasados los rebeldes ofrecieron pruebas contundentes de su organización, de su capacidad ofensiva y de su funcionamiento internacional, al realizar, en el vecino Pakistán, impresionantes ataques consecutivos contra convoyes de la OTAN que transportaban pertrechos destinados a las fuerzas de ocupación en Afganistán. En la primera de esas acciones, llevada a cabo hace una semana, fueron destruidos una veintena de camiones repletos de pertrechos de guerra; el domingo, en Peshawar, unos 250 combatientes incendiaron un centenar de vehículos de transporte, y ayer, lunes, los talibán calcinaron medio centenar de contenedores y dos camiones en la terminal de carga de esa misma localidad. Esta capacidad de atacar las líneas de abastecimiento del enemigo ha de agregarse a lo sustancial: “el incremento del poder talibán significa que en estos momentos tienen una presencia permanente y hacen ingobernable un 72 por ciento del territorio de Afganistán y una presencia sustancial en otro 21 por ciento”, señala ICOS.

Si esos datos son ciertos, Barack Obama tendrá que ir pensando en modificar su idea de concentrar el esfuerzo bélico de Estados Unidos en Afganistán –a cambio, según ha dicho, de abandonar la aventura militar en Irak– y de emprender algo distinto a una solución de fuerza; por ejemplo, una negociación en la que se ofrezca la salida de las tropas extranjeras a cambio de que los talibán se comprometan a no respaldar acciones terroristas y a suprimir los rasgos más odiosos de su prédica, como la opresión contra las mujeres y la intolerancia cultural y religiosa.

Aunque con profundas diferencias, esta historia se parece al desbarajuste causado por el calderonato con su cacareada campaña contra la delincuencia organizada. Con una frivolidad imperdonable, el gobierno en funciones tergiversó el orden de las prioridades nacionales, optó por la fuerza en detrimento de la inteligencia y apostó a la espectacularidad televisable antes que a la eficacia. Como resultado, la población mexicana sufre, hoy en día, a dos años de iniciada la opereta calderonista “contra el narcotráfico”, una inseguridad pavorosa, el país está sumido en un baño de sangre y las cúpulas de las instituciones de procuración de justicia y de seguridad pública muestran una pudrición sin precedentes.

La moraleja no es necesariamente la misma que la de Afganistán, pero implica un principio semejante: para empezar a enmendar el desastre, es indispensable reconocer que la criminalidad organizada se encuentra en la realidad y no en una historieta, que sus causas profundas son socioeconómicas y no metafísicas y que sus relaciones con el Estado y con la economía son mucho más complejas de lo que se dice en el discurso. Por lo pronto, el fracaso y la corrupción de las autoridades encargadas de combatir a la delincuencia han generado ya una crisis adicional a la de la seguridad pública: una crisis de confianza que se profundizará en la medida en que los gobernantes se empeñen en salir del atolladero con el único recurso que conocen, que es el de la fuerza.

Artículo Original: La Jornada

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José Steinsleger: Venezuela: costos de la revolución

Paradoja uno. Los bolivarianos y el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), que en los comicios regionales del domingo pasado obtuvieron 17 de 22 gobernaciones y 81 por ciento de las alcaldías, andan desanimados porque los antichavistas entendieron que la democracia (o lo que ellos entiendan por tal) no se defiende desde Miami. El PSUV recuperó dos gobernaciones, sumó 5 millones y medio de votos, y la oposición disminuyó su porcentaje de votos en 10 por ciento en relación con los comicios pasados.

Paradoja dos. La “democracia sin adjetivos” (preciado sofisma de la dominación oligárquico-imperialista) sufrió un nuevo revés en Venezuela. Por duodécima ocasión en 10 años, el gobierno de Hugo Chávez se dio el lujo de celebrar elecciones limpias en las que participaron todos, incluyendo las fuerzas políticas que buscan desestabilizarlo.

Paradoja tres. Ambas paradojas (valga la redundancia) representan un poderoso termómetro para saber, con relativa exactitud, lo que el uno y el otro bando tienen: un pueblo con profundos sentimientos de patria y nación, y una sociedad que, al decir de Marx en el prólogo al primer tomo de El capital, “… en los países ricos ve el espejo de su propio porvenir”.

Recurrente y exasperante error del clasismo izquierdista, la revolución bolivariana sólo cuenta con proyectos, programas y propuestas para los primeros. No está mal. El problema es que si una revolución social le da las espaldas políticas a los sectores medios, y sólo busca el apoyo de “las masas”, se echa la soga al cuello.

Pobreza más injusticias, miseria más privilegios, no son iguales a revolución. Tales flagelos podrían ser también el caldo de cultivo de la contrarrevolución. O sea, la que en Venezuela está en marcha, conducida por una derecha aún desorganizada, pero que empieza a ensayar una estrategia de poder distinta a la imbecilidad golpista de abril de 2002.

Cuantitativamente, no hay discusión: el pueblo necesitado de la revolución es aplastante mayoría. En cambio, cualitativamente, sí la hay. No se entiende bien por qué, en un mundo donde los medios son auténticas “armas de destrucción masiva”, el gobierno de Chávez ha venido mezclando los conceptos de información y comunicación con los de ideología y propaganda. ¿Sorprende entonces que por aquí empiece a recibir los primeros “jonrones” o goles de la oposición?

Es increíble que con ingentes recursos económicos, y en el país pionero en el gran debate del nuevo orden informativo mundial, la revolución bolivariana carezca de un periódico nacional, o que se dé por hecho que el pueblo es “como el Che” y Bolívar, o se crea que Telesur llega a “50 millones” de personas y que sus noticieros sólo se concentren en el acontecer de los países más progresistas del continente.

¿Necesidad de “revolución permanente”? Puede ser. Mas cuidado con las tautologías funcionales a voluntarismos de tipo ideológico y político. Nada es permanente, y ya en el siglo pasado asistimos a la proyección de varias películas que trataron el tema. En asuntos de revolución social, la experiencia histórica sugiere que a más de lo económico y político hay que incluir el estado real de la sicología, nivel cultural, sentimientos y emociones de los pueblos.

Aspectos que los medios de comunicación hegemónica trabajan con sesgada y perversa excelencia profesional. Inclusive, ha crecido la calidad del discurso progre en sectores intelectuales y académicos que tuercen y retuercen los propósitos del proyecto revolucionario. Frente a esto, es hora de que la izquierda anticapitalista se ponga a revisar, “por abajo” y “por arriba”, si los referentes sociológicos del siglo XIX europeo (y en particular el purismo ideológico) cuadran con el “socialismo del siglo XXI”.

En adelante, el antichavismo deberá redoblar sus esfuerzos para seguir sosteniendo que en Venezuela hay “dictadura”, o que no existe un sistema democrático regido por las reglas que ellos mismos defienden.

No es grave que un líder hable demasiado. Un líder debe hablar y mucho. Aunque si le concediese espacio a otros dirigentes, la revolución se lo agradecería. Hablar menos para demostrar que todo liderazgo es circunstancial, y para que el pueblo conozca mejor las causas por las que se perdieron bastiones electorales estratégicos: alcaldía de la capital (Caracas, mas no el municipio) y los estados de Zulia, Táchira, Miranda, Carabobo y la populosa barriada de Petare (800 mil habitantes).

Toquemos madera. Pero, en caso de que se produzca el magnicidio de Chávez (opción que el imperio y la oposición “democrática” continúan acariciando), sobre la dirigencia bolivariana recaerá la conducción política del proceso de emancipación social, al que le urge organización cívico-popular, disciplina política y comunicación efectiva.

Artículo Original: La Jornada

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Bernardo Bátiz V.: La revolución traicionada

Hace cien años se gestaba en México la Revolución, bajo cuyo ideales, símbolos, iconografía y lemas vivimos durante el siglo XX. Hoy sus ideales y éxitos, que los hubo, pretenden ser disminuidos, borrados y extirpados de la pauta conceptual de los mexicanos actuales por algunos que temen a la exigencia de cuentas y usan campañas bien organizadas y bien pagadas en medios de comunicación.

Como enseñó Jacques Maritain, la historia se desenvuelve en un doble progreso contrario, avanza el bien y avanza el mal simultáneamente, a veces con ventaja para una de las inclinaciones y otras para la contraria.

Así pasa actualmente, así sucedió durante el proceso revolucionario y así fue en el transcurso de los 30 años de la paz porfiriana. Durante el gobierno del general Díaz hubo sin duda progreso material, una paz que fue un largo respiro entre el agitado siglo XIX, pleno de conflictos armados, y el prolongado proceso revolucionario del siglo XX, que costó, según dicen, un millón de muertos. A cambio, está el avance del mal: se vivieron injusticias, abusos de los poderosos, corrupción, insensibilidad y desigualdad. Faltó democracia en sus dos sentidos: política, como práctica de gobierno, y social como forma equitativa de distribuir la riqueza.

Madero, hay que recordarlo, emprendió su movimiento armado a raíz de un fraude electoral, y el levantamiento, iniciado con apenas un puñado de seguidores, parecía inviable; sin embargo, con el lema de sufragio efectivo triunfó porque, con independencia de la aparente debilidad del grupo inicial, en el subsuelo de la sociedad mexicana, se había acumulado ya una gran fuerza de presión motivada por el resentimiento social, la rebelión en contra de la injusticia y el rechazo a la discriminación y el abuso.

Madero triunfó, pero fue traicionado y asesinado; para sucederle subió al poder un soldado sin sentido social, pero cuidadoso de las formas externas y del respeto a la “legalidad”. Huerta sin duda cometió lo que se llama un fraude a la ley con su acceso al poder; cumpliendo formalidades legales escamoteó el fondo, su rebelión contra el Ejecutivo y su asesinato. Su llegada a la presidencia, dirían hoy, fue dentro del marco de las instituciones y apegada a derecho. Valientes instituciones que cuidan el punto y la coma, pero que toleraron las muertes arteras de Madero y Pino Suárez.

Luego, Carranza encabezó la rebelión, con la fuerza moral que le dio el oponerse al atropello legaloide. Luego vino la etapa más claramente popular de la revolución: Villa, Zapata, las soldaderas, los batallones obreros, el pueblo armado, los trenes repletos de antiguos peones de las haciendas, las cabalgatas, las carabinas, fueron símbolos populares de hondo arraigo colectivo, que aterraron a las clases altas, pero simultáneamente dejaron circular el aire fresco de la esperanza de cambios a favor de los pobres, los campesinos, los obreros y los indios.

Carranza consolidó un triunfo efímero, pero suficiente para dar lugar al inicio de un nuevo orden; a los jóvenes generales del ejército constitucionalista se incorporaron los jóvenes intelectuales, los universitarios, los constructores de las nuevas instituciones. Primero que nada, una Constitución, que una vez aprobada tuvo como logro fundamental ser la primera que consagró derechos sociales, de los que estuvimos orgullosos por décadas hasta el advenimiento del neoliberalismo impuesto desde fuera. Al lado de las garantías individuales, las garantías sociales. Educación gratuita para todos, tierra para los campesinos, garantías para los obreros y libertad a los municipios. Con esto, un proyecto de sistema democrático y reformas a la administración de justicia.

A pesar del obregonismo matón, hay un impulso creativo; obras públicas, reforma educativa, bancos populares, crédito al campo, resurgimiento del orgullo nacional, pintura mural, literatura propia, música y un acercamiento a la igualdad entre los mexicanos. Un poco tardía, pero, dentro de ese impulso, la expropiación petrolera.

Mi generación y varias más crecimos al amparo de ese vuelco de la historia; la inercia de los cambios duró hasta los años 60, en que aún había movilidad social, oportunidades y tendencia a la igualdad, que pude palpar personalmente en el servicio militar al que, salvo algunos evasores, teníamos el orgullo de incorporarnos, y la secundaria pública, escuela con buenos maestros a la que asistíamos adolescentes de todas las categorías sociales. Pero el mal también caminó: la codicia de los políticos –los alemanistas, hoy superados, fueron los campeones de entonces– torció el rumbo; la corrupción y la falta, nuevamente, de procesos democráticos dignos de confianza. Los lemas revolucionarios quedaron olvidados o repetidos sin sentido: “Sufragio efectivo”, “Tierra y libertad”, “Municipio libre”, “Justicia social”, y tomaron su lugar los apotegmas del cinismo: “Me hizo justicia la revolución” (o aún no), “Un político pobre es un pobre político” o “En política lo que se vende es más barato”.

La traición a los principios ha sido evidente; sin embargo, ahí están todavía como metas de grupos conscientes, de convicción, con ideas que corren por veneros insospechados y que brotarán a la superficie para la reivindicación. Se confirma el pensamiento de Maritain: al lado del desastre social, económico y moral de nuestras instituciones, está presente un pueblo generoso, con deseos profundos de cambio y dispuesto a levantar nuevamente banderas de igualdad, justicia y libertad.

OTRO SÍ DIGO: La muerte de cuatro buzos en el Cutzamala es muestra lamentable de contratismo y codicia. Conagua contrata para el mantenimiento una empresa canadiense, ésta subcontrata una empresa mexicana, que a su vez recluta inexpertos de salario mínimo. Unos mueren, otros con un solo contrato se hacen millonarios.

Artículo Original: La Jornada

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Esteban Garaiz: Dos lagunas

“Mal comienza la semana para el que ahorcan en lunes”, reza un viejo proverbio castellano. Mal comienza el IFE el proceso electoral federal 2008-2009 removiendo con un palo el avispero del 2006 con una enorme torpeza política y una muy discutible visión jurídica, yendo más allá de sus atribuciones legales, después de las severas omisiones por su culpable tibieza hace dos años, y poniendo en tela de juicio, de arranque, su imparcialidad.

El senador panista Ricardo García Cervantes ha declarado que el IFE se está “extralimitando”. El Consejo General tiene facultades para sancionar a los partidos políticos, y sólo a los partidos, cuando sus dirigencias violan la ley electoral. No para sancionar a los legisladores y mucho menos cuando se trata de acciones en el seno de las cámaras del propio Congreso, que tienen claramente establecidas sus propias normas. Además, son dos las fracciones parlamentarias que tomaron las tribunas y sólo una sancionada por ello; es jurídicamente falso que a Vicente Fox se le impidió entregar su informe de ley.

Por lo que toca a los plantones de electores frustrados por todo el montón de irregularidades cometidas por tantos actores expresamente prohibidos por el Código Electoral, durante las precampañas y campañas de 2006, parece verdaderamente un terrible despropósito sancionar a un partido por lo que numerosos ciudadanos irritados hicieron en lo individual en el ejercicio legal y pacífico de un derecho constitucional, expresamente establecido en el artículo 6º, como es el derecho de manifestación. En todo caso, fue un acto postelectoral, que en nada afectó el resultado de la elección. Además de que, socialmente, resultó un eficaz desfogue para mantener la paz social, en una irritación colectiva que podría haberse desbordado.

Se podrá alegar que hubo afectaciones a terceros en vía pública y es válida la observación, como en cualquier manifestación. Lenta se ve la Asamblea Legislativa del Distrito Federal para reglamentar el ejercicio de este derecho constitucional, que, como todas las garantías individuales debe tener y tiene sus acotaciones, básicamente derivadas de los derechos de los demás. Importante será que las autoridades —en este caso las del DF— reglamenten sobre el derecho de manifestación en la vía pública y establezcan mecanismos prácticos para conciliar los derechos de todas las partes. No estará de más recordar que los automóviles no tienen garantías individuales.

El Estado de derecho se violó sistemáticamente durante todo el proceso electoral de 2006, en las precampañas y en las campañas, y el Consejo General del IFE dejó hacer y dejó pasar. Hubo incluso consejeras que —leyendo tarjetas nerviosamente en el pleno— defendieron abiertas violaciones de dirigentes de corporaciones ajenas al proceso, a nombre de la libertad de expresión.

Que fueron violaciones a la ley, y que sesgaron la equidad de las campañas, lo dejó claramente establecido el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Pero siguen impunes las personas físicas que las cometieron. Al Consejo General, según entiendo, no le correspondía, ni le corresponde, sancionar a terceros que interfieran ilegalmente en las campañas y en el proceso electoral. Pero sí se puede y sí se pudo, hacer oír su voz autorizada. No vimos durante todo el proceso ni una sola condena colegiada y formal en el seno de las sesiones públicas del consejo, acerca de estos actos claramente violatorios de la ley electoral y de los principios rectores de la función electoral. Y ésa sí era claramente una atribución del Consejo General y, en consecuencia, una obligación ética y política de cada consejero. Fueron abiertamente omisos. Podían haber hecho oír su voz alta y no lo hicieron.

También tenían la responsabilidad, y siguen teniéndola, de presentar las denuncias correspondientes ante la Fepade. Peor todavía que hayan quedado impunes sin que el Consejo General suba la voz ante las descaradas intromisiones de extranjeros, en violación del artículo 33° constitucional. No era aceptable la explicación del Instituto Nacional de Migración de que el extranjero Antonio Solá estaba contratado por una empresa privada a su vez contratada por un partido político: en todo caso justificaría su situación migratoria, no su anticonstitucional interferencia en los asuntos políticos del país, razón suficiente para su expulsión.

El Ejecutivo federal, responsable de la aplicación del artículo 33°, castigó al extranjero Antonio Solá concediéndole la nacionalidad mexicana a los 20 días del nuevo periodo presidencial. Ahora ese mexicano representa a Felipe Calderón en Madrid. Por lo que toca al ciudadano José Luis Barraza, recibe un homenaje al concluir su presidencia en el Consejo Coordinador Empresarial, al que acuden obsequiosos el entonces presidente del Consejo General, Luis Carlos Ugalde, y Calderón. Para redondear la sanción por el delito electoral en abierta violación del código, todo el mundo pudo leer las turbias condiciones en que le fue asignada la venta de Aeroméxico.

Arranca un nuevo proceso electoral. La reforma constitucional que prohibió comprar espacios en la radio y en la televisión para propaganda electoral es, sin duda, un enorme paso que, lejos de limitar la libertad de expresión, contribuye de manera definitiva a la equidad. Quedan dos peligrosas lagunas: una es el ya mencionado artículo 33° sin reglamentar. La otra es el poroso sistema de sustituciones en la integración de las mesas directivas de casilla, que tantas suspicacias provocó en 2006. Habrá que volver sobre estos temas.

http://www.milenio.com/node/91684

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Ronald Vidal: ¿EN LATINOAMERICA, DEMOCRACIA ES IGUAL A CORRUPCION?

Habiendo revisado algunos portales de Internet, referente a la corrupción de los gobiernos en Latinoamérica, que se dicen, haber sido elegidos democráticamente por el voto popular, a la verdad, que con mis setenta y cinco años que llevo a cuestas, en el peregrinaje Global, me he quedado horrorizado y pasmado. ¿Que es lo que viene sucediendo? En la galería de los mas selectos se Ubica: Fernando Collar de Mello, Carlos Andrés Pérez, Carlos Salinas de Gortari, Alberto Danik Garzón, Abdala Bucarán, Raúl Cubas, Jamid Mahuad, ALBERTO FUJIMORI FUJIMORI (Alias el “Senador Japonés”); en mi modesto juicio estimativo, es el que tiene el estrellato; el Nº. 10 del equipo, Hugo Chávez, Juan Carlos Huasmozi, Carlos Menen, el “chibolero”, Arnoldo Alemán, Luís González Machi, Alfonso Portillo, Juan Francisco Reyes López, Mireya Moscoso, es decir, ni las mujeres se libran de esta endemoniada pandemia. Estas lajas de gobernantes, corresponden al ciclo que de 1992, al 2002; si consideramos la galería de los corruptos que va la década del 2002, al 2012; de seguro que esta nomina será mas que duplicada, ¿A esto podemos llamar democracia? Y da la curiosidad, que los gobiernos dictatoriales en el Perú; como el Mariscal Castilla, Juan Velasco Alvarado, Manuel Apolinario Odría, han sido los mas honestos y muertos en la pobreza. A que se debe este terrible fenómeno, que quita las ganas de vivir en democracia en Latinoamérica. ¿Se confunde el término democracia, con libertinaje y corrupción? ¿A quien le interesa esta catastrófica situación?; ¿Cuáles son las causas y origen de esta podredumbre? . ¿ A quien le interesa la postracion de las naciones latinoamericanas, con el fin de mantener su egemonía?.
¿La politica de favorecer a los gobiernos corruptdos, es acertada a los intereses suinceros de los EE.UU?.

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Apolinar Díaz – Callejas: El reyezuelo colombiano

Por primera vez en 200 años de historia las naciones integrantes de Suramérica se han reunido en emergencia política para enfrentar las pretensiones de la oligarquía terrateniente y racial de Bolivia, apoyada por el imperio norteamericano de Bush, que se lanzó contra el gobierno democrático actual de este país que dirige el presidente de origen indígena Evo Morales, quien tiene según la última votación nacional de hace dos o tres meses, el apoyo del 70% de la opinión electoral del pueblo boliviano.

Algunos de los prefectos regionales, de raza blanca, dueños de las mejores tierras de Bolivia y de sus riquezas mineras y naturales, se lanzaron en una conspiración criminal contra el gobierno de Evo Morales. En una sola de las provincias bajo el mando de uno de los prefectos y potentados dueños de ese país, bandas criminales organizadas por el prefecto local asesinaron a más de 30 personas, gentes del pueblo, indígenas que respaldan corajudamente al gobierno de Evo Morales. El criminal intendente proclama la gloria de su poder y crímenes, al tiempo que el pueblo de Bolivia se ha lanzado a las calles a defender su gobierno democrático y sus reformas sociales. Los prefectos restantes sublevados, cuatro pequeños dictadores y terratenientes absolutos, se mantuvieron a la expectativa para ver si triunfaba el prefecto sublevado y lanzarse ellos a la revuelta para cometer el crimen de separarse de su país y construir una republiqueta de cinco grandes latifundistas al servicio de los intereses imperiales del gobierno y la economía de los Estados Unidos de Norteamérica. Pero esto fracasó. El gobierno y Evo Morales se mantienen firmes y lograron que la totalidad de los diez países de Suramérica se reunieran en Santiago de Chile y, por primera vez en la historia de la América del Sur, unificaran sus criterios y salieran a la defensa de la independencia y autonomía de Bolivia, a la vez que acordaron hacer programas para buscar soluciones pacificas al conflicto social interno boliviano. Así, América del Sur está unida y Estados Unidos quedó solo, absolutamente solo, echado de la América del Sur. Para la América del Sur ha comenzado, es la verdad, hay que decirlo, su segunda y definitiva independencia, esta vez del poder militar, económico y agresivo del imperio norteamericano. En el siglo XIX fue la independencia formal de España. El siglo XXI arranca en la América del sur la segunda parte, la parte final de nuestra independencia del poder imperialista de los Estados Unidos. Nuestros pueblos están al frente de su propia causa y objetivos. Rindo mi homenaje a la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, por haber puesto en marcha, desde ya, a UNASUR, Unión de Naciones Suramericanas. Señalo también el regocijo en que deben estar en estos momentos los libertadores de América del Sur, en el reposo de su eternidad, porque hemos puesto en marcha la realización de la unidad suramericana.

El reyezuelo colombiano

En Colombia el presidente Alvaro Uribe Vélez sigue moviéndose descaradamente para asegurar su tercera elección presidencial como cualquiera de los Somosas, los Trujillos y demás dictadores en dos siglos de países como Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Haití, Santo Domingo y otros que como agentes políticos y militares de Estados Unidos se apoderaron de sus Naciones. Hoy el panorama es completamente diferente, Cuba resistió la agresión Norteamericana y ahí está viva y avanzando en una nueva sociedad. La América Central y el Caribe están avanzando ahora hacia regímenes democráticos y soberanos. El siglo XXI parece ser el de la independencia total y definitiva de esas naciones y de toda la América Latina, pese a gobernantes como Uribe Vélez en Colombia, que es descaradamente abyecto a los dictados del presidente Bush de los Estados Unidos. Pero Colombia también encontrará su rumbo de autonomía democrática y de un régimen social igualitario, con oportunidades para nuestro pueblo. Ese es nuestro reto. El periódico hispano-colombiano El Tiempo ya se lanzó abiertamente a pregonar una política colombiana abyecta a los intereses de los Estados Unidos, pese al descarado propósito reeleccionista del presidente Uribe Vélez. Los congresistas partidarios de Uribe Vélez que dominan el Congreso de la República, siguen siendo metidos a la cárcel por la valiente actitud de la Corte Suprema de Justicia y la Corte Constitucional. Según El Tiempo, 1.248 hombres del ejército y la policía, entre ellos 30 Oficiales han tenido que ser retirados por líos judiciales y disciplinarios. Dice ese periódico español gobiernista que nexos con paramilitares y narcotraficantes son los casos más recurrentes de investigación. Algunas breves noticias de la situación actual y crímenes en Colombia muestran la realidad del país: En San José de Apartadó la Fiscalía General ordenó la captura de 15 militares por la masacre de 11 civiles entre ellos 3 niños, cometida en 2005 en asocio de grupos paramilitares. Un teniente, 3 cabos y 6 soldados del Batallón la Popa del ejército nacional han sido acusados por la Procuraduría por el asesinato del indígena kankuamo Víctor Hugo Maestre. Arístides Gómez, Indígena Wayú de la Guajira fue muerto en octubre de 2005 por el ejército. Jesús María Almeida y su hijo Juan Pablo fueron muertos el 7 de febrero de 2004 por el ejército en el municipio San José de Miranda en el departamento de Santander. El 10 de noviembre de 2006 militares en Florencia (Caquetá), dieron muerte a Daniel Alvarado, su esposa y su hijo de 3 años cuando se desplazaban en moto.

No hay forma de transcribir todas las noticias de crímenes que se vienen cometiendo en Colombia por la fuerza pública a lo largo y ancho de todo el país, bajo el gobierno de Uribe Vélez.

Artículo Original: Argenpress

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