Daily Archives: October 13, 2008

León Bendesky: Dilema

La crisis financiera que se ha ido extendiendo desde Wall Street durante un año se ha intensificado en las últimas semanas. La onda expansiva abarca buena parte del mundo. A pesar de las diversas y cuantiosas intervenciones de la Reserva Federal para preservar las corrientes de crédito y la capacidad de las empresas para pagar sus deudas, esto no se ha conseguido. A pesar de que el Tesoro ha puesto miles de millones de dólares para salvar bancos, aseguradoras e hipotecarias, la confianza no regresa a los mercados financieros.

En Europa también se ha cimbrado el sistema. El gobierno británico se ha quedado con parte de la propiedad de algunos bancos; en Alemania se usaron miles de millones de euros para prevenir la quiebra de otro. En el llamado Benelux se desmembró el mayor consorcio financiero. En todas partes se pone dinero público para asegurar los depósitos: en Rusia se resiente el sistema financiero, en Japón se secan las corrientes de crédito, en Corea y Hong Kong caen las acciones en las bolsas, en India se reduce la expansión industrial.

Las voces de alerta crecen desde el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Internacional de Comercio, instituciones de carácter multilateral que paradójicamente se han quedado al margen de la crisis, y claman y por una acción concertada de los gobiernos.

Dicha acción se está dando ya en el campo de la intervención de los bancos centrales y los ministerios de finanzas, pero siguen siendo insuficientes ante la pérdida de confianza prevaleciente entre los inversionistas y ahorradores. Se advierte que hay una tensión entre la globalización económica y el carácter nacional que quieren mantener los gobiernos en su acción política.

La gente ve cómo se va diluyendo su patrimonio y se quedan con pocas opciones. Pueden sacar su dinero del banco tomando una fuerte pérdida y luego ponerlo debajo del colchón. O bien, lo dejan en sus cuentas y corren el riesgo inherente en la crisis.

Todo esto crea un fuerte dilema en el orden social vigente. Y que hoy se expresa de modo claro en Estados Unidos. Si el gobierno intensifica su intervención en el sistema financiero, como lo ha venido haciendo, aparece salvando a las empresas y a sus directivos que están directamente vinculados con el surgimiento de la crisis.

El siguiente paso será quedarse con una parte de la propiedad de los bancos, es decir, poniendo recursos como capital a cambio de acciones (hasta ahora se habla de acciones preferentes para no involucrarse en la administración). Esto equivale a la nacionalización.

El asunto no es meramente económico: tiene una clara implicación política y cada vez más tonos morales. Además, es un cuestionamiento a la ideología mercantil prevaleciente. El Consenso de Washington hecho trizas.

La crisis se asocia con los excesos cometidos en el terreno de las inversiones a partir de extender prácticamente sin límites los precios de los activos, en este caso en particular de las viviendas. Pero el exceso se acompañó de lo que ahora es a todas luces un sobrepago a los ejecutivos involucrados y a los directores de las firmas que han quebrado, fusionado con otras o están en una situación muy vulnerable.

Mientras las ganancias se reproducían de modo constante todo parecía magnífico y hasta se justificaban esos ingresos fabulosos como parte de las recompensas de un sistema de libre mercado. Hoy, en cambio, es motivo de atención de los legisladores y de noticia y comentarios en la prensa y la televisión. La ética social también es fluctuante, como los precios de las acciones, de los bonos y las monedas.

La otra parte del dilema surge si el gobierno no interviene. La lógica que emana de la ideología del fundamentalismo del mercado dice que hay que dejar que los mercados se ajusten por sí mismos sin intervención del gobierno.

En términos de la política pública este argumento sostiene que la Gran Depresión que se inició en 1929 duró más de lo necesario debido a la intervención a gran escala impuesta por el gobierno de F. D. Roosevelt. Ésta habría impedido el eficaz ajuste de las fuerzas del mercado convirtiéndose en una carga excesiva para la sociedad.

Para el gobierno de George W. Bush no hay mucho margen de maniobra y ha sido forzado a una cada vez más extensa intervención en el sistema financiero. Al final de su administración hay una especie de venganza de los principios ideológicos que había sostenido firmemente junto con el amplio grupo de su vicepresidente Cheney y los neoconservadores a ultranza. A esta dimensión económica se suma la larga guerra en Afganistán e Irak, que tampoco resultan como se previó y tienen al ejército empantanado.

Todo esto puede parecer una ironía. Para ese poderoso grupo, en cambio, el desenlace de estos largos ocho años es una tragedia. En plenas elecciones será interesante ver cómo procesan todo esto los ciudadanos estadunidenses. De modo más general será relevante ver cómo lo administra el nuevo gobierno.

Artículo Original: La Jornada

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Bernardo Bátiz V.: Derrota mundial

No me refiero al libro homónimo que Salvador Borrego escribió ya hace más de seis décadas defendiendo a la derrotada Alemania nazi, sino que titulo este artículo como derrota mundial en referencia al derrumbe del sistema económico capitalista y a la demostración evidente de que las reglas del mercado no corrigen por sí solas las fallas de la economía, sino que, por el contrario, llevan a ésta al desastre.

Con lo que está pasando se evidencia que el sistema capitalista sustentado en el egoísmo y en la competencia inhumana se encuentra en bancarrota, ahora no sólo bancarrota moral, sino también financiera.

Entre las múltiples formas posibles de interacciones entre las personas que comparten un ámbito social común, hay algunos procesos presentes en toda clase de comunidades, sean éstas asociaciones primarias o grupos complejos, de pocas personas o de toda la humanidad en su conjunto. Joseph Fichter en su Sociología, publicada a mediados del siglo pasado, dice que hay procesos tipificables y universales: los hay conjuntivos, que acercan a los integrantes de la sociedad, generan mayor solidaridad interpersonal y estrechan los lazos entre los integrantes de las comunidades, pero hay también procesos negativos, disyuntivos, que alejan, separan y enfrentan a los integrantes de la sociedad.

Entre los primeros están la asimilación, la aceptación y la cooperación; entre los segundos están el conflicto, que es el más grave, la oposición, la obstrucción y la competencia. Este sociólogo estadunidense de Chicago ubica a la competencia como uno de los procesos negativos que separan y destruyen o debilitan los lazos sociales.

Sin embargo, la competitividad se ha querido presentar en el mundo moderno como una de las grandes virtudes sociales; todos los días oímos a nuestros políticos de todos los colores, repitiendo, a veces sin entender de qué están hablando, que debemos ser “competitivos” porque no lo somos, y que México está atrasado en tal o cual renglón de la economía o de la educación o del deporte.

Lo cierto es que el modelo social en el sistema capitalista, basado en la competencia, nos lleva a una sociedad crispada, en la que siempre hay alguien que gana y muchos que pierden; ciertamente la competencia puede ser un incentivo para mejorar individualmente, pero es también una forma de relación que deja heridas sociales profundas y frustraciones individuales a veces irreparables; la guerra es el extremo de una competencia en la que se han roto las reglas, pero aun cuando la competencia con reglas es menos dañina que la abierta confrontación, no deja de producir constantes males sociales.

Para ganar en la vida, para estar del lado de “los triunfadores”, los que están convencidos que de eso se trata son capaces de todo y no les importa atropellar a otros; en México he escuchado el dicho cínico que reza: “de que lloren en mi casa a que lloren en la ajena, mejor que lloren en la ajena”.

La competencia es movida generalmente por la codicia, por la ambición de tener más, de sobresalir a costa de otros, sin importar valores humanos ni consideraciones humanitarias; en cambio, la cooperación se basa en un concepto de fraternidad universal, en el amor, en la colaboración y en la solidaridad. Es un proceso altamente integrador que produce grandes y constructivas satisfacciones personales y sociales.

En momentos de crisis, como el que estamos viviendo, debemos acudir más a los procesos conjuntivos y solidarios y menos a los demostradamente fallidos de la competencia sin límites.

Hace unos días recibí en la maravilla que es el correo electrónico un mensaje de José Luis Zavala Cisneros que dice, palabras más, palabras menos: “la esclavitud no se abolió, se redujo a 12 horas diarias”. Es cierto; en este mundo globalizado y en manos de las grandes corporaciones deshumanizadas todo mundo es un esclavo de la necesidad de conservar su empleo. Las personas se vuelven parte desechable de los inventarios de las empresas y, a veces, también de los gobiernos.

En muchos centros de trabajo, especialmente en las cadenas de medios electrónicos de comunicación, a los colaboradores, siempre pendiendo su estabilidad de un delgado hilo, se les indica cómo vestirse, cómo peinarse, cómo hablar, con quién relacionarse y con quién no, y ay de ellos si en algo incumplen.

Crisis significa cambio de rumbo, esperemos que la actual se resuelva en un retorno a la solidaridad, al respeto por los demás y a un mayor disfrute de la libertad, aun cuando tengamos que padecer algunas carencias materiales que al fin y a cabo son pasajeras y superables.

La coyuntura derrota moral y el derrumbe del sistema económico basado en la competencia feroz debe ser aprovechado; es la oportunidad para ensayar otras formas más solidarias y fraternas de relacionarnos.

Artículo Original: La Jornada

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Vicky Pelaéz: El Gran Patrón pierde su patio trasero

“No hay muro que no se escale ni fortaleza que no se tome”. —Georgi Dimitrov

A pesar de tantas dificultades, América Latina está enrumbándose cada día, y con más fuerza, hacia el nuevo destino que sepultará su condición de “patio trasero” de los Estados Unidos, esa que ha tenido que soportar durante casi dos siglos pero sin dejar de luchar. Su marcha es percibida por todos los países a excepción del Gran Patrón que se aferra al pasado y no quiere ver los cambios, ni escuchar las voces prudentes de sus pocos sabios.

Por eso sonaban ridículas las amenazas de Condoleezza Rice a los rusos que mandaron dos aviones de guerra y una escuadra de buques a Venezuela para maniobras conjuntas. Rice dijo que “los rusos deben tener mucho cuidado en el hemisferio donde nosotros tenemos una poderosa fuerza militar”. Algunos miembros de la Cámara de Representantes fueron inclusive más lejos y presentaron una “resolución de condena a la expedición rusa que violaba la Doctrina de Monroe”. Es decir, siguen creyendo en lo que dijo el quinto presidente James Monroe en 1823: “América es exclusivamente para los norteamericanos”.

Hace un tiempo esta declaración hubiera asustado a la América Latina, pero ahora causó una sonrisa. Fue el presidente ecuatoriano Rafael Correa quien le contestó a Rice y le dijo: “si la 5ª Flota norteamericana está en América Latina ¿porqué la flota rusa no puede estar también? Ecuador está dispuesto a darles la bienvenida”. El Departamento de Estado quedó mudo. Sabían que esto iba a pasar pero no esperaban que fuera tan pronto. El documento “Global Trends 2025”, que fue entregado en 2002 al presidente George Bush por el Consejo Nacional de Inteligencia pronosticaba que “el dominio estadounidense en el hemisferio occidental se reducirá drásticamente, produciéndose la erosión de la supremacía norteamericana en las esferas de política, economía y cultura”.

En los tiempos del internet, hasta los sucesos geopolíticos sufren cambios acelerados. Y Estados Unidos, debilitado por dos guerras sin fin y sacudido por la bancarrota financiera, ya no tiene ni fuerzas, ni recursos para poner “orden en su patio trasero” que busca su propio camino hacia la prosperidad, sin la tutela del Gran Patrón.

No sólo está adquiriendo fuerza la formación de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) —la que hizo fracasar un golpe fascista en Bolivia y de paso tranquilizó a los separatistas en Ecuador y Venezuela—, sino también, el Banco del Alba y el Banco del Sur están en marcha para solventar la integración política, económica y militar de América Latina. La mayoría de los países latinoamericanos, a excepción de Colombia, México y el Perú, sacó a tiempo sus reservas financieras del Tesoro norteamericano. Entonces hay recursos para invertir. A la vez, los chinos, rusos e hindúes están ansiosos de invertir en América Latina.

Contrario al modelo neoliberal, Latinoamérica debe orientar su crecimiento económico hacia adentro, y regulada por el Estado, instituciones o sociedad. Solamente así se podrá redistribuir mejor la riqueza y salir del subdesarrollo. Se está viviendo, como dijo Rafael Correa, “no cambios en la época sino cambios de la época”.

http://lastresyuncuarto.wordpress.com/2008/10/07/vicky-pelaezel-gran-patron-pierde-su-patio-trasero/

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