May 20, 2008...12:03 pm

Víctor Komeco:Sembrar un árbol, pero sobre todo sembrar rebeldía

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Con motivo de la reestructuración del plan de estudios en la carrera de Biología en la Facultad de Ciencias de la UNAM, donde las autoridades avanzan sin contemplar la diversidad de opiniones de la comunidad, estudiantes de esa carrera promovieron un nuevo foro de discusión: Bioética.

Van algunos elementos del análisis que de ahí emergieron, a mi parecer útiles en este momento critico, donde nuestro planeta está siendo sometido a una devastación extrema, sin que nadie ponga un freno a las grandes corporaciones, principales beneficiarias del sistema capitalista y culpables, en gran medida, de la actual emergencia social y ambiental, donde cada vez más y más personas no acceden a los alimentos, pero se usa el maíz para producir combustible; donde se derriten a gran velocidad y fluyen mar adentro las aguas de los casquetes polares, pero mientras las ganancias sigan también fluyendo, ¡qué mas da!

Es entonces que debemos plantearnos ¿para qué sirve la ciencia?, ¿para qué estudiamos o enseñamos en una universidad pública?, ¿para hacer crecer las ganancias de los patrones o para solucionar los problemas de la gente?, y en particular para la Biología ¿qué hacer frente a la desaparición de cientos de especies a causa del cambio climático?, ¿qué hacer frente al encarecimiento de los alimentos, justo en el momento en que se rompen records en la producción de granos a nivel mundial? Lo qué nos lleva a una pregunta más general: ¿Con qué ética abordamos todos estos problemas?

En esta oportunidad se hizo un seguimiento histórico del desarrollo de la “ética”, desde la concepción holística (1) de los griegos, hasta el rompimiento de esta tradición y la instauración del positivismo (2) y el funcionalismo (3), concluyendo de todo esto que, frente a las labores científicas, los estudiantes, profesores e investigadores debemos tener claro que la ética es imprescindible, haciéndose necesaria una materia que aborde estos temas. Sería un gran paso adelante si en su formación, todos los científicos hubieran tenido una buena clase de ética, cosa que tiene mucho que ver con el perfil de los egresados que deben tener las universidades públicas.

Se decía en el auditorio que como seres humanos somos seres sociales, vinculados con la política, la economía, el arte y todas las actividades hechas por las personas, pero a veces, a conveniencia del sistema capitalista, se nos hace pensar que no existe tal vínculo, o al menos, que no es tan estrecho. Por ejemplo, se nos dice que si uno estudia para ser biólogo profesional no se debe adentrar ni interesarse por la política, las humanidades o cualquier otra área “fuera de la biología”. Tratan de hacernos creer que la ciencia es neutral, que la historia personal de cada científico no influye en sus investigaciones.

Pero, cosa más curiosa: la educación pública en México es pagada por millones de trabajadores, los cuales son despojados de la mayor parte de la riqueza que con gran esfuerzo y días de trabajo logran producir, para hacer posible, entre otras muchas cosas, la reproducción de la “ciencia”. ¿Los universitarios estamos consientes de eso? Vale mucho la pena que reflexionemos, la ciencia que hacemos ¿le retribuye algo al pueblo que la paga?
O ¿estudiamos y hacemos avances tecno-científicos solo para unos cuantos, solo para los que puedan pagarlos?

Fíjense nada más qué valores “éticos” nos han inculcado: trabajar para nosotros solamente, para “escalar” en la sociedad, sin importar que para lograrlo haya que dejar atrás, sin escuela, sin trabajo y sin “oportunidades” a cientos, miles de personas de nuestro entorno. Y es que esta sociedad es así, para tener escuela hay que competir por ella, el que un estudiante ocupe una butaca en un aula significó dejar a muchos jóvenes fuera, a eso le llaman “derecho a la educación”; o el que un trabajador consiga un empleo formal, significó que muchos trabajadores más, dispuestos también a laborar a los bajísimos salarios que se ofrecen, seguirán en las filas del desempleo, a eso le llaman “derecho al trabajo”. Quienes obtienen el derecho son los que pueden pagar por ellos, los que tienen más ventaja sobre los demás, la sociedad no garantiza nada. En esto hay una lección implícita que promueve el sistema: los que se enrolen en actitudes antiéticas, como corrupción, robo o coerción, tendrán mayores oportunidades. Dar una “mordida” nunca está de más ¿o sí? Vaya ética la que nos ocupa.

Hay investigadores que, usualmente, guardan celosamente los resultados de su estudio, para que sea de su beneficio exclusivo, y de nadie más. Defienden el mérito, la medalla, el diploma y el reconocimiento, no la difusión del saber para el bien común. Esta es una actitud típica de los centros de investigación, sobre todo de las grandes empresas; buscan que el conocimiento sea para incrementar sus ganancias, por eso lo reservan en bóvedas de alta seguridad.

En el caso de las Universidades públicas el pueblo paga esas investigaciones, pero también en el caso de la investigación privada, son los trabajadores quienes la hacen posible, entonces ¿por qué no hacer que ese conocimiento llegue al pueblo?, ¿acaso no haría posible una sociedad mejor para todos? Claro que sí, pero para el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Interamericano de Desarrollo, como para las grandes transnacionales, no es conveniente que todo el pueblo tenga acceso a esta información, porque les arrebata un pedazo de la propiedad privada que tanto defienden, una propiedad privada más criminal que las otras, pues despoja a los pueblos de conocimiento.

José Martí tenía razón al decir que el humano tenía que ser culto para ser libre, sino, miren nada más el terror que les da a los señores del dinero la libertad de conciencia, la información, la ciencia en manos del pueblo.

Las transnacionales han usado de pretexto la “cooperación” con universidades, comunidades enteras u organizaciones civiles para depredar los conocimientos tradicionales y de paso los recursos naturales que hay en México -uno de los 6 países mayor biodiversidad-. La UNAM no escapa a estos acuerdos, pues muchos de los conocimientos que en esta casa de estudios se generan, son para las grandes empresas, quienes incluso aportan económicamente para su realización. Esto no es más que el avance de una forma más de privatización de la Universidad, pues sus investigadores, tesistas, estudiantes, e incluso sus instalaciones son ofrecidas al mejor postor, a cambio de ridículas compensaciones o equipos de segunda mano.

Más de la mitad de la población mexicana se encuentra en la pobreza, y el conocimiento que se genera en el país va a parar a las arcas de los ricos. En lugar de que la educación e investigación sirvan para paliar la desigualdad, la acentúa. Otro ejemplo de la ética que nos rige.

“Bioética”, qué palabra más profunda. Etica en la biología, en su enseñanza, en su investigación, en su difusión. Etica en su aplicación, para que los pueblos vivan mejor sin dañar a la naturaleza.

Bioética también implica, entonces, no producir combustibles con alimentos, no especular con el trigo y el maíz comprometiendo el futuro de millones de seres humanos que están siendo atrapados por la hambruna. Bioética implica hacer esfuerzos serios para que las trasnacionales bajen sus niveles de emisión de CO2, y los países desarrollados den el ejemplo firmando y acatando los acuerdos internacionales para combatir el cambio climático. Bioética es no devastar las riquezas naturales, ni a las comunidades originarias que las preservan.

En ese mismo sentido, impulsar una cumbre por la Soberanía y Seguridad Alimentaria como la que se llevó a cabo días pasados en Nicaragua, es absolutamente bioético, como lo es también el acuerdo del ALBA para el combate de las grandes trasnacionales que especulan con los granos. Pero sin lugar a equivocarme, el mayor ejemplo de bioética en nuestra América Latina es el que nos da Cuba, al echar a andar de extremo a extremo de la isla cultivos orgánicos en masa, sin los venenos que se acostumbran en la producción agropecuaria de los países capitalistas. En la pasada cumbre América Latina - Unión Europea, fue Cuba quien alertó sobre la importancia de centrar la discusión sobre el cambio climático y la crisis alimentaria.

Diría el gran capital que bioética es sembrar un árbol y compartir el automóvil, porque como todos respiramos y todos consumimos, pues todos contaminamos. Esta palabrería es hueca, y lo que oculta es la diferencia abismal entre el daño que genera el pueblo, y lo que contaminan, arrasan, degradan y devastan las grandes empresas.

Así que en efecto: bioética es sembrar un árbol, pero también, y sobre todo, es sembrar rebeldía.

Notas:
1) Que ve al mundo como un todo y no sólo como la suma de sus partes.
2) Donde el investigador es “imparcial”, pues la ciencia es exacta y no está sujeta a “interpretaciones”, es decir, no hay sujeto de estudio y no hay un interés por estudiar la esencia de las cosas, dejando las explicaciones siempre en el terreno de las apariencias.
3) Donde todo tiene que tener un rol “preestablecido” el cual no puede ser modificado.

Artículo Original:
Argenpress - Sembrar un árbol, pero sobre todo sembrar rebeldía

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