May 13, 2008...9:24 am

Carlos Fuentes: El petróleo y la democracia

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En la historia se registran ejemplos de cómo se puede pasar fácilmente de la injuria y los epítetos a la violencia sin control. Por eso el vocabulario político debe usarse con moderación

El Senador Preston Brooks de Carolina del Sur tomó su bastón y con el pomo le sorrajó treinta golpes en la cabeza al Senador Charles Sumner de Massachusetts. El motivo: la disputa acerca de la abolición de la esclavitud. El clima de la disputa: una lluvia de epítetos selectos entre figuras políticas y columnas periodísticas: “Rufianes”; “monos”, “hienas”, “burros”, “víboras venenosas”, “vagabundos obscenos”. Un resultado de la violencia verbal: la muerte del editor Elijah Lovejoy, defensor de los derechos de los ciudadanos de raza negra, asesinado por una muchedumbre racista en Illinois -el estado, por cierto, de Barack Obama-.

Todo esto sucedió en los Estados Unidos en los años previos a la Guerra Civil de 1861. Lo ofrezco como ejemplo de los extremos de brutalidad a los que puede llegar la animosidad política -y eso que nadie, entonces, acusó de “traición a la patria” a nadie. Quiero decir que hay que emplear el vocabulario político, aun el más intenso y partidista, con una medida de moderación. De lo contrario, insensiblemente se puede pasar de la injuria al garrote, la furia colectiva y el crimen.

Por eso, en el caldeado ambiente político mexicano, son más que bienvenidos los llamados a la razón, el diálogo y la reflexión respecto a los temas -y son muchos- que dividen a la ciudadanía mexicana. Por ejemplo, en la disputa sobre el futuro de Petróleos Mexicanos, Cuauhtémoc Cárdenas ha demostrado que se puede y se debe reformar a PEMEX para fortalecer a PEMEX sin privatizar a PEMEX. Esta postura, con la que personalmente concuerdo, no necesita llamar “traidores a la patria” a quienes, inclusive, desearían otro estatuto: la empresa mixta o la privatización. Yo pienso que la empresa estatal puede y debe ser la mejor, sin satanizar a quienes piensen de otra manera y a condición de que la empresa del estado se reforme a fin de ganar en eficacia y competitividad, en vez de sacrificar gran parte de sus ingresos al mantenimiento de la burocracia de estado y sus (buenos y malos) programas.

Las propuestas de Cárdenas para modernizar a PEMEX sin violentar el status constitucional son minuciosas, precisas y efectivas. Autonomía de gestión, consejo técnico que decida montos y modalidades para explotar yacimientos. Consejo de administración que rinda cuentas. Una sola red de transporte. Despetrolizar los ingresos fiscales, invertir recursos liberados en modernización. Adquirir tecnología de punta. Abrir oportunidades para proveedores y constructores de la industria. La proposición de Cárdenas es más extensa que este listado. Al hacerla, tácitamente llama al diálogo y evita la demagogia y el insulto.

Un llamado a la razón es, también, el discurso de Juan Ramón de la Fuente al recibir el reconocimiento al mérito ciudadano de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. El doctor De la Fuente no esquiva los males que nos afectan: la corrupción arriba y la impotencia abajo; la desigualdad, la intolerancia y el autoritarismo. Pero rechaza el denuesto y la diatriba que no sirven para superarlos y, todo lo contrario, aumentan “las sombras de la sinrazón”. Aboga, en cambio, por la “coexistencia respetuosa entre la crítica, el disenso y la oposición”.

Ello se obtiene, explica el ex-rector de la UNAM, mediante el diálogo abierto, con quien lo pida, con tolerancia, escuchando los argumentos de la parte contraria, no demonizándolos aun antes de oírlos. Las diferencias entre mexicanos son naturales y bienvenidas, sobre todo, pienso, porque fortalecen nuestra incipiente democracia, tan expuesta a la frivolidad, la demagogia, la mentira, la inexperiencia y al cabo, un desengaño que favorezca la nostalgia de la “paz priísta”. Peligro cierto si se piensa que el desarrollo sin democracia, signo nacional del PRI, es hoy la enseña mundial del capitalismo autoritario de la potencia china. Oigo voces que dicen: Volvamos a la dictablanda priísta. Los Estados Unidos vivieron cómodamente con ella durante siete décadas. Los Estados Unidos, quizás. El pueblo de México, no. El camino a la democracia ya se inició, con tropiezos graves, pero no creo que la ciudadanía apruebe una marcha hacia atrás.

María Zambrano, la gran pensadora andaluza, hablaba con fervor e inquietud, en 1933, de “la república niña” de España. Ojalá sepamos mostrar fervor e inquietud, también, hacia “la democracia niña” de México.

Artículo Original:
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1 Comment

  • Cuando un artista de las letras pierde el suelo se convierte en un engrane más del poder.
    El artista tiene una responsabilidad social inherente a su talento y es la de nunca dejar de ver la realidad ni tratar de interpretarla con opiniones pues el arte, se basa antes que nada, en las carencias más humanas y en la confirmación de la injusticia, divina y mortal.

    Carlos Fuentes, un nombre grande como su obra
    esta ves comete el error de opinar sobre asuntos que están por debajo de él, tan lejanos como el país donde vive, rodeado de comodidades que su talento le ha otorgado. Ignora, o lo omite, que las luchas más deseperadas de los pueblos requieren del reclamo más feroz para que el poder de la autoridad, legítima o no, escuche al fin. En México no hay otro modo que el grito y el manotazo en la mesa para hacerce ver y notar, no tenemos las necesidades más básicas cubiertas para perder el tiempo como modos refinados sin que ello implique el respeto más básico por el semejante que se opone a nuestra demanda de soberanía e inclusión.
    Desesperación señor Fuentes, eso es México; no olvide que con hambre las cosas se ven de otro modo. Y así estamos los mexicanos que estamos en México: hambrientos de todo y que el artista nos venga con sugerencias de modales europeos esta fuera de lugar provocando que comenzemos a dudar del arte como compañero de la lucha de resistencia de todos los tiempos.
    Usted habla de incipiente democracia mientras nosotros padecemos la usurpación, ¿Cómo podríamos siquiera entablar una negociación o diálogo con quien no tiene autoridad moral? ¿Cómo podemos negociar con quien ha asaltado nuestro recinto más sagrado?.
    No señor Fuentes, no creo que esté usted enterado, o si lo está parece no importarle, que Cárdenas no reencarnó en su hijo Cuauhtémoc. Este señor no nos representa en nada, ni siquiera representa al General Lázaro quién no hubiera dudado en abofetear, en última instancia, a quien apenas sugiriera claudicar en la expropiación petrolera.
    Hombres con determinación es lo que necesitamos en México señor Fuentes, no hombres como los de ahora que buscan trascender en la memoria de los ejecutivos en vez de la memoria de los pueblos.

    De esta forma sugiero que regrese a su obra señor Fuentes, su magnifica obra y nos deje a nosotros, los hambrientos, seguir buscando la forma de detener el eterno saqueo a lo que, hoy, poco nos queda.


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