September 21, 2007...8:16 pm

El Ausente: The Fool on the Hill

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– ♪♫”Day after day… alone on a hill”♪♫. — La inmortal rola de Lennon y Mcarthy sonaba en el radio portátil del Porfis mientras le daba los toques finales a su carta de renuncia sentado sobre su amado sillón a las afueras del privado presidencial –♪♫”the man with the foolish grin is keeping perfectly still” ♪♫ proseguía la canción mientras que nuestro personaje le imprimía su rúbrica al documento. “♪♫ and nobody seem to like him, they can tell that he´s just a fool”♪♫– soltaban los Beatles al tiempo en que Porfirio suspiraba audiblemente y se reclinaba cerrando los ojos para ponderar lo que estaba a punto de hacer.

“¡Cuatro años!” la idea no abandonaba su cerebro rebotando de neurona en neurona buscando alguna que la quisiera asimilar en alguna combinación química. “Cuatro años”… repitió su psique de manera cansina y con resignación mientras su alma le instaba a ya no estarse torturando y que buscara otra cosa en que fijar su atención.

♪♫”but he doesn´t seem to notice, he´s the fool on the hill”♪♫ fue la estrofa que captó al vuelo nuestro personaje en busca de la evasión solicitada. Por desgracia, la frase lejos de apartarlo del tema que lo andaba torturando solo sirvió a acercarlo al objeto de su profunda decepción. “Neta que el Chente es el auténtico “Fool on the Hill” ponderó nuestro personaje… mientras que los de Liverpool, a años de distancia, parecían rematar la reflexión Porfiriana — “♪♫ and the eyes in his head… see the world spinning round” ♪♫. —

Lanzando un pequeño suspiro, el Porfis miró hacia la pequeña mesita de sala que servía como su escritorio fijando su atención en la bandeja de “Salida” que estaba atiborrada de expedientes. Lejos de congratularse ante su eficiencia al tener concluidos tantos asuntos que ya nomás esperaban el Vo.Bo. del Chente… la vista no dejó también de deprimirlo pues el Porfis era el encargado de recibir, analizar y canalizar las renuncias que hacían funcionarios de mediano pelo para arriba al Gobierno del Cambio.

Haciendo uso de cierto privilegio burocrático, el buen Porfis colocó su renuncia hasta arriba del alterón de documentos… cuando en esas se vino a parar justo frente a su “escritorio” el Secretario Particular del Chente quien, con gesto florido, colocó tremendo carpetón justo encima del fólder del Asesor Para la Realidad.

– ¡Ora pinche Alfonso! — dijo con voz poco amigable el Porfis quien no tragaba al secretario particular — ya te he dicho que no soy tu gato… ¡si tienes algún documento que le quieras entregar al Chente, pos hazlo tu mismo que ahí está su secre a unos cuantos pasos mas! – remató Porfirio señalando con su cabeza hacia la recepcionista del Preciso.

– ¿Pos que no es contigo lo de la entrega de renuncias? — pregunta sin ánimo belicoso Durazo.

– Así es, y tu sugiero que… — De repente calla el Asesor para la Realidad; cayéndole el veinte, extiende dubitativamente su mano para tomar la carpeta al tiempo que pregunta con timidez. — ¿Ton´s tu también Alfonso? –

– ¡Y hasta se me andaba haciendo tarde! — contesta resueltamente Durazo — ¡Ya me tiene hasta la madre el pinche Chente, su vieja, sus amigos, su disque “partido”, sus pendejadas, sus titubeos, sus… —

– ¡Ok! ¡ok!… ya “cacpto” — exclama Porfirio extendiendo una mano como para marcar el alto. –

Tomando la carpeta, el Porfis siente que su brazo a duras penas puede mantenerse en alto dado el gran peso de los folios contenidos dentro de ésta.

– ¡Putts Alfonsito! — dice aquí Porfirio sintiendo una afinidad hacia el Secretario Particular que no había sentido en todo el tiempo que ambos colaboraron con el Foxísmo. ¿pos que tiene la carpeta? ¿que también le estás entregando al Chente los dos informes presidenciales que le restan?… Con eso de que son pura fantasía pos bien pudiste haberlos escrito desde ahora. –

– No pos cual — retoba el secretario particular — te estoy diciendo que es mi renuncia irrevocable. –

– ¡Aiho! ¡pos pa´ renuncia mi estimado! — exclama aquí el Porfis al tiempo en que sopesa la suya que apenas se extiende por un cuarto de cuartilla. — ¿Por qué tanto rollo si lo que quieres bien lo puedes expresar en cincuenta palabras ó menos? –

– Pos es que también ahí le suelto dos que tres verdades al che Chente — dice el secretario particular un poco indignado por los cuestionamientos que le estaba haciendo Porfirio.

– ¿Me permites leerla? — pregunta el Porfis picada como siempre su incansable curiosidad.

– Pos no veo como lo pueda evitar — retoba Alfonso conociendo que no había manera que Porfirio, tarde que temprano, no se enterara del contenido de su escrito.

Abriendo el legajo, el Asesor se pone cómodo al tiempo en que empieza a chutarse el rollo de Durazo. Haciendo algunas pausas para reírse acá a la baja en algunas partes y en asentir con la cabeza en otros pasajes… Porfirio por fin coloca la carpeta sobre su amado sillón al tiempo en que le comenta al Secretario Particular.

– Pos neta que te aventaste con los tenis por delante mi buen —

– ¡Y eso que me fui “light” Porfis pues le quité lo mas rudo de mi ronco pecho antes de compilar el rollo definitivo! — dice Alfonso al tiempo en que le enseña otra carpeta con el doble de hojas de las que contenía la carpeta sobre el sillón.

– ¿Te puedo hacer algunos comentarios? — dice amistosamente el Porfis al tiempo en que da unos golpecitos sobre su amado sillón conminando al Secretario a sentarse a su lado. –

– Pos tampoco veo como lo pueda evitar — exclama el secretario tomando el asiento que le ofrece Porfirio.

– Pos mira mi estimado — se arranca el asesor como los mariachis — Neta que siento que tus comentarios van dirigidos a otras personas que no necesariamente son el Chente y su tropa Foximaniática –

– ¿Pos que no sabes leer Porfirio? — se indigna Durazo — Si ahí en el encabezado clarito dice “Al C. Presidente de la República Mexicana Vicente Fox Quezada” –

– No, si entiendo que “formalmente” te estás dirigiendo al Chente, pero como que todo este rollo nomás no checa si tu renuncia fuera “for his eyes only” ¿me explico? — Ante la mirada perpleja que le lanza Durazo, el Porfis se explaya.

– Si mira, por principio de cuentas el rollo este es demasiado largo para que el Chente lo lea de cabo a rabo y tu lo sabes. Tres cuartillas máximo alcanza a leer el Preciso antes de que me mande llamar para que le haga un resumen. —

El silencio del secretario ante este comentario lo toma el Porfis como un asentimiento tácito. Enseguida nuestro personaje re-inicia con su disertación sobre la carta de renuncia.

– Ahora, esto que mencionas que el único proyecto que tiene el Chente y en ello, todo el gobierno federal, es hacer llegar a la Martuchis a la presidencia… –

– ¡¿Y no es cierto Porfis?! – exclama indignándose de repente el secretario particular — Después que se fracasó en el aumento del IVA a alimentos y medicinas y en la privatización del sector energético… a lo único a lo que nos hemos dedicado es a “nadar de a muertito” a la espera del 2006 a ver si se puede repetir el fenómeno “Fox” ahora en la persona de su vieja; rogándole a Dios que también, a ver si ahora sí, nos concede una mayoría en el legislativo para que estas “reformas” pasen sin los problemas con los que nos hemos enfrentado durante el sexenio del Chente. –

– Pos quizá eso sea la único bueno de trabajar con mochos… ¿erdá Alfonsito? –

Ante la mirada de perplejidad que le lanza Durazo, Porfirio aclara.

–Si, mira me refiero a que los mochos nacionales siempre les queda el recurso de solicitar que la deidad en turno les conceda un milagro… mientras que los no creyentes pos nos tenemos que conformar con el análisis de la cruda realidad para calcular nuestras posibilidades de éxito. Porque no me vas a decir mi estimado Alfonsito que no sería un verdadero milagro que en la persona de la Martuchis se repitiera el fenómeno político que llevó a su marido a la presidencia. –

– Pos si les funcionó una vez… no veo porque no repitan la jugada hasta que se la aprendan — Dice aquí muy doctamente el Secretario.

– No pos cual, — disiente Porfirio – La gente se fue con la finta del Chente porque carecía de experiencia política… Digo, setenta años de monopolio político por parte del Partido Aplanadora como que no da para una población muy ducha en las artes y las mañas de la democracia electorera. Ahora que ya han visto que no basta con tener una buena “causa” por la cual luchar si no que también hay que poner bajo una lupa muy grandota a las personas que pretenden liderar esa causa… pos no creo que se la puedan repetir. —

–Pos ya sabes lo que es la memoria política en nuestro país Porfis – insiste Durazo – y si a ello le añades que los medios hacen lo suyo para que la enajenación y la desinformación sigan a todo lo que da… pos todo es posible. –-

– Pero entonces si tu crees que la Martuchis tiene alguna posibilidad de suceder al Chente en el poder ¿cuál es tu bronca?… sin duda que el proyecto neoliberal con ella seguirá en todo su apogeo y tarde que temprano lograrán enajenar el poco patrimonio que le resta al país. –

– Pos si ya lo mencionaste tú Porfirio — tan importante es la “causa” como quien está al frente de esta. Con el Chente al frente de la venta de garage… pos algo nos iría a tocar a ti y a mi siendo que somos sus operarios y bajo la premisa del “que parte y comparte se queda con la mayor parte” ¿Ó me vas a decir que no fue la posibilidad que el “Cambio” te hiciera “justicia” lo que motivó que chaquetearas tan gacho de lo que se supone eran tus profundas convicciones políticas? –

Moviéndose algo inquieto con los dedotes que el secretario había insertado en la llaga, el Porfis busca repartir lo que le andaba sobrando.

–Pos no fui el único que se fue por el hueso –

–¡No no! – no me mal interpretes Porfirio – se apura a aclarar Alfonso – no es reclamo sino mero reconocimiento que los dos andamos aquí por las mismas causas; ya con esto establecido, pos me supongo que bien podríamos hablar con un poco de sinceridad. –

En cuanto Porfirio asiente a su solicitud con un movimiento de la cabeza… el Secretario Particular se arranca como los mariachis.

– El Foxismo se va a jugar todo en una sola carta llamada Marta Sahagún. Ahora, aún en el remoto caso que la ñora saliera electa… ¿que futuro hay a lado de ella para ti ó para mí? A mi me odia con pasión de divorciada y tú tampoco eres santo de su devoción según tengo entendido. Aún si lograra el apoyo del legislativo para enajenar lo poco que queda en nuestro país… ¿tu crees que nosotros vamos a estar ahí para ver que nos toca? ¡Ni de broma! ¡Neta que creo que ni el Chente la sobreviva una vez que le haya entregado el poder! No, ahí los ganones seguramente serán sus hijos y el grupito de la mochería guanajuatense de extrema derecha con los que se apoya a cada momento. —

Asintiendo a todo lo que acababa de decir el Secretario, pues no hace unas pocas horas había arribado a las mismas conclusiones, el Porfis no obstante busca el desquite sobre Durazo por haberle dicho sin tapujos que era un vil aficionado al hueso. –-

– Todo lo que me dices está muy bien Alfonsito – dice el Porfis con desacostumbrada camaradería con el Secretario. — pero no explica todo este chorote que constituye tu renuncia. Digo, por mucho aprecio ó respeto ó miedo que el Chente te tenga… pos no te va a dar la razón a ti por encima de su vieja. Digo, independientemente que algún día se compruebe que la ñora lo tiene bajo el influjo de algún herbaje, el Preciso le tiene mas aprecio, miedo y ó respeto a la Malatrucha que a cualquier otra cosa en el mundo. Ton´s es pueril pensar que el Vaquero va cambiar de proceder nomás porque lo pones como lazo de cochino con este escrito. Acá y en el espíritu de sinceridad con el que nos estamos moviendo, a ver si te vas descarando y me dices para el beneficio quien es este legajo de hojas que constituye tu renuncia. –

– El secretario particular parece titubear ante esta muestra de sinceridad que le pide Porfirio… circunstancia que aprovecha nuestro personaje para lanzarse con todo hacia la crítica de Durazo y la consumación de su venganza.

– Pos ya que no me quieres contestar Alfonsito – dice aquí medio mamonamente el Porfis – lo haré yo por ti… ahí tu me interrumpes cuando creas que me estoy meando fuera de la bacinica — Dicho lo anterior, el Asesor se arranca a todo vapor.

— Es claro mi estimado que tu crítica al Chente y su gente, la haces para expiar tus culpas por haberte incorporado a esta causa perdida del Foxísmo. Andas “quedando bien” con los que tu supones serán tus nuevos “compañeros en la política” pues no me queda la menor duda que te piensas re-incorporar al Priísmo y sin duda ya hasta tienes “gallo” tricolor para el 2006. En tu muy chabacana “crítica al Embotado Mayor” finges una ingenuidad política que ni un niño de primaria me cae… pero prefieres pasar por pendejo antes que por traidor y convenenciero. Sin duda que ya hasta tienes por ahí el borrador de algún libro que piensas publicar en donde le sacarás al Embotado Mayor todos sus trapitos al sol… reservando para ti en dicho libro el papel del “consejero buena onda que nunca es tomado en cuenta” ¿o me equivoco? -– suelta Porfirio mientras que con el tacón del zapato empuja por debajo del sillón un voluminoso cuaderno lleno de páginas escritas de su puño y letra.

Un pesado silencio cayó entre nuestros dos personajes. Al cabo de uno segundos que mas bien parecieron una eternidad… el Secretario Particular mirando directamente a los ojos al buen Porfirio por fin exclama

– Bueno ¿y? –

– ¿y qué? –-

–¿Y que te sorprende de mi proceder si tanto tu como yo somos iguales Porfirio? – dice aquí resueltamente Durazo — Estamos aquí por la mismas razones y seguramente hemos de abandonar la nave del Chente por motivos idénticos. ¡Ten! – dice parándose súbitamente del sillón al tiempo en que le entrega la carpeta con los borradores de sus renuncias – te presto mis borradores para que de ahí vayas sacando algunas ideas para la hora en que quieras salir pitando del changarro. ¡Que te provechen! –

Encabronándose súbitamente con la actitud del secretario particular, y confirmando que en el fondo jamás le había caído bien… el Porfis respinga ante los comentarios de Durazo.

– Pos ahí es donde estás equivocado che Alfonsito – dice regresando la carpeta con un gesto algo brusco. – que yo no pienso abandonar al Chente sino hasta el último día de su mandato. – Parándose él a su vez hasta alcanzar una estatura mayor a la que normalmente proyectaba, el Porfis siguió con su pedorata. –Porque si bien al igual que tú creo que la aventura Foxiana es un callejón sin salida y que está mas muerta que tu antiguo jefe Colosio, yo sí se de lealtades y de asumir las responsabilidades de mis actos políticos… asi es que echa para acá esa renuncia que te prometo que será la primera que reciba el Chente mañana por la mañana. –

– Soltándole una mirada en donde se mezclaba la incredulidad y algo de divertimiento… el Secretario Particular le vuelve a hacer entrega de la carpeta que contiene su renuncia la cual coloca Porfirio encima del altero al tiempo en que hábilmente extrae el fólder que contiene la renuncia propia. –

– ¡Pinche Durazo! – sulfuraba Porfirio al tiempo en que se dirigía a la salida de las oficinas presidenciales algunos minutos después. –- ¡Por pararle su pinche carrito en seco me obligó a morir por mi propio hocico! ¡Ahora no puedo renunciar! ¿Habrá sido él el que llevó a Colosio a soltarse de la lengua con su discurso a la “I have a dream” el cual fue lo que al final lo llevó a la tumba? ¡Che guey es peligroso!… ¡que bueno que se fue! –

Fin

* http://losfoximaniaticos.cjb.net/

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