Nunca supe nada más de ti desde aquél día. Con un café de por medio en la mañana y algo más fuerte por la noche fue el espectro de nuestra única fotografía juntos.
Te miré como quien mira el cuadro de una vida pasada, de un recuerdo indeleble iluminado y opaco por la bruma de los años.
Nunca supe tu nombre, vicios y virtudes, bendiciones ni perversiones. Sólo un café de por medio cuando me obsequiaste esa carta en forma de manifiesto en el que declarabas “Soy tu pasado que deviene en algo perfecto” mientras que yo destruía el mito favorito de mi semblante atemporal “Solo soy yo cuando estoy solo” y el día siguio un curso desconocido por ambos hasta entonces.
La noche no oscureció nuestros rostros iluminados por el interés de lo que no es evidente, doblegando la personalidad hasta llegar a algo tan simple como la desnudez del espíritu.
Y brindamos por tal o aquella razón que hoy ya no recuerdo, brindamos una vez más con algo fuerte de por medio hasta que la voluntad era una ilusión.
Luego de nuevo la luz.
Nunca supe tu nombre y permaneces anónima en mi mapa de destinos.
Tu recuerdo en mi permanece con vida, un momento me odia y en otro me perdona.
Morfo
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