Tomás Mojarro: Padre, no los perdones

Porque los altos jerarcas del clero católico sí saben lo que hacen, y están conscientes de la doble moral de su vida y su ministerio, y de que no predican con el ejemplo. La nota que nos llega de España debe estar cimbrando a estas horas los cimientos de la Iglesia de Roma y sus reputadísimos “príncipes”:

Que la gente conozca a Antonio María Rouco Varela, Cardenal Arzobispo, presidente de la Conferencia Episcopal y tío mió. Que conozca su doble moral. Yo, a través de mi tío he descubierto la hipocresía de la Iglesia, que predica una cosa y hace la contraria…

Y que la española Magdalena Hernández, sobrina incómoda del “Príncipe de la Iglesia”, reniega de esa Iglesia y de sus jerarcas, “por más que sigo creyendo en Dios“.

Eso allá, en España, porque acá en México, y concretamente en la diócesis de Guadalajara, lo acaba de asegurar otro Cardenal católico, Juan Sandoval:

Ya lo dijo San Agustin: el rico es ladrón o hijo de ladrones. Si obtuvo el dinero es porque es ladrón o hijo de ladrones. No hay rico, rico, que sea honrado, porque trabajando nadie se hace rico, si trabajando uno se hiciera rico, te burros serían los más ricos…

Edificante. Su vida de lujo, financiada por católicos ricos, acaba de exhibirse en una cierta “revista del corazón” denominada Quién.

Doble moral. El protagonismo del alto clero se desbozaló en el país por una maniobra de Carlos Salinas, que por “legitimarse” como presidente estableció relaciones diplomáticas con El Vaticano y otorgó reconocimiento jurídico a los sacerdotes. Del hoy resucitado Salinas lo afirmó Gerónimo Prigione, entonces nuncio apostólico de El Vaticano en nuestro país:

El pueblo debe perdonarlo. Se le guarda gratitud por todo lo positivo que realizó para México, y lo positivo ahí queda.

El religioso descartó que la pobreza debilite la fe, y oró porque la actual recuperación económica del país pueda alcanzar a las clases más desprotegidas. Tal expresó “enmedio de champaña europea y vino Manco importado, bocadillos de salmón, ostión y carnes filas…”

La palabra de Felipe Arizmendi, obispo que sustituyó a don Samuel Ruiz en la diócesis de San Cristóbal de Las Casas: “Que los políticos no tengan la mano tullida a la disposición para dialogar, para saludar. ¡La política no es Dios, por lo tanto no se debe idolatrar! Quien no da lugar a Dios se endiosa a sí mismo. Los candidatos deberían de organizar su horario de tal modo que tanto ellos como sus colaboradores tengan más tiempo para participar en la misa y descansar con su familia…”

Y Onésímo Cepeda, golfista, empresario taurino y obispo: “No, miren: ni Calles, ni Cárdenas, ni Díaz Ordaz. En todo ese tiempo hasta llegar a Salinas no llegó a haber una democracia real, pues había unas concesiones muy sencillas, pero no una real democracia. Hasta él y Zedillo no hubo una verdadera democracia Yo no creo en las democracias anteriores. No las hubo, nos estábamos haciendo guajes.

Y un Efrén Ramos, obispo de la diócesis de Chilpancingo: “La conversión del FOBAPROA en deuda pública fue una medida de lo más acertado. Zedillo tenía la obligación de preservar el sistema bancario…”

De nueva cuenta Onésimo Cepeda, obispo de Ecatepec: “¿Yo? No, yo no tengo ningún gallo entre los candidatos presidenciales, porque todavía son pollos todos. Es más benéfico para los obispos reunirse de manera individual con los candidatos, que hacerlo como Conferencia Episcopal. ¿Por qué? Pues porque a solas los podemos agarrar en cortito” Y que “José Melgoza, obispo de Nezahualcóyotl, difunde entre los fieles católicos una detallada guía para elegir a sus gobernantes el 2 de julio”.

México, julio de 1998: “Las plegarias que antier (sic) se elevaron en la Basílica de Guadalupe tenían un solo objetivo: que Brasil ganara en Francia 98. La intervención de la Virgen de Guadalupe en el partido de futbol le dio la victoria al equipo, dijo un sacerdote brasileño durante el 2o. día del encuentro internacional de clérigos. Para que la intervención divina siga favoreciendo a su selección, la delegación de sacerdotes brasileños colgó en el mismo comedor que comparte con dos mil 202 sacerdotes de países del mundo (sic), banderas de su país como estandartes al pie de una imagen de la Guadalupana“. (Dios…)

Artículo Original:
Blog de Tomás Mojarro

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