La soledad, el deseo de trascender con un hecho insólito que haga olvidar la mediocridad de la vida tal como se vive, además de la extraña apropiación de ese otro contrastante que Frankie realiza con Bepo, mientras éste desea encontrar un sentido a su vida dando un curioso sentido a su muerte, son las premisas de este texto de Noé Morales Muñoz en que da carne a los protagonistas –del que supimos sólo por escuetos boletines de prensa– del caso conocido como el del caníbal de Rotemburgo. En 2001 un hombre escribe en Internet solicitando a alguien que acepte ser comido y la solicitud es atendida por alguien con el que se establece una relación que dará lugar al macabro desenlace. Lo insólito del caso da pie para que muchos en todo el mundo se pregunten las razones de ambos personajes y el joven dramaturgo mexicano intenta, no una respuesta que desde aquí parece imposible, sino una reelaboración imaginaria, con mucha carga metafórica, de lo que habría podido ser la relación de dos hombres tan dispares con un mismo objetivo. Despojada de toda morbosidad, la obra responde al irónico título de Los prohombres porque ambos, la víctima que otorgó su consenso y el victimario, piensan que realizan un acto extraordinario que abrirá nuevos caminos al futuro humano para escapar de la rutina y el tedio.
Los personajes que plantea Morales son deliberadamente extremos. Frankie es un inhibido hombrecillo que teme al mundo exterior, con medios económicos que no se explican pero que resultan evidentemente suficientes para una vida que únicamente conoce el acontecer diario a través de Internet, lo que lo vuelve abiertamente metafórico de esa gente que sólo se relaciona a través de la tecnología. Asexuado, reticente, habla de su madre, pero el autor soslaya con acierto todo intento de banal psicología que lo acercaría a una de esas series estadunidenses de freudismo instantáneo. Frankie permanece en la sombra en que desea ocultarse a diferencia de Sepo, el casi moribundo homosexual parlanchín que no tiene empacho en describir sus proezas sexuales y en mostrar un rudo interés vital que le hace ver su estúpido sacrificio como la culminación de una vida que quisiera aventurera. El dramaturgo no insiste demasiado en la caracterización de sus personajes o la indagación de sus motivos, prefiriendo una mirada impersonal y casi abstracta para que el espectador desprenda sus propias conclusiones a partir de la perorata con que Frankie increpa a Sepo olvidando su habitual frío recato.
Este texto dramático requiere, a mi parecer, de una escenificación fría, meticulosa y realista que vaya marcando los avances de la pérdida de peso de Sepo al tiempo que se vislumbran ciertas entretelas de personalidades y motivos, nunca muy pronunciadas, apenas delineadas sobre todo en el caso de Frankie. El director Ginés Cruz optó por lo contrario, por cierta estridencia en el tono del montaje, muy evidente en el innecesario strip-tease de Sepo, así como en la escenofonía de Mk Hernández y Antonio García Isaac. Es posible que el director le quiso dar un sesgo grotesco al tema, tan grotesco como los semidesnudos del buen actor Enrique Cueva para eludir todo morbo posible, aunque la obra ya lo elude, pero resultan muy inconsistentes algunos trazos, como ese mover el perchero de un lado a otro para macar transiciones temporales. La escenografía de Luis Conde consiste en una mesa larguísima que abarca más allá del proscenio, de cuyos cajones salen los objetos necesarios, tres sillas y el perchero, y es esa enorme mesa la que subraya la esencia de la relación entre los dos personajes y sirve de pasarela para algunos de los movimientos que Ginés Cruz pide a sus actores y que rompen también con la frialdad del texto, un buen texto existencial visto como thriller por el director y que cuenta con las buenas actuaciones de Humberto Bustos como el elusivo Frankie al que dota del misterio indispensable, y Enrique Cueva como el desparpajado Sepo que no para de relatar banalidades.
5 Comments
June 18, 2008 at 2:52 am
A mi me parecio larga y somnolienta y debí esparar horas para que hubiera accion encima de la mesa. La obra no me transmitio lo que la reportera dice al principio, que si ella no me lo explica, yo no termino de entender de que trato su obra mas que de dos gays sin que hacer y sin aspiraciones. Que dicho sea de paso no estan nada grotescos sino dan risa sus cuerpos asi que bueno hubiera sido algo grotesco para variarle. ja
June 19, 2008 at 11:20 am
Juar juar juar!!!
Me imagino que debe ser una película difícil de seguir. A mí lo que me llamó la atención sobre esta nota, es el título. De entrada pensé que iba a tener que ver con filosofía, y aunque me equívoqué, creo que al final, hace una reflexión muy rescatable del sentido de vida postmoderno.
Gracias Aurelio por tu comentario
Sin embargo, yo no he visto el film, y puede ser que, como tú dices, no sea tan bueno como nos hace pensar la autora con sus palabras.
Seguimos platicando
Clitemnistra
August 14, 2008 at 6:38 pm
ay chiquitos, tengan un poco de pudor antes de publicar. nena: no es un “film”, es una obra de teatro. y aurelito, no te quemes tan fácil demostrando tus prejuicios y tus limitaciones tan rápido. si no entendiste algo que es tan claro a lo mejor tiene que ver contigo y mo con la obra. ¿y qué te asusta de los gays? a lo mejor estan enclosetado…
August 15, 2008 at 8:03 am
Peter Pérez;
Juar juar juar! En serio es una obra de teatro? Qué quemón!!!
No, pues yo no he visto ni la obra ni el film. Lo único que leí fue la reseña, y la verdad es que me dejaba la impresión de ser un film. Ahora que lo vulvo a leer, no sé qué diablos me hizo pensar eso. Pero vale…
En realidad sería padre que tú nos contaras qué pasa en esa obra. Si Aurelio la vió y a tu parecer no le atinó a entender el sentir de la obra, para lo que obviamente no la vimos sería interesante que nos platicaras.
A mí la verdad es que no me queda muy claro todo lo que se intenta con la obra. Si bien el guión queda explicado, aparentemente la puesta en escena cambió el tono de auqello que estaba escrito. No lo sé, lo supongo y por eso pregunto.
Saludos!
Clitemnistra
August 15, 2008 at 10:04 am
Los prohombres
El canibalismo es una de las vetas temáticas que la literatura y el teatro de nuestros días ha venido explotando con regular frecuencia. Los casos en México y el mundo se agolpan. De la ficción a la realidad, parece haber sólo un macabro paso: el de la perpetración. Y así, los caníbales encarnan en seres humanos perfectamente verificables en sus aberraciones, sus crímenes, sus abismos… Noé Morales Muñoz, joven y punzante crítico teatral, es también un joven y arriesgado autor dramático. Su obra Los prohombres, actualmente representándose en el Foro Shakespeare, todos los jueves, habla de un dramaturgo que apuesta a encontrar una nueva forma de abordar el tema, saliéndose de los estereotipos propios de la nota roja y del cine (con el inefable Hannibal Lecter), y aspirando a encontrar confluencias en la interiorización de sus personajes, con el interés activo de hallar, así sea levemente, un poco de humanidad en ese tipo de monstruos sociales engendrados por sistemas cada vez más decadentes, moral, espiritual y afectivamente hablando.
La historia es horripilantemente sencilla: Un anuncio en internet. Alemania. Año 2001. Sepo y Frankie se conocen por medio del ciberespacio. Ambos hombres han vivido solitarios, sedentariamente. Quieren pertenecer el uno al otro en el futuro. Les une una vacua búsqueda de la trascendencia y, en suma, la vaciedad de sus vidas. A partir de esto surge Los prohombres. Uno se dejará comer bajo consentimiento y el otro cometerá el crimen que habrá de conmocionar al mundo al ser conocido como el caso del Caníbal de Rotenburgo. Morales expone: “Los Prohombres surgió de la estupefacción ante la nota roja: ¿qué puede llevar a dos adultos, habitantes del que se supone un país emblema de civilización y progreso, a ejecutar un acto que casi todos consideraríamos bárbaro a estas alturas de la modernidad? La sorpresa se volvió curiosidad y luego morbo; había que llegar hasta el fondo en la historia y las motivaciones de los personajes. Pasar de ello a la ficción, para alguien que como yo se asume marcado por la literatura, fue un paso natural e inconsciente”. Morales Muñoz incide en un teatro de diálogo donde la palabra es pivote para la acción dramática. Lo logra en gran medida, aun cuando, en su interés por no hacer un teatro —según sus propias palabras— “documental”, deja muchas aristas sueltas en el entretejido sicológico e incluso anecdótico de los personajes.
Ginés Cruz, joven director, ha montado con pericia el texto, manejando con argucia a los actores Humberto Busto y Enrique Cueva, muy compenetrados con la esencia de sus macabras interpretaciones, en un trazo escénico limpio y eficaz, aun cuando la escenografía resulte un poco aparatosa. “Se le llama prohombre a aquél o aquella que ha hecho un bien por su comunidad, y de forma irónica el título de la obra ha sido ése. Estos dos hombres son sólo prohombres de ellos mismos y, quizás, de ninguno de los dos”, ha explicitado el director en torno a esta puesta. La realidad parece otra, la ironía no alcanza a convencer y la metáfora deviene en turbulenta gama de lucubraciones decadentistas que, aunque bien tramadas por Morales, dejan mucho qué pensar en torno de la descomposición social y ética del hombre de nuestros tiempos.
Los prohombres ofrece una oportunidad para reflexionar en torno de que los valores que se esgrimen hoy en día están totalmente maniatados al crimen y la bestialidad, aun cuando criaturas como las expuestas por Morales y Cruz quieran verse en algunos momentos como “tiernos”. No hay tal. Estos “promonstruos” son prototipos del hombre actual sumido en su pequeñez espiritual.
La dramaturgia de Noé Morales Muñoz clama hacia una confrontación con la virulencia de este siglo marcado por la sinrazón y la bestialidad. Pero, más allá, ¿qué hay? ¿Es que acaso el microcosmos del crimen es la amenaza de un macrocosmos holocáustico? ¿Es esa la inquietud fundamental de este joven dramaturgo mexicano, lanzar una alerta, señalar un presagio de nuevos horrores mundiales? El cuestionamiento ahí queda. Aguijonea la conciencia.
http://www.el-universal.com.mx/columnas/71835.html
Tengo una amiga actríz que me contó que el chavo que escribió esta obra de teatro es muy jovén, lo platicamos a raíz de un reportaje de la obra de teatro en canal 11. Y en verdad Noé es jovén, seguro tratar este tema en teatro o cine debe de ser dificil, ya que trata de los hombres que por medio de Internet se pusieron de acuerdo uno para comerse al otro. Esto paso en Alemania, de ahí Noé toma el el tema, es lo que yo pude saber.
Saludos Peter Perez por hacerme leer este artículo por el que había pasado sin pararme unos minutos.
Clit no te preocupes que no se puede saber todo en la vida, por suerte todos los días nos sorprende!!! Eso es lo mejor
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